Desde esta página mostramos los Pregones de Semana Santa pronunciados en Montijo. Quedan por publicar los de 2002 (Juan José Montes González), 2003 (José Antonio Salguero Marín), 2005 (Julio Gallego Codes), 2006 (Fernando Ordóñez Codes), 2018 (Manuel Lagar García), 2019 (Antonio Sánchez Ramírez), 2020 y 2021 (no hubo pregón por Pandemia COVID), 2022 (Juan Manuel López Cabezudo) .
(actualizado el 11 de marzo de 2024)
Pregón de Semana Santa
Pregonero: Santiago Fernández Rodríguez
9/III/2024. Teatro Nuevo Calderón Montijo
A
mi querido pueblo de Montijo. Con cariño, nostalgia, sentimientos, recuerdos y
con el deseo siempre de caminar hacia delante.
A
la memoria de mi abuelo Bartó, mi abuela Esperanza y mi padre.
1.
Saludo
Siempre
recordaré ese primer día que empecé a admirarte.
Tú, una Villa con
distinción de emperatriz y yo, un niño que tuvo a bien nacer una mañana de
primavera de 1985 camino de Badajoz.
Empezando
a dar sus primeros pasos en la calle Papas, para escaparse a explorar la plaza
de Santa Clara, a pasear a la Plaza de España y a jugar al fútbol en el Atrio
de San Pedro. No creas que esas cosas se olvidan.
Soy
un niño feliz porque te amo, porque tengo el vínculo a la tierra que me ha
visto crecer y que ha mamado de lo que le inculcaron sus abuelos. Unos que estaban
en Montijo de toda la vida y los otros que llegaron desde Córdoba en los años
50 del pasado siglo.
“Te
es bastante, te sobra,
Te
da fruto, te asombra,
Te
da cobijo, te obra,
te
da aliento, te nombra,
soy
la sombra, tú la luz,
eres
Montijo, qué honra”
Excelentísimos Sres. Párrocos
Exmo. Sr. Alcalde
Exmas. e Ilmas.
Autoridades
Ilmo. Sres. Miembros y
amigos de la Junta de Hermandades y Cofradías
Familia. Amigos.
Cofrades.
Señoras y Señores. Montijanos.
-
A
la Paz De Dios, Ave María Purísima. Sean saludados. Muy buenas noches.
Quiero
comenzar por devolverle el mismo afecto y cariño que han ofrecido en sus
palabras en la presentación. Gracias querida María Arrobas y queridos Manolo
Rodas y José Manuel Lavado.
Todos
sois ejemplo de señorío con vuestra tarea de ayuda al prójimo.
Gracias
eternas a vuesas mercedes presentes aquí por vuestro tiempo, compañía y
atención.
Agradecimiento
eterno;
- a la Junta de
Hermandades y Cofradías por invitarme a participar en el pregón de Semana Santa
a este miembro, de la casa cofrade montijana, en edad de escribir, si Dios
quiere, en su corazón más páginas de su vida, y
- así como agradecer a
mi amigo Manolo Guerrero por transmitirme la invitación de la Junta, que me puso
más alegre que unas Pascuas.
Supuso
un orgullo aceptar la tarea de escribir y pregonar para mi pueblo estas líneas
articuladas que recogen la carraca pregonera de Ángel Domínguez Molano.
2.
Introducción
Este
niño iba de la mano de sus padres y hermanos a la Semana Santa de nuestro
pueblo, Montijo.
Ahora,
ese niño les pide por favor la mano para acompañarnos esta noche.
En
la que de repente, se asoma en esta Cuaresma de 2024 al balcón de la Semana
Santa de Montijo para dar a la matraca;
-
mediante
estas líneas con alegría y gozo que llega, que viene, que se acerca, que se
disfruta un tiempo esperado y memorado por todos.
¡Adelante con los
faroles!
2.1.
Lugar
Ese
niño se acerca invitándoles a pasear por la Naturaleza de este pueblo que nos
rodea y que le vio crecer.
Esta
histórica villa enmarcada en la rica tierra de Vegas Bajas con sedimentos neógenos/cuaternarios,
antiguamente cubierta por el entrante de mar del estuario del río Guadiana.
Ahora
es vislumbrada por los cerros San Gregorio y la Centinela, sitiada en el cruce
caminos;
-septentrional
desde los Arenales, por oriente la Calzada romana, desde la parte meridional por
el Río Guadiana y por occidente los Pueblos Nuevos del Plan Badajoz.
2.2.
Tiempo
Dice
el cantautor con alma de poeta que “En los vértices del tiempo anidan los
sentimientos”.
Este tiempo, lo más valioso que tenemos después de la salud, nos
lleva a mirar el ciclo biológico anual condicionándonos como animales
racionales;
Empezando por el final del reluciente verano que amarillea
nuestros campos, cuando canta el ruiseñor de la mañana, las ranas croan en las
noches. Los jabalíes, zorros y liebres salen a buscar agua, coincidiendo el
acorte de los días con unos anocheceres espectaculares.
Va ganando entonces la estación otoñal de adviento, donde las
siempre esperadas lluvias van ayudando a las hojas de los árboles caducos a renovarse,
pasando a ser la alfombra del suelo.
Aquí es cuando vuelven las grullas, los aguiluchos y garcillas
hacen su despliegue, y las codornices nos despiertan con su canto.
Llegando a
Santa Lucía cuando la noche empieza a robarle horas de luz al día, y después en
Navidad con fresnos y alisos, empezando a rebrotar con amaneceres tardíos y
fríos.
Llega
la Epifanía decorada de verdes musgos y líquenes, y con las siempre presentes
cigüeñas en San Blas, dan paso al retallecer de almendros que nos emplazan al primer
tiempo ordinario con frutales de blanco y rosa.
Se
acompaña de la coloración amarilla de acacias y cipreses, y con el inicio de la
sombra de plataneros a cobijarnos que es cuando:
“Florecen las primaveras
De risas y de aguaceros
Como florecen los campos
De la tierra que más quiero”
Ya en Cuaresma
tenemos el mosaico de colores blancos de la retama, amarillos de la escoba y
ahulaga, violáceos de cantuesos, chupamieles y víboreras.
Estamos ya en Semana Santa con las calas blancas en forma de
trompetas, las buganvillas rosáceas, el brezo con sus colores blancos y
nazarenos, la encina con sus amarillos amentos, las jaras con sus máculas, y
los naranjos en flor con su olor.
Pascua para hacer tiempo e ir enseñando las candelillas de los
olivos en San Isidro. Aquí es cuando las vacas y ovejas ya están satisfechas
por tener a bien la comida de los pastos de gramíneas anuales.
Para acabar dónde empezamos, con las celebraciones de Corpus
Christi y el Día de la Ascensión que marcan el tiempo de recoger las esperadas
cosechas y en dónde las yemas de los árboles se empiezan a llenar para el
siguiente año.
Y nosotros, animales racionales con alma, sentimientos y fe, de
un lado para otro en esta rica tierra. De Pascuas a Ramos.
Y vuelta a empezar.
2.3.
Reseña histórica
Ese
niño curioso con la Historia se pregunta por qué la religiosidad de los pueblos
es un hecho antropológico en sí mismo.
El
ser humano tiene conciencia de que existe y que él no se fundó a sí mismo, sino
que ha sido creado por alguien o algo superior, que tenga la capacidad de
crearlo a él y a todo lo que existe.
Siendo
un “Homo religiosus” en una tierra creada hace poco más de 4.500
millones de años. Apareciendo nosotros “Homo sapiens” como origen de la
humanidad en el sur de África evolucionando a especie humana hace 200.000 años.
Desde
siempre nos hemos preocupado por la vida y por la muerte. Cerca, el Dolmen de
Lácara es testigo de ello.
Aquí
es donde en esta religiosidad y misterio nos encontramos. Antiguamente, el rezo
a todos los Dioses de la madre Naturaleza dio paso a las principales religiones
que tenemos hoy en día.
No
siendo ajena la religión cristiana a la observación con la Natura, como la
principal condición para calcular el Domingo de Pascua y la Semana Santa. Va
para 1700 años…
Toda
religión la procesamos los seres humanos, desde el respeto mutuo;
-
unos
creyentes, otros también como practicantes,
-
otros
afirmando que es imposible conocer la verdad,
-
y
otros con el convencimiento de la no existencia de la misma.
Este
niño viene a compartir públicamente la Fe y experiencia de su vida cofrade, hablándole
desde el Dios que lleva en sus costados, encerado pacientemente de pedacitos de
momentos vividos con muchas personas estos 38 años.
Bajo
esta conciencia que ha faenado estos meses y con el pasaje siempre presente de
nuestras imágenes religiosas de culto de nuestro querido Montijo. Me presento hoy,
aquí, para hablar con vuesas mercedes con esta papeleta de sitio que porta esta
cruz de guía.
2.4.
Camino Santiago
La
vida del ser humano siempre ha sido un discurrir continúo de procesión de un
lado a otro buscando cobijo, agua, alimento y demás menesteres vitales.
Cuánto
ha sido de importante 1190 años después y ahora lo vivimos y compartimos cada
vez más personas de todo el mundo el buscar la meta final de la espiritualidad,
fe, convivencia, naturaleza, deporte, y demás razones que cada uno presenta en
sus credenciales compostelanas.
Europa
se construyó peregrinando a Santiago y el mundo se entiende mejor haciendo el
Camino. Ahí se encuentra siempre la estación de penitencia que conmemoramos los
penitentes en Semana Santa.
Desde
Montijo se puede peregrinar a Santiago por la ruta de la Plata que empieza con
denominación de Augusta de Cádiz y por la ruta portuguesa, entre otros Caminos.
Querido
pueblo, permítanme que les haga un presente de este peregrino que viene de
Cáceres, donde surgió la orden de los Fratres en 1169, que se convirtió más
tarde en la Orden de Santiago que acogió a Montijo, repobló la comarca, le dio
identidad y protegió a peregrinos en su caminar.
Don
Pedro, creo que este año le toca a usted asomarse a este balcón. Más tarde,
puede recogerlo, ya que usted está en San Pedro, y creo que allí, en nuestro
templo con más de 5 siglos, puede encontrar su idóneo acomodo.
En el Camino de
Santiago puedes ser tú mismo.
En el Camino aprendes
a valorar lo necesario e importante.
En el Camino toda
persona es ayudado y ayuda.
El Camino es
espiritual.
El Camino es ruego y
perdón.
El Camino es magia.
El Camino purifica el
cuerpo y el alma.
¡Él que lo vivió, lo
sabe!
Buen Camino.
3.
Resultados
3.1.
Memorias. Experiencia Cofradías
Les
pido disculpas por no citar a ninguna persona con la que he compartido tiempo
de vida cofrade, porque no me daría tiempo a ser justo rememorando a todas las personas
que sostienen entrelazadas estas líneas.
Así
como reconocer honestamente que mi presencia hoy aquí, es gracias a un generoso
tiempo regalado por un gran equipo de personas que han estado en primera línea.
También
debido en gran parte a la labor de muchas personas con el antifaz en segundo
plano siempre puesto para mantener nuestra Semana Santa.
Ayer,
hace años está el punto de origen de ese niño que una noche de Miércoles Santo en
la plaza de Santa Clara un nazareno de la familia le da un caramelo llamando
algo en su interior. Agradecido eternamente.
Ese
niño crece en el 15 de la calle Papas y también en el 89 de la calle Porras, viviendo
en familia con sus abuelos, padres, tíos, primos, vecinos, y, desde hace ya un
tiempo, con los más pequeños de nueva generación, siendo todos por igual como;
-
nazarenos, mantillas, costaleros, músicos, acompañando en la procesión, o al
paso de la misma, participando en todas las Cofradías, siendo especial el
Miércoles Santo.
Después
ese niño se va haciendo mayor y pasa el tiempo, sintiendo que debe acompañar ya
como nazareno a las imágenes que tan grande veía en los pasos y a seguir al
resto de nazarenos en las filas.
Año
tras año, y con el trato de sacar buenas notas el segundo trimestre en el
Colegio Santo Tomás de Aquino, iba ese niño ilusionado a la Semana Santa.
Portando
los trajes de la familia que su abuela, su madre, sus tías le preparaban a él,
y juntos sus hermanos y primos yendo a la ermita de Jesús a participar en la
estación de penitencia.
Después
llegaría el momento de procesionar también con amigos de la infancia de
Primaria con;
-
la
preocupación de ir organizados guardando la distancia…
-
así
como de admirar al ver nazarenos con capas moradas de los diputados de filas, y
con el deseo que queríamos ser más mayores para ayudar en la organización de la
procesión. ¡Bendito deseo!
Quizá
por eso entre mis amigos al hacernos mayor y hacer planes para Semana Santa
siempre se decía que es la “Semana Santi”, y atenderá a sus menesteres
cofrades. Queridos amigos, como bien sabéis, “otro gallo cantaría”.
Entonces
llegó la etapa de Secundaria en el I.E.S. Vegas Bajas y aquí ya con más amigos
fuimos nazarenos en todas las procesiones.
Ya
en la época de estudios universitarios se nos hace saber que la Cofradía de
Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de la Piedad estaba buscando savia
nueva para arrimar el hombro en la Junta de Gobierno. Muchos años a golpe del
llamador de los anteriores responsables de la Cofradía.
En
ese momento de trabajo como investigador en la Universidad de Extremadura, se
decidió dar un paso adelante y sacar tiempo al tiempo para que servidor pasase
del “hay que hacer…” al “se hace…”, formando parte activa en la Administración de
la Junta de Gobierno de la Cofradía desde el 2010 hasta el 2018 y en el mismo
periodo de la Junta de Hermandades y Cofradías.
En este periodo hay
-
recuerdos
especiales de mucho tiempo vivido y compartido, de muchas vivencias, de mucho
volver al origen, de mucho cariño, de mucha nostalgia, de muchas reuniones, de
muchos debates, de muchos dimes y diretes, de muchas ideas nuevas, de muchos
deberes y bastantes obligaciones, de muchas tareas, de la intención que fueran
muchos aciertos pero a veces salieron algunos errores. Disculpas por ello.
-
recuerdos
muy gratos de la familia cofrade que se empezó a hacer dentro de la Cofradía y
con el resto de Cofradías.
-
recuerdos
memorables de la convivencia con muchos hermanos cofrades, sacerdotes y
pregoneros.
Después de 2019 vuelta
al origen desde la reserva activa cofrade para intentar seguir sumando y viviendo.
3.2.
Fe y Ciencia
Ese
niño se fue haciendo mayor y empezó a pensar en el sentido de la fe durante el
trabajo en ciencia, mientras miraba en el ampliado mundo del microscopio óptico
que le permitía buscar granos de polen y esporas de hongos, mientras salía al
campo a encontrar el origen.
Por
deformación profesional científica parece que el método científico empírico
puede estar reñido con el acto de fe y el dogma cristiano.
Cuando
se pretende estudiar un todo, siempre hay una parte que no se llega y ofrece un
margen de incertidumbre, que hace reflexionar sobre el cómo y por qué del
origen de las cosas.
La
Ciencia y la Religión tienen algo en común: cuando llegan al fondo de lo real
encuentran el misterio, aquello que no sabemos y nos interpela y emociona. Me
gustaría aportar que la ciencia llega hasta dónde podemos y la religión hasta
dónde queremos.
San
Francisco de Asís, patrono de la Ecología, en el S. XII afirmaba su
entendimiento de la naturaleza como un lenguaje en el que Dios habla con
nosotros, en el que la realidad se vuelve transparente y podemos hablar de Dios
y con Dios.
En
la Carta Encíclica Laudato si nuestro Papa Francisco indica que "la tierra
es un don de Dios para nosotros, lleno de belleza y maravilla donde los frutos
de la tierra pertenecen a todos".
Albert
Einstein decía que “la ciencia sin la religión es coja y la religión sin la
ciencia es ciega”.
3.3.
Caridad cristiana
Ese
niño pudo ver de primera mano el pensar, sentir y actuar.
Las
Cofradías y Hermandades nos reúne en torno a una advocación de un Cristo y/o de
una Virgen o de un santo, en un momento de la Pasión, con fines piadosos,
religiosos o asistenciales.
Al
final esta agregación nos permite compartir tiempo y vivencias en torno a un
referente central espiritual que en ocasiones está fabricado de madera o
cerámica y convertido en una obra de arte de patrimonio cultural de todos.
En
el que desde el visitante puntual hasta el siempre fervor fiel seguidor tienen
la misma importancia.
Pedro
Calderón de la Barca ya en sus sonetos a los Tercios españoles escribía:
“…Porque
aquí a lo que sospecho
no
adorna el vestido el pecho
que
el pecho adorna al vestido”
Esta
descripción histórica de nuestros antepasados. Hoy nos hace a todos los penitentes
especiales, siempre desde el anonimato y con la humildad que nos da el antifaz
y el hábito.
Sin
olvidar que no existe volumetría patrón que mida la fe, ni devoción que cada
uno lleva dentro de sí.
Nos
organizamos para gestionarlo lo mejor posible. Nunca debemos olvidar el sentido
del origen del medievo que nos da una cultura de 5 siglos y a día de hoy sigue
celebrando a nivel mundial desde el este por Filipinas hasta el oeste en
Hispanoamérica. Nuca olvidar que tenemos en nuestra idiosincrasia cofrade basada
en la caridad (y con la elección de cristiano y católico aún más nos debe
comprometer, preocupar y ocupar).
Así
como nunca olvidar la labor que tiene por objeto la realización de la acción cofrade
como caritativa y social, ayudando el desarrollo integral de las personas,
especialmente de los más necesitados y excluidos. Esto da mucho valor como
sociedad.
Cáritas
somos todos y nunca sabemos cuándo vamos a tener que necesitar.
3.4.
Canto a las Cofradías y Hermandades
Nuestra
Señora de Barbaño
“Mujer
llama a su Madre cuando expira,
porque
el nombre de madre regalado
no
la añada un puñal, viendo clavado
a
su Hijo, y de Dios, por quien suspira...”
Francisco
de Quevedo
Nuestra
Patrona, Nuestra Señora, nos da identidad y nos ofrece historia a nuestro pueblo.
Es
venerada por todos nosotros y nos cuida. Ella es nuestra madre que siempre
tenemos tan presente para ofrendas de nuestros nacimientos, para rezarle, para
quererla, para encomendarnos en santo matrimonio, para pedirle salud y
rogativas de lluvias.
A
Nuestra Señora de Barbaño, me amparo para promulgar este pregón.
Hermandad
del Sagrado Corazón de Jesús
“Pender
de un leño, traspasado el pecho
y
de espinas clavadas ambas sienes;
dar
tus mortales penas en rehenes
de
nuestra gloria, bien fue heroico hecho.
—que
más fue sudar sangre que haber frío—,
sino
porque hay distancia más inmensa
de
Dios a hombre que de hombre a muerte.”
Luis
de Góngora
Nuestra
otra hermanad de gloria, hermandad del Sagrado Corazón de Jesús, que nos
recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su
Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar.
Cofradías
de Penitencia
Un
sitio que nos une a todas las Cofradías de Penitencia. El almacén (nave) de la
ermita de Jesús.
Ya
son fechas de coger la llave, abrir la puerta gris con cruz vidriera, pasar
entre las armaduras que nos esperan otro año, llegar a los armarios a incorporar
la nueva intendencia, material nuevo para procesionar o reparar algo pendiente.
Así
como quitar los protectores negros que los envuelven y empezar a mover el
encaje de bolillos de los pasos colocados al milímetro que hace que todos estén
en amor y compaña durante todo el año.
Empiezan
como navíos a zarpar, desde el puerto esperanza, hacia San Pedro, San Gregorio,
convento de Cristo del Pasmo en Santa Clara y algunos se quedan en la ermita de
Jesús esperando a que llegue su día para empezar a ponerlo todo al detalle.
Después
nuestras huellas nos van llevando, a nuestra alma y a nuestro cuerpo, desde el origen
de nuestras moradas, al destino de las casas comunes, que son nuestros templos.
También
nos une, cómo os vemos, desde dentro, al otro lado de la fila procesional esperándonos
a encontrarnos.
El
bebé que descansa en su carrito y que escucha por primera vez ese silencio y de
repente esas marchas. El niño que cogido de la mano con vergüenza está detrás
de las piernas de sus padres o con algo más de valentía da un paso adelante en
primera línea pensando qué es lo que está viviendo y por qué.
El
adolescente que con sus amistades decide estar ahí respirando ese incienso. El
joven que mira en un momento romántico de su vida. El adulto que respeta y/o
reza.
Y
el mayor que se acuerda siendo su memoria un carrusel de recuerdos,
sentimientos, con la cara emocionada, la sonrisa primero y luego alguna
lágrima. Alguno que llega con buena salud a seguir erguido de pie y el que ya
su naturaleza le invita a seguir sentado como cuando era ese bebé.
Domingo
de Ramos
"Dejad
que de las flores/
el
trémulo incensario/
perfume
con aromas/
de
indefinible olor,/
las
auras silenciosas/
del
místico santuario".
Siempre
el recuerdo de ese niño que con las notas del colegio en la mano empieza un
domingo soleado a ver desfilar nazarenos de su edad con hábito blanco y antifaz
verde, apoyado con palmas y acompañados de mayores con ramas de olivos.
Un
año de la Iglesia de San Pedro a San Gregorio y al año siguiente al revés.
Siempre joven y renovadora la Cofradía Jesús Salvador de los Hombres.
Gran
hermandad que siempre lo tiene presente durante todo el año con actividades, que
cuenta con sus miembros como una gran familia de niños que ahora son padres de
niños que se convierten en adultos, asegurando el mejor relevo generacional.
Miércoles
Santo
“Con
ánimo de hablarle en confianza
de
su piedad entré en el templo un día,
donde
Cristo en la cruz resplandecía
con
el perdón que quien le mira alcanza.
Hablé,
lloré y entré por aquel lado,
porque
no tiene Dios puerta cerrada
al
corazón contrito y humillado”.
Lope
de Vega
Ese
niño se empapa en la familia del cariño especial hacia esta Cofradía.
Nos
criamos recordando siempre al abuelo por su especial implicación en los
primeros pasos de la misma.
Ya
el Viernes de Dolores antes que caiga la noche nuestras hermanas clarisas, a
las que les tenemos tanto cariño y tanto que agradecer eternamente.
Engalanan
la capilla del convento, con más de 3 siglos, para despedirse de Nuestra Señora
de la Piedad y vamos en Solemne Traslado hasta la ermita de Jesús, que ahí
sigue contando el tiempo desde el S XVII.
Empieza
la luz de luna a chaquear la noche del Miércoles Santo. Revoloteo en la plaza
de Jesús, empezamos a llegar por la tarde desde las 8 h a la Ermita de Jesús.
Vamos
colocándonos en nuestros puestos, en la capilla y en la nave, lugares dónde se
produce el reencuentro anual. Suenan abrazos, besos, saludos de manos y júbilo
por volverse a ver.
Llega
Don Pedro. Se empieza la oración para que a las nueve y media se abra el portón
de la ermita.
Capirote
en lo alto de la testa donde los pequeños orificios del antifaz de color negro
con cruz nazarena, permitan ver entre la oscuridad de la noche el desarrollo de
la procesión con la siempre preocupación que todo salga bien. Guantes blancos
armados, cíngulo morado custodiando el hábito negro. Zapatos oscuros cómodos para hacer procesionar
hacia delante y hacia detrás, estando en contacto continúo con los diputados de
filas, cruz guía, capataces, y banda municipal.
Todo
pasa rápido. Ahí todos a nuestros puestos, suena la carraca y a procesionar.
De
repente una multitud de paisanos y visitantes nos esperan en la plaza de Jesús expectantes
para ver salir de su casa a Nuestro Padre Jesús Nazareno ayudado por Simón de
Cirine y a Nuestra Señora de la Piedad, imágenes de finales de S. XVII y
principios del XVIII, acompañados siempre por nuestra banda municipal.
Paso
a paso. A procesionar, llegando al Hoyo como primera parada, y pasando por la
plaza de España, encarando por la Rambla hasta la plaza del Rey, para llegar al
sitio con más encanto de nuestro pueblo en Semana Santa, la plaza de Santa
Clara.
Allí
nos esperan nuestras hermanas clarisas para, desde su ventana y con luz de luna,
podamos visitarles, estando ellas con caras de alegrías y gozo, y;
-
puedan
rezarles a nuestros sagrados titulares y especialmente, lanzarle una sonrisa y
un beso a ella, a Nuestra Señora de la Piedad.
Que
es el origen de nuestra Cofradía. Los 52 excautivos durante los primeros meses
de la última guerra civil en el convento se encomendaron y le rezaron a ella
para que les protegiese con la promesa de organizar una Cofradía, que años más
tarde vio la luz.
Después
llega el siempre emotivo paso por el Atrio de San Pedro. Llegamos de vuelta a
la puerta de recogida de la ermita de Jesús.
Allí
se produce otro momento especial en el que el hijo se despide de su madre,
hasta el año siguiente.
Y ya después
queda el reencuentro en la calle en el que nos quitamos el antifaz y el hábito para
darnos abrazos y besos, con la alegría que todo ocurrió bien.
Más
tarde quedará la corrobla con el ágape del Casino para seguir haciendo Hermandad
y reponer las últimas fuerzas, para de vuelta a la ermita de Jesús de madrugada,
colocar y limpiar todo.
Por
último, si se me permite, diré, que creo que Dios no sabe de fútbol, pero igualmente
creo (y siempre rezo) para que los Miércoles Santo Nuestro Padre Jesús Nazareno,
a los madridistas cuando jugamos nos arrime el hombro.
Jueves
Santo
Soneto
a Jesús Crucificado –
Anónimo (Siglo XVI)
“Muéveme,
en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No
me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera”
Ese
niño recuerda esta estación de Penitencia ya de noche en el atrio de San Pedro
Apóstol, un desfile espectacular custodiado por militares del ejército español
en el que le sorprende y le emociona ver a un soldado que es su tío.
Años
después también procesiona como nazareno, ayudando cuando era menester, como
encendedor de mechas y reponedor de velas en las filas.
Recuerda
con especial cariño la convivencia de comida en la sacristía de la Iglesia de
San Pedro, así como todos los preparativos de la procesión, antes de empezar
los oficios del Jueves Santo.
Años
más tarde y ante la baja puntual de otro primo de costalero del Santísimo
Cristo de la Agonía ese niño participó con una promesa. Recordando con cariño la
saeta de nuestro querido Juan Antonio.
Detrás
el acompañamiento de nuestra imagen más andaluza, María Santísima de los
Dolores.
Recuerdos
especiales detrás del antifaz rojo amapolo de la bajada por la rambla y el
encuentro en el Atrio de la Iglesia de San Pedro. Este año sus dos imágenes
titulares nos brindan el cartel de la Semana Santa. Felicitar a Javier Casero.
Vera
Cruz
El
mejor tributo es recordar la obra del sermón de las 7 palabras que empieza con
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» y finaliza con «Padre, en tus
manos encomiendo mi espíritu».
Ese
niño recuerda como a esas horas tan tardías que había una procesión y en ella el
Santísimo Cristo de las Misericordias.
Sobrecogía
ese silencio acompañado por el marchar de las horquillas dentro de la oscuridad
de una madrugada de Jueves Santo.
Ya
de mayor igualmente participó de costalero del Cristo de las Misericordias.
Viernes
Santo
Rosalía
de Castro (1837-1885).
Si
medito en tu eterna grandeza,
buen
Dios, al que nunca veo
y
levanto asombrada los ojos
hacia
el alto firmamento
que
llenaste de mundos,
toda
conturbada, pienso
que
soy menos que un átomo leve
perdida
en el Universo.
Nada,
en fin…, y que al cabo en la nada
Y
llegaba el Viernes Santo. Era una tarde que al salir de los Santos Oficios se
quedaba con la tristeza de la muerte de Jesucristo.
Ese niño iba a la
plazuela de Jesús otra vez a procesionar, ahora con antifaz y cíngulo blanco para
portar un cirio o bien para llevar la bolsa y pedir en la procesión para
Nuestra Señora de los Dolores.
La
sobriedad y solemnidad se respiraba cuando se veía salir de la puerta de la
ermita de Jesús la imagen del Santísimo Cristo Yacente, custodiada por las
fuerzas y cuerpos de seguridad municipales y detrás con su rezo y llanto la
espectacular imagen de Nuestra Señora de los Dolores.
Una
estación de penitencia muy bien organizada y que cada año incorporaba una
novedad.
Sorprendía
que cuando ya acababa, siendo la más larga de todas, otro revuelo aparecía en
la ermita de Jesús.
Nuestra
Señora de los Dolores bajaba de sus andas para sitiarse en otras más pequeñas
para procesionar cerca junto a las imágenes de María Magdalena y San Juan.
Domingo
Resurrección
"Señor,
tú eres la luz que el alma mía
buscando
siempre va;
la
fe del corazón a ti me guía
donde
tu gloria está".
Día
en el que todo ya es júbilo y gozo tras haber celebrado la noche anterior la
Vigilia Pascual.
Ya
no hay nazareno, ya no hay penitencia, ya se celebra que Dios ha resucitado.
Cofradía
que cuenta con cuatro imánges (Jesús Resucitado, María, María Magdalena
(Rosario) y San Juan. De niño siguiendo la procesión en la fila, de mayor en lo
que era menester representado a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y
como costalero de San Juan con la familia.
Día
en el que la Semana Santa acaba o mejor dicho día en la que empieza la próxima.
3.5.
Silencio. Música. Banda municipal
La
Semana Santa sin música de marchas procesionales es un como un paso con su
imagen sin ornamentación floral.
Qué
sería de la Semana Santa de Montijo sin (hacer silencio y mirar a la banda de
música) nuestra Asociación Musical Andrés Mena. Banda y Escuela de Música de
Montijo.
Sois
nuestros maestros de ceremonia. Y junto a las Cofradías, el binomio indisoluble
sacro, que uno no se entiende ni se siente, sin el otro.
Poner
en valor el reconocimiento de todos vosotros porque lo que se ve en un rato de
concierto lleva muchas horas, días, semanas y meses de ensayos, entrenamiento y
de tiempo.
Siendo
el resultado inmejorable para nuestro pueblo.
Es
por ello por lo que hoy me gustaría brindaros las gracias con un fuerte aplauso
que se pide desde aquí.
Después
del silencio de la noche y el murmullo en la calle, lo rompe el sonido de una
marcha procesional con;
-bombo, caja y platos. Saxo tenor,
alto y barítono. Clarinete. Flauta travesera. Oboe. Tuba, trompeta, fliscorno,
trombón y bombardino
Que es cuando
empiezan a asomar la imagen de nuestros Cristos.
A
continuación, empezáis a marchar, os giráis y esperáis a nuestras imágenes de Vírgenes
y nueva marcha para saludarla.
Con
ambas imágenes ya acompañándonos ya estamos todos.
Y
sin duda, desde dentro se os ve, si me dan la venia, disfrutones del momento, siendo
un equipo con mayúsculas que está ansioso por estar esperando tiempo y deseando
que llegue ya el momento para ofrecer vuestro talento a vuestra familia y a los
paisanos de Montijo.
Vuestras
caras, sonrisas, chascarrillos y siempre yendo de la mano con los diputados de
fila de las Cofradías hacen de la experiencia un momento muy agradable de
vivir.
Un
concierto en directo en la calle con la mejor escenografía posible para todos
los públicos.
Para
acabar el momento de encuentro de la madre con su hijo presenciado en primera
fila por vosotros y tocando al final la Marcha Real, uno de los himnos
nacionales más antiguos de Europa con sus 254 años, nuestro himno nacional.
Es
entonces cuando nuestras miradas se levantan y se pierden al acabar de asomar
su recogida en el que la sombra de la cornisa de la puerta del templo hacer
perder de vista de la corona hasta el año venidero.
3.6.
Pueblo.
Y, por último,
el pueblo que cuando se vive fuera siempre es nuestro reducto que nos da
identidad, nos une y nos enraiza para siempre.
Sirve de eterno
espacio de volver al lugar de culto y devoción de salida, para cuidar nuestro
pasado, vivir nuestro presente y proyectar nuestro futuro.
Es nuestro
punto de encuentro que nos ve crecer, siendo el calendario de la Semana Santa
el que nos une otra vez para volver a vernos, celebrando el tiempo con las
comidas de la época, no carne los viernes de Cuaresma que se reemplaza por potaje
de vigilia, garbanzos de espinacas, sopas de ajos, patatas, croquetas y
buñuelos con bacalao, torrijas, rosquillas, pestiños y leche frita.
Es esta
tradición la que por nuestra historia y emplazamiento latitudinal nos une, nos
da cultura, nos alimenta el alma, nos da sentido, nos da arraigo y hasta nos da
Fe.
Cultura que
debe estar orgullosa de mostrar en todos los lugares posibles el cartel de este
evento anual abierto a todos los públicos de Montijo.
3.7.
Recuerdo personas no están
Jorge Manrique en las Coplas
a la muerte de su padre:
“Recuerde el
alma dormida,
avive el seso y
despierte
contemplando
cómo se pasa la
vida,
cómo se viene
la muerte
tan callando;
cuán presto se
va el placer;
cómo después de
acordado
da dolor;
cómo a nuestro
parecer
cualquiera
tiempo pasado
fue mejor”
-
A
mi abuelo que fue amigo de los excautivos del convento y que desde el Casino
llevó a su casa la tradición cofrade.
-
A
mi abuela, especial ángel de la guarda en mi nacimiento, que organizaba para toda
su familia los preparativos cofrades.
-
A
mi padre que nunca se perdía una procesión y siempre trataba de encontrarme por
los zapatos.
-
A
mi amigo Hermano Mayor de la Junta de Gobierno de Nuestro Padre Jesús Nazareno
y Nuestra Señora de la Piedad que tanto quería a la Cofradía.
-
Y
a mi amigo costalero de Nuestro Padre Jesús Nazareno que siempre tenía una
acción humana ejemplificadora, y nunca verbalizaba una palabra hueca.
Va
por ellos. Muy agradecido.
4.
Conclusiones
Está
tan intrínseco a nuestra cultura mediterránea latina cómo celebrar, compartir y
vivir en público durante todo el año, que se aprecia y se valora mucho más cuándo
toca vivir la Semana Santa fuera de
España.
Es
por ello que este patrimonio y acervo espiritual a modo de manifestación que se
hace vivo rememorando anualmente la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Depende
de nosotros mantenerlo para que las siguientes generaciones puedan disfrutarlo
como lo hemos heredado nosotros.
Siendo
conscientes de nuestra fugacidad, estando de paso, somos depositarios de conservar
y progresar este legado cofrade.
Unas
veces porque nos llama el recuerdo a las personas que nos lo transmitieron y ya
no están, y en otras ocasiones por la conciencia a celebrar un cumpleaños que
de manera anónima nos une.
Es
el mejor presente que nos podemos hacer y el más enriquecedor regalo que le donamos
a nuestro pueblo. Casi sin darnos cuenta, entre unos y otros, año a año incrementamos
nuestro baúl cultural, que es un valor en sí mismo para nuestra sociedad y
nuestro pueblo.
Los
recuerdos son la mejor base de experiencia que nos hace mirar al futuro, y siempre
con un grupo de personas que está por la labor de querer seguir ayudando a los
demás, es el principal estímulo a seguir arrimando el hombro.
Siendo
consciente que todas las hermandades y cofradías penitenciales marchamos juntas
disfrutando del camino.
Sin
olvidar que nos queda mucho por hacer y recordando que cuando nos ponemos bajo
un fin común hacemos pueblo mediante nuestra particular montijanía.
Intentando
alcanzar el horizonte más lejano posible, todo el año, cuando sea menester, en
sus 52 semanas, sin prisa pero sin pausa, Miércoles Santo a Miércoles Santo,
Semana Santa a Semana Santa, hasta que Dios quiera.
Agradecer
el enorme trabajo, dedicación y tiempo por mantener nuestra tradición
intergeneracional viva por parte de Junta de Hermandades y Cofradías, así como
al Exmo. Ayuntamiento Montijo, de todos los Cofrades, la Banda de Música Andrés
Mena, la Policía Local, Protección Civil, Guardia Civil, de empresas
patrocinadoras de la revista de Semana Santa, medios de comunicación
municipales Crónicas de un Pueblo y la Ventana Digital.
Agradecer
igualmente hoy a los miembros del Teatro Municipal Nuevo Calderón su atención y
acogimiento hoy aquí a todos.
A
nivel de literatura y bibliografía, agradecer, a todos los pregoneros su servicio
valioso a través de su conocimiento, su talento de maestría de juntar letras
con su pluma y mejor puesta en escena, ofrecido a nuestra Semana Santa desde
1988 hasta la fecha.
Por
ello, ahora es cuando ese niño se hace mayor y tras reflexionar, se asoma, a
través de este atril, al portón de la Semana Santa.
Ahora sin hábito de nazareno, siendo
igualmente penitente, con un micrófono con todos ustedes para invitarles a
pasar mediante este llamamiento público en Pascua de Semana Santa, que cuenta
los días al revés, desde el Domingo de Ramos (24 de marzo) al Domingo de
Resurrección (31 de marzo) de este año de gracia y del Señor de 2024.
A
vivir, celebrar, disfrutar, reunir, procesionar, pensar, recordar, rezar,
lamentar, llorar, reír, beber, comer, salir, unas veces en familia, otras veces
solo, otras con amigos, otras con paisanos y vecinos, otras en comunidades
religiosas.
Siempre
siendo conscientes de lo afortunados que somos de poder vivirlo y contarlo.
Agradecimiento
eterno por su presencia y atención en esta noche. Ya nos podemos soltar la
mano y darnos un abrazo para que este pregón abra el portón de la Semana Santa
de 2024, quedando depositado, hermanos cofrades, si lo tienen a bien, para la
historia la Semana Santa de Montijo.
Se
hace saber, por los clavos de Cristo, que empiece ya:
-
en
el tiempo de Cuaresma que estamos en el que nuestro amigo Dani y su bicicleta ruedan
pasando por nuestras casas para visitarnos con los recibos de las Cofradías,
-
las
últimas novedades de las Cofradías a destaparse para mejorar las procesiones en
ofrenda a los montijanos,
-
el
olor a incienso empiece a perfumar los templos,
-
a
moverse el forraje y flores, y las ceras en las ermitas,
-
a
sonar las visagras de los armarios y quitarles las arrugas a los trajes, poner
planchas a pleno babor,
-
esos
ensayos y confeccionar plantillas de costaleros,
-
esos
abuelos que llaman a nietos que están fuera para que vengan y pasen estos días
en el pueblo porque nunca se sabe cuando será el día que los hagamos sin que
ellos nos lo digan expresamente,
-
esos
padres que planean llevar a sus hijos a la fila y que andan preparándoles por
primera vez el hábito y el antifaz,
-
esos
niños en colegios, adolescentes en institutos y jóvenes en universidades y
academias que tachan del trimestre las fechas de exámenes, parciales y demás
tareas y objetivos.
-
esos
adultos que en los trabajos empezamos a recordar a los que ya no están, mirando
con impaciencia el calendario.
-
esos
mayores que cuentan cada Semana Santa que llega como un regalo de la vida.
-
esas
tabernas y lugares del buen comer y mejor reposar los combinados que se vuelven
a llenar como en Navidades.
-
esas
calles, plazas, avenidas, rincones a engalanarse para acoger los desfiles
procesionales y a nosotros.
-
esos
balcones para mostrar orgullosos nuestra intendencia cofrade.
-
ese
silencio, ese respeto, ese rezo, esa música de marchas procesionales y ese bullicio
por las calles que ya huelen a azahar y que cuenta con tardes más agradecidas
de luz.
-
ese
ir y venir de nosotros y con nosotros, que hable por sí mismo de nuestra
vitalidad y con orgullo de nuestra montijanía.
Y allí en la calle de todos, el mejor
sitio de encuentro y reencuentro. El mejor cruce de caminos para todos los
montijanos.
¡Qué se arme otro año más en Montijo la
de Dios es Cristo!
“Quedaos
con Dios”
He
dicho.
Santiago
Fernández Rodríguez
Pregón de Semana Santa
Pregonero: Ángel Domínguez Molano
24/III/2023. Teatro Municipal Montijo
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Como indica este soneto anónimo del
siglo XVI: Tú me mueves señor, me conmueves desde la cruz y pese a todas las
barbaridades que sufriste, tu amor
infinito me traspasa. Eres esperanza y baluarte de una humanidad que te busca
desesperada. Tu voz se eleva desde milenios llevando el mensaje de humildad que
tus actos pregonaron desde el ejemplo, eres agua para el sediento, abrigo para
el desconsolado, eres paz en el corazón de los hombres, eres amor magnificado,
eres ejemplo de vida, eres luz entre la oscuridad, eres tantas cosas imposibles
de explicar que mi razón no alcanza a darle forma; lo eres todo y por eso te
digo señor, como en ese verso del soneto; tú me mueves señor para tu causa,
para hablar de tí esta noche, para servirte y pregonarte.
Estimadas Autoridades Eclesiásticas,
Autoridades Civiles, Junta de Hermandades y Cofradías de Penitencia, Hermanos
Mayores, Señoras y señores, a todos los presentes; muy buenas noches.
Sean mis primeras palabras de
agradecimiento a la Junta de Hermandades y Penitencias de Montijo por el
nombramiento como pregonero de su Semana Santa 2023. Quiero indicarles que es
un verdadero honor poder estar esta noche aquí, ante todos ustedes, para
cualquier cofrade este es el mayor reconocimiento y honor que pueda uno tener
de la Semana Santa de su pueblo, y no oculto que un nerviosismo y un cierto
vértigo se instalaron en mí nada más recibir esta invitación. Me preguntaba
constantemente: ¿Seré capaz de estar a la altura y devolver con mi discurso
toda la confianza con la que mis hermanos cofrades depositaron en mí? ¿Seré
capaz de encontrar las palabras exactas, el mensaje correcto?...Eso espero, es
lo que más deseo. Empujado por el amor incondicional de mi mujer y de mis
padres, animado por las palabras de algunos de mis amigos, como mis queridos
Luís Pérez y Rodrígo Martínez que me
indicaban:“Habla desde el corazón, desde tus vivencias, cuenta tu fe y disfruta”.
Arropado en la propia fe en Cristo y en su madre la Santísima Virgen María,
entregado a la intercesión del Espíritu Santo …fue fácil y rápido contestar a
la invitación que me hacían con un rotundo
ACEPTO.
Estar aquí ante ustedes da vértigo,
son muchas las personas aquí presentes cuyos conocimientos teológicos y
relacionados con los diversos aspectos que conforman la Semana Santa son muy superiores a los míos y
, por eso mismo, reflexionaba . con
cierta angustia, qué temas debo tratar, qué debo manifestar. Reconozco que le
he dado muchas vueltas a la cabeza y al corazón, me he amparado en la fe y una
voz dentro de mí, me insinuaba que hablara sobre mis vivencias personales, que
son las mismas vivencias de gran parte de mis hermanos cofrades, que tratara
sobre por qué pienso que es útil y necesario en la época actual la existencia
de las Hermandades y Cofradías Penitenciales y, por supuesto, que tratara la
Semana Santa de mi pueblo. Y a ello voy.
¿Saben ustedes que los orígenes de la
Semana Santa se remontan muy en la antigüedad? Probablemente ya lo sepan,
tienen sus orígenes históricos en la Pascua Judía que conmemora el Éxodo del
pueblo Hebreo durante siete días desde
Egipto hasta la Tierra Prometida. La palabra Pascua significa “paso, salvación”;
fíjense ya en el significado del término con lo que celebramos en la Pascua
Cristiana “ Salvación a través de la muerte y Resurrección de Cristo”. Con los
siglos, la tradición se instala en España durante el bajo medievo y se va
extendiendo en el tiempo hasta perdurar en nuestros días. Aquellas cofradías
podían tener diferentes objetivos, entre ellas ser piadosas o benefactoras.
Nosotros nos centraremos en las penitenciales que eran las que participaban en
las procesiones de Semana Santa, en ellas el pueblo tenía la necesidad de
rendir culto público donde mostrar su fe.
Ya hace muchos años, vinculado a mis
estudios de filología, descubrí que el primer teatro del que tenemos
constancia, sin ser el antiguo grecorromano, está vinculado a la función que
sacerdotes y monjes realizaban en los que escenificaban los dramas litúrgicos
más importantes, los relacionados con la Navidad, el Corpus y, por supuesto, la
Semana Santa. Esto se producía en los últimos siglos medievales por lo que
deben pensar que estos monjes y sacerdotes realizaban los ritos eucarísticos en
latín y el pueblo, en su inmensa mayoría analfabeto, no llegaba a comprender
con exactitud lo que se leía en las homilías. De ahí que, en un primer momento,
La Pasión comenzase a representarse dentro de los templos, en las plazas
públicas, atrios de los iglesias, e incluso, representados en carros tirados
por mulas y bueyes y, en un segundo momento histórico posterior, acogidas por
las cofradías penitenciales para escenificarla con sus hermanos.
Estos son los comienzos, parecen de
un pasado un tanto lejano y, aunque evidentemente las sociedades han
evolucionado, como los tiempos históricos, cabe preguntarse si ¿Siguen teniendo
sentido, en la actualidad, las cofradías penitenciales para la Semana Santa?
Con rotundidad, así lo creo..
Han cambiado los tiempos, pero el
transfondo sigue siendo parecido, el género humano es extraordinario, capaz de cambiar de
tecnologías, de colonizar el planeta, explorar nuevos mundos, busca el progreso
de manera incansable, intenta solucionar enfermedades, construir sociedades más
justas e igualitarias. También es capaz de lo peor, de destruir todo lo bueno
que en el mundo hay y autodestruirse así
mismo.
Y pese a todas las cosas del hombre:
no estamos solos. Dios capacitó al género humano con un don, un regalo al que llamamos fe. Una
fuerza interna que nos guía en la oscuridad, que nos ilumina en la tempestad,
que nos ayuda en el camino diario de la vida y que nos reconforta el alma por
ser hijos de Dios, nuestro Padre, que
nunca nos abandona, que siempre está en nosotros. Que nos perdona, que nos
cuida, que tiene una paciencia infinita en cada uno de sus hijos, que nos
espera con los brazos abiertos, que nos comprende y nos conoce mejor que nadie…
“Porque
es por gracia que han sido salvados, por fe, y esto no es de ustedes mismos, es
el regalo de Dios, no por obras, para que nadie pueda presumir” -Efesios 2: 8-9.
La fe solo puede venir por un corazón
nuevo, regenerado por Dios: por lo tanto la fe es un regalo de Dios. La única
forma que Dios usa para llevar la salvación a su pueblo. Fortalecemos nuestra
fe de muchas maneras, con la celebración de la Eucaristía, orando, leyendo la
Biblia en soledad ( es una conversación directa e íntima con Dios que nos hace
mucho bien, les animo a que lo hagan) y, por supuesto, disfrutando de la Semana
Santa, de La Palabra y los actos penitenciales. Hoy, como ayer, revivir la
pasión, muerte y resurrección de Cristo es necesario, para ello los cofrades
nos preparamos internamente para vivir una semana intensa donde renovar nuestra
fé en Dios. Sentimos la traición sufrida por Cristo, la soledad, el martirio,
el dolor insoldable de la muerte….Pero también revivimos la última entrada
triunfal en Jerusalén montado en lomos de un sencillo pollino, la Última Cena
donde los apóstoles mantienen una comunión cristiana con Cristo, y, por
supuesto la Resurrección de Cristo y su ascensión al cielo.
Narra San Marcos al final de su
evangelio, que Jesús resucitado se apareció ante los once apóstoles
recriminando con dureza la incredulidad que estos sentían por no haber creído
su resurrección y les conmina: “ Id al
mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. (Marcos 16,9- 15).
Poco después “Ellos se fueron a predicar
por todas partes” (Marcos 16,9-20). La Iglesia Católica desde entonces ha
ido llevando el mensaje de Cristo por todo el mundo gracias a su Santa Iglesia
Apostólica Romana y al esfuerzo de todos los miembros que conforman esta iglesia,de la que formamos parte activa las
propias Hermandades y Cofradías.Así pues, es aquí donde las cofradías y
hermandades penitenciales seguimos teniendo un papel principal y actual, dado
que está en nuestras manos continuar realizando muestras públicas de nuestra fe
a través de la función representativa de los momentos más importantes de la
Pasión, Muerte y Resurreción de nuestro señor. Seguimos haciendo catequesis en
las calles durante las estaciones de penitencia, mostrando nuestra fe y
proclamándola por toda nuestra población, orando hacia y con Dios ,
participando en las celebraciones litúrgicas de nuestras comunidades,
realizando labores sociales dentro de nuestra comunidad, manteniendo el enorme
patrimonio artístico y cultural legado de siglos, sintiéndonos partícipes del
Evangelio, somos parte viva en la fe en Cristo; discípulos misioneros como
menciona el Papa Francisco en la
Exhortación Apóstólica Evangelii Gaudium: “Todo
cristiano es misionero en la medida en la que se ha encontrado con el amor de
Dios en Cristo Jesús, ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que
somos siempre discípulos misioneros”.(120)
Es, por tanto, el momento en el que
todos los hermanos cofrades debemos ir preparándonos para las celebraciones que
se avecinan en pocas semanas, lo realizaremos juntos, en el entorno de nuestras
cofradías, compartiendo vivencias sociales e íntimas; unas y otras
revitalizarán nuestra fe en Cristo nuestro señor, pero también deberemos ir
preparando cada uno de nosotros nuestros corazones con humildad, con sencillez,
mirando a Dios, buscándolo, ya que solo de él podemos conseguir la paz interior
que todos necesitamos. Seamos, todos,discípulos misioneros de Cristo. Llevemos
su mensaje en las cosas cotidianas diarias que afrontamos, como comunidad y de
forma individual, no solo en La Pascua, si no durante todo el año.
Ahora, quisiera comenzar la segunda
parte de mi discurso teniendo como protagonista poder contar el testimonio
personal de mis propias vivencias desde dentro, necesito transmitirles con
ejemplos concretos lo que la Semana Santa montijana ha supuesto en mi vida, en
lo que contribuye en mi persona para ser el ser humano que soy, y, en lo que
consigue remover en el corazón de cada montijano que participa en las mismas de
forma activa o como espectador. Voy a hablar de mis experiencias personales,
pero, sobretodo, voy a hablar de nuestra Semana Santa en Montijo, la de todos
ustedes.
Marzo y abril tienen el don de
anunciarnos una primavera deseada donde el tibio sol se va imponiendo, con un
ritmo calmado, al duro y frío invierno. Su luz y calor moldearán el relieve de
nuestros paisajes aderezando de notas de colores a los verdes y marrones
impuestos en nuestros campos, durante el
letargo de los últimos meses de oscuridad . Son meses vitales donde la ilusión
se prende en el corazón de los hombres que parecen reactivar su ciclo vital con
la vida. Son días más largos, las faenas se multiplican, los encuentros se
activan y la vida parece quererse alzar vencedora al tedioso y aburrido sopor
invernal.
Desde mi infancia, dentro de estos
meses frugales, la Semana Santa ha sido y es la fiesta más vital para mí, con
la que mayor ilusión he vivido y de la que más he aprendido, debe ser su
carácter reflexivo que te marca y te hace revolverte por tus adentros, debe ser
todas esas cosas y algunas más que soy incapaz de mencionar pero que me
impulsan en esos días y hacen estremecer mi fe con una pasión inusitada, me
reencuentran con Dios y esa luz, su calor, su Palabra, hace brotar dentro de mí
las mejores flores y sus delicados aromas.
Llevo viviendo de manera activa, como
nazareno o costalero, mucho más de treinta años, no podría decir con exactitud
el número de ellos, ni el año en el que comenzó, solo recuerdo que era niño y
que un día mi madre me acompañó a la ermita de Jesús para preguntar si podía
procesionar y qué necesitaba para hacerlo como nazareno, yo, en tanto, algo
tímido pese a no serlo, observaba el lugar y el ajetreo de lo que allí se
estaba haciendo; me sorprendí muchísimo de las imágenes que tenía allí delante,
me sobrecogieron, no somos conscientes los adultos del poder de las imágenes y
de cómo calan en los niños, recuerdo que no fue miedo lo que sentí, sí mucho
respeto, miraba a las facciones de la cara de Nuestro Padre Jesús Nazareno con
su rictus de sencillez y dolor, aceptando el cargo de abrazar el madero con el
que se debía cumplir lo que estaba ya escrito, me imponía y en los ojos del que
aún era niño, había comprensión y la pregunta inocente de por qué no le ayudan. Aún no había Cirenes que soportasen el peso
de aquella cruz.
A su lado, un grupo de mujeres
preparaban con mucho mimo a la Virgen de la Piedad, dolor de madre, atendidas
por otras madres. Comprendí años más tarde ese vínculo irrompible que supone el
amor inquebrantable de una madre por su hijo. Delante de mí, siendo aún niño,
tuve una catequesis maravillosa, comenzaba a ver representada lo que ya
escuchaba en las lecturas de los Oficios y que nos contaban en las catequesis a
la que asistía cada semana con mis amigos. Ese fue mi comienzo en un año
inconcreto del que guardo el recuerdo.
Este fue, digámoslo así, mi bautismo
en Semana Santa. La Cruz Guía había echado andar, detrás de ella, junto a
muchos otros hermanos, hacía procesión pública de mi fe, en los primeros años
siempre como nazareno penitente de luz o de cruz, acompañando a los maravillosos
cristos y vírgenes que la imaginería montijana tiene el honor de poseer en su
amplio patrimonio cultural y espiritual.
Tengo el honor de haber salido
procesionando en todas las cofradías montijanas, a través de ellas
podemos revivir cada etapa de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo,
nuestro señor. Cuando un hermano se
calza la túnica y el capirote, se produce un fenómeno espiritual sagrado, la
anulación de nuestro individualismo a través de la túnica que actúa como una
piel que nos difumina, nos otorga el anonimato necesario, la anulación de
nuestro yo, el ego, la soberbia en sí de lo que cada uno de nosotros componemos
y nos capacita, a través del poder meditar calladamente y dialogar con tu
conciencia, el de buscar a Dios desde el silencio de las palabras sonoras; asimismo acompañamos a nuestras imágenes
titulares, por las que sentimos devoción y empatía, es un acto de amor a Cristo
y a María. Son momentos únicos para orar calladamente, orar de tú a tú, de
hacer penitencia interior, de postrarnos espiritualmente con humildad ante
nuestro Padre y acompañarlo .
Este meditar y orar internamente con
Dios me trae a la cabeza unos versos de la poetisa gallega Rosalía de Castro.
“Si medito en tu eterna grandeza,
buen Dios, al que nunca veo
y levanto asombrada los ojos
hacia el alto firmamento
que llenaste de mundos y mundos…,
toda turbada, pienso
que soy menos que un átomo leve
perdida en el universo.
Nada, en fin…, y que al cabo en la
nada
han de perderse mis restos.
Mas si cuando el dolor y la duda
me atormentan, corro al templo
y a los pies de la Cruz en un refugio
busco ansiosa implorando remedio,
de Jesús el cruento martirio
tanto conmueve mi pecho,
y adivino tan dulces promesas
en sus dolores acerbos
que cual niño que reposa
en el regazo materno
después de llorar, tranquila,
tras la expiación, espero
que allá donde Dios habita
he de proseguir viviendo.
Pocos años después, en mi
adolescencia, tampoco recuerdo de qué manera comenzó, me ví vinculado a la
Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores.
Imagino que gran parte se debía a que siempre estábamos juntos mi amigo Rodrígo
Martínez y yo y donde iba uno, iba el otro. Aquellos fueron años inolvidables
donde fui creciendo hasta hacerme un hombre, a la vez que crecía y se moldeaba
en mí la pasión por la Semana Santa. En aquellos años con Juan María Rodríguez
Gacía y Pablo Iglesias Aunión al frente de la Hermandad como hermanos mayores,
junto a un grupo de grandes personas, muchos de ellos amigos, que me dieron la
oportunidad de colaborar en los preparativos para la celebración del acto
penitencial. Recuerdos preciosos donde correteábamos durante toda la semana las
diferentes dependencias de la Parroquia de San Pedro que hacíamos nuestra casa,
especialmente las viejas dependencias de la sala de los muertos y la sala del
pudridero (actualmente despacho parroquial) que nos servía a modo de almacén y
de zona de trabajo, como el cañón de la
base de la torre en lo que se encuentra la puerta del perdón y la Capilla de la
Sagrada Familia donde reposan las imágenes titulares de la cofradía. Todos
estos espacios servían para
trabajar en un ambiente de hermandad
precioso: se preparaban las velas que utilizarán los hermanos, se limpiaban los
diferentes elementos que componían los pasos o que debían procesionar el Jueves
Santo: tulipas y jarrones, se montaban las andas de la virgen en el cañón de la
base de la torre, se preparaban las varales con refuerzo acolchadas que usarían
los costaleros, se desplegaba con primor y cuidado el manto precioso de la
virgen y se ajustaba en el paso, también se organizaban los detalles de las
andas que alzarían al cristo de la Agonía y en la mañana del mismo jueves, la
parroquia quedaba embriagada por los aromas que adornarían con ornamento floral
a ambos pasos. Claveles de un rojo intenso para un Gólgota simbólico que a los
pies del Cristo nos recuerda el dolor y la sangre vertida en sus últimos
momentos, y la pureza de los tonos claros
para nuestra madre glorificada, con su rictus de dolor desconsolado por el que
pequeñas perlas cristalinas resbalan de sus hermosos ojos puros. En su mano
izquierda, una flor, en su corazón el amor infinito a su hijo injustamente
crucificado.
A mi mente regresan ahora los
recuerdos de las camareras que trabajan para preparar a nuestra madre. Con qué
devoción, amor y respeto infinito lo hacen cada año, acto simbólico
especialmente vivido entre mujeres, este hecho suele ocurrir también en todas
las cofradías, aunque algún hombre revoloteara por allí, solo ellas eran
capaces de poner guapa a la más hermosa, con qué primor y delicadeza la visten,
le colocan con dulzura sus joyas y la dejan deslumbrante para las celebraciones
litúrgicas y la procesión.
¡Qué importante es la participación
activa de los miembros de una cofradía! Llegado a este punto, quiero dedicarle
unas líneas al conjunto de todas las personas que se acercan a sus cofradías a
echar una mano, no hablo solo de los miembros de las juntas directivas que ya
mantienen un trabajo esencial, entregado y poco valorado por darle forma a
todas las actividades anuales de las cofradías, es mucho el tiempo que ellos
entregan al servicio de las cofradías y de la vida parroquial, a ellos siempre
mi respeto y mi admiración. Sin vosotros nada sería posible. También quiero
animar a la participación activa de todo aquel que quiera echar una mano en las
faenas de preparación de los actos penitenciales porque las manos siempre son pocas, los
voluntarios son importantísimos, yo he conocido a muchos que mantenían humildad
y querían pasar desapercibidos cuyas funciones o habilidades eran y siguen
siendo, esenciales. Hombres y mujeres que colaboraban con una sonrisa siempre
en sus labios, movidos por el amor a Cristo y a la Virgen, gente sencilla de
corazón y fe que nunca falla. Todos hacemos cofradía, todos formamos iglesia,
cuantos más seamos colaborando,más podremos trabajar y glorificar a Cristo.
Pero en la actualidad no todo están
siendo buenas noticias, en la última celebración de la Semana Santa hemos
podido comprobar un problema de participación y es que los años pasados de
confinamiento por culpa del maldito COVID han hecho mucho daño a las cofradías
porque han alejado a muchos miembros de ellas, especialmente a los más jóvenes,
necesitamos llegar a este sector básico que es el presente próximo para
mantener la tradición legada de nuestros padres. Le pido a Dios que conmueva el
corazón de los más jóvenes para que crezcan dentro de la iglesia, en la fe en
cristo, vinculados a las cofradías y deseen seguir participando de los actos
públicos de la demostración de la fe cristiana. Deben ser nuestro relevo
natural más inmediato, insto a las cofradías a que seamos capaces de encontrar
herramientas útiles que nos permitan atraerlos. Ojalá supiese la fórmula exacta
que provoque ese cambio, lo único que puedo indicar es que arraiga lo que se
vive desde pequeño, son las experiencias personales las que llenan la mochila
de la vida de recuerdos imborrables, como tengo yo los de mi niñez y
adolescencia; si encima observamos el carácter social o grupal que para los
jóvenes es esencial, quizá sea ahí donde debiéramos trabajar para fomentar ese
acercamiento dado que, aunque pensemos que los jóvenes no se quieren
comprometer con ciertos temas, darles cierto protagonismo y hacerles ver que
sus ideas y esfuerzos son importantes,
tal vez los atraigamos y, tengan claro, pueden provocar un efecto llamada hacia
otros jóvenes.
Permítanme ponerles ejemplos
concretos de mi vida o que he podido observar. Recuerdo lo importante que ha
sido para mí seguir con las catequesis de postconfirmación donde aprendí a
cuestionarme muchas cosas ,a participar en los grupos de jóvenes de la casa de
la iglesia donde llegamos a promover campos de trabajo o campañas del kilo
donde la solidaridad como bandera daba sentido útil y vital a las cosas, el
joven quiere ser útil y protagonista, es normal; de ellos será la sociedad del
mañana. Antes mencioné lo importante que fue en mi adolescencia colaborar con
las cofradías en los preparativos previos a las procesiones, un amigo tiraba de
otro amigo, lo pasábamos genial y todo lo hacíamos en la casa de Dios; incluso
recuerdo cuando una cantidad enorme de veinteañeros se comprometieron para
sacar el paso de Nuestra señora de los
Dolores el Jueves Santo, ahí estábamos, pese a las fiestas paganas que se
celebraban en alguna discoteca cercana. Incluso, ¿Recuerdan quiénes recuperaron
la cofradía de Jesús Salvador de los Hombres y llevan haciendo décadas un
trabajo extraordinario? Muchos jóvenes de aquellos, están hoy aquí y ya pintan canas.
Repito que no tengo fórmulas mágicas
para saber cómo revertir la situación, sí que puedo afirmar, desde la
observación, que la ilusión la podemos alimentar, al igual que los jóvenes se
pueden sentir atraídos a otras pasiones sanas de la vida y una vez probadas ya
no las dejan. Muchos de nosotros podemos poner la semilla en nuestros hijos que
nos ven participar como nazarenos y costaleros, debemos llevarlos de las manos
y sus primeros pasos acompañarlos como nazarenos, a mí me llena de orgullo ver
a mi hijo calzar la túnica, ¿Quién sabe si no estaremos de esta manera pasando
el testigo? Por añadir un ejemplo más, el año pasado, recuerdo que fue la
primera vez, si no me falla la memoria, que cargaron como costaleros de la Virgen
de La Piedad dos jóvenes que acabaron entusiasmados y que espero vuelvan a
repetir, uno de ellos junto a su padre que, como tantos años, también cargaba
el paso ¡Qué orgulloso debes estar
Manolo!
Existen muchas celebraciones de
Semana Santa en nuestro país, he podido ver muchas cargadas de interés
turístico nacional o internacional que son extraordinarias, pero mi preferida
es, sin duda, la de Montijo, tal vez porque sea de aquí, haya crecido con ellas de cerca, tal vez
porque sus imágenes me han emocionado desde siempre, el hecho es que, aunque
esté viviendo actualmente fuera de la localidad, necesito visitar mi pueblo en
estas fechas y empaparme de ellas.
La Semana Santa montijana es muy
completa, recorre de manera magnífica los acontecimientos más importantes de la
Pasión de Cristo y su posterior Resurrección, cada cofradía tiene su impronta
y, aunque entre ellas similares, cada una de ellas tiene sus propias
peculiaridades. Luego está el acervo con el que el pueblo las recibe, las
espera y las acompaña. Montijo es una localidad ideal donde se produce la
simbiosis entre el que observa y la cofradía que procesiona; son muchos los
momentos o lugares donde la emoción se desborda y el ser humano siente dentro
de sí un cúmulo de sensaciones que lo hacen removerse por dentro, una
espiritualidad que responde especialmente cuando ante tí pasa o se para una
imagen principal, es el amor hacia Cristo o María, un amor que no se apaga y,
pese a que el hombre le dé tantas veces la espalda a Dios, ese amor de Dios hacia
nosotros lo sentimos muy dentro y desea crecer. Es la llamada de Dios que no
debemos desoir y es por eso, que para un cofrade, nazareno o costalero, es
vital participar cada año de las procesiones penitenciales de nuestra cofradía
porque necesitamos nutrirnos del Señor, hacer crecer el amor que por él
sentimos y que nuestro Padre siente por nosotros. Como escribiera San Juan de
la Cruz “ el amor es llama que arde con apetito de arder más” y así debe ser
nuestra fe, una llama que nunca se apaga y que quiere hacerse aún más intensa.
Ahora que vivo fuera y que por
cuestiones familiares ya no puedo participar en todas las procesiones como me
gustaría y que hiciera antaño, si cabe las disfruto más, unas por poder asistir
a ellas; otras por poder apreciar los vídeos tan maravillosos que graban los
medios de comunicación que nos hacen estar ahí a los que estamos fuera (desde
aquí darles las gracias). De una manera u otra los recuerdos vividos asaltan la
memoria y la emoción sigue muy presente, tal vez la edad haga que sea más
madura, pero sigue siendo una melodía maravillosa que acaricia el alma.
Alguna vez, alguien de fuera me ha
preguntado por la Semana Santa de nuestro pueblo y me he visto hablando
apasionado de ella, de muchos momentos o lugares:
He contado que amo el verde esperanza
que viste la Cofradía Jesús Salvador de los Hombres que tiene la peculiaridad
de que la inmensa mayoría de sus nazarenos son niños y que la Burriquita
destila una alegría bulliciosa cuando avanza alegre por las calles del pueblo la
mañana de Domingo de Ramos, tras ella una cohorte de todas las edades portan
ramos de olivos bendecidos. Me gusta su discurrir festivo uniendo ambas
parroquias para mayor gloria de un Cristo triunfante que entra en su Jerusalén.
Cuánto cariño le guardo a la Burriquita que fue el primer paso que pude cargar
cuando apenas tendría dieciséis o diecisiete años.
He narrado que el miércoles santo el
negro se impone, junto al morado, para sentir el dolor de un Cristo ultrajado y
vilipendiado que acepta con sencillez lo que sabe que está escrito, camino de
su calvario y que una procesión de cruces lo acompaña y hasta hace parecer que
calman el peso del inmenso madero al que se aferra. Tras él, su madre camina
llorosa, ella es toda luz y su rostro muestra la piedad que su nombre anuncia.
A ese amigo que me escucha atento le
indico que hay que verla en la plaza de
Santa Ana, junto al convento de las Clarisas, allí un gentío siempre nos
espera, con devoción y respeto, yo se lo cuento desde la perspectiva del que va
debajo del paso de la virgen de La Piedad. Los costaleros no vemos lo que
ocurre fuera, nuestros ojos son los capataces sobre los que depositamos toda
nuestra confianza, pero sin ver; lo sentimos todo. Ese lugar es especial porque
cuando asoma el paso a la plaza percibimos como el rumor de la población se
apaga, solo escuchamos la voz que nos dirige, nada más: ¡de lateral, siete
pasos a la izquierda, sin abrir paso!…y el rasgar de los zapatos arañando el
suelo hacen cumplir la orden. Los costaleros nos afanamos en nuestras
trabajaderas para guiarla a ella serpenteando la plaza, la conducimos hasta la
ventana donde nos esperan las madres clarisas con sus oraciones. En la
reverencia llevamos todo nuestro respeto. Madres piadosas no dejen de rezar por
su pueblo.
Permítanme una cosa, aquí quiero
hacer un inciso de alabanza para la maravillosa Banda de música de Montijo.
Como ya he indicado, son muchos años y muchos pasos los que te tenido la suerte
de poder cargar, créanme que todos los costaleros pasamos malos momentos en las
procesiones donde las fuerzas nos flaquean, las calles se nos hacen más
empinadas y largas de lo que son y hasta parece que no somos capaces de ir
todos acompasados. En esos momentos, las melodías de “La Saeta”, “Mater Mea”,
“Amarguras” o “Nuestro Padre Jesús” son una inspiración porque nos reconfortan,
nos ayudan a marcar el ritmo y nos insuflan una energía extra que necesitamos.
Gracias por sonar tan bien y facilitarnos las cosas.
La noche del Jueves Santo es el turno
para la Cofradía del Santísimo Cristo de
la Agonía y María Santísima de los Dolores, el rojo intenso de sus capirotes y
la llama de sus cirios tienen, desde la Plaza de España, una fotografía
majestuosa y un efecto hipnótico, sus nazarenos se deslizan bajando la rambla
desde el atrio de San Pedro, la Cruz Guía encabeza unas hileras que, con paso
parsimonioso, parecen custodiar la imagen hermosa del Cristo de la Agonía que
acaba de ser crucificado, un gólgota rojo- sangre de claveles a sus pies, su
cuerpo lacerado mira al cielo entre el dolor del que está apunto de expirar:
“Consumado es” y con su muerte nos redime a toda la humanidad. Tras ella, la virgen de Los Dolores sigue
fiel a su hijo, no lo abandona, parece querer calmarle, lo acompaña, nos
humaniza a todos…Es terrible ver morir un hijo para una madre.
Ya en la madrugada del Viernes Santo,
cuando todo está cumplido, sale a procesionar la Cofradía de la Vera Cruz desde
la parroquia de San Gregorio. A mi amigo le cuento que en ella el silencio y la
reflexión se instaura en todos los cofrades, solo roto por el ruido de los
pasos rápidos, el golpear solemne y seco de los bastones que portan los
portadores del bellísimo Cristo de la Misericordia cuando avanzan por las
calles somnolientas de la población y sobre el que lo hacen depositar en cada
parada, cuando previamente el toque suave y sútil de una campanilla o de una
carraca así lo dicta; pero lo más especial es escuchar en las paradas el Sermón
de las Siete Palabras, ahí siete cruces marcarán el camino donde la noche,
testigo mudo y frío parece quererse abrir como obedeciendo a un mandato
milenario que la humanidad no debe olvidar. El silencio, el respeto, la
austeridad del acto, la oscuridad solo bañada por la luz de la luna que lo
envuelve todo; te hace removerte por
dentro de forma muy especial, los sentidos se abren ante nosotros en comunión
directa con el duelo y amor hacia Cristo, que yo me digo a mí mismo, similar al
que las primeras comunidades cristianas vivieron y sintieron en la noche que
abrió el abismo.
El viernes Santo, ya al atardecer, le toca el turno a la Hermandad
del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores, aquí es el blanco puro de
luto el color que se impone en la indumentaria del capirote y capa que portan
sus nazarenos, bajo ella la túnica negra. Esta procesión es muy importante, en
ella los cristianos acompañamos al sepulcro a Cristo muerto en la cruz, así
representamos de alguna manera lo que se llega a decir en las Escrituras donde José de Arimatea toma el cuerpo de
Cristo y lo envuelve en una sábana limpia, depositándolo después en el sepulcro
mientras María Magdalena y la otra María se quedan sentadas enfrente del
sepulcro, como cuenta San Mateo en su evangelio. A mi amigo le indico que tengo
predilección por ver la salida y la entrada en su sede de la Ermita de Jesús,
tal vez por su carácter circular y simbólico que me recuerda al acto en sí de ir
a darle descanso eterno al difunto saliendo desde la casa hasta dejarlo en su
nueva morada; sea como sea el paso del santísimo Cristo Yacente es bellísimo,
impone ver la solemnidad y serenidad de Cristo descansando en el lecho de su
sepulcro que se yergue sobre el paso y en el que resalta el ornamento de unos
claveles rojos que lo rodean. Detrás, desconsolada, una hermosa virgen de Los
Dolores sigue los pasos de su hijo, adornada por el blanco deslumbrante que las
calas y claveles le ofrecen como ornamento.
Poco después, hacia la media noche,
la misma hermandad realiza la procesión de La Soledad, se trata de un vía
crucis por las calles montijanas sacando los pasos de las imágenes de Nuestra
Señora de los Dolores, María Magdalena y San Juan Evangelista. Se rememora el
camino que realiza María con dolor al sepulcro, pero también con fortaleza,
confianza y fe en el Padre a la espera
de la Resurrección de su hijo. Existe la tradición de que sean las mujeres las
que habitualmente acompañan y porten a las imágenes aunque cada vez más hombres
se unan a ellas.
Sin duda alguna, le comento a mi
querido amigo, el Domingo de Resurrección es mi día más especial, es la alegría
desorbitada que comienza con la Vigilia Pascual donde conmemoramos,en la
víspera de ese día, la alegría exultante que sintieron los primeros cristianos
al saber que Cristo ha resucitado. Esta vigilia marca el final del Triduo
Pascual y gira entorno a varios elementos simbólicos, especialmente la luz y el
agua. En la liturgia, el sacerdote vestido ya con la estola blanca como festejo
de la resurrección del señor, bendice el Cirio Pascual que estará presente en
todas las celebraciones parroquiales, el cirio representa a Cristo resucitado y
con él entrará el sacerdote en una iglesia a oscura entonando por tres veces
“Luz de Cristo, demos gracias a Dios”, allí aguardamos todos expectantes para
encender nuestras velas que, a su vez, deben encender otras que simbolicen nuestro testimonio al mundo de que
el Señor ha resucitado. Posteriormente, toma la palabra el sacerdote para
realizar las otras parte de la liturgia.
Por la mañana, la Asociación Jesús
Resucitado representa el encuentro de
Jesús con su madre, María Magdalena y San Juan. Simbólicamente hacen dos
recorridos distintos hasta verse y encontrarse en la Plaza de España donde se
abrazan reverencialmente y en el que la alegría se desborda por todos los
corazones de los montijanos.
Tras el relato de nuestra Semana
Santa montijana, mi amigo se queda sorprendido por lo completa que son nuestras
manifestaciones y curioso promete acercarse a vivirla junto a nosotros. A veces
no somos conscientes de la riqueza que tenemos hasta no verla desde cierta
distancia o cuando te ves a tí mismo expresando, con devoción, lo que es vital
para el alma sentir y revivir.
Montijo tiene una Semana Santa
maravillosa.
Queridos hermanos y hermanas, hay
muchas Semanas Santas en el corazón de cada hombre, al igual que el viejo lema
latino de “Todos los caminos conducen a Roma”, hay muchos caminos que nos
llevan a Dios, se trata de que cada uno observe con los ojos del corazón
abiertos, reflexione y se escuche a sí mismo durante la Cuaresma y alimente su
fe participando en todos los actos litúrgicos y procesionales que desarrollan
nuestras Hermandades y Cofradías
especialmente durante la Semana Santa. Al menos es lo que he pretendido
pregonarles desde mi fe, con el corazón abierto y escuchándome.
Les conmino,e invito, por tanto, a
participar con humildad de la Semana Santa 2023, que el camino de la Pasión y
Muerte de Cristo desemboque en una explosión de alegría por su Resurrección y
que el alma de cada uno de ustedes se regocije en Cristo, nuestro señor.
A todos les deseo, ¡Feliz Pascua de
Resurrección!
Ángel Domínguez Molano.
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Pregón de Semana Santa
Pregonero: Pablo Iglesias Aunión
01/IV/2016. Teatro Municipal Montijo
Pregón de Semana
de Montijo
1 de abril del
2017
Junta de
Hermandades y Cofradías
Teatro Municipal.
Sábado 1 de abril
Víspera, Domingo V
de Cuaresma”
Pablo Iglesias Aunión
Preludio
Pregón de Semana Santa. Montijo, 2017
PRELUDIO
Con voz serena, en el susurro de una
noche tranquila, vienen a visitarme para hacerme santa compañía los recuerdos
del ayer y del hoy que buscan darme la quietud del alma. Con voluntad quebrada
por amor, un amor de mares infinitos que se alzan en olas de esperanza,
la fragilidad de la vida se me muestra en un niño, que con entusiasmo mira al futuro
esperanzando y entiende ahora y aquí, que lo derramado en mi corazón es amor
con mayúsculas, un amor ausente de arrogancia; un amor de entendimiento, razón
y fe para comprender el misterio de lo que año tras año
viene ocurriéndole a nuestro Montijo, al alborear la primavera.
Misterio de Dios, misterio de Iglesia,
misterio de Evangelio que se desgrana en este ser, en un humilde montijano, en
un sencillo nazareno que antes de nada y por encima de todo, es un hombre de
bautismo, abriéndose así en mi vida, el libro sagrado donde se asienta el mayor
de los listados para un hermano cofrade, para un penitente, para un cristiano:
el libro de bautismo, ese libro de
regla por excelencia en una Cofradía. Mi libro de norma, mi marcha saetera, mi
quiebro en la esquina ante el Cristo mudo y parlante de dolor en este mundo
asido y traspasado por sus huellas.
Yo quiero ser Iglesia antes de
nada y por encima de cualquier nombre o título, yo solo quiero esta noche aquí
y ahora… Ser Iglesia, mi Iglesia, nuestra Iglesia y desde ella, testimoniarles,
lo que he mamado por su fe transmitida y heredada.
Yo solo quiero esta noche pedirte a
ti, Señor y a tu Madre María de Barbaño por su intercesión,
que sepas abrir mis labios a palabras de testamento, de testimonio y de
anuncio, del anuncio que es el de una alegría. Porque mi historia, nuestra
historia, la que yo mantengo contigo Cristo, mi Cristo de la Agonía, me permite
hoy pregonar a la Semana Santa de Montijo: en mi tierra, desde mi Iglesia y en mi
sitio, que el final de todo lo que voy a contar, es principio porque es triunfo
y maravilla, aunque antes, como nos dice Lope de Vega, hay luto y dolor:
La tarde se oscurecía
entre la una y las dos,
que, viendo que el Sol se muere,
se vistió de luto el sol.
Tinieblas cubren los aires
las piedras de dos en dos
se rompen unas con otras,
y el pecho del hombre no.
Saludo Autoridades
SALUDO AUTORIDADES
Párrocos de San Pedro Apóstol:
- Reverendo señor don Pedro Gómez Serrano.
- Reverendo señor don Andrés Romero Sánchez.
Párroco de San Gregorio Ostiense:
- Reverendo señor don Antonio Pérez Carrasco.
Excelentísimo Alcalde de Montijo.
Juntas de Gobierno de las
Hermandades y Cofradías de nuestra Semana Santa.
Hermanos y Hermanas Mayores.
Cofrades. Señoras y señores.
Gracias. Gracias, por permitirme ser hoy para vosotros mensajero, como he
dicho antes de esperanza, de esperanza en un Cristo en el que creo, siento,
vivo, suspiro y respiro resucitado.
La vida me ha mostrado hace ya algún tiempo, que mi camino y mi semblanza
es y deben ser la de educador en la fe a través de la docencia, de la
enseñanza, nada más y nada menos que de Religión y nada más y nada menos, que
de Religión Católica: No son buenos los
tiempos que corren para estas liras… diría hoy aquel poeta, pero me entrego
más al buen mensaje del profeta Baruc: “El
Señor ha cumplido las palabras que pronunció contra nosotros, contra nuestros
jueces, los que nos gobiernan, contra nuestros reyes y autoridades, y contra
todos los habitantes porque jamás había ocurrido debajo del cielo nada
semejante a lo que el Señor hizo…”
Y es que, teniéndote a mi lado Señor, nada tengo yo que temer. Pero, ¿Estás
a mi lado? ¿Estoy yo a tú lado? ¿Te siento, te tengo, ten encuentro? Empiezo, acompáñenme….
Primera Parte:
“Y todo comenzó en un
templo y en el olor del hogar”
PRIMER PARTE
Y TODO COMENZÓ EN UN TEMPLO Y EN EL OLOR
DEL HOGAR
Al querer buscar respuesta a todos estos interrogantes y así poder con
ellas formar parte de mi mensaje, de mi pregonar en esta noche aquí, la memoria
del ayer y la historia de mi vida han comenzado a pasar por delante de mis
recuerdos, como vivencias cercanas, próximas a pesar de que uno anda ya
superando más de medio siglo en el discurrir por el tiempo.
Y así, de pronto, de manera casi inesperada me he encontrado frente a ti,
frente al templo que será protagonista imprescindible en la historia de este
cristiano, montijano y nazareno. Sí, tú, parroquia de San Pedro. Lugar de mis
escapadas en mi niñez, donde ya entonces, lograba encontrar rumbo y camino
recto a la encrucijada de un niño que dormía todas las noches al son de su
campaneo. Casi te veía desde mi cama y en tu sonido yo soñaba con desfiles de
nazareno saliendo desde tus entrañas y tus entrañas, iglesia de san Pedro, son
siglos de historia movidos por el anuncio constante del Evangelio.
El templo. Ese amontonar de historias que al vivir tan cerca me han
permitido caminar de la mano por mi tiempo predisponiéndome desde un ayer a un
hoy para anunciar el Evangelio. Sentarme en las escaleras esperando ver a don
José Zambrano pasar con su sotana, con su mano alzada para poder dejarle caer
en ella un beso. Su atrio, donde los límites de la imaginación de quienes nos
dejábamos llevar por la infancia, nos acogía informal a diario para nuestros
juegos y los domingos como preludio, que es justo para lo que sirve un atrio, prepararnos
para vivir la Misa santa, a la que desde niño acudíamos gozosos a su encuentro.
Ya al entrar en el templo, siempre mis pies me hacían caminar en su
interior pasando por el mismo sitio. ¿Qué tenía aquel sitio? Por qué pasaba por
delante de aquella capilla y junto a ella, me quedaba sentado: quieto, absorto,
enmudecido, con ojos de amor yo lo miraba, era él, era ese Cristo, ese Jesús
crucificado el que cuando entraba siempre me llamaba y yo, a su lado callaba.
Igual de callado y embebido en mil y un pensamientos, ante esas eternas
horas de la infancia, viendo a mi madre planchar la túnica de nazareno que
luego en la cama yo tendía:
“Date prisa madre, que ya oigo
los tambores, escucho los pasos de los hermanos costaleros. Pero muchacho si
hoy no hay procesión, si hoy es lunes santo y aún queda para tu momento. Que te
lo crees tu madre, pues anda que no llevo yo tiempo, saliendo en mis sueños,
desde San Pedro por Montijo vestido de rojo nazareno.”
Y en su sonrisa estaba la complicidad. La complicidad sobre una fe que se
hereda porque se comunica, por que quien te catequiza, quien se convierte en la
primera de las comunidades parroquiales es la familia. Yo tengo herencia
cofrade, soy cofrade por nacimiento, porque como si de otro tiempo fuera, yo
venía ya marcado para pertenecer a este estamento. Es luego lo que la formación
te va dando, lo que te permite entender, que eres del Nazareno, más que
nazareno.
Pero no quiero correr porque en aquellos años de infancia están muchos por
qué.
De pequeño soñamos y de mayor también. Pero los sueños de pequeño son
inocentes pensamientos. Entonces yo soñaba, imaginaba, pensaba en un mundo de
fantasía donde alguien siempre de la mano me cogía y en procesión me llevaba.
De pequeño yo soñaba, con tambores que sonaban en mi corazón y que me hacían
pensar en un mundo de ilusión y de alegría donde alguien con dulce voz me decía:
“ven, sígueme, camina a mi lado, aquí,
tras la cruz de guía.”
Sueños con figuras, figuras que me traspasaban y me hacían viajar desde ese
mundo de ilusiones a otra aún más grande. Porque, aunque entonces no lo
entendía, yo sabía que en mi corazón ardía la llama del cirio, el resplandor
del cofrade, de un montijano que quería ser nazareno penitente.
Al invitarme a ser vuestro pregonero, hoy me vuelvo a convertir en ese niño
que jamás quiso quitarse su traje de nazareno. Al alzar la voz para traeros el
santo y seña del Hijo de Dios muerto y crucificado en un madero, tomando como
escenario nuestro montijano pueblo, me convierto otra vez en niño que mirando a
su templo gritaba desde su interior: ¡Qué
sí, ¡qué sí, que yo seré siempre de mi Cristo…pues eso, nazareno!
Y me veo hoy aquí, marcado ya por el tiempo pero inevitablemente queriendo
seguir siendo otra vez infante, que aupado sobre los hombros de su padre quería
ver salir a Jesús palmeado en el Domingo de Ramos, de su ermita a Jesús
Nazareno, ver pasar entristecido al Cristo Yacente muerto y herido, pensando
que la vida se escapaba por sus manos; excitado y sudoroso me vía agrandado por
mi Cristo, ese Cristo de la Agonía que por la Avenida majestuosamente descendía,
quien un día me robó el sentido y me transformó en silencioso penitente junto a
María.
Así veía yo aparecer con luz de antorchas frente a mí, amapolos nazarenos
rodeando a la Madre Dolorosa que esculpida por la gubia de Buíza, yo que de
esto entonces no entendía, me apretaba mucho en la fila y me decía: ¡Ea, que yo quiero ser de estos rojos
nazareno toda mi vida!
Años de infancia que me traen recuerdos imborrables, de personas que hoy no
están pero que te hacen entender por qué eres en parte cristiano y porque eres
en parte tan nazareno.
Aquellas mañanas de domingo, voluntarioso en ir a casa del señor Frasco a
por churros. Pero ni eran los churros, ni era la voluntad servicial de uno.
Cuando volvía yo le decía a mi madre: “¿Sabes
a quién he visto, sabes con quién he hablado, con el del Resucitado?” Mi
madre me interrogaba con la mirada para posteriormente comprender que era de
Juan Luís de quien yo hablaba: “Ya está
este muchacho con sus fantasías, mira que aún queda para la Semana Santa.”
Y yo me decía: “Sí, pero mañana yo
volveré a casa del señor Frasco y me encontraré otra vez con un pedacito de mi
Semana Santa.” (Gracias, Juan Luis, aunque tú entonces nada sabías).
Reunidos en la sacristía del templo parroquial de San Pedro, nos
preparábamos para el Domingo de Ramos, con la procesión de la borriquita se
catequizaba y nos catequizaban. Aquellos lindos atardeceres de cuaresma,
mientras don José primero y Manolo Malagón después, nos hablaban para que yo… yo,
me dejara otra vez secuestrar por mi fantasía. Y mis ojos y pensamiento se
volvían, se giraban hacia aquella capilla donde veía sombras colgadas y me
repetía mientras en esas sombras su imagen adivinaba: “yo seré nazareno de tu cofradía Stmo. Cristo de la Agonía.”
Y así despertaba de estas mis fantasías, ante la voz del párroco al oírle
decir: “Entonces ahora gritamos ¡Aleluya!
Con fuerza y con alegría para que todo Montijo se entere que es Domingo de
Ramos, que es día de albricias.” Quizás por todo esto yo no he sido más que
de dos cofradías desde mi infancia: Domingo de Ramos y su Borriquita, Jueves
Santo y mi Cristo de la Agonía.
Sin darme cuenta, este alma cofrade, va agarrando fuertes raíces con todo
lo que es nuestra Semana Santa, Semana de Pasión y Montijo comienza a ser con
los años, todo él una gran cofradía.
Segunda Parte:
“Costal de una hechura: “Cuando era yo un niño, hablaba como un
niño, pensaba como un niño, razonaba como un niño.”
SEGUNDA PARTE
COSTAL DE UNA HECHURA: “Cuando era yo un
niño, hablaba como un niño, pensaba como un niño, razonaba como un niño.”
Y ante este acontecer de sentimientos fueron pasando los años y los días.
Cambiaron algunos personajes y fueron creciendo los sentimientos, la luz y la
pasión por la Semana Grande en Montijo. La niñez y la infancia dejaron paso y
se hicieron a un lado para que entrara con toda su fuerza la adolescencia y la
juventud.
Aquella mar serena y suave de inocente oleaje fue borrada por la tempestad
y la brisa de lo inseguro, dejando paso a las borrascas que azotan todos
nuestros sentidos. Y, sin embargo, el sentir cofrade jamás se vio amenazado,
todo lo contrario: el Maestro aparecía claro señalando rumbo, puerto y comino: “Tú a mi lado, tú a tú Cristo, a tú
Cofradía.”
Importante todo ello cuando en estos años, todo lo que tienes a tu lado se
mueve, se desvanece y nada te satisface y menos te convence. Rebeldía de un
joven que quería seguir siendo cofrade. Quizás todo ello, porque en aquellos
años de mi vida, difíciles para todos, pudiera yo encontrarme, dejara entrar en
mi vida, seguro que el Señor así lo quiso, a gente mayor que yo pero que de
esto de cofradías bien que sabían.
A quienes de antaño yo de niño miraba en la enormidad de sus
responsabilidades: Luis Caldito, Pedro
Pinilla, Pedro Menayo, Monolo Molano, Teodoro Pozo, los hermano Alías y
Francisco Serrano, capataz eterno de María…terminaron por ser todos ellos,
costal de mis hechuras nazarena y cofrade.
Llevándome de sus manos supieron generacionalmente situarme ante otras
personas de grandeza extraordinaria en esto del sentir cofrade, con los que
trabajé durante años y me hice en mi cofradía responsable: Francisco Javier Alías, Juan Vaca, Manolo Capilla, Juan Luís Hidalgo,
Luis Vega, Manolo y Margarita, Juan María y Marí Carmen, Pedro Quintana, Luís
Elías, José María y Rufi, Luis Casablanca y María Luisa, Manolo Carretero,
Francisco Javier Molano, Rodrigo Martínez Quintana y….
…Permítanme suspender mi voz en un hilo de emoción lleno de asombro, de
agradecimiento y de reconocimiento. De gratitud cofrade, de verdadera hermandad
nazarena, de un grandísimo sentir de filiación fraternal. Regalo de Dios para
el ejemplo del trabajo anónimo y silencioso:
¡¡ Ay, cuánta sencillez y entrega!! ¡¡ Cuánto amor de padres!! Hacía mí,
hacia las cofradías y hacia tanto querer darse: Carlos García y Elvira Guisado, muchas gracias por todo lo que me habéis
entregado.
Y en este loco pasar del tiempo, aparecen otros momentos importantes en mi
vida cofrade que hasta aquí, como parte del pregonar quiero compartir con
vosotros. Maestro con mayúscula, apasionado por todo lo que hacía y, lo que
hacía era, transmitir el Evangelio con mucha sabiduría, sabiduría popular que
tiene una gran cabida en todo esto de nuestras cofradías: “Chacho, tira palante que el Señor no te abandona, ni siquiera en esto
de las cofradías.” Me decía, don Emilio Sánchez Saavedra que ahora a buen
seguro desde allí arriba reirá con estos recuerdos.
En estos años de responsabilidad dentro de las cofradías, siempre conté con
la presencia, esencia y cariño de otro gran sacerdote, consiliario en nuestro
Cofradía del Cristo de la Agonía, don Andrés Romero Sánchez. Con él leíamos
aquel Gólgota montijano antes de salir cada Jueves Santo en procesión y juntos
orábamos como si el huerto de Getsemaní estuviéramos, en la Hora Santa de la
parroquia de San Pedro Apóstol. Gracias don Andrés por todo lo que me ha dado
siempre: calma y serenidad nada más y nada menos que antes de iniciar cada
Jueves Santo nuestro Estación de Penitencia.
Y así, entre cargos directivos, revistas de Semana Santa, pregones y Juntas
de Cofradías se fueron pasando dieciséis años de mi vida todos y cada uno
cargados de ilusión en el que el recuerdo de aquel inquieto niño me perseguía.
Recuerdos que ahora veo y escucho. Porque la Semana Santa en mi pueblo, en
Montijo, no sólo es imagen y color es también sonido, música, letanía.
No puedo olvidar al salir las cofradías, aquel solo de trompeta del maestro
Narciso, auténtica genialidad hecha poesía, poesía que lloraba, llanto nazareno,
que de sus manos salía. Quejido montijano de saeta y toque de silencio por un
Cristo que se desgranaba de amor y que por nosotros moría.
Un silencio que se convirtió en lenguaje de unidad, de fraternidad y camino
cuando en aquellos años, de hermano costalero de la Vera-Cruz yo salía para que
así en el Vía Crucis de mi vida, la parroquia de San Pedro, la de toda mi vida,
se hiciera Iglesia grande, templo de una sola cofradía para salir en penitencia
desde San Gregorio Ostiense y comprender que solo basta un Evangelio y que ya
no hay templo sino templos en nuestras vidas.
Y la noche abrazaba nuestros sentidos y buscábamos en aquel Cristo de
madrugada saliendo del templo de San Gregorio, un encuentro con la historia de
Montijo, con nuestras viejas andanzas de flagelantes locos que creyeron un amor
eterno, imitando lo que fue oprobio y quedó en el Evangelio más que claro: una
vez y no más, con él todos hemos sido sanados.
Tercera Parte
Cofrade y apóstol en la vida “Al hacerme
adulto, dije adiós a las cosas de niño. Ahora vemos confusamente, como por
medio de un espejo. Ahora conozco de forma limitada
TERCERA PARTE
COFRADE Y APÓSTOL EN LA VIDA: “Al hacerme
adulto, dije adiós a las cosas de niño. Ahora vemos confusamente, como por
medio de un espejo. Ahora conozco de forma limitada…”
Ya no hay atardeceres en mi vida, hay amaneceres cargados de amor y de
esperanza. No dudo a quién busco, porque a través del penitente caminar de
aquel niño nazareno voy encontrando lo que necesito en mi vida: una gran mujer,
esposa y compañera. Mis hijos. Mi familia. Mis amigos. Te he encontrado a ti,
Señor y, yo te digo ahora: ¡Tú, que a
Dios pagas, dame tu bendición, que sea yo tuyo, por siempre servidor!”
(Arcipreste de Hita).
Miro ahora con los ojos de estos años a nuestra Semana Santa, a nuestras cofradías
y veo grandeza en ellas la necesidad de una tarea didáctica y mucha pedagogía.
Hay que formarse, hay que saber lo que se hace.
Deseamos y queremos una formación, porque la mejor manera y más grande de
demostrar a todos, que esto de las Cofradía cosa de Iglesia es y que el buen
cofrade sabe expresarse, que de Religión entiende, de la oficial y de la
popular; desde la luz de la fe y de la razón y de todo lo que le sale del
corazón llevado con buen entendimiento.
A mí me lo enseñaron desde dos grandes procesos de catequesis con dos
grandes catequistas (haz un silencio). De esas personas que cuando clavan en ti
su mirada, mirada desde el corazón, ya no tienes escapatoria: y sabes que, por
ellas, el Señor te reclama para trabajar en favor de su Reino.
Una, me catequizó desde la Nueva
Evangelización y las Cofradías: Adela Peláez Gallardo. Siempre
recordaré aquello de que, por el Bautismo somos sacerdotes, profetas y reyes.
Me enseñaste Adela, que en esto de las cofradías hay que ser buen Simón de
Cirene, en el que me veo cada Miércoles Santo en la estación de penitencia de
esta cofradía de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad. Me enseñaste que
podemos ser para los demás, solícita ayuda que alivia la carga de Jesús. A
estar presto, dispuesto y rápido para el servicio parroquial porque puede que
el reo sea crucificado antes del lugar y de la hora señalada.
Y María Colino. Que abrió desde las puertas del catecumenado de
adulto la dulce brisa del compromiso en el Amor de Dios y el amor de familia:
nuestro tiempo mistagógico llegó tras tus enseñanzas Mari, y en ellas Nina y yo
fuimos regalados por Dios con nuestro hijo Pablo como compromiso de nuestro
caminar en el crecimiento de la fe. María Colino que nos enseñaba con palabras
de coraje, de fuerza y de alegría, que en la Iglesia Dios es Madre y por
Cristo, Dios es Padre.
Y ahora hoy desde aquí te digo yo a ti, sabiéndome que sigue siendo maestra
mía: no mires en el tiempo mujer, déjate acariciar por las palabras del Maestro
que te buscan, para soplarte en el rostro, Espíritu que, como el viento, no
entendemos de dónde viene ni a dónde va, pero tú y yo sabemos, que nos conduce siempre
a buen puerto.
Fue entonces cuando, como cuando niño,
miraba hacia atrás buscando mis fantasías y en todo ello veía a María de
Nazaret, a Nuestra Señora de los Dolores yo la veía y me preguntaba: ¿qué dolor más grande de madre, carne de su
carne, ver morir a tu hijo en la cruz? Y las palabras del poeta me vuelven
a golpear la garanta, arañan mis entrañas para narrarles la tragedia de aquel Hombre
en Montijo:
¿Qué sentiría su madre
cuando tal palabra oyó
viendo que su hijo dice
que Dios lo desamparó?
No lloréis Virgen piadosa,
que, aunque se va vuestro amor,
antes que pasen tres días
volverá a verse con vos.
(Félix Lope de Vega)
Domingo de Ramos
Palmitas blancas de Elche. Domingo de
Ramos de mi infancia. Entre amigos cogido de la mano, vestido de blanco hebreo
espero ansioso acompañar la santa imagen de Jesús al lomo de la borriquita por
los alrededores del atrio de San Pedro.
Entre el bueno de Dominguito y la
mirada atónita del señor Vito. Juanito el molinero, el que trabajaba en
La Pastelería de Serrano, que Ñoni recordará,
en la puerta del Bar de Aunión como
yo le llamaba a mi abuelo se me deshacía el alma en una paciencia que nunca y
jamás he tenido.
Entonces no había la maravilla
nazarena verde de ahora. Eran cánticos, muchos cánticos que en nuestras
catequesis de niño doña Amalia nos enseñaba. Correteábamos junto al humilde
paso y a su cara yo miraba: hocico rebuznado de pecado, que todo lo malo
moqueaba, para limpiarme el sudor de niño queriendo auparme a tu grupa y así a
tu cintura, asirme de amor temprana: Hosanna, Hosanna, al Hijo de David, bendita
estrofa que ha traición sonaba.
Miércoles Santo
Y ahora yo cuento en mis enseñanzas de maestro, la dulzura que cada
Miércoles Santo veía escenificar en las calles de Montijo desde la ermita de
Jesús hasta el Convento. Las tardes de ese día, para que rápidas pasaran, mi
amigo Manolo Carretero y yo, hacia el Valle nos llevaban. Pensábamos que lejos
del centro, contándose las cosas de dos buenos amigos, el tiempo no existía y
en las puertas nos encontraríamos muy rápido con el Nazareno. Lo que les puedo
asegurar es que encontré en El Valle un regalo de Dios por mi fidelidad de hermano
nazareno: mi amor de esposa, a la que la quiero eterna.
Y me encontré con él, claro que me encontré. Pero con Dios nos hay tratos
ni tampoco cuentos. Lo que no siendo en esta cofradía como nazareno, Dios me
ofreció, jamás mi corazón pensó: ser por muchos años de su Hijo costalero. A la
voz de un singular capataz Juan María, que con tono recio y alto nos decía,
vamos adelante con Jesús y su madero en este Cofradía montijana del Miércoles
Santo: con Jesús Nazareno, Nuestra Señora de la Piedad y Simón el Cirineo.
Y así año tras año yo te mecía en mis hombros, mientras la Banda de Música
nos hablaba y aclaraba el caminar: Hermano
Costalero, Saeta, Macarena, Mater Mea, Amargura, para entrar en la Plaza de
España al son de la marcha del maestro Cebrían Ruíz Nuestro Padre Jesús Nazareno.
¡Ay qué ignorante era yo que el
ombligo del mundo me sentía bajo las andas con mis hombros en su madero! Mientras, él no me miraba, yo lo veía por las rejas del respiradero: sus
ojos de cara barroca me ignoraban porque él no era mío, es de Montijo, de todo
el pueblo, a ellos son a los que sí miraba. Y entonces yo te preguntaba en mis
últimos esfuerzos, sudoroso, agotado, roto, viendo pasar tu imagen ante el
convento: ¿Qué te pasa? ¿Por qué no me
mira el Nazareno? Déjame que te toque, que toque tu túnica morada bordada con
los siglos de amor de montijanos presos. Y el poeta surgía en mi interior
queriendo darte mil y un besos, como queriendo sentir que, con ello, te aliviaba
el peso al igual que el Cirineo: “Triste
de la tierra dura. Triste del amargo pueblo. Tierra triste, tierra amarga, oh
mundo lleno de muertos.” (Versos de Carlos
Bousoño).
Y tú, oh madre piadosa. Oh Virgen de la Piedad: respuesta a la fe de
nuestras mujeres. Mujer, María, beso de Dios a la humanidad. Que sigues por
nuestras calles encharcadas del pecado, a la humanidad de tu hijo Nazareno.
Aguantas empujones, se te parte el aliento, cruzas las manos, inclinas la
cabeza, ojos grandes que expresan lo que sientes Madre: que el alma se te
escapa por dentro. Piedad de tantos desaires; piedad en el hambre, piedad en el
horror de las guerras: Piedad del esposo
sin compañía. Del deseo imposible, de la pena indecible, del enfermo, del mendigo,
de todo lo que digo y de lo que no digo.” (Versos de José María Pemán).
Jueves Santo
Silencio. Ahora necesito en mi
interior silencio. He dicho y me digo ahora y aquí silencio. Te miro y me
miras. ¿Te acuerdas cuántas horas pasamos tú y yo de niño en esta tu capilla?
Ya no soy un niño, pero sigo siendo un rojo nazareno, ahora mirándote en el
calvario presto a salir.
¿Te acuerdas? ¿Por qué no hablas mi Cristo, mi Cristo de la Agonía? Es
Jueves Santo y mi alma se desnuda, corre entre rojos claveles y verde alfalfa. Madrugadas
sin dormir, mirando la esperanza de ver una estrella en el cielo negro que
aleje la siempre lluvia que es nuestra maldita compañía y solo queremos en esta
cofradía, el mojar de las lágrimas por amor de Rufi al ver salir por San Pedro
a su Cristo de la Agonía.
Mañanas de Jueves Santo, entre confesiones las alegrías, de ver poco a poco
como esos pasos saltan a la calle sin sombría: un clavel aquí…un ánfora allí…
la señora que no conozco que quiere un báculo: ¡cuánto nos gusta mandar! ¡Calla muchacho! Calla muchacho que te van a oír!
...la joroba del manto no se quita, la luz alumbra demasiado, venga Elvira
date prisa que se nos hecha la tarde, los Oficios llaman a Misa.
¿Es que no nos escuchas mi Cristo
de la Agonía: somos los de tu cofradía? Venimos a
engalanarte para llenar todo Montijo con tu roja sangre redentora y que se
enteren de que por nosotros es tu Agonía. Pero Santísimo Cristo de la Agonía
hoy no me miras, dime algo alma mía que por ti lo he dejado siempre todo:
trabajo y familia.
Y tu voz suena Señor de la Agonía por fin en mi corazón, para decirme que es
hora de perdón, de amor y de buena sintonía. Que aquellos que recuerdas, que en
un día amigo tuyos fueron, hoy los has alejados por pecado de soberbia y de tus
fantasías. Que los has heridos y es aquí y ahora momento de pedir perdón y yo
te digo, pues así sea mi Cristo de la Agonía: que hay en cada Jueves Santo desde San Pedro y por esa Avenida pasos
llenos de dolor, dolor por un Hijo al que sigue María que le saben las horas de
esa noche, más amargas que la hiel. Que me dan ganas de decir que hay dolor en
ese Cristo que se muere en mi Cristo de la Agonía y que en ti ahora a todos yo
os pido perdón si hace falta de rodillas.
María Santísima de los Dolores: guapa, bella, sevillana y de Buíza. Ahora sí sé quién eres, de donde procede tu
linaje María y no me refiero a la gubia de aquel maestro andaluz. Me lo dijo el
arcángel Gabriel, en la Biblia yo lo he leído: que el Señor es contigo y dejóme
sin abrigo más amarga como te digo que la hiel (no es mío, es De Las
Lamentaciones de la Virgen).
Y como no podía ser de otra manera, te conocí con tus costaleros a la voz
del capataz, Kiko Serrano. Entre tú y yo María Santísima de los Dolores, ha
habido siempre un roce especial, un qué se yo…una insinuación de amor divino y
filial. ¡Qué maravilla esta gente nueva de tu cofradía: ¿Sabes? te vi el otro día, al pasar por nuestra
capilla, de bella nazarena hebrea vestida.
Año a año he colocado en tus manos ese rosario formado por las cuentas de
mi vida y mientras el velo te colocaba y mi cara a la tuya yo aceracaba, a
mucha gente en escuchaba y en ella veía reflejada: Javiera Bueno, los cantos de
Lourdes Espigares obrando ante el Monumento, los retoques de María Luisa, la
risa nerviosa de Rufi, los ajustes de José María, la mano calmada de Elvira
Madrugá en San Gregorio
Madrugada. Cualquier “madrugá” se
escribe con mayúscula en la Semana Santa e impone en nuestra geografía. La
nuestra, la madrugá de Montijo, es mucha madrugá. Porque en la sencillez de un
joven templo de los años 70 Dios ha querido que al abrir sus puertas en noche
cerrada y ya entrada, puros siglos de historia que de ella salieran: Vera-Cruz. Vera-Cruz de nuestros
jóvenes sueños, que un día la Iglesia no mostró que ante la Pasión hay que
bajarse los humos.
Una cruz pelada y desmesurada quisimos sacar y ahora recuerdo a don Manuel
Grillo decirnos en el Obispado, que éramos jóvenes alocados, de Cristo muy
enamorados, pero que no hacía falta recordarle la soga en su casa al ahorcado:
mejor una imagen, mejor un Cristo y mejor si esa Buena Muerte es reflejo de y
expresión de cariño de todos los montijanos a sus Dios bendito.
Y allá que me fui de costalero mecido por el sonar de una campana del
maestro Serrano. Ya está muriendo, ya se nos va nuestro Cristo, desde San
Gregorio, al Convento, es cuestión de un ratito.
Ya se nos ha ido, por eso corremos por las calles de Montijo como si
quisiéramos que todo ello no ocurriera: orando, rezando y llorando María
contigo.
Viernes Santo
Llega el momento. El muerto merece un entierro. Nazarenos del Santo
Sepulcro caballeros del Santo Entierro que me devolvéis cada año por el Viernes
Santo a la ermita del Nazareno. Escuchaba aquello de: “Al cielo con él” Andaluza expresión que trae hasta este rincón
extremeño de Montijo lo mejor de aquella otra tierra: senatus, bocinas, banderines,
incensario y repujados respiraderos, asombro, Señorío y seriedad: blancos
nazarenos. Porque seriedad es lo que acontece y siempre he visto en la
hermandad del Santo Entierro pasar al Santísimo Cristo Yacente:
“No hay nada más eterno que la
muerte; todo se acaba. Decimos adiós a nuestras penas. Ni siquiera es sueño la
vida; todo no es más que tierra; todo no es sino nada, nada, nada…y hedionda
nada que al soñarla apesta. ¿Qué le digo yo a mi Cristo Yacente? Has cerrado
los dulces ojos con que el otro desnudó el corazón a Magdalena, y hacia dentro
de sí mirando, ciego, ve las negruras de su gusanera. Cristo cadáver, que como tal no
piensa libre está del dolor del pensamiento, que la acongoja atroz que allá en
la huerta del olivar al otro –con el alma colmada de tristeza- le hizo pedir al
Padre que le ahorrara el cáliz de la pena. (Tomado en parte de la Iglesia
del Cristo Yacente de Palencia).
Y en nuestra Semana Santa hay mucha solera. Seriedad y entrega en la Virgen
de los Dolores, de negro luto sus mujeres, desde siglos regresan de un sepulcro
en la soledad de la madrugá del Viernes al Sábado Santo. Y como aquel poeta, en
esta Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, en la que veo siglos de
historia y con ella un continuar, un animar que desde pequeño me decía que la
Semana Santa de Montijo no terminaba.
Versos que nos recuerdan lo que hemos escenificado en estos días y que
estas mujeres, las de esta cofradía cada Viernes Santo nos recitan:
Señora, pues de razón
conviene que lo sepáis, es
menester que tengáis
un muy fuerte corazón;
y vamos, vamos al huerto
do veredes sepultado
vuestro hijo muy preciado
de muy cruda muerte muerto.
(Gómez Manrique)
Sábado Santo
Yo me decía en mis fantasías de niño, por qué en Montijo el Sábado Santo no
hay cofradías. Sin razones de un niño que sirvieron para que ahora de adulto,
comprenda la enormidad de un sepulcro lleno de esperanza. Pensamientos en la
parroquia de San Pedro en la mañana del Sábado Santo rezando y mirando su vacío
sagrario.
Y de reojillo he visto siempre aparecer a San Juan Evangelista, la
Magdalena y María…María, con una expresión de sorpresa y cara de alegría. Juan
Luis capitán de aventuras para ayudarnos a descorrer en nuestras almas, la
piedra que los soldados se encontraron movida.
Ahora, sin embargo, al escribir estas líneas no hay recuerdos de esos días
en mi infancia: ¿no lo entendía, no lo sentía? ¿Creí entonces yo que la Semana
Santa ya no tocaba? Es que yo pensaba, que esto de la Semana de Pasión, a
muerte, tristeza y nazarenos se reducía. Yo pensaba en otros protagonistas y
aunque durante este tiempo de mis cosas me olvidaba, de mis adentros no salía.
No. No estaba formado ni tampoco hecho en estas cuestiones de la fe. Sin
embargo, todas las experiencias vividas se agolpan en esa noche, la noche del
sábado santo con fuerza y alegría para poder vivir la Vigilia, como caballos galopantes
para correr con fuerza al venir el día, como queriendo salir de mis adentros a
gritar y chillar por Montijo una gran noticia.
Fue una noche de Sábado Santo, en una Vigilia don mi hijo Pablo recibió las
aguas del bautismo, aguas traídas del Jordán y en aquello yo recordaba que los
primeros cristianos así se convencían y se entregaban a un Cristo que está a
punto, Montijo, de darnos la mayor de las alegrías.
Cuarta Parte
Resucitó.
Synkatábasis: “Ahora conozco de forma limitada; entonces conoceré del todo,
como Dios mismo me conoce. Tres cosas hay ahora que permanecen; la fe, la
esperanza y el amor. De todas ellas, la más grande el amor.”
CUARTA PARTE
RESUCITÓ. SYNKATÁBASIS: “Ahora conozco de forma
limitada; entonces conoceré del todo, como Dios mismo me conoce. Tres cosas hay
ahora que permanecen; la fe, la esperanza y el amor. De todas ellas, la más
grande el amor.”
Domingo de Gloria y Resurrección
Y el que muere por una promesa, vive
eternamente al cumplirla: Jesús Resucitado, la plaza de gente llena te espera.
Olores a alcanfor, estrenos, que no condenas para este día. Quien dijo que
resucitaría, por Dios que lo ha hecho al Tercer día.
Y ahí van los pasos corriendo cada uno
por nuestras calles, clavados de amor, locura y alegría que los buenos
montijanos aplauden con tal maestría. Nos vemos en cada rostro, nos saludamos: Aquesta mar turbado, ¿quién le pondrá ya
freno? ¿Quién concierto al viento fiero, airado? Estando tú encubierto, ¿qué
norte guiará la nave al puerto? (Fray Luis de León).
Y ahora es cuando entiendo que nada de
todo esto ha terminado. Que como he dicho al principio, estas palabras de
pregonero eran el anuncio no de un final sino de un inicio. Que estamos siendo
partícipes del amor más maravillado que Dios sabe darnos: synkatábasis dicen
los griegos. Synkatábsis que es abajamiento, pero no rebajamiento para hacerse
uno de nosotros, del vientre de María un día saliendo y ahora lo hace en cada
voz y en cada pensamiento de nosotros montijanos, cristianos y nazarenos por
una sola fe con asentimiento.
Toca el Domingo de Gloria en las
campanas de nuestros templos: san Gregorio y San Pedro. Y me miro y me veo,
otra vez de pequeño, sonreír ante tanta alegría de puro enamoramiento: a los
hermanos mayores de antaño veo, a don José a Malagón y a todos nuestros
pregoneros.
Siento que vuelvo a ser niño, me
siento joven nazareno. “Dios mío que me pasa, Dios santo qué me has hecho. Me
siento grande pero niño, me siento enorme al conocerme en Montijo joven
costalero que quiere tirar de este pueblo hacia la esperanza de un futuro de
hermanos verdaderos.
Me
veo volviendo a colocar en su armario, mi túnica de nazareno: ¡hasta otra, compañero!
Y al regresar a mi casa, entre la
gente un rostro familiar veo. Una carita de niño que me mira con acento; es mi
infancia, soy yo de pequeño, que dándome la mano en mis recuerdos, hace que mis
pies me devuelven adentro.
Son los mismos pasos, los mismos sitios y al mismo lugar: mi capilla, tu
capilla, mi Cristo, el Cristo de la Agonía. “¡Que
bien se está aquí! ¡Vamos a quedarnos juntos tú y yo y hacer una tienda donde
así, nuestros templos de San Gregorio y San Pedro, en un Monte Tabor poder
convertir! Y que en ella entren los
recuerdos, las vivencias y todo nuestro sentir.
Y nuestros ojos se clavan y me lees el pensamiento: “Dame la mano Pablo, dame la mano hermano vestido de rojo nazareno y
vamos a gritar juntos: quedan 364 días para que Montijo, vuelva a ser de Semana
Grande, Semana de Pasión; justo lo más grande que yo quiero: felicitar a
nuestro pueblo, la muerte y el pecado ha huido de nuestros huertos, ya es
primavera en Montijo, ya ha triunfado nuestro Cristo: el de la borriquita, el
Nazareno, el de la Agonía y el que estaba Yacente y muerto.”
¡¡ Aleluya hermanos ¡¡
A pregonar me mandasteis: ya está hecho. He dicho:
¡Feliz Pascua de Resurrección!
Gracias y buenas noches
En Montijo en
este 1 de abril.
---
Pregón de Semana Santa
Pregonero: Rodrigo Martínez Quintana
05/III/2016. Teatro Municipal Montijo
Estimadas
Autoridades Eclesiásticas, Autoridades Civiles, Junta de Hermandades y
Cofradías de Penitencia, Hermanos Mayores, Cofrades y Hermanos, Señoras y Señores, a todos muy buenas noches.
Sean mis
primeras palabras de agradecimiento a la Junta de Hermandades y Cofradías
de Penitencia de Montijo por nombrarme pregonero de su Semana Santa 2016 y a
todos ustedes por asistir a este solemne acto. Gran culpa de este rol, es de mi
mujer, Cristina, que me animó a no desestimar la invitación, que muy
gustosamente acepté. Desde la humildad, os confieso que es un honor compartir
con mis paisanos, recuerdos, sentimientos, experiencias vividas en la Semana
Santa Montijana que me vio crecer, tanto en lo personal como en lo espiritual,
máxime cuando este ejercicio de reflexión se ha rumiado desde la distancia, en
tierras placentinas, que por motivos familiares y profesionales, se ha
convertido también en mi hogar. Además, se ha solapado en el tiempo con mi
peregrinación en bicicleta a tierras evangelizadas por el Apóstol Santiago. Y
es aquí, donde surge mi primera reflexión. ¿Qué les movió a los primeros
cristianos llegar hasta el fin de la tierra, conocida por entonces? La
respuesta se encuentra en la misión evangelizadora de la Iglesia, según el
mandato del Señor: “Id
por todo el mundo y proclamad a todos la buena noticia” (Mc 16:15). Esta misión
no es caduca, ni terminada, ni específica de los misioneros, siendo de rabiosa
actualidad por el desinterés a lo espiritual que profesa la sociedad moderna. De
hecho, este es el tema principal de la encíclica del Papa Francisco Evangelii gaudium (La
alegría del Evangelio),
que anima a la
totalidad de la Iglesia a anunciar la buena nueva, resaltando el papel
fundamental de las Parroquias, canalizadas a través de sus asociaciones religiosas.
Entre ellas, se encuentran las Cofradías y Hermandades, y en particular las denominadas
Penitenciales, que son las que realizan Estación de Penitencia en Semana Santa.
Por suerte, en Montijo, contamos con un nutrido grupo de ellas. Además, estamos
de enhorabuena, pues este año celebramos el septuagésimo quinto aniversario de
la fundación de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de
la Piedad, así como el quincuagésimo aniversario de la Cofradía del Santísimo Cristo
de la Agonía y María Santísima de los Dolores. A pesar de no ser múltiplo de 25,
también nos tenemos que alegrar por el cuadragésimo octavo aniversario de la
Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballero del
Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, del trigésimo
quinto aniversario de la Cofradía de Jesús Salvador de los Hombres y del
vigésimo sexto aniversario de la Cofradía del Santísimo Cristo de la
Misericordia, Vera Cruz. Además, desde el último tercio del siglo XVIII y bajo
diferentes nomenclaturas, la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores es la
encargada de la Procesión de la Soledad. Así mismo, la Asociación Parroquial de
Jesús Resucitado y Nuestra Señora del Rosario es la encargada, desde tiempo
inmemorial, de la Procesión del Domingo de Resurrección. A todos los fundadores
y miembros de las respectivas Juntas de Gobierno, con especial recuerdo a
aquellos que no se encuentran entre nosotros, reconocerles públicamente la labor
evangelizadora desempeñada durante todo este tiempo, identificada principalmente
a través de las Procesiones, que son manifestaciones públicas de fe, que
permiten recordar por las calles de Montijo y acercar a todos su vecinos, la Pasión,
Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Muy
posiblemente, gracias a dicha labor evangelizadora, muchos de nosotros tuvimos
nuestro primer encuentro con las Procesiones de Semana Santa. Les invito y
animo, a que por un momento echéis la vista atrás para recordar cuándo se
produjo dicho encuentro. Qué recuerdos, verdad! En mi caso, recuerdo que, en la
infancia, en compañía de mi madre, mi hermana y yo asistíamos a la misa
dominical de niños en la Parroquia de San Pedro Apóstol, que presida por Don
Manuel Malagón Martínez y amenizada en los cantos por la hermana Martina, era
la Fiesta, Fiesta en mayúscula del Señor, que esperábamos con entusiasmo
domingo tras domingo. Y es aquí, un Domingo de Ramos, cuando acompañé por
primera vez en procesión a la “Burrita”, aquella que durante todo el año nos
miraba desde el crucero saliente izquierdo, justo en el lado derecho del
retablo de Santa Ana. La Banda de Cornetas y Tambores de la OJE de Montijo, sí
habéis escuchado bien, Banda de Cornetas y Tambores de la OJE de Montijo, nos
acompañó durante todo el recorrido, despidiéndose con el “Himno de la Alegría”
al abandonar un embarrado Atrio de la Iglesia. Todo ello despertó mi curiosidad
por los hábitos de nazareno de mi padre, que se guardaban con sumo celo en el
taquillón del pasillo, y tras varios intentos fallidos, finalmente, alcancé mi
sueño de salir en procesión, vistiéndolos. Terminaban… manchados de cera por
doquier, quedando impolutos para la
siguiente, gracias a la paciencia inagotable de mi madre con la plancha y el
papel de estraza.
Cada uno de
ustedes habéis recordado su historia, diferente a la de los demás, condicionada por la
edad, costumbres, procedencia,… Sin embargo, muy probablemente, de una u otra manera, un elemento común está
presente en los recuerdos de todos, la Familia, pilar fundamental de la
transmisión de la fe. Pues bien, las Cofradías y Hermandades se convierten en
un punto de encuentro de las familias cristianas, aglutinado a Padres, Hijos, Nietos,…
garantizándose así la tradición de generación a generación. Este hecho lo avala
el análisis estadístico que he realizado al censo de cofrades proporcionado por
la Junta de Hermandades y Cofradías de Penitencia de Montijo, a la que le
agradezco su colaboración, y de donde se deduce que, casi la mitad de los cofrades
comparten hogar con algún otro, alcanzando en algunos casos la cohabitación de cinco
cofrades. Además, la edad de ingreso en dicho censo es inferior a 14 años para
la mitad de los cofrades, lo que pone de manifiesto otro elemento común en
nuestras historias, que la infancia es la etapa de la vida en la que se produce
el primer contacto con el mundo cofrade, cumpliéndose así las palabras de
Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el
reino de Dios” (Mc 10:14). En este sentido, me gustaría hacer una
mención especial a la labor tan ingente, que años tras años, la Cofradía de
Jesús Salvador de los Hombres realiza con los niños, no sólo durante el desfile
procesional, en el que este año se sumará mi ahijada, sino también por las lecciones
magistrales que les imparten en la víspera del Domingo de Ramos, generándose
así un inmenso granero de nazarenos montijanos.
Esto último
es un botón de muestra de que la labor de las Cofradías y Hermandades no sólo
se ciñe a la Estación de Penitencia. Detrás de cada desfile procesional
encontramos a un nutrido grupo de cristianos, comprometidos con el evangelio,
que dedican horas y horas a la preparación del mismo. Poco a poco fui descubriendo
que esto es así, cuando muy de niño, con mi bicicleta G.A.C. roja, visitaba por la mañana los templos donde por la noche saldría
en la procesión vestido de nazareno. Así, entre otros, me encontraba en la
Ermita de Jesús a Doña Maruja Thomas Hernándes, que en la paz del Señor
descanse, engalanando a Nuestra Señora de la Piedad, o a Don Carlos García
Serrano, en la Iglesia de San Pedro Apóstol, acicalando cualquier desperfecto
de las andas del Santísimo Cristo de la Agonía. Atraído por la fe y el
acogimiento que recibí de todos, mi implicación en la Semana Santa Montijana
fue gradualmente en aumento, alcanzado su punto máximo en la década de los 90’s.
Sin lugar a duda, y muy probablemente por el vínculo de mi padre como cofrade
fundador, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de
los Dolores, fue todo para mí, entregándome al límite, y siendo gratificado sin
límites. Dos fueron los Hermanos Mayores durante dicho periodo: Don Juan María
Rodríguez García, a quien le sucedió en el cargo años más tarde, Don Pablo
Iglesias Aunión. Ambos me acogieron e integraron desde el primer momento en la
familia de los amapolos, cosa que le estoy muy agradecido. Además, por ser los
artífices, junto a sus Juntas de Gobierno, del resurgir de la Procesión del
Jueves Santo. Muy probablemente, por las gestiones con la Familia Bueno para
que el Cristo de la Agonía luciera las espectaculares andas de pan de oro iluminadas
por cuatro candelabros de cinco luces cada uno pertenecientes al Sagrado
Corazón de Jesús, o por las gestiones con los mandos del Cuartel de Artillería
Hernán Cortés de Mérida para que la Banda de Cornetas y Tambores del Grupo de
Artillería de Campaña ATP XXI volviera a acompañar al Santísimo Cristo de la Agonía,
recordándose así las primeras Estaciones de Penitencia de finales de los 60’s.
Por no citar, las gestiones para la actualización de los Estatutos de la Cofradía,
para la sustitución de las andas de la Virgen, para la celebración de una Hora
Santa o para la implantación de escudo y capa en el hábito del nazareno, entre
otras.
Por
consiguiente, desde el enfoque de las experiencias vividas, paso a relatar en
primera persona la labor de preparación de una Estación de Penitencia, la del
Jueves Santo, centrando mi atención en el periodo de Semana Santa. Todo
comenzaba la tarde del Viernes de Dolores, cuando se desempolvaban las andas de
pan de oro, que durante todo el año estaban guardadas en una habitación ciega
contigua a la denominada “Sala de los Muertos” de la Iglesia de San Pedro Apóstol,
actual dependencia del Despacho Parroquial. Con los suelos de madera deteriorados
por el paso del tiempo, estos dos habitáculos constituían el campamento base de
la Cofradía, convirtiéndose en nuestro hogar durante nuestra “Semana de Pasión”.
La Capilla de la Sagrada Familia, donde se ubican las dos imágenes titulares de
la Cofradía, y el “cañón” que desemboca en la Puerta del Perdón, localizada en
la base de la torre, eran otros dos sitios de referencia. El primero, por ser
donde se preparaba el Paso del Santísimo Cristo de la Agonía, mientras que en
el segundo era el reservado para María Santísima de los Dolores. Por suerte, yo
no viví la época que, por falta de espacio, las andas de la Virgen se armaban pieza
a pieza, como si de un rompecabezas se tratara. De esta manera, la jornada del
viernes terminaba trasladando las andas de la Virgen a ruedas, desde la
nave-almacén de la Ermita de Jesús hasta la Iglesia de San Pedro Apóstol, no
dejando indiferente a viandantes, principalmente, por el ruido que generaban
las ruedas. La jornada siguiente se dedicaba a finalizar el montaje del Paso
del Cristo, principalmente a lo referente a las tulipas y velas de los candelabros,
quedando sólo pendiente la ornamentación floral para la mañana del Jueves
Santo. Después del descanso dominical, las jornadas del lunes al miércoles se dedicaban,
entre otros quehaceres, a preparar las velas de los nazarenos y de los
candelabros del Paso de la Virgen, a desenrollar y colocar el precioso manto de
terciopelo negro bordado en hilo de oro por las Monjas de la Virgen de la
Montaña de Cáceres o a recoger las ánforas en el laberíntico desván de la casa
de la Familia Bueno; y todo ello coordinado en el tiempo con las actividades y
celebraciones diarias de la Parroquia, generándose en algunos momentos
incompatibilidades horarias. En cualquier caso, y con todos los preparativos
previos culminados, llegaba el día esperado, el Jueves Santo, día del Amor Fraterno,
que dependiendo del gobierno de turno podía no ser considerado festivo. Para
los cristianos siempre lo será, cumpliéndose así el refrán: “Tres jueves tiene
el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la
Ascensión”. La jornada festiva comenzaba muy de mañana, cuando en la conocida
como “Huerta de los Elías” nos esperaban, como cada año, para cortar la alfalfa,
que junto a los claves de color rojo, donados por una familia y custodiados en
la casa de Teodomiro y Elvira, formarían nuestro “Monte del Gólgota”, acompañado
en la base del madero por unas calas blancas del patio de mi abuelo Juan, que durante
todo el año las había cuidado con infinita ilusión. Todo ello muestra que la
generosidad es el pan diario que alimenta las Estaciones de Penitencias, constituyéndose
así auténticas Cofradías y Hermandades entorno a la mesa del Señor.
En verdad,
a media mañana, la Iglesia de San Pedro Apóstol era un hervidero de personas,
no sólo por los preparativos de los Oficios o del Monumento, sino también por
los innumerables cofrades que allí se
congregaban, difícil de listar sin olvidad a ninguno, unos ataviando al Cristo,
otros a la Virgen, y todos encabezados por las Mayordomas, Doña Rufi Villares
Retamar y Doña Elvira Guisado Rico, y los Capataces de Paso, Don Luis Miguel Moreno
Casablanca y Don Francisco Javier Molano Arrobas. Gracias a la dedicación de
todos, los preparativos finalizaban a la hora del almuerzo, que compartíamos en
Hermandad, ya a la espera de que la Estación de Penitencia comenzara, fiel a su
costumbre, con las diez campanadas del reloj de la Iglesia.
Antes de
ser Costalero del Paso de la Virgen o Capataz de Fila, me encargaba, junto con Don
Juan José Rodríguez Trejo, de encender y de que no se les apagara las velas a
los nazarenos. Al menos esa era nuestra intención, y el viento nuestro enemigo,
a pesar de la parafina. En fin,…qué Penitencia!
Después de
tanto ajetreo, el Viernes Santo era una jornada de descanso, motivada
principalmente por el ambiente de oración que gobernaba el templo. La actividad
se retomaba la mañana del Sábado Santo, desmostando y volviendo a colocar en su
sitio todos los enseres. Cabe destacar el proceder con el manto de la Virgen,
al que se le esparcían bolas de pimienta negra compradas en el “Gafas”, cubriéndose
con papel de seda, para enrollarlo posteriormente con sumo cuidado, evitando
las temidas dobleces. Las tareas concluían para el mediodía, a la espera de celebrar
en la Vigila la Pascua de Resurrección.
En este
sentido, es de justicia decir que las Cofradías y Hermandades de Penitencia de
Montijo no desfilan en paralelo a las Celebraciones Litúrgicas de Semana Santa,
habiéndose integrado progresivamente en el tiempo, entre otras, en la Eucaristía
del Domingo de Ramos, en el Triduo Pascual, en la Hora Santa o en el Vía
Crucis. Además, dicha implicación no se limita en el tiempo a esta semana,
estando presente de una u otra manera a durante todo el año litúrgico. De
hecho, participan en la Procesión del Corpus Chisti, en la Novena a la Virgen
de Barbaño, en el Triduo de los Difuntos, en el Septenario a la Virgen de los
Dolores, en las Cruces de Mayo, en la Exaltación de la Cruz, en la Festividad
de Cristo Rey, en los encuentros de Adviento y Cuaresmas, y un largo etcétera. No
es menos cierto que, esto no hubiera sido una realidad, sin la implicación recíproca
del Clero a lo largo del tiempo. En la década de los 90’s, todos estaremos de
acuerdo que, el que no dejó indiferente a nadie, marcando su carácter y
personalidad, comprometido al máximo con la Semana Santa Montijana, fue Don
Emilio Sánchez Saavedra, que en la gloria del Señor descanse. Entre otros,
todavía recuerdo las amenazas de no Presidir la Procesión de aquellas Cofradías
y Hermandades que no estuvieran tramitando o actualizando sus estatutos. Aunque
sólo fueran amenazas, que tantos quebraderos de cabeza generó, consiguió que a
día de hoy las Cofradías y Hermandades de Penitencia de Montijo se rigan por el
Estatuto Marco Diocesano, en aras de la trasparencia y credibilidad, a
sabiendas de que las tareas de gestión son las menos gratas.
Dos
cuestiones recogidas en dicho Estatuto Marco me gustaría resaltar: la formación
cristiana integral de los cofrades y la caridad como signo de solidaridad y
fraternidad con los necesitados. Con respecto a la primera, la formación
cristiana, los miembros de la Junta de Gobierno de la Cofradía del Santísimo
Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores estábamos atónitos, por tener
que volver a la Casa de la Iglesia a recibir Catequesis, y a la vez muy
agradecidos a Doña Adela Peláez Gallardo, por lo amena y enriquecedora que
fueron, sábado tras sábado, inolvidable Adela! Sin embargo, a nadie le
sorprendió la segunda cuestión, la caridad, pues desde los inicios ha estado
presente en todas las Cofradías y Hermandades de Penitencia de Montijo,
reintegrándose así la generosidad recibida. Por citar, entre otras actividades,
la organización del Torneo Solidario de Fútbol Sala, cuyos beneficios van
destinados a Cáritas, o del Campo de Trabajo de ayuda a las misiones. No
obstante, me gustaría señalar que, en contadas ocasiones, la solidaridad de
unos se convierte en abusos de otros. Esto viene a colación con el hecho de que,
en los orígenes, los costaleros de María Santísima de los Dolores de la Procesión
del Jueves Santo eran personas desfavorecidas a las que se les proporcionaba un
donativo económico para sufragar, simbólicamente, la cena de dicha noche.
Aunque la tradición se mantuvo en el tiempo, las pretensiones eran ya muy
diferentes. El hecho de que las andas fueran muy muy pesadas, era el mayor
obstáculo para frenar esa contradicción. Y es aquí, en 1999, y en respuesta a
la llamada del Señor, familiares, amigos, amigos de mis amigos, acudieron al
primer ensayo, contabilizándose más de 30 jóvenes, que éramos por entonces! Fuerza
no sé si tendríamos, pero en ganas nadie nos superaría. Así, el 1 de abril,
Jueves Santo, sacamos en procesión el Paso
de María Santísima de los Dolores, fruto de la entrega de todos, que reconozco
y agradezco públicamente, y que ha posibilitado a la Cofradía afrontar retos
utópicos por entonces. Dicho esto, no es menos cierto que la presencia de los jóvenes
en la Vida de la Iglesia alcanza mínimos históricos, sin embargo, en el mundo
cofrade es excepcional, siendo la anécdota anterior no un caso puntual. De
hecho, y avalado por el análisis estadístico que mencioné con anterioridad,
actualmente, la edad de uno de cada cuatro cofrades se encuentra en la veintena,
siendo ésta la cohorte más numerosa. Conscientes de este filón y aprovechando
la inercia que proporciona las Cofradías y Hermandades, animo a todos a aunar
esfuerzos para reconducir a los jóvenes por el camino cristiano. En este
sentido, la creación de una Casa Hermandad, escuchada en boca de cofrades consolidados
en la Semana Santa Montijana, es una propuesta, entre otras, que no se puede
descartar. Seguro que tomaréis buena nota, pues es patente que la evolución ha
sido una tónica constante en el mundo cofrade montijano. Así, se han cambiado
recorridos y horarios procesionales, se han adquirido y renovado enseres, se
han reubicado y restaurado imágenes, se ha alcanzado la igualdad de oportunidades
sin discriminación de sexo, se han organizado multitud de actos de cultos,
sociales y asistenciales, entre otras muchas cuestiones, reivindicándose las Cofradías
y Hermandades de Penitencia de Montijo como un ente vivo dentro de la Iglesia. En
este sentido, y desde mi punto de vista, D. Manuel García Cienfuego marcó un
antes y un después en la Semana Santa Montijana, por su buen hacer como Hermano
Mayor de la Hermandad
y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballero del Santo
Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo. Tuve la suerte de
compartir dicho periodo, viviéndolo intensamente en el mundo cofrade,
participando en todas sus procesiones así como en las celebraciones litúrgicas,
y que por motivos familiares, en primer lugar, y posteriormente, por motivos de
salud, fui gradualmente difuminándome, compaginándolo en el tiempo con la
Semana Santa de Plasencia. Aunque sea hermano de la Cofradía del Santísimo
Crucifijo y Descendimiento de la Cruz o haya incorporado en mi vocabulario la
expresión placentina “cargar el paso”, siempre llevaré a Montijo, y en
particular, a su Semana Santa, en mi corazón, estando presente en mi día a día.
En cualquier caso, continúo con este vínculo, siendo actualmente mi presencia
como Capataz de la “Burrita”, precisamente aquella que despertó mi curiosidad,
cerrándose así el círculo de experiencias vividas.
Gracias a Dios el tiempo es
imparable, enriqueciendo a la historia y ajeno a los fallos técnicos en las campanas
del reloj. Así, atendiendo al devenir de los astros, les pregono que el domingo
siguiente a la primera luna llena tras el próximo equinoccio de primavera será
el 27 de marzo de 2016, Pascua de Resurrección, epicentro del cristianismo. Aunque los antiguos no vaticinen
buenos augurios, por lo de “Semana Santa enmarzá,
hambruna y mortandad”, la tradición de la Pascua Judía, en recuerdo de la
liberación del pueblo hebreo del cautiverio de Egipto, marca estas fechas de
festividad para los cristianos, donde conmemoraremos la Pasión, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Todo comenzará el domingo anterior,
Domingo de Ramos, donde celebraremos la Entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, a
lomos de un humilde pollino y alabado como rey por la multitud, que le gritaban:
“¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!” (Mt 21:9). Continuaremos
nuestras celebraciones litúrgicas el Jueves Santo, primer día del Triduo
Pascual, donde recordaremos la Última Cena del Señor con sus Apóstoles, en la
que les lavó los pies como ejemplo de servidumbre e instituyó la Eucaristía y
el Sacerdocio como muestra de entrega y amor a los demás, diciéndonos: “Un
mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a los otros, que como yo os he
amado, así también os améis los unos a los otros” (Jn 13:34). Como colofón, lo adoraremos
en los Monumentos, un acompañar a Jesús en la Oración en el Huerto de los
Olivos. En el segundo día del Triduo, Viernes Santo, recordaremos la Pasión y
Muerte de Jesús Nuestro Señor y adoraremos la Cruz, entonando: “!Victoria! !Tú
reinarás! !Oh Cruz, tú nos salvarás!”. El Triduo finalizará la noche del Sábado
Santo con la Vigilia Pascual, donde celebraremos que Jesús venció a la muerte, simbolizado
con el encendido del Cirio Pascual, Cristo Resucitado, que dijo: “Yo soy la luz
del mundo, el que me sigue no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la
vida” (Jn 8:12), y que nos abrió las puertas del Cielo, diciendo: “Yo soy la
resurrección y la vida. El que vive en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que
vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11:25), siendo esto el pilar
fundamental de nuestra fe cristiana, que lo celebraremos el Domingo de
Resurrección.
Compaginado en el tiempo, las
Cofradías y Hermandades de Montijo realizarán, como culto público, sus
Estaciones de Penitencia. A modo de anuncio y en formato fotográfico, les paso
a revelar siete instantáneas, que elegidas aleatoriamente y enfocadas desde la
perspectiva de diferentes protagonistas, pretende ser una muestra cronológica
de lo que se sentirá en los Desfiles Procesionales de nuestra Semana Santa 2016.
La autoría de la primera instantánea es de los costaleros de “la Burrita”, que debajo
del Paso contemplarán la Bendición de Ramos en el Atrio de la Iglesia de San
Gregorio Ostiense, entusiasmados por inaugurar los Desfiles Procesionales. Estos
se retomarán en la noche del Miércoles Santo, donde nazarenos cargando una cruz
notarán su pesadumbre acompañando a Nuestro Padre Jesús Nazareno en la estrecha
y sinuosa calle Esteban Amaya. A la tercera y cuarta instantánea se les une el
sonido. Concretamente, los componentes de la Banda de Música aliviarán al son
de una Marcha Procesional el sufrimiento de María Santísima de los Dolores
frente al Santísimo Cristo de la Agonía, en la noche del Jueves Santo, en el
Atrio de la Iglesia de San Pedro Apóstol. Del mismo modo, en el Convento de
Santa Clara, en la Madrugada del Viernes Santo, las Hermanas Clarisas suplicarán
la bondad del Santísimo Cristo de la Misericordia, entonando: “Perdona a tu
pueblo Señor. Perdona a tu pueblo. Perdónale Señor”, momento para la historia,
por celebrarse el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En la quinta instantánea reina el silencio y la oración de las
Mantillas que, en riguroso luto, formarán el cortejo del Santo Entierro de
Nuestro Señor Jesucristo en la tarde del Viernes Santo. Las dos últimas
instantáneas son desde la perspectiva de los dos protagonistas principales. La
primera, de la Virgen, que experimentará el dolor de una madre que ha perdido a
su hijo, en la noche del Viernes Santo, de recogida en Soledad a la Ermita de
Jesús. Finalmente, la de Cristo Resucitado, que se alegrará al vernos a todos a su Encuentro en la Plaza
de España, en la mañana del Domingo de Ramos.
Siendo esto sólo un avance simulado,
les animo a todos a vivirlo en primera persona, cada uno en su papel, participando
activamente en las Estaciones de Penitencias de las Cofradías y Hermandades de
Montijo y asistiendo masivamente a las celebraciones litúrgicas organizadas por
las Parroquias de San Pedro Apóstol y San Gregorio Ostiense.
A la espera de la Semana Santa Montijana
2016 que les he anunciado, el Papa Francisco nos invita en este tiempo presente
de Cuaresma a la reconciliación con Dios a través de la oración, el ayuno y la caridad,
redescubriéndose así nuestra identidad cristiana.
Concluyo. Todo está listo, ha
comenzado la cuenta atrás para el encuentro con Cristo Resucitado. Que sea un
gozo en el alma y en el ser dependerá de cada uno de nosotros. No dejemos
escapar esta oportunidad en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.
A todos les deseo, ¡Feliz Pascua de
Resurrección!
Muchas gracias por su atención.
Rodrigo Martínez Quintana
Pregón de Semana Santa
Pregonero: Manuel Jesús Carretero Ayuso
21/III/2015. Teatro Municipal
Llega
el mes de Nisán, y dentro de él, tras el primer plenilunio del equinoccio de
primavera nuestra Semana Santa. La cuaresma llega a su fin y el tiempo para el dolor
está en puertas. La pasión que precede al gozo de la Resurrección ha llegado.
Ya está aquí el momento en el que el cáliz que posibilitará la salvación no
puede ser rehuido y tiene que ser bebido.
Llega
la hora del olor a cera a nuestras calles y plazas, a incienso quemado, a
cirios y hachones. Llega la hora de las matracas, del roce de las zapatillas de
esparto de los costaleros, del golpe seco de los llamadores de pasos y tronos;
pero también el de cornetas y tambores.
Llega
el momento de los capirotes, de las túnicas, de los cíngulos, de colocarse los
escapularios, los fajines y los guantes. El momento de las mantillas, del
vestido negro y de los rosarios en las manos.
Llega
el tiempo de las parihuelas, de las trabajaderas, y también, de las tulipas, de
los candelabros y los palios. Llega el tiempo de las horquillas, de los lábaros,
de la cruz de guía y del libro de reglas expuesto.
Llega
el color rojo de los claveles, del púrpura claro del brezo, de las rosas
blancas para las vírgenes. Llega la Semana Santa.
Pronto
la burrita saldrá por el atrio, el nazareno se podrá su túnica morada, el
crucificado mostrará sus clavos al pueblo, las vírgenes mostrarán sus lágrimas
por el hijo perdido. Y aquí estoy, para expresar el sentimiento cofrade que
poseo y para transmitir por vosotros la creencia en una tradición centenaria,…de
una expresión plástica de la fe de nuestros mayores.
Como
sabemos, las iglesias y catedrales góticas fueron el libro en el que los
maestros mayores y los aparejadores escribieron y cincelaron los versículos del
antiguo y nuevo testamento, que convirtieron los frontispicios, tímpanos y
arquivoltas en las páginas de un catecismo popular abierto a todos. Con igual
sentido, y año tras año, nuestra Semana Santa se convierte en palabra viva que
transmite al pueblo los pasajes de la pasión y la redención.
Los
antecedentes de la Semana Santa se encuentran en los Vía Crucis que durante el
siglo IV se realizaban en Jerusalén, y en los que los creyentes recorrían por
estaciones el camino de la cruz seguido por Jesús antes de ser crucificado.
Esta tradición fue exportada por los peregrinos hasta Europa, donde se
empezaron a fundar cofradías para organizar las estaciones penitenciales. En
España se conocen procesiones en Semana Santa desde finales del Bajo Medievo,
cuando los franciscanos crearon algunas cofradías que aún hoy mantienen sus
nombres.
Sirva
este preámbulo para iniciar el mensaje que con este pregón anuncia la llegada
de nuestra semana grande.
Estimadas
autoridades eclesiásticas, autoridades civiles, Junta de hermandades y
cofradías de penitencia, Hermanos Mayores, compañeros cofrades, hermanos en
Cristo,… Buenas Noches.
Cuando
me dijeron que me ofrecían ser el pregonero de la Semana Santa de Montijo en 2015,
una incertidumbre me sobrevoló y un cierto
nerviosismo recorrió mi cuerpo ante una responsabilidad que dudaba entre la alegría
y el orgullo de aceptar, contra una pequeña hiedra dubitativa que me envolvía y
me hacía pensar en el compromiso de
intervenir en un acto tan solemne como éste.
Se
me informó que este nombramiento que se me ofrecía -de alguna manera- venía motivado
por mi trayectoria asociativa, por la participación en la Semana Santa de
Montijo durante tantos años, así como por mi actual implicación en una ONG como
es la Asociación para la Donación de Médula Ósea y Cordón Umbilical de
Extremadura.
En
cualquier caso, quiero dar mis más sinceras gracias a la Junta de Hermandades y
Cofradías de Penitencia de Montijo por haber pensado en mí, a pesar de que mi perfil no es análogo a
otros que me precedieron y que mi trayectoria es mucho más austera y sencilla
que la de los pregoneros de años precedentes. Quizás ese perfil algo distinto
es el que conforme la tipología de pregón que hoy os traigo.
Una
vez que me comunicaron esta invitación para ser el que mediante la palabra
abriera la puerta de la Semana Santa montijana, acepté enseguida, y a partir de
ahí, mi principal deseo era encontrar un hilo conductor que enhebrara mi
sucesión de pensamientos y que mi borbotón de ideas inicialmente inconexas
encontraran un fundamento argumental con el que poder expresar a todos los aquí
presentes mi impronta y mi sentimiento.
Dentro
de esa lluvia de ideas que he tenido durante estos días, estuvo el consejo de
dos pregoneros anteriores que me hicieron ver y escoger la línea que finalmente
elegí: hablar desde el corazón, contar mis experiencias y visualizar los hechos
desde mi propia óptica…. y todo ello para recordar hacia dónde vamos, pues en la
Semana Santa celebramos el amor que Dios nos tiene mediante la entrega de su
hijo Jesucristo.
Bajo
esta premisa tendría que iniciar mi exposición explicando cuándo empecé en este
mundo cofrade. Esto ocurrió por el año 1981 cuando estaba en 8º de EGB; pero
fue en 1983 cuando comencé a expandir mi colaboración a todas las cofradías de
Montijo y de manera algo más participativa que solo cogiendo una vela o poniéndome en la fila de las procesiones.
Fue
una época en la que compaginé estas actividades con mi presencia en los grupos
de jóvenes de “Cristo Vive”, tal como se nos conocía entonces, en los cuales
participábamos frecuentemente en reuniones para la interiorización de nuestra
fe, pero al tiempo viviendo todo ello desde la efervescencia propia de los años
de la adolescencia.
Al
poco tiempo vino el sacramento de la confirmación para muchos de nosotros, y en
ello quise verme apadrinado en la amistad y en la espiritualidad de Diego
Muñoz; fueron años de intensidad religiosa, de continuos diálogos entre amigos
y de intercambios retóricos de opiniones con Manolo Malagón, en su búsqueda
hacia la sencillez y el origen de la verdad.
Algunos
de mis compañeros se iniciaron en otros ámbitos, varios a grupos de liturgia, y
otros pensamos y buscamos algo distinto, quizás en un recorrido más ancestral
de una manifestación más plástica de nuestra fe, de una interiorización basada
más en el silencio que en la utilización de la palabra, es decir, pensamos en
las cofradías de Semana Santa. Tengo que decir que entre las distintas
tipologías de cofradías (sacramentales y devocionales, de gloria y de
penitencia) estas últimas son las que encuentran en mi corazón un mayor
estímulo y una mayor pasión. Este sentimiento no evita que compagine mi
pertenencia con las de los otros tipos, pues actualmente soy hermano de la
Hermandad de la Virgen de Barbaño.
Según
la terminología que se emplea en otras ciudades, los cofrades pueden ser
hermanos de carga y hermanos de luz; esto es, costaleros o nazarenos.
Personalmente, he sentido más los desfiles procesionales cuando actuaba
portando un paso, que cogiendo una vela; por esta razón la mayor parte de las
veces participaba como tal, llegando a coger en la misma Semana Santa todas y
cada una de las imágenes de los Cristos que tenían estación de penitencia en
Montijo.
Recuerdo
también con cariño los momentos en los que pasábamos horas preparando las
andas, poniendo candelabros y sacando enseres. Posteriormente, incluso en la
procesión del Cristo de la Agonía participaba algunos años haciendo las inscripciones
de los hermanos que llegaban para salir en las procesiones.
Pero
en el deseo de contribuir con nuestra semana mayor de otra manera, también abrí
mi intervención a otras facetas, como fue la de escribir artículos y poemas en
la revista de Semana Santa de nuestra localidad; etapa que simultaneé con la
redacción también de textos para la revistas de Ferias y Fiesta de Montijo,
pero esta vez con temáticas de historia y de arquitectura, que son otros de mis
gustos preferenciales.
Pero
la implicación fue a más y en algunos años amplié las anteriores facetas con
las de la propia edición y publicación de la Revista de Semana Santa, para lo
cual llevé la coordinación de la misma junto con mi amigo Pablo Iglesias.
Soy
de los que opinan que el cristiano debe comprometerse y apostar fuerte, y que
esto se puede hacer de muchas formas y en distintos frentes. De esta manera
muchos de los que estábamos entonces, decidimos iniciar en la década de los
años 80 un viaje para dotar a Montijo de más actividad procesional, pero
queríamos hacerlo sin caer en una imaginería vacía; los cofrades no podemos ser
adoradores de imágenes sin contenido argumental alguno.
El
camino era doble por parte de algunos de nosotros: darle cuerpo de verdadera
cofradía a la participación popular de la salida de la imagen de la burrita y
crear una nueva hermandad con unas características totalmente diferenciadas del
resto. Esto hizo que varios de nosotros estuviéramos en las primeras Juntas de
Gobierno y fuéramos cofundadores de los que después fueron la Cofradía Jesús
Salvador de los Hombres y de la Cofradía de la Vera Cruz.
Respecto
a esta última, la motivación de su creación era porque sentíamos que hacía
falta algo distinto, una hermandad que fuera mucho más austera, más
introspectiva, con el argumento centrado en la reflexión y en
la meditación.
En
la concepción de la misma, hubo mucha carga histórica que tuvimos en cuenta,
empezando por su propio nombre y por la cantidad de simbolismo plástico y
litúrgico que quisimos introducir, tuvimos también en cuenta las
reminiscencias franciscanas anteriores, como por ejemplo en las cruces en forma
de Tau que salen en el desfile, en los cinco nudos del cíngulo, etc… La
primera estación de penitencia se hizo en 1990, es decir hace ahora justamente
25 años de ello, motivo por el cual me siento adicionalmente contento en ser el
pregonero en tan señalada fecha; hecho que se ve aumentado por el especial
cariño que siento hacia esta hermandad por cuanto fui su segundo Hermano Mayor.
Dicho esto, deseo acordarme ahora de quien fue el primero, Francisco del Viejo,
pues ya no está entre nosotros.
Quiero
cerrar este PRIMER BLOQUE del pregón con un poema que escribí y publiqué en 1989
dedicado a la Cruz. Dice así:
Santa
Cruz de nuestra fe:
bendita
por lecho silencioso
de
una muerte jamás inútil
y
así santificada como estandarte de nuestro credo.
Infunde,
a nosotros tus cruzados,
valor
para la vida,
resistencia
al dolor,
luz
para la lucha
y esperanzas
para el camino.
Que
tus destellos no lo apague el ofensor;
que
tu presencia disipe las hipocresías
y
tu magnanimidad haga sucumbir las tinieblas.
Haz
también de cruz-guía
de
cuantos te rechazan
o
simplemente no te conocieron,
para
así reconocer
a
quien fue en Ti inmolado
y a
la que en tus pies
derramó
sus lágrimas.
Precisamente
ahora que hemos utilizado la cruz para pronunciar unos versos que nos lleven a
la reflexión, quiero iniciar un SEGUNDO BLOQUE conceptual en el pregón, tomando
de base los distintos tipos de representación de Cristo, durante los diversos
momentos de su pasión, se pretende hacer así una traslación a lo que esta
visualización nos puede transmitir, traduciendo su imagen en las siguientes consideraciones.
Cristo
en la entrada a Jerusalén: A mi modo de ver, hoy tenemos en la sociedad una
búsqueda incesante por ser el centro de atracción de los que nos rodean;
queremos ser aclamados y reconocidos sin importar mucho el porqué. Deseamos ir
a hombros de lo fácil y lo cómodo, y proclamamos en las redes sociales lo que
nos gustan unos zapatos o unas motos de alta cilindrada, y sin embargo, no lo
hacemos por igual con otros aspectos de mayor calado.
En
este pasaje, Jesús es alabado como rey con cantos y palmas. Hoy, aquí, debemos
también de encontrarlo y alabarlo para que su mensaje se manifieste en la
bondad y en la solidaridad hacia nuestro prójimo. Significa que ese camino
hacia Jerusalén nos lleve a unas ciudades dimensionadas al servicio del hombre,
que ese camino nos lleve al encuentro de Jesús mediante el reconocimiento de lo
importante y de lo esencial en la vida. En definitiva, es el camino que nos
transforma en portadores de la reconciliación y de la paz.
San
Juan nos relata que los discípulos recordaron que el profeta Zacarías decía: “No
temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino”. De este
anuncio podemos sacar tres aspectos nucleares, que son el mensaje de pobreza,
de paz y de universalidad que Jesús nos hace a todos.
Montijo,
1981. Cofradía Jesús Salvador de los Hombres. Albricias y cantos, verde
esperanza de los niños ante la imagen de la burrita. Palmas llenas de ilusión
de quienes con mirada infantil ven al Hijo del Hombre durante el Domingo de
Ramos.
Cristo
Ecce Homo: Esta expresión latina significa “he aquí el hombre” y es recogida en
el Evangelio de Juan para ponerlas en la boca del gobernador romano de Judea,
es decir, de Poncio Pilato para presentar a Jesús ante la muchedumbre hostil
que se agolpaba en aquel momento.
La
iconografía evangélica del Ecce Homo es muy similar a otras tipologías análogas
como: “el varón de dolores”, “el cristo doliente”, y así lo retrata por ejemplo
El Bosco en 1475, Juan de Juanes en 1565, Caravaggio en 1604, etc.
La
imagen del Ecce Homo bien podría presentarse hoy en día como aquellas donde la
sociedad se burla de los que son distintos, de los que no siguen los dictados
que marcan la mayoría, de quienes buscan su propio camino y destino, de los que
son más débiles que la mayoría, de quienes saben anteponer la inteligencia a la
fuerza o de los que ofrecen ayuda en lugar de dificultades.
Cristo
amarrado: Se trata de una imagen de dolor y de castigo que nos transciende. Es
la carne ensangrentada que nos representa el genial Salzillo en 1756 o incluso
el cineasta Mel Gibson en 2004 con su película “La pasión de Cristo”, donde nos
muestra el desgarro de un cuerpo lleno de sufrimiento.
Mi
visión de hoy es la de aquellos que están atados a las drogas, de los que no
saben eliminar los nudos del tabaco y del alcohol, de los que están amarrados
por su carencias y sus limitaciones de cualquier tipo… en definitiva, de todos
los que no sabemos liberarnos de nuestras debilidades y de los que no quieren
romper las cadenas de la injusticia y la opresión en cualquiera de sus manifestaciones.
Cristo
nazareno: Es una imagen de fácil metáfora y muy empleada en la literatura y en
las reflexiones catecumenales. Jesús nos muestra aquí la fuerza del hombre que
camina hacia su destino a pesar de la carga que lleva y del recorrido que
reconoce como abrupto y sombrío.
Sin
duda hay muchos pesos que todos llevamos en nuestro día a día, de muchos
paquetes que no sabemos desprendernos de ellos, de unos caminos que debemos
transitar y no sabemos cómo.
De
entre las múltiples situaciones que podría poner como ejemplo, dejadme que me
acuerde de aquellos que padecen enfermedades de difícil pronóstico, de los que
tienen patologías ampliamente limitativas, de los pacientes a los que les
acompañan día tras día el dolor y la incertidumbre. Tengo que decir que hay
mucho que aprender de esas personas.
Creo
sin embargo, que muchas veces el dolor mental, el sufrimiento y la preocupación
son más duros que ciertos malestares físicos. Hay incluso quien tiene la
capacidad para navegar en barcos llenos de alegría y esperanza, cuando el mar
en el que navegan es tumultuoso e intempestivo. He aprendido a admirar este don
en varias personas, pero especialmente por lo que me toca de cerca, en
Juanibel, mi mujer; por eso desde aquí, mi reconocimiento y cariño para ella.
Montijo,
1941. Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad: primera
en sacar hermanos penitentes. Su color negro sobre negro nos recuerda la pena y
la aflicción del camino que hemos de recorrer, que bajo la cruz que llevan a la
espalda, éstos se configuran en porteadores del signo de salvación.
Cristo
crucificado: Sobre el siglo VIII antes de nuestra era, el profeta Isaías dijo “fue
traspasado por nuestras rebeldías, triturado por nuestras culpas, por sus
llagas hemos sido sanados”.
La
crucifixión era un instrumento de castigo romano concebido para ajusticiar
mediante un gran sufrimiento a cuantos se opusieran a su imperio y hegemonía;
de hecho Cicerón ya indicaba que era el más tétrico de los suplicios.
Esta
visión de un Dios que muere en la cruz fue una imagen que supuso un choque
conceptual importante cuando muchos evangelizadores llevaron su mensaje a
culturas y civilizaciones de origen diverso.
La
historia de la humanidad estaba acostumbrada a reconocer a dioses y diosas en
ejemplares batallas y en ceremoniales victoriosos, pero no a contemplar a su
Salvador, ajusticiado de manera tan dramática. Incluso en los momentos
iniciales, esta expresión de dolor no fue fácilmente entendida por algunos de
sus iniciales seguidores.
Aunque
los primeros cristianos usaron también otros símbolos para identificarse (por
ejemplo, el perfil de pez o ichthys), el crucifijo fue escogido por antonomasia
como el signo de identidad de la fe que profesamos. Desde entonces, supone para
nosotros un modo de reconocimiento pero también una concepción de vida, una
manera de entender y de hacer.
En
los últimos tiempos se ha intensificado la persecución de muchos de nuestros
hermanos en Cristo, y los atropellos, las discriminaciones y ejecuciones se han
reavivado en varias partes del mundo, como si estuviéramos regresando a tiempos
pretéritos. Es un asunto sobre el que debemos reflexionar y reaccionar
conjuntamente.
Montijo,
1966. Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los
Dolores: Rojo pasión, sangre del Hijo de Dios que procesiona los Jueves Santos
con ataduras de esparto y mirada al cielo. Amapola sollozante.
Montijo,
1987. Cofradía de la Vera Cruz. Cristo clavado con la mirada perdida buscando
al Padre, sonido de campanilla que anuncia su llegada. Color morado de quien es
golpeado, de quien ha aguantado los golpes de nuestros pecados.
Cristo
yacente: Después del hisopo con hiel, después de la lanza en el costado,
después de que echaran a suerte sus ropas y después de encomendar su espíritu
al Padre, Jesús muere. Parece que podrían tener razón los sacerdotes del
Sanedrín que decían que el reino anunciado por él no era más que una mentira.
No
podemos quedarnos ahí, no podemos quedar a Cristo muerto y desahuciado, no
podemos quedar su cuerpo sin ungir. Debemos lavar sus heridas y sus llagas.
Tenemos
que lavar y curar también las heridas de los que son apartados de nuestra
sociedad, de los que sufren el zarpazo del capitalismo más salvaje, de los que no
pueden dar el pan a sus hijos, ni techo a su familia. Hay que dar luz y
esperanzas a quienes no la tienen, por eso el escritor francés Anatole France
tenía razón cuando decía: “Nunca se da tanto, como cuando se dan esperanzas”.
Montijo,
1968. Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente,
Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.
Blanca la pureza del alma que ha sido entregada por todos nosotros y cuerpo
ofrendado como Agnus Dei. Compañeros de estación de penitencia de la Hermandad
de Nuestra Señora de los Dolores, cuyos 7 puñales de dolor nos recuerdan la
aflicción de la Madre por el desgarro del hijo perdido.
Cristo
resucitado: El mensaje de Jesús y su propia pasión no tendrían significado si
todo se hubiera acabado en el Gólgota. Pero no fue así, su salvación nos dio la
esperanza y el sentido real como cristianos. El evangelio de Juan nos dice: “Por
eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había
dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había
hablado”.
También
destacaría ahora dos pasajes más que nos ayuden a comprender el significado de
este hecho, como clave de bóveda del cristianismo.
El
primero los encontramos en los Hechos de los Apóstoles y dice:
“le
clavasteis en una cruz por manos de impíos y matasteis a quien Dios resucitó,
poniendo fin a la agonía de la muerte,
puesto que no era posible que Él quedara bajo
el dominio de ella”.
El
otro pasaje es de la 2ª carta de San Pablo a los Corintios, y dice:
“y
por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí,
sino para aquel que murió y resucitó por
ellos”.
A
este respecto, me acuerdo de una frase que me comentó hace muchos años un
compañero de trabajo y que puede venir bien en relación al significado de la
resurrección y en la creencia de la existencia de una vida más allá: “Los que
sois creyentes –me decía– tenéis una ventaja en la manera en que percibís las
dificultades y en cómo afrontarlas. Vuestra manera de entender las cosas os
ayuda a caminar; los demás, nos sentimos huérfanos en el día a día”.
Montijo,
procesión popular. Asociación Parroquial de Jesús Resucitado y Nuestra Señora
del Rosario. Domingo festivo de quien celebra la vuelta a la vida, de quien
encuentra el sepulcro vacío para encontrar a su Salvador en el camino a Emaús. Muerte,
¿dónde está tu victoria, donde está tu aguijón?
INICIO
AHORA UN TERCER BLOQUE en el pregón sobre cómo el hombre busca ser feliz o cómo
puede hacer para ayudar a que los demás encuentren una porción de felicidad. Jesús
se dio cuenta cuando vino al mundo de que los hombres solemos estar
equivocados, que andamos buscando la felicidad donde no existe realmente; los
cristianos y los cofrades hoy en día desde luego no somos ajenos a ello.
Una
vez que hemos transformado las distintas representaciones iconográficas de Cristo
a una posible expresión de diagnosis actual, es conveniente enlazarlas con una
forma material de hacerlas presente. Y la respuesta la podemos encontrar de
nuevo en las Sagradas Escrituras, en concreto en el Nuevo Testamento.
Así,
un día Jesús subió a la montaña y habló a todas las personas que le seguían,
explicándoles que la felicidad no está en el tener, el dominar... sino en algo
muy diferente: en el amor; y propuso varias formas de hacerlo: LAS
BIENAVENTURANZAS.
En
este mundo de esfuerzo y llanto, de injusticias y penas, es cada vez más
imperioso buscar una mirada introspectiva hacia lo que hoy en día significan
las bienaventuranzas, pues decía antes que los cofrades no podemos centrarnos
solo en contemplación vacía de imágenes sin que eso no nos reporte nada.
En
el capítulo 5 de Mateo, versículos del 3 al 12, podemos leer estas expresiones
llenas de profundidad:
-Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán la misericordia.
-Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
-Bienaventurados los perseguidos por causa
de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
-Etc…
La
configuración de este peculiar tipo de sentencias es un género literario
bastante utilizado en la Biblia y que es conocido como “macarismo” y dentro del
cual podríamos incluir también a los Salmos.
Hoy
en día debemos encontrar el modo de hacer presente esos mensajes a nuestro
alrededor. No deben de ser necesariamente hechos grandilocuentes; todo lo
contrario, se trata de que cada uno de nosotros encuentre aquella acepción que
le gratifique y sepa que la pueda hacer viable dentro de su entorno.
Esta
forma distinta y personalizada de transmitir el significado de las
bienaventuranzas ya la podemos encontrar en la propia Biblia. Las que transmite
Mateo son las del Sermón de la montaña, y doblan en número a las que Lucas
recoge entre los versículos 20 y 23 de su capítulo 6; además de ello, este
mismo, en los tres siguientes versículos (del 24 al 26) incorpora unas
maldiciones que hace que el mensaje que quiere hacer llegar cale con más
impacto:
-¡Ay de los que reis ahora!, porque
tendréis aflicción y llanto
-¡Ay de vosotros, los que estáis
hartos!, porque tendréis hambre.
El
papa Francisco, en su homilía del lunes 9 de junio de 2014 indicó que las
Bienaventuranzas son el “programa” y también la “tarjeta de identidad del
cristiano”. En este sentido, explicó de igual manera que “si alguno de vosotros
hace la pregunta: ¿Qué hay que hacer para convertirse en un buen cristiano?,
aquí encontramos la respuesta de Jesús”. Prosiguió diciendo que “el mundo no
quiere llorar, prefiere ignorar las situaciones dolorosas, taparlas. Sólo la
persona que ve las cosas como son, y llora en su corazón, es feliz y será
consolada”.
Por
esta razón creo que las cofradías y hermandades tienen que hacer un esfuerzo de
compromiso pragmático hacia la sociedad que las envuelve, cada una buscando en
su interior la forma de llevarlo a cabo, el procedimiento que le dé sentido a
su propia idiosincrasia. Hubo un tiempo en el que ciertas cofradías de muchos
puntos de España estuvieron poco cercanas al mensaje que les llegaba de sus
conciudadanos; esto ya no es así y constato que nuestros cofrades en los
últimos tiempos se esfuerzan en distintos ámbitos.
Cuando
uno no sabe dónde mirar para buscar, la respuesta está en mirar hacia uno
mismo. Quizás haya que buscar en nuestra dilatada historia, en el carácter y en
el origen de muchas cofradías centenarias, cuando ellas fueron el instrumento
de acogida de muchos enfermos y desahuciados, de vagabundos y errantes.
Pero
¿cómo podemos encontrar una vía para que las bienaventuranzas se hagan presente
hoy? Hay muchas maneras, y todas ellas posibles. Me fijaré ahora en la tercera
de ellas, en la que dice bienaventurados los que lloran, porque ellos serán
consolados.
Hace
muchísimos años que veo con frecuencia a gente llorar, y las he visto llorar
por un motivo por el cual yo lloré antes. Mi primer llanto de este tipo fue el
15 de junio de 1992, desde entonces he recorrido un camino, junto con otras
muchas personas, que ha hecho que ese llanto se convierta en alegría.
No
se trata de un llanto por falta de un puesto de trabajo, del cual hay mucho en
España, por desgracia.
Se
trata de un llanto por aquello que hace que pierdas todo cuando no la posees,
se trata de un llanto por la falta de salud, una falta de salud en su máxima
expresión: cuando eres un enfermo y hay muy pocas vías para que dejes de serlo.
Cuando
la vida y la muerte juegan una partida de cartas, uno sabe de qué está
hablando. Los que jueguen al mus, entenderán esto: ya no sirve apostar por
‘pares’ o por ‘grande’, es necesario aportar por el ‘órdago’.
Esa
partida con la muerte ya la tuvo Jesús, a pesar de que él no estaba enfermo.
Los enfermos éramos otros, los que necesitaban sanarse éramos nosotros. Cristo
ganó la partida, pero todos nosotros tenemos que vencer en nuestras batallas
particulares.
María,
su madre, y María Magdalena también lloraron, probaron la sal de sus lágrimas,
probaron el dolor por la pérdida del ser amado. Esas lágrimas debemos de
intentar que sean cada vez menores, luchar en aspectos para que las personas
que las tengan, puedan ver detrás de su llanto. Así, el filósofo y escritor
indio Rabindranath Tagore, decía: “Si lloras por haber perdido el sol, las
lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.
Pero
¿qué enfermedades, en el sentido estricto, tenemos hoy en día? Muchas sin duda,
pero entre las más importantes y crecientes está el cáncer: una enfermedad
dura, difícil de vencer, y además muy traicionera. Os preguntaréis cómo cada
uno de vosotros puede ayudar a que las personas que lloran por ella puedan ver
las estrellas una vez que sus lágrimas cesen. Sin duda hay varias formas, pero
hoy aquí os propongo una: dando vuestra sangre, tal como Cristo Jesús la dio
por nosotros.
Quiero
que deis vuestra sangre en sentido literal, pero esa sangre no será derramada,
sino recogida y canalizada a un banco de sangre que la ofrecerá para que otros
vivan por ella. Esa sangre será para cualquiera, no los conoceréis pero vuestra
sabia roja recorrerá sus cuerpos y la vida florecerá a través de ella.
Este
mensaje lo entendieron en Montijo hace ya varias décadas, cuando en el seno de
una de nuestras cofradías (la del Cristo de la Agonía) germinó la idea de que
muchos de sus hermanos se hicieran donantes de sangre.
Pero
os pediré más, que deis un paso más allá, que vuestro ofrecimiento por el
prójimo, que vuestro sentido de las
bienaventuranzas sea como el mío desde hace muchos años: que seáis
donantes de sangre medular; es decir, donantes de médula ósea. Los enfermos que
la necesitan, y sus familiares, son de los que lloran mucho porque no saben si
verán aquellas estrellas a las que se refería Rabindranath Tagore.
Os
comenté antes, que yo lloré en junio de 1992. La razón fue que a mi novia, hoy
mi mujer, le diagnosticaron una leucemia, una enfermedad que está muy presente,
pues hace que en España haya miles y miles de personas que al año sean
diagnosticadas de esta enfermedad onco-hematológica. Más allá de lo que puedan
hacer los médicos y las nuevas medicinas hay una cosa que no puede comprarse,
ni está en las farmacias, está en cada uno de los que me oís: es vuestra sangre
medular. Para los que somos creyentes, es una acción por la que podemos
encontrar a Cristo, además de encontrarnos a nosotros mismos, por la que además
podemos dar vida sin poner en riesgo la nuestra propia.
En
el Evangelio de Lucas, podemos encontrar la expresión “Id y contad lo que
habéis visto y oído”. Esta frase, pero transformada en compromiso social y
sanitario, es la que me ha movido desde 2001 para comprometerme en viajar,
trabajar y comunicar una forma de solidaridad ética y cristiana: buscar
donantes que salven a quienes no tienen otra esperanza, independientemente de
la parte del mundo donde se encuentren. Es por ello, que la totalidad de mi
tiempo libre, y del que no es tan libre, se la dedico a la Asociación para la
Donación de Médula Ósea, y desde 2009 también, a la Federación Española de
Entidades de Lucha contra la Leucemia y Enfermedades de la Sangre, entidades
ambas de las que soy vicepresidente. Es la manera que he encontrado de devolver
a la sociedad, lo que la sociedad me dio previamente.
Esta
experiencia personal que he compartido con vosotros es lo que me hace entrar en
el CUARTO Y ÚLTIMO BLOQUE de este pregón. Es la forma en la que os animo a
buscar vuestro camino de compromiso personal hacia la sociedad.
Para
llegar a ese compromiso entiendo que nuestra evolución personal y de
crecimiento interior debe estar marcada por nuestro conocimiento y acercamiento
al mensaje de Jesucristo, al convencimiento que nos haga sentir partícipes de
su mensaje, pero también de las vivencias que día a día nos acercan o nos
separan de este camino.
Ese
recorrido vivencial es el que nos marcará en la fe y en otros muchos parámetros
de la vida, en cómo la entendemos, en cómo la queremos vivir y hacia dónde
queremos ir con ella. Soy de los que piensa que los grandes convencidos en un
proyecto y que aquellos que sellan a fuego su fidelidad por un ideal, han
tenido que tener previamente un recorrido abrupto y no falto de sorpresas.
Quizás venga bien recordar lo que dijo una vez Albert Einstein: “Como no sabía
que era imposible, lo hice”.
En
este sentido, las evoluciones de vida lineales, o incluso asintóticas –como
dirían los matemáticos– no marcan el carácter tan intensamente como cuando aparece
una ruptura o irrumpe un hecho donde exista un cambio de inflexión en el
desarrollo de la vida.
Este
sería el caso de Saulo de Tarso quien después de perseguir a los primeros
seguidores de nuestra fe tuvo una experiencia que transformó por completo su
existencia. De camino a la ciudad de Damasco, “es alcanzado por Cristo Jesús”
según sus palabras en la carta a los Filipenses. Desde entonces, Pablo se
convierte en uno de los más importantes apóstoles de Cristo y con una
producción epistolar de primer orden. Conviene aquí recordar la importancia y
el cambio de significado que San Pablo esculpió al concepto “apóstol”, esta
expresión ya no significaría a partir de él ser uno de los 12, sino convertirse
en seguidores del mandato del Hijo de Dios.
Otro
caso lo tendríamos en Íñigo López de Loyola, por todos conocidos como San
Ignacio de Loyola. Su punto de inflexión fue el ser herido de gravedad en una
batalla, pues él fue soldado de joven. Este hecho sería determinante para que después
procediera a la lectura de libros religiosos durante su convalecencia y
profundizar en la fe católica.
Un
tercer ejemplo lo tenemos en la “santa andariega”, pues además en este año se
celebra el 5º Centenario de su nacimiento. Teresa de Ávila vino al mundo el 28
de marzo de 1515, es decir, dentro de una semana se cumplirán 500 años
exactamente.
De
joven, estuvo mucho tiempo enferma, fue desahuciada por los médicos, e incluso
estuvo 4 días en coma (agosto de 1539); después de ello tuvieron que pasar
otros 3 años para recuperarse totalmente de las secuelas que le habían quedado.
A partir de los 39 años empieza su gran transformación espiritual y de vida.
La
serie “Teresa de Jesús”, que en 1984 dirigió Josefina Molina e interpretó
magistralmente Concha Velasco, fue una buena manera de dar a conocer su vida,
si no queremos hacerlo a través de sus libros, como puedan ser Las Moradas o
Camino de perfección. Creo que Teresa de Cepeda y Ahumada fue una
revolucionaria, una adelantada a su tiempo, una luchadora que nos puede servir
de ejemplo como afán de superación y empeño continúo hacia lo que deseamos y
queremos.
Quiero
incluir ahora algunos versos que la santa abulense escribió, y que pertenecen
al poema “Nada te turbe”.
Nada
te turbe,
nada
te espante,
todo
se pasa,
Dios
no se muda;
la
paciencia
todo
lo alcanza;
quien
a Dios tiene
nada
le falta:
Sólo
Dios basta.
Eleva
tu pensamiento,
al
cielo sube,
por
nada te acongojes,
nada
te turbe.
A
Jesucristo sigue
con
pecho grande,
y,
venga lo que venga,
nada
te espante.
Confianza
y fe viva
mantenga
el alma,
que
quien cree y espera
todo
lo alcanza.
Nada
te turbe,
nada
te espante,
todo
se pasa,
Dios
no se muda;
la
paciencia
todo
lo alcanza;
quien
a Dios tiene
nada
le falta.
Para
concluir, quiero hacer ahora otra reflexión íntima. Más allá de estos grandes
ejemplos que os he puesto anteriormente, indicaros que para encontrar personas
especiales no siempre hace falta buscar entre personalidades tan ilustres. Hay
veces que podemos conocer y disfrutar de la existencia de algunas personas cuya
inocencia y alegría son el reflejo del espíritu de Dios en la Tierra. Estas
personas nos marcan y nos recuerdan que la risa y el cariño sincero es posible
encontrarlo como forma de expresión de su existencia; este es el caso de mi
hermano Pedrito, quien está en la presencia del Padre desde hace algo más de 2
años. Con su recuerdo y con la mirada puesta en él quiero finalizar hoy mis
palabras.
Así
lo pregono y lo digo en la villa de Montijo, aleluya, aleluya.
He
dicho.
Muchas
gracias.
Pregón de Semana Santa
Pregonero: Manuel García Cienfuegos
5/IV/2014. Teatro Municipal
Suba mi oración como
incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como
ofrenda de la tarde.
(Salmo 140,2)
LA SEMANA SANTA DE LOS MÍOS
Todo pasa muy deprisa. La Cuaresma llega a su
final. La fugacidad del tiempo traspasa los cuarenta días que median desde el
miércoles de Ceniza al domingo de Ramos. Parece que antes, hace ya años, todo
era más amplio, más lento. Pero el tiempo se va como las nubes, como las naves,
como las sombras.
Allí, en la oquedad de la
puerta norte de la iglesia, hoy tapada, estaban Él y ella. ¿Te acuerdas? Una
sonrisa nerviosa y alegre para decir, “Más, más, más… la burrita, el Señor”. Y
te descorría aquella cortina encarnada. ¡No está! ¡La burrita no está! Y
preguntabas ¿Se ha dormido? Y al llegar el Domingo de Ramos y verla en lo alto
del paso casi te escapabas de mis brazos, dando saltos, para llegar hasta ella
¡La burrita y el Señor!, pidiéndole con tu manita ¡Ven, ven, ven…!
Después llegaste tú,
inquieto, nervioso y travieso. ¿Recuerdas aquella voz tuya imitando al capataz?
Sí, allí, sentado en el suelo, frente a la puerta baja del armario de la
salita, mandando con autoridad, habilidad, destreza y suma paciencia el paso.
Las manos, tus manos de
niño, dieron forma a una caja de zapatos convirtiéndola en un portentoso y
elegante paso de misterio, al que dabas vida con imaginación por medio de las
figuras de los clicks de Playmobil, papel de plata y las velitas de la tarta de
tu cumpleaños. Fuiste tú entonces, siendo un niño, el que curtiste mis
emociones y ahora exaltas mi nostalgia al evocar aquel juego hermoso.
Así,
traspasando la memoria, vuela un tramo de los recuerdos de la infancia que fija
el ceremonial de entrar y salir las imágenes por las dos puertas que por
entonces tenía el convento de Santa Clara.
Allí,
debajo del coro, en la agonía de la luz, ante la ternura de su mirada, ante la
condición divina y humana del Nazareno, saltaban los versos por la proximidad
de la escuela Sagrado Corazón de Jesús del maestro Julián Guzmán, “El Nazareno
de la túnica morada, con la frente ensangrentada… de Judas y unos tíos que
mataron al Dios bueno… la cara de aquel sayón inhumano con el látigo en la
mano… y el niño que le zumbó a aquel infame una pedrada ¡Porque sí; porque le
pegan sin ningún motivo! Ahora, como
el poeta me interrogo, viendo a Jesús Nazareno padecer ¿Somos los hombres de
hoy aquellos niños de ayer? (La Pedrada,
Gabriel y Galán).
Esta es la Semana Santa que desde mis
honduras y entrañas he compartido en la intimidad con quienes más quiero, mi
mujer y mis hijos; y esta noche, si me lo permitís, es la que deseo compartir
con vosotros, porque mi vida nazarena, machadianamente hablando, son, en sus
comienzos, recuerdos de juventud bajo una túnica negra y un capirote de color
blanco en la Hermandad
del Santo Entierro.
LA LUZ QUE
CONOZCO Y COMPRENDO
Estimados y apreciables
párrocos, señor alcalde, Junta de Hermandades y Cofradías de Penitencia, señor concejal
de Cultura, miembros de la Corporación Municipal, autoridades, Hermanos
Mayores, cofrades, hermanos, amigas y amigos todos en el Señor.
Aquí estoy, en medio de
los ruidos de la vida, asomado a este pretil de madera, obrador de la palabra.
Vengo a hablar del que faena en mi conciencia, el que me acompaña en los
silencios y amaneceres. El que me enseña a amar la comunión del almanaque de
los días y el sabor saludable de lo sencillo y cotidiano. El que me dice cómo
tengo que partir el pan en abrazos esenciales y fraternos. El que no muere en
la tarde tormentosa de un Viernes Santo. Aquí
estoy para confesar el amor que por Él, siento y profeso. No vengo a
defraudarle. No, jamás, nunca lo haría. Vengo a conversar con Él.
Mira y escucha cómo te
saludan las campanas de la liturgia de la luz ancha y honda de abril. Fíjate
cómo germina en su alborozo, asomándose por las esquinas, dándole color limpio
de azul al viento. Bendita sea la luz. Tú
luz. Una luz que conozco y comprendo. La luz del Creador del tiempo.
Una cruz de mayo luce
adornada en los portales. Hay fiesta y alborozo en la parroquia, porque es su
patrón, San Gregorio. San Isidro labrador bendice los campos. Se oyen cantos a
porfía, porque ella, junto al Guadiana, en su mes, madre nuestra es. La tarde
es serena, solemne, abriéndose ante un Dios que anda entre nosotros. Es Corpus
Christi. Oh, Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Alabado sea el Inmaculado
Corazón de María. Traspasa el aire el repique de campanas por el patrón, San
Pedro. Hay un silencio encalado de verano que acuna el balanceo nocturno que
deja el sabor que desprende el jazminero. Escapularios por la Virgen del
Carmen. Novena por Santa Clara. A finales de agosto la mañana nos regala su
llegada bajo olores de albahaca.
Las tardes de los primeros
días de septiembre son de abanico, rezo y novena, porque ella es y será siempre
la esperanza que no envejece y la luz que nos acaricia. Se apuntalan los palos
de la Feria y aparece un fogonazo para anunciarnos que el gozo ha llegado. La
Vera Cruz anticipa oraciones penitenciales de Semana Santa: “Adoramos tu cruz, Señor”. El rosario de
la aurora de los Dolores de la Virgen, un día después, canta, “Ay, dolor, dolor por mi Hijo y Señor”.
Hay un aire que trae latidos de vendimia bajo olores de pámpanos y racimos.
Octubre principia con el
quinario a Nuestro Padre San Francisco. El Niño se duerme sobre el hombro de la
Virgen del Rosario. Despunta la luz tamizada, llega el bochorno del membrillo y
los chaparrones proclaman la otoñada. Las ausencias blanquean nichos y colocan
crisantemos. El Cristo Yacente se ofrece en devoto besapié. Es noviembre, mes
de los difuntos, de recuerdos y más recuerdos. Las hojas caen y duermen en el
suelo. Llega un tiempo de espera. Es Adviento.
La flor de Pascua abre la
hermosura de sus hojas invitándonos a recitar una plegaria antigua y hermosa, “Sea a mayor gloria de Dios y de la
bienaventurada Virgen María, concebida sin pecado original”. La aceituna se
desangra en un parto generoso que trae la gloria líquida del aceite. Cáritas
abre su despensa a los prójimos necesitados. Los paños colgados en los balcones
anuncian que la Palabra se hace carne. En casa, en el salón, hemos puesto el
Nacimiento. Es Navidad.
Bendita sea la mañana del
día de Epifanía y el gozo que nos trae el rito de la edad de la infancia. La
Candelaria y San Blas traen nubes que pasan por las veletas de los campanarios.
Las yemas de las higueras anuncian que marzo ha llegado. El invierno abandona
el lento silencio de los cobertizos. Es miércoles de ceniza, es Cuaresma. Por
San José, los cubiletes reales, nacidos de unas expertas manos dulceras,
traspasan el torno del zaguán del convento de las hijas de madre Santa Clara.
El Cristo
de la Agonía ha dejado su capilla elevándose desde la cruz para que entendamos,
desde la serenidad de su dolor, que sin amor no somos nada. La
Banda de Música ensaya marchas procesionales. La flor late allí donde las
abejas hablan de miel y besos. Hay sueños
inquietos en los hombros de los costaleros. El tiempo se ha cumplido. Ha llegado la luz. Siempre la luz. Tú luz. Es
Semana Santa.
VENIA,
ALABANZA Y SÚPLICA
La Semana Santa que os
anuncio es gozo, dolor y tragedia. Es traición, agonía y soledad entre olivos.
Absoluta entrega. Prendimiento bajo luz de antorchas. Mofa, burla, humillación,
negación, abandono, cobardía y miedo. Tribunales, interrogatorios, desprecios,
prolongados silencios, mantos púrpuras, juicio, flagelación, sentencia, sienes
oprimidas por coronas de espinas, caídas, clavos, desnudez, cruz, expiración y
muerte.
La Semana Santa que os
anuncio es pasión desbordada en el cáliz de una noche de abril. Es evangelio
abierto de escritura continua que proclama el proyecto de salvación de Dios con
el hombre. Mensaje que nos alumbra. La que no solo es para los elegidos, sino
para todos los que se acerquen con el corazón dispuesto. Es vida y liturgia. Es
devoción y memoria. Es lo más querido y lo más sagrado. La que no solo se
recluye en la Iglesia,
sino que se derrama por ella hacia las calles como el agua que mana desde el
zaguán del templo (Ez. 47, 1-2).
La Semana Santa
que os anuncio son espaldas vencidas y torturadas. Rodillas y manos heridas por
las caídas. Manos atravesadas por clavos que se tienden llamando. Espadas en el
corazón de una Madre. Cruces arbóreas. La de la muerte breve y la vida eterna.
La Semana Santa que os anuncio es la entrega de un Dios que se desangra en
ternura, que se derrite en Amor.
No puedo anunciaros, ni
quiero, la de quienes pierden el respeto a lo más querido y a lo más sagrado.
La de quienes interrogan, juzgan y cierran a los hombres el Reino de Dios. La
que solo es fiesta. La de quienes toman el nombre de Dios y a las imágenes que
lo representan en vano; y por ello muestran en la calle el vacío que les habita
durante todo el año.
Y en esta hora pido la
venia a la única mujer liberada y libre de la historia, la mujer discreta, la
que mejor ha sabido pregonar y llevar el anuncio de la historia de la
Salvación. Porque en la plenitud de los tiempos, Dios Padre preparó una madre
para su Hijo, que se encarnó para nuestra salvación por obra del Espíritu
Santo.
Dios te Salve María de los Dolores, llena eres. El Señor es contigo,
Soledad. Bendita eres tú, Piedad, entre todas las mujeres y bendito María del
Rosario el fruto de tu vientre. Santa María de Barbaño, ruega por nosotros,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Te ruego, Señora, me asistas para que
este acto sirva para enaltecer a tu Hijo Jesucristo, para gloria del Padre, en
comunión con el Espíritu y en la edificación de su Iglesia.
LA
MAÑANA DEL GOZO
Palmas y olivos en la
mañana del Domingo de Ramos, que traen para muchos un revoltijo de recuerdos,
por el que circulan los estrenos de este día en los pasillos de la memoria, en
el que Dios regresa para ser un temblor de ramas y hosannas de alegrías, por
las impaciencias que van y vienen del sueño a la espera.
La luz que ya ha escrito
lecciones de primavera hace que la palabra sepa a incienso, la glicinia sea una
novia vestida de malva, se oigan tambores y trompetas y acudan capirotes verdes
y túnicas blancas en una mañana pletórica, en la que volvemos a ser niños
asombrados ante la majestad de un Dios que ha bajado para vernos otra vez,
exactamente igual que en aquellos otros años de aromas de vida recién
estrenada.
¡Has vuelto, Señor! Tal
vez tus manos estén cansadas de blanquear andamios de estrellas. Cuando
nosotros caminamos en medio de fracasos. “Porque no hay mayor sufrimiento e injusticia que la miseria
económica y moral, y cuando hay miseria económica la moral se hunde hasta lo
más profundo” (Vicente Ferrer).
¿Hacia dónde
vamos, Señor? Los que aquí estamos, hijos de
oraciones y plegarias, deseamos sanar nuestras cicatrices. Aun así, merecemos
jornales de esperanzas y que nuestras manos alcen de nuevo ramos y palmas.
Tal vez en medio de tanto
ruido, de tantas voces, de tantos escándalos y lamentos, necesitemos escuchar
el silencio. Los silencios que producen las madrugadas. Porque el silencio
también habla. Escuchar para luego actuar. Actuar según están los tiempos. Y
los tiempos están para pedir. Para echar euros a la bandeja de la necesidad,
para socorrer a las familias que llaman desesperadamente a las puertas de
Cáritas. Los tiempos están para construir nuevos caminos que abran de par en
par los compromisos y las ayudas, los corazones y la esperanza.
Porque volveremos este
año, en la mañana del gozo, a ver al que cuando éramos niños nos resultaba tan
amigo y cercano, cuando apenas sabíamos de evangelios, pero sí de Jesús de
Nazaret, que se iba con los pobres y se enfrentaba a los poderosos,
mostrándonos cuál es el camino una
mañana de palmas y ramos.
CAMINARÉ
ENTRE VOSOTROS
La calle vive el aliento
de la primavera. Es Miércoles Santo. Dentro, proyectada por unos cirios, habita
una luz suave y cálida. Fuera todo se inunda por la prisa y el ruido. Dentro se
percibe la mirada de siglos y de quietud. En la calle se le esconde o se le
injuria. Dentro silencio, paz y emoción. Fuera muchos se arrugan refugiados en
lo políticamente correcto ocultando su rostro. Dentro se manifiesta en pie,
mirando a quien lo mira. ¡Jesús Nazareno! Su mansedumbre y su dulzura lo dice
casi todo: “Quédate aquí y reza conmigo”.
Aquí me tienes, Nazareno. Tú,
que tantas horas me dedicas adentrándote en mis días y noches. Tú, Señor que
sabes lo que me separa de la oscuridad a la luz. Tú, Señor, que sabes de las
mataduras de mi alma, de mis altibajos y preocupaciones, de mis abandonos. De
mis idas y venidas. Tú, que cruzas mi vida pedregosa.
Aquí estoy para que
enciendas la llama de tu fuego que tanto me atrae. Aquí me tienes, Nazareno,
para ser tu Cirineo, ayudándote a plantar tu Árbol de la Vida. Aquí me tienes
portando tu luz con la que trato de alumbrar mi camino. ¡Qué te voy yo a decir
que tú no sepas, Nazareno!
Olor y luz de iglesia
antigua, siempre igual, callada, exacta, como el tiempo le ha ido enseñando.
Nada surge porque sí, todo está en función del ser, del carisma labrado.
Iglesia fabricada por los siglos. Junto a ella unas habitaciones dispuestas a
modo de pequeño, austero y sencillo establecimiento hospitalario. Casa de
pobres y escala del cielo. En el zaguán, bajo un azulejo del Nazareno, la
inscripción, “Mi providencia y tu fe, tendrán esta casa en pie”.
Enfermos, transeúntes,
indigentes, menesterosos, necesitados y pobres de solemnidad, abandonados por
el estorbo y la indiferencia de los hombres, acudían a él, cuando fenecía la
centuria del diecisiete, buscando socorro a sus necesidades, que les procuraban
y prestaban los hijos de la Congregación Hospitalaria de Jesús Nazareno,
fundada por el emeritense padre Cristóbal de Santa Catalina. Uno de esos
hombres que no han buscado el aplauso, sino identificarse con Cristo por la
oración y la penitencia, y de esa manera desbordarse en caridad, hacia las
necesidades de su tiempo.
Sus caridades, los
seguidores del carisma del beato emeritense, movidos por los afanes de su
hermano fray Juan de San Buenaventura, regentaron aquel centro, bajo el culto,
la caridad y la beneficencia. Acciones inseparables que dieron una respuesta
social en la memoria evangélica de los sufrimientos de la pasión de Cristo,
entendiendo que ahí es donde está el culto verdadero.
Año tras año, generación
tras generación, siglo tras siglo, la figura portentosa del Nazareno se acerca
fiel a la cita con los mayores, con los de ahora y con los del futuro,
queriendo cimentar así la razón de ser de sus expresiones. Porque los unos y
los otros, los antiguos y los que se incorporan, creen en Dios, a quien en su
honor, rinden y tributan culto.
Llegada la hora, rito de
la vieja usanza, los hermanos cofrades del Nazareno, dan público testimonio de
su fe al traspasar el umbral del templo, saliendo fuera, a la calle, dentro de
una de las más hermosas celebraciones que se conocen: la Semana Santa; que es
mucho más que aquello a lo que tantas veces se la quiere reducir.
Porque las calles y los
días han puesto carne de amistad y sangre de pertenencia a esta fiesta sagrada,
trenzando a Dios con nosotros en un cordón que nada podrá romper. Mientras, el
Nazareno avanza imperturbable en su andar costalero, clavándonos aún más su
mirada, haciendo verdad la profecía, “caminaré entre vosotros, yo seré vuestro
Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (Lev.
26,2).
¿Quién como tú, Nazareno?
¿Qué gesto como el tuyo, es capaz de aunar tanta bondad, tanto poder, tan alta
majestad? ¿Qué abrazo como el tuyo, que abarca todo el dolor del mundo? ¿Qué
mirada como la tuya?
Jesús Nazareno, por tu
rostro, tu mirada, tus manos, tus benditas manos, y tu paso; tu forma de andar,
de caminar, eres Dios total que sale a nuestro encuentro. Al encuentro de cada
uno de nosotros. Al encuentro de quienes reciben malos tratos, los heridos por
tantas cosas, los que mueren ahogados de cansancio. Al encuentro de las
familias desestructuradas, los refugiados, los sin techo.
Porque sabemos que aunque
nos abandone el trabajo, la suerte o hasta la salud, sabemos que Jesús Nazareno
no nos olvidará jamás. Porque quien se acerca a Él termina por acercarse al
hombre aplastado, destruido, golpeado. Porque es uno de nosotros, porque
nuestra carne es como la suya. Porque sus sufrimientos son los nuestros, los
que padecemos y los que causamos. Porque en su rostro escarnecido hallamos
consuelo, fe y esperanza. Porque cada joven que siente el dolor de su corazón
vacío, cada anciano que calla y muere en su soledad, cada adolescente que
camina perdido en su confusión, cada niño no nacido que grita sin que nadie le
oiga en su muerte tienen el rostro de Jesús de Nazaret.
Cofrades del Nazareno, la
locura de la cruz pesa con crueldad sobre sus hombros. Parece que la cruz va a
derribarlo en una definitiva caída de la que no se podrá levantar. Es un hombre
abatido, agotado y derrumbado que, aún herido de muerte, sigue caminando al
límite del desfallecimiento hasta el Calvario. Es, hermanos cofrades, pura
catequesis del misterio de la encarnación de un Dios en el cuerpo de dolor de
un hombre. Es cordero amarrado sobre su paso, bajo la luz de cuatro faroles,
que parece que está a punto de escaparse de él para abrazarnos a todos y vendar
nuestros corazones heridos (Is. 61.1).
Ahora vuelvo al refugio, al sosiego, a la paz, bajo
la sombra del árbol de la Pasión. Allí, otra vez, ante el Nazareno, el Dios
hecho hombre, vivo, muerto y resucitado, evoco las palabras de San Agustín “Y
partiose de nuestros ojos para que regresemos al corazón y allí lo encontremos”
(Confesiones).
Allí,
en su casa, en la casa de Dios, en la que Él nos aguarda. Allí donde la lámpara
del sagrario siempre está encendida, tras cuyas puertas se siente el eco de su latido.
Allí, entre el olor y la luz de iglesia antigua, le pido que en su forma de
andar, en su caminar, en el amor y perdón de su rostro, y en la fuerza de sus
manos, esté siempre a nuestro lado, de nuestra parte. Porque tengo absoluta
confianza en su palabra, de quien me fio por entero. Porque siento su amor.
Porque te has hecho carne para estar entre nosotros, Nazareno.
AMOR
Y MÁS AMOR
Las
campanas saludaban en aquellas primeras horas llamando a los oficios. Ante la
tarde del Jueves Santo, el paso del tiempo nos sumía en la inmensidad de un
templo que casi todo lo abarcaba. Los paños limpios, blancos, almidonados, bien
planchados. El rojo de los pétalos, el olor de la cera y el incienso. Todo al
mismo tiempo fundiéndose bajo la música íntima que sacaba doña Rafaela Guisado
del viejo armónium, acompañando aquel rito antiguo, clásico y solemne de la
liturgia que nos empapaba en el misterio. La víctima consagrada, el cordero
llevado con mansedumbre, se adentraba bajo el reflejo de lo más profundo en el
sagrario.
Silencio,
paz y emoción, que en la fugacidad de los días se veían perturbados por el
golpe seco de la matraca, despertándonos así de las tristezas. Avanza el Jueves
Santo. Las toallas dobladas, el jarro dispuesto. Valiente el gesto ¿Lavarme a
mí los pies? ¿Quién como Tú, para librar al débil del más fuerte, al pobre de
quien lo expolia? ¿Quién igual a Ti? ¿Quién podrá ser comparado contigo?
Casi
diríamos que se da por supuesto, como lo hace Juan en su Evangelio, que el
sagrado banquete no precisa, por familiar e íntimo, de exterior narrativa en la
hora más densa del amor entregado. El amor se hace pan en pedazos compartidos,
se hace comida para sus amigos. El amor de Jesús se derrite en ternura y
cercanía, envolviendo la cena, la última, porque es eterna e infinita, en abrazo de despedida y
testamento.
Pan amasado en los dolores
de la Pasión,
cocido en el horno de la cruz, partido y compartido en la generosidad de la
mesa del mundo. Pan sagrado. Blanco cuerpo que nos dice el poeta, “Amor de ti
nos quema, blanco cuerpo; amor que es
hambre, amor de las entrañas, hambre de la Palabra creadora que se hizo carne…
Sólo comerte nos apaga el ansia, pan de inmortalidad, carne divina” (Eucaristía. Miguel de Unamuno). Y
sangre de la uva madura cosechada donde habitaban los sentimientos ante la
llamada urgente del hermano cofrade, que así fue como nació el lagar de la Hermandad de Donantes de
Sangre, porque la vida en sus honduras se nos da y la merecemos dándola.
¡Cuánto bien solidario ha
salido y sigue saliendo de la
Iglesia de Montijo! Da gloria ver cómo hay tantísima gente volcada con los demás.
Voluntarios diarios junto a enfermos, hambrientos y solitarios. Porque cuando
compartimos ampliamos aún más la capacidad de ser felices.
El enviado del tiempo de
la luz y del júbilo nos transmite la amargura y la tortura de la verdad
revelada. Ahora que la espiga comienza a
cernirse para dentro de poco mecerse en el aire que
estrenará colchas colgadas en los balcones, moviendo las hojas de la mejor
palabra proclamada, bajo paladar a hostia y sabor a vino en una tarde íntima de
Corpus, de flor, cera, juncia y romero. ¡Qué bella elección: espiga y racimo,
cuerpo y sangre!
Cristo agoniza en la cruz.
Los pies clavados, el rostro ensangrentado, la mirada compasiva y penetrante.
Mirada de pura agonía sin apenas aliento. El pecado de todos frente a la
inocencia y misericordia divina. Gesto imponente. Como un salmo cansado de su
larga hermosura. Así muere. ¡Qué grande es Dios cuando agoniza en una cruz
sobre la paz de un monte de claveles rojos la noche del Jueves Santo!
Dios que nació niño sobre
otro monte, aquel intacto de corcho, serrín, pastores, puentes, ríos de papel
de plata y un pesebre encendido del belén de la infancia que nos trae el primer
villancico de los fríos de diciembre, ¡Vete, Ángel, dile a Dios que venga a la
Nochebuena, que sí merece la pena…que se lo pide el Amor…!, atravesado por los
tiempos del Verbo que son el principio y fin de la manifestación de un Niño que
nace para que nos fijemos, una vez más, en el más difícil de sus preceptos: “Ámale
y al otro como si fuera Él”. Sí,
cofrades y hermanos “Amor y más Amor”.
Santísimo Cristo de la
Agonía en la cruz. Marginados y discriminados clavados en la cruz. Tantos
jóvenes cosidos a la trágica cruz de la dependencia de asesinas sustancias que,
bajo la promesa de un mundo feliz, les ofrece la engañosa y negra luz de la
droga. Crucificados por falta de libertad. Crucificados por la angustia de un
mal. Una tragedia interior. La justicia humana a veces dominada por otros
intereses que no son la justicia. Los valores,
principios morales y éticos degradados por el ansía del poder, el
dinero, la fama, la soberbia, la hipocresía, la envidia, la malicia… Tanta gente
marginada y arrastrada por el canal de las miserias del paro y el desalojo.
Inmigrantes clavados en la cruz de las vallas, alambradas y pateras. Tantos
crucificados y de tantas maneras distintas.
En la primera homilía que,
en la Capilla Sixtina, el Papa Francisco dirigió a los cardenales, al día
siguiente de su elección, glosó tres verbos: caminar, edificar y confesar. Para mí, aquella homilía desgranó
unos párrafos tan profundos, que deben ser insertados en éste nuestro Pregón de
Semana Santa: “Cuando caminamos sin la cruz, dijo el Santo Padre, cuando
edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos
discípulos del Señor: somos mundanos, pero no discípulos del Señor… Quisiera que todos, después de
estos días de gracia, tengamos el valor, precisamente el valor, de caminar en
presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la
sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo
crucificado. Y así la Iglesia irá adelante”.
Permitidme que ahora tome
prestadas las palabras escritas de un prelado para este pasaje del Pregón, “De poco
servirían, queridos cofrades, vuestros cultos esplendorosos y la belleza de
vuestras procesiones, si en vuestra vida asociativa la primera preocupación no
es vuestra santificación, el amor a Jesucristo y a su Iglesia, la comunión
fraterna, la unidad en el seno de la hermandad y la comunión con los pobres.
Estaríamos ante un enorme tinglado de cartón piedra, detrás del cual sólo
existe el vacío” (Monseñor
Asenjo, arzobispo de Sevilla).
Que
nunca, cofrades y hermanos, nos puedan aplicar este lamento del Señor, “Este
pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc. 7,6).
MISERICORDIA,
DIOS MÍO
Roma tuvo siempre
verdadero espanto a la crucifixión, la muerte que reservó para Jesús de
Nazaret. Cicerón, en su discurso contra Verres, llama a la cruz “el más cruel y tétrico de los suplicios".
A su juicio, “que un ciudadano romano sea atado, es un
abuso; que sea golpeado, es un delito; que sea matado, es casi un parricidio;
¿qué diré, pues, si es suspendido en una cruz? ¡A cosa tan nefasta no se puede
dar en modo alguno un apelativo suficientemente adecuado!”.
En su obra “El enigma de
Poncio Pilatos”, Tomás Martín Tamayo, escritor y amigo, describe, “Entre empujones, caídas y levantamientos,
desde la Torre Julia llegó vivo a la cima del monte Gólgota y allí fue clavado
a los maderos, sin apenas quejarse. El nazareno murió en la cruz, pero la
muerte ya la llevaba encima antes de ser crucificado, lo que de alguna forma
alivió la lenta agonía que deparaba la crucifixión”.
Vuelvo al origen. Como
entrevé el verso quevediano, lo que fue pañal en Belén se convierte en frío
sudario que espera el cuerpo rendido del crucificado, que grita
desesperadamente en la hora de la penumbra y el desconsuelo ¿Por qué me has
abandonado? (Mt. 27,46).
Llega una emoción antigua
cargada de sobriedad y penitencia, casi diríamos, con atrevimiento, lujo
ascético, que nos adentra en la madrugada, en la que aquellos hermanos, a raíz
de la Contrarreforma, se congregaban en busca de la penitencia y
disciplina, bajo el carisma de los
conventos cercanos de los hijos de San Francisco de Asís, que proclamaban en
sus sermones penitenciales, antes de que el Santo Crucifijo saliese del templo,
esta exigencia: “Hermanos, nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de Nuestro
Señor; en él está nuestra salvación, vida y resurrección, Él nos ha salvado y
libertado” (Ga. 6,14).
Cimbrea
la memoria bajo un escalofrío de siglos revividos. Suena una campanilla. Nace
la madrugada. El silencio se muestra sin pudor. Golpea la matraca. Ya es
Viernes Santo. Es tiempo sagrado. Habita la contemplación. El ajuar está
concebido por la austeridad, como si todo fuese roca desnuda e intacta de Monte
Calvario. “Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, y veréis como yo soy
Dios” (San Juan de la Cruz).
Los
costaleros levantan la imagen. Hombros bien dispuestos, valiente el gesto que
recuerdan otros tiempos, en el que cargaban con el fenecido cuerpo del
cofrade-hermano, en caritativa labor hasta conducirlo a la sepultura, no
olvidando con ello la piadosa intención originaria de enterrar honradamente a
los hermanos, disponiendo así los capítulos que miran a la vida, el sacramento
de ese nacer-vivir-morir-resucitar
que somos.
Impresiona
su imagen que nos evoca el lugar que un día presidiera; donde están los
nuestros, lo más queridos, los más recordados. Con su mirada traspuesta que
eleva hacia arriba quiere recordarnos la esperanza resucitadora. Porque en esta
imagen se funden su carne redimida por el sufrimiento y su gloriosa
resurrección. “En dos días nos sanará; al tercero resucitará; y viviremos
delante de él” (Os. 6,2).
Oh,
Cristo de la Misericordia. Eres refugio en el perseguido, pan en el hambriento,
agua en el sediento, en el desnudo vestido, alegría en el anciano, bálsamo en
la herida, brazo donde se apoya el caído, vida en la enfermedad.
Oh,
Cristo de la Misericordia. No podemos permanecer impasibles en esta sociedad
nuestra llamada del “bienestar”,
ignorando a la del “malestar”, donde
millones de seres humanos, en este mundo tan global, sólo conocen una vida
insegura y amenazada, mientras la abundancia acampa en los paraísos fiscales,
en los mercados financieros, en el reino de los especuladores y usureros, donde
impera el ansia de acumular beneficios, poder y dinero. Mientras, en las
plazuelas del hambre, hay mucha gente rebuscando sobre las sobras de la gente.
Oh,
Cristo de la Misericordia. Qué bien suena, más allá de los tambores y cornetas,
el exigente ejercicio de “darse sin recibir nada a cambio”. La Caridad, reverso
del dolor, linimento que cura nuestros males.
Oh,
Cristo de la Misericordia. Que estemos siempre dispuestos a pedir con esta mano
para ir dando luego todo con esta otra. Oh, Cristo de la Misericordia. Que
todos hablemos de ti sin complejos ni temores, porque tú eres el fundamento de
nuestra esperanza. Y en esa esperanza hemos sido salvados (Rom. 8,24).
Avanza la madrugada. El dolor de la
memoria habita en las esquinas. Es la hora en la que desesperan las vigilias.
La Vera Cruz entra en el convento de las clarisas. Atmósfera serena sólo
perturbada por el leve sonido en el desahogo al pasar las páginas de la
Liturgia de las Horas. Brota el salmo penitencial más intenso y repetido, como
un canto estremecedor, “Miserere mei, Deus”. El canto del pecado y del perdón, la
meditación más profunda sobre la culpa y su gracia. “Misericordia, Dios mío” (Sal. 50). Un suspiro lleno de
arrepentimiento y de esperanza dirigido a la bondad de Dios. Porque Dios no se
cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su
misericordia.
Y así quedas en la madera,
Cristo de la Misericordia. Aunque yo no acierte a comprender de qué manera
quedaste por los clavos sostenido en medio de aquel oleaje enfurecido del
Calvario. Aunque yo no acierte a entender que te hicieras amor elevado a la
infinita potencia. Aunque yo no acierte a saber, postrado a tus pies, por qué
nuestra locura te abandona cuando cruzas de madrugada, latiendo en ternura,
pidiéndonos tan sólo que desenclavemos tus benditas manos entre el hierro y la
madera.
“Oh
Dios, oh Cristo de la Misericordia, restáuranos, que brille tu rostro y nos
salve” (Sal. 79, 20).
DE LA MISMA NATURALEZA QUE EL PADRE
Dicen que Juan de Juni
delante de Él no fue capaz de mirarle a los ojos. Que en el silencio del taller
el Crucificado le hablaba a lo más profundo de su corazón. El escultor
reaccionó recordando aquello de “Dios de Dios, luz de luz” (Credo). Y cuando abrió los ojos no pudo evitarlo: imagen, rostro,
musculatura, sudario, encarnadura, sangre… Las cuerdas se han tensado. Suena el
crujir de la cruz al ser alzada. Los rostros se contraen. Suena un grito
estremecedor en el Calvario “En tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 46).
Por la ventana que hay en
el muro izquierdo de la iglesia, frente a la reja, en la que las hijas de Santa
Clara rezan, una luz tenue la atraviesa. Se oye un ligero murmullo de oraciones
de vísperas. Los siglos van y vienen en la serenidad de la capilla. Allí sólo
Dios basta. La luz se va posando sobre las imágenes, sobre los cuadros, sobre
el interior, alumbrando la oscuridad sin apenas espantarla. Delicada luz en
medio de la calma, sin violentar la penumbra, ni los sentimientos, ni la
dulzura o la fragilidad de lo cotidiano.
Cae
la tarde. Late el Santísimo expuesto. La emoción y el silencio afinan la
penetrante mirada haciendo que todo sea proclamado. La verdad habla dentro del alma sin ruido de palabras. Desde la
reja de la clausura habita la libertad más absoluta de unas mujeres que creen
en Él con tanto realismo y entrega que le han consagrado sus vidas. Ellas son
felices sirviendo a Dios.
¡Pasmo!
La cabeza caída, sus ojos, su boca, las huellas de las espinas de su frente.
Habla el madero, la cruz que lo acoge ¡Pasmo! Carne amoratada, verdosa, cuajada
de sangre, herida y traspasada. Sus pies, aquellos que anduvieron por encima de
las aguas, expresan la tragedia, el dramatismo, el martirio, el derrumbamiento,
el desplome, la muerte.
El soberbio crucificado
preside la tibieza de un lugar hecho a la medida de las plegarias y los
silencios de quienes se acercan a la roca que nos salva, al surtidor, al
manantial de agua viva y fuente inagotable de salvación ¡Pasmo! Solo Él y nadie
más. ¡Pasmo! Tus manos, tus rodillas, tus heridas, tu desnudez, tu costado… “Señor
mío y Dios mío” (Jn. 20,28).
¡Pasmo! Un cuerpo
desplomado desde hace más de cuatro siglos ¡Tantos, Señor! Tanto tiempo
derrotando las escorias podridas de cuantos usan y toman tu santo nombre en
vano. Tantos años pudiendo con la miseria sin amor de aquellos que se apropian
sin merecerlo de tu nombre. Pero Tú puedes con todos. Tú eres más de los
humildes, de los pequeños, de los débiles, de los desanimados, de los
desesperados, de los despreciados, de los maltratados… Tú nos has salvado y
liberado ¡Pasmo! Y expiró.
Ante la carne rendida a la
muerte, vuelvo extasiado a mirarle para decirle que hay tanta vida en su
muerte, que nadie, absolutamente nadie puede dudarlo: “verdaderamente este
hombre era el hijo de Dios” (Mt. 28,55).
Salve, verdadero
cuerpo,/nacido de María Virgen,/que fue inmolado en la cruz/por los
hombres,/cuyo lado perforado/manó sangre y agua,/déjanos degustarte/en el
trance de la muerte./ Oh dulce Jesús,/ Oh piadoso Jesús, oh hijo de María (Ave verum corpus. Himno eucarístico).
Dicen que Juan de Juni
cuando salía del taller sólo pensaba en Él, en la madera, en su forma, en su
anatomía, en la angustia, en el tremendo derrumbe de su cuerpo. Dicen que
cuando comenzó a trabajar, cuando clavó la gubia labrando la madera de pino,
cuando salieron las primeras virutas, susurró: “de la misma naturaleza que el
Padre” (Credo). Dicen que cuando
acabó de tallarlo, en el rejón del desplome, el maestro le quitó una espina de
su corona y proclamó “yo confío en ti, Señor, tú eres mi Dios” (Sal 30,15).
BLANCO SUDARIO
Cuando la tarde cierra los
ojos, cuando la luz se desvanece, antes de que la noche perciba en su espejo un
capirote de antifaz blanco y cera de color tiniebla, conducimos su cuerpo al
sepulcro. Memoria compartida tras la solemnidad de Epifanía, fecha en la que
quedaron escritos los renglones de su fundación, bajo el compromiso de dar
culto a la página evangelizadora del Santo Entierro de Cristo. El tiempo dibuja
y pinta, esculpe y reza, derritiendo la cera que nubla nuestras tristezas,
pretendiendo, a veces, empañar nuestros recuerdos.
Llega primero la cruz de
guía, abriendo paso, escogiendo los recuerdos por el camino más corto, entre la
luz que proyectan los faroles que le acompañan. Con ella viene el primer
nazareno. Lleva túnica negra, antifaz y capa blanca. La cruz de guía pregona su
victoria, porque en esta noche de Viernes Santo, con toda certeza, será
derrotado el aguijón negro de la muerte y del pecado.
Todo es silencio,
melancolía de lo vivido. Blanco silencio de nazareno. Va en el primer tramo,
detrás de la cruz, delante del Senatus. Primer tramo, segundo tramo, tercer
tramo… Tramo del libro de reglas, de la bandera, del estandarte… Infancia,
adolescencia, juventud, madurez y vejez. Cuerpo de hermanos nazarenos. Tramos
que son, ni más menos, que una representación visible de la vida. La estación
de penitencia no es otra cosa que el discurrir de nuestra existencia, buena
nueva que hace el camino hacia el encuentro con la verdad de la vida.
Ahora el nazareno de
blanco silencio, añora el reencuentro con la suave tristeza de un día de
nostalgias, ansiando repetir el rito de la memoria que aprendió, que le
enseñaron y que ha de legar. Allí otra vez en la iglesia antigua, en el revuelo
de capas y apreturas de túnicas recién planchadas, sumido en la solemnidad de
la penitencia y el recogimiento, traspuesto por el olor del incienso, aguarda
paciente la espera. La Palabra, desde el atril, suena a derrota. “Después de
esto, José de Arimatea… fue también Nicodemo… Tomaron el cadáver… como el
sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús…” (Jn. 19,38-42). Una voz desea, ¡Hermanos, buena penitencia! Para
responder ¡Que así sea!
Al abrirse las puertas del
templo sentimos un escalofrío que se injerta en la memoria, el mismo que siente
el primer nazareno de blanco silencio, cuando ahora, nuevamente lo hace y fuera
está la luz de la tarde. Nos bajamos el antifaz del capirote, nos encienden el
cirio, lo ponemos en el cuadril. La suave brisa de un aire tibio nos da a
través de la túnica. La mano derecha la llevamos hacia el antifaz que tiene
bordado un escudo con una cruz y un sudario entre palmas de martirio.
En el exterior nos recibe
un contenido silencio. Un silencio que seduce. Hay paz y emoción, preludio del
dolor de la penitencia, de la belleza de las cosas, de la plenitud de la vida y
de la muerte. A la izquierda, tras caminar algunos pasos, el nazareno percibe
la exacta visión de la grandeza que encierra el paso del Santísimo Cristo
Yacente. Sobria arquitectura, madera, plata y un cuerpo tendido cual yacente
morado lirio, tan muerto que todo a su alrededor convoca y llama a la muerte.
Carne amoratada, sin vida,
velada por la luz fúnebre de cuatro hachones de cera, que nos anuncian el
profundo misterio por el que la luz brilla sobre la tiniebla y ésta lo
entiende, puesto que la
Palabra a la que enterramos tiene vida y la vida es luz para
los hombres, porque Dios es luz sin mezcla alguna de tiniebla. Porque el amor
vence a la muerte.
Presagio cargado de
borbotones de vida que labra y cincela también en sus versos mi amigo, el poeta
José Miguel Santiago Castelo: “Allí está la blancura, la vida que no muere,/ la
eterna sinfonía en voz de claridades…/ pero aquí cada tarde, al volver a la
tierra,/ dejaré que me envuelvan estas rosas naranjas/ que me traen vuestros
nombres cuajados de nostalgia”.
A través del antifaz,
brillan los ojos del nazareno de blanco silencio. Su mirada fija, penetrante,
no pierde detalle. Cae la tarde. Crecen las sombras. El tiempo y la memoria son
las claves en este día sagrado, siendo punto en el que se unen todas las
emociones, anudándose los recuerdos, como el cíngulo que aprieta y ciñe la
túnica, donde apoya el cirio de color tiniebla. “Los cofrades hemos de actuar
como testigos fieles del hecho salvador de la resurrección de Cristo y de su
presencia viva y amorosa entre nosotros; fermento auténtico y levadura nueva en
la masa”.
Desde el antifaz, el
nazareno observa cómo transcurre la estación de penitencia. Golpea el llamador,
crujen las maderas, se hermanan los hombros de los costaleros, brilla la plata,
sangran los claveles y lanzan cera líquida los hachones ante el misterio de la
muerte, ante el silencio de una boca muerta, bajo la luz apagada de los ojos,
mostrándonos el costado abierto por donde se le fue la vida.
Mientras, al fondo, a lo
lejos, produce escalofríos el sonido de la marcha “Amargura”, que llevan al
nazareno de blanco silencio al otro misterio, al dolor de una madre por la
muerte de su hijo. Virgen prudente y discreta, enjugando sus lágrimas por el traspaso
de sus dolores. Su cara, prodigio de belleza, es dulzura, serenidad, paz, de la
que estamos tan necesitados, haciéndonos comprender el testamento heredado: “acuérdate
de la hora en la que me nombró Jesús tu Madre y protectora desde el árbol de la
cruz” (Canto, Sálvame, Virgen María).
Y así siempre, durante
cuarenta y seis Viernes Santo de blanco silencio. Os puedo asegurar el
desasosiego en la esperanza que sentimos rememorando el dramático momento del
entierro de Cristo. Os puedo asegurar lo bien que sabe y suena, a solas unas
horas con Dios, un Padre Nuestro, bajo el luto de una túnica negra y un antifaz
blanco. Blanco de cal, de casa limpia y honrada. Blanco de paño de altar.
Blanco como el silencio hondo de nuestros sagrarios. Blanco como las tocas de
las hijas de madre Santa Clara. Blanco de sudario de una tarde de Monte
Calvario.
NUESTRA
MADRE
Aquí
me tienes, Madre. Pasan los años y sigo queriéndote. A veces soy tan imprudente
que quiero acapararte solo para mí, como si nadie pudiera amarte. Tú sabes de
mis devociones y yo de tu ilimitada disponibilidad. Mis debilidades y
desasosiegos me siguen golpeando. Por ti se me llena la boca de rezos y
plegarias. Porque tú lo puedes todo, sin pecado concebida. ¡Bendita
seas, Madre! Y, apenas, sin tardanza,
me llega su respuesta, “Permanece conmigo, y yo te llevaré a Él”.
Hermanos cofrades, amigas
y amigos todos, permitidme que os hable de María, mi madre, que también es la
vuestra. Rosario, Piedad, Dolores y Soledad. Señora del silencio, del amor y de
la entrega. Señora de la palabra recibida y de la palabra empeñada. Señora de
la paz y la esperanza. Mar de confianza que arriba siempre al puerto de la
vida. Bandera de la ternura que ofrece
siempre segundas oportunidades, interminables amaneceres e inagotables
reencuentros.
Hermanas
de Ntra. Señora de los Dolores, os felicito por haber sido aprobados vuestros
Estatutos que marcan el compromiso evangélico de dar culto a la Santísima
Virgen, aunque de facto ya lo practicabais. Demos gracias porque lleváis más de
dos siglos combinando discreción y veneración, devoción e intimidad, sencillez
y armonía, delicadeza y culto, fidelidad y amor.
Vuestras
predecesoras supieron, a pesar de los siglos, custodiar celosamente ajuar y
enseres de manera impecable. En los libros que guardáis de la Santa Escuela de
María, hermosea un corazón dibujado, traspasado por siete espadas, tres clavos
y un Ave María, con una leyenda que condensa el aprovechamiento espiritual que
rezuma y desprende la Señora, “Yo soy el corazón de María, tu Maestra. Si me
amas, ya resuelta, te alcanzaré el perdón de tus culpas y pecados. Con Jesús mi
enamorado deja la vida pasada y mira como reflexión que fue triste y amarga de
mi hijo su Pasión”.
Vuelan,
nuevamente, raudos los recuerdos. Aún cabe un breve espacio, tras un
solemnísimo entierro, ante tanto desvarío producido, correr junto a aquella
otra criatura que nos ama, en el amor del Hijo hasta el extremo. “Stabat Mater
dolorosa, iuxta crucem lacrimosa” (La Madre piadosa estaba, junto a la cruz y
lloraba). Valiente el gesto que congrega a la mujer junto a la Madre en Soledad
formando concurrido, enternecedor y solidario cortejo con San Juan y María
Magdalena.
Pregono
los dolores de una Madre que acababa de recibir la misión de ser
madre de toda la humanidad. Ella que todo lo soportó, que todo lo aguantó,
alimentándose de la fe y de la confianza en Dios. Que ella nos ayude a mirar
las cruces de este mundo Que ella nos ayude a trabajar para que jamás ninguna
madre tenga que mirar a su hijo crucificado.
Que nos ayude a curar las
heridas de la vida. Que procure salud para nuestros enfermos, socorro a los
necesitados, a los que sufren, a los discapacitados, impedidos y desahuciados.
Dignidad para la mujer. Fortaleza, aliento y compañía para la soledad y el
abandono de nuestros ancianos. Escucha, Madre, la voz de los desesperanzados.
Ánimo para no arrugarnos a dar testimonio de nuestra fe y de nuestro compromiso
cristiano. Evangelizar, evangelizar y evangelizar. Despierta, Madre, vocaciones
sacerdotales; tú lo sabes, estamos tan necesitados.
Llamo de nuevo a la
memoria en este instante que pide e implora. Allí, frente a la cama y al lado
contrario del ropero, estaba la vieja cómoda. En ella una mariposa navegaba en
el aceite alumbrando día y noche varias estampas y una capillita de madera bajo
la advocación de la Sagrada Familia.
En la noche del Viernes
Santo cuando acompañemos a Santa María de los Dolores en su Soledad, pensemos
en el ejemplo que dio ella como madre en el seno de una familia. Porque la
familia será siempre el santuario de la vida, la escuela de las mejores virtudes humanas y cristianas, el lugar
sagrado donde aprendemos la difícil asignatura de la vida, “amar y ser amados”.
Reconoced conmigo que lo más imprescindible es el hogar, que las personas más
necesarias son los padres, que los mejores profesores son los niños y que la
cosa más bella: es el amor.
María
rompe la letanía de sus tristezas ante la alegría que manifiestan los cantos
populares que compusieron estas estrofas antes de que barrunte el día “Y
adelantando la hora/ le salió el Sol a la Aurora/ lleno de luz y alegría.
/Radiante quedó María/ viendo el Sol de los fulgores/ ¡Aurora del Sol divino!,
/ruega por los pecadores”.
ALMÍBAR
DE LA ESPERANZA
Ya
cercana la espléndida jornada, el día del sábado, rememoramos, las airadas
voces, los gritos, los silencios, apenas pregonados, todavía un tanto
cabizbajos. Pero, como después los de Emaús sintieran, sentimos prontamente
cosquilleos, alas al corazón y sonido luminoso de campanas. Corremos, invitados
al templo de nuevo. Solemnísima y angélica pregona la liturgia, en la hora que
apunta a clara luz de madrugada, simbolizada en el ardiente cirio la irrupción
de la vida en todo el universo.
Vigilamos
y aguardamos el retorno del Rey victorioso, meditamos, todavía entre tinieblas
las maravillas que Dios ha obrado a favor nuestro. Alumbrados con el fuego
nuevo, que guía y caldea a los que escapamos del Egipto del pecado, nos
sumergimos en las aguas primordiales del Bautismo, para lavar las heridas de la
culpa de Adán. Revestidos, así, con blanca vestidura, cenaremos la Pascua
eterna de la Eucaristía, antes de que el lucero matutino derrame su claridad
sobre el corazón del mundo, en la noche más dichosa y feliz.
Busco y voy a la mañana
más luminosa de todas las posibles. Acudo a los sentimientos resucitadores ¡Es
Pascua! “No está aquí”. “Allí le veréis...”. Adormilado y aturdido llega la
noticia que derriba, desploma y destroza interrogantes, traspasando hipótesis.
Rezuma en la aurora el almíbar de la esperanza, “Paz a vosotros” (Jn. 20,19).
Voltean las campanas. El
tiempo y la memoria se unen buscando las emociones. Vuelven los orígenes en
busca de la huella dejada en el alma. En la mañana del Domingo de Resurrección
la alegría es palpable. El bronce y el
metal dan cuenta de una alegría no retenida, que antaño se manifestaban a
través de esquilas, campanas y campanillos, reflejada en el gozo de la
chiquillería en carreras y animados saltos. Hasta los pequeños corderos eran
engalanados, porque el que fue llevado al matadero, había abandonado la
oscuridad del nicho.
Y sigue permaneciendo el
ritual feliz y antiguo que acoge el mayor gozo que cabe para una madre al poder
encontrarse de nuevo con su hijo. Con el que había sido descoyuntado y
traspasado. Aquí, siempre aquí, en los territorios del paseo, en la plaza,
donde se viven los sucesos, el pueblo en su hondura y sabiduría proclama cada
año que el Señor ha resucitado.
Aunque
reconozcamos nuestra fe débil, poco comprometida, casi diríamos de evasión. Nos
falta la fe de la Pascua que nos transforme, que nos renueve. Por eso, casi
instintivamente, seguimos en una postura de Semana de Pasión. La invitación a
la Pascua, que se realiza con la fuerza del Espíritu, no nos supone demasiado
atractivo y seguimos pensando equivocadamente que la hora no ha llegado.
Así
lo expresa en su exhortación apostólica Evangelii
Gaudium, el Papa Francisco, “Hay
cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. Y el apóstol
San Pedro, en su primera carta, nos anima, “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro
Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de
Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo, para una
esperanza viva” (1 Pe.1,3).
VENID
TODOS
Ahora
debo callar, que es lo prudente, aunque debo dar las gracias más sinceras a
Santiago Fernández Rodríguez, quien en nombre de la Junta de Cofradías y
Hermandades de penitencia me pidió que pregonara nuestra Semana Santa.
Invitación que no podía rechazar, porque ha supuesto un honor el prestar un
servicio a nuestras comunidades, a sus cofradías y hermandades; y porque no
podía faltar a la promesa dada al testamento que en su día una madre dejó a su
hijo, “Anda siempre con las cosas de Dios. Confía en Él. Y rézale siempre a la
Santísima Virgen de Barbaño”. Recibid mi más expresivo agradecimiento a quienes
habéis venido y habéis puesto oídos a mi voz de pregonero.
Pero
antes de pasar al silencio permitidme que haga una llamada para
que vengan todos, absolutamente todos, a vivir y celebrar la Pasión, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor.
Venid,
cielos azules, geranios, rosales, pilistras y albahacas, y niños con olivos de
ramitas plateadas. Venid, muros del convento, azulejos y bronce en su espadaña,
faroles de las esquinas, paredes por Santa Ana, para que acoja la inmensidad de
los ojos de una virgen derramando en su Piedad, lágrimas. Venid, cristales de
los escaparates de la Avenida, en los que se reflejan y miran los estandartes,
las insignias, los nazarenos, las negras mantillas, y la luz de los cirios del
Jueves Santo.
Que
venga el seco sonido de los llamadores que golpean los capataces al que
obedecen los costaleros que levantan los pasos.
Venid,
adoradores nocturnos de la vigilia del Jueves Santo, sacad vuestros rituales,
y, delante del sagrario, rezadle al Amor de los Amores. Venid, olores y sabores
a bacalao rebozado, a pestiños, a torrijas bañadas de miel, vino y canela.
Venid roscas de Pascua. Venid, marchas procesionales, Amargura, Jesús Preso,
Hermanos costaleros, Nuestro Padre Jesús, Adoración y la Saeta.
Que
vengan las películas que en este tiempo se proyectaban: Los diez mandamientos,
Barrabás, Quo Vadis, Ben Hur, Rey de Reyes, las Sandalias del Pescador y la
Túnica Sagrada. Venid, brezo, claveles, gladiolos, rosas y lirios que adornáis
nuestros pasos. Venid, capirotes, túnicas planchadas, nubes de incienso, cera,
mantos bordados y cíngulos de seda. Que venga el Senatus, símbolo del poder de
Roma, que procesiona en el cortejo fúnebre de la tarde del Viernes Santo.
Venid,
largos quejidos que os desangráis por el cante hecho oración que dicta una
saeta, “Virgen de la Soledad/no tengas
pena ninguna/que tu hijo resucita/entre las doce y la una”. Venid, puertas
y balcones de las casas en los que se conmemora la pasión y muerte según
Montijo, porque aquí todos los años soñamos con la resurrección y la esperanza.
Porque
Cristo sigue resucitando cada vez que nos queremos, curamos una herida, cuando
abrimos y ofrecemos nuestras manos, compartimos con el otro, cargamos con el
prójimo, perdonamos, damos lo que tenemos, levantamos al caído y marginado,
acompañamos una soledad, enjugamos una lágrima, sembramos alegría, cultivamos
esperanza... Cada vez que oramos en Espíritu, y en Espíritu gritamos,
“Salimos de la noche y estrenamos la aurora,
saludamos con gozo a la luz que llega, que anuncia, que canta, proclama y
pregona. Es tú luz, Señor. La luz del alba triunfante resucitada y
resucitadora”
Amén.
Aleluya, Aleluya, Aleluya. He dicho
2013 Manuel Pérez
Cirión
Antes de comenzar estas palabras que
quieren reflejar y recoger el misterio grande de la Pasión de Cristo, le canto
a María y unidos a vosotros nos ponemos en sus manos divinas con este
preciosísimo himno litúrgico de este tiempo de Cuaresma:
“Dame
tu mano María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero
ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame
que te restañe
ese llanto cristalino,
y, a la vera del camino,
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué
lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
" No, mi niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna"
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel!
PRESENTACIÓN
De la exuberante tierra fértil de las
Vegas Bajas del Guadiana, de su capital Montijo, fuente de cristianos, que
vigila, inquieta y penitente, las claras del Domingo de Ramos para echarse a la
calle, me habéis traído aquí para que pregone la Semana Santa, aunque yo no soy
pregonero, y lo siento. Y no es tarea menuda, créanme.
Sres. párrocos de San Gregorio y San
Pedro y demás sacerdotes, Sr. Alcalde y Corporación Municipal de Montijo,
Concejal de Cultura y demás autoridades, Hermanos de Hermandades, Cofradías y
Asociaciones, Hermanos Mayores, Hermanos y Hermanas cofrades, Señores y
Señoras.
Buenas noches y gracias.
Gracias a la Junta de Hermandades y
Cofradías por reconocer en mi persona a alguien digno de pregonar las fechas
más significativas de la comunidad cristiana montijana. Ellos verdaderos
hermanos y amigos, me iniciaron en nuestra Semana Santa.
Sólo intentaré descubrir brevemente que
habrá de Sobrenatural detrás de las manifestaciones de piedad de nuestra Semana
Santa, y que habrá de Divino en las Cofradías y Hermandades de Penitencia:
La de Jesús Salvador de los Hombres, la
de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, la del Santísimo
Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, La Vera-Cruz, Santísimo
Cristo Yacente y Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora de la Soledad y
la de Jesús Resucitado.
Juntos vamos a recorrer el camino que
Jesús vivió en aquellos últimos días de su vida terrena - extendidos a lo largo
de nuestra Semana Santa - aunque su camino hacia la Cruz comenzó en Belén. Así
se lo expresó Juan Pablo 11, cuando convocó a los jóvenes en el vigésimo
Encuentro Mundial de la Juventud. Estas fueron sus palabras:
"Recorriendo con fe el itinerario
del Redentor desde la pobreza del Pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos
mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad."
Y es que nosotros, en palabras de San
Pablo:
“Predicamos a un Mesías crucificado,
un Mesías que es portento de Dios y
saber de Dios,
porque la locura de Dios es más sabía
que los hombres v la debilidad de Dios,
más potentes que los hombres", L
Corintios i 2325
Con esta actitud de fe, en este año que
el Papa Benedicto XVI ha proclamado "Año Mundial de la Fe", debemos
vivir con más ilusión nuestro camino cristiano, hemos de asistir a las
celebraciones y recorrer los pasos de nuestras Cofradías y Hermandades, que nos
acercan a los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Porque los cristianos tenemos conciencia
de que la fe en la resurrección de Jesús es el corazón mismo de la fe. Todos
nosotros debemos tener conciencia clara de lo que es la fe, pues "si
Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana nuestra fe", como
escribía Pablo de Tarso a los cristianos de Corinto: Sólo la resurrección de
Jesús fundamenta v da sentido a nuestra fe cristiana.
En nuestra Diócesis Pacense, hace veinte
años tuvimos un anticipo en el Sínodo Diocesano (año 1992). Descubrimos el mapa
que nos indicó el camino a recorrer para ser cristianos comprometidos, y ser
iglesia en el mundo. En este mapa encontramos las coordenadas que nos
orientaron en la profundización de nuestra Fe y la reorganización de todas las
actividades de la Iglesia tanto para los creyentes comprometidos, como para los
alejados.
Participamos en él María Arrobas y yo
como representantes de las Comunidades Parroquiales de Montijo. Fue para
nuestra Iglesia una orientación en nuestra Fe y organización de todas sus
actividades y para nosotros además una experiencia maravillosa.
DOMINGO de RAMOS
Bendito el que viene, en nombre del
Señor
Comencemos contemplando antes de los
misterios de dolor, a Jesús el Hijo de David.
DOMINGO DE RAMOS. Estaba ya anunciada.
“Su entrada triunfal en Jerusalén "
El Mesías sería entronizado entre
vítores y signos de bendición.
Cuando entró en Jerusalén, toda la
población agitada preguntaba: ¿Quién es este? Y la multitud contestaba: "Es
el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
¿No será acaso verdaderamente el nuevo
David?
¿No habrá llegado la hora en que ÉL restablezca
el reino de David?
En Jesús se cumple esta escritura. Pero
se cumple solo en parte, no es una procesión triunfal, sino pacifica. No es
grandiosa, sino humilde; no es universal, sino de los pequeños. Procesión de
cantos de alabanza y Hosannas a Jesús el Rey. Viene en trono de burrito manso.
Cuando todo el cuerpo dirigente judío - el
Sanedrín - ya se había confabulado para dar muerte a Jesús, el pueblo sencillo
- sin dejarse en esta ocasión manipular por el poder- se levantó en cantos de
alabanza y gestos de adoración - entre palmas v olivos - ante el paso de Jesús
que entraba montado en un pequeño asno en la ciudad Santa de Jerusalén. Abre
este paso de misterio la Semana Santa montijana. Esta entrada solemne de Jesús
en Jerusalén, como Mesías es una victoria.
La victoria de la paz sobre la violencia
humana. Se anuncia la paz y se apuesta por la mansedumbre.
La victoria de la humildad sobre las
grandezas humanas. Se prefiere a los pequeños y lo pequeño
La victoria de la alegría sobre las
tristezas humanas. Se desborda el entusiasmo que viene de Dios. "Me alegro
en Dios mi salvador.
La victoria de la esperanza sobre el
desencanto humano. Se acoge y bendice la utopía.
En definitiva la victoria de Dios sobre
las miserias humanas. Dios viene al encuentro del hombre para anunciarnos su
amor y salvación. Es el triunfo del Dios Humilde. Este Rey manso y pacífico
llega a nosotros. Viene con el regalo de la paz.
Es Jesús Nazareno, el Rey bendito, que
se acerca en el nombre del Señor; salgamos a su encuentro llenos de amor. Hasta
las mismas piedras dan hoy gritos, que es el día del triunfo salvador, pongamos
a su paso mantos y ramos de olivos.
San Lucas nos hace un pequeño apunte:
“Algunos fariseos entre la gente dijeron
a Jesús: "Maestro, responde a tus discípulos". El replicó: "Os
digo, si estos callan, gritarán las piedras...",
La Liturgia nos lo recuerda con el
canto:
"Los niños hebreos, llevando ramos
de olivos, salieron al encuentro del Señor, aclamando: "; Hosanna en el
cielo!'; bendito el Reino Que llega...! ¡Viva el Altísimo!
Y es que el pueblo intuyó que las
palabras del profeta Zacarías - recogidas por San Mateo - adquirían su
verdadero cumplimiento:
Decid a la hija de Sión:
“...mira a tu Rey que viene humilde, a
ti, montado en un asno, en un pollino,..."
COFRADIA DE JESÚS HOMBRE SALVADOR
La Cofradía, los primeros datos que
tenemos datan del año 1981, se organiza la procesión haciendo el recorrido por
el atrio de San Pedro, con la colaboración de personas voluntarias y un pequeño
grupo de niños vestidos de hebreos. En el año 1987 se crea una Comisión
Gestora, constituida por los costaleros de la imagen, se saca por primera vez
el paso de " la Burrita" y desde entonces se empiezan a redactar los
Estatutos de la Cofradía...
Esta mañana de Domingo de Ramos, mañana
primaveral de marzo. El pueblo de Montijo se apresura a levantarse, porque
comienza la Semana Santa, la Semana Mayor del año 2013. Mayores y, sobre todo
jóvenes y niños van a acompañar a "Jesús Salvador de los Hombres" a
su paso en "la Burrita". Ellos también se abren a Jesús de Nazaret - con sus palmas blancas v ramos de olivos -,
llevando como hábito: túnica blanca; antifaz verde con el escudo de la Cofradía
bordado, cíngulo de seda verde y guantes blancos.
El recorrido, este año en la Parroquia
de San Pedro comienza la celebración litúrgica del día, con la bendición de las
palmas y ramos de olivo y la lectura del evangelio, a continuación en procesión
nos dirigimos a la Parroquia de San Gregorio donde continuamos con la
Eucaristía. Durante el trayecto de la procesión vamos acogiéndolo con Fe, como
a Dios; con Esperanza, como Salvador; con Amor, como el que se entrega por
todos.
El pueblo canta cantos de alabanza y
hosannas:
“¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor! ¡Hosanna!
CONTINUAMOS CON EL LUNES Y EL MARTES SANTO
Continuamos en el Lunes y Martes Santo.
Jesús nos sigue llamando a la conversión y a la oración. La propuesta de Jesús
de Nazaret es apasionante: "El Reino de Dios está cerca; convertíos y creed
en la Buena Noticia. (Mc. 1,15).
Esta llamada a la conversión resuena
durante toda la predicación de Jesús: "No son los sanos los que tienen necesidad
de médico, sino los enfermos. Y no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores
a que se conviertan". _ (Lc.5, 31-32). También se nos recuerda:" Y si no os convertís, todos pereceréis”.
fLc.13,3).,
Sin embrago, al mismo tiempo, en la
parábola del hijo pródigo, Jesús expresa toda la alegría de Dios por la
conversión del hombre, nos hacemos hijos reconciliados, como el hijo pródigo.
En Él podemos experimentar lo que es un cambio radical en la vida, recuperar
una y otra vez, por el amor del Padre, una vida de hijos. En Él nos hacemos
hermanos y somos invitados a trabajar por la fraternidad y la reconciliación.
La conversión no afecta sólo a las
personas, sino también a sus relaciones humanas y sociales,...
Por tanto en este tiempo de cuaresma,
tiempo de conversión, debemos de tener más presente: nuestras limosnas, ayunos
y oraciones
Para tal fin nuestras Comunidades han
dedicado el lunes y martes, a nuestra conversión, si no lo hemos hecho a lo
largo de toda la Cuaresma; ya el Miércoles de Ceniza nos dijeron:
"Convenios, y creed en el Evangelio".
Convertirse es decidirse por Dios. Es
una elección radical en el modo de pensar y de vivir. Es liberarse de todo lo
que condiciona la existencia y no la deja crecer y madurar en plenitud; es
liberarse de todos los ídolos que esclavizan al hombre: el dinero, el poder, el
prestigio,...
Este caminar de Jesús en entrega total y
generosa para salvarnos, lo nuestro debe ser una respuesta de fe y abrirnos a
su amor y a su perdón. Principalmente en este año dedicado a la fe que el Papa
Benedicto XVI nos ha encomendado: que mimemos nuestra fe.
MIÉRCOLES SANTO. COFRADÍA de NUESTRO
PADRE JESÚS NAZARENO
y NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD
Nuestra Cofradía fue fundada en el año
1941 por iniciativas de los presos que se encontraban durante la Guerra Civil
en el convento de las clarisas. En aquel año, era la primera y única que
realizaba Estación de Penitencia, siendo por tal, la primera en sacar hermanos
penitentes encapuchados. Destaca de la Cofradía, las dos imágenes que posesionan
en el primero de las pasos. Jesús Nazareno, talla de estilo barroco, del siglo
XVIII, cuenta entre sus elementos históricos, el que ha sido titular del que
fuera hospital ermita del mismo nombre. Hoy procesiona con otra imagen, la de Simón
Cirineo de no menor valor artístico.
En el segundo de los pasos, aparece la
imagen de Nuestra Señora de la Piedad, donada al convento de las clarisas en el
año 1752. A la altura de los años setenta fue restaurada, y hoy luce vestido
blanco bordado en plata y manto de terciopelo verde.
Jesús carga con la Cruz.
Vamos a acompañar a Jesús llevando la Cruz
y a María su madre.
Los pasos de la Cofradía de Nuestro
Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, son llevados por nuestros
jóvenes en silencio y recogimiento profundo, y contemplado por el pueblo que le
sigue en la misma actitud.
Somos Cofrades y queremos seguir
creciendo espiritualmente. Para ello seguiremos insistiendo en la práctica
frecuente de los sacramentos, en caminar al mismo ritmo que nuestra parroquia,
y en la que debemos sentirnos cada vez más integrados. Participamos en los cultos
parroquiales, pero ha de ser mayor nuestra participación, no una obligación
para los cofrades, sino una necesidad de alimento espiritual y de meditación,
en la cercanía de los momentos que nos aprestamos a revivir.
Desearnos ánimo a todos. La crisis, aunque
dura y prolongada, pasará, lo que no debemos es dejar vencernos por una crisis
espiritual.
'Ojalá
que los jóvenes que lo llevan y todos los que le
acompañamos
sepamos transformar nuestra vida vieja, ajada
,agostada... en vida nueva, llena de amor y de verdad!. Y, con la Iglesia,
desde
lo hondo de nuestro corazón digamos:
"Oh
rostro ensangrentado de Cristo, el Señor.
Cabeza circundada de afrenta y de dolor.
Contritos contemplamos tu pena y tu aflicción.
Acoge nuestro llanto: ¡Oh Cristo Salvador!
Extiende por el mundo tu Reino de bondad.
Las puertas del abismo no prevalecerán.
Seamos los creyentes testigos de tu amor.
Acoge nuestro llanto: ¡Oh Cristo Salvador!
Y, Juan Pablo II, les dijo a los jóvenes
y a todos nosotros en la XX (Vigésima) Jornada Mundial de la Juventud:
"¡ No creáis en falaces ilusiones y
modas pasajeras!. Rechazad las ilusiones del dinero, del consumismo, de la violencia
que, a veces, ejercen los medios de comunicación. La adoración del Dios
verdadero - encarnado en Jesús - constituye un auténtico acto de resistencia
contra toda forma de idolatría. ¡Adorad a Cristo!: El es la Roca sobre la que
construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario... ".
Y nos vamos en silencio a nuestras
casas...Y, desde nuestro mundo interior, vamos preparando toda la intensidad
que se nos avecina...Vamos a comenzar el Triduo Pascual con palabras profundas
de San Pablo:
“Nosotros
hemos de gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo:
En éL está nuestra salvación, vida y resurrección;
Él nos ha salvado y libertado "(Gálatas, 6, 74).
JUEVES SANTO INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTIA
Y llegamos al jueves Santo: día de la
institución de la Eucaristía, día del Sacerdocio y día del Amor Fraterno.
Jesús la víspera de su muerte cenó con
sus amigos, era la comida más solemne del año y en ella el Maestro se despedía.
Se acababa el tiempo y había que hacer síntesis de lo que durante varios años les
había querido enseñar: el amor. Pocas horas después iba a morir. Su cuerpo se
iba a romper, su sangre se iba a derramar...todo por amor. Todo por amor y para
enseñar a amar. Tomó el pan y dijo: " Tomad, comed este pan, es mi cuerpo
que se entrega por vosotros..."No os dais cuenta” El sentido de mi
entrega, de que se parta mi cuerpo es alimentaros a vosotros, para que también
vosotros entreguéis la vida por los demás. "Tomad,
bebed de este vino, es mi sanqre que se va a derramar por vosotros..."para
que vertáis la vuestra en favor de los demás..." Entrega por amor. Porque
todo lo que no se da se pierde.
También dijo: "Haced esto en
conmemoración mía",,
institución del sacerdocio.
Lava los pies a los apóstoles: acto de
servicio y de amor.
Día del Amor Fraterno, Día de Caridad y
Día de Cáritas; en este año que se celebra el 50 aniversario de la fundación de
Cáritas en nuestra Diócesis. Jesús en toda su existencia no ha dejado de dar
testimonio vivo del amor de Dios hacia los hombres y nos ha hecho partícipes de
ese amor: El amor con el cual ha amado está
con ellos como también yo estoy con ellos".
Él acababa de decir en la cena: " La
paz os dejo, mi paz os doy,..No os la doy como la da el mundo”. Porque la paz
de Cristo no viene impuesta por el poder, por la fuerza, por la violencia de
las armas,...sino que nace del corazón, nace de sentirnos hijos de Dios...Así
lo proclamó Jesús: " Dichosos
los portadores de la paz,
porque serán llamados hijos de Dios..."
Jesús ha hecho de su amor un mandamiento:
"Amaos con una medida como yo os he amado”.
El Papa Benedicto XVI nos lo ha dicho de
manera bellísima en su Encíclica: "Deus
caritas est." - "Dios es amor".
COFRADÍA SANTÍSIMO CRISTO de la AGONÍA y MARÍA SANTÍSIMA DE los DOLORES
Cofradía fundada en 1966, año en que
fueron aprobados sus Estatutos. Su hábito: Capuchón rojo con escudo, túnica
negra, cíngulo de esparto. Guantes blancos y calzado negro.
Sale la Estación de Penitencia de la
parroquia de San Pedro Apóstol con las imágenes del Cristo de la Agonía y María
Santísima De los Dolores.
En nuestro caminar por la Semana Santa
después de haber vivido los Santos Oficios de la cena del Señor- vamos a
procesionar al Cristo de la Agonía clavado en la cruz. La imagen serena, movida
por costaleros nos quiere recordar la paz que debemos llevar en nuestro
corazón, si queremos ser transmisores de paz, amor,...
i Qué fácil es admirar tantas cruces tan
bien labradas! i Qué fácil adorar, extasiarse y llorar ante cruces y Cristos de
hace dos mil años l
Por eso decimos:
"Hazme una cruz sencilla
carpintero...
sin añadidos ni ornamentos...
que se vean desnudos los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra, el
astil disparándose a los cielos. Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos._
sencilla, sencilla,...
Hazme una cruz sencilla
carpintero".
Siguiendo al Cristo de la Agonía va la
imagen de María Santísima de los Dolores, porque junto a ella podemos vivir la
esperanza del que sabe que " después
de la Cruz! viene la Luz,
viene la Vida..." Por eso a ella le decimos con todo cariño a nuestra
Madre en el dolor: " Santa María de la Esperanza, del
Dolor...mantén el ritmo de nuestra esperanza...".
Y a ese Jesús que hemos comulgado en la
Eucaristía y, ahora, contemplamos en la Cruz, le decimos:
"
Te veo, Jesús, realizar gestos de ternura y de servicio.
Te contemplo y aprendo a servir a Dios y a los hombres...
Te escucho, Jesús: te vuelves al Padre,
después bendices el pan y el vino, y lo compartes con los hombres.
Te escucho y deseo convertirme yo también
en pan y vino para los demás.
Tengo hambre, Jesús , de conocerte mejor,
de rezar mejor, de unirme más a Ti.
LA PASIÓN DEL SEÑOR
Señora de los Dolores que anuncia la
nueva semana Santa. Señora bendita, madre nuestra, entró en la Pasión de su
Hijo desgranando contigo los misterios dolorosos del Santo Rosario:
LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE LOS
OLIVOS
Comienza la pasión orando. La oración es
diálogo, es entrega, es confianza y ternura, es abrir el corazón y dejar que
Dios entre en mi. ¡Velad y orad para no caer en la tentación!.
¡Triste está mí alma hasta la muerte!. Jesús
tiene un corazón apasionado. Ha manifestado a sus amigos un amor intenso hasta
la muerte. Pero llegó la noche y entraron las tinieblas en su corazón inmenso.
Sólo queda un recurso: oración. Orad, ¿no podéis orar?. Si la oración la
necesitamos como el agua, como el aire. Dios se hace presente en nuestra vida.
'Señor tú nos enseñaste a orar!
Continúa este misterio de dolor en la
entrega del amigo con un beso. Y Judas se acercó muy cauteloso, llevando la
traición a tal exceso que mató la amistad con fuerte beso. El beso de Judas sonó
como un cuchillo que se clavó en el alma de Jesús. El alma de Cristo sigue
siendo traspasada ¿Quién puede contar los besos traidores?¿Quién puede contar
tantas traiciones?
Después vinieron los golpes, las
espadas, las cuerdas, el prendimiento. Son también injusticias y ultrajes a la
dignidad de las personas.
En la serena noche de primavera, Jesús
velaba el sueño de discípulos diseminados por la tierra. Pensó que igualmente
temblarían en las manos de Judas las monedas. Y Jesús pensó ¿Dónde está Dios
que se aleja tanto de la tierra? y llegaron a por él ¿Eres tú Jesús?, soy yo. Y
Jesús prendido caminaba. Maniatado, ensangrentado, sin fuerza, es mi Cristo, su
mirada rendida en el suelo, ¡oh Jesús despreciado de Herodes! no te olvides de
nuestros desprecios, porque somos también pecadores, te pedimos perdón y
consuelo.
LA FLAGELACIÓN DEL SEÑOR
La pena de la flagelación era tormento
romano, barbarie de un pueblo civilizado. Se castiga duramente a Jesús.
Latigazos con látigos de cuero que desgarraban al castigado. Allí estaba Jesús
flagelado, ofrecí mi espalda a los que me la golpeaban. Aguanta. sereno. Los
jefes judíos han juzgado y condenado a Jesús por blasfemo. Es un blasfemo por
decir que Dios ama a todos los hombres por igual; por afirmar que Dios está a
favor de los pobres; por proclamar la justicia, la igualdad y la fraternidad;
por anunciar que el Reino de Dios ha llegado y en el las prostitutas y los
pecadores llevarán la delantera; por gritar a los cuatro vientos que el que
quiera entrar en el Reino tiene que empezar a actuar como digno hijo de ese
Padre que ama incondicionalmente a todos...
Pilato debía condenarlo. "Se ha
proclamado Rey". le dicen, y el romano manda azotarlo para acallar a
aquella gente, sin encontrar en El ninguna culpa. Había intereses de por medio.
Jesús incomoda, cuestiona la forma de vivir de aquellos hombres y está
estorbando.
CORONACIÓN DE ESPINA
Vamos subiendo en dolor. Está la lumbre
encendida y tiene fuego de brasas. El castigo se convirtió en burlas y en
desprecios. Es el Cristo coronado. Cuerpo agotado, mirada baja, rostro
tranquilo, y abundante sangre. ¡Cómo iba a ser rey sin corona!. Y se improvisa
una con la planta de pinchos que crecía en la pared. ¡ Le falta cetro y manto!.
Sin problemas una caña y un trapo. ¡ Este es el rey !. Risas, salivazos,
bofetadas,...Jesús, Dios-hecho hombre, en manos de los hombres.
En Cristo coronado están todos los
humillados y destrozados por las mano ensangrentadas de la violencia, de los
maltratos, del terrorismo, de los fanatismos y de las guerras. procesionamos en
el Coronado a los humillados por las manos de un sistema de bienestar que no
ofrece ayuda a quien pide de comer o cubrir sus necesidades básicas o por las
manos de una sociedad en crisis pero consumiste que humilla en la cuneta a
quien no llega a final de mes. " Lo que hicisteis a uno de mis hermanos a
mí me lo hicisteis
dijo Jesús.
JESÚS CARGA CON LA CRUZ CAMINO DEL
CALVARIO
Jesús toma la cruz. La carga porque
siempre está cargado con ella. Camina hacia el calvario y en su cruz lleva las
nuestras.
Para nosotros la cruz que Jesús porta,
es camino de salvación. Sí, porque la cruz, la verdadera cruz, la Vera-Cruz es
salvadora.
Nuestras cruces, las de cada día, las de
la vida, también pueden ser falsas o verdaderas, si no somos capaces de
descubrir en medio de ellas a un Dios cercano que nos invita a creer y a vivir
desde el amor en medio del dolor. Las cruces que la vida nos trae serán
verdaderas, como la de Jesús, si las vivimos desde el amor y nos acercan, aún
en el dolor, más a los demás y a Dios.
No va sólo Jesús, le sigue todo el
pueblo, Montijo entero, con sus cruces , con sus dolencias, esperando siempre
el gran milagro. Que el milagro sea no perder el tesoro de la fe a pesar de
todas las caídas y todas las dudas.
Ya en el Gólgota ha dejado la cruz.
Despojado de sus vestidos , lleno de humildad y paciencia, llega como un
derrotado y sin que el mundo lo haya comprendido. Tremenda soledad la suya en
medio de un pueblo cobarde.
LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR
JESUCRISTO
Llegados al lugar del Calvario,
crucificaron allí a Jesús y a los malhechores...Jesús decía:" Padre,
perdónales, porque no saben lo que hacen. (Lc.23,33-34).
Fueron tres largas horas de agonía.
Innumerables los tormentos físicos, provocados por los clavos, las espinas, las
fiebres, la sed...Enormes los sentimientos morales, por la vergüenza, la
humillación, el fracaso, la duda. Misteriosos sufrimientos espirituales, por la
crisis interior y el aparente abandono del Padre. El amor se está consumando.
Cristo se está ofreciendo al Padre en
sacrificio. Es el cordero inocente que carga con nuestros pecados. Es el
sacerdote santo y la víctima perfecta. Cristo está celebrando su misa.
Jesús pronuncia sus últimas palabras.
*i Perdónales Señor porque en verdad no
saben lo que hacen! * Estarás conmigo en el paraíso
*i He ahí a tu hijo ! 1 he ahí a tu
madre !
*i Dios mío porque me has abandonado !
*! Tengo sed !
*. Todo se ha consumado !
*i Padre en tus manos encomiendo mi
espíritu !
" Jesús, entonces, dando un fuerte
grito, entregó el espíritu "
La debilidad de Jesús llega al punto más
alto. Jesús muere y el Padre guarda silencio. Muere, unos hombres buenos bajan
su cuerpo de la cruz y su cuerpo es enterrado. ¿Se acabó todo? ¿Tenían razón
los Sumos Sacerdotes? ¿ Su vida había sido un fracaso? ¿El reino anunciado era
una mentira?. La callada por respuesta. Silencio de Dios.
La debilidad de Dios nos pide ayuda. Nos
toca a nosotros, como a los que bajaron a Jesús de la cruz, luchar y hacer posible
que todo crucificado baje de la cruz. Bajemos a los crucificados por la
soledad, o por la tristeza, o por la pobreza, o por la vejez, por conflictos
familiares, por problemas laborales o por falta de ilusión, por prejuicios
sociales, por el paro, por la crisis, por la droga, por la incomprensión o por
cualquier otra circunstancia de la vida.
No es suficiente con vivir nuestras
cruces como salvadoras, es necesario, vivir las de los demás, ayudando al Dios
que sufre presente en ellas.
PROCESIÓN DEL CRISTO DE LA VERA CRUZ
EN LA MADRUGADA DEL VIERNES SANTO
Aunque estemos cansados, no podemos
faltar a la cita
anual con nuestro Cristo en la procesión
de la Vera Cruz.
Son las dos de la madrugada del Viernes
Santo, entre
lágrimas cargadas de emociones y oraciones
llenas de fe,
sale de la parroquia de San Gregorio, en
absoluto silencio, el
Cristo de la Vera-Cruz, es Cofradía de
Penitencia, el Cristo
de la "Vera Cruz",solo con el
ruido de la campanilla y las
horquillas que llevan los nazarenos que
portan el paso.
Durante el recorrido se rezan haciendo
Estaciones de
Penitencia, las siete últimas Palabras
de Jesús en la Cruz.
Entrando el Cristo de la Vera -Cruz en
el convento de Santa
Clara, donde las monjas le oran y le
cantan.
Al Cristo lo portan, con cariño, con
amor, con fe, con
gran fervor, todo el pueblo: unos con y
sobre sus hombros,
otros, con su presencia recogida,
silenciosa, orante,... y otros,
sobre todo nuestros enfermos y ancianos
con el corazón.
Y eso estamos haciendo nosotros...Y,
mientras le
contemplamos llenos de fe, decimos:
¡ Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza
!.
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor, en fruto.
¡ Dulces clavos ¡ ¡ Dulce árbol donde la
Vida
empieza con un peso tan dulce en su
corteza…!
VIERNES SANTO
Estamos llegando a la
consumación...Jesús había dicho:
"Si el rano de tris o no cae en
tierra muere queda infecundo pero si muere da mucho fruto..."(Jn.12,20-26)
Este es el mensaje del Viernes...Pero el
Viernes Santo es también el día del Perdón, del amor hasta la muerte...Él
"los amó hasta el extremo...", Con el que comienza San Juan el relato
de la cena, se traduce hoy por: "Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen" o por: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
En la tarde del Viernes Santo -
celebraremos los oficios litúrgicos recordando su muerte en la cruz, se medita
la Pasión del Señor, adoramos la Cruz, y recitamos:
"Mirad el árbol de la Cruz, donde
estuvo clavada
la salvación del mundo: ¡Venid a adorarlo!":
Y cantamos: "¡Pueblo mío! ¿Qué te. he hecho? ¿,En qué te he ofendido?
¡Respóndeme!'
En este día procesionamos:
"Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente,
Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y
Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores".
Año de fundación 1.968. Sede: Ermita de
Jesús (Parroquia de San Pedro.. Apóstol). Realiza Estación de Penitencia con dos
pasos, la imagen del Santísimo Cristo Yacente. En la Estación de Penitencia
aparece igualmente la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores
Amor y perdón...Perdón y amor...Y,
cuando vamos a procesionar a Jesús en su Paso camino de su sepultura y, detrás de
EL, a la Madre llena de lágrimas y de amargura, escuchemos las palabras del
profeta que la Iglesia pone en su boca:
"Vosotros, los que vais por el
camino: mirad y ved si hay un dolor semejante al mío..."
Y en silencio vamos al
"entierro" de Cristo.
Te sometiste, Señor, al abandono, a la
traición, al desamparo, para que cifremos nuestra dicha en sentirnos
abandonados, traicionados, desvalidos,...Y nuestra desconfianza es tan grande
que todavía nos obstinamos en temer, estremeciéndonos ante la posibilidad de
morir...Olvidando que, en tu muerte, nos abriste las puertas de Ti mismo y la
mansión de tu amor...
Y sin necesidad de voz, nos unimos al dolor
de su Madre...el que llevan a enterrar era su carne, su sangre deshecha,
martirizada... En sus brazos de Madre sólo quedaba un cadáver...Pero, desde ese
momento, empezaba a ser nuestra Madre, empezaba a cobijarnos en su regazo
...Sus lágrimas se le cuajaron al presentir que la íbamos a utilizar, que no
podría dejarnos nunca como Madre, que su maternidad se ensanchaba...Y por eso,
desde lo hondo del corazón le podíamos decir:
"Dolorosa, de pie, junto a la Cruz,
tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre...".
Que sufre por las injusticias, por el
odio, por las faltas de amor...Que sufre por la enfermedad, por los niños y
ancianos abandonados, no queridos... Que sufre por los matrimonios rotos, por
las familias destruidas, por los hogares deshechos...En una palabra, que sufre
por el pecado, causa y origen de todos los dolores, causa y origen de nuestras
muertes materiales y espirituales...
Y con toda el alma, con todo nuestro
ser, le podemos cantar y rogar como le cantaba y rogaba el Rey Sabio Alfonso X,
en una de sus cantigas:
"Ruega por nosotros, amorosa Madre,
para que tu Hilo no nos desampare. De tus ojos prenden las felicidades:
¡Míranos, Señora. no nos desampares!. Bien veo, Señora, Madre de mi alma, que,
por mis pecados, lágrimas derramas".
Y, con toda la Iglesia, le podamos
decir:
"Santa María, Madre de Dios, ruega
por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Y CONTINUAMOS CON EL VIERNES. SANTO
HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES
Terminada la procesión del Cristo
Yacente y la imagen de Nuestra Señora de los Dolores.
Al finalizar esta Estación de
Penitencia, comienza la "Procesión de la Soledad". Se prepara
rápidamente la procesión de Nuestra Señora de los Dolores que va acompañada de
la imágenes de San Juan y María Magdalena, se realiza un Vía Crucis a lo largo
de todo el itinerario. En la procesión de la Soledad participa todo el pueblo.
Misterio que reclama un camino común,
recorridos con la Hermandad en el seno de la gran familia de la Iglesia.
No son días fáciles para la humanidad. Y
no olvidamos, con el Concilio Vaticano II, que este año se celebra su cincuenta
aniversario, nos dice que "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las
angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos
sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias, de los
discípulos de Cristo".
Nos preocupa el dolor y el sufrimiento
de tantos hombres y mujeres que viven en su carne la angustia de la falta de
trabajo y la amargura y el dolor de un mundo sin futuro.
Avanzamos en nuestro camino y
acompañados por María Santísima de la Soledad. A sus pies ponemos el
sufrimiento de la humanidad doliente, el dolor de todos aquellos hombres y
mujeres que esperan un mundo mejor y luchan cada día por hacerlo posible. Se
nos invita a instalarnos en la solidaridad y en la fraternidad. Desde ahí, con
los pasos procesionales que conforman el devocionario de la Hermandad, queremos
ayudar a todos a buscar cauces para que la caridad y la justicia sienten su
trono en medio de nuestra plaza pública.
Con ese planteamiento de fe, la
Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores intenta responder fielmente a la misión
encomendada por la Iglesia. En la Iglesia y con la Iglesia. En el mundo y
solidarios con el dolor de nuestro mundo. Unidos a Cristo y a María, queremos
que se haga más firme nuestra fe y robustezca nuestra esperanza.
VIGILIA PASCUAL.1 DOMINGO DE RESURRECCIÓN.
VIDA NUEVA.
Después del "silencio litúrgico y
respetuoso del Sábado Santo", la noche estalla de alegría, los "aleluya"
suenan llenos de gozo...¡Cristo ha Resucitado!...Vivimos la gran noche, en la
que se nos da la gran Noticia:
"Rotas las cadenas de la muerte.
Cristo asciende victorioso del
abismo"
Esta noche santa y dichosa, porque
"sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los
muertos...".
La noche se hace mañana, se hace día y
la vida ha estallado con tanta fuerza, que todo el pueblo se lanza a vivir al
aire libre, al campo cubierto de vida,...
Dicen los andaluces - sobre todo los
sevillanos - que ellos aplauden a sus Cristos sufrientes y a sus Vírgenes
dolorosas las mecen y las bailan, porque - aunque representan el dolor y la
muerte -, en el horizonte, otean la fuerza de la vida en la Resurrección.
Y es que Jesús - cada vez que anunció su
Pasión y Muerte - siempre proclamó que, al tercer día, resucitaría, volvería a
la vida para siempre, la muerte "ya no tendría dominio sobre Él..."
Por eso - después de haber vivido la
grandeza de la Vigilia Pascual, la Vigilia de las vigilias -, cantamos al llegar
la mañana del domingo con la Liturgia:
"Este
es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. ¡Aleluya!"
Y,
también con la Liturgia proclamamos:
"¡Alegre
la mañana que nos habla de Ti! ¡Alegre la mañana!
Bendita
la mañana que trae la gran noticia
de tu presencia joven en gloria y poderío:
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío...
Y
añadimos como desbordados por el acontecimiento:
"En
nombre de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora:
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora".
Porque si Cristo ha resucitado, también
nosotros resucitaremos, también nosotros, con San Pablo, proclamando a los
cuatro vientos:
"Muerte,
z dónde está tu victoria, donde está tu aguijón?...
,¡Alegría, hermanos, que si hoy nos queremos es que Jesús
RESUCITÓ...!"
En la mañana del Domingo de Resurrección
todos los montijanos y montijanas vestimos nuestras mejores galas para ir a la
procesión del Resucitado, llamada "el Encuentro" que se realiza desde
tiempo inmemorial, representando una escena bíblica en la plaza.
La procesión sale de la parroquia de San
Pedro, se divide en dos procesiones que van por distintas calles, en una va San
Juan, María Magdalena y la Virgen del Rosario y en la otra va la imagen del
Cristo Resucitado. Una vez llegadas a la plaza comienza el encuentro: María
Magdalena sale al encuentro del Resucitado se hacen el saluda y corre a
decírselo a San Juan que va al encuentro con el Resucitado se hacen el saludo y
corre a decírselo a su Madre, es María la que va a ver a su Hijo resucitado, se
saludan y comienza una sola procesión con las cuatro imágenes a la parroquia de
San Pedro para celebrar la Eucaristía de la Pascua del Señor.
Y, en una mañana de idas y venidas,
vamos a María Magdalena a preguntarle:
"¿ Qué. has visto de camino, María
en la mañana? ”
Y ella nos contesta alborozada:
“A
mi Señor glorioso, la tumba abandonada.. 'Resucitó de veras mi amor y mi
esperanza...¡"
Y
vamos corriendo a María - la de la Piedad, la de los Dolores, la del
Rosario,... y le cantamos:
"Regina
coeli, laetare, ¡Aleluia...!"
"Reina del cielo, alégrate, ¡aleluya!
Porque el Señor, al que mereciste llevar en tu vientre, ¡aleluya!
¡Ha resucitado!, según su palabra, ¡aleluya!
Ruega al Señor por nosotros ¡i Aleluya !!"
Y desde la gloria de este día, el
Resucitado - que nos enviará el don del Espíritu - nos dice su palabra
definitiva:
"Permaneced en mi amor...Permaneced
en el amor que yo he derramado en vosotros".
Contentos de haber vivido una Semana
Santa más, renovados nuestros propósitos, porque hemos renovado nuestros
Sacramentos Iniciación Cristiana, proclamamos, en el año de la fe, con las
palabras del Papa Benedicto XVI:
"La puerta de la fe está siempre re
abierta para nosotros...Atravesar esa puerta supone emprender un camino que
dura toda la vida".
Proclamamos, para terminar, con la
Iglesia:
"Esta es nuestra fe...Esta es la fe
de la Iglesia,
que nos gloriamos de profesar en Cristo
nuestro Señor...Amén"
Quiero terminar con una oración:
Señor,
quiero ser un hombre nuevo. A la luz de
tu resurrección quiero ser un hombre nuevo.
Quiero que en mi vida haya
justicia, paz, confianza, valentía,
amor,.., Quiero estar siempre al lado
de quien me necesite.
Quiero ser humilde, amable, cordial,
justo. Quiero irradiar a mi alrededor
todo cuanto estoy aprendiendo
y viviendo en mi caminar:
tu mensaje de AMOR.
Todos aspiramos a un mundo mejor. Pero
si yo no cambio,
¿Cómo va a cambiar el mundo?
Señor,
ayúdame a ser un vaso nuevo
en tus manos de alfarero.
Ayúdame a dejarme moldear
a tu manera y a tu gusto,
porque estoy seguro
que eso será lo mejor
para mí,
para mi alrededor
y para el mundo.
Señor,
ayúdame a ser un hombre nuevo
a la luz de tu resurrección.
HE DICHO.
Manuel Pérez Cirión
Montijo a 9 de marzo 2013
2012 María Arrobas Vila
Buenas noches a todos.
Comienzo con un saludo afectuoso a los
representantes de las Cofradías, Hermandades y Asociaciones que tanto trabajan para que la Semana Santa tenga, aquí
en Montijo, la dignidad que merece y de una manera especial, mi entrañable
saludo para Santi, Pedro, José Manuel y María José, que con su juventud y su entusiasmo me han
animado desde el primer momento.
Por supuesto mi agradecimiento a
los que me habéis proporcionado datos muy valiosos, como Paco López, y a todos
los que os habéis molestado en venir a escucharme. Espero no defraudaros ni
haceros perder vuestro tiempo.
Y sin más preámbulos, comienzo el
Pregón.
Presentación.
Cuando me ofrecieron ser
“pregonera” de la Semana Santa, me quedé sorprendidísima…Ni a soñar que me
hubiese echado podía imaginar que a mi edad, tan mayor, podría interesar a
nadie lo que pudiera pensar o decir sobre este acontecimiento. Pero reacciono y
me acuerdo de una noticia que me mandó mi hija Julia sobre una mujer, Rita
Leví, premio Nobel de Medicina en 1986, cuando era muy mayor, y decía que se
sentía como si tuviera veinte años. El año pasado cumplió cien y piensa seguir
en la brecha, trabajando, siendo útil…Pues yo quiero ser como esta señora,
lógicamente salvando las distancias, pues soy una simple mujer de pueblo que me
asombra figurar entre los ilustres pregoneros que ha tenido nuestra Semana
Santa. Y pienso: si ellos lo han hecho ¿Por qué no lo intento yo con la ayuda
del Espíritu Santo? Digo esto porque es
la verdad. Cuando comencé el Pregón no sabía por dónde empezar. A mí han sido
las Cofradías las que me han invitado y no puedo negarme ante un reto de este
calibre. Es un honor ser pregonera en mi pueblo, que nunca olvidaré y siempre
les estaré agradecida. Muchísimas gracias por acordaros de mí. Espero vuestra
comprensión y perdonéis los fallos que podáis encontrar, que procuraré que no
sean muchos, pero tener la seguridad de que todo lo que os voy a decir, sale de
lo más profundo de mi corazón y no pretendo otra cosa más que ayudaros a
preparar esta Semana Santa de 2012 como si fuese la más importante de nuestra
vida puesto que en ella seguro que nos vamos a encontrar con Cristo sufriendo
nuestros olvidos e infidelidades, pero también con Cristo resucitado que nos
llenará de esperanza.
Podría comenzar recordando
al antiguo pregonero que decía: “Se hace saber…” y soltaba el pregón ante la
expectación de chicos y mayores. Pero, me surge una duda: tal como están las
cosas en la actualidad, con la crisis, el paro, los problemas de todo tipo que
nos preocupan cada día ¿ A quién le puede interesar un pregón anunciando una
semana de sufrimiento, de agonía y muerte de un condenado ocurrida hace más de
2000 años? Ahora solo interesan las noticias financieras, políticas o las que
los medios nos proporcionan como “noticias del corazón” sobre arreglos y
desarreglos amorosos de famosos o famosillos a los que seguimos con el máximo
interés. Sobre noticias de gente comprometida, gente con valores de los de
verdad, que se sacrifican por los demás, que incluso llegan a dar su vida por
otros ¡Que pocas veces escuchamos algo!
También pienso que los
pregones se echaban en las esquinas de las calles más concurridas, en las
plazas, en las puertas de los mercados, para que llegasen al mayor número de
gente posible. Si lo hiciésemos ahora así (cosa que me gustaría muchísimo pues
aquí estamos los que seguimos a Jesucristo, pero fuera están los que no le
conocen, a los que también quisiera llegar) repito, si lo hiciésemos ahora así,
creo que no nos escucharía nadie pues es tal el ruido del tráfico y demás en
nuestras calles que la mayoría no se pararían ni para enterarse de qué se
trataba. ¡Quizás algún curioso! ¡Algún despistado! Sin embargo, estamos aquí
bastantes y vamos a anunciar unas noticias antiguas pero actuales que nos
afectan a nuestras creencias, a nuestros valores, a nuestros comportamientos, a
nuestra sociedad y en definitiva a nuestro pasado, a nuestro presente y lo más
alentador y esperanzador, a nuestro futuro.
Ser este año la
“pregonera” es como hablar de familiares, amigos o personas que me han marcado.
Hago el pregón porque es anunciar los tristes y gloriosos sucesos ocurridos a
un amigo, Jesucristo, al que sigo desde hace muchos años y del que me
considero, como se dice ahora, “fan” incondicional, comprometida con su palabra
y con sus obras. Pienso…que si vosotros estáis aquí, no es solo por escuchar lo
que pueda decir, sino porque como yo, sois seguidores de este Jesucristo que
pregono en la última semana de su vida, siendo nosotros ahora, después de tanto
tiempo, sus testigos vivos.
Los creyentes tenemos dos
formas de celebrar la Semana Santa: una, hacia dentro, queriendo interiorizar
todo el Misterio Pascual mediante celebraciones litúrgicas que se preparan con
mucho interés, y que nos ayudan a vivir
de una manera personal la muerte y resurrección del Señor. Lo que pretendemos
es acompañarlo, dolernos con sus
sufrimientos y salir renovados de estas celebraciones. La otra manera de vivir
la Semana Santa es hacia fuera, sacando a la calle todo lo que se vive en los
templos mediante las procesiones y otros actos, en los que quedan expuestos a
todo el pueblo, creyentes y no creyentes, los momentos más importantes de la
Pasión y Resurrección del Señor. Son celebraciones tradicionales,
multitudinarias, a veces fervorosas en las que el pueblo muestra mucho interés,
aunque sea solo como espectador, pero también afloran en ocasiones sentimientos
internos y vivencias que nos ayudan a ser mejores. Contemplar al Cristo
moribundo en la procesión, o a la Dolorosa, la Madre, que va detrás de su hijo
muerto, nos hace pensar muchas cosas.
Estas dos formas
pormenorizadas son las que quiero exponer comenzando por lo que vivimos, lo que
sentimos en estos días. Y surge la pregunta:
¿Qué es la
Semana Santa?
Pues ni más, ni menos que los
siete días en los que los cristianos celebramos solemnemente el Misterio
Pascual. Suponen la consumación de toda la vida de Jesús, en la que de una manera sencilla, había ido
manifestando su amor por el hombre. Son siete días en los que el Amor triunfa
sobre la muerte y por eso también la llamamos Semana Grande, Semana del Dolor y
del Amor, la del paso definitivo de Dios
por la Tierra para abrirnos la esperanza en el más allá.
Jesús Llegó a Jerusalén a celebrar la Pascua,
como era costumbre entre los judíos, acompañado de amigos y seguidores que lo
habían escuchado durante el tiempo que se dedicó a predicar el amor, la
justicia y la paz.
San Marcos (cap. 11-7) cuenta que al
entrar Jesús en Jerusalén “Muchos extendían sus mantos sobre el camino, otros cortaban
ramas de los campos y los que le precedían o le seguían, gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito
el que viene en el nombre del Señor! ”.
Todo
era alegría, algarabía. Sin que nadie preparase una recepción a la llegada de
Jesús, el pueblo, de una manera espontánea, lo aclamaba victorioso. Y no
llegaba de una manera arrogante o lujosa como solían hacerlo los reyes o los
generales victoriosos al estilo romano, montados sobre vistosos caballos o
aclamados bajo un arco de triunfo. No, no…Todo lo contrario. Llegaba montado
sobre un humilde burrito, además prestado, simbolizando la mansedumbre, la paz.
No llevaba escoltas, ni armas. Solo le acompañaba el griterío de la gente que
lo aclamaba como el que predicaba un orden nuevo de amor y justicia.
Entre los que lo aclamaban se
encontraban bastantes niños de tal manera, que al oír como gritaban: “Hosanna
al Hijo de David”, agitando sus ramos, los sumos sacerdotes y
los escribas se indignaron y tomaron la determinación de eliminarlo.
Había una alegría especial que seguramente
sorprendió a sus discípulos, por eso el salmo 117 canta: “Este es el día que
actuó el Señor. Sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Y San Lucas (cap. 19-40)
añade: “Si los niños y el pueblo callasen, gritarían las piedras”.
Pero se acercaba la Pascua y como Jesús no
tenía casa en Jerusalén pidió a un amigo que le dejase la suya para celebrar en
ella la Cena Pascual con sus discípulos siguiendo la costumbre judía.
Ya reunidos en casa del amigo, se
quita el manto y de rodillas, sirve a los que están allí en lo más desagradable:
les lava los pies. Todo un Dios de rodillas, humillado, ante nosotros, los
hombres… Ahora, después de haber pasado tanto tiempo de este episodio, todavía
nos conmueve y nos asombra porque actualmente lo que llama la atención es todo
lo contrario: figurar ante los demás, darnos importancia, no tener ninguna
consideración ante el pobre o el que por alguna razón ha perdido el
prestigio
social y ya no cuenta para nada. La actitud de Jesús es ¡Sorprendente!
¡Admirable!
Y continúa la celebración de la
Pascua. Sabía que era la última vez que iba a comer y beber con sus discípulos.
Sería una celebración memorable, irrepetible. Aquella reunión…se convirtió en
la Santa Cena, y el lugar donde se celebró, en el Cenáculo. Por esto, el Jueves
Santo, todos los templos de la Tierra en los que nos reunimos para conmemorar
esta última muestra de amor de Jesús, se convierten en la casa a la que Él
quiso ir, son las casas del Señor, los Cenáculos. En el Pan de la Última Cena, nos llenamos de
la fuerza del amor de Cristo, y lo mismo ocurre con el Vino, la sangre que se
derramó para que nosotros tuviésemos vida. Con sus palabras: “Haced esto en
memoria mía”, nos pide que sigamos comiendo del Pan y bebiendo del Vino para
que nos alimentemos de su vida. Se actualiza su muerte y su resurrección, todo
el Misterio Pascual, guardado por la Iglesia como el mejor de los regalos del
Señor.
Y preparándose para lo que iba a
suceder en los días siguientes, San Lucas (cap. 21-37) nos dice: “Salía por la
noche para pasarla en el monte de los olivos, en oración”. Jesús oraba
intensamente pues se acercaba el final de toda su labor de amor en la Tierra.
Por esta razón Judas Iscariote, la noche del prendimiento, fue directamente a
buscarlo, al monte de los olivos.
Comienza la Noche Triste que como
un largo vía crucis quiero recordar de una manera breve, desde el prendimiento de
Jesús, cuando lo único que mantiene sus fuerzas es la voluntad del Padre con el
deseo de redimir y salvar a la Humanidad. Prendido como un delincuente, es
acusado y condenado por el Sanedrín solamente porque predicaba el amor al
prójimo, porque era pobre y porque se rodeaba de gente inculta y de mala vida.
Por eso, era considerado como un peligro para el pueblo.
Además, aquella noche, fue negado
por Pedro, el discípulo más cercano a Jesús y al que miró con la decepción de
verse ignorado en boca de un amigo…Fue juzgado por Pilatos, objeto de burlas,
azotado, coronado como rey, pero con espinas que se clavaban dolorosamente en
su cabeza. Y por último, cargado con la cruz, una cruz muy grande y muy pesada:
era la carga de todas las miserias de los hombres sobre los hombros de Jesús.
¿Podría soportar semejante carga?
Y aquí aparece un hombre que volvía
del campo, Simón de Cirene al que obligaron a ayudarle porque las fuerzas
estaban al límite. Sin saberlo, Simón ayuda al mismo Dios en su terrible carga.
Pero… seguimos la Vía Dolorosa, camino del
Calvario.
Ya en la cima del monte, despojado de sus
vestiduras, fue crucificado. Había mucha gente alrededor mirando cómo se consumaba
todo, pero la que verdaderamente estaba allí, no mirando simplemente, sino
asumiendo la agonía de su hijo era María, su madre, que rota de dolor se apoya
en Juan, el discípulo amado. Ambos reciben como en testamento la entrega mutua:
que la madre no se quede sin hijo y que el hijo no se quede sin madre. ¿Hay
mayor prueba de amor que recibir a alguien como hijo?... María desde este
momento es la madre de todos los creyentes, la Madre de la Iglesia.
Llegamos al final:”Padre, a tus manos encomiendo
mi espíritu” y ahí está consumado su sacrificio. Por todo esto, la gloria de
Cristo es la cruz en la que murió. La cruz es su victoria, en ella dio la vida
para salvar a toda la Humanidad. En la cruz el dolor se transforma en esperanza,
la muerte espera la resurrección.
San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales
invita a reflexionar: “Dolor, con Cristo doloroso; quebranto, con Cristo
quebrantado; lágrimas, pena interna de tanta pena que Cristo pasó por mí”.
Y continuamos.
Como se acercaba el sábado, día
sagrado para los judíos, en el que no se podía hacer nada, José de Arimatea y
algunos más, dieron sepultura al cuerpo de Cristo de una manera precipitada
pues se hacía de noche. Se imponía el silencio. Todo lo que se pudiera decir,
después de lo sucedido, sonaba a fracaso, sonaba a vacío. Cristo, la Palabra,
había sido sepultado. Todo había concluido.
Empieza el tiempo de espera, como
cuando se siembra un campo. En este caso, es una espera corta, intensa,
expectante. Pronto, al tercer día, la vida volverá a florecer y la muerte será
vencida.
Y así, el primer día de la semana,
el primer día de la nueva era, el que desde entonces será el Día del Señor, el
Domingo, muy de madrugada “Cuando todavía estaba oscuro, era casi de noche”,
según S. Juan (cap. 20-1), las mujeres que habían estado en el Calvario y
asistieron a la sepultura de Jesús, María Magdalena, María la de Santiago y
otras, impacientes, pensando que no habían preparado convenientemente el cuerpo
de Cristo por la precipitación de enterrarlo antes del sábado, llevaron al
sepulcro aromas y ungüentos para perfumarlo. Vieron la losa removida y el
sepulcro vacío…María Magdalena lloraba sorprendida porque no sabía dónde estaba
Jesús hasta que lo reconoció en medio del huerto con ese ¡Rabonni! ¡Maestro!
Después…carreras a contar a los discípulos lo que se habían encontrado. Y más
carreras de Juan y Pedro que incrédulos querían llegar los primeros al sepulcro
para ver lo que había sucedido…Pero Él no estaba allí en el oscuro y frío
sepulcro. Cristo no estaba en la tumba porque Él está entre nosotros y nos
habla al corazón. Él está aquí y nos alimenta en cada Eucaristía con su cuerpo.
Él está aquí y quiere que llevemos ahí fuera la esperanza, la alegría y el
compromiso de dar testimonio de su resurrección.
Por todo esto, los cristianos no debemos estar tristes:
Cristo resucitó como dijo y debemos ser testigos de alegría. Por eso la Pascua
es luz, es amor, es comenzar una vida nueva. No tenemos que quedarnos solamente
con lo que sucedió entonces, sino que todos y cada uno de nosotros debemos
intentar que la Pascua, nuestra Pascua, sea la fiesta que nos lleve a la renovación
de nuestra fe, de nuestra esperanza, al amor a los demás, a la alegría de ser
cristianos, testigos vivos de su amor. A todos nos espera la resurrección.
¿Cómo vivimos todo esto
aquí en nuestro pueblo?
Otra manera de vivir la Semana
Santa.
Hacia fuera es la dimensión
popular de todo lo que os he expuesto. En esta dimensión, las Hermandades,
Asociaciones y Cofradías tienen aquí, en Montijo, un protagonismo especial pues
son sus integrantes los que con su interés y entrega han conseguido que por
nuestras calles desfilen los pasos más significativos de todo el dolor y el
amor que representan estos siete días santos.
Pero las procesiones de Semana Santa no han
tenido siempre el reconocimiento y fervor popular actual. Antiguamente eran
simplemente sacar algunas imágenes a la calle a hombros de algunos devotos y en
lo que yo recuerdo, acompañados principalmente por niños. Por ejemplo, la
procesión del Jueves Santo de cada año era una multitud de niños y niñas, en
fila unos a un lado, otras al otro, comiendo las “chucherías” de entonces que
eran garbanzos tostados, altramuces y algún que otro caramelo. Se le conocía como la “procesión
de los altramuces” quizá por la abundancia de éstos o por ser protagonistas los
más pequeños, los niños.
Todo esto empezó a cambiar en 1940.
En los primeros días de la Guerra Civil (1936-1939), un grupo de hombres
bastante conocidos del pueblo, estuvieron retenidos a la fuerza en el convento
de las Clarisas, cuando éstas fueron expulsadas de allí. Eran momentos
difíciles y convivieron esos días con lo
que se encontraron dentro de los muros del convento. Entre las imágenes estaba
la Virgen de la Piedad. Suplicaron su protección y cuando salieron de aquel encierro, contaron
a familiares y amigos la compañía y el consuelo que había supuesto para ellos
la Virgen de la Piedad. La devoción se extendió por el pueblo y un grupo de
hijos y parientes de aquellos hombres, todos muy jóvenes, entre los que se
encontraban Paco Gragera, Modesto Pinilla y Paco López, junto a algunos amigos,
decidieron pedir permiso a las monjas Clarisas, que ya habían vuelto al
convento, para sacar la Piedad a la calle el Miércoles Santo, en agradecimiento
a la libertad conseguida bajo su protección.
Entre 1940 y 1942 salieron con la Virgen, sin hábito, pero al acompañarles
Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la ermita de Jesús, seguramente decidieron
adoptar las vestiduras negras, en señal de luto y dolor. Actualmente se les
conoce como “los Negros”.
La devoción iba en aumento y en 1942, después
de obtener el permiso del señor obispo, decidieron formalizar la “Cofradía de
Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad” como estación de
penitencia, de oración, de agradecimiento.
Unos años más tarde, en 1966, Antonio
Sánchez, el Granadino, junto a algunos amigos, decidieron organizar la
“Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores”,
conocidos popularmente ahora como “los Colorados”, antes como los “Amapolos”, comenzando
a tener la Semana Santa de aquí de Montijo, la importancia que con los años se
ha ido consolidando, en cierto modo influenciada por las Semanas Santas
andaluzas pero con un matiz más austero, más severo.
El resto de las cofradías son más recientes
pero todas, desde sus comienzos, han
puesto siempre el máximo cariño e interés para que sus Cristos o Vírgenes y por
supuesto sus procesiones, sean las más devotas, más multitudinarias e incluso
las más vistosas con los vestidos de sus imágenes, mantos y túnicas ricamente
bordados. Incluso las andas se han enriquecido y modernizado luciendo flores
simbólicas según la cofradía: malvas, el Miércoles Santo; rojas, el Jueves
Santo; blancas, el Viernes…
Y paso a enumerar brevemente lo que la
religiosidad popular contemplará en nuestras calles en este 2012.
El
Domingo de Ramos, por la mañana, se celebra la bendición de ramos y la
entrada de Jesús en Jerusalén con la Cofradía “Jesús Salvador de los Hombres”.
Este año sale de la Parroquia de S. Gregorio y al término de la procesión
continúa la Santa Misa en la Parroquia de S. Pedro. A esta procesión se le
conoce popularmente como la de “la burrita” y es una de las más multitudinarias
pues a ella acuden padres, madres y niños de todas las edades. Todos con los
ramos de olivo bendecidos, participando en el recibimiento a un Jesús humilde
pero aclamado como rey. Se decía antiguamente: “El domingo de Ramos, el que no
estrena, no tiene manos”, simbolizando lo nuevo, lo mejor para recibir a Jesús.
Era cuando se estrenaban los vestidos de verano.
Los dos días siguientes, Lunes y
Martes Santos, son días de preparación para todo lo que vendrá después. Son
días de recogimiento, de oración y celebración comunitaria de la penitencia en
los templos. Hay personas que aprovechan estos días para reconciliarse
penitencialmente de toda la andadura del año. Van a los templos solamente en
estas celebraciones y cumplen con el precepto pascual.
En las iglesias, las
Hermandades, Asociaciones y Cofradías ultiman los detalles de sus procesiones
con esmero y preparan los trajes que llevarán. Las mujeres ayudan a vestir las
imágenes especialmente las de las Vírgenes y sacan las mantillas dispuestas a
acompañar a sus Cristos o Vírgenes.
También en las casas hay más
actividad de lo normal pues se preparan las comidas de abstinencia, propias de
la Semana Santa: verduras, escabeches, bacalao, etc. sin olvidar los dulces
típicos como roscas fritas, empanadas, pestiños…
El Miércoles Santo, la “Cofradía de
Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad” sale por las calles
del pueblo desde la ermita de Jesús. Jesús cargado con la cruz y ayudado por
Simón Cirineo es acompañado por los hermanos con sus cruces y cirios. La preciosa imagen de la Virgen de la Piedad
acompaña a su hijo en la Vía Dolorosa. El silencio se palpa al paso de la
procesión por las calles del pueblo, únicamente roto por la música que se une a
la emoción de todos.
Y llegamos al Jueves
Santo, día del Amor. Después de la celebración de la Cena del Señor en este día
en el que Jesús nos dejó su cuerpo y sangre como el mejor regalo en la
institución de la Eucaristía, por la noche, desde la Parroquia de San Pedro
sale la “Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores”. Impresiona y mucho el Cristo
crucificado, en agonía, consumando el
sacrificio, llevado con paso solemne por los nazarenos de rojo, símbolo de la
sangre derramada como los claveles que sujetan el pie de su cruz…Y detrás, la
Dolorosa con la expresión de una madre que llora a su hijo injustamente
tratado, a un hijo que muere.
En la madrugada del Viernes
Santo, desde la Parroquia de San Gregorio, sale la “Cofradía de la Vera Cruz”
acompañando al Santísimo Cristo de la Misericordia en absoluto silencio
solamente roto por un agudo toque de campanilla y el golpe que marca el paso de
la procesión por las solitarias calles del pueblo. La austeridad, el
recogimiento y la soledad caracterizan esta procesión en una noche tan
especial. La “Cofradía de la Vera Cruz” es la más joven de las que existen en
la actualidad siendo su fundación en 1987.
El Viernes Santo, después de la
celebración en las parroquias y en el convento de las monjas de la Pasión del
Señor, la “Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente,
Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo”
organiza la procesión más participativa de toda la Semana Santa. Aunque los
nazarenos “Blancos” (porque así es su capuchón) son los titulares, les acompañan
una representación de las otras hermandades y cofradías, además de un gran
número de mujeres con sus mantillas. Se considera como lo que representa: el
entierro de Cristo al que mucha gente del pueblo quiere acompañar, unos como
integrantes del acto y otros como simples espectadores. Se puede decir que es
una manifestación popular de dolor, de pesar, por todo lo vivido durante la
Semana Santa.
La Virgen de los Dolores sigue la
urna con el cuerpo yacente de Jesús hacia el sepulcro. La banda de música
interpreta siempre música fúnebre.
Cuando termina el entierro, casi a
la media noche del Viernes, se celebra la procesión de la Soledad, organizada
por la “Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores”. Se recuerda la vuelta
desde el sepulcro de la Virgen, acompañada por San Juan y la Magdalena junto a
las mujeres que fueron testigos de todo lo sucedido. Llevan a la Virgen y
acompañantes hacia el templo, en silencio y con sus velas encendidas como si
velasen por la seguridad de aquella vuelta a casa desde el sepulcro sin Jesús…
El Sábado Santo es un día
de reflexión de todo lo vivido últimamente y de espera, de recogimiento. Si
“por las vísperas se conocen los santos”, el Domingo de Resurrección se adelanta
en el pueblo mediante las Vigilias Pascuales que se celebran en las parroquias
y en el convento de las Clarisas. La Vigilia es la manifestación alegre y
esperanzada de la Pascua, de la Resurrección, pasando de las tinieblas a la
luz, de la muerte, a la resurrección y a la vida. Es una fiesta gozosa de los
creyentes que como la Magdalena adelantamos el gran acontecimiento de la
Resurrección. Escuchar las campanas en la noche de Pascua, cuando la vigilia
anuncia a Cristo triunfante, resucitado, es comprobar que se ha cumplido lo
esperado…
Ya por
la mañana, es el día más importante del año porque en él se cumplió lo que se
había anunciado desde muy antiguo: “Resucitó al tercer día”, y nos abrió las
puertas a la esperanza, al goce eterno. La Pascua es luz, alegría, vida nueva. Si
vivir consiste en amar, Cristo nos da la prueba más palpable de su amor por el
hombre volviendo a la vida, quedándose con nosotros para siempre.
En el pueblo siempre se ha
celebrado la Pascua de una manera especial. Yo recuerdo haber ido a la
Parroquia de San Pedro con una jarrita a por agua bendita para después, con
romero también bendecido, ir por todos los rincones de la casa salpicando
mientras se decía: “Sal demonio de este rincón que ya resucitó Nuestro Señor”.
Las casas quedaban bendecidas hasta la Pascua siguiente con gran contento de
todos los que vivían en ellas.
Los niños celebraban la
Resurrección saliendo en pandillas con campanillos e incluso cencerros,
recorriendo las calles con gran alboroto. Todo en el pueblo era alegría puesto
que todo se había cumplido. Pero lo que más ha perdurado ha sido El Encuentro,
organizado en la actualidad por la “Asociación Jesús Resucitado”. Según
cuentan, antiguamente era tal el interés que tenían los mozos del pueblo por
llevar al Resucitado o a la Virgen y acompañantes, que muy temprano, el Domingo
de Resurrección, se iban a la iglesia para poder elegir las andas de las
imágenes que querían llevar y como reserva, dejaban sus pañuelos atados para
que nadie se las quitase.
Actualmente también hay
bastante interés por presenciar El Encuentro. La gente con sus mejores vestidos
de primavera-verano, acude con prisa a la Plaza, como lo hicieron Pedro y Juan
deseando cuanto antes ver a Jesús, ahora, para presenciar la llegada de las imágenes.
Todos esperamos ver al Resucitado y a su
Madre, a San Juan y a la Magdalena inclinarse en entrañable saludo. La gente
rompe en aplausos no solo reconociendo si la inclinación se ha hecho mejor o
peor, sino por lo que representa la noticia de que el Señor no nos ha dejado.
Siento alegría, gozo interno por tener la suerte de vivir, de ser testigo de
todo esto…
Y termino. Como he dicho anteriormente,
creo que todos en esta Semana Santa tenemos la ocasión de encontrarnos con
Jesús si vivimos los próximos acontecimientos en toda su dimensión y no solo
como espectadores. Vamos a vivirlos como algo personal pues representan la
propia vida con sus alegrías y tristezas, sus dolores y gozos pero si contamos
con la cercanía de Jesús, todo será más llevadero.
Como broche final os invito a escuchar un
canto a la vida en la voz de Ainhoa Arteta. La vida es eso: soñar,
renovarse…Cada día RESUCITAR.
A todos os deseo
¡¡¡
FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN !!!
María Arrobas Vila
2011 Francisco Quintana
Gragera
"RECUERDOS DE UN AYER".
SALUTACION
Autoridades
Civiles, Eclesiásticas y de la Junta Gestora
Sr.
Párroco de S. Pedro Apóstol, D. Pedro Gómez Serrano
Sr.
Representante de la Junta Gestora de Hermandades y Cofradías
Sr.
Alcalde, D. Alfonso Pantoja Gómez del Exmo. Ayto. Ayuntamiento de Montijo
Concejal
de Cultura,
Hermanos
mayores,
Presidenta de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores
Hermano
Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la
Piedad
Hermano
Mayor de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los
Dolores
Hermano
Mayor de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente,
Caballeros del Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo
Hermano
Mayor de la Cofradía Jesús Salvador de los hombres
Hermano
Mayor de la Cofradía de la Vera Cruz
Responsable de la Asociación Jesús Resucitado
Cofrades,
montijanas y montijanos todos, amigos y amigas.
Sean
mis primeras palabras de agradecimiento a la Junta Gestora de las Hermandades y Cofradías de Montijo por invitarme como
pregonero de esta Semana Santa 2011. SER
pregonero y engrosar esa lista de pregoneros de la Semana Santa en Montijo,
junto a muchos conocidos en esa extensa lista de pregoneros que comenzó allá
por el 1988 Con D. Julio Fernández Nieva, Tomas Peña, hasta José Moreno Losada, curiosamente todos compañeros de la Universidad de Extremadura. Muchas gracias por la invitación. Agradecimiento que amplío y subrayo en quien ha hecho
la presentación, Santiago, a quien no tenía el gusto de conocer y me convenció para esto. Doy fe que ha realizado bien su trabajo.
Cuando hace unas semanas
me pidieron unas notas para la revista de Semana Santa ya había aceptado un poco
a regañadientes dictar el pregón- me vi obligado a reflexionar por vez primera
sobre esto de ser pregonero de Semana Santa. En esas notas anticipé algunas de
las cuestiones de esta introducción.
Para no levantar más expectativas de las
necesarias, decía, digo y pregono que yo no soy pregonero, ni siquiera
anunciador. No creo ser original al comenzar así, pues muchos de los que tienen
que pregonar la Semana
Santa empiezan de este modo. Sin ir más lejos en esta misma
tribuna quien me antecedió en el pregón de 2010, D. José Moreno Losada,
profesor, compañero y conocido mío en la Universidad, además de sacerdote y Capellán de la Universidad, se
manifestaba de igual manera. Sin embargo él hizo una brillante disertación del
oficio de pregonero. Bueno, pues yo tampoco soy pregonero, si acaso hablante.
Desde la tarima de las aulas, en mi oficio, hablo y mucho, desde hace ya 30
años, pero de otras cosas alejadas en principio de esto que hoy nos reúne. Y
digo en principio, porque si la
Semana Santa -acabaremos concluyendo que es recogimiento,
amor, sufrimiento y al final regocijo y alegría- ¿quién no le podría sacar un
paralelismo con el quehacer diario de cada uno de nosotros? Seguro que sí, será
cuestión de hacer un sosegado análisis que dejo sobre la mesa para otro
momento. Por eso, solo digo que voy a ser un hablante y expresar en alto unas
vivencias, unas ideas y unos sentimientos, que espero sirvan para lo que dicen
los manuales que es un pregón, “… acto de promulgación en voz alta de un asunto
de interés público y con el que se inicia una celebración...”.
También decía en la revista que no creo
ser buen representante de la
SEMANA SANTA. En mi opinión me daría un aprobado sin más.
Cuando era muy niño, aquí en el pueblo, en los actos de Semana Santa
participaba activamente. En mi lenguaje, cuando me refería a los desfiles
procesionales , yo decía, y bien que me lo recordaban mis padres, mis tías y
sobre todo mi tío D. Pedro Gragera, que yo era de “los negros”, de “los rojos”
y de “los blancos” en referencia a los tres desfiles procesionales del
Miércoles, Jueves y Viernes Santo. El primer año tuve mis dudas, me parecía
excesivo ir en los tres desfiles, y no se me olvidará cuando a D. Pedro (tío
Pedro el cura como yo le llamaba en mi casa) le pregunté si se podía ser
nazareno en tres procesiones. Con ese tono sentencioso que él utilizaba, y que
muchos de vosotros recordáis, me contestó algo que, aunque en aquellos momentos
no comprendiera plenamente, se me quedó grabado “Paco, con devoción se puede
pertenecer a todas las que tú quieras, así que ya sabes”. Ese “así que ya
sabes” eliminaba en mí cualquier tipo de duda.
Luego ya, con el paso del tiempo, cuando
me fui moviendo por otros lugares por motivo de estudios o trabajo mi presencia
se fue haciendo más esporádica, siendo más espectador que actor de otras muchas
Semanas Santas, recuerdo con cariño muchas cosas de la Semana Santa de
Sevilla, en mis años de estudiante.
Entonces, os preguntaréis, que por qué
acepto de buen grado esta invitación a pregonar la Semana Santa en
Montijo. Pues por esta última palabra, Montijo.
No soy pregonero, no creo ser de los
mejores representantes para hablar de Semana Santa pero lo que sí soy es,
montijano, de Montijo. Y lo digo de esta forma porque con esta cuestión también
tengo mi anécdota particular.
Cuando empecé a salir del Pueblo, que es
cuando te empiezan a preguntar de dónde eres yo decía “de Montijo”, pero lo
decía con ciertas dudas. La duda era porque en mi DNI, pone nacido en Badajoz.
Una vez se me ocurrió preguntar en casa por tal circunstancia, como mi padre en
este tipo de cuestiones dejaba la iniciativa a mi madre, ella me empezó a dar
algunas explicaciones que no entendía muy bien (las decía en voz baja…no se qué
historia de matronas..) pero que acababan con una sentencia en alto que no
dejaba lugar a réplica y eso sí que no se me olvida y muchas veces repito
cuando me preguntan de dónde soy, “….eso del carné no tiene importancia, a los
tres días ya te habían bautizado en la Iglesia del Pueblo”. Y ahí se me acabaron todas
las dudas de ser o no de Montijo. Bueno, podría quedarme otra duda, pero esa ni
se me ocurrió plantearla nunca, ¿cual era la Iglesia del Pueblo? porque sabía o intuía la
respuesta ya que la había escuchado en otras ocasiones, “la nuestra, la de San
Pedro”. Para los que nos hemos criado a pocos metros del atrio y además pasamos
todos los años de la Escuela
en el Colegio Padre Manjón, “el de antes”, no quedaba ninguna duda de cual era la Iglesia del Pueblo. El
atrio y la parte de trasera de la
Iglesia eran como el patio de mi escuela, de hecho, algunas
veces se utilizaba así. Era el sitio donde me vienen muchos, la mayoría de los
recuerdos y vivencias, los habituales del día a día, de algarabía, de juegos,
de algunas más formales y propias del lugar, bautizos, comuniones, bodas,
celebraciones litúrgicas, y otras que se celebraban cada año como la Navidad, o como esa semana
en la que el silencio devoto se adueñaba de mi atrio y, salían o entraban en la Iglesia, o la rodeaban por
alguno de sus laterales, todas y cada una de las procesiones, todos los
desfiles de nazarenos que portaban o acompañaban a Vírgenes y Cristos. Era la Semana Santa, la Semana Santa de mi
PUEBLO, LA SEMANA SANTA
DE MONTIJO
Pregonar
la SEMANA SANTA
Pregonar
es tomar la palabra para anunciar algo, con el pregón se inicia una
celebración. En un tono más profundo o poético algunos dicen que “pregón es el
eco de la palabra”. Lo que no debe ofrecer dudas es que un pregón no debe ser
un conjunto de palabras huecas. Aunque sea excelente en las formas, debe
expresar adecuadamente lo que se anuncia y debe ser actual, pues no tiene
sentido anunciar algo que ya ha ocurrido. Pero ocurre muchas veces que las
palabras se convierten en corsé para quien las usa y no sirven para expresar la
honda y profunda realidad que se esconde tras quien habla. Y en ese instante,
sería mejor callar. Eso ocurre al anunciar, pregonar la Semana Santa, porque
decidme, ¿de qué vale mi palabra, si la realidad que celebramos en la Semana Santa es la
muerte de la PALABRA
misma, el VERBO con mayúsculas? El mejor comentario sería, sin duda, el
silencio.
Ese silencio que se nos manifiesta de
muy diversas maneras en muchos pasajes bíblicos.
- “Esté todo hombre presto y fácil para
oír y tardo para hablar”
(Santiago, 1.19)
- “Coloca, Señor, una guarda en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios”.
(Sal 141,3)
- “¡Silencio todos ante el Señor, que se
levanta en su santa morada!”
Zacarías, 2[17]
Sí,
el silencio. Porque la
Semana Santa es tiempo de oración, la Semana Santa es, ante
todo, silencio. Silencio y soledad. Silencio y desnudez. Silencio y
recogimiento. Silencio y reflexión. Siempre silencio. Pero silencio en
positivo, no como la ausencia de sonidos agradables o ruidos enloquecedores.
No. El silencio que se oye en nuestro interior, fuera del ruido y de la
algarabía, alejado del grito y del estruendo. El silencio del que calla para
hablar y oír interiormente.
Semana Santa. Una semana es cualquier
periodo de tiempo que abarca siete días, pero, ¿y cuándo representa toda una
vida y su muerte? ¡Esa semana es la SEMANA SANTA¡ Son siete días de vida y muerte, o
mejor, de vida, muerte y vida. Y como representa toda una vida es además una
semana de contrastes: tinieblas y luz, noches y velas o antorchas, silencio y
saetas, dolor y agonía frente a júbilo y regocijo.
Son siete días que todos llevamos
grabados en el corazón, porque todos tenemos archivadas en nuestra memoria
sensaciones, recuerdos, olores, vivencias nostálgicas de adolescente y
sentimientos de un ayer aún presente. Todo eso conforma el mosaico variopinto
de la Semana Santa.
En mi caso todo, ya lo he comentado, giraba en torno a ese territorio que era
como de mi propiedad, el Atrio de la
Iglesia, el Atrio de la Iglesia y su entorno, el lugar de las vivencias
diarias, pero que se transformaba cuando llegaba una semana concreta del año, la Semana Santa. Un
sitio, un entorno que une, que suelda lo que se celebra en Semana Santa con
todas las vivencias del resto del año, dejando claro que es una semana
especial, sí, pero que debe estirarse y vivirse todo el año.
Son siete días de santidad. Los toques
de trompeta y de tambor, que rompen el silencio de la noche. La voz desgarrada
que en esquina ó balcón canta saetas. El golpe seco de la vara del nazareno
entre faroles, cruces y velas. El tintineo de campanillas. El runruneo,
descompasado a veces, de las cadenas en los pies del anónimo penitente. El
Cristo medio vivo o medio muerto entre claveles, la Virgen, la Madre en su soledad y
desamparo....
Todos los años, de todas las décadas,
desde hace siglos, año tras año, repetimos el rito, actualizamos el misterio.
Todos los años, hay una semana santa, pero no la llamamos UNA, decimos LA SEMANA SANTA. Pero,
¿cuáles son los signos identificativos de esta celebración divina y humana, a
la vez?
Sabemos que los libros de historia
relatan hechos del pasado, estos a veces se representan en obras de teatro o se
celebran con fiestas. La celebración es lo que liga el pasado con el presente y
éste con el porvenir. La celebración afirma el poder de unos hechos sucedidos
hace tiempo y significativos para el hombre. Pero no debemos olvidar que los
relatos se escuchan, a las representaciones se asiste, pero en la celebración
se participa. La Semana
Santa, amigos y amigas, es celebración y vivencia, no
espectáculo.
¿Qué se celebra o qué se vive en la Semana Santa? ¿Es una
celebración sin sentido, hueca y vacía? ¿Es la rutina machacona y cansina del
calendario -ahora Navidad, mañana Semana Santa y después la Virgen-? ¿Qué hay detrás
de la Semana Santa?.
Una sencilla y descarnada historia,
conocida por todos, creyentes y no creyentes, aunque algunos digan eso de yo no
la conozco, una historia de hace más de dos mil años, con muy pocos
protagonistas: Jesús, hijo de María y José, de la ciudad de Nazaret, que
pregonó a lo largo y ancho de Palestina la llegada de la Buena Noticia, que
es el AMOR divino y fraterno, y que se dispuso a vivir la última semana de su
vida en la tierra, rodeado de discípulos y amigos. Para ello, llegó a Jerusalén
a celebrar la Pascua
(el paso de Yavé) entre los clamores de una multitud que lo llamaba "hijo
de David" y que extendía a su paso mantos y ramas de olivo. Entretanto, en
otro lugar de la ciudad santa, en los palacios de los dirigentes de Israel se
decidía su muerte, el día y la forma de captura: la traición de uno de los
suyos, un tal Judas Iscariote. A mitad de semana, Jesús reunió a los suyos y
celebró la última comida, dejándoles en herencia su testamento “Amaos lo unos a
los otros”. Por la noche, lo cogieron preso: el caminar de un sitio a otro,
palacio tras palacio, un juez detrás de otro, entre burlas y mofas y lo peor,
con acusaciones y juicios informales y hasta el reniego de sus amigos ("no
le conozco" ¿os suena?). Al fin se le condenó a morir en una cruz, entre
dos malhechores. La acusación decía "se llamó Hijo de Dios". Murió y
es enterrado. Al tercer día, el sepulcro que albergó su cuerpo estaba vacío,
como Él había anunciado. Resucitó.
Permitidme hacer una primera y audaz
simplificación, de acercamiento al núcleo del relato: un hombre, que pasó la
mayor parte de su vida en una aldea de Palestina, y que llegada la madurez se
convierte en el profeta que enardece a multitudes, en el amigo que consuela a
los tristes y ayuda a viudas y enfermos, en el hombre justo y entregado a los
demás, que predica con el ejemplo el perdón y el amor en un reino que no es de
este mundo, y que es asesinado por decirse "Hijo de Dios", a los tres
días, su cuerpo resucita.
Permitidme una segunda y más atrevida
simplificación, atrevida por desacralizadora: la vida -personificada en los
vítores y palmas de un Domingo de Ramos o en el testamento del Amor del Jueves-
muere en Viernes Santo y vence a la muerte a los tres días, en un Domingo de
resucitados. Lo decía al principio: siete días de vida, muerte y vida. Amigos y
amigas, lo que se celebra es el misterio de la vida, de la propia existencia:
la muerte lleva a la vida y tiene sentido en ella. ¡Qué bien lo expresaron los
poetas, anónimos o con nombres, en parábolas e imágenes tan de nuestra
tierra(cultura)!: "Si el grano de trigo o de cebada no se entierra y
muere, no da más vida". O esa forma de expresión aún más dura: "El
hacha del leñador pidió al árbol su mango, y el árbol se lo dio".
La fiesta a la que os invito con este
pregón, la vivencia a la que os invito en estos días, no es más que la de
nuestras propias vidas, esa amalgama indescifrable de realidades, más que
opuestas, solidarias: saber y sentimiento, carne y espíritu, yo y otros,
recuerdo y vida, pasado y presente. La vivencia del morirnos día a día, para
vivirnos siempre.
Pregonar
la SEMANA SANTA
de MONTIJO
Y ¿qué decir de la Semana Santa de
nuestro pueblo? Sí, de la que vivimos en Montijo. Habitualmente, y esto es un
error bastante generalizado, cuando se habla de una Semana Santa, se cae en eso
de decir, es de tipo castellano, o, tiene tintes andaluces, o en el término
medio “está a caballo de la sobriedad castellana y el sentimiento andaluz”.
Entraría yo en contradicción, con lo que he dicho anteriormente si así lo hiciese.
Si la Semana Santa
es celebración, o sea participación, y debe reflejar nuestras propias vidas y
vivencias, debo decir que la
Semana Santa de Montijo es de Montijo, o más aún, pregono que
la Semana Santa
de Montijo es de estilo… ¡montijano¡.
Son
siete días de nuestras vidas que van del gozo de un domingo -el de Ramos- a la
pasión de un viernes. De la pasión de un viernes al gozo de otro domingo, el de
Resurrección. Siete días que en Montijo empiezan…
Domingo de Ramos.
Cofradía Jesús Salvador de los Hombres.
La procesión de “La
Borriquita”.
En mis recuerdos, la Semana Santa se
asocia fundamentalmente a la noche, a las silenciosas noches, la mañana del
domingo de Ramos no es de la que más recuerdos tengo, sí recuerdo que era como
el día en que explotaba todo, era el día en que por fin tenía conciencia de que
llegaba la Semana Santa,
otra vez las procesiones. Ese rito que celebrábamos cada año. Como lo que se
celebra, ese domingo, es la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, era una
mañana de alegría y bullicio. Palmas y ramos de olivo que se agitan y celebran
la entrada de Jesús. Algarabía infantil que bien se expresa en los versos:
Revuelo, infantil revuelo, donde se
agitan las palmas como suspiros de almas, como banderas al cielo. Gozosos llevan
tras sí a una humilde borriquita. Y la voz de Dios que grita: "Dejad que
los niños se acerquen a Mí".
Entrada triunfal en nuestro pueblo que
va de una Parroquia a la otra, señalando así que el anuncio de su llegada se lo
hace a todo el pueblo.
Una vez terminada la procesión es cuando
nos damos cuenta que este Domingo es algo más que algarabía, cabalga entre el
gozo de un recibimiento triunfal y el dolor, sufrimiento y muerte, de la Semana que empieza….
Lunes
y Martes Santo.
En Montijo, no hay procesión. Son días
de oración y celebración comunitaria de penitencia. En las Iglesias, Ermitas y
Conventos se ora y se medita en el misterio de una pasión que será vida.
Miércoles Santo.
Para mí, en mi memoria, este día si que
representaba ya de lleno la
Semana Santa, era cuando todos en la calle empezábamos a
celebrar lo que es el meollo de la Semana Santa, la pasión, muerte y resurrección;
era como si de niño quisiera que esto empezara cuanto antes, para que cuanto
antes llegara el Domingo y otra vez la vida ganara a la muerte. La verdad se
imponía al engaño. Para mí era el día de la procesión “de los negros”.
La
Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y
Nuestra Señora de la Piedad
desde la Ermita
de Jesús hace su recorrido por las calles de nuestro pueblo.
Unos días antes, nuestra Señora de la Piedad deja el Convento de
las Clarisas, su morada entre Semana Santa y Semana Santa, y espera en la Ermita de Jesús, para
acompañar a su hijo, a Nuestro Padre Jesús Nazareno con su cruz a cuestas
ayudado por el Cirineo, en la noche del Miércoles Santo, que en procesión
acompañado de nazarenos vestidos de negro, ya de negro luto, le acompañan en su
pena y dolor por las calles de Montijo.
Jueves Santo.
Cofradía
del Santísimo Cristo de la
Agonía y María Santísima de los Dolores.
En mis recuerdos de niño esta Cofradía,
la de “los rojos”, ocupa buena parte de mi memoria, salía y entraba por mi
patio de juego, de la Iglesia
de mi Pueblo, de mi barrio, y con una solemnidad, silencio y recogimiento, que
me sobrecogían enormemente. Y me impresionaban porque unos lugares que se me
hacían tan familiares, donde jugábamos a diario, esa noche cambiaban
radicalmente. Luego, más mayor, fui comprendiendo que además de todo eso, es
que era el Jueves Santo.
El Jueves es reconocido por todos como
el día del AMOR. Un Cristo que se deja prender, todo un Dios que se deja
matar…..por amor. El amor a los hombres es la fuerza motriz de la vida de
Jesús: sus actos, sus palabras, sus sufrimientos, todo lo que quiso hacer y ser
en esta tierra. Por amor a los hombres se hizo hombre. Por amor a los hombres
nos dejó una doctrina, para que la palabra actuase año a año, siglo a siglo
hasta el final de la existencia humana sobre la tierra. Por amor a los hombres
vivió una vida que sirve de modelo a grandes y pequeños, a príncipes y humildes
de la tierra. Por amor a los hombres, esparció beneficios, alimentó a
multitudes, curó enfermos, restañó heridas y devolvió la felicidad a los
tristes. Por amor a los hombres asumió en sí el dolor de la humanidad y se
ofreció como víctima suprema por todos los pecados, todas las infidelidades,
todos los olvidos de los hombres.
La inmensidad de ese amor se refleja en
el Santísimo Cristo de la
Agonía que, en la noche del Jueves crucificado pero erguido y
a manos de nazarenos de negro y rojo, luto y sangre, sale y recorre, cuando el
jueves se nos va, las calles montijanas y vuelve por el atrio a su morada, la Iglesia de San Pedro.
Imagen que nos transmite algo que muy
bien se expresa en el soneto conocido por todos:
… ¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte……
Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te
amara,
y aunque no hubiera infierno, te
temiera.. (Anónimo)
Y tras Él, su Madre, el dolor de una
madre, nuestra madre, María Santísima de los Dolores, dolor y pena que muy bien
expresa la saeta:
Qué pena debes tener,
Señora de los Dolores,
al que Tú le diste el ser,
el Amor de los amores,
sufre la muerte más cruel.
Viernes Santo.
Cofradía
de la Vera Cruz.
Hermandad y Cofradía de Nazarenos del
Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de
Nuestro Señor Jesucristo.
Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores.
La procesión de la Soledad.
El
Viernes es más que ningún día silencio. Silencio frío de la muerte injusta pero
redentora.
En mis recuerdos no está la cofradía de la Vera Cruz, es la única
cofradía de la Parroquia
de San Gregorio, se fundó bajo la dirección del párroco en aquel momento, D.
Pedro Gragera, por los años 1988-90, yo ya llevaba tiempo fuera de Montijo. En
las primeras horas del Viernes, la cofradía de la Vera Cruz, llevará a su
Cristo, “Santísimo Cristo de la
Misericordia”, por las calles de nuestro pueblo al toque de
campanilla, y con el silencio, otra vez el silencio, como principal
acompañante. Dicen que formalmente es la cofradía más joven, aunque tiene
raíces y antecedentes muy antiguos, no importa la antiguedad, solo puedo decir
que bienvenida sea esa cadena que une y amarra juventud, austeridad y silencio,
y que nos lo muestra a todos en la madrugada del Viernes.
Cuando anochece, desde la Ermita de Jesús, el Santo
Entierro: en mis recuerdos la procesión de “los blancos”. Por las calles de
Montijo filas de nazarenos de capiruchos blancos con María Santísima de los
Dolores, en silencio, solo roto por toques fúnebres de nuestra banda de música,
acompañan al Cristo Yacente.
Y ya cuando el Viernes llega a su fin, la Hermandad más antigua de
nuestro pueblo, la de Nuestra Señora de los Dolores, pasea por las calles su
pena y su dolor.
Es la procesión de la Soledad, la Virgen enlutada, María
Santísima de los Dolores en su Soledad con San Juan y María Magdalena son
acompañadas por las mujeres de la
Hermandad en un recorrido silencioso por el pueblo, para así
cerrar este largo Viernes de Silencio y recibir al Sábado Santo también de
silencio, pero más ….. de espera callada.
Todo el Sábado Santo es espera callada…
y en esa espera, en esa meditación silenciosa, en esa reflexión de todo lo que
ha acontecido, se nos vienen como destellos, en hilera, una tras otra muchas de
las significativas y a menudo olvidadas palabras de Cristo en la Cruz , que resumen bien todo
lo que ha pasado en los últimos días: “Padre, perdónalos, porque no saben lo
que hacen” (PERDÓN); “en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”
(ARREPENTIMIENTO); “mujer, he ahí a tu hijo” (AMOR); “hijo, he ahí a tu madre”
(MÁS AMOR); “Padre mío, ¿por qué me has abandonado?” (INTRANQUILIDAD); “tengo
sed” (DESEOS); “consumatum est” (TRANQUILIDAD); “Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu” (INMORTALIDAD)
Y así pasa el Sábado Santo, meditando,
esperando, esperando el Domingo, que, como el otro Domingo, también es una
explosión de alegría, pero esta vez, ¡esta vez¡, sin ningún tipo de sombra ni
oscuridad, solo luz “ ..y la luz brilló en las tinieblas…Aleluya”
Domingo de Resurrección.
Asociación Jesús Resucitado. “El
Encuentro”.
Yo lo recuerdo como toda una explosión
de alegría, tanta era que a los pequeños a veces nos era difícil ver “El
Encuentro”, el saludo, el abrazo, del Hijo y su Madre, de la Madre y su Hijo, yo bajaba
desde mi casa por la Rambla
y apenas podía llegar a la plaza para verlo, solo escuchaba como lo celebraban
los que sí podían verlo, los mayores o los que habían conseguido estar en
primera fila. Solo alguna vez cuando los padres nos subían en sus hombros
veíamos algo. Eso sí, también recuerdo que cuando esto nos ocurría, una vez que
se escuchaban las palmas de celebración del Encuentro, corríamos al Atrio y ahí
sí tomábamos posición (los últimos serán los primeros, me decía yo) para ver el
regreso, en primera fila, de todos después del Encuentro….
El Domingo que no llamamos Santo sino DE
RESURRECION, es “El día más solemne de todo el año”. No es mía esta frase, es
así se refiere al Domingo de Resurrección una de nuestras parroquias, cuando
anuncia los cultos de la
Semana.
El Domingo de Resurrección es, pues, un
día de alegría, gracias a él, toda una semana de tristeza y dolor tiene
sentido; ya lo decía antes, si el grano de trigo no muere, no da más fruto...
Y cierro lo que dejé abierto al
comienzo, vuelvo con lo que decía al principio, he expresado en alto recuerdos,
sentimientos, no se si he sido pregonero, pero ahora toca callar y enmudecer.
No es lícito que cuando la
PALABRA por excelencia va a morir, otras palabras como la mía
simulando ser pregonero empañen este silencio.
Silencio que solo rompo para despedirme,
en la esperanza de no haber abusado de vuestra presencia, de vuestra atención y
sobre todo de vuestra gran paciencia, pido disculpas por errores que pueda
haber cometidos, y que más que pregón estas palabras sean una invitación a
vivir la Semana Santa
en toda su dimensión y significado, que bien se sintetiza en ese anónimo
popular que nos dice:
"La cruz no es para que la lleves
al cuello, o la cuelgues de una pared; es para que la vivas día a día."
Vivirla día a día, enterrando
resentimientos, envidias y egoísmos, para dar paso, resucitando, la tolerancia,
la paz, el perdón, la esperanza de vencer las dificultades que hoy tenemos,
para podernos asemejar algo al que tuvo la inmensa generosidad de darlo todo
por los demás, incluso la propia vida.
Feliz Semana Santa,
Feliz Pascua de Resurrección a todos.
Buenas noches a todos
Francisco Quintana Gragera
2010 José Moreno Losada
“Y la luz brilló en
las tinieblas…”
Razones para la Alegría y la esperanza.
Introducción: EL OFICIO
DEL PREGONERO
En
la vida te toca hacer muchos oficios, y tienes que habilitarte para
ellos, o más bien el propio ejercicio del quehacer te va oficializando y habilitando.
Espero que sea así esta noche montijana, y que lo que hago aquí con
vosotros me dé el oficio, hasta hoy inédito en mí, de ser pregonero, y de
serlo de semana santa en esta localidad de Montijo.
El
oficio de pregonero evoca en mí una serie de sentimientos y de recuerdos
entrañables. En mi niñez el pregonero de mi pueblo era Anselmo. Un hombre
enjuto y seco, pero bastante respetable, que se vestía de un modo oficial
para pregonar los bandos, incorporando su gorra con visos de graduación y
veteranía, y su pequeña trompeta, que con carácter apocalíptico, a la vez que
festivo y ultimador, una vez soplada y producido el sonido monódico sostenido,
pero afectivo y reconocido por todo el pueblo, convocaba a cada
calle y cada grupo que se reunía en torno a él aguardando su voz y su gesto
expresivo, de alegría, de dolor, de esperanza, tristeza, extrañeza o
admiración, cuando no de rutina ligera, que proclamaban dichos y noticias
esperadas en silencio y, las más de las veces, con solemnidad. Siempre empezaba
con el mismo tono y la misma expresión: “Se hace saber…” luego la
referencia de autoridad y respaldo a la palabra que se iba a
pronunciar…”de parte del Señor alcalde…”… después la noticia, el aviso, el
mando, la ley, la comunicación, la convocatoria, el luto, la alegría, la
fiesta, el impuesto, la siega y la cosecha, la era, los comercios, la procesión
y la misa solemne, la asamblea o la visita del personaje ilustre y
político. Para terminar provocando el murmullo, la queja, la ironía, el silencio,
la pena o el gozo en los que lo escuchaban, y la algarabía de los niños
que volvían a sus juegos sin que les hubiera hecho mella aparente lo anunciado
porque ellos eran protagonistas de otros pregones más cercanos y bullangueros…
aunque algunos de ellos se atrevían a imitar al propio Anselmo y retirarse
corriendo y repitiendo, en el mismo tono pregonero que él, alguna gracia
infantil que provocaba la risa en todos los demás.
Desde
este recuerdo evocador popular de mi niñez me atrevo a sospechar cuáles han de
ser las claves de este quehacer en Montijo, abriendo los días santos en los que
el pueblo va a tener en su seno la celebración de un misterio que nos
sobrepasa y que no podemos decirlo, a la vez que no podemos callarlo y
tenemos que expresarlo en la formas que no lo agotan, pero que lo apuntan y lo
abren trascendentemente en lo más pequeño y lo más imaginario, que va desde el
capuchón de un nazareno y la mirada de una talla de dolor y silencio , a las
rodillas del pueblo inclinadas ante la cruz para adorarla y la alegría de la
luz del cirio y de las velas, junto a los cantos vivos y juveniles en la
vigilia pascual que proclaman, con voz de coro celestial, que el
crucificado ha resucitado y vive para siempre y en él está nuestro sentido y
nuestra esperanza.
Por
eso acepté este oficio cuando los sacerdotes del pueblo me llamaron y me
pidieron que viniera a compartir este momento con estas comunidades
parroquiales y la ciudadanía en general. Entendía que se me invitaba a ser
pregonero, es decir:
-
“De parte de”: A “hablar en nombre de otro”, las palabras del Otro, del Dios de
la vida, que no se pueden decir porque nos sobrepasan pero que nos hacen
gritar desde dentro.
-
“Se hace saber”: Para que todo el mundo se entere: ha de ser de utilidad
pública, que esté al alcance de todos, para que todos podamos alimentarnos de
él.
-
Para que se cumpla beneficiando a todo el que lo escuche. Se trata de llegar al
corazón de la vida, de lo que está ocurriendo ya en la historia en el ser y
hacer de las personas; esto sólo podrá ser desde la vida.
-
Ahora bien el pregonero, no puede situarse al margen de la actualidad, no
hay nada peor que un pregón atrasado, le pasaría como al periódico “hoy” de
ayer, o a la sal sosa del evangelio que sólo sirve para tirarla fuera y que la
pise la gente. Hay que entrar en el mundo de hoy para abrirse a la
actualización del gran misterio de Jesucristo, sólo desde la vida podemos
acercarnos a un conocimiento real y encarnado de ese Jesús de Nazaret que
fue pregonero de su semana santa, en la sinagoga cuando desenrolló el libro del
profeta Isaías y reconoció el hoy de la salvación en su propia persona y
en la misión que tenía que realizar en medio del pueblo anunciando y viviendo el
Evangelio del Padre(Lc 4,16ss).
Hasta aquí la
descripción del oficio, ahora toca desentrañar porqué seguir haciéndolo, y
hacerlo en el seno de la
Iglesia y en este hoy que nos ha tocado vivir; para nosotros
es cuestión de vida y de sentido, la iglesia sólo existe para “pregonar”
el evangelio, hoy resuenan en nosotros de un modo especial aquella invitación
de Jesús resucitado: “Id por todo el mundo anunciando el evangelio a todas la
gentes”. Pregonar y presentar de un modo encarnado el amor de Dios que
llena de sentido la existencia, ese es el quehacer y el oficio de la Iglesia, para eso existe y
para eso debe servir. Pero cómo ejercerlo en esta noche, qué es lo que
pretendo:
-
Aproximarme de rodillas y descalzo ante el misterio de Cristo, sabiendo que
todo lo estimo pérdida comparado con el conocimiento de Jesús, y que el
conocimiento de El es inagotable y personal dentro de la comunidad de los
seguidores.
-
Contemplar y leer creyentemente la vida y las personas de este
pueblo, recoger gestos, signos y acciones que nos ayuden a conectar
actualizadamente con el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús
de Nazaret.
-
Animar e invitar a la celebración profunda de estos días santos, a tocar en el
corazón de cada uno de vosotros para que podáis oír y poner nombre a esa voz de
Dios que nos dice desde el Apocalipsis: “mira que estoy a la puerta y llamo; si
alguien oye mi voz y abre, entraré y cenaremos juntos...”. Una cena que será
recuerdo vivo, sabiendo que recordar significa volver a pasar de un modo
continuado y profundo por el corazón los retazos de la vida nuestros y ajenos,
y memorial, porque nos hará presentes a nosotros en el paso de Jesús, en su
pascua, y nos traerá al espíritu de Jesús resucitado a nuestro presente para que
nunca deje de ser Pentecostés.
DESDE EL CAMINO DE LA CUARESMA
Venimos de la Cuaresma, cuarenta días,
jornadas de escrutinio y exorcismo, proceso de liberación de la persona
para poder entregarse a fondo y ser de los demás. Es el símbolo del camino que
andamos día a día construyendo la sociedad y el mundo; nos hablan los
sociólogos que nuestra sociedad tiene un gran capital social; la
capacidad de la relación afectiva e identitaria que sostiene al mundo y hace
que haya más bien que mal y podamos permanecer en la vida.
Es
la cuaresma del vivir diario, que en la dificultad nos va llenando de sentido y
ocupando nuestra existencia para llegar a la vida. Se trata no de los cuarenta
días simbólicos de ayuno de Cristo en el desierto, sino de las más de tres
décadas vividas ocultas en el ámbito rural de Nazaret y resumidas en unos
versículos en los evangelios: “bajó con sus padres a Nazaret y allí creció en
gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres”. La vida y nada más que la
vida.
Por
eso quiero comenzar la proclamación de este pregón, pregonando con todas mis
fuerzas que el centro de la vida del Pueblo y de la Iglesia, dentro de él, no
puede ser otro sino las personas y su valor sagrado vivido en lo cotidiano, lo
ordinario. Eso es lo único que acompaña a Jesús de Nazaret y él cristifica, la
vida de cada día. La
Semana Santa es posible porque hay cuaresma vital, recorrido,
pasos, pueblo… no hay más sentido de la semana santa que poder celebrar juntos
y jubilosos el centro del misterio de la fe desde el centro del misterio de la
vida diaria y sencilla de cada uno de los ciudadanos, de los que están
caídos y rotos, así como de los esperanzados y comprometidos. La vida
diaria es el tesoro que más vale y a veces el menos preciado. La semana santa
viene a condensar y a sacramentalizar lo cotidiano para reconocer que es
ahí donde el hombre se va haciendo y donde se contruye la verdadera historia de
la salvación.
Desde
ahí quiero pregonar y vocear lo que hace posible la vida, lo que más
vale, lo que tiene valor único y eterno, siendo a la vez la sencillez y
la humildad que caracterizan el pan nuestro de cada día, el Dios diario y
anónimo:
-
La familia, padres, madres, hijos, hermanos, amigos, la calle, el pueblo, los
vecinos, el trabajo, los nacimientos, las muertes, los niños, los jóvenes, los
adultos, los ancianos, la política, la religión, la comunidad cristiana, el
grupo, los sacramentos, la economía, las relaciones humanas, la comida,
la diversión, el tiempo libre, la fiesta, el cansancio, la salud, la
enfermedad…
DOMINGO DE RAMOS: DÍA
DEL SUEÑO Y LA UTOPÍA
¿Os
imagináis Montijo sin niños ni jóvenes? Sólo el sueño y la utopía fecundan y
generan la esperanza y dinamizan la entrega fiel y el compromiso. Un reino
eterno a lomos de la borriquita; es el sueño de los profetas de la historia, el
fondo siempre permanente en la historia de que “otro mundo es posible”; la
sociedad enferma es la que ha perdido la esperanza, la que asiente y se
conforma con que el mundo siempre ha sido así y no podrá cambiar; es la
sociedad sin niños y sin jóvenes, en la que todos desde que nacen se sienten
viejos programados con una actividad frenética, que produce para consumir, y
consume para ser feliz y volver a trabajar. La sociedad que tocada por el
mercado produce un hombre unidimensional y empobrecido, tan pobre tan
pobre que sólo tiene el éxito excluyente de la riqueza y el dinero.
Jesús
de Nazaret provoca el sueño de la utopía del reino; lo ha estado gestando
dentro en la vida de la aldea, en la vida de la gente del pueblo, donde se
respira profundo y con un calado que sólo ven bien los ojos del corazón.
Ahora está estallando dentro de él, ha comenzado hace unos meses a
acercarse a la gente y ha provocado evangelio, se ha hecho buena noticia,
alegría, ánimo, ilusión, sueños, ganas, pasión, algarabía, manifestación, gozo,
encuentro, compañía, esperanza, serenidad, libertad, bondad; sólo falta
que luzca el sol, que resplandezca y lo acompañe, lo demás lo pondremos entre
todos.
Es
la fuerza de la utopía y la esperanza la que mueve el Domingo de Ramos.
Contemplemos la fiesta de este Domingo, dejemos que penetren en nosotros el
paso que procesionamos, siempre el mismo, pero caminando cada año con nuevos
niños, adolescentes y jóvenes que van marcando el paso de la historia con
el acelerador de la ilusión, de la esperanza y del sueño. Ellos abren el
pórtico de la Semana
Santa, y aprovechan este gesto litúrgico de la procesión de
ramos para gritar junto a Jesús, que otro mundo es posible, que el salvador nos
ha dado la clave de la vida y que ya nadie ni nada nos la podrá quitar; sólo
nos da un aviso para los navegantes actuales que el color rojo de la liturgia
delata: “el que quiera guardarse la vida la perderá, pero el que esté
dispuesta a arriesgarla la ganará para siempre”. Es el riesgo del que busca no
acomodarse y sentarse en vagones de primera, sino comprometerse ante y en el
diluvio a construir el arca en el que quepamos todos con dignidad y libertad
auténtica. Ese arca al que acudirá la paloma con el brote de olivo en el pico,
se está construyendo diariamente en medio de la algarabía de la vida; será
lugar de salvación y laboratorio de esperanza; veo y siento en el domingo
de ramos todas aquellas realidades del pueblo que generan personas con vida auténtica
y personal, con autonomía y mirada crítica, con deseos de vivir y transformar
el mundo del que se han ido encargando y responsabilizando: las escuelas, los
institutos, la universidad, las catequesis parroquiales, los grupos
juveniles, el coro de la parroquia, las asociaciones de los jóvenes, la
música en la escuela municipal, el teatro, el camino de santiago, la operación
kilo, las asociaciones de todo tipo…son tantos espacios y tantos animadores
e ilusionadores en medio del mundo, que sin ellos nos quedaríamos viejos
y desesperanzados. Cada vez que un niño, un adolescente, un joven, un adulto o
un anciano se ilusiona y se esperanza en medio de la historia está siendo
Domingo de Ramos, se está abriendo la historia y se está haciendo fecunda; en este
Domingo abriremos el pórtico de la fiesta y de la vida, con el rojo
de la fuerza vitalizadora de la pasión que ya es imparable, y que hace del
débil el centro de la historia, porque nadie tiene amor más grande que el que
da la vida por sus amigos, y en Cristo, el padre nos ha entregado a su
hijo para que entregándose por nosotros nos diera nueva vida, y con el
ella el sueño de la fraternidad y del amor. Por eso rezaremos a Dios que nos
ayude a soñar despiertos, como lo hacía León Felipe:
Hazme soñar... ¡Soñar,
Señor, soñar!...
¡Hace tiempo que no sueño!
Soñé que iba una vez
-cuando era niño todavía,
al comienzo del mundo-
en un caballo desbocado
por el viento,
soñé que cabalgaba,
desbocado, en el viento...
que era yo mismo el
viento...
Señor, hazme otra vez
soñar que soy el viento,
el viento bajo la Luz, el viento traspasado por
la Luz,
el viento deshecho por la
luz,
el viento fundido por la
luz,
el viento.., hecho Luz...
Señor, hazme soñar que soy
la Luz...
que soy Tú mismo, parte de
mí mismo...
y guárdame, guárdame
dormido,
soñando, eternamente
soñando
que soy un rayito de Luz
de tu costado.
JUEVES SANTO: LA MESA DE LA FRATERNIDAD Y LA ENTREGA
La
semana santa de este año viene envuelta en un discurso y en una palabra que nos
interpela a los cristianos profundamente: la palabra crisis. Los analistas nos
hablan de que las causas de esta crisis son financieras, económicas, políticas…
pero hay quien habla de crisis de valores fundamentales, que pervierte el
sistema desbancando a la humanidad de su dignidad y sometiéndola a la reducción
finalista de puro objeto de uso y consumo, de productor y consumidor. Desde ahí
me gustaría centrarme en el verdadero sentido del Jueves Santo, aunque después
volvamos al huerto de los olivos.
Jesús
que sabía que iba a partir pronto para el Padre, que de él venía y a El debía
volver, quiso celebrar la pascua con sus discípulos; la pascua es el
recuerdo memorial de los judíos de su salida de Egipto, de su liberación del
faraón que les tenía sometidos y no les dejaba vivir, eran objetos suyos,
producto de su posesión. El faraón, como todos los sistemas faraónicos, sólo
quería mantener su reinado a costa de lo que fuera, para ellos la vida era
volver a empezar y dominar. Jesús celebra esta pascua anunciando su
verdadero poder: no el de la fuerza del faraón sino la de la humildad y la
misericordia del siervo de Yahvé. Nosotros en este jueves santo volvemos a
entrar en el misterio del siervo de Yahvé, sabemos que la salvación no
viene por el poder del faraón del mercado que rompe toda frontera para
conseguir riquezas pero que hace murallas para que no se acerquen a él los
pobres, a no ser que vengan a servirle y darle la vida a él. La salvación
viene de aquél que se arremanga, coge la toalla, se tira de rodillas al suelo y
va lavando los pies de sus discípulos para enseñarles que han de hacer lo
mismo que el maestro, servir y dar la vida, porque la salvación viene por
la entrega desinteresada y amorosa, la que sale de las entrañas del hijo
agradecido ante el Padre que sólo quiere hacer su voluntad. El padre
tiene como arma para confundir a los fuertes a los que no cuentan en la vida y
en la sociedad, él se hace fuerte en la debilidad. Por eso Jesús
establece como memorial suyo las manos que parten el pan y sirven la copa
de vino anunciando que El Dios de la vida está con nosotros y se entrega
radicalmente sin pedir nada a cambio. Así se establece la clave sacerdotal de
la existencia, la vida solo encuentra su sentido cuando se da a los
demás.
Ahí
está la verdad en la revolución del “lebrillo” en el que se lavan los pies de
los cansados y los heridos de la historia. Los sociólogos cristianos nos
lo dicen con claridad dónde está el verdadero Jueves Santo: la gran
riqueza de nuestra sociedad es todo aquello que es verdaderamente gratuito y
nace de la entrañas de los que se quieren: el cuidado y educación de los hijos,
la relación entre hermanos, la atención a los padres mayores y deshechos,
el trabajo diario, los impuestos pagados con honradez, la vecindad, las
pequeñas empresas, la pensiones compartidas, los padres que auxilian a sus
hijos en las hipotecas y en sus problemas económicos, las mujeres que cuidan de
sus maridos aun cuando son alcohólicos y los animan a salir de ahí, las madres
de los drogadictos.. y un largo etc. De lo diario que es lo que realmente
construye el mundo y la sociedad. Cuántos lebrillos ocultos, insignificantes,
pero fecundos y transformadores, de aquellos de los que no sabe su izquierda lo
que hace su derecha. Todos somos fruto de la entrega y la generosidad de los
que se nos han dado y nos han amado, sin ellos no seríamos nada, todos
vivimos y respiramos en el clima de la familia, de la amistad y de la honradez…
lo pregonamos a voces: “ hay más bien que mal en el mundo”; hay más amor que
odio. Hay muchos que están inclinados en la vida lavando pies: desde la
familia, desde el trabajo y la profesión, desde la vecindad, la economía, la
política, la educación, la sanidad, la empresa…” Hoy mirando la última cena, la
celebración que abre el triduo pascual con solemnidad y alegría celebrando el
amor de Dios a los hombres y de éstos entre sí, os pido que os detengáis
conmigo en la realidad de Cáritas de Montijo. Cáritas no son unos
cuantos, aunque unos cuantos den la vida en ella, se trata de la dimensión
socio caritativa de todos los cristianos, no nos podemos sentar en la mesa de
la eucaristía, si no queremos compartir la vida y los bienes con los más pobres
como le ocurría a Judas. La mesa de la eucaristía nos llama a la verdadera justicia
que se supera en la caridad; hoy como nunca en estos tiempos de crisis el
Jueves Santo se vive en la capacidad de una austeridad que sana en el compartir
a los que azotan las condiciones precarias de la crisis impuesta, y que sufren
de un modo especial los más pobres.
Somos
lo que amamos y sólo amamos en la medida que hemos sido amados. El amor
frustrado, el egoísmo, se hace necesariamente defensivo y violento; el jueves
santo nos presenta el hombre realizado en el amor; el hombre según Dios que ama
todo pero no se ata a nada para dar la vida. Este Dios de Jueves santo no se
manifiesta en el poder sino en la entrega. NO es el éxito el que lleva al
verdadero reconocimiento, sino la entrada en el corazón del padre que nos
hace fraternos y nos invita a salir de nosotros todos los días para acercarnos
a las puertas de los otros esperando con perdón, misericordia, generosidad y
fiesta al hijo pródigo que se ha perdido y necesitamos darle la vida.
Todos esos proyectos de cáritas hoy necesito pregonarlos para deciros sin
duda que la mesa del jueves santo presidida por el amor hecho carne que es
Jesús, esta vivo y presente en este pueblo y en esta comunidad cristiana de
Montijo. Pregono que desde que está la crisis, en Cáritas diocesana han
aumentado las cuotas de lo socios y los donativos particulares y colectivos,
benditos los que en tiempo de crisis sienten la llamada a compartir más y ser
más generosos, porque sus nombres están inscritos en el cielo. En todos estos
proyectos resuenan las frases de aquel discurso solemne en boca de Jesús para
hablar de la plenitud del reino del amor:”
Venid vosotros benditos de mi padre…porque tuve hambre… estuve enfermo… fui
inmigrante… excluido… drogadicto… y cuando lo hicimos? Cuando estabas
haciéndolo con uno de los más pequeños…conmigo lo hacías”.
Permitidme
también una alabanza de Jueves Santo, quiero pregonar benditos los pies
de los que traen la buena noticia de un trabajo digno para quien lo necesita;
benditos los que se esfuerzan por mantener los puestos de trabajos y por
agrandarlos, los que se empeñan y sufren para seguir adelante y que no les
falte el pan de la dignidad a sus trabajadores. Benditos todos los que en
estas vegas saben del trabajo y levantan la ciudad cada día, recordando el
himno de las horas:
Tu
poder multiplica
la
eficacia del hombre y crece cada día,
entre
sus manos, la obra de tus manos.
Nos
señalaste un trozo de la viña
y
nos dijiste: "Venid y trabajad".
Nos
mostraste una mesa vacía
y
nos dijiste: "Llenadla de pan".
Nos
presentaste un campo de batalla
y
nos dijiste: "Construid la paz".
Nos
sacaste al desierto con el alba
y
nos dijiste: "Levantad la ciudad".
Pusiste
una herramienta en nuestras manos
y
nos dijiste: "Es tiempo de crear”.
Escucha
a mediodía el rumor del trabajo
con
que el hombre se afana en tu heredad.
Y no quiero salir del Jueves fraterno del amor y
del servicio, sin pregonar a los que hemos de ser, siguiendo al maestro,
profesionales del “lebrillo” en la comunidad a los sacerdotes; cómo no
rememorar aquellos que Jesús les pide que sigan haciendo en memoria suya el
gesto fraternal de la eucaristía, diciendo sus palabras con el pan y el vino en
las manos. Es verdad que estamos envueltos en debilidades, en algunos casos
escandalosas y recriminables, por las que hemos de pedir perdón de
rodillas por nosotros y por nuestros hermanos, pero también es verdad que por
encima de nuestras debilidades, Dios nos hace instrumentos suyos, para servir
en la verdad, consolar, animar, dar el pan de la vida, el perdón de la absolución,
la unción de los enfermos, el bautismo salvador y sobre todo compartir
vuestra vida y vuestras ilusiones. Bendigamos en el Jueves Santo la bondad de
Dios derramada en los sacerdotes que han sido significativos y que han pasado
por las comunidades de vuestro pueblo: los actuales Juan, Pedro, Andrés y otros
que lo fueron y que ahora ya sirven en otras comunidades o marcharon ya con el
Padre Dios para gozar de la resurrección de Jesucristo. Ojalá siga habiendo
jóvenes en este pueblo dispuestos a coger este lebrillo del sacerdocio
ministerial en sus manos.
EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS:
La oscuridad y el dolor en la soledad y el
abandono.
La angustia y la tensión se masca en el huerto de
los olivos. Jesús, auténtico y original, en su vida presiente que tiene pasar
por el sello de la denominación de origen en su coherencia de hijo del Padre y
de hermano de los hombres. Le toca entrar en la decisión de la radicalidad de
entrega a los últimos; ahora se juega toda su verdad a una carta, o cede y
flexiona ante un sistema de injusticia, o se mantiene en la voluntad del Padre,
aun a costa de no verle y sentirle de ningún modo en este tránsito de la verdad
y el amor. Necesita orar y adentrarse en el corazón del Padre para vivir
este momento de angustia y de sudor de lágrimas, en el que uno está solo de
verdad y tiene que entregarse desde la fe más desnuda y el abandono más frío:
“Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?”
La pregunta de la vida se hace dura y
última y uno no sabe como va a salir de ella, de todos modos entrega su
vida al Padre. Recuerdo una mañana temprano al levantarme y desayunar con
el correo de la vida, con ese que llega a través de Internet pero que a veces
lleva la vida a borbotones, me encontré con un mensaje que se había escrito muy
de noche y muy de dolor desde Montijo… a la vez que de mucha esperanza y
entrega y que ahora me ayuda a reconocer la oración de Jesús en el huerto en
este último año:
VIERNES SANTO: POR LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ
El
viernes santo es el día central de nuestra señal, en la que manifestamos ante
el mundo el valor que tiene la cruz para nosotros los cristianos. En un mundo
en el que se cuestiona el símbolo de la cruz en los espacios públicos, nosotros
oímos cómo la palabra de Dios nos lleva a una comprensión de la cruz que es de
otro estilo, y que muchos no pueden comprender. Podrán quitar todas las cruces
de madera del mundo, pero lo que no podrán quitar ni ellos, ni siquiera
nosotros es la fuerza de la cruz de Jesucristo, como poder de Dios. Esta
es la cruz sencilla que Dios quiere y no las que están en los despachos y las
paredes, aunque se merezcan nuestro respeto, nos dice san Pablo :
"El lenguaje de la cruz, en efecto, ... es poder de Dios ...Dios
ha querido salvar a los creyentes por la locura del mensaje que
predicamos. Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan
sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para
los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados... se
trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios..."(1Cor
1,18.21-24)
Necesitamos
recobrar continuamente este lenguaje, esta señal, lo cual es imposible sin los
crucificados de nuestro mundo actual, recobramos la señal cuando los recobramos
a ellos.
La cruz
que viene con el Reino no es la designación de los males en manos del Padre,
sino la contradicción que engendra el anuncio del Reino a los más
débiles, que desajusta toda estructura aseguradora e injusta. Las
resistencias personales, culturales, económicas, ambientales, religiosas e
incluso de los mismos pobres y familia, hasta de los propios discípulos
son las que elaboran el verdadero material de la cruz. Pero tal cruz no es sino
un signo del camino real del Reino: "Dichosos
vosotros cuando os insulten, os persigan o digan contra vosotros toda clase de
calumnias por mi causa. Alegraos y regocijaos..."(Mt 5,11-12) Ponte a
ser manso, transparente, justo, misericordioso, pacífico y sentirás el peso de
la cruz de los que en este mundo solo quieren violencia, poder, engaño,
indiferencia, gozo y placer.
Una Iglesia
que no sufre persecución viviendo en un mundo injusto, lleno de pobreza y
desigualdad, ha de preguntarse si está sirviendo al Reino de Dios, a la causa y
al nombre de Jesús.
La Iglesia
que anuncia a Jesucristo y da testimonio de El ha de andar por caminos que le
cargan la cruz; cruz que es signo de buena noticia de liberación para los
crucificados de nuestro mundo, noticia de un Dios compasivo y misericordioso.
Frente a
un sistema del placer absoluto y de una humanidad indolora
hemos de desarrollar la cultura de la entrega y del compromiso, que a veces es
dolor a favor del hermano dolorido para calmarle y consolarle, recuperándolos
para la vida, siendo testigos vivos del Jesús- Buen samaritano. Este
dolor entregado en el amor para dar vida es presencia del
crucificado- glorificado que vive para siempre y que transforma dolor en gloria
y sufrimiento en alegría. ¿Donde están los crucificados que dan la vida? No los
busquéis en los palacios, ni en los templos del éxito y del poder,
miradlos en lo sencillo y en lo pequeño de cada día: la hija que cuida a su
madre con alzheimer desde hace años, los padres que tienen a su hijo con
Síndrome de Dowm como el centro de su casa; el empresario que contrata a
un disminuido físico, la esposa del alcohólico que apuesta por él y lo quiere
de verdad, la asociación que le acoge con dignidad y le ayuda a resucitar, la
que lava a su vecina sola y enferma, y le lleva de comer sin que se
entere nadie, el animador que da la vida por los jóvenes para que encuentren el
camino de la vida; el que se mata para que funcione el coro; el médico que
conoce y ama a sus pacientes, el que dona los órganos de su hijo fallecido en
accidente para que le de vida a otros, el niño que da lo que recibe en la
comunión para un proyecto en África y rechaza un traje ostentoso
haciéndolo con el de su primo, el que da un tanto por ciento significativo de
su sueldo para cáritas, el voluntario en el asilo, y cuantos más… la
madre que da toda su vida por sus hijos, la que adopta un niño
abandonado…
¿A quién vamos
a ver en el rostro del crucificado este año? ¿ A quién vamos a abrazar cuando
adoremos la cruz el viernes santo? ¿A quien vamos a procesionar para que se nos
muevan las entrañas como a Dios, y nos den ganas de ser cireneos para ayudarle
a llevar la cruz sencilla de la vida a favor de los que más lo necesitan? Una
cruz sin ningún adorno ni distracción, cómo quería León Felipe que le hiciera
su cruz para la mesilla de noche en medio de su enfermedad:
“Hazme una cruz sencilla,
carpintero...
sin añadidos
ni ornamentos...
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia
la tierra,
el mástil disparándose a
los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos...
sencilla, sencilla...
hazme una cruz sencilla,
carpintero.”
Permitidme antes de salir del
Viernes, pregonar aquello que se hace noticia en el momento, pero que parece
usarse y tirarse cuando pasan los días, aunque la noticia sigue. Me refiero a
Haití y Chile en sus sufrimientos últimos. Cómo no pregonar aquí a todos
los que os habéis movido de fondo y con entrañas para ponernos al servicio de
aquellos que ya eran muy pobres antes del terremoto. Pero cómo no pregonar una
oración dirigida al Padre pidiéndole que nos ayude a no olvidarnos de su
dolor y su penar cuando ya no es noticia en televisión pero sigue siendo
tristeza y pena honda en los que lo están sufriendo y se quedaron sin
nada ¿Cómo no ponerlos esta año en nuestro pasos en lugar de las flores y los
adornos para que sea su rostro el que dé forma y sentimiento a las tallas de
los pasos procesionales?
Que se abran todas las puertas al
paso del crucificado y su madre, para que todo dolor sea iluminado y sanado y
para que todos los corazones se unan en el deseo de pintar este mundo de color
esperanza con la fuerza del amor entre los hermanos.
SÁBADO SANTO: LA ESPERA EN EL SILENCIO
Sábado santo día del silencio y
de la espera callada. Es el invierno que tras el otoño ha recogido la semilla y
ha comenzado a germinarla y a puntear, tras ser enterrada, queriendo abrir la
tierra para salir a la luz y comenzar de nuevo el camino esperanzado que le
llevará ser nueva espiga para molerse en el molino, y volver a ser pan de la
historia humana consagrado en el altar de la vida y de la familia. Es el día de
todos los que no se dejan robar la esperanza y permanecen en ella, aunque sea
lo único que les quede para vivir; no se la dejan quitar, sino que la entregan
confiados en que en esta ocasión se cumplirá su liberación.
Son todos aquellos que están en
el sepulcro pero que ya sienten la fuerza del espíritu que les despierta de su
letargo y les lleva al reconocimiento de su yo saneado y cubierto de dignidad y
alegría felicitante para los que lo rodean. ¿Quiénes son los que están en esta
espera? Todo un tercer mundo herido, todos los que en medio de nuestra sociedad
están mordidos por la pobreza grave y severa, pero conscientes de que
sólo su lucha vital por reconducirse podrá llevarles a la tierra de la verdad y
la libertad; los sometidos por la esclavitud de la dependencia adictiva:
drogadictos, alcohólicos, ludópata, pornografía… pero de igual modo los que
tienen sus afectos en el dinero, en el poder, en el placer… y están rotos
y vacíos por dentro. Pero son más de la esperanza, los que no dejándose llevar
por el juicio destructivo acerca de los excluidos y rotos, se ponen mano
a la obra y luchan contra toda esperanza para que sea posible su liberación.
Celebremos en el sábado por todos los que apuestan por situaciones difíciles y
complicadas, los que son hermanos de los rotos que viven sin ilusión y
esperanza y que creen que van a recuperarlos para el amor. Oremos al Padre
por todas las asociaciones y asociados que luchan por ellos, los que no
entierran sino que aran y siembran esperando que tras la muerte llegue la
resurreción, así cómo los que cada día trabajan por ellos para que
no les falta la alegría del Reino y se vean alimentados por el Padre de la
vida, con la plenitud del sentido y del gozo de la entrega desinteresada.
Pregonemos también a todos los
que de un modo u otro hacen suscitar la esperanza, y rayos de pequeñas
posibilidades en los que más que creer que estaban dormidos, ya pensaban que
estaban muertos. Por los facilitadores y por los que generan serenidad y
rayos de esperanza en los desesperanzados. Cómo no recordar en el sábado santo
a todos aquellos que iniciaron la asociación de enfermos de cáncer para
acompañarse y vivir, luchar juntos frente a la muerte y a favor de la vida,
compartiendo la esperanza de darle a cada día su sentido y su valor. Quiero
pregonar a Ana Mari, a quien conocí y amé en su testimono de entrega de la
vida, para ella no merecía la pena guardarse nada, cada día bueno era
para testimoniar que tenía sentido la vida y que no podíamos entregarlo vacío a
la muerte. Cómo no desear que cuando lleguemos a la muerte que la
fuerza de lo amado en la vida y en cada día nos saque del sepulcro y nos
instale con gozo pleno al lado del Padre, como decía María Jesús.
Cómo no abrazar el silencio y la oración, que nos hace llegar al que nos
invita a ir hacia él, porque quiere darnos solaz, consuelo y descanso a
todos los que estamos cansados y agobiados por el camino.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
“Y la luz brilló en las
tinieblas….Aleluya”
"Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y
determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo
matasteis. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte,
pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder..." (Act 2,23-24)
El que ha
resucitado es el "siervo de Yahvé". La resurrección confirma
teológicamente toda la historia de la salvación: el éxodo, la creación, la
liberación del pecado, la alianza y la promesa, la encarnación, la vida y el
mensaje de Jesús, la cruz como lugar de gloria y no de muerte.
El que
resucita es el de las llagas y el costado abierto, el que no tenía donde
reclinar la cabeza, el hereje, el blasfemo, el que comía con los pecadores
haciéndose uno de ellos, el que perdonaba lo imperdonable, profanaba el templo
y no cumplía la ley, el que se puso de parte de los hombres en nombre de Dios.
Frente a una
mentalidad cientifista y cerrada en lo inmanente y el extremo de un
dogmatismo trascendentalista dehistorizado, creemos en lo imposible desde los
signos que llevan al hombre de la nada y la muerte, al todo y a la vida y que
gritan continuamente: "No está aquí,
ha resucitado".
El pobre Jesús
de Nazaret ha resucitado y vive para siempre. La resurrección es signo de la
libertad y la justicia definitiva que tiene como fundamento y objeto al
Dios de la vida afectando todo la realidad humana.
En la
resurrección la libertad y la igualdad se hacen definitivas y se unifican, no
puede ser una sin la otra. La resurrección da libertad y fundamenta la
igualdad desde la fraternidad que ya se hace viable y posible.
La Iglesia
que anuncia a Jesucristo Resucitado y que se deja mover por su Espíritu no
puede ser sino una iglesia pobre, que anda por los caminos de la historia
provocando el encuentro con los débiles e identificándose con ellos porque sabe
que su Reino pasa por el sacramento del hermano: "¿Cuándo te vimos...? - Cada vez que los hicisteis con uno de
estos..... Venid vosotros benditos de mi Padre". (Cfr.,Mt
25,31ss).
Y
aquí permitidme que haga confesión de fe en Cristo resucitado desde un hecho de
vida, del que seguro que muchos de vosotros habéis sido testigo de primera mano.
Este año se hizo un corto, la música fue viva y en directo, acompañaba Pedro
como hoy lo está haciendo conmigo, pero aquel día se presentaba el corto en el
que el personaje central no era un famoso, ni chico avispado o travieso, listo
o inteligente, no era el guapo, ni el primero de la clase, ni siquiera se le
habían visto dotes de actor, era natural como la vida misma, formando parte del
paisaje de Montijo sin estar en el centro, sino en el lado, no contando para
muchos y además aparentemente aislado, “lolo” era el personaje central,
todo estaba pensado teniéndolo a él como centro de la película… era verdad y su
sueño se cumplía… era él el que subía al escenario con una alegría y un
gozo que nada ni nadie podía detener. Todo el mundo le aplaudía sin cansarse y
el se sentía el más querido y el más importante del mundo. El siervo de Yahvé
se sentía Hijo de Dios, el crucificado había resucitado y era dueño de la vida
y la podía dar a otros… y es que otro mundo es posible, la última palabra no la
tiene la muerte sino la vida, el verdadero poder es el de amor y está abierto a
los sencillos y a los que confían, así es nuestro Dios, es en la debilidad
donde él se hace fuerte e importante, es ahí donde nos salva, en lo que nos
parece fealdad y dolor, el pone ternura y cariño para levantarnos y gozarnos en
la esperanza. Os invito a que este año en la cara del resucitado veáis a
“lolo” y su película, y en su rostro el de todos los hombres que
sueñan con la vida y la esperanza, con la dignidad y la justicia, con la
fraternidad y la igualdad.
Después
del Domingo, con la alegría de la resurrección nos tocará volver a hacer
milagros y signos de la vida diaria, de esos que son como la levadura en la
masa del pan, y el grano de trigo en la tierra, y la sal en la comida, eso que
gesta en lo cotidiano pero que acaba en la gloria y elaborando el pan y gusto
de una felicidad que nada ni nadie podrán quitar.
El
paso por la pascua sea para todos vosotros un encuentro con el cristo que
se hizo hombre, uno de tantos, llegando incluso a la muerte y una muerte de
Cruz, y que en él lleguéis al gozo de la vida llena de signos de resurrección.
Que El Cristo resucitado nos abra los ojos para que sepamos reconocerlo en el
camino de la vida, verlo en los crucificados de la historia, y nunca nos falte
ni el pan de la esperanza ni el vino de la alegría.
¡Que
sea bien viva y actual la Semana Santa
de Montijo 2010!
José Moreno Losada
2009 Francisco Maya Maya
Sres.
Curas Párrocos de San Pedro y San Gregorio
Sres.
Presidentes y miembros de Cofradías, Hermanos Mayores.
Hermanos
y hermanas cofrades,
Señoras y Señores.
Quiero expresar mi
agradecimiento a los sacerdotes y las Hermandades y Cofradías, que han querido
que este año me convierta en pregonero de esta Semana Santa de Montijo.
Desearía tener a mi alcance las palabras y el atrevimiento necesario, para que
cuanto anuncie llegue, penetre y empape sus corazones.
No soy un pregonero aséptico, que narre desde las gradas cuanto acontece en el
escenario. Me siento implicado e interpelado en la escena. Soy uno de los que,
entre amores, caídas, miedos y esperanzas, quiere seguir de cerca a Jesús de
Nazaret. Me siento hombre de fe, que seducido por Jesucristo, quiere caminar en
la vida anunciando con esperanza profética lo que ha visto y oído en la Pasión, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
El pregonero quiere
poneros en guardia. La historia, que pretendo narrar con pasión y emoción,
siempre ha sido censurada por aquellos que cierran las puertas al amor, a la
compasión, a la solidaridad, a la no violencia, a la debilidad, al silencio y a
la cruz.
Siento temor por la tarea
que se me encomienda. No sé si sabré narrar con acierto y con asombro, la
historia del misterio de un Hombre desconcertante. Un Hombre sumido en silencio
profundo. Un Hombre lleno de fuerza, que soporta, aguanta, resiste y, sobre
todo, ama. Un Hombre que sabe esperar, confiar y llegar hasta el final. Un
Hombre fiel.
Esta historia se presta a
interpretaciones diversas, a lecturas apasionadas o indiferentes, compasivas o
irónicas, revolucionarias o garantes del orden, a lecturas que terminan en
lágrimas o en risas. Cada cuál sabrá desde dónde se sitúa para escuchar esta
historia, cada cuál sabrá cómo se encuentra de implicado en la misma. Son
ustedes los que al final de este relato tendrán que exclamar, como lo hizo
aquél centurión romano: “¡Verdaderamente este era el hijo de Dios!”, o bien,
terminar gritando: “Este hombre era un maldito”, que nunca mereció vivir porque
ha sido rechazado por Dios.
Deseo unir a mi voz, mis sentimientos, mis creencias, mis opciones, mis
entrañas, mis experiencias, para poder exclamar con fuerza, mirando al Cristo
Crucificado, y Resucitado por el Padre que:
-
La vida vence a la muerte;
-
El amor destruye al egoísmo;
-
El perdón prevalece sobre el odio;
-
La ternura cambia el corazón del hombre;
-
El silencio acalla las palabras hirientes;
-
La fe zarandea las montañas;
-
La oración cicatriza las heridas;
-
La vida entregada con amor salva;
-
La noche del dolor da origen a la aurora de la pascua.
Y al oír y contemplar esta historia, sabed que junto al principal protagonista,
que camina con la cruz, la recorren también sus discípulos y toda la humanidad
doliente y esperanzada.
¡Cofrades, costaleros, nazarenos, hermanos, creyentes e increyentes,
indiferentes o apasionados por Jesús!, tened el coraje y la valentía de abrir
vuestros corazones, para que broten las preguntas: ¿Por qué este Hombre no
devuelve mal por mal, no reacciona con violencia, no ataca al que le golpea?
¿Por qué en la cruz, desnudo y solo, a nadie echa culpas, a nadie condena, a
nadie responsabiliza de su suplicio y muerte? ¿Por qué cuando está siendo
torturado, y está asfixiado por tanto dolor se preocupa del dolor ajeno? ¿Por
qué se fía y se abandona en Dios, su Padre, que calla y guarda silencio ante
tanto dolor? ¿Quién es este Hombre? ¿Quién es este Hombre, que ha escindido en
dos la historia de Occidente, de manera que se cuenta el tiempo antes de él o a
partir de él?
“¿Quién
es este que viene,
recién
atardecido,
cubierto
con su sangre
como
varón que pisa los racimos?”
(Himno
litúrgico)
¡Cofrades y costaleros!,
vosotros que hacéis silencio, vosotros que contempláis el rostro desfigurado
del Cristo Crucificado, vosotros que lo transportáis y zarandeáis, como
Cirineos, por las calles de Montijo, disponeos también a ser pregoneros. Gritad
por las calles, las avenidas y las plazas quién es este Hombre. Decid quién es
este Hombre por el que muchos dieron su vida. ¡Cofrades y costaleros! haced que
el silencio y la belleza de la imaginería se hagan palabras vivas, que resuenen
en el corazón de los que procesionan o andan como curiosos y turistas por todo
el recorrido de esta Semana de Pasión y de Pascua. ¡Que la emoción contenida se
haga vida!
Quiero recorrer y narrar la historia de este Hombre. Me detendré a contar
cómo es un Hombre despreciado y evitado: “Varón de dolores” (Is 53, 2-3),
y al mismo tiempo, cómo es un Hombre embriagado de amor: “se desprendió
de su vida por nosotros” (1 Jn 3,16).
Comencemos el relato del Ecce homo. Mirad al Varón de dolores, Aquél que
descendió hasta lo más bajo, hasta los infiernos de la impotencia, del fracaso,
el dolor y la humillación. Hasta llegó a ser pisoteado por la gente. Ahora se
entiende la Escritura:
“Yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del
pueblo” (Sal 22,7).
“Sin figura, sin belleza…Despreciado y
evitado de los hombres, como un hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos
ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado” (Is 53
,2-3)
Duele el alma, nos duele como a la Virgen Nuestra Sra. de la Piedad al contemplar a
este Hombre, Jesús Nazareno, roto y desvalido, herido y maltratado. El
corazón se nos parte, se nos llena de dolor, al contemplar a Jesús deshecho,
que más bien parece un gusano y no un hombre. Y al mirar al Cristo de la Agonía nos sentimos
avergonzados al percibir lo que hemos hecho con el Varón de dolores, un hombre
herido y despojado, Jesús, el que pasó haciendo el bien, el amigo de
publicanos, pecadores y prostitutas, el que no guardó su vida sino que la
entregó por nosotros. Amó sin medida, se compadeció de los hombres rotos,
destruidos y heridos en medio del mundo. Jesús, el inocente, el que había
venido a anunciar el amor y la paz universales, el que vino a darnos vida y
vida en abundancia, y que ahora es arrojado a un pozo de odio y de rechazo,
prendido y tratado como un malhechor, condenado a morir en la cruz.
Los orígenes de este
Hombre se remontan a Nazaret. Jesús, es el hijo de José, el Hijo de María, que
se hizo debilidad, pequeñez, insignificancia… Es humano, corriente, sencillo y
laico. El Dios omnipotente se hizo “carne”, y fue rechazado porque se encarnó
en esta historia con sencillez y familiaridad. “¿Cómo puede salir algo bueno de
Nazaret?” ¿Cómo puede Dios, tan poderoso, tomar para sí las impotencias y las
limitaciones humanas? ¿Cómo puede un Dios trascendental hacerse histórico?
¿Cómo puede lo divino hacerse humano?
¡Nazarenos!, cuando
recorráis las calles llevando a la Virgen Nuestra Sra. de la Piedad, proclamad a
gritos que Jesús, el Hijo de Dios, es de Nazaret, que vivió desprendido de
seguridades, privilegios y poderes. Proclamad, que es en la vida sencilla y
cotidiana (en la vida de familia, en el campo, en la oficina, en el sindicato,
en el comercio, en la construcción…), en la que hemos de vivir amando,
ofreciendo ternura, aprendiendo de los demás, solidarizándonos como buenos
vecinos y ciudadanos, como lo hizo Jesús en Nazaret, allá donde se dejaba oír
el canto del martillo del carpintero.
Y este Hombre dejó las
caricias y las seguridades de Nazaret, y se lanzó por los caminos, pueblos y
aldeas de Galilea, para hacer la voluntad de su Padre, que le envía a anunciar la Buena Noticia de
vida, de amor, de paz, de justicia, de liberación, de fraternidad universal, de
perdón ilimitado. Se presentó ante el mundo y ante los suyos como alguien con
convicciones profundas, que sin retroceder y sabiendo lo que quiere (cf. Is.
50,5), es libre frente a sus opresores (cf. Is. 50,7). Pero el Dios que anuncia
no es reconocido por el pueblo, es un Dios demasiado amigo del hombre, un Dios
del amor y no del temor, un Dios débil y no fuerte. Por eso, “muchos decían:
está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis?…” (Jn 10,20)
El Varón de dolores ha de
aceptar y asumir el dolor en su vida como consecuencia de su fidelidad y de su
amor a la misión que se le ha encomendado. El Siervo aceptará la cruz como
camino de amor, de redención y de liberación.
Su opción por la justicia,
su compasión por los pobres, su entrega al Padre, convertirán su vida en un
camino de dolor y de exclusión. Pondrá en las manos del Padre su límite, su
debilidad, su camino sin salida. Jesús confía en el Padre. Se abandona en su
amor. Se entrega a su poder. Y se abre a su misericordia. Jesús, en fe pura,
ora su dolor, suplica, alaba, agradece, adora, ama. Su oración es llanto y
lágrimas; es dolor y soledad; es angustia y tristeza.
Cofradías del Cristo de la
Agonía y de la
Vera Cruz, transmitid que Aquél que puso bálsamo en las
heridas y consoló a los que eran maltratados por los caminos de la historia,
Aquél que había sido admirado por sus milagros, se convierte ahora en objeto de
irrisión, es prendido y apresado de noche, maniatado y llevado a empujones,
motivo de burlas y escarnios. Su vida parece haber sido un horrible fracaso. El
odio parece haber vencido sobre el amor.
Santísimo Cristo de la
Misericordia, tu cruz, tu calvario y tu dolor se
prolongan hacia todos los patíbulos, trincheras, cárceles y hospitales de
nuestras modernas ciudades; tu dolor continúa todos los días del año. Santísimo Cristo de la
Misericordia,
tus heridas, tus lágrimas y tu sangre, se prolongan en todas las heridas
abiertas, en todas las lágrimas vertidas, en toda sangre derramada, en toda
tristeza sentida, en toda soledad saboreada, en toda carga soportada. Tu
calvario, Santísimo Cristo de la
Agonía, se renueva en el enfermo triturado, en los padres
desconcertados, en las oscuras noches de la vida. Se hace presente en toda
condena injusta, en toda caída preparada, en toda agonía provocada.
Cofradías,
autoridades y hermanos, tocad, palpad, escuchad, el dolor que
grita en el silencio de vuestros barrios, dejad que la mirada penetrante del
anciano abandonado golpee vuestro pecho, sentid la impotencia y la rabia de
quien no puede valerse por sí mismo. El dolor llega, penetra, arrebata la
risa de manera inesperada. Escuchad el llanto de la Virgen Nuestra
Sra. de los Dolores mirad su dolor, adentraos en su corazón roto y
angustiado, y sentid con ella el dolor de tantas madres, de tantas mujeres de
vuestras calles, rotas y desconsoladas sin sentirse valoradas, golpeadas física
y síquicamente en sus vidas. Haced silencio, para que oigamos sus gemidos
de dolor.
¡Callad y orad en el
dolor! Sabed que esta es la historia de dolor del Varón de dolores; una
historia viva, que hoy se repite y actualiza con escenas y actores diferentes.
Al llevar sobre vuestros hombros a Jesús Nazareno y al Santísimo Cristo de la Vera Cruz contad a
los curiosos y a los que se encuentran por calles y plazas, que el Varón de
Dolores sigue hoy sufriendo, que en esta historia de la humanidad las víctimas
de hoy son los niños maltratados y abandonados; las mujeres ultrajadas y
violadas; los inmigrantes explotados y engañados; las minorías aplastadas,
controladas, cínicamente ignoradas, cuyas culturas han sido destrozadas.
Decidle al pueblo de
Montijo que miren atentamente al Santísimo
Cristo de la Agonía,
y que contemplen cuántos hombres y mujeres hoy están cayendo brutal y
desesperadamente por el mundo. Contad cómo el régimen nazi trató de exterminar
a los judíos. Recordad cómo en Ruanda y en los Balcanes hemos asistido a
diferentes formas de genocidio. Narrad cómo judíos y palestinos se odian y se
matan. Describid cómo en Irak el terror y la muerte acampan por doquier.
Relatad cómo el terrorismo destruye, asesina y amenaza a todo el mundo. Y no os
olvidéis de contar cómo en Montijo hay muchos hermanos que caminan hacia el
Calvario tras de Cristo con su cruz: ese accidentado que se ha quedado en una
silla de ruedas; esa madre de familia con un cáncer en progreso; esos jóvenes
que no se pueden casar porque no tienen vivienda ni trabajo; esa familia con
algún niño con discapacidad física o síquica; ese hombre bueno que ha sido
mordido por la calumnia. Es el dolor que convive entre nosotros, entre las
calles y los hogares de Montijo, el que siempre llama a la puerta cuando menos
se le espera. Indicad cómo el dolor de Jesús y el dolor de nuestro mundo se
reflejan en el rostro de Nuestra Sra. de
los Dolores. Poned de manifiesto que el sufrimiento y la angustia siguen
ahorcando a hombres y a mujeres en nuestro mundo.
Entrad en el dolor de
vuestro Señor. En Él se concentra todo el dolor del mundo. En él confluyen ríos
innumerables de sufrimientos humanos. Dios sufrió en su Hijo Jesús, y hoy sufre
en todos sus hijos. Le duele el dolor de sus hijos. No quiere ni desea el
dolor, lo redime y lo comparte.
Hemos visto al Hombre, Varón de dolores. Ahora os contaré cómo su sufrimiento
se debió a que es un Hombre embriagado por el amor. Su amor será un amor
crucificado, es el Santísimo Cristo de la Misericordia. Sus heridas de amor nos curaron. Un amor hecho paciencia y perdón, un amor
de servicio y entrega. Fue herido porque no vino a condenar, sino a salvar. Fue
herido porque no vino a dominar, sino a liberar. Porque se atrevió a cargar con
nuestros pecados; porque quiso redimirnos, “no con oro o plata, sino con una
sangre preciosa” (1 Pe. 1,19). Cuando le crucificaban, perdonaba. Cuando le
despojaban, regalaba. Cuando le quitaban la vida, la entregaba.
“Ahí
quedan sus brazos extendidos para abrazarnos;
sus
manos agujereadas, para que veamos sus entrañas;
sus
pies clavados, para esperarnos;
su
cabeza de espinas, para hacernos reyes;
su
corazón abierto,
para
que de él brotaran ríos de purificación, de alegría y de vida”.
Lo que el pecado del hombre destruye, el amor de Cristo lo construye. Amor
hecho obediencia absoluta, confianza ilimitada, entrega incondicional. Por el
amor la agonía se convierte en oración suprema, el prendimiento se convierte en
entrega, el juicio en profecía, las bofetadas y azotes en martirio, las llagas
en ventanas y puertas abiertas, la cruz en altar, la crucifixión en inmolación,
el agua y la sangre en sacramento, el último aliento en Espíritu comunicado, la
muerte en Pascua, el pecado en feliz culpa.
Es el Cordero, que por amor, carga con los pecados del mundo. Es inmolado no
para satisfacer y complacer al Padre airado, sino para amar más, para
enseñarnos a amar, para hacer triunfar el amor. “Nadie tiene mayor amor que el
que da la vida”. Inmolado por amor y para amar. Inmolado en el fuego del amor.
El amor es un horno donde el cuerpo de Cristo se cuece como el mejor de los
panes. Un amor que perdona, que cura, que libera, que salva.
“Dios es un enorme vaso de perfume
que lava continuamente los pies de las
criaturas;
él exhala el perfume por todos los poros
de su ser
y se vacía amando.
Su trabajo consiste en perdonar”.
(1)
En Jesús crucificado el
Padre se ha dado sin medida: “amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único”
(Jn 3,16). Podemos decir que, sin duda amó mucho más que padeció, y fue mayor
el amor encerrado en su corazón que el sufrimiento que hacían ver sus heridas y
sus llagas. En su amor no hay límites. Dios se deja derrotar por el Amor; pero
estas derrotas terminan siendo victorias.
Y este amor llevó a Jesús
a instituir en la última Cena el sacramento del amor: la eucaristía. Es signo
de comunión y de entrega. El cuerpo roto y la sangre derramada. Nadie tiene
amor más grande. Solo el que es amado y ama sabe lo que es el amor. En su Sangre
derramada nos ha testificado cuánto nos ama el Padre.
Él se ha dado todo. Está
despojado de todo. Está desnudo, pobre. Y aún su amor es capaz de más, dar lo
último que le queda: el gran amor de su vida, su Madre. Al discípulo amado, a
cada uno de nosotros, Jesús le entrega lo mejor que tiene como hombre. Le dice
sencillamente: “Juan, amigo mío; ahí tienes a tu madre. Todo lo mío es tuyo.
Acógela como la última flor que corto de mi rosa. Y quédate con ella” Y desde
entonces, María es Nuestra Señora de la Piedad esperanzada.
Miremos el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo,
miremos la cruz y al crucificado, que tan bellamente nos describen las imágenes
del Santísimo Cristo de la Agonía y del Santísimo
Cristo Vera Cruz. En ellas se reflejan y se ponen de manifiesto la victoria
del amor de Dios. No se puede dudar que Dios nos quiera, que nuestro Dios sea
un Dios compasivo y misericordioso, como lo fue también su madre, Nuestra
señora de los Dolores. Todo el evangelio de Juan es como una gran sinfonía
que culmina en la Pascua
de Cristo, en la que “amó hasta el fin”, en la que se dejó romper el corazón,
en la que fue levantado de la tierra y lo atrajo todo a sí. Dios no condena.
Cristo no condena aunque lo maten. “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para
condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17).
Todo el que es amado se capacita para amar, se convierte en instrumento vivo de
amor. ¡Cofradías, Nazarenos y Hermanos
mayores!, dad a conocer en Montijo el amor entregado de Dios a través de
vuestro amor, de vuestros proyectos sociales, de vuestro compartir generoso con
el fondo de solidaridad. Ante la crisis, que nos atenaza, abrid vuestros
corazones y emprended acciones solidarias. Si cuidáis y os esmeráis con los
tronos, las imágenes y los pasos, cuanto más tenéis que hacerlo con aquellos
que son imágenes vivas de Dios, templos del Espíritu. Hay muchas modalidades de
amar y servir: lavar los pies; partir y compartir el pan; abrir a los pobres el
corazón y las manos; acompañar a los que sufren en su dolor; denunciar cuanto
oprime y destruye al hombre. Todavía hay muchos pies que lavar y muchas manos
que adiestrar, muchas heridas que curar y muchas cadenas que romper, muchos
cuerpos que dignificar.
¡Amigos de Montijo! a este Hombre el
amor le llevó a la muerte. Jesús ha tocado todos sus límites humanos, ha
llegado al final despojado de todo, desnudo. Ha derramado su vida a su paso. Se
ha gastado dando hasta dolerle. Ha llegado al final sin poderes. El único poder
es servir y amar. Un amor enraizado en la mansedumbre y la humildad.
Él es el Mesías, el
enviado por Dios, quien hizo su entrada en Jerusalén, no con el aire triunfal
de los vencedores, sino en son de paz, con la sencillez y humildad del
Rey/Mesías. Vino a servir a su pueblo sin emplear el poder y la violencia. Él
entró en Jerusalén montado sobre un borrico (cf. Lc 19,35-36), en vez de
hacerlo sobre un brioso caballo, como los príncipes y generales.
¡Pueblo de Montijo, niños
y nazarenos de la Cofradía
Infantil de ¡Jesús, Salvador de los Hombres!,
ondead las palmas y los olivos, cantad,
lanzad gritos de júbilo. He aquí que
viene nuestro rey: justo, victorioso, humilde y montado en un asno. Él
suprimirá los carros… los caballos… y el arco de combate; y él proclamará la
paz a las naciones (cf. Zac 9, 9-10). Dios ha hecho opción por la
no-violencia; el Mesías quiere la paz, porque él es la Paz. ¡Que no haya violencia
entre barrios, entre partidos e ideologías!, ¡Que no haya odio en las
familias!, ¡Que no haya más guerras en nuestro mundo! ¡Que la paz florezca y
venza!
Cofradía infantil de
Jesús, Salvador de los Hombres en el Domingo de Ramos
decid a los cuatro vientos que Dios se hizo niño y todo lo llenó de ternura y
humildad; decid que Dios quiere que nos hagamos como niños, sencillos,
pequeños, humildes, sin codicias, ni rencores.
Agranda
la puerta, Padre,
porque
no puedo pasar,
la
hiciste para los niños,
yo
he crecido a mi pesar.
Si
no me agrandas la puerta,
achícame,
por piedad,
vuélveme
a la edad bendita
en que vivir es soñar
(M.
de Unamuno)
¡Niños! cantad que no hay
que soñar con grandezas y avaricias, que no hay que buscar los éxitos y los
aplausos. Enseñad que “si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y
el servidor de todos” (Mc 9,35). Marchad pacíficamente, sed profetas de la paz,
y proclamad con Jesús que son “Dichosos los que trabajan por la paz” y hacen de
la vida un oasis de encuentro.
Contad cómo el amor de
este Hombre está bañado de ternura, de misericordia y de fidelidad: “Todo se ha
consumado”. Es el testimonio del Hombre fiel a la vocación dada por el Padre,
que se presenta en la cruz libre de orgullo, de egoísmo, de prepotencia. Jesús
es el hombre abandonado. Se ha quedado solo y muere solo ante su Dios. Muere
sin multitudes a su lado, sin aclamaciones ruidosas, sin manifestaciones de
apoyo. Fue el hombre libre que murió así por defender a los pequeños, a los
pobres, a los abandonados, a los crucificados de la tierra. Jesús se sitúa
entre los no-hombres, los menos hombres, los deshumanizados, precisamente pasa
sacarlos de ahí; si está en la cruz no es por tomar una actitud resignada, sino
por haber luchado contra esa situación de inhumanidad. Si se ha configurado
como “el hombre anónimo desfigurado” es para que devolvamos la verdadera figura
humana a todos.
Jesús crucificado es el hombre en “situación límite”. Es el hombre cara al
muro, contra la pared, sin salida. El Crucificado es el hombre derrotado,
fracasado, sin sentido. Es el hombre que ha perdido su identidad de hombre.
Parece que en la cruz todo se acaba, todo se termina, todo desemboca en el
absurdo. La cruz es como el hombre hecho basura. Sus sueños, sus utopías, sus
proyectos parece que han fracasado.
Pero quien mira al crucificado tiene que aprender a abandonarse en fe a Dios.
Confiar en Él aunque no vea. Creer aunque todo esté en contra. Creer a pesar de
las dudas, los interrogantes, las preguntas sin respuestas. Creer aunque el
rostro de Dios esté oculto o desfigurado. Creer aunque me quede solo. Así muere
Jesús: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”.
A Jesús le descienden de
la cruz, y ahora os toca a vosotros cofrades de la Hermandad del Santo entierro llevad en vuestros
hombros a este hombre muerto consumido en el dolor y en el amor. Pero al
llevarlo sobre vuestras carnes, creed y proclamad que de la muerte brotará la
vida, que Él será nuestra esperanza. Esta horrible historia de violencia, odio
y crueldad concluye con un inmenso rayo de esperanza: ¡la muerte no tiene la
última palabra! Y brotará la vida, porque el poder de Dios, la Palabra de Dios hecha
carne, ha transformado la violencia y el odio en ternura. El Padre resucitó a
su Hijo, remueve la losa del sepulcro, las losas de todos los sepulcros y las
aguas de la vida comienzan a fluir. Ahora captamos bien que la uva tiene que
pudrirse para fermentar y producir vino, y que el grano de trigo tiene que
morir para dar fruto.
“Inclinó
al fin su cabeza,
rota
en grito la Palabra;
hubo
llantos y lamentos
de
la tarde a la mañana.
¡Qué
silencio y qué vacío
por
la Palabra
enterrada!
todo
aquel día de sábado
fue
silencio y esperanza.
Y
a la mañana siguiente,
primera
de la semana,
la Palabra se convierte
en
risa resucitada.
Es
risa de primavera,
es
risa que se regala.
Es
risa que no termina,
es
risa que vive y habla.
Todo
se llena de risa,
y
solamente te pide
que
rías con todas ganas.
No
estéis tristes peregrinos
de
Emaús o de cualquier patria:
Alguien
sale a vuestro encuentro
y
su risa es una llama;
siempre
se deja invitar
cuando
la tarde se acaba,
y
cuando parte su pan
de risa a todos contagia.
Todo
se estremece y canta;
aquel
grito del Calvario
es
ya risa prolongada.
Se
acabaron las tristezas,
las
tristes muertes del alma;
hay
un rostro que sonríe
y
va sembrando esperanzas.
No
llores ya, Magdalena,
buscando
lo que más amas:
es
hortelano que ríe:
una
risa que no acaba.
No
llores más, Pedro amigo,
recordando
las tres faltas:
ahora
está junto a ti
el
que es Risa soberana,
y
tan sólo te pregunta
si
le adoras y le amas,
Parte
tu pan conmigo,
Amigo
mío del alma,
colorea
con tu risa
los
rincones de mi casa;
y
que la risa florezca
y
que fluya como el agua;
y
los cristianos resuciten
en
risas multiplicadas.” (2)
El pregonero acaba este
relato. Ahora, os corresponde a vosotros convertiros en pregoneros. El
pregonero calla, para que se abran vuestras gargantas. Narrad, proclamad,
celebrad y vivid. Decid a cuantos os encontréis quién es este Hombre, quién es
Jesús, el Nazareno, contad lo que habéis visto y oído. Y después de contemplar
la historia de dolor y amor de este Hombre, uniros a la confesión de fe con la
que yo termino este pregón: “Verdaderamente este Hombre es el Hijo de Dios”.
Francisco Maya Maya
(1)
Victor Hugo, citado por Jean Vanier, Acceder al Misterio de Jesús a través del
Evangelio de Juan. Sal Térrea, Santander, 2004, p. 159.
(2)
Rafael Prieto, un camino mejor (II). Cuaresma, Jueves Santo y Corpus. Cáritas
Española, Madrid, 1987, pags. 140-141
Autor vídeos:
José Manuel Lavado Lozano
2008 Alfonso Pinilla García
Buenas noches. Debo agradecer a la Junta Gestora de
Hermandades y Cofradías de Penitencia que
haya pensado en mí como pregonero de nuestra Semana Santa. Su decisión me ha
llenado de satisfacción y alegría por tres motivos:
-
En primer lugar porque, como cristiano, tengo la oportunidad de
reflexionar en voz alta acerca de nuestra fe.
-
En segundo lugar porque, como montijano, resulta emocionante
recordar junto a mis paisanos las vivencias de tantas Semanas Santas. Desde
pequeño quise participar en las procesiones y, cuando el paso de la
adolescencia a la juventud me hizo interpretar la realidad desde otro punto de
vista, pude darme cuenta de la profundidad espiritual que guardaba la
celebración de la Pasión,
Muerte y Resurrección de Cristo. Para mi, la Semana Santa no sólo
es un ejercicio de memoria, sino
también – y fundamentalmente – una oportunidad de introspección, de exploración interior, de volverse hacia lo más
profundo de uno mismo para poder ver el mundo con otros ojos: los del alma.
-
Y en tercer lugar porque, como historiador, la celebración de la Semana Santa
cristiana no puede apartarse de la sociedad que la rodea. Porque religión y sociedad están íntimamente
conectadas, y a veces olvidamos que el diálogo entre ellas no sólo explica
muchos de sus respectivos problemas, sino que también – a través de ese mismo
diálogo – es posible entrever interesantes soluciones. La relación entre los valores cristianos y la sociedad actual ocupará
el último tramo de mi pregón.
La segunda mitad del siglo
XX vio nacer a casi todas las Cofradías que hoy procesionan en nuestra Semana
Santa montijana. Excepto la “Hermandad
de Nuestra Señora de los Dolores” – cuya fundación se sitúa en las
postrimerías del siglo XVIII –
el resto de Cofradías y Hermandades surgen a lo largo de nuestra más reciente
historia. En la dura posguerra, concretamente en el año 1941, nace la cofradía “Nuestro
Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad”, caracterizada por su bello
ascetismo.
No será hasta mediados de
los años 60, más exactamente en 1966,
cuando la familia de las cofradías aumente con el nacimiento del “Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de
los Dolores”, que en su primera procesión contó con 500 nazarenos y unas
300 mantillas. Dos años después (1968)
vería la luz la Cofradía
del “Cristo Yacente, Caballeros del
Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo”, cuya
procesión está cargada de espiritualidad y recogimiento.
A principios de los 80, en el convulso
año 81, se crea la cofradía “Jesús Salvador de los Hombres”, que
invadiría con sus ramitas de olivo la mañana del Domingo de Ramos. Y ya en el 88, vendría la “Vera Cruz” susurrando silencio a la madrugada del viernes santo.
Para quien no hay fecha
exacta de surgimiento es para la
Asociación parroquial “Jesús
Resucitado” y su peculiar encuentro, que nos llena de júbilo los
Domingos de Resurrección.
Podría reflejar los
sentimientos que cada de una de estas procesiones, de estos actos de devoción popular, me han sugerido a lo
largo del tiempo. Respecto a las procesiones tengo una opinión muy clara:
debemos interpretarlas como catequesis,
como ejemplos de fe que el cristiano manifiesta ante la sociedad. No debemos
despreciar la tradición, sino
interpretarla y asumirla para, a partir de ella, evangelizar a los indiferentes. Pero insisto en que no quiero
hacer esta noche aquí un ejercicio de memoria, un simple recordatorio – o un
requiebro poético – acerca de lo más pasional de Nuestra Semana. Porque como
cristianos ya sabemos que lo más
importante de estos días santos es lo que en ellos se celebra, y sobre
ese punto me detendré en la primera parte de este pregón.
Pasión, Muerte y Resurrección
Poco antes de ser prendido
por las autoridades religiosas judías, Jesús decide lavar los pies de sus
discípulos. Tras la cena, vierte agua en un recipiente y se dispone a lavar los
pies de Simón Pedro que, sorprendido, le pregunta: “¿Lavarme los pies tú a mi, Señor?”
¿Cómo era posible –
pensaba Pedro – que el hijo de un Dios se humillara ante su criatura? He aquí
el primer acto de amor extremo que Jesús nos ofrece antes de iniciar su pasión.
A través de la Humildad, Jesús
empieza a ganarse una profunda autoridad ante sus discípulos.
Y merece la pena que
reflexionemos brevemente sobre este concepto, la autoridad, porque un conflicto de autoridades acabará
desencadenando la crucifixión de Jesús. Autoridad viene del griego
“augere”, que significa “hacer creer”, tener credibilidad. Alguien tiene
autoridad sobre nosotros cuando le creemos, cuando comulgamos con sus palabras
y sus actos, cuando tenemos FE en él, cuando nos unimos y movilizamos por su
causa. Autoridad y Fe son conceptos hermanos, pues ambos
están unidos por la
Credibilidad. Tener fe es creer. Tener autoridad es ser creíble.
Jesús empieza a conquistar
de manera definitiva la autoridad ante sus discípulos cuando les sirve
humildemente. Los doce empiezan a creer fervientemente en él cuando observan
que el hijo de un Dios – quien todo lo
puede – se humilla lavándole los pies a su criatura. No basta tener
poder. Podemos vencer, pero no siempre
convencemos, y Jesús convence
a los suyos porque además de
poder, tiene autoridad sobre
ellos. Y conquista esa autoridad con la Humildad
y el Servicio.
Conquistar la autoridad de un grupo
humano lo dota de cohesión y además lo moviliza en pos de una causa común. La
autoridad genera unidad y movilización, por eso decimos que la fe mueve montañas.
Con su predicación, Jesús
se ha rodeado de un grupo de hombres que le cree, y que incluso está dispuesto
a movilizarse para seguir los valores que él propone. Pero los poderes
establecidos – ya sean políticos o religiosos – ven amenazada su autoridad ante
la expectación y el apoyo que Jesús ha venido cosechando desde que iniciara su
vida pública. Jesús empieza a
ser un blasfemo para los judíos,
porque dice que él es el Mesías
y además critica la hipocresía de unos sumos
sacerdotes que mantienen su lujosa existencia a costa de unos campesinos
cada vez más empobrecidos. Y es que la fuente de financiación principal de los
sacerdotes judíos no era otra que los altos impuestos sobre el campesinado.
“Estos que os prometen la salvación – dirá Jesús – os condenan a la vida
mísera que lleváis”.
Jesús
estaba quitando máscaras, denunciaba los desajustes de su sociedad, sus contradicciones, interpretaba de otra
manera una religión que había servido más para subyugar que para salvar. “Hipócritas”, les llamaba, mientras
proponía otra manera de ver las cosas, mientras se acercaba a los más necesitados, a los más perjudicados por el sistema. Humilde, sirviendo al
pueblo más llano y huyendo del lujo que decoraba las estancias del Sanedrín,
Jesús minaba la autoridad religiosa judía. Y eso era, para los Sumos
Sacerdotes, demasiado atrevimiento.
Por eso le prenden y,
aprovechando la indiferencia de una Roma que no quería algaradas en plena
Pascua judía, logran su condena a muerte. Pilatos no encuentra delito en Jesús, pero observa que su amnistía
puede generar un malestar creciente en la casta religiosa judía que, a la
postre, podría pasarle factura al imperio. Y para evitar problemas, Roma
condena a Jesús sin comprender muy bien por qué lo hace, sin saber por
qué el hijo de un humilde carpintero ha generado tanta oposición en la clase
sacerdotal judía. Años más tarde, los seguidores de Cristo sí supondrán un motivo
de seria preocupación para Roma, pero ahora, Jesús tan sólo es para el imperio
un alborotador cuyo silencio es
condición suficiente para garantizar la
tranquilidad.
“Jesús
el Nazareno, Rey de los Judíos” rezaba la inscripción de la cruz que
soportó el suplicio de Jesús. Según la
ley romana, había de figurar en la cruz del condenado el motivo de su
condena y Pilatos, después de oír a Jesús y a los sumos sacerdotes, escribe
esta acertada sentencia que, por otra parte, nos permite demostrar nuestra argumentación anterior: Jesús se erige en Rey espiritual del pueblo
judío y la casta sacerdotal no
se lo permite porque ve en su discurso un profundo atentado contra su autoridad, contra su propia
legitimidad.
Pero si Jesús había
empezado a ganarse la autoridad, la fe, del pueblo judío con sus actos de
humildad y servicio, la muerte en la
Cruz será el episodio que consolidará esa autoridad. Creemos
a alguien cuando, aún siendo poderoso, nos sirve humildemente. Pero tendremos
una profunda fe en él cuando,
además del servicio humilde, nos entrega su propia vida como extrema demostración de amor.
La
muerte de Jesús en la
Cruz es un acto de entrega
absoluta, de entrega de lo más
preciado. El Padre nos entrega
lo más valioso que puede tener un padre: su hijo. El Hijo nos entrega lo más
valioso que puede tener un hombre: la vida. Porque el amor es entrega, y
cuando la entrega es absoluta, sin reservas, sin esperar nada a cambio,
entonces el amor también se vuelve extremo, no se guarda nada, no espera
mercadeos, no vacila entre “quizás” y “porqués”. Y a través de un acto de amor
extremo también se conquista, y se consolida definitivamente, la autoridad.
Sólo quien nos ama hasta el extremo, sin
reservas ni cálculos, puede dar la vida por nosotros. Y es preferible
hacerse caso de Ése que todo nos lo da, a congraciarse con aquél que todo lo
promete y nada ha dado aún. Porque es
la entrega, y no la simple promesa de una futura entrega, lo que nos hace
creíbles.
A través de su muerte,
Jesús nos demuestra su amor y consolida definitivamente la fe – hasta entonces
incipiente – de todos aquellos que le seguían. Nunca más volverá Pedro a
escuchar al gallo, ese delator de cobardías, tras ver a Jesús dar la vida por
los hombres.
La fe de los primeros discípulos se reforzará cuando éstos comprueban que, efectivamente, Jesús cumple lo que promete. Tras su
muerte física, resucitará a la vida espiritual de la que ha venido hablando
desde que empezó a predicar en plazas, calles y sinagogas. La resurrección es, pues, una promesa cumplida que cierra esta
tragedia en tres actos a través de la cual Jesús nos da motivos para creer en
él.
Pero no quiero hablar hoy
aquí de la resurrección después de la muerte física, sino de la resurrección
durante esta vida, verdadero objetivo – y motivo de fe – para el cristiano en
su caminar por el mundo. Porque no hace
falta morir físicamente para resucitar espiritualmente después. La muerte física no es una necesaria premisa para la resurrección
espiritual. Podemos sentirnos vivos,
aunque estemos muertos por dentro.
No hay nada más grave que
estar muerto en vida. Nuestro corazón late, nuestras piernas se mueven,
fisiológicamente nuestro cuerpo parece funcionar a la perfección pero, ¿qué hay de los valores?, ¿de nuestra
vida interior?, ¿de los conceptos
que sirven para entender el mundo?, ¿de lo que no se toca con los dedos de las
manos ni se ve con los ojos de la cara, sino con los del alma? He aquí la verdadera resurrección del
cristiano, la del espíritu, la de lo inmaterial, la de los valores que forman un
código ético aplicable a nuestro paso material, concreto, físico por el
mundo; un código ético excepcionalmente útil en nuestra relación con los demás.
Dios también se expresa así, a través
de un sistema de valores para guiar nuestra existencia.
No hay que esperar a la
muerte física para la resurrección espiritual, pues urge resucitar
espiritualmente en medio de las materialidades que nos rodean. Se puede estar
muerto aún estando radiante de salud, porque no es la biología lo que aquí
tratamos, sino el conjunto de valores y conceptos que nos hacen ser hombres con
mayúsculas. El díscolo San Agustín acabó dándose cuenta de este aserto, por eso
en su bello poema “Tarde te amé” nos
recuerda: “Tu estabas dentro de mí / yo fuera. / Por fuera te buscaba / y me
lanzaba sobre el bien y la belleza / creados por Ti”
Nunca
es tarde cuando la resurrección es buena, y San Agustín acabó
resucitando a esa espiritualidad que había olvidado sistemáticamente entre las
candilejas de lo material.
Precisamente antes de su prendimiento,
en una profunda conversación con sus discípulos que Juan nos relata en su
evangelio, Jesús da en la clave al afirmar: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. He de reconocer que en el
profundo sentido de esta frase radican las razones de por qué soy cristiano (y
aquí coincido con los argumentos del gran filósofo José Antonio Marina).
Cuando Jesús afirma ante
Pilato que su “reino no es de aquí” y que él “ha nacido para ser testigo de la
verdad”, el prefecto Romano le espeta un despreciativo y escéptico “y ¿qué es la verdad?” Jesús no le contesta pues espera que
nosotros demos la respuesta, tal vez porque en esa respuesta radica nuestra
verdadera fe, nuestra razón de ser como cristianos.
Hay
tantas verdades como puntos de vista, y es de hombres tolerantes
y sabios respetar escrupulosamente las verdades que van surgiendo – y que se
nos ofrecen – a lo largo de nuestra vida. Porque la verdad no es un papel liso
y en blanco, sino un poliedro, con tantas caras como percepciones. Resulta
constructivo aceptar la relatividad, el hecho de que la verdad no es unívoca,
de que hay muchas verdades. Pero si necesario es asumir la relatividad, imprescindible resulta no caer en el relativismo, en esa
falacia que consiste en creer que todas las verdades tienen el mismo peso.
Porque todas las percepciones no valen lo mismo, no pesan igual, por eso hay
que pertrecharse de suficientes ideas y valores como para discriminar qué es
más y menos válido para nuestro bienestar espiritual y nuestra convivencia.
Jesús
nos ofrece, con sus enseñanzas, una batería de
conceptos lo suficientemente amplia como para asumir la relatividad sin caer en
el relativismo; un conjunto de valores lo suficientemente válido como para
sopesar ese amplio universo de verdades en que estamos inmersos. Por eso dice
Jesús que él es el camino, un camino de
verificación jalonado de los valores que él considera oportunos para discriminar el distinto peso de las
verdades que surgen ante nosotros.
Así pues, no hay que entender la verdad como un destino, sino como un camino.
A la verdad se llega dudando,
comparando, investigando, leyendo, conociendo, preguntando, siguiendo unos
valores, practicándolos. Por eso el camino de Jesús implica movimiento, recorrido, acercamiento,
transición, transformación, cambio, paso.
¿Y qué otra cosa sino el paso de la muerte a la vida espiritual celebramos en
nuestra “Pascua”? Recuérdese que
“pascua” viene del hebreo “pésaj”
que significa, precisamente, “paso”.
Jesús nos
ofrece un camino de perfección, de acercamiento a esos conceptos que
él formula y que constituyen la esencia de su Padre. Nosotros, simples hombres,
jamás llegaremos a conquistar enteramente la Humildad
que él nos propone, pero podemos ser humildes
si iniciamos el camino que consiste en creer y practicar ese ideal. Nosotros,
simples hombres, jamás llegaremos a amar hasta el extremo, con ese Amor que él nos propone, pero podemos amar intensamente si iniciamos el
camino que consiste en creer y practicar ese ideal. Así pues, creer implica caminar y supone crear.
Cuando creemos en algo,
caminamos para ponerlo en práctica, y eso genera actuaciones concretas que
están haciendo realidad lo que hasta entonces era sólo una utopía. Creer es crear, y se crea caminando,
recorriendo ese camino de perfección que Jesús nos propone. Nunca llegaremos a
lo que él consiguió, pero creer en los valores que él defiende implica ponerlos
en práctica, tal y como hicieron las primeras generaciones de cristianos que,
creyendo apasionadamente en lo que les dijo Jesús, generaron un movimiento
socio - religioso tan intenso que acabó conquistando el propio imperio
romano. Ya reflexionaré en la segunda
parte de mi pregón cuán necesario es practicar hoy lo que los cristianos
predicaron en aquella época.
Decía Ortega que cuando afirmamos “voy hacia el norte” nunca llegamos a
un punto, a una ciudad, a un pueblo llamado “norte”. El norte es una referencia para el caminante, pero no un punto
físico localizable, pues allá donde nos detengamos siempre habrá un lugar más
hacia el norte. En esta vida, Dios
también es una referencia para el camino, pues los valores que
constituyen su esencia – aun inalcanzables de manera absoluta – sirven para no
perdernos. No podemos amar a todos hasta el extremo, pero podemos acercarnos al
ideal creyendo en él y practicándolo.
Creer, hay que repetirlo,
es crear. Y se crea recorriendo el camino difícil, pero no insalvable, que va
desde la cueva donde habitaba el hombre de Platón al campo abierto – soleado e
inmaterial – del fascinante mundo de las Ideas. Nuestro Dios habita ese mundo,
y concentra en su ser todas las enseñanzas, valores y conceptos que Jesús nos
ha ofrecido como referencias para explorar el camino. Creer en esos valores
permitirá hacerlos realidad, pues el propio Jesús nos recuerda: “el
que crea en mí, hará él también las obras que yo hago”.
Aristóteles
decía que no importaba “vivir mucho”,
sino “vivir bien”. Y vivir bien supone seguir una serie de valores que sirvan de código de
comportamiento, de sistema moral, de conjunto de ideas lo suficientemente
claros y contundentes como para relacionarnos de manera constructiva con los
demás. El cristianismo nos propone un
código ético muy útil para vivir bien, e intentaré demostrarlo en la segunda parte de
este pregón, relacionando el sistema de valores al que ya he aludido con la
sociedad que nos ha tocado vivir.
El cristiano ante la sociedad de consumo de
masas
Hay que remontarse a 1929 para exponer el surgimiento de
nuestro actual modelo de sociedad. En ese año tiene lugar un desajuste
económico tan grave como inesperado: asistimos a la emergencia de una
producción masiva acompañada de un consumo ínfimo. Superproducción y subconsumo. Las fábricas generan un gran número
y variedad de artículos mientras que la población apenas los demanda. La
mayoría de hombres que poblaba el occidente industrializado en aquella época
tenía cubiertas, en líneas generales, sus necesidades materiales básicas:
comida, vestido y techo. Pero esa subsistencia no será suficiente, con ello no
podrá absorberse la masiva producción que el sistema industrial está ofertando.
Un economista británico,
John Maynard Keynes, propondrá
la solución: es necesario crear
en los individuos nuevas necesidades,
más allá de las meramente fisiológicas, que les induzcan a consumir lo
masivamente producido. Pasamos así de las necesidades materiales básicas, más o
menos cubiertas, a toda una serie de necesidades psicológicas – creadas por los nuevos medios de comunicación y la publicidad – que sustentan la sociedad de consumo de masas.
Y así, el vestido se convierte en “moda”, la comida en “gastronomía”, la
casa digna en un apartamento “bien decorado”, el descanso en “ocio”... El
espíritu del hombre va cayendo en el más profundo y triste materialismo. Lo satisfactorio deja de ser lo que no se ve para convertirse en lo que
se toca. Echando la vista atrás, podemos concluir que la historia de las
sociedades parece dividirse – “grosso
modo” – en tres épocas, basadas a su vez en tres principios que inspiran la
naturaleza de cada etapa:
-
El principio de “vales según la cuna donde hayas nacido”
-
El principio de “tanto tienes, tanto vales”
-
El principio de “tanto aparentas que tienes, tanto vales”
Éste último principio es
el que rige hoy, pues vagamos perdidos en un mundo de apariencias donde a veces
vale más la anécdota que la categoría, el instante que el proceso, la forma que
el fondo, el detalle que el conjunto. Tanto es así, por ejemplo, que para
demostrar el amor a tu pareja no parece bastar ya la profunda complicidad que
nace de la empatía, sino que es necesario asegurar la sonrisa del cónyuge con
el mejor regalo el día de los enamorados;
de igual manera, el amor a los padres parece quedar cubierto – y también
amortizado – con un buen obsequio en las respectivas fechas que nos marquen los
grandes almacenes.
Esta organización
socioeconómica va convirtiéndonos en pilas
consumistas, en unidades de gran potencia derrochadora, y todo ello para
satisfacer unas necesidades que no son naturales, sino artificialmente creadas
por un sistema que sólo busca mantenerse. Consumimos antes de nacer – véase la “moda pre-mamá” – y también después de morir (demos un paseo por el cementerio abarrotado de
flores el día de los Difuntos y confirmaremos tal aserto).
Incluso lo religioso, lo espiritual, acaba
convirtiéndose en objeto de marketing, en una simple coartada para consumir. Vean, si no, las primeras entradas del “Google” tras teclear en su buscador la
expresión “Semana Santa”.
Hoy, quizá más que nunca,
es necesario plantearse el “Tarde te
amé” de San Agustín. Es
necesario despertar al camino de lo espiritual, de lo que no se toca
pero sirve para entender el mundo en que vivimos. Es necesario pensar antes que
comprar, sentir antes que mercadear, ser
Hombre antes que un simple maniquí.
Frente al
vacío de una sociedad construida a base de destellos, el contenido profundo de la Humildad. Ni el halago, ni el aplauso, ni el excesivo reconocimiento pueden
hacernos caer en la vanidad que
sólo vive de las fachadas.
Frente
a tantas “verdades” espectaculares que nos lanzan televisiones,
radios y periódicos, sepamos filtrar lo que se nos dice. Asumamos la relatividad sin caer en el relativismo;
aceptemos que hay tantas verdades como puntos de vista pero, de igual manera,
pertrechémonos de un sistema de valores
y conceptos lo suficientemente sólido – y el cristianismo lo es – como
para discriminar el distinto peso de esas “verdades”. Porque toda comprensión surge de la comparación.
Frente
a los sectarismos, a las luchas personales, a la pugna
por intereses individuales que imponen silencios
donde habría de existir debate, hagamos como Jesús: denunciemos en voz alta los desajustes, las contradicciones de nuestra época. No silenciemos al que se nos opone, o
al que nos cae mal, no lo despreciemos, porque
a veces el silencio grita nuestras más tristes mezquindades, nuestras más
hondas pobrezas. Frente al
sectarismo, la tolerancia; frente
a nuestros propios complejos, la complejidad de un mundo que se resiste
a seguir dividido en el código binario
de lo bueno y lo malo; lo blanco y lo
negro. Porque el mundo es gris, en él todos estamos muy mezclados, es complejo
y como tal hay que tratarlo.
Frente
a tanto odio, el amor al otro como a uno mismo. “Amaos como yo os he amado”,
entregaos mutuamente aunque os separen culturas, razas, religiones, credos, parroquias o ideologías. Porque es la entrega, y no la egoísta envidia, quien
os salvará de vuestras cruces.
Y, sobre todo, tened esperanza, creed en lo que no se ve, en ese conjunto de conceptos que Jesús recorre en su Pasión, Muerte y Resurrección. Creed
en lo que no se toca, asumid conceptos, defended valores, porque el mero hecho
de enarbolarlos supone el inicio de su concreción. Las utopías se cumplen cuando empiezan a formularse, cuando
creemos verdaderamente en ellas. Díganselo, si no, a todos aquellos hombres que
hace más de dos mil años creyeron el mensaje del nuevo reino espiritual que el
hijo de un carpintero les propuso. Recorrer aquél camino generó un movimiento
social, político, cultural y religioso de tal magnitud que acabó desmantelando
los cimientos de la misma Roma. Por eso no desfallezcáis, aunque os sintáis pequeños, porque lo
pequeño y aparentemente débil tiene un potencial
transformador impresionante cuando se inviste de convicción, credibilidad, fe y autoridad.
Creer es crear, “el que crea en mí – dirá Jesús – hará él también las obras que yo hago”.
“Caminante no hay camino –
recordará Machado – se hace camino
al andar”. Con este mensaje de esperanza, donde el pasado se mezcla con el presente para sugerir futuros; donde aludo al ayer para
intuir lo mucho que queda por hacer hoy me despido. Y vuelvo a Machado para
recordarles que:
“Está el hoy abierto al
mañana,
el mañana al infinito.
“¡Queridos
cristianos!”,
Ni el pasado ha muerto
Ni está el mañana,
Ni el ayer,
Escrito.”
Feliz
Pascua de Resurrección
Alfonso Pinilla García
¿Cómo
no voy a recordar cuando era un adolescente mis vivencias en la calle en Semana
Santa? ¿Cómo no voy a traer a mi memoria esos pasos, que con tanto cariño y
fervor recorrían las calles de nuestro pueblo, llevados por hombres y mujeres
sencillos? ¿Cómo no voy a recordar a mi madre, planchándome mi traje de
nazareno, heredado de mi padre: capirotes negros, rojos y blancos, a mi
hermano, que me acompañaba, para poder nosotros también hacer estación de
penitencia?
Es
que un adolescente graba a prueba de fuego esos recuerdos en su memoria y en su
corazón y no los olvida nunca. ¡Como olvidar eso, Dios mío!
Era
miércoles y algo nervioso esperaba que la primera cofradía pasara por la calle
donde mis padres tenían su negocio, no sabía dónde verlo pasar, o abajo al lado
de los penitentes y nazarenos, que inundaban la calle o subir al balcón de mi
tía, donde podría contemplar los rostros de las imágenes mas de cerca. Decidí
subir, sí, Dios, subir, porque el hombre
tiene que subir para poder verte, para poder contemplarte, y de lejos te vi
venir, venías cargando con una cruz, iluminado por ciriales, y lleno hasta
arriba de flores violetas.
No
venías solo, alguien te acompañaba detrás, no sé si era un amigo, si era
alguien que te quería, lo que si sé, es que te ayudaba a llevar tu cruz, se te
hacía pesado el llevarla, pero tú la cargabas con elegancia, moviéndote al son
de los costaleros, y te paraste delante mía, yo contemplé tus ojos, y ese día
lloré delante tuya, lloré porque sufrías, lloré porque yo también sufría, lloré
porque te paraste a mi lado, porque te
quedaste mirando, porque me quisiste decir algo, yo: un pobre adolescente, Tú:
hombre y Dios, que cuando te fijas en alguien, ya te quedas con él para
siempre. Te quedaste mirando, Señor, la calle tenía poca luz, el silencio era
descomunal y tú, con tus ojos ensangrentados, querías decirme algo:
Estoy
contigo, no sufras, no lo pases mal, ven ayúdame a llevar mi cruz, ven detrás
de mi, como este hombre que me ayuda a llevarla, y que no deja de cargar con mi
cruz para que me sienta aliviado. Ven y ayúdame, me dijiste, y yo, sin saber lo
que me decías, volví a llorar, porque no podía seguirte, porque no entendía lo
que me querías decir.
En
ese momento un golpe te llevo lejos de mí, seguiste andando por la calle, vi
cómo te alejabas poco a poco de mí, vi cómo hombres, con su rostro cubierto, te
acompañaban iluminando tu camino, vi cómo tu imagen se perdía en el silencio de
la calle donde crecí y me hice hombre, donde maduré y aprendí a querer, donde
viví los mejores años de mi vida. Era un miércoles santo, el miércoles de los
nazarenos negros
Otra vez
el tiempo ha
regresado,
la luz
de las cosas
que se fueron,
las que creí
perder
pero
quedaron,
rebeldes al
olvido
en el
recuerdo.
Otra vez
estoy aquí,
recuperando
cuanto he
vivido yo,
cada momento,
de mi vida
de niño,
de joven,
de inexperto,
de la vida de
aquellos
que me
amaron.
Conjugo en
presente
lo pretérito
porque llega
otra vez
lo más
sagrado,
corazón de
mis íntimos
anhelos.
Y otra vez,
si busco,
hallo
mi memoria
feliz
entre lo
eterno...
y otra Semana
Santa,
al fin,
entre mis
manos,
donde poder
recordar que Jesús murió por mí,
murió por mis
hermanos, pero resucitó y nos dio la vida.
Otra vez,
Señor, estás entre mis manos.
Rvdmo Sr.
Arcipreste y hermanos Sacerdotes
Excmo. Sr.
Alcalde.
Ilma. Sra.
Teniente de Alcalde
Presidente y
Junta del Consejo gestor de Hermandades
y Cofradías
Excmas. e
Ilmas. Autoridades
Hermanos y
hermanas.
Mis
queridos hermanos, mis primeras palabras quieren ser de agradecimiento a la Junta gestora de hermandades
y cofradías de penitencia por haberse dignado mirar a este cura, lejos de su
pueblo, para convertirse en el altavoz que pueda pregonar esta Semana Santa en
el 2007. Agradecer a todos mis hermanos sacerdotes el apoyo de esta propuesta,
y el poder hacer hueco en mi tiempo para poder compartir con vosotros este
precioso momento de intimidad, delante del Señor y delante de vosotros.
Agradecer al ayuntamiento su apuesta por la Semana Santa, para que esta
tradición religiosa y popular siga ganando en calidad en nuestro pueblo. A mi
familia, a mis padres y mis hermanos, que me van acompañando en todos los
vericuetos de mi vida, que son muchos, pero que ellos siempre apoyan con su
cariño y su amabilidad. A las juntas de gobierno de las diferentes hermandades
y cofradía de nuestro pueblo, por la preciosa labor que hacen llevando el gran
tesoro de Jesús muerto y resucitado a las gentes sencillas de Montijo. Y
gracias a todos vosotros, hermanos y hermanas, que me acompañáis en esta noche,
a vosotros y por vosotros quiero abrir mi corazón al Señor Jesús en este
momento, para que el pueda escuchar nuestras oraciones y plegarias que quedan
siempre en lo profundo de nuestro corazón. Gracias.
I. Llega la Semana Santa….
La
plaza de nuestro pueblo se llena de vida….las madres con sus niños recién
traídos al mundo, algunos más creciditos, los adultos paseando de un lado
a otro. Desde el ayuntamiento hasta el
casino y del casino hasta el ayuntamiento, los más mayores sentados en esos
fríos mármoles, contando sus historias, que son pasadas pero que se hacen
presentes cada vez que las verbalizan, algunos personajes casi ya
paradigmáticos: la Srta.
Laly, el cura párroco que baja a tomar café a alguno de los
bares del entorno, la hermana Martina
que compra los periódicos y se los lleva a sus hermanas, los hombres del
casino, que no dejan de darles vueltas a todas las familias del pueblo, algún
municipal que sube hacia la avenida a ver si pasa algo....una plaza llena de
vida…porque llega la primavera, con su luz y el olor de muchos de los naranjos,
que poblaban nuestro pueblo y que se llenaban de azahar, de ese olor que se
mete en las entrañas y que te habla de felicidad, de bienestar, de alegría, de
entusiasmo.
Llega
la primavera y parece que el rostro de las personas cambia, se hace más amable,
más alegre, llega la primavera y parece que todo explota, no solo la
naturaleza, sino los hombres…llega la primavera y nuestro pueblo tiene otro
color, un color que irradia esperanza, que irradia felicidad.
Y
en la primavera, el Domingo de Ramos…Aún recuerdo cómo montábamos la borriquita
encima del paso, aun recuerdo cómo la cogíamos de su altar, al lado de los
confesionarios, en la Iglesia
de S Pedro, donde estaba durante todo el año, tapando una antigua puerta de la
iglesia, donde los niños imaginábamos historias fantásticas y de miedo, de
nuestro templo.
Todavía
recuerdo el poder hacer de capataz, Dios mío, ¿qué no habré hecho yo en estos
tus templos e iglesias de mi pueblo? Conducirla por las calles, acompañada de
muchos niños y muchachos con sus ramos de olivos. No había nazarenos, pero la
iglesia se llenaba de muchachos que la acompañaban por las plazas y rincones de
Montijo, llenos de ilusión y esperanza.
¡Qué
imagen más entrañable! Aún recuerdo el testimonio de jóvenes sacerdotes que a los
muchachos de aquel entonces nos hacían acompañar a Jesús encima de un pollino.
El testimonio de Manolo Malagón, que tanto hizo por los jóvenes de nuestro
pueblo y el testimonio de Juan José Rascón, que detrás de su rostro serio se
escondía la gran sensibilidad de un hombre entregado a Dios y a los hermanos.
¡Qué
Domingos de Ramos!, las calles se llenaban de gente, estrenando algo, como es
costumbre, y todos salían a tirar mantas al suelo o ramos de palmas, para que
el Señor pudiera pasar triunfante por sus casas, para que el Señor le diera
alegría y paz a tanta gente que salía a recibirlo. Salíamos contentos a verlo
pasar y aclamarle y decirle: ¡Bendito eres Señor, nuestro Mesías, nuestro
Salvador, el que da sentido a nuestras vidas!
Pero hoy todo
es alegría,
mañana entre
dorada y pura,
¡quién piensa
en qué noche oscura
y en lo que
sucederá un día!
¡Qué clamor,
qué algarabía!,
Bendito
porque está escrito
el paria, el
pobre, el contrito,
bendito el
que nada tiene,
bendito sea
el que viene
en nombre de
Dios ¡Bendito!
II. Del
deseo, del recuerdo y de la realidad
No
es el que está pregonando un poeta ilustre, ni siquiera cuenta con grandes
dotes en la oratoria, ni siquiera se me da bien el escribir poesía. Soy un
sacerdote y salesiano, dos realidades que se conjugan perfectamente, que son
casi intrínsecas, que van tan unidas, que no sé ser una cosa sin la otra.
Y por eso en esta noche mis deseos son la
experiencia de mis pocos años como sacerdote de Cristo y de la Iglesia, años llenos de
riquezas, de vivencias inesperadas, de asombro ante las personas que quieren
encontrar a Dios, de admiración por tantas cosas que Dios hace en mi pobre
ser, lleno también de podredumbre y de
pecado, de limitaciones y traiciones, de no haber estado a la altura que el Señor
me ha ofrecido, de no haber dado mis manos por completo a la construcción de su
Reino. Sacerdote y salesiano, hijo de D. Bosco, que amó profundamente a los
jóvenes y que en ellos encontró el rostro verdadero de Dios, que a ellos supo
entregar sus fuerzas y sus energías. Eso es lo que sé hacer y hago mejor, o
mejor lo único que creo hacer bien, entregar mis pobres energías a mis jóvenes
que tanto amo, y por los cuales he entregado mi vida entera, como mi padre D.
Bosco.
Nuestras
cofradías están llenas de jóvenes por lo menos en nuestra Andalucía, en ellas
ellos se sienten bien, acompañados, protegidos, haciendo lo que les gusta,
vistiéndose de nazarenos, acompañando a su Cristo, bajo el palio de su Madre, o
portando ciriales y cruces en la estación de penitencia.
Hoy
quiero manifestar un gran deseo, hoy que recuerdo mi adolescencia y juventud,
metido en las hermandades de mi pueblo, y que quiero recordar mi honda
experiencia religiosa, quiero expresaros enérgicamente esta realidad:
Contáis
con un precioso espacio para poder hacer crecer en la fe a los muchachos de
nuestro pueblo, tenéis un precioso lugar donde los jóvenes de nuestro pueblo
pueden encontrarse con el rostro de Jesús Crucificado, o con el de su Madre
sufriendo. Tenéis una preciosa oportunidad para que los muchachos puedan
fraguar una experiencia religiosa profunda, que les lleve después a dar su vida
al Señor o en la vida sacerdotal o religiosa, donde poder quedarse cautivados
para siempre por el Señor.
Es
una realidad que no debéis desaprovechar en vuestras juntas de gobierno, en
vuestros cabildos, en la vida de hermandad, a lo largo de todo el año. Los
jóvenes deben de ser el centro de vuestra evangelización, como les recordaba
Benedicto XVI a los curas de Roma hace muy poco tiempo.
Nuestras
hermandades se pueden convertir en un precioso lugar de acogida, para poderles
hacer crecer en la fe, de una manera muy sencilla. Sin grandes aspavientos ni
teorías, con la vida de los hermanos y el testimonio generoso de los más
adultos. Un deseo, en este recuerdo, que se puede hacer realidad.
III. Un
Cristo sufre por una madre.
Jesús
agoniza en nuestro pueblo, lo bajan unos hombres por la avenida Emperatriz
Eugenia, sus cabezas cubiertas con capuchones rojos, el meneo de sus
parihuelas, no hace que sus ojos dejen de mirar al cielo, llenos de dolor,
llenos de sufrimiento, llenos de amargura, por lo que los hombres han hecho con
Él.
Su
rostro es el de cualquiera de nosotros, que refleja nuestro dolor, que
manifiesta nuestros sufrimientos. ¡Qué dolor más grande Señor, el de tantos
hombres y mujeres de nuestro pueblo que sufren!. El de la mujer que llora
despavorida porque su marido la ha abandonado, el del mayor que se siente solo
y ve cómo sus hijos lo han ido
abandonando, el del matrimonio joven que se acaba de casar y que ve como no les
llega el dinero para final de mes. El de la madre que sufre porque su mismo
hijo le está pegando, y solo le queda llorar sola en la intimidad de su casa.
El de la mujer que mira cómo su esposo la ha dejado de querer, el del joven que
no tiene a nadie con el que hablar, con el que expresarles sus tristezas y se
sumerge en el mundo de la droga y del alcohol.
Es
tu rostro Señor, tan humano, el que baja por nuestras calles, miras al cielo,
pero miras por cada ventana de nuestras casas, miras lo que ocurre en ellas,
sabes que tu corazón sufre por el dolor de tus hermanos, los hombres. ¡Qué Dios
más grande, que se ha hecho hombre como nosotros, y que sufre como nosotros y
por nosotros!
Una
mujer llora en lo escondido de un balcón cuando pasas. Los nazarenos han parado
tu paso delante de ella, y Tú eres capaz de alzar tu mirada agonizante, que
abraza la muerte y que mira al cielo, eres capaz de levantar más tu cabeza y de
mirarla con tus ojos llenos de lágrimas y de dolor, con tus ojos llenos de
sufrimiento y de angustia. Eres capaz de mirarla y dejando tu dolor a un lado,
hacerte con ella Dolor, dolor de sus dolores, dolor de los que duelen, pero
dolor que tú sabes acompañar, sabes comprender, sabes transformar.
Esa
mujer te ve pasar en tu cruz, a la luz de las velas, pero esa mujer ve como tú,
dejando tu cruz, cojes la suya y la iluminas con los cirios que te acompañan,
con la luz de esa cera que se derrite por ti, Señor, y que ahora derrites tú
por ella. Te quemas como ese cirial, por ella, te quemas y te desgastas, para
darle luz a ella, te quemas porque quieres quemarte por ella.
Esa
mujer es mi madre, Señor, es la mujer que más he querido Señor, pero que cuando tú pasabas por nuestra casa, la
mirabas a ella y desde nuestro balcón te veía bajar, bajar no solo, sino con
ella, ella te acompañaba en su sufrimiento, ella te decía, Señor, yo te
acompaño, no estás solo…yo te acompaño en tu sufrimiento. Pero tú, Señor,
desclavabas tu brazo de la cruz y se lo tendías a ella. Tu mano la agarraba
siempre, tus ojos no la perdían nunca, Señor, tus velas la iluminaban a ella.
No la dejes nunca, mi Señor, no la dejes sola, dale la luz, Señor, porque tú,
mejor que nadie, sabes que solo hay una madre a la que uno quiera. Mi madre, Señor,
te ha limpiado tu rostro lleno de lágrimas, limpia también el suyo siempre que
tú puedas.
IV. Un acto
de fe
Es
la fe la que nos impulsa a vivir la Semana
Santa de una manera
testimonial y comprometida. La
Fe es un don de Dios. Es la alegría de ser cristiano. Es lo
que alentó el esfuerzo de grandes cofrades, que nos enseñaron que el espíritu
de servicio es la razón primera por la que estar en las cofradías, en la Iglesia y en la sociedad.
La Fe cristiana es la Fuerza Impulsora
de la Semana Santa.
En la Fe está el
Amor a Dios a través de nuestras Sagradas Imágenes y la que nos hace salir a la
calle a hacer estación de penitencia sin avergonzarnos de lo que somos,
testimoniando que ser cristiano hoy es posible, aun en esta sociedad tan
secularizada, donde tenemos que decir mucho al hombre de hoy, donde podemos
proponer un modelo de vida, el de Jesús, que puede hacer feliz a mucha gente,
donde la felicidad se escribe con mayúsculas.
La Fe en Jesucristo es, ante todo,
manantial inextinguible de solidaridad y es aquello por lo que las cofradías
llevan a cabo su misión evangelizadora, porque la Iglesia tiene como razón
primera la
Evangelización. La solidaridad no es un concepto del mundo
moderno; Cristo nos lo enseñó hace dos mil años. Hemos de considerar -como dice
el Concilio Vaticano II- "la noble obligación de trabajar para que el
mensaje divino de la
Salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de la Tierra". Tenemos que
apagar la Sed del
hombre.
El
hombre debe ser hombre de su época. No puede volver la espalda a la realidad
del mundo. Es imprescindible dar testimonio de la Fe cristiana, llevando la Esperanza a los que
sufren tantos problemas de la humanidad: paro, droga, enfermedad, marginación,
incomprensión, hambre... Hay que dar ejemplo a los jóvenes, semilla del futuro.
Por eso la fe hace que los costaleros carguen con el paso, que las floristas
decoren al Señor y la Virgen
con sus mejores formas, que los nazarenos hagan penitencia rezando y llevando
las cruces sobre sus hombros, en definitiva, la fe que vivimos en la intimidad
se lleva a la calle, al lugar público, a la sociedad.
No
dejemos que nos llenen de miedo, que nos hagan encerrarnos en nuestras
sacristías, que quede relegada nuestra fe al ámbito personal. Hagamos de
nuestra fe un testimonio público, una manera de vivir, que es posible en este
siglo XXI. Vivamos nuestra fe en nuestro pueblo, llevando a Jesús a aquellos
lugares donde más falta haga.
VI. El
Encuentro con una madre
Si
pudiera recuperar la magia de la vida, de salir de ese lugar, donde el mundo
deja de latir y te sientes solo, donde no puedes buscar una razón para vivir,
donde no encuentras una razón para sobrevivir, donde el sol es ocultado por la
nube de la vida. Ahora que estoy a oscuras sin luz, te acercas a mi y te vas, y
sé que eres tú. Rompes el silencio al oír tu voz, seguir tus pasos sin poder
llegar a ti. ¿Dime si estás ahí?,¿Dime si puedo creer en ti? ¿Dime si eres un
deseo que se ha hecho realidad? ¿Dime si eres una ilusión? ¿Dime si vas a venir
esta vez por mí? No se si eres una fantasía, enséñame un lugar donde soñar
despierto, donde no habrá sombras al anochecer.
Enséñame
Madre ese lugar donde tus manos me cojan como cogieron a tu hijo, como
sostuvieron el cuerpo de tu hijo destrozado, enséñame ese lugar donde al
mirarte, Madre, todas mis penas desaparecen, donde tus lágrimas caen en mis
manos y con ellas me limpio mi cara de tanto horror y pecado. Enséñame Madre
ese lugar donde tú y yo nos encontramos sólo cara a cara. Donde el silencio
hace de nuestra conversación la razón de nuestra existencia, enséñame Madre a
no poder vivir sin ti.
Sales
a las calles de nuestro pueblo, a buscar a tus hijos, tus miradas no dejan de
buscar por las esquinas de nuestro pueblo aquel que sufre o lo pasa mal, aquel
que llora o tiene pena en su corazón. Sales como una Madre, a llevarse a sus
hijos consigo, porque contigo, Madre, el dolor no existe, contigo el
sufrimiento se hace más llevadero. No dejas de visitar ni un solo rincón donde
sabes que hay dolor y sufrimiento. Tu estas pendiente siempre de nosotros, que
somos tus hijos.
Eres
una madre cariñosa, que no nos hablas sino de nuestra cosas, sabes de nuestro
dolor, de lo que le pasa a nuestros hijos, de la alegría de los que queremos,
de la enfermedad de nuestros familiares, de los apuros de nuestros mayores..
¿Cómo es posible, Madre, que seas capaz de arrebatar tantas lágrimas de tus
hijos, que al verte pasar, se vienen abajo y te imploran su protección y ayuda?
¿Cómo es posible, Madre, que tus hijos se desmoronen ante ti porque tienen la
necesidad de que lo sostengas, tú en tus preciosas manos?
El
miércoles santo sales con mucha Piedad detrás de tu hijo, El lleva la cruz de nuestros pecados, de todas nuestras
infidelidades. Pero tú, en silencio y en profunda oración, con las manos
agarradas del dolor y con tus ojos que se dirigen a Dios y a todos los hombres,
sales acompañar a tu hijo, para no dejarlo solo, para acompañarlo hasta donde
va a ser crucificado.
El
jueves tu rostro se llena de dolor y el dolor es el reflejo de tu alma. Tu Hijo
agoniza en la Cruz,
y tus hijos, los hombres, agonizan en la vida. Pasas entre nosotros con un
corazón atravesado de mil espadas, que te hacen sufrir: la del egoísmo, la de
la intolerancia, la de la envidia, la de la calumnia, la de la infidelidad, la
de la incoherencia, la de la guerra, la del…¡Cuántas espadas atraviesan tu
corazón Madre mía!, pero ni una palabra sale de tu boca, ni una sola palabra
hace entorpecer el profundo dolor de tu hijo clavado en la cruz.
Y
el viernes te quedas sola en tu dolor, Soledad, mi Virgen sola, mi Madre sola,
porque su hijo se ha muerto, porque el cuerpo de su hijo se pasea por nuestras
calles. ¡Qué profundo dolor para una Madre ver cómo su hijo muerto se pasea por
las calles!, ¡qué dolor más grande pensar que ya no podrá escuchar las tiernas
palabras de Jesús, que no podrá ser acariciada por sus suaves manos, que no
podrá ser mirada por esos profundos, ojos llenos de amor y ternura, que no
podrá sentir el ardiente calor de su cuerpo, que se llena de pasión al
contemplar el sufrimiento de los hombres! Te quedas sola, y te acompañamos en
tu sufrimiento, Madre, te seguimos, vamos contigo no dejes de sentir nuestra
presencia, aunque tu hijo ya no esté, estamos nosotros, que queremos
acompañarte siempre.
Virgen del
alto duelo, madre mía,
peregrina
mujer desconsolada,
abierto
corazón a tanta espada,
a tanta llaga
de Hijo que moría.
¡Qué soledad
de ayer, de todavía!
¡Cuánta
lágrima tuya derramada!
¡Dolorosa de
lágrima sagrada!
Romera de tan
triste romería.
Muerte tuya,
la muerte del Calvario.
Sangre tuya,
la sangre redentora.
carne tuya,
la envuelta en el sudario.
¡Qué soledad
la tuya, madre, ahora!
¡Qué rosario
de penas tu rosario!
¡Viuda de
Dios! ¡Madre de Dios! ¡Señora mía!
VI. Cristo
Vive
La Semana Santa
nos devuelve los años mejores de nuestra vida, en una nueva recreación de los
sentidos. Los olores, los sabores, las visiones, los sonidos, las táctiles
recurrencias se conjuntan en el espacio idóneo y en la atmósfera propicia. Si
el hombre es capaz de mirar atrás y traer sus sentimientos al aquí y ahora, si
es capaz de vibrar o de llorar con lo
que hace muchos años le hizo vibrar y llorar, no se me puede olvidar con los
ojos de niño la imagen del pequeño resucitado corriendo y meneado por los
hombres de nuestro pueblo en la plaza de España. No se me olvida a S. Juan y a la Magdalena ir al
encuentro del Hijo que ya no está muerto, y no se me olvida la imagen de la Madre que saluda a Cristo
vivo, bajo el clamor de todo un pueblo que rompe con un fuerte aplauso.
Han
pasado veinte siglos, que no son nada ante Él. Ha cambiado la concepción del
mundo y han surgido nuevas ideas, la sociedad está loca, y las gentes no
quieren mirar a Dios ni a su Iglesia, pero ninguna ha podido sustituir a
Cristo. Su Mensaje sigue inmutable y vigente. CRISTO VIVE. La Resurrección de Jesús
es el hecho más importante y trascendente de la Historia. Toda la Semana Santa no es
sino reflejo de la
Absoluta Inmensidad y Grandeza de Dios.
Que
los títulos de nuestras hermandades no sean timbre de vanagloria, sino llamada
a la perfección evangélica. Vivamos nuestra Fe con alegría, ayudando a que
actúe el Espíritu Santo. Que todo cuanto hagamos sea en Alabanza de Cristo,
trabajando "POR UN MUNDO
MEJOR", donde Dios tiene parte en la vida de los hombres
Que
nuestra Semana Santa siga siendo modelo de convivencia en las calles, que
sepamos conservar y transmitir el valioso legado de nuestros mayores, que nos
entusiasme la idea perenne de construir un mundo más justo, un Milagro bajo el
Sol: LA CIUDAD DEL
AMOR AL PRÓJIMO. Que los montijanos tengamos siempre –por encima de ideas- afán
de superación ante la adversidad, que nunca nuestro pueblo pierda su esencia, que no quede en el último
lugar de nuestra comarca, que nuestro políticos no destrocen nuestro pueblo:
que lo llenen de industrias de trabajo, de servicio a los más pobres y
necesitados, que por sus calles dé gusto andar, que sus plazas sean preciosos
rincones y que la religión nunca se relegue hacia el interior, sino que tenga
su razón de ser en la decisiones políticas y sociales de nuestro pueblo, que ilusionemos a la Juventud.
Que
nos recuerden por la honradez, el amor, las buenas maneras y la concordia; que
pasemos por esta vida haciendo el bien, viviendo el verdadero sentido de la Cruz de Cristo y propagando
la devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María.
Pregonar no es solo hablar con el corazón sino exigir como lo hizo Jesús en su
propio contexto y sociedad.
Gracias,
Señor, por haber dispuesto que yo naciera en Montijo, por haberme regalado
vivir en mi pueblo y disfrutar de él, lugar de encuentro con mis amigos; por
haberme dado a mis padres, a mi familia, a las cofradías y a la Iglesia de la que forman
parte desde la Fe,
esa Fe cristiana que es el único fundamento de la Semana Santa de
Montijo.
Señor, hecho
está el servicio que me encomendaste
Haz, Señor,
que te imitemos;
que del
pecado mortal
y de la
muerte total,
contigo
resucitemos.
Haz, Señor,
que retiremos
cada cual la
losa suya
y danos la
mano tuya.
–¡Resucitó!–
Sí, Tu mano.
Mi Dios, mi
amigo, mi hermano.
¡Resucitaste!
- ¡¡Aleluya!!
He dicho.
Antonio F. García Reyes
PRÓLOGO
La religiosidad del pueblo se tiene
o no: nunca se inventa. Semana Santa no es una costumbre rutinaria, es la
incertidumbre de año en año para la celebración religiosa desde la entrada
triunfal de Jesús en el Huerto, el prendimiento, Jesús ante Pilatos y Caifás,
los azotes amarrado a la columna, la coronación de espinas, la cruz a cuesta
camino del Calvario, la crucifixión y muerte y, al fin, después de todo el fin
de la vida, la resurrección de la muerte: donde está la verdadera vida.
Hoy, 3 de abril, año 2004, puerta
grande para entrar en la
Semana Santa: Montijo ha elegido a una pregonera hija del
pueblo y de la fe. Para estos casos nunca debe valer cierto acercamiento en la
duda, sino verdadera creencia, y Piedad González - Castell Zoydo, ya saben de
donde viene: ella escritora, poeta importante, conocida, reconocida como
finalista del Premio Mundial de Poesía Fernando Rielo, a quien, por eso hace
pocos días he tenido el honor de presentar el último libro suyo en el Ateneo
madrileño, publicado por la
Diputación pacense.
Hoy, aquí en Montijo, Piedad
pronunciará el pregón de la semana Santa. Siete días de dolor que, por suerte,
acaban en alegre resurrección, y Piedad, sin duda, pronunciará magistralmente
la verdad suya de montijana creyente hablando en prosa y poesía; esta nada
fácil, ágil circunstancia entre la propia expresión y lo que será pública
impresión; todo a causa de que Piedad, la pregonera, conoce, reconoce su verdad
y la de sus paisanos; los que van de protagonistas fervorosos y los que no se
mueven ni conmueven ante la existencia y consistencia del fervor humano,
sensible a la emoción y condición de cada uno viendo pasar las procesiones o
cuando veamos la terrible película de estreno mundial que tanto viene dando que
hablar por estos días de la muerte de Cristo.
Piedad: nombre que entra y queda muy
bien dentro de la
Pasión. Parece justa y junta entre las ocasiones que fluyen e
influyen sobre el dolor de Jesús y su Madre María, ante la admiración de los
hechos a través del arte imaginero nunca imaginado. y si la verdad en la pasión
de Cristo queda y está en el hombre, la mujer tampoco deja atrás el sentido, y
Piedad ferviente trasmite, retransmite, dando a saber el puro sentimiento de su
fe porque Piedad dice lo suyo y también escucha a los demás. La verdad queda.
El seguir por la vida no gasta ni desgasta cuando privada o públicamente se
manifiestan los sentimientos de bondad. Piedad, por eso, caminando junto a
Cristo en constante observación, viendo sufrir al Hijo de Dios, Hermano del
hombre, pregonando su dolor, sigue. Piedad observadora del día y la noche a
través del reloj dando las horas con su voz, irá pasándolo a cada uno en vías
de la emoción. Por algo ella, ferviente mujer, sabe sentir la impresión
necesaria para tener sin contener la verdadera y magna manifestación de puro
encuentro de la verdad entre Dios y el hombre que mucha parte humana no conoce,
desconoce, desprecia. Ahí los hechos de los apóstoles que ya lo han dicho. El
apóstol que defiende la palabra ; palabra de hombre ante Dios ; Dios:
verdad ante los hombres, la verdad que sigue sobre todas las mentiras.
Esta pregonera destacando el paso a
paso procesional del sentimiento, sabe poner, sobreponer, imponer la emoción al
público. La excepción no es la recepción ni tampoco la negación. El hábito
no es el hálito la indicación tampoco es
señalización; tan solo nuestro espíritu toma y da lo que nos llega y sale.
Piedad es hoy
el medio puesto y dispuesto para hacerlo, saber hacerlo, enseñándolo a
los demás. Piedad pregonera de lujo. Montijo, categoría ciudadana. El mayor
relieve para el fervor consiste acercar el sentimiento al borde de la
emoción ; entrando así en la realidad.
Siete días conectados al corazón a
través de la impresión divina por la voz humana de la pregonera; esta pregonera
de la Semana Santa
alcanzando el punto fijo del fervor y entendimiento. Piedad, en ti estás tú y
todos nosotros quienes te escuchamos sintiendo la palpitante verdad. Es
cuestión del mayor y mejor empeño. Aquí estamos sin duda para recibir la
muestra que tu demuestras con sentimiento y profunda fe.
La
Semana Santa
es tiempo de la mejor excursión para el alma: Piedad buen vehículo para
conducirnos e introducirnos en la excursión e incursión por el espíritu.
Sentiremos, si duda con su palabra ;
palabra de amor, de honor, dispuesta, predispuesta, puesta, expuesta,
estable ante lo que nunca será duda el alcanzar ningún reparo para nuestra
meditación.
Piedad en la zozobra del sentimiento
y el pensamiento sosiego será; paz pedida por tantos, en muchos casos de palabra
y nunca de obra. Piedad pregonera del alma ; alma dolorida ; dolor de
Cristo en nuestro dolor ; aquí dentro del hombre que sufre y ella
mitigadora de las penas ; ejemplo queda
en El Teléfono de la
Esperanza ; en los rincones vacíos del hombre ; en la
explanada del ser humano ; allí
donde, sin duda, ella ha puesto y ha dejado su
estar entre todos ; pero
después del dolor, el sentimiento y la muerte llega sorprendente la
resurrección, el alivio, la realidad esperada ; porque nuestra ida de este mundo tampoco será
definitiva sino mientras llega nuestra propia resurrección, al fin con el paso
del dolor a una elevada alegría.
Piedad: nombre. Piedad: palabra que
arranca de tu fervor y arraiga en el nuestro. Tu fe mueve y promueve, sin duda,
tu pregón de hoy en Montijo, quedará grabado en el corazón de tus paisanas,
paisanos y amigos.
Así será.
Francisco Lebrato Fuentes
INTRODUCCIÓN
Me habéis invitado a ser la Pregonera de Semana
Santa de este año, el cuarto del tercer milenio de Nuestro Señor Jesús.
Habéis depositado vuestra confianza
en mi palabra y esta invitación vuestra que acepté de inmediato sin dar lugar a
la duda, sintiéndome halagada pues no ignoro que se trata de un honor, no sólo
ser Pregonera, sino que por primera vez se dan en mí dos circunstancias: la de
ser hija de este mi pueblo Montijo, y la de ser mujer. Nunca hasta hoy, en la
ya larga trayectoria de la bella costumbre de pregonar la Semana Santa, había
sido una mujer Pregonera, ni había
pregonado ningún otro hijo del pueblo. Por lo que mi agradecimiento es mayor al
darse en mí estos dos requisitos.
Pero esta invitación que tanta
felicidad me proporciona y con tanta premura acepté, se ha ido agigantando al
tiempo que la escritora se iba
empequeñeciendo ante el desbordamiento del sentir de la persona, de la mujer,
de la montijana que acumula recuerdos y amor.
Permitidme pues, que la escritora
decline vuestra invitación trasladando este compromiso a mi corazón. No
esperéis un Pregón erudito lleno de citas filosóficas o teologales de Leibniz,
Nitzsche, Schopenhauer, Santo Tomás, San Anselmo o San Pablo. Ni de datos y
fechas históricas de creaciones de Cofradías o talleres de las tallas e
imaginería, que vosotros sabéis mejor que yo, puesto que me las habéis
proporcionado... Mi corazón será feliz de hablaros y sabrá hacerlo desde los
latidos más profundos y sinceros de mi ser.
Así
pues, que sea mi corazón quien os hable.
SALUDOS
Reverendo
Señor Párroco de la Iglesia de San Pedro Apóstol
Reverendo
Señor Párroco de la Iglesia
de San Gregorio Ostiense.
Hermanos
Mayores y Junta Gestora de Hermandades y Cofradías.
Hermanos
Cofrades y Hermanos Costaleros.
Señoras
y Señores.
Montijo
querido.
Buenas
Noches.
Debo comenzar agradeciendo a mi
presentador, Don Francisco Lebrato, el afecto que ha puesto una vez más en sus
palabras.
Francisco, tu cariño hacia mí, hace
que tu presentación sea efusiva y excesiva en alabanzas, al igual que lo ha
sido hace tres días, cuando nos has
presentado a mí y a mi libro “El silencio y la palabra”, en el Ateneo de
Madrid.
Hoy también estás junto a mí, y me
presentas.
Siempre me honras uniendo tu nombre
al mío como lo están en la amistad grande y sincera que vivimos.
Por eso, en todos los actos
literarios importantes que he tenido, has aceptado ser mi presentador. Y que tu
nombre vaya junto al mío es el honor mayor que puedo tener como amiga y
escritora, porque no sólo eres grande e importante como escritor, sino que como
amigo, tus sentimientos no tienen fronteras para entregarte.
Gracias,
querido amigo.
Sabes
que te profeso esos mismos sentimientos.
LA SAETA EN PRIMAVERA
Es PRIMAVERA, vivimos el año 2004 de
la era que Cristo nos marcó. La era de la alegría. La era de la felicidad,
porque como cristiana no puedo dejar de sentirme feliz con la muerte de Jesús.
Estas palabras mías pueden sonar
monstruosas si las dejo así, descolgadas de la fe y no traigo al momento los
versos que rezamos en Viernes Santo “Dichosa la culpa que mereció tal Salvador”
o “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su hijo”.
¿No
es para sentirnos gozosos sabernos así amados por el Padre?
¿A
dónde irían nuestras almas perdidas en la tristedumbre de no encontrarse jamás
con el Creador, si Jesús no hubiera muerto para salvarnos?
Su
sangre no nos hace culpables ni reos.
Su
sangre generosa nos hace hijos del Padre, Hijos en el Hijo.
Por
eso su camino ensangrentado hoy nos da la felicidad a pesar de su dolor:
A sangre me huele el
camino
que recorres Nazareno.
A sangre y a ese
veneno
de vinagre que te
dimos.
Sólo Tú, Árbol crecido
en el jardín del Edén
supiste decir amen
al ser por el Padre
ungido
y aceptar clavos y
lanza
doblegándote a la
muerte
mientras que tu alma
gime
mientras que el dolor
avanza
y tu cuerpo casi
inerte,
desde la Cruz nos redime.
En cada primavera toda España huele
al azahar de los naranjos y a la cera de los cirios de las procesiones.
Los aires se llenan de aires de
saetas que cantan y lloran a un tiempo la Pasión de Cristo y el dolor de la Madre Santísima.
Porque como dice la copla:
Es la saeta canción
que hasta el cielo se
levanta,
grito es del corazón
que al pasar por la
garganta
se convierte en
oración.
También los pregoneros, año tras
años, queremos hacer nuestra voz saeta para lanzarla a los aires y doblando las
esquinas de cada alma llegar al corazón de todos con ayes de amor y dolor.
Hacer de nuestra palabra azahar y cera para derretirnos en llama a los pies de
Cristo sufriente.
Lástima
que el poeta Machado no comprendiera el verdadero sentido de la saeta popular:
“Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los
clavos
a Jesús el Nazareno”.
Y
contestara con estos otros versos llenos de belleza pero carentes de fe:
“¡Cantar del pueblo
andaluz,
que todas las
primaveras
anda pidiendo
escaleras
para subir a la cruz !
¡Cantar de la tierra
mía,
que echa flores
al Jesús de la Agonía
y es la fe de mis
mayores !
¡Oh, no eres tú mi
cantar!
¡No puedo cantar, ni
quiero
a ese Jesús del
madero,
sino al que anduvo en
el mar !
Lástima, Don Antonio Machado, que
dejara para las posteriores generaciones ese desgarro de fe, ese vacío y
disociación en la forma de amar y cantar a Jesús : No se puede separar el Jesús victorioso sobre
las aguas, del Jesús derrotado en el madero, porque precisamente, en la
humillación del madero, está la victoria sobre la muerte.
¡Oh, la saeta, el cantar!
Sí. La saeta es el cantar que quiere
limpiar la sangre de las manos de ese Cristo de los gitanos que está siempre
por desenclavar...
Sí, la saeta es el cantar de un
pueblo, de todos los pueblos de España, que en primavera quieren subir a la
cruz, con escalera o sin ella....
Sí, la saeta echa flores a ese Jesús
de la Agonía,
que es la fe que nuestros mayores nos transmitieron...
Sí, la saeta canta, porque nuestras
gargantas y nuestros corazones lloran y ríen por igual al Jesús en kénosis, que al Jesús aclamado en
milagros. ¿Qué mayor milagro que contemplar a Todo un Dios clavado en una cruz
?
Quisiera que las palabras de este
Pregón fueran testimonio de la fe que aprendí de mis mayores. Por eso, permitid
que mi recuerdo y mi amor traigan a este momento a mis mayores. A quienes me
legaron su fe como la mejor de las
herencias, la mejor herencia sin duda. Mis padre, que me hicieron nacer
a la vida y al Bautismo. Vida en la
Vida.
Mañana,
día 4 de Abril, sería el cumpleaños de mi Madre.
Igual que un sencillo lirio de abril nació y
como una azucena perfumó su hogar.
Siempre
junto a ella mi padre, hombre lleno de bondad y amor figura ajustada a la de
San José en el hogar de Nazaret.
A
ellos debo el gozo de estar hoy entre vosotros.
Gracias,
papá. Gracias, mamá.
SEMANA SANTA EN LA MEMORIA
MI VOZ SURCA LOS AIRES para acariciarte, Montijo, porque es
innegable que el tacto de tu piel de pueblo ha ido siempre impreso en mi
memoria.
No es nostalgia lo que siento, es
que tenía razón quien dijo que lo que sucede una vez, se queda sucediendo
siempre en la memoria.
Es cierto. Todo sigue sucediendo. Nunca
dejaron de ser míos aquellos Jueves Santos de mi infancia, cuando a las 5 de la
tarde todos los niños y niñas del pueblo nos dábamos cita en la plaza de Jesús,
endomingados para la procesión de “los altramuces”. Nunca ha faltado de mí este
entrañable y simpático recuerdo.
Así era llamada la procesión de
Jueves Santo, porque con la asistencia de muy pocos adultos, la mayoría éramos
niños que nos apretujábamos en las filas con nuestros vestidos nuevos,
calcetines blancos tobilleros y zapatos muy limpios, tal vez de charol, y con
frecuencia recién estrenados en el Domingo de Ramos. Domingo
singular de estrenos de nuestras vestimentas... Pues llevábamos muy en
cuenta aquello de “Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos”. Y
nuestras madres, más por juego que por vanalidad, nos hacían coincidir la fecha
de l Domingo de Ramos con el estreno de las ropas que cada primavera se veían
obligados a renovarnos porque los “altramuces” niños y niñas, estábamos
creciendo y todo lo dejábamos pequeño.
A la indumentaria procesional, había
de añadir las niñas, un velito blanco que llevábamos en la cabeza.
¡Qué tiempos, qué recuerdos, qué
vivencias!
Nada es perdurable sino en la
memoria que puede sostener vivo el ayer en nuestros corazones y acercárnoslo al
presente como un afluente al caudal de nuestras venas.
Entonces nuestro pueblo tenía las
calles empedradas y despertaba cada mañana abriendo las puertas de las casas
que lucían brillantes los suelos de las largos pasillos ; y verdes, muy verdes,
las macetas que los adornaban.
También Montijo tenía el encanto
dormido en los balcones a la hora de la siesta, con las verdes persianas
bajadas hasta la raíz de las rejas. Y en tiempo de procesiones, se ponían
colgaduras, colchas bordadas o banderas de España en esos mismos balcones, que
engalanados se llenaban de los propios de las casas y los amigos allegados,
para ver pasar los cortejos procesionales.
Amanecía la Semana Santa entre palmas y alegría. Quedando atrás la Semana de Pasión con su
septenario a Nuestra Señora de los Dolores. Aquel septenario que en mis años niños llenaba la ermita de
Jesús con una fe mariana vivida, cantada y llorada en los bellos cánticos y
saetas que desgarraban corazones, aquellos cánticos del coro parroquial para
los que Dª Rafaela hacía sonar el piano.
Por la noche del Viernes de Dolores,
la procesión y traslado de la
Virgen desde el Convento de Santa Clara hasta la ermita de
Jesús.
ENTRE PALMAS Y OLIVOS
HAN PASADO LOS AÑOS y
seguimos celebrando el Domingo de Ramos que nos muestra un Jesús
triunfante, Un Jesús aclamado por la gente, un Jesús líder del pueblo... Pero
yo le canto mi alegría triste porque conozco la historia que sucedió hace
veintiún siglos, que sigue sucediendo, y
seguirá por siempre grabada en la
Historia.
Veo que aquella borriquita que le
dio aliento y calor en el Portal, hoy
convierte su lomo en el altar ambulante que le pasea por las calles de
Montijo.
La joven cofradía de Jesús Salvador
de los Hombres, procesiona esta imagen con la que quieren revivir la entrada
triunfal de Jesús en el Jerusalén de nuestros corazones. Y por las calles guapas de Montijo a la luz
de la mañana, pasea triunfal entre palma y olivo a un Jesús de dulces facciones
que solemnemente nos bendice, como extraño Pantocrato, desde el improvisado
trono de la grupa de un asno.
Los cofrades, verde y blanco,
esperanza y pureza, rinden homenaje a Cristo Mesías y Salvador de los hombres,
recordándonos que sólo la humildad nos llevará por el camino que Él nos
enseñó..
Hoy Jesús te vitoreamos, pero
sabemos que irremediablemente morirás, te moriremos en sucesivos Viernes
Santos.
Por
esto Jesús, hoy te canto mi alegría triste :
Tiemblan ya mis
pensamientos
en el Domingo de
Ramos.
Jesús de amor, ¡Qué
cercanos
tienes ya tus
sufrimientos !
Entre hojas de palmera
y ramas verdes de
olivo
nace un domingo
festivo
que Jesús Hombre
lidera.
Y entre hosanna y
alabanza
en un burrito montado,
con el pueblo
emocionado,
entre todo el mundo
avanza.
¡Honor, vítores y
gloria
al Mesías Salvador!
Viene en nombre del
Señor.
Viene a cumplir la
historia.
¡Honor, honor y
victoria!
Ya tenemos Redentor.
TRAS LAS HUELLAS DE SUS PIES HERIDOS
SE ABRE GRANDE LA PUERTA de la ermita de
Jesús. Es Miércoles Santo. La plaza se agita de cofrades nazarenos de indumentarias negras y cruz morada en el
pecho, cíngulo morado, manos blancas, cirios devotos. Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad
La
Cruz
de Guía abre el desfile. La noche es también nazarena con hábito negro que
aguarda en la calle la salida de Jesús.
Sale el Paso. “Al cielo con Él” y
esta voz da fervor y fuerzas a los costaleros y costaleras, que en cada
Cofradía portarán este peso, dulce y doloroso, sobre sus hombros amantes.
Esta
es la primera procesión de dolor de la Semana Santa en Montijo.
Se
inaugura el sufrimiento.
Miramos
a Jesús, este año bellamente restaurado, lo miramos...
Siempre silente, sumiso, tal vez en
su rostro existe una cierta expresión de extrañeza “¿Por qué me hacéis esto?
parece preguntar con la mirada, con el gesto.
No respondo... No sé qué decir, pero
mi alma cirinea quisiera aliviar el peso de la Cruz y mi corazón, como un mastín lame las manos
de su amo, quisiera lamer la sangre de
su Santo Rostro de sus hombros, de sus pies...
Pienso que este Jesús Nazareno es el
único que caminará las calles de Montijo en esta Semana de Dolor, dejando las
huellas de sus pies heridos...
El Domingo de Ramos, no caminaba, iba a lomos
del asno.
El
Jueves y Viernes Santos, lo portarán clavado o yacente.
Sintiendo Sus pisadas y el olor de
su sangre, por las callejas de mi memoria se me derrite la noche mientras buceo
en lo más profundo de mi ser, al encuentro del primer recuerdo que tengo de Su
Rostro, y una calderilla de pequeños momentos se derraman ante mis ojos:
Él
siempre igual, yo pequeña.
Él
siempre igual, yo creciendo.
Él
siempre igual, yo mayor.
Él
siempre igual... yo siempre igual....
Ahora sé que también yo siempre
igual... Yo siempre igual cargando mi cruz sobre sus hombros y mirándolo desde
lejos.
Yo
siempre igual....Siempre desde lejos a pesar de su llamada.
Este
Miércoles Santo, el aire trae olor distinto cuando pasa a mi lado:
Ya te veo venir, y
desde lejos
me hueles a dolor, a
sangre y muerte.
Salgo a tu encuentro y
no me importa verte
derrengado bajo un
dolor añejo
¡Ay, qué solo vas
entre tanta gente!
¡Qué solo vas con todo
ese cortejo!
Sé que me estás
llamando con los ojos,
con ese mirar tuyo sin
tristeza.
El mundo ya ha perdido
la cabeza
y el cielo por tu
sangre, está en congojos.
¡Ay, Jesús, que grande
es mi certeza
de que he de verte en
cruz como despojos.
Pues te veo venir y
siento pena
y no sé qué he de
hacer con este llanto....
No sé por qué Jesús te
mueres tanto.
No sé por qué aceptas
tu condena,
ni el por qué de tu
Cruz y tu quebranto,
ni por qué yo no me
ato a tus cadenas.
Qué grande, Nazareno,
es tu fracaso.
Qué triste y solitaria
tu agonía.
Qué sangrienta la Cruz que se ceñía
a tu hombro sangrando
a cada paso.
Cirinea se siente el
alma mía
con tu Cruz, caminando
hacia el Calvario.
¡Oh, delirio de
resignación!
Ahora soy yo quien te
pregunto:
¿Por qué aceptaste?
¿Por qué nos quieres
tanto?
Ella,
La llena de Piedad, con su dolor inacabado me escucha en la noche nazarena
Suena la música mientras me asomo al
balcón de mis palabras y La veo salir vestida de noche y luna.
Con
Ella nace la melancolía en el alma como las margaritas por las eras, llenándolo
todo.
Los sones de la Banda Municipal
parece decir: “Miradla! Es Ella. La del Dolor, La de la Soledad. La que no
puede tener al Hijo en sus brazos. La Misericordiosa. La
Piadosa. La del dolor inacabado... Es Nuestra Señora de la Piedad.
Y
la palabra me sabe a incienso: Piedad.
Yo llevo su nombre y al
pronunciarlo, un sentimiento gótico sube desde los cimientos de mi persona
enredándose en mis venas, haciendo volutas de dolor y emoción en extrañas y
temblorosas filigranas. Y es un rumor de ángeles de sombras fugaces lo que
escucho en los rincones de la noche, de esta noche perfumada de claveles y
cirios derretidos, mientras le rezo así:
Toma, Señora, mi
llanto que altanero
hoy quiere derramarse
hasta la aurora,
y no encuentra
consuelo aquí y ahora,
ni en este sentimiento
pregonero.
De mi boca un rezo y
un “te quiero”
del ayer que de niña
te invocaba
con fervor, por el
nombre que llevaba :
Piedad Tú, Piedad yo,
¡Ay! qué sincero
mi corazón te manda su
lamento
por el Hijo nacido en
tus entrañas.
No hay dolor que
describa este momento,
(de tus ojos vertido
el firmamento
con estrellas
temblando en tus pestañas),
ni más ansias de amor
que las que siento.
CERA QUE LLORA EN LA NOCHE
SI TUVIERA QUE REDUCIR LA SEMANA SANTA a una
sola estampa, a una sola visión, a una sola mirada, ésta sería la de un Paso en
lejanía con su relumbre de diminutos fuegos temblorosos, recortarse en la
oscuridad del cielo alunecido.
Ese fulgor como una rúbrica de luz
sobre la pizarra silenciosa de la noche como un asombro en la oscuridad.
Ver bajar en Jueves Santo, por la Avenida de la Emperatriz Eugenia,
la Plaza de la Constitución, y la
calle Castelar, hasta llegar a la
Plaza de España, ese altar peregrino de calles, inflamado de
luces blandas, danzarinas y caprichosas como la propia cera que define la Semana Santa.
La cera es la miel de la Semana Santa, el
almíbar que deja su dulzor y llanto sobre las aceras de las calles.
La cera es el capricho que crea
ilusiones visuales cuando María Santísima de los Dolores camina Parroquia de
San Pedro abajo hasta alcanzar el Paseo:
María encendida en la noche.
Dolor refugiado en las candelas que
se agolpan delante de la peana de su imagen.
¿Cómo poder cantar la belleza de
esta visión cuando los ojos se tienen duchados de lágrimas y en los tobillos
del alma llevamos los grilletes del dolor ?
Desciende pálida y llorosa Virginal
Señora. Acaso se le hacen presentes las palabras del Ángel que la saludó
“Bendita entre todas las mujeres”. Acaso su dolor la lleve a cuestionarse la
salutación...
¿Bendita?
¿Se
siente bendecida ante el sufrimiento del Hijo?
¿Con
el Sufrimiento del Hijo que lleva junto a sí clavado en el madero?
Allí
estaba humilde en Nazaret.
Allí
estaba.....
“Dios
te salve, oh, llena de gracia!
el
Señor es contigo
y
bendita tú entre todas las mujeres”.
Esta voz del ángel que a través de
los siglos se ha convertido en plegaria con la que La aclaman las generaciones,
hace milenaria nuestra fe que la llama, que la sabe llena de gracia. Elegida
del Padre para en su vientre virgen convertir en carne el proyecto salvífico.
La miro desde mis lágrimas a las
suyas, húmeda oración hacia el cosmos sin
pasar por mis labios pecadores.
Pongo mi plegaria a María Santísima
de los Dolores en el candelero de mi corazón, como vela de esperanza que
enciendo devota porque veo en Ella la cuna y sudario de nuestra salvación.
Esa Salvación que de la Cruz pende y en la Cruz se eleva ; rayo de luz
que atraviesa la noche por su costado.
Él
parece caminar sobre el oleaje de cabezas fieles
Parece
caminar este Cristo del madero, igual que cuando anduvo en el mar.
Cristo de la Agonía, Cristo Crucificado.
Cristo del madero. Mira nuestros corazones confundidos entre los claveles rojos
y los lirios que se postran a tus pies.
Crucificado
que lo caminan por las calles heridas de luz.
Cristo Santísimo de la Agonía, hemos esperado un
año para verlo bajar de nuevo. Para ver si su
Rostro que mira al cielo llamando a Dios ABBA, tiene una mirada de
retorno hacia nosotros.
¡Estamos
aquí, Santísimo Cristo de la
Agonía!
Estamos aquí los que cada noche
construimos templos de intenciones y cada día luchamos contra el olvido y la
inconstancia.
Estamos aquí los que queremos
aprender a llamar a Dios ABBA, desde nuestros corazones.
De
rojo y negro los Cofrades surgen como amapolas clavándose en la noche.
Rojo
y negro: sangre y solitud son sus
colores.
Sangre
que faltó para un Hermano Cofrade Fundador.
En los comienzos de esta Cofradía
por sangre se lloró la muerte de ese cofrade. Moría a causa de una hemorragia
incontenida e incontenible. No se encontró donante de su grupo sanguíneo.
Era 20 de Mayo de 1974. Y el Hermano
Cofrade era Antonio del Viejo Codes, mi cuñado, marido de mi hermana Margarita.
Qué grandeza de alma estos cofrades
que han creado la Hermandad
de Donantes de Sangre “El Crucificado” ¿Qué mejor nombre? ¿Alguna sangre más
salvadora?
Los
donantes, como Cristo, dan la suya para también salvar otras vidas.
Nosotros nos necesitamos vivos para
ayudarnos y a Jesús también lo necesitamos de Carne y Hueso.
Así te necesito,
de carne y hueso.
Así,
corpóreo,
tangible y fraterno.
Humanamente TÚ
manso Cordero
como un reguero
de luz
hasta la muerte.
Desde la Cruz
me nombras tu heredero
y no puedo
quejarme de mi suerte
:
Soy de carne
y de carne a TÍ te
quiero.
¡Amor que bajaste a mi
pobreza
encarnando en TÍ
al universo!
La Vida
está naciendo de tu
muerte
y el perdón
brotando de tu herida.
Son
tus clavos y espinas
mi asidero.
Así,
desnudo y sufriente,
clavado en el dolor
y en el madero.
Así.
Así te quiero.
Te necesito
de carne y hueso
hasta la muerte.
SUDARIO
BLANCO EN LA MADRUGADA
AGONIZA.
Y
muere.
Y
no acaba de morir.
Y
muere de nuevo cada año, irremediablemente.
Y muere de nuevo cada día en cada uno de los
cristos actuales que los hay, cristos del olvido y del hambre, cristos de la
guerra y el terrorismo.
Hay que nacer de nuevo de Su sangre
más allá de este vivir el momento en el que nos hemos acomodado.
Agoniza Jesús. Él es la última
esperanza de quienes han llenado las maletas de sus vidas con un equipaje de
sueños fugitivos.
Aquí estás otra vez muriendo, Cristo
de la Vera Cruz,
en la verdadera cruz de nuestras culpas.
Da escalofrío verte así, ya tan
temprano, en este Viernes Santo que aún falta para clarear el día; para que
curioso el sol se asome a mirarte antes de que se recoja este cortejo en la Parroquia de San
Gregorio.
La noche como un largo bostezo se deja caer
entre las calles y se hace el silencio en Montijo; se escucha el crepitar de
los cirios y las mudas pisadas de los Cofrades penitente. El asfalto queda
llorado de cera.
Las
horas comienzan a ser descontables a partir del momento de cerrarse la
procesión.
Paso
sobrecogedor este Cristo dela Vera Cruz. Si
doliente es verlo en agonía erecto en una cruz eréctil, fijos sus ojos en el
Padre, un temblor se arranca de nuestra arquitectura humana al ver el sudario
preparado para abrazar Su cuerpo, para abrazar también, según esta Cofradía, la
cruz: Abrazarnos con nuestros pecados.
¿Por
qué Jesús tu cruz inclinada?
Acaso piadosos los hermanos
penitentes quieren evita el dolor mayor del desgarro de los clavos ¿Acaso así,
casi horizontal tu cuerpo, más cercano al suelo quiere demostrarnos que eres
uno más de nosotros?
¡Oh Cristo de la Vera Cruz, Cristo de la
misericordia! qué bella y serena es la expresión de su rostro, y lo imagino sin
clavos ni espinas, sin dolor en su carne. Como si el escultor no hubiera
querido dañar su santo cuerpo para cantarle así :
No quiso el escultor
clavarte
nuevamente en el
madero,
que tan sólo usó sus
dedos
para poder modelarte ;
sus huellas, en todas
partes
de tu cuerpo se han
quedado,
mas no han sido sus
pecados,
sino su anhelo y su
arte.
Por esto, ahora al
mirarte
sin clavos, llagas, ni
espinas,
tan sólo en tu Faz
Divina
la expresión agonizante,
siento en mi pecho,
punzante,
la culpa de tu dolor
temiendo que he de ser
yo
quien vaya a
crucificarte.
Si bien mi alma
anhelante
quisiera lamer tus
llagas,
mi carne aún se rezaga
para sufrir por Tí,
amante ;
de tu Pasión liberarte
cargando sobre mis
hombros
una cruz hecha de
escombros
de este mundo
delirante.
...Que yo no quiero
clavarte
nuevamente en el
madero.
Como el escultor, yo
quiero
con mi amor
resucitarte
ABISMO DE DOLOR
“ERA YA CASI LA HORA DE SEXTA o el
mediodía y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona. El sol
se oscureció y el velo del templo se rasgó”
Así
nos relata San Lucas la tarde del Viernes Santo, cuando Jesús llega a la
muerte.
¡Oh! Locura de amor que quiere hacerse hombre en
los abismos del dolor.
Resplandor
que toma cuerpo.
Palabra
que se hace carne.
Qué
más fuego necesita el alma para arder en la llama de esa misma locura?
Señor que al entrar en la oscuridad
de su muerte ilumina nuestra noche de eternas tinieblas.
Señor
que nos amanece con una nueva luz de Redención.
Ahora estás a la intemperie de
nuestras miradas abandonado tu cuerpo al
abrazo frío del mármol.
Cuatro
cirios, soldados de cera, te hacen la guardia.
Cera,
luz de la noche que se hace día en nuestros ojos.
No hay ángeles, ni serafines que
canten a gloria y a paz como en la noche del nacimiento, y sin embargo algo de la Navidad vibra aún en este
momento. Es ver desnudo a Jesús igual que lo hemos visto en el Portal. Humildad
y pureza en su desnudez.
Hombre
en plenitud que encuentra aquí su último temblor.
Todo se ha
cumplido.
Las
Escrituras quedan refrendadas con Su persona.
Aquí está
en absoluta kénosis.
Cómo te quiero, Dios,
de qué manera
del loco frenesí de tu
llamada
he dejado mi alma
aprisionada
y ya vivir en Tí, sólo
quisiera.
Que del mundo perdida
la quimera
busco juntar mi cuerpo
con la nada
en abrazo de muerte
enamorada,
que en cenizas tan
sólo me volviera.
Y del polvo barrida
por el viento
sólo olvido cubriendo
mi existencia,
sin tener para mí más
alimento
que el soplo deseado
de tu aliento
manteniendo viva tu
presencia,
gozaré, Dios, tu Amor,
cada momento.
Nuestros corazones se unen a los
caballeros del Santo Sepulcro y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.
Las calles de Montijo lloradas de cera por la Hermandad de Nuestra
Señora de los Dolores, vertido el silencio por las paredes, temblor de lágrimas
en el escalofrío de las indecisas llamas de las velas.
Los hermanos nazarenos, como Juanes
y Magdalenas acompañan a la
Madre sufriente y en silencio le muestran su dolor ¿Qué decir
a quien de tal forma sufre? ¿Qué palabra puede paliar tanta angustia?
Otra imagen aterradora se proyecta
ante mis ojos: Muerte, llanto espanto y silencio. 11 de Marzo. ¿Había palabras
para consolar tanto dolor? Nuevo Calvario de horror en nuestros días.
En
la noche Soledad.
Señora Nuestra de los Dolores.
Soledad que rompe el alba y estremece los corazones. Ante esta bella Virgen no
cabe piropo. Solo respeto a su dolor y deseo de tenderle el pañuelo de silencio
y oraciones.
Debajo de su manto, como claveles
amorosos se refugian las costaleras en acto de amor, dolor y solidaridad con el
sufrimiento de la Madre
de Dios.
No hay escapatoria para el llanto y
un vértigo de fe se precipita por el alma como la cera que acompaña y llora
procesiones.
¿Acaso,
María, no dijiste a la salutación del Ángel “Hágase en mí según su Palabra”?.
Su
Palabra se hizo carne en ti.
Su
Voluntad está cumplida.
Cumplido
queda lo escrito por los Profetas.
Pero
y tu corazón, María, tu corazón de Madre, ¿cómo ha podido soportar tanta
angustia?
Ven locura, ven locura
a mis ojos,
mira, en la oscuridad
sola camina.
¡Pobre Madre! Dolor de peregrina
que su alma arrastrara
en los abrojos.
Fiebre, exilio de
Dios, mientras deshojo
la cera de los cirios
encendidos
y acompaño tus pasos
doloridos
arrancando del
alma este congojo.
Hoy veo muerto,
yacente al Redentor
y a Ti, Madre,
llorando entre las flores.
¡Hágase la locura en
su esplendor!
Fuiste un día Virgen
de la Piedad;
otro día Virgen de los
Dolores,
y esta noche te llaman
Soledad.
SILENCIO.
Respetuoso
silencio.
Madre
de la Soledad,
no estás sola, Montijo te acompaña con su corazón vestido de luto.
¡ALELUYA! ¡ENCUENTRO EN LA RESURRECCIÓN!
SI NO CREYÉRAMOS EN LA RESURRECCIÓN, qué
tristes serían nuestras Semanas Santas. ¿Qué sentido tendría la muerte de
Jesús?
Se explica que sin fe, se cante al
Cristo que anduvo en el mar victorioso sobre las aguas, pero que no se quiera a
ese Jesús del madero, derrotado.
Oh
fe, bendita fe!
Ven
y llena mis ojos de la Verdad
que hoy canto.
Llena
el mundo de su Luz.
CUANDO ERA PEQUEÑA, el Sábado Santo
a las 12 del mediodía repicaban a gloria las campanas de este campanario
anunciando la
Resurrección del Señor y toda la chiquillada del pueblo
salíamos por las calles con cencerros y campanillas alborotando a los pájaros y
al aire.
Portábamos unos frascos para el agua
bendita que nos darían en la
Iglesia, esta Parroquia de mi Bautismo, de mi Primera
Comunión, de mi Boda, esta Parroquia de mis oraciones y ruegos y hoy balcón
desde el que pregono la
Semana Santa.
Con aquella agua bendita y una
ramita de las del Domingo de Ramos, íbamos exorcizando cada rincón de la casa
con una fórmula infalible. “Sal demonio de este rincón que ha resucitado
Nuestro Señor”.
Hoy la Liturgia se ajusta más a
las horas de los hechos y el Sábado Santo es jornada de meditación junto al
Sepulcro y junto a la Madre.
Es a las 12 de la madrugada cuando
la luz de la Resurrección
se desparrama por un laberinto de toques de campanas.
Acertada la Iglesia con esta
celebración pascual de gran belleza y significado. Soporte de nuestra fe.
¿Quién
como cristianos no se siente feliz por aquella muerte que nos trae la vida?
Así
lo manifestamos jubilosos en la
Procesión del Encuentro.
Así aplaudimos en ese abrazo que
Jesús y María, Hijo Resucitado y Madre asombrada, se dan en el paseo.
María no cabe de asombro gozoso,
Juan y Magdalena le han dicho “Ven con nosotros. Tu Hijo ha resucitado”
En ese momento María escucha de nuevo en su
corazón la voz del ángel y se siente ¡Se
sabe! “Bendita entre todas las mujeres”.
2004 años después las generaciones
le siguen llamando Bendita, y bendito el fruto de su vientre: Jesús.
Jesús resucitado.
Jesús libre de la
carga de su carne mortal.
¡Ha vencido a la
muerte!
¡Victoria!
Quiero hacer una
oración
y sólo me sale un
canto,
y es que yo te quiero
tanto,
te quiero tanto, mi
Dios
que mi canto es
oración
y mi oración es un
canto.
Si medito en tu Pasión
es tan grande mi
fervor
que el alma vertida en
llanto
se me transforma en un
manto
de feliz resurrección.
Y ya no siento el
espanto
de tu muerte y tu
dolor,
que al mirar tu Cuerpo
Santo,
no veo sangre ni
sudor,
tan sólo un inmenso
amor,
en tu Rostro
Sacrosanto,
Y es que yo te quiero
tanto,
te quiero tanto mi
Dios,
que mi canto es
oración
y mi oración, es un
canto.
LABOR EVANGELIZADORA DE LAS
COFRADÍAS
UN DÍA COMPROBAREMOS todos, que no
es una ficción soñada la representación de nuestra Semana Santa. Que es un
evangelio vivido cada año, por las calles de Montijo, como el anuncio cierto de
una realidad de salvación. La fiesta de una promesa. La esperanza de una
eternidad.
Y esto se lo debemos a las
Cofradías, a su trabajo, a su constancia, y sobre todo a su gran amor hacia
estas fiestas y esta santa costumbre.
En definitivas
a su gran sentir cristiano.
Lejos ya del pensamiento de todos
que la Semana Santa
y cuanto la rodea es un folklore.
Hoy podemos darnos cuenta que las
Cofradías son conscientes de su labor evangelizadora y conocen el mundo
marginado de los hombres y las miserias cercanas a esta sociedad en la que
vivimos, por eso los Cofrades han adquirido un grado grande de compromiso que
desempeñan con fervor y eficacia.
No
limitan su actuación tan sólo a lo referente a los ritos y liturgias que
puedan tener relación con la
Semana Santa, su trabajo no es puntual de estas fechas, sino
que movidos por la verdadera fe de Cristo y Amor al Prójimo, desempeñan labor social constante y consciente, a lo
largo de todo el año, movidos siempre por la fe cristiana.
Por esto proclamo con firmeza : Que
las Cofradías y Hermandades de Costaleros y Costaleras avivan la fe recibida de
nuestros mayores, siempre alentada por el testimonio de la gente de buena
voluntad que trabaja junta, gozosamente dispuesta a dar su tiempo y su ilusión
para que esta santa costumbre no sólo no perezca, sino que como ahora, siga
viva en fe y en ilusión con verdadero sentido cristiano.
Bienaventurados los Cofrades de
corazón sincero porque ellos trabajan para hacer presente a Dios en la Semana Santa. Y en
el vivir de cada día.
DESPEDIDA
PODRÍA
SEGUIR DICIENDO TANTAS COSAS !
Pero cada año el Pregón se renueva y
otra voz cantará su fe en este atril del que yo me retiro dejándolo investido
con la ilusión de haber sido pregonera de esta Semana Santa de 2004 que vivirá
en mí, mientras yo respire.
Sólo me queda decirte, Montijo,
pueblo mío y al que pertenezco, que cómo en un cáliz he vertido en ti mi
corazón.
Así ha sido.
Piedad
González-Castell y Zoydo.
Es Semana Santa en la Primavera del año 2004
de la era cristiana.
Compañeros Sacerdotes, Junta Gestora de las Hermandades y Cofradías de
Semana Santa de Montijo.
Queridos amigos, se puede comenzar
en una clave tópica, agradeciendo, también se puede agradecer sin tópicos.
Admitirme por tanto, para empezar el agradecimiento sencillo y sincero, sin
tópicos se me está dando este año como otros años la oportunidad de hablar en
distintos puntos de nuestra diócesis y cuando uno toma el pulso de lo que es la
vitalidad de la Semana
Santa de Badajoz, al final se siente uno agradecido, primero
por una razón si queréis elementalmente humana resulta, que al principio uno
pues, una dosis muchísimo más que suficientemente generosa de amistad y de
afecto que además por una razón si queréis sobrenatural le permite a uno ejercer
el Ministerio Sacerdotal.
Pues de un modo si queréis distinto
y renovado por que ver siempre las mismas caras como ocurre en las Parroquias
contempla uno, semblantes muy distintos a la escucha de lo que hay que decir, y
lo que hay que decir esta noche pues, es pregonar esta Semana Santa vuestra,
esta Semana Santa vuestra universal que vosotros vivís en la Iglesia de Dios que está
en Montijo. Primero el pasado, un pasado
vi milenario ya, un pasado de dos mil años en la edad antigua, tenemos fácil
resumir como fue la
Semana Santa y aun más fácil como fueron las Cofradías, mirad
lo que conocemos como Vigilia Pascual, lo que conocemos como Vigilia de la
noche, de la Resurrección
es la primera gran fiesta del cristianismo durante todos los primeros siglos
incluso aún durante el periodo de las persecuciones. Se comienza
a celebrar la noche de la
Pascua, siguiendo el calendario lunar, aunque en el resto del
Mediterráneo se siguiera comúnmente el calendario del sol, por eso los Obispos
de la antigüedad, hubieron de ponerse de acuerdo en el orden de colocar todos
los años la fecha de la Pascua,
costumbre que hoy perdura inalterada y hace que nuestra Semana Santa, caiga
antes o después, en el calendario solar que es el que comúnmente utilizamos
para los meses y para los días. La
noche Pascual, es la noche de los bautismos, en la que en la antigua Iglesia,
bautizaban a los convertidos, hacer a la fuente de la vida a sus nuevos hijos,
a partir de la edad antigua todo esto cambia, y la Iglesia en vez de tener
que bautizar a los convertidos, tiene que convertir a los bautizados.
Porque bautizándolos desde pequeños,
el proceso de la conversión es paralelo al que nosotros seguimos, intentando
seguir a Jesucristo ya bautizadamente el acontecimiento de la muerte y la
resurrección vivida en la noche de Pascua, en la noche, que va del sábado al
domingo de Resurrección es el centro, el eje, el Culmem de la Semana Santa. En la
antigüedad, hasta el punto de que bien podemos afirmar todavía hoy que la Vigilia Pascual,
es la misa de las misas. La eucaristía de las eucaristías cada domingo, hacemos
un eco de la Vigilia
Pascual y, si se quiere de la eucaristía de cada día, un eco
de la misa del domingo, pero el rito bellísimo, tercenario de la Pascua en torno al cirio
Pascual. La costumbre espléndida de dedicar más tiempo que nunca a la reflexión
bíblica, con más lecturas que ninguna otra noche del año, la alegría de renovar
juntos las promesas bautismales, y de dar cabida a los nuevos cristianos
resucitadamente en Cristo, por medio del sacramento que nos configura con su
Muerte y con su Resurrección. Finalmente la comunión eucarística, son el eje
central de la Semana
Santa y cuando no lo son, hay cuando no lo son, seguramente
es que todavía haya algo que profundizar, incluso mucho que reformar. No hay
Cofradías en la antigüedad, los primeros Obispos, incluso Obispos de los
primeros siglos entendieron que las Hermandades y Cofradías, podían parecerse a
la de los Santuarios de los Dioses paganos, a las congregaciones que velaban
por la seguridad, por los adornos y por el culto de los Santuarios de Aforum,
Zeus, de Júpiter, Neptuno, de Minerva, de Venus y no desean que haya Cofradías
en la Iglesia,
hasta el punto de qué las Hermandades comienzan a aparecer solo ya en el
segundo periodo, y en el periodo medieval ni siquiera al principio del periodo
medieval.
Siguiendo
la costumbre histórica occidental, más tradicional, podían organizar la edad
media ya una vez que se ha derrumbado el imperio romano, en la primera edad
media, o edad media del románico, o edad media de los castillos, edad media muy
agropecuaria, edad media, alta edad media que llamamos, pues ahí, aparecen
pocas Cofradías pero empiezan a aparecer y, empiezan a aparecer las Hermandades
en torno a los Santuarios veis, de alguna manera las raíces de la antigüedad
pagana, se hacen plenas, en la edad media todo vale para configurar
Hermandades, que al principio no son ni más ni menos que la congregación de
personas Laicas, Seglares que cuidan, protegen, ayudan, colaboran en los Santuarios,
Santuarios que todavía apenas están dedicados a Cristo y a la Virgen, normalmente son
Santuarios martiriales, que guardan las reliquias de alguna persona que haya
sido testigo del Señor. Posteriormente ya en la segunda edad media, del gótico,
la edad media de las ciudades, la edad media ya un poco menos agropecuaria y
ganadera y un poco más comercial comienza, la gran explosión enorme, y
variopinta de las Hermandades y de las Cofradías, y con las Hermandades y las
Cofradías, comienza también a transformarse, la religiosidad popular de la edad
media. Otro tanto unos deseos de plasticidad si
se quiere de teatralidad, de culto externo a todas las celebraciones
cristianas, y de una manera particular a la gran Pascua de la Muerte y la Resurrección del
Señor en Semana Santa, y a la gran Pascua de la Navidad.
Con la
aparición plástica, de las representaciones teatrales, navideñas y de las
representaciones de la Pasión
del Señor, o bien de los
Belenes de Navidad y de los pasos de Semana Santa, de las figuras evocadoras de
la Pasión,
Muerte y Resurrección de Cristo. Durante el tiempo de los días del Triduo
Sacrico normalmente Jueves, Viernes
y el Sábado Santo o la madrugada del Domingo de Resurrección, la edad
media, es una edad al final enormemente variopinta, en cuanto a las Cofradías
se refiere, son muchas las que aparecen, no las vamos a mencionar todas, pero
por resumiros de alguna manera cabria decir, que hay Hermandades gremiales, se
establecen en torno a un gremio: el gremio de los laneros, o del usurero, o de
los agricultores, o de los ganaderos, el gremio de los pintores, de los
médicos. Los gremios, sabéis, que son pues al mismo tiempo, sindicato y
patronal un tanto mezclado, de tal manera, se accede a los gremios como
aprendiz, se continua conviviendo en el gremio, como miembro, después como
oficial y hecha alguna obra maestra, se ingresa, digamos en el orden de los
maestros, de esa profesión, de ese gremio, todos esos gremios, desembocan tarde
o temprano en Hermandades.
No todas
de Semana Santa, algunas son de glorias en torno a la Virgen Patrona
algunas, vocación de Cristo o bien también en torno al patrocinio de un Santo,
un Santo, que ver con el gremio de que se trata, los gremios medievales,
edifican capillas en las Iglesias, cuidan del enterramiento de sus miembros,
cuidan también levantando pequeños hospitales, de ayudar a los miembros de esa
Hermandad, y de ese gremio las dos cosas a la vez, que puedan caer enfermos
sobre todo, si son enfermos incurables en definitiva configuran una vida en la
que la beneficencia, y el culto está extraordinariamente ligado,
extraor-dinariamente unidos. Hay otros tipos de Cofradías, por ejemplo:
Cofradías solo de cleros, Cofradías militares, Cofradías nobiliarias, muy
estamentales un tanto clasistas, intentan que de alguna manera bueno, se puedan
conservar ciertos privilegios de los demás arriba, la vida social otro tanto, pues toda una serie de privilegios,
de enterramientos o funerales o incluso también procurando que si alguna
persona, de cierta relevancia social, algún noble pues cae enfermo, de alguna
enfermedad contagiosa hay quien le cuide, sin necesidad de que vaya a los
pequeños hospitales cofrades. No estaba bien visto morirse en los hospitales,
había que morirse en la casa y nacer también en la casa, el uso de los
hospitales pequeños siempre y muchas veces, no suficientemente bien cuidado,
estaban reservados prácticamente solo a los estratos, a las capas más pobres de
la sociedad.
Con el
Concilio del Trento ya en la edad moderna, aparece otro tipo de Cofradía que de
algún modo, están guiadas por la propia jerarquía de la Iglesia. Son solo
sobre todo tres, las Cofradías del Santísimo Sacramento: de los Obispos, Mandan y en Trento Erigí en cada
parroquia donde la Navidad,
la fiesta del Corpus y todo lo que tiene relación, con la adoración a la Majestad de Cristo, en la Eucaristía, la Cofradía de Animas, que
aquí tenéis todavía un bellísimo Altar de Animas, la Cofradía de Animas, se
dedicaba a ofrecer sufragios a favor de la vida eterna, de los difuntos, particularmente
de aquellos difuntos, de los que nadie se acuerdan porque no tienen familia.
Porque no han dejado deudos y la
Cofradía llamada de Beneficencia, o de los pobres que con el
tiempo se transformarán. En el siglo XIX en las conferencias de San Vicente de
Paúl, acabo de ver una imagen de San Vicente de Paúl aquí, a mi izquierda y a
vuestra derecha, que
seguro que evoca la fundación de las conferencias de San Vicente de Paúl. Y que
en la segunda mitad del siglo XX en España desemboca, en lo que hoy llamaríamos
Caritas, la Caritas
fundamentalmente, las Caritas parroquiales, y las Caritas diocesanas. Hay otros
muchos tipos de Cofradías, pero podíamos dejarlo prácticamente ahí, para tener
una idea más o menos general, de por donde han ido los tiros de los últimos dos
mil años. En los últimos mil ochocientos años, porque desde hace ciento
cincuenta, tiene lugar una autentica catástrofe de la vida cofrade,
concretamente en España.
Quizá no
tanto en el sur de Italia, y no tanto en Portugal pero en España, una autentica
catástrofe. La desamortización, después la Guerra Napoleónica
llamada entre nosotros Guerra de la Independencia, las Cofradías son expoliadas de su
patrimonio, para convertirlas en meros agentes de culto, en meros agentes de,
bueno diría yo, de festejos sagrados, bien sean los de Semana Santa, bien sean
los festejos de gloria, que tienen lugar con las romerías o con los cultos en
las Ermitas camperas, bien a la
Virgen, bien a Cristo, bien a algún Santo Patrón. A la
primera Hermandad de su patrimonio, se las priva también de la posibilidad de
seguir ejerciendo la caridad, o al menos se les coloca a la mayoría de ellas,
en unas condiciones ciertamente dificultosas, a la hora de poder seguir
cuidando a los
pobres. No ocurre así en Portugal donde las Hermandades siguen estando al
servicio de los más pobres por medio de las santas casas de beneficencia, en
las santas casas de misericordias, las de nuestros vecinos portugueses siguen
estando regentadas por Hermandades que desfilan en Semana Santa. Así también en algunas zonas de Alsacia y de
Lorena, también en algunas
partes del Norte de Italia, y del Sur de Italia sobre todo en lo que era el
antiguo reino de Nápoles y las dos Sicilias, ahí las Hermandades siguen
consagradas al culto. Sí pero también a los pobres, entre nosotros
desdichadamente a partir del siglo XIX las Hermandades pierden gran parte de su
vitalidad y se convierte, poco a poco en comisiones de festejos sagrados, que
conservan algo de enseñanza en cuanto se refieren a los sermonarios, los
sermonarios propios de lo Novenario, de la Septena, de las Novenas, de los Triduos, los
Quinarios pero que escasamente, muy escasamente inciden en el servicio a los
pobres.
Veniros
conmigo, ahora al presente, se podían decir muchas más cosas del pasado, pero
por ahora, lo dejamos aquí en el presente, estamos aquí, en esta hermosísima
Iglesia de San Pedro, pues a un grupo de bautizados, os sacaron de la pila del
bautismo, os habían bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Del Padre que expresa la inmensa altura de Dios, que no se deja manejar
por nuestras magias religiosas, el Hijo que expresa la inmensa anchura de Dios,
que nos hace hermanos de todos los hombres, sin distinción de razas, de lengua,
de pueblo, de Nación, Espíritu Santo que expresa en nosotros la inmensa cultura
de Dios, que se nos mete en ello para hacernos una sola cosa con Él y que desde
dentro de nosotros engendre su amor, vive en su amistad completa, con su propia
obra, pues todavía chorreando el agua del padre, del Hijo y del Espíritu Santo
te unge con el Cristo de la salvación haciéndote una sola cosa con Cristo,
Cristo en el griego, el Mesías en hebreo, en castellano significa ungido pues
eso hacen contigo, ungirte para que seas ¡ojo, ojo! Sacerdote, profeta y rey
para que nos dediquemos a enseñar, santificar y servir. Los profetas son los
que enseñan en nombre de Dios en la
Biblia, los sacerdotes son los que santifican en el nombre
del Señor y los reyes son los que sirven, no los que mandan los que sirven. Por
tanto amigos, cada uno de nosotros, desde su propio bautismo está destinado,
convocado, llamado a hacer lo mismo que hacía Cristo, enseñar, santificar,
servir. Sí cada uno de los cristianos somos profetas, sacerdotes y reyes
llamados a enseñar, santificar y servir lo mismo que Cristo, si estas tres
palabras, de alguna manera resumen el quehacer entero del Señor, y el nuestro.
Comprenderéis,
comprenderéis como lo que se predica del todo, de toda la Iglesia, ha de predicarse
también de cada una de sus partes, por ejemplo: las Hermandades y Cofradías,
las Hermandades y Cofradías o encuentran el modo de equilibrar su propia vida,
su propio quehacer enseñando, santificando y sirviendo o realmente cojea
gravemente, gravísimamente de cualquiera de los grandes aspectos de la vida
cristiana, para santificar tenéis la vida de Cristo en vosotros, por el
bautismo todos los cofrades, y además la posibilidad de bendecir a Dios en la
oración personal y comunitaria de la dedicación a la grandeza de la alabanza
divina, la bendición sublime, sentirnos íntimamente convocados a vivir desde
Cristo, a vivir hacia Cristo, vivir desde el Señor. No hay una mayor grandeza,
no existe un don mayor que el de ser bautizados, pero ahora falta que lo
seamos. Nuestro culto externo por ejemplo, a las imágenes está lleno de esta
configuración sagrada con Cristo, o está vacío porque ¿De qué está lleno? sino
sólo de costumbres son unas cosas magnificas pero si nos quedamos en las meras
costumbres, al final en vez de Hermandades lo que tenemos son comisión de
festejos, de festejos sacros sí, pero comisiones de festejos. Habremos de
encontrar el modo de santificar para nuestras Hermandades y Cofradías, no lo
han hecho mal las Hermandades y Cofradías a cuanto se refiere a la enseñanza en
una España, hasta hace poco prácticamente analfabeta, los sermones bien
predicados, bien preparados de los Triduos, los Quinarios, las Novenas pues no
cabe la menor duda de que han fortalecido en una gran medida de un modo muy
considerable, el aprendizaje de la vida cristiana, de las generaciones que nos
han precedido.
Ya no sé
si es hora o no de revitalizar toda la grandeza de esos cultos pero ciertamente
hay que encontrar la forma, la manera, el modo de que nuestras Hermandades,
sigan enseñando porque o somos capaces de edificarlas desde nuestro
aprendizaje, de la Palabra
de Dios, o como le falte el enseñar, les falta algo esencialísimo de la vida
cristiana. El enseñar es aprender, aprender a Cristo, aprender de Cristo,
aprender en Cristo y finalmente como nos falte el servicio a un pobre, ¡uf!
¡Madre mía! como nos falte el servicio a los pobres, lo demás, lo digo y lo
mantengo, como nos falte el servicio a los pobres, todo lo demás está de sobra.
Porque la Iglesia
entera está de sobra, entera por tanto, sus Cofradías también. Sí no sirven a
los más pobres, la Iglesia
que no sirve es una Iglesia que no sirve para nada. Que queden, bueno, en un
simple museo de cosas o de ideas antiguas, por muy bellas que sean, pero en un
museo. Unas Hermandades que en el seno de la Iglesia no se vean protagonizados desde los
pobres, hacia los pobres, en los pobres están castrando su propia razón de ser.
Desnaturalizando el verdadero culto que Dios quiere y convirtiéndose pues, en
eso en comisiones de festejos, mirad yo no tengo nada, todo lo contrario, no
tengo nada en contra de las costumbres, desgraciados los pueblos sin
costumbres, eso en Badajoz es muy sencillo de explicar se fundaron pueblos
nuevos, no tenían costumbres, ya las van teniendo y es mejor que las tengan
porque un pueblo sin costumbres realmente no se configura como una sociedad
completa y viva.
Pero, es
una pena, un horror, un terror y un pavor, hombre que algo tan entrañablemente
cristiano como las Hermandades y Cofradías se las relegue al puro costumbrismo.
Hemos de recuperar nuestra razón de ser, haciendo de la vida de los que nada
tienen, de los que nada aparentemente son, de los que nada pintan en nuestra
sociedad esté protagonizada desde el sentir, desde el vivir, desde el que hacer
cofrade. Me da lo mismo que sea para los pobres de lejos, que para pobres de
cerca, como la Tierra
va dando vueltas, Dios la ve entera todos los días ¿Verdad? y a Él le da lo
mismo que los pobres sean de la
China, que sean de aquí. Pero es imprescindible que nuestras
Hermandades y Cofradías recuperen su ser de solidaridad. Vosotros tenéis en eso
una tradición gloriosa. A habido en esta comarca de Lácara recientemente bien
estudiada, con un estudio histórico de alguna persona entrañable para vosotros,
para mí, pues hombre, el testimonio sereno de la cantidad y calidad del
servicio a los pobres, que las Hermandades y Cofradías, os han hecho durante
siglos, ese, ese es el camino, el camino de la Iglesia es el hombre, y de
todos los hombres, el hombre pobre. Ha
habido en la medida en que sepamos descubrir. Estaremos revitalizando
nuestra Semana Santa, revitalizando desde lo hondo de nuestras Hermandades y
Cofradías rehaciendo en nosotros la imagen del Señor.
Seguramente
todos y cada uno de vosotros, recordareis la parábola del juicio final del
capítulo veinticinco del Evangelio de San Mateo, no os preocupéis que si no
la recuerda alguien, se la recuerdo yo ahora mismo. Venid benditos de mi Padre, porque
tuve hambre y me disteis de comer, porque tuve sed y me disteis de beber,
porque estuve desnudo y me vestisteis ¿Nosotros? ¿Nosotros Señor? ¿Cuando te
hemos visto así? pues cuando estabais viendo así a cualquiera de los desnudos,
de los encarcelados, de los pobres, de los hambrientos, de los sedientos. Iros
malditos de mi Padre, porque tuve sed y no me disteis de beber, estuve enfermo
y no me visitasteis, estuve en la cárcel y no vinisteis a verme ¿Nosotros
Señor? ¿Nosotros, cuando te hemos visto en esas condiciones, y no te hemos
hecho caso? pues hombre, cuando visteis así, hambrientos, sedientos,
maltrechos, malheridos a cualquiera de los desgraciados y no le hicisteis ni
caso. Veniros, veniros a nuestras Hermandades y Cofradías. Día del juicio
final. Ya por la tarde, venid cofrades benditos de mi Padre, porque tuve hambre
y me comprasteis tronos, tuve sed y a mi Madre, Santa María Bendita, le
comprasteis coronas, o estuve desnudo y le comprasteis a las imágenes de madera
mantos, pero a las mías verdaderas... ¿No os suena contradictorio con el
cristianismo? pues no hay porque, no lo puede haber. Otro camino cristiano para
las cosas cristianas que no sea Cristo.
AMEN.
Párroco nacido en la población cacereña de Coria. Licenciado por la Facultad de Burgos en Teología Espiritual, dedicándose preferentemente a la enseñanza en la Universidad Laboral de Cáceres, en el Seminario Diocesano y en el Instituto de Coria.
En el año 1999 pregonó la Semana Santa de Cáceres y fue coofundador de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud, en su ciudad natal.
Estimados hermanos y amigos, señores curas, párrocos de esta Parroquia de San Pedro Apóstol, sacerdotes de Montijo, dignísimas autoridades, Junta rectora de Hermandades y Cofradías Penitenciales de Semana Santa, hermanas y hermanos todos.
Me es grato también saludar a la Banda Municipal, con los componentes tan jóvenes, que encuentro aquí. Anoche mismo repetíamos nosotros este idéntico acto, en nuestra Catedral de Coria, y también, en la misma posición, en el mismo estrado y en torno a los mismos componentes, de juventud y de número se parezcan a nuestra Banda Municipal de Coria, con lo cual me es grato estar aquí, rememorando también lo de anoche. Montijo, no es una ciudad cualquiera, Montijo tiene su historia, una historia que sobrecoge a medida que se adentra en ella. Tiene Montijo cinco Iglesias, Iglesia de San Pedro Apóstol, de primera, Apóstol que promete, Apóstol que le niegan y el río de lágrimas sinceras llora arrepentido sus pecados, su miseria, por eso el Señor le reconforta, te promete sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Bendito Apóstol Pedro eres ya y para siempre roca, eres continuación de Cristo, en el tiempo y en la historia. Iglesia de San Gregorio, Ermita de Jesús, San Antonio, Convento de monjas Clarisas, Poborellas de Santa Clara y San Francisco, es su vida ofrenda de amor y entrega. Palomari de plegaria resólida agradecida a quienes en el mundo estamos. Benditas religiosas, que tanto hacéis y siempre necesarias para quienes estamos cogiendo el polvo del camino de la vida. Tiene Montijo cinco Iglesias, cinco pararrayos, cinco fortalezas, cinco casas nuestras, cinco trozos de cielo en polvo de la tierra, y tiene Montijo varias Cofradías, que son por orden de salida: Cofradía Jesús Salvador de los Hombres, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, Hermandad y Cofradía de Nazarenos, del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad, Cofradía de Nuestro Señor Resucitado y de la Parroquia de San Gregorio Ostiense sale también en la madrugada del Jueves Santo, la Cofradía de la Vera Cruz.
Tiene Montijo arte y tradición, tiene historia romana, acercada siempre a la vida y eterna Emérita Augusta, después, llegarán los visigodos, también la presencia musulmana, hasta que la Orden Militar de Santiago crea un núcleo de desarrollo histórico civil y religioso fascinante. Ahora Montijo te muestras también moderna, lo he podido observar esta tarde en el recorrido, coqueteas con el futuro y el progreso, y te hace ser abierta de convivencia y de paz, con lazos de respeto y solidaridad, en fin, capaz de admirarse en el pasado con este presente actual y en crecimiento, construir un mañana, que entreguemos el legado de fidelidad.
Y sale el cortejo, cada día, cada Cristo, y cada Virgen, y cada cofrade, y acompaña, y el pueblo empieza a cantarle, cantos de hermosura, a elevar la plegaria, a buscar alivio en la espesura, a dar gracias, a pedir favores, y a cada paso hay letanía de suplica y deseo. Y ahora recuerda el itinerario, recorrido de cada procesión, de cada Cofradía. Cristo de cada Cofradía en arte e historia reflejado. Y cada una en un rostro conteniendo los aires solemnes, majestuosos, mayestáticos, los hay en pura esencia de dolor y abandono transformado, los hay en cruz clavados, relicarios, los hay con rostros de sangre derramando.
Unos, al mirarlos causan pena, otros se entristecen, contemplarlos en algunos se ve la humanidad representada siempre, en todos los vemos quien más, quien menos inculpados. Cristo del Amor, o del Perdón, o buena Muerte, o Expiración, o del Calvario, Cristo de la Misericordia, o del Consuelo, Cristo de la Salud, o del Refugio, del Amparo, o Cristo Nazareno al verte pasar estremecida el alma con mirarte, la retina del ser, te mira siendo entrega, inmolación, falso cordero, siervo de Dios, victima, reo, deuda pagada por nosotros, a este precio de sangre y sufrimiento. No quiero ser verdugo, Cristo que te veo, no quiero llevarte de nuevo al holocausto del Calvario, quiero verte, sí, y en ti mirarme, y al pasar hacerme yo contigo.
Nazareno y quien me mire vea en mi a un Cristo en carne y hueso, en gracia y don, agradecido, renovado y después, o al mismo tiempo se oprime el alma viendo desfilar a cada Virgen, todas ellas, dolorosas, doloridas, heroína en dolor transfigurado. Siete penas ahondan en tu corazón de madre, de amor en solitaria soledad y en silencio sufrido y abnegado. Dolorosa, dolorida ofrenda que eres de sagrario y sacramento revivido, que eres presencia y testimonio, y estar junto a la cruz es tu destino. Dolorosa, dolorida, albergue y cenobio de inmenso dolor, y miseria en presencia, transferido refleja tu dolor Virgen María, sereno amor, te entrega confiado, confiado es tu corazón de Madre, Madre es tu mejor oficio y seguro alcance, alcánzame ese canto de esa pena, y apenado el corazón, y arrepentido.
Estar junto a la cruz en aras de amor representado. Y empecemos con cada Cristo, con cada Virgen, en desfile, acompañados, solitarios. Domingo de Ramos, abramos el telón, algarabía, señorío, Cofradía de los ramos, luce el sol, es primavera todavía, no hay traición, ni entrega ¡Hosanna! ¡Hosanna! hijo de David. Estar con Cristo es gozo, hay que saberle acompañar, no callar proclamar a Cristo y su realeza, hacerse eco de la grandeza de un Dios humanizado.
El pueblo que fue cautivo, y que tu mano libera, no encuentra mayor palmera ni apunta el mejor olivo. Viene con aire festivo para enramar tu victoria, y no te ha visto en ti su historia, Dios de Israel más cercano, ni tu poder más amargo, ni más humilde tu gloria, gloria, alabanza y honor, gritad, ¡Hosanna! y haceos como los niños hebreos, al paso del Redentor, gloria y honor al que viene en el nombre del Señor, que se note nuestro grito, nuestro himno en la calle, en el asfalto. Que el cristiano no se encierre en las Iglesias, ha de salir al ambiente y proclamar a todos los vientos que Cristo pertenece al mundo, que está en nuestra historia presente, triunfante.
Después viene, Lunes, Martes, Miércoles Santo, y en estos días especialmente, contemplamos que el hece-homo, el juicio de Cristo ante Pilatos, desfiles, procesiones, estaciones, pasos, son preparación estos días al Triduo Santo, y quiere obras de todos ellos. Contemplar un hece-homo, he aquí el hombre, he ahí a un pobre hombre y nada más, como los hay a miles en todos los rincones del planeta, en todos los agujeros de la vida, en todas las cunetas y caminos, he aquí el hombre, lo mejor, es olvidarnos, nos decimos, y enterrarle en el baúl de los recuerdos y que no sea encontrado su sepulcro, hece-homo, que ocurrencia, el hombre ¿Qué pretende que lo tengamos así, por modelo, hecho una piltrafa, hecho de escoria, un vertedero? esta sociedad de hoy, en Él no se recuerda, no se ve, no se inspira.
No desfila Jesucristo así, guijarro de las pasarelas del momento, no tiene cambio, no se estila, hoy, se busca y se quiere otros modelos de paja y de sexos con cuerpo, aunque sin alma, del goce y del recreo. hece-homo, ya no hay modelo, ¿Qué puede aportar un Cristo así? pobretón, a una sociedad que ha conseguido emanciparse del dolor, ¿Qué puede aportar un derrotado? miseria dicen, ya hemos tenido mucha, y no queremos más, antes se acordaban de ti, Señor, y te rezaban, y de ti acompañados se sentían, antes lloraban sus pecados, y en ti, perdón buscaban, antes cuando no habían los milagros de hoy en día, te daban gracias por tu ayuda, y tu valía, hoy ya no hace falta, todo dice se consigue por la fuerza, la pasión, el poder otro sería.
Hoy no hay nada que esperar, que no este en propias manos. ¿Qué le vas a pedir? ¿O qué esperar de un derrotado? si quieren que lo tengan por protocolo, esclavo, haber de que le sirven, que lo erijan los pobres desgraciados, los que sufren y los que lloran, los humildes, los desconsolados, también los que envejecen, los morientes, los que ya no les bastan haber vivido para los demás, no sirve ¿Y a quien queréis que os suelte? repite un tal Pilatos, que intenta acabar su comedia cuanto antes, ¿A quien queréis que os suelte? ¿A Jesús o a Barrabas? el modelo del momento, corpulento, infame, sanguinario, el que dice qué compromiso con el pueblo, el revolucionario.
Después de un momento de silencio, sube el clamor decidido de la plaza limitada, a Barrabas queremos, Barrabas, Barrabas repite el eco, era de esperar, en el fondo a veces todos lo queremos, es la verdad y hay que decirlo, Barrabas es hoy la moda, el diseño, hoy los que valen son los fuertes, los bravos, los violentos, hoy la moda de la vida es el caos, el aprovechamiento, hoy Barrabas cotiza en alza porque sabemos lo que era, y en el fondo, quien no ladra o vocifera no es de ahora, no es moderno.
Perdón, lo sabe todo el mundo, Barrabas es Barrabas, y Jesús, es el bueno, es lo primero, pero este es el problema, que por serlo Señor, tan bueno siendo, el mal cala los tuétanos y es mejor en tantos casos Barrabas, que dicen por lo menos, sabía lo que quería como Pilatos, vivir cada uno su momento. Pueblo mío, ¿Qué te he hecho? ¿En qué te he contestado? respóndeme, dame Señor, coraje y resistencia, que sepa Señor, ser siempre el mismo, que no haya lugar a fácil tregua, que no viva de un si o un no, de igual manera que no triunfe en mi la cerrazón, ni el odio, la violencia, dame en calma tu sosiego, el don del silencio interior y expresar sin protocolos, que está el dolor quemando los recuerdos, dame volver y reencontrarte y arrodillar el alma penitente al pie del Sacramento. Yo sé que me amparas, sé que si el alma dolorida llora, puedes en gozo convertir su pena ¿Qué a quien prefiero? Señor, yo a ti siempre, el primero y lo sabes, y lo digo, y lo quiero. Jueves Santo, encierra tanto, tanto. Junto a una mesa caben todos, porque todos habían sido en el principio, los primeros elegidos, mesa de fraternidad, mesa de nostalgias y recuerdo, aquí, Cristo es el amigo, para Judas enemigo, para Juan el predilecto. Es hora de verdades el alma se abre en sentimiento y Cristo su verdad es darse, tomad y comed, esto es mi cuerpo, tomad y bebed, esta es mi sangre, repetirlo en mi recuerdo, y todos escuchan, y se miran y oyen y Jesús se enternece y se recrea hablando, porque es la última sentada junto a ellos.
Estad siempre unidos, les vuelve a susurrar a los oídos, y a cada uno un gesto y al mirarse les anuncia a cada uno su momento, huída y desaliento, o cansancio y sueño, o prendimiento, o negación infame, o ausencia huyendo y Cristo, estando en ellos, se queda, se ve solo en desaliento. ¿Qué tengo yo? que mi amistad procuras, ¿Qué interés es el que sigues, Jesús mío? que a mi puerta cubierto de rocío, pasas las noches en invierno, a oscuras, ¡qué premio! que acaso que poco aprovechamiento, o que fracaso. Y sigue el tiempo, y en la mesa le rodean y llora el corazón, no saber agradecerlo, y después con el tiempo y en la historia, sigue Cristo en la mesa del altar.
Y sigo yo ahora, teniendo asiento, mesa de palabra y pan, y junto a ella, nos convoca y nos reunimos, y nos reconocemos y por ella compartimos, y en esta misma mesa sigue, ¡oh! paradoja o desconcierto, sigue habiendo Judas, que trafica nuevos prendimientos, y hay Pedros que juegan con barajas de dos caras, dependiendo del valor de cada cosa de la moda del momento, y están los pusilánimes, los que piensan que la vida es el momento, es ocasión, es divertimento y viven sin fe, y están por fin, los que como Juan, siguen creando porque aman, sin reserva, sin condicionamientos y se dan, y sostienen este mundo, porque apoyan su momento de la vida, en el pecho amoroso del hermano, del pobre, del Cristo hecho del rostro de entrega del guijarro. Jueves Santo, diálogo, testamento y sacerdocio, de entrega, de comunión, siempre ya Jueves de amor, de sacramento, Señor de Amor, de amores, que no se agote el pan de la mesa compartida, que todos quepamos en la mesa de la vida, que haya bocado de ayuda a los hermanos, que todos unidos proclamemos tu palabra, y adoremos tu presencia, y conozcamos tu misma comida en la unión común que tu nos haces. El mundo crea, y nos identifique, y sea el signo y la presencia que estas entre nosotros hasta el fin, hasta el confín que es sempiterno.
Y ya es otro día, ya es Viernes Santo, silencio, Cristo sufre, que hable el Espíritu, desahoga el sentimiento, silencio, después del alma dormida, ¿Por qué Cristo en la Cruz? ¿Para qué Cristo en la Cruz? ¿Y porque? recordad entonces el Evangelio, Cristo en la Cruz, y el tono festivo de Canaan, buena madre haciendo el milagro de no ver a nadie, ningún imprevisto, ni ningún trance, Cristo en la Cruz, ¿Y los caminos polvorientos de pisadas del buen samaritano? Cristo en la Cruz, ¿Y el encuentro con los niños? dejadles acercarse, que en el corazón de niño, hay siempre un gran gigante y un alma grande, Cristo en la Cruz, en la Cruz, nacer de nuevo.
Al maduro Nicodemo porque la fe en el Espíritu es primero, Cristo en la Cruz, convertida la samaritana en vocifera que ya por ella misma pregonara, me ha dicho lo que soy y ahora bebo el agua pura del veneno más puro de los tiempos, Cristo en la Cruz, ¿Y el milagro? haz aquello, lo que tengo lo pongo al servicio del hermano, Cristo en la Cruz, ¿Y el milagro del ciego varón? y veo, ¿O del cojo? ¿O el leproso? ¿Y resurrección de jóvenes y de Lázaro el amigo? ¿Y al que llora? porque Jesús es también de carne y hueso.
Viernes Santo, silencio, todo es opaco, gris, niebla, tiniebla, ocaso y se acaba aquí la vida, la existencia, el misterio, triste historia, triste consecuencia, tantas ilusiones y recuerdos, tanta esperanza desvaída, y además tanta infamia descargada sobre el cuerpo, latigazos, la corona, el cetro, el salivazo ruin de energúmenos groseros, el lavarse las manos de Pilatos, la chusma ya dijimos, que en movida de delirios, prefiere tras el demagogo engaño del carnudo partido con el manto a Barrabás, que es otra escoria, que es más nuestro. Viernes Santo, silencio, se hace desfilar el paso y vemos desfilar Cristos, cuerpos inermes, yertos, Jesús sigue ya sin rostro, acaso el Cirineo obligado, que apacigua por momentos el gran cansancio y unas buenas mujeres armadas de santas desvergüenzas, que no pueden retener las lágrimas al ver aquel rostro mancillado, y cae, y se levanta, y cae, y es más pesado cada vez, intentarlo de seguir al Monte del Calvario en flor que le espera.
Viernes Santo, ya se ve la Cruz con rigidez y altura, la Cruz, que es el traje de avalores, que es su fiel retrato, ya desde entonces mirarlo y recordarlo, es reconocerlo en el suplicio de la Cruz en alto, trazo en horizontal, de hermano a hermano, trazo vertical, del suelo al cielo de materia, Espíritu transformado. Viernes Santo, silencio, el reo está en las últimas, que solo le queda el postrer suspiro, que está alargando la agonía, y cuando todo parece ser fracaso, empieza Cristo a proferir palabras, a dejar su testamento, el legado más precioso, el más certero, el resumen necesario, el más querido por ser el suspiro de palabra, más el último suspiro pronunciado.
Y desde la Cruz hay perdón, y hay ansia de seguir redimiendo a este mundo, y hay madre, y hay hijos en quien mirarnos, y hay fidelidad, y bien hacer, y hay voluntad en el deseo, y hay vida, y hay al fin, inspiración, pero hay sobre todo, premio porque hay eternidad, cielo. Dios muere, pero hay espera, que si hoy es Viernes, llegará enseguida el lucero anunciador del Santo Sábado, y se escucha musitar palabras, y el silencio se hace eco, cuando Dios habla aun siendo en la Cruz, y casi yerto hay verbo, hay recreación, hay testamento. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen, hijo ahí tienes a tu madre, madre ahí tienes a tu hijo. Tengo sed. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? hoy entrarás conmigo en el Paraíso. Padre en tus manos, encomiendo mi Espíritu. Todo está cumplido. Si queréis, entre todas, tengo sed, estás sediento, me resulta extraño esa carencia.
Todo lo puedes, en aquel que todo lo puede, y se ahoga el alma, viendo tu cuerpo tan reseco, tienes sed, de almas, ansia de redención y desagravio, tienes sed, porque se han secado los venenos de la vida y sentimientos, tienes sed, de justicia, que es tierra de labranza, donde se siega el pan de la armonía, contigo, con tal de que se siembre la semilla y se coseche el trigo, con la afilada hoz de tu llamada. Tienes sed de verdad, sin verdad no hay libertad ni el hombre ve claro en su camino la verdad, es como una luz que esclarece el pasaje de la peregrinación terrena, la menos agreste y aunque audaz, la más segura.
Todo esta cumplido, todo ya ha acabado, y un final completo, rematado, es la mayor paz y el mejor consuelo, que gratificante puede decirse cada día, que ese esfuerzo de cada acontecer, se hace más llevadero cuando se pone todo lo que somos y queremos, como luz que alumbra la penumbra del sendero, como sol que adereza sin sabores de la vida. Todo esta cumplido, decirlo de un Señor desde la Cruz, es un consuelo, quererlo yo expresar en mi historia, todavía es merecerlo. Sábado Santo, nos recuerda la Vigilia Pascual de un lucernario cirio, cera, historia de salvación, nos lo recuerda, hay proclamación del mundo.
Y vio Dios, que todo lo que había era bueno, y un día y una tarde día primero, y más y más, y todo bueno, plataforma cósmica y creada donde todo es bueno, bello y verdadero, delicia para el hombre si sabe recrearlo, respetarlo, trabajarlo y ofrecerlo, pobre acción fomentarlo y querer ser el creador, pensando en hacer la vida a cada instante, y después te piensa a ti, y a mi al mismo tiempo, y por amor nos crea, no por necesidad ni ególatra deseo, somos su imagen y semejanza, silueta de Dios mismo, somos su estirpe, su linaje, somos grandeza, monumento, somos de Dios, mejor criatura que existir fuéramos, somos hijos de Dios, lo somos todos, porque es Dios mismo lo que somos, si somos eso lo que Dios quiere que seamos.
Sábado Santo, sepulcros blanqueados, hay tregua, hay tiempo al tiempo, hay sosiego, hay fraguando vidas nuevas, hay que esperar y merecerlo, y empieza a haber lucero matinal, empieza a ponerse todo en movimiento, hay expectación, hay desasosiego, corramos, hay presagio de aleluya, hay resplandor, hay sudario en el suelo, hay existencia porque ya no hay muerto, hay tierra removida porque puede más la gracia que el pecado, la luz que la tiniebla, la vida que la muerte que le hicieron.
No esta aquí, a resucitado, a vencido Dios, que siempre vence convenciendo, a ganado Dios la batalla decisiva da la historia, a sido Dios quien no a dicho la última palabra, a rebelado su mejor secreto, a asegurado el triunfo para siempre a la muerte y al pecado, a vuelto el hombre a ser criatura recreada, redimida, a vuelto todo a su primer momento, a su mejor sentido, a su razón de ser, al sitio establecido. A resucitado, ya tiene sentido lo que somos, ya somos lo que saber sellamos, a resucitado, final feliz y ahora cada uno a de hacer propio y merecerlo, y esperar, y al final del trayecto de la vida, lo ganemos, lo tengamos y lo disfrutemos en el cielo, mansión eterna de los buenos.
Domingo de Resurrección, prolongación hueco del misterio, loado mi Señor ¡oh! Creación ¡oh! Naturaleza ¡oh! Mortal hombre ¡oh! Vida, luz, gozo sempiterno, Cristo a resucitado, que Dios es de vivos, y no muertos, que Dios vive en cada encuentro, que Dios se hace presencia en los siglos de los tiempos, que Dios tiene su Iglesia, presencia asegurada, que Dios obra en nosotros, que por nosotros Dios sigue viviendo, que con nosotros el hombre vive en Dios, y en su misterio de cada día es posible nuevas vidas, que en cada instante los hay, que construyen un mundo verdadero, que hay sol, que hay paz, que hay bienaventuranza, porque estamos en el tiempo pasajero.
Resurrección, sigue siendo el programa de la vida, sigue siendo el deseo, merecerlo en la tierra, y gozarlo en el cielo, promesa de premio, prueba auténtica de fuego. Resurrección, es el Evangelio, ahora en la fe, después en el amor de cada uno recrearlos, recuérdalo Señor Resucitado, que nunca lo olvidemos que has sido promesa, que Tú has asegurado, y vida que tienes ya en Señor transfigurado.
Semana Santa de Montijo, sigan los desfiles, es la expresión de un pueblo, es su mejor retrato, que sigamos viendo pasar cada paso, hay acogida, misterio, plegaria, y al paso de cada paso contemplado, el niño que lo recordará para siempre en su memoria, el joven a cada paso le pedirá fortaleza a su Cristo, a su Virgen, fortaleza en su epopeya, la madre secará sus lágrimas de pena, el padre el pan, el trabajo, la esperanza, el pobre ración de amor en lo escaso de su era, el anciano, consuelo y esperanza para la hora postrera, el enfermo que sea bálsamo de aceite que suavice sus goteras.
Siga la procesión en este Montijo luminoso, se haga camino, hay esperanza, y la fe a de tener presencia, suene la música, hable el silencio. Semana Santa de Montijo, este es tu destino, ofrecer a las generaciones futuras la esencia de una fe enardecida, expresada en rico contenido. Semana Santa de Montijo, cirio, vela, incienso, paso y trono, saeta, desfile, banda, Cofradía, hermanos, Cristo o Virgen, sentimiento, religiosidad, misterio, todo junto, todo es eso, reavivar en cada corazón que Cristo y la Virgen son el centro y después, mirar al hermano o a cada uno que no hay Cristo y Virgen, sin hermano, sea pobre o viva solo, abandonado, desecho, o despreciado, que mirando a cada Cristo de cada Cofradía, siempre vea cada uno, un rostro dolorido, un hermano de a pie, crucificado, por el pecado personal, o la estructura de ha pecado, y al mirar a cada Virgen, siempre hay una mujer, esposa o madre que llora por un hijo sufriendo, o perdido lo busca acaso sin recuperarlo. Cristo y Virgen, misterio de Dios hecho presencia, que al ver vuestros rostros, ser rostros paseando, agradezcamos siempre que eres eternamente Hijo de Dios vivo, y tú María, Madre de Dios en gracia redimida.
Adelante Semana Santa de Montijo, vivir estos días los pasos, los tronos, los rostros de cada imagen y de cada Cofradía, es hacer más llevadera la andadura, es anticipar el cielo que esperamos, el cielo merecido y deseado, adelante semana Santa de Montijo, contemplar vuestros desfiles es un gozo, es un legado, es un reconocer vuestros desvelos, debe ser agradecer el serio esfuerzo, hay arte y hay historia y cada vez en vuestra Junta Gestora de Cofradía más coherencia, hay fe, hay Evangelio, la unión de cofrades está en ello, lo sé, y yo lo reconozco, y lo proclamo públicamente, porque es un mérito, y después con el gozo en el alma, a volver a la realidad de cada día, de cada instante, a andar camino que es este año jubilar y peregrino, año de asombro, dos mil años de historia y de presencia, ¿Recordáis aquel acontecimiento? Rebobinar ahora la memoria, a dos mil años antes en la historia.
Caía la noche, sosiego alrededor, silencio callado, se abría el firmamento, y en medio de una noche eterna para el hombre, irrumpió la misiva, que los ángeles cantaban parabienes, de paz en la tierra, que Dios ama, y María, soñaba que en presencia de gozosa realidad, nacía en Belén, la ternura humanizada, criatura envuelta en pacífica presencia, y María ensimismada contemplaba y callaba, y reía en sonrisa manifiesta, y José testigo de familia agradece, varón recién nacido, de estirpe de la Virgen, a su estrella y el niño pequeñito, presencia humanizada del verbo eterno, que acampa en plenitud de tiempo y de promesa, misterio, ternura, presencia, historia de encuentro divino, en palabra recreada, y paz a los hombres, historia escalonada de Dios y el hombre, y comienzo para siempre de alianza, asombro, que hace dos mil años, por eso es año santo, y Jubileo, a ardido el sol que alumbra, el faro luminoso, la antorcha que llamea, la fuente de veneno cristalina, comienzo que nos lleva, verdad que esclarece toda duda vivida para siempre, y siempre eterna, Dios abriendo la brecha de la vida, y comienza la historia del proyecto, en pacífica tarea.
Por eso, felicidades Señor, en este año peregrino y de Jubileo, aunque ahora te recordamos, Niño recién nacido, pero ya, camino de una Cruz esclavizado. Peregrinos somos, y hacia el cielo vamos, peregrinos vamos hacia Dios, y hacia el hermano, peregrina es la vida, tarea y misión, peregrinos caminos. Pisando tierras y quitando obstáculos, caminante no hay camino, se hace camino al andar, y mientras caminamos, que quede la alforja del alma repleta siempre, de perdón y de amor, y que al atardecer de la vida, lleguemos a la meta y mereciéndola, la crucemos para siempre, como don. Semana Santa de Montijo, esto somos, caminemos, yo aquí quedo.
GRACIAS.
El Sábado 3 de Abril de 1993, en la Iglesia de San Pedro Apóstol, tras celebrarse el primer día del Solemne Triduo, nuestra Semana Santa celebraba su segundo Pregón (siendo el celebrado a finales de Marzo el Pregón del XXV Aniversario de la Hermandad del Santo Entierro), contando con un pregonero excepcional, Mateo Blanco Cotano, con un currículo impresionante, (Doctor en Teología Bíblica, Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Profesor de la Universidad de Extremadura, donde imparte Didáctica de la Enseñanza Religiosa. Director del Secretariado Diocesano de Enseñanza y miembro de la Conferencia Episcopal en materia de enseñanza) capaz de arrancar la Semana Grande con auténtico sentido de reflexión.
El Pregón fue retransmitido íntegramente (por primera y única vez en la historia del Pregón montijano), por Radio Universidad. Las Cofradías y Hermandades, de manos del por entonces Alcalde de la Villa, Luís Gragera Zamora, hicieron entrega al finalizar el acto, de una Placa de Agradecimiento por su participación en nuestra Semana Santa
Tengo que agradecer a las Cofradías y Hermandades de Penitencia de Montijo la invitación para pregonar vuestra Semana Santa, que es la Semana Grande de toda la Iglesia de Dios.
Otros pregoneros, ilustres ciertamente, me han precedido, descubriendo a través de la Historia, del Arte, de la Saeta, o de la experiencia la riqueza de vuestras tradiciones y sobre todo la fuerza de la misma fe y piedad que os une a vuestros antepasados. La memoria histórica de ello, robustece vuestra propia identidad.
Yo no soy pregonero, y lo siento. Ni he aprendido el arte de pregonar, sólo intentaré descubrir que habrá de Divino detrás de las manifestaciones de piedad de vuestra Semana Santa, y que habrá de Divino en las Cofradías y Hermandades de Penitencia de Montijo. La de Jesús Salvador de Hombres, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, la del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, la Vera-Cruz, Santísimo Cristo Yacente, la de Nuestra Señora de los Dolores y la de Jesús Resucitado.
Estoy seguro que a través de vuestras Hermandades y Cofradías, deseáis ofrecer al pueblo, aún con más claridad, el rostro de Dios. Porque ver el rostro de Dios con los propios ojos, es el deseo común y más profundo que tiene el hombre, el hombre quiere ver a Dios. Este deseo sincero aparece en las Sagradas Escrituras con una fuerza sin igual, a veces se transforma en una obsesión, en una necesidad, en una infatigable esperanza de descubrir su Rostro y verlo sonreír: “Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” Suspira el creyente.
De una forma u otra, desde Moisés, pasando por los Profetas, se transmite como una nostalgia el deseo grande: “Tú rostro buscaré, Señor. No me escondas Tu rostro”. Esta nostalgia, en este deseo está expresado lo más íntimo de nuestro propio ser y el único camino humano de relación con Dios. Sólo desde lo concreto, desde lo palpable, desde lo audible y desde lo visible, el hombre puede acercarse a Dios. Sólo Dios cercano, puede ser para el hombre el verdadero Dios, porque es la cercanía lo único que puede darle sentido a una vida miedosa como la del hombre.
Y así, desde el principio, Yahvé dios, el Dios cercano, repite como una madre junto a su hijo: “No tengas miedo que yo estoy contigo. O te angusties, porque yo, tú Dios, te agarro de la mano y te digo, no temas, Yo mismo te auxilio”.
Es difícil encontrar palabras más tiernas para que, quien como el hombre, tantas veces tiene miedo. No temas dice Dios, no temas que te he redimido, te he llamado por tu nombre. Eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo y la corriente no te llevará. Cuando pases por el fuego, no te quemará la llama, no te abrasará. Este conocimiento le lleva al hombre a exclamar con completa seguridad: “¡Hay alguna Nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como está el Señor Dios de nosotros siempre que lo invocamos!”.
Esta cercanía de Dios ha sido el fundamento de un proceso pedagógico entrañable y constante de Dios con su pueblo. El Misterio de su Ser, se hace cercano en las manifestaciones visibles de la presencia de Dios. Desde la zarza ardiente, pasando por los truenos y los relámpagos del Sinaí. En la columna de humo brillante o de fuego, o en el Arca de la Alianza, Dios siempre está junto a su pueblo. Pero este pueblo, le seguirá pidiendo insistentemente “¡Quiero ver Tú rostro!¡Quiero notar más clara Tú presencia!”.
Y va llegando a los oídos de su pueblo las palabras entrañables y a media voz desde la intimidad, son los Profetas, la voz limpia de Dios, que invita, que llama, que grita, que se comunica con el calor de la amistad, y como del dolor, de un esposo que siempre es fiel.
Otras imágenes como la del Pastor, o de la viña expresan el mismo celo divino y el mismo drama, que tiene expresión singular en la forma con que se dirige a su pueblo: “Cuando Israel era joven –dice Dios- Yo la amé. Cuando le llamaba, él se alejaba. Yo enseñé a andar a Esdraín, le alzaba los brazos y él no comprendía que Yo le curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía. Me inclinaba y le daba de comer”.
Este pueblo ha visto sus grandes signos, ha oido su voz, pero sigue con la ilusión de ver su rostro. Y sucede el milagro, el invisible se hace Visible; el Eterno, Temporal. El inabarcable, cabe en las entrañas Virginales de Santa María, porque Dios se hace Carne y ya de verdad, el hombre puede gritar, hemos visto su Gloria.
Desde la Encarnación, el Verbo es el protagonista de toda la historia, y el anciano Simeón puede morir en paz, porque sus ojos han visto al Salvador.
La Luz ha venido a la tierra, ya podemos ver el rostro de Dios, es el Enmanuel, el Dios con nosotros, porque es como nosotros y ha puesto su casa junto a las nuestras. Su humanidad no es siempre apariencia, es expresión de Dios mismo, Cristo es, el Hijo de Dios aún en su humanidad. La Segunda Persona de la Trinidad beatísima, es personalmente hombre y ese hombre, es personalmente Dios.
Cristo es Dios de manera humana y hombre de manera divina. Su amor humano es la forma humana del amor Redentor de Dios. Su corazón es corazón de hombre con fuerza de Dios, en sus ojos de hombre se manifiesta el cariño y la limpieza de Dios.
Lo necesitamos así, lo necesitamos ver en carne, porque el encuentro espiritual entre hombre, se realiza mediante lo visible. Por y en el cuerpo, el hombre se hace presente a los demás. El cuerpo es el signo que a la paz cubre y descubre la interioridad humana. El encuentro personal con Cristo era para sus contemporáneos, el encuentro personal con Dios vivo. Tocar a Cristo en su humanidad, es tocar el Verbo de Dios, porque a Dios nadie lo ha visto, sólo el hijo único del Padre y El nos lo ha dado a conocer.
Ya se hizo realidad el deseo y la Iglesia pone en su oración el gozo contenido de su alegría. Así, te necesito de carne y hueso y el que puso esa ley en nuestra vida, hizo carne su Verbo: “Y así, tangible, humano, fraterno, ungir Tus pies, que buscan mi camino, sentir tus manos en mis ojos ciegos, hundirme como Juan en Tu regazo y Judas sin traición, darte mi beso”.
“Carne soy y de carne te quiero. Caridad que viniste a mi indigencia que bien sabes hablar en mi dialecto. Así, sufriente, corporal, amigo como te entiendo. Dulce locura de misericordia, los dos, de carne y hueso”.
Ya hemos visto su rostro, y en su rostro bien amado hemos vislumbrado el corazón de Dios, pero podemos preguntarnos ¿cómo es el rostro de Dios? La luz se hace más intensa, más cercana y en Cristo se va desvelando la intimidad de Dios que es, Misericordia y Ternura.
Y así, se desveló a Moisés en el Monte Sinaí. Yahvé es un Dios de ternura y gracia, lento a la ira y rico en misericordia, y toda la Historia de la Humanidad, que es Historia de salvación, es como un diálogo entre la miseria y la misericordia, entre la pequeñez y la grandeza, entre la debilidad y la fuerza, entre la infidelidad y el amor. Un eterno lago de amor entre Dios fiel en amar y el hombre tantas veces infiel que, aún sin saberlo, no puede vivir sin el amor de Dios.
Esta es la historia del Mundo y es tu pequeña historia y la mía. Por eso, Jesús cuando quiere enseñarnos ese diálogo de amor con cada uno de nosotros, nos cuenta la Parábola del “Hijo pródigo”,
Por una parte está el hijo, que es el egoísmo, el despecho, la huida, el desamor, la infidelidad, el hambre, el hastío y hasta el hambre de la casa. Por otra, la misericordia, la ternura, la espera, el cariño entrañable de un Padre que sale al encuentro del Hijo, que corre de alegría cuando le ve venir, que se abraza comiéndolo a besos, que no echa en cara, nada de nada, que le restituye todo, porque el amor es capaz de inclinarse hacia el hijo pródigo, ante tanta miseria humana y singularmente, ante tanta miseria moral como el pecado.
Un amor que no humilla y que hasta se siente agradecido con todas sus fuerzas por la vuelta, porque un hijo, por más que pródigo no deja de ser hijo real del padre.
Por ese rostro de Dios, reflejado en la parábola, es maravilloso, pero es todavía insuficiente. El rostro de Dios lo vamos a ver más claro, la Revelación de Dios, rico en misericordia, tendrá la plena manifestación en la cruz. En la cruz, la misericordia de Dios, la ternura, el amor sin límite se palpaba en la sangre, en las llagas, en el dolor, en la soledad, en el desprecio, en la asfixia y en el silencio, pero sobre todo se palpa en el abajamiento. La cruz es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre. Mirar la cruz es contemplar la misericordia de Dios y en el silencio más profundo del alma decir,”nada hay perdido”.
La cruz está gritando que el amor de Dios, ese amor que nos tiene, es más fuerte que toda clase del mal, su amor es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado y en Cristo, muerto y resucitado, se nos revela la radical misericordia de Dios. La cruz es como un toque de amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrenal del hombre.
La presencia palpable y visible de Cristo nos dejó el día de la Ascensión.
Su promesa nos acompaña, “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.
Pero el hombre de nuestro tiempo, el hombre del siglo XXI, quiere y necesita seguir viendo el rostro de Dios. Pienso, que vuestras imágenes procesionales, son como el deseo que tiene vuestro pueblo de ver a Dios y como piedad popular hace visible su rostro de misericordia. En vuestras imágenes se quiere manifestar la Revelación suprema de la misericordia de Dios.
Los rostros doloridos, la sangre, el camino hacia el calvario, la agonía, la asfixia y el dolor de la madre, quieren seguir revelando el gran mensaje, “el amor de Dios es más fuerte que el pecado, es más fuerte que la muerte”.
En vuestras procesiones, que son manifestaciones de culto público, se revela como una gran catequesis visual, la ternura y la misericordia de Dios.
Vuestras Cofradías y vuestros Pasos, nacieron de la fe sencilla del pueblo y sólo con fe podemos sacar esos pasos por nuestras calles, y sólo desde la fe podemos contemplarlos, porque son iconos de la misericordia de Dios.
Pero, esas bellísimas imágenes que tenéis, que vais a sacar en procesión, no pueden saciar el deseo de ver a Dios que tienen en el corazón, tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Sólo tu y yo, imágenes vivas de Cristo, podemos hacer presentes el rostro misericordioso del Resucitado. En primer lugar gozando nosotros de esa misericordia que ha de llenar vuestros corazones y que se realiza de manera especial en el Sacramento de la Penitencia. Volver a Dios en el Sacramento del Perdón, es recibir el abrazo que la misericordia da a nuestra miseria.
Y desde ahí, llenos y empapados de la misericordia de Dios, hemos de repartir misericordia, hemos de ser misericordiosos. Durante los días del año, nosotros hemos de ser los verdaderos iconos de Dios, las verdaderas imágenes de Dios, los verdaderos rostros de Dios, haciendo visible nuestro rostro con la misericordia. Ser misericordioso, y termino, es amar de verdad, entregándonos al servicio de los demás, sabiendo que en realidad, aquel que da, queda siempre beneficiado, porque dando cariño lo recibimos de quien acepta el nuestro. Ser misericordioso, es vivir la justicia, pero sabiendo que ella no vasta, y que se puede aniquilar, así misma, sino se le permite a esa forma más profunda que es el amor, tras dar la vida humana en sus diversas dimensiones.
Ser misericordioso, es plasmar en las relaciones con los demás esa cordial ternura y sensibilidad de la que nos habla la parábola del hijo pródigo, sabiendo que hemos de empezar a vivirla con los más cercanos. Ser misericordioso es por fin orar, porque la oración es un grito a la misericordia ante las terribles tensiones que han acumulado los hombres sobre los hombres.
Y todo esto hacedlo por intercesión de María, la Madre de Misericordia, que es el camino para todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre. A ella, que es estrella y camino le suplicamos al final “vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”.
He dicho.
<<...le envolvió en la sábana, le puso en un sepulcro excavado en roca e hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro >>. (Marc.15, 46)
¡Qué grande y misericordioso eres Dios mío! que me has elegido a mí, insignificante criatura, para ser portador de tu Palabra y servidor de tu Reino. Te pido Señor, que me asistas con tu Santo Espíritu Santo y pongas palabras en mi mente y en mis labios. Que mi gran ignorancia sea suplida por tu Sabiduría, y que este acto de alabanza a tu Hijo, Muerto y Resucitado por nuestros muchos pecados, a todos nos sirva para llegar a comprometernos, cada día más en tu santo servicio y en la fraterna caridad. Te ruego, Padre misericordioso, que seas mi compañero en este camino de fe, haz de consejero y tutor para que yo no sea enaltecido, sino que sea tu Hijo, nuestro Maestro quien sea glorificado por los siglos de los siglos. AMEN
Reverendo Sr. Párroco de San Pedro Apóstol, Sr. Alcalde de Montijo, Autoridades, Junta de Gobierno de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballero del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, cofrades y hermanos todos.
Cuando el pregonero acudió a la llamada de su buen amigo, Manolo García Cienfuegos, sintió la llamada de la amistad y la obligación del cofrade y del cristiano en poder convertirse en portador de la Palabra y servidor del Reino de Dios. Lo primero que hizo el pregonero, fue acercarse a la historia de Montijo, y aquí fue donde se dio cuenta de la importancia que este acto podía tener. Montijo no era una ciudad cualquiera, Montijo tenía su historia que sobrecogía a medida que se adentraba en ella. Sus orígenes aparecen bien pronto, y en el neolítico, en un lugar conocido como “El Pedregal”, aparecen importantes restos arqueológicos. Durante la denominación romana, existió un “vicus” llamado “Agla”, todo el término de Montijo, está plagado de restos romanos, destacan las villas naturales de “Las Tiendas” “Alcazaba” etc. Pero en especial “Torreáguila”, estando ésta muy cerca de Barbaño y alcanza un notable esplendor hacia el siglo III d.c. También encontramos entre sus restos algo de construcción visigoda, que es la base del escudo de la Villa. En el año 1230, Alfonso IX reconquistó Mérida, y la comarca fue repartida a la Orden de Santiago y los Caballeros de dicha Orden fundaron una Encomienda ya con el nombre de Montijo, porque éste se encontraba situado sobre un montecillo del cual toma su nombre. En 1550 D. Pedro Portocarrero funda el señorío de Montijo y en 1559 el señorío se convierte en condado. Fue precisamente un Portocarrero quién llevó a Sevilla la devoción a Nuestra Señora del Subterráneo, corría el año de 1580 en la Parroquia de San Nicolás de la capital hispalense. Sevilla siempre fiel a sus tradiciones continúa con esta advocación, desfilando procesionalmente el Domingo de Ramos como titular de la Hermandad de la Sagrada Cena.
Fue otro Portocarrero, D. Cristóbal, quien elevaría a Montijo, a la importancia que merecía en la historia, los Portocarrero continuaron dando importantes figuras a la historia española, hasta llegar a la tan conocida Eugenia de Montijo, hija del VII Conde D. Cipriano, quien dio a conocer el nombre de la Villa en el mundo entero al contraer matrimonio con el emperador francés Napoleón III. Y de nuevo vemos la vinculación de Montijo con Sevilla, Eugenia pasó grandes temporadas en la capital hispalense en el Palacio de las Dueñas propiedad de los Duques de Alba. El 22 de mayo de 1644 los portugueses saquean, invaden y queman gran parte de Montijo. Pero cuatro días después, siendo festividad del Corpus Christi, se dio la gran batalla de Montijo, en la que los portugueses sufrieron una gran derrota. Durante la Guerra de la Independencia contra los ejércitos franceses, destacaron los montijanos Martín y Dorado, que murieron en los campos de Lobón. Una historia admirable e impresionante como podemos ver. Durante todo este tiempo Montijo, fue también pregonero de la fe de Cristo, fundándose durante todo este período de larga historia, diferentes Hermandades tanto de gloria como de penitencia. También las Hermandades que se iban formando como la ciudad tuvieron diferentes vicisitudes y dificultades que en algunos casos se empequeñecieron y en otros fueron agrandándose. Así llegamos al año de 1968, en que de la mano de dos venerables Cofradías: Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Santísimo Cristo de la Agonía, que siguen procesionando el Miércoles y Jueves Santo, nace una nueva Hermandad, para dar culto a la página evangelizadora del Santo Entierro de Cristo.
La primera Junta tiene como Hermano Mayor a D. Hipólito Gragera Barragán, se adquiere la imagen del Santísimo Cristo Yacente y se ofrece la presidencia al Sr. Alcalde y a la Corporación Municipal de la ciudad, que desde dicho año acompañan a la Hermandad en su estación de penitencia. En 1974 sucede a D. Hipólito como Hermano Mayor, D. Rafael Gómez Rodao y a partir de este momento la Hermandad adquiere carta de independencia de las dos Cofradías fundadoras, funcionando con autonomía e independencia desde ese mismo momento. En el año 1981 se nombra un nuevo Hermano Mayor, D. Teodoro Pozo Jiménez, quien partiendo prácticamente de cero, sin censo de hermanos y con una tesorería inexistente se comienza a trabajar. Y llegamos a 1990, se nombra como Hermano Mayor a D. Manuel García Cienfuegos, antiguo componente de la Junta anterior, quien impulsa a la Hermandad dándole un aire nuevo y renovador, se compran enseres y comienzan a realizarse actividades durante todo el año: culturales, labor social de culto, etc. Hoy cuenta la Hermandad con trescientos cincuenta hermanos. Toda esta gran obra, no se hubiera podido conseguir sin la labor de toda la Junta, pero especialmente del actual Secretario D. Pedro Quintana Parejo, pilar fundamental de la misma y un enamorado e incansable trabajador de la Hermandad. El Director Espiritual, es desde agosto pasado D. Emilio Sánchez Saavedra, Párroco de San Pedro Apóstol.
Un grupo de montijanos
Te quieren acompañar
La tarde del Viernes Santo
En tu mayor soledad.
Soledad para un entierro
Como no ha habido ni habrá
Que aunque Cristo haya muerto
Habrá de resucitar.
Aquel mismo año, se crea también una fenomenal cuadrilla de costaleros, en su inmensa mayoría gente joven entre 18 y 25 años, que portan sobre sus hombros a la sagrada imagen de Cristo, por las calles de Montijo, son chavales que sienten la vocación de costalero y que más de uno habrá dicho en casa:
Mira, madre, que yo quiero
Ser de Cristo un costalero
Y poder sentir en mis hombros
Todo el Divino Madero,
Y rezando que no hay forma
Más adecuada a los rezos
Que sentirme altar de Cristo
Costalero en sus misterios
Cuando por las calles transita
Sobre hombros de terciopelo
Y sentir que corren en mis venas
Sangre de hombres enteros.
Costaleros de Montijo
¡Locos de amor! ¡Que contento!
Cuando una voz desde el cielo
Pregunte ¿Estáis ya puesto?
Que voy a llamar, que vengan
Conmigo todos al cielo.
Pero los costaleros no forman parte de ningún lugar, no son de Cádiz, ni de Jerez, ni de Sevilla, ni tan siquiera de Montijo, los primeros que podemos ver en la historia, fue en la tarde del primer Viernes Santo en Jerusalén y fue así como ocurrió. Cuando José de Arimatea llegó al Calvario, después de pedir el cuerpo de Jesús a Pilatos, deberían ser aproximadamente las cuatro y media de la tarde, y tenían que darse prisa si querían darle sepultura a Jesús, antes de que diera comienzo el sábado, que empezaría a la puesta de sol, sobre las seis de la tarde. José de Arimatea y Nicodemo fueron quienes se encargaron de desenclavarlo y bajarlo de la Cruz.
Una vez en el suelo le sacaron los clavos de las manos, posiblemente tuvieron dificultad en colocar los brazos unidos al cuerpo, los músculos estaban ya endurecidos, después de tres largas horas que estuvo expuesto en la Cruz, a todo esto la rigidez propia comenzaba a manifestarse. Cerraron sus ojos y les pareció que el mundo acababa de oscurecerse. Nadie hablaba, ni lloraba ya. Finalmente los tres varones, colocaron el cuerpo sobre una sábana, que José había traído para ello, envolvieron a Jesús y cargando con Él, caminaron seguidos de las mujeres, los cuarenta metros que les separaban del sepulcro. Y ellos tres: José de Arimatea, Nicodemo y Juan el Apóstol amado, fueron los tres primeros costaleros de la historia, los tres privilegiados costaleros de Cristo.
Quien hubiera podido ser
Uno de aquellos tres costaleros:
Nicodemo, Juan y José,
Que portaron a Jesús
Desde el Calvario a los cielos,
Acompañaron a María
En el dolor más intenso
Que es puñal de agonía
Desde el Calvario a los cielos.
Tú que portas a Jesús,
En Montijo ¡ay! costalero,
Llévalo con suavidad
Y con mimo de enfermero
Como llevaron al Maestro
Nicodemo, Juan y José
Desde el Calvario a los cielos.
Y sí llevas a María
Transida de dolor inmenso
Hazlo con toda el alma
Y con el amor,
Del que solo es capaz
De dar un costalero;
Que ese dolor es
Cuchillo que se clava
Desde el Calvario a los cielos.
En la mañana del Viernes Santo, hay una inusitada animación en la Ermita, el Santísimo Cristo Yacente, ha sido trasladado a su paso y todos los componentes de la Junta y muchos hermanos colaboran en la colocación del mismo, así como en el exorno de las noventa docenas de claveles blancos para la salida procesional, donde se va a reflejar todo el trabajo que en este aspecto ha desarrollado la Hermandad durante todo el año. Es al anochecer cuando la Hermandad se prepara para salir a la calle en acto de fe penitencial, el montijano la espera y la ve pasar sobrecogido, ante la impresionante figura del Santísimo Cristo Yacente. La Cofradía comienza a recorrer las calles de Montijo, y se va adentrando poco a poco en el corazón de la ciudad, hasta llegar a una calleja algo estrecha, y allí hace una obligada parada en su caminar, una parada en el vía crucis particular de la Hermandad y de Montijo.
Y la procesión avanza
Con Cristo muerto
Ante el humano embeleso
Que no llega a comprender
Que siendo el morir glorioso
Tu Hijo, Dios mío, tuviera que padecer
Y llega hasta el Convento
De las Hermanas Clarisas
Que se asoman a una ventana
Con velo de negro luto
Para rezar al Señor
En un silencio absoluto.
Que para rezar, Señor
No hay nada como el silencio
Y dejar el corazón
Abierto, abierto.
Clara y Francisco vienen
Con ellas hasta la puerta
Y arrodillándose rezan
Ante tu figura yerta,
Que oración tan sublime
Ante los pies del Señor,
Que flores dejáis hermanas
Y que ejemplo de oración.
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El pregonero durante su intervención (Foto Matas) |
Y después de este alto de la procesión, que se convierte en un acto de amor al Señor, que le tributa Montijo y sus hijos, la noche tiende poco a poco su negro manto, y un velo de estrellas, lloran desde lo alto, al ver al Divino Maestro, muerto por amor. La luna va plateando el cuerpo yerto de Jesús. Y llegaron ante la roca en la que se abría el sepulcro, se detuvieron y dejaron el cuerpo, con sumo cuidado, sobre la hierba del jardín. Comenzaron entonces el rito de la unción, José de Arimatea había llevado consigo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe, era rico y le gustaba hacer las cosas a lo grande. La tres Marías no estaban contentas porque no se podía hacer a su gusto, el domingo prometieron volver para hacerlo como a ellas les gustaba. Frotaban el cuerpo con los perfumes que trajo José, sacaron también los rollos que compró el de Arimatea y empezaron a envolver cada uno de sus miembros. Impregnaron primero la cinta con ellos y luego la ataban fuertemente como un vendaje. Cuando hubieron terminado todo el cuerpo; lo envolvieron en la sábana y le ataron tres cintas, en el cuello, en la cintura y a la altura de los tobillos.
La tumba olía a nueva, era una tumba de rico, pero modesta, José la había construido para él y los suyos. Tenía dos habitaciones; la primera de ellas, desde la entrada hasta la puerta de la segunda, tenía unos dos metros; la puerta de comunicación era pequeña de solo un metro de altura y esta segunda habitación era la tumba propiamente dicha, tenía dos nichos excavados en la pared, para el tamaño de un cuerpo de adulto. Cuando comprobaron que la habitación estaba en orden, salieron al exterior levantaron el sudario y colocaron debajo de la nariz de Jesús, una pluma de ave, según costumbre judía, esperaron un periodo de tiempo, como de un cuarto de hora aproximadamente porque querían ver que la pluma no se movía, con lo cual se comprobaba que el alma había abandonado ya al muerto. La pluma no se movió. En aquel mismo instante comenzaron a encenderse miles de lámparas en todo Jerusalén, ya que una vez que el sábado empezase estaba prohibido hacerlo. El sol se ocultaba en el horizonte, la noche extendía poco a poco su negro manto. Todos ellos se dieron cuenta que tenían que darse prisa en enterrar a Jesús, el sol apenas se veía ya detrás de las montañas. Los tres hombres tomaron el cuerpo de Jesús y con gran cuidado, lo introdujeron en la habitación interior, en el nicho de la derecha. El cuerpo quedó mirando hacia Jerusalén. Luego María entró en la tumba, quería ver por última vez el rostro del Hijo amado y levantando el sudario se inclinó sobre su rostro y permaneció mucho tiempo pegada al ya frío del muerto.
Se admiraron todos de no poder llorar ya. Al fin alguien tocó a María en el hombro y Ella dócilmente obedeció. Cuando todos salieron, la oscuridad cubrió definitivamente a Jesús. Una vez en el exterior cerraron la puerta, con una rueda de molino que hicieron correr por un canalillo que estaba cerca, la calzaron con piedras para que no se moviera. Así fue como María siguió a Jesús desde el Calvario a su sepultura, como María Santísima de los Dolores, sigue a su Hijo, Muerto y Yacente por las calles de Montijo, con el corazón traspasado por las siete espadas del Mayor Dolor.
Por las calles de Montijo,
Siguiendo a tu Hijo Muerto y Yacente,
Vas Madre mía de los Dolores,
¿Quién te puede consolar?
Siete puñales se clavan
En tu pecho dolorido
Siete puñales te queman
Y te traspasan el sentido,
Quiero decirte piropos
Para tu pena aliviar
¿Quién fuera San Juan, Madre
Y poderte acompañar?
Que Montijo está llorando
Y te quiere consolar.
Y al pasar por el Convento
Bajito dijo la luna:
“flores bonitas, las habrá;
Pero como Tú, ninguna”.
Una vez que cerraron el sepulcro, donde habían depositado, el cuerpo muerto de Cristo, el grupo abandonó el jardín y marcharon a Jerusalén, la noche se cernía sobre la ciudad santa, iban llenos de una profunda tristeza, las sombras también envolvían sus almas. Entre tanta oscuridad, se vislumbraba una gran esperanza, que les hacía aligerar el paso, según dijo el Maestro al tercer día resucitaría.
Los Evangelios no describen, el momento preciso en que Cristo resucita. Dan testimonio, eso sí, del hecho del sepulcro vacío sin intervención humana; pero nada más y transmiten el anuncio hecho por el ángel: “no está aquí, ha resucitado según había dicho”.Dan testimonio también de las sucesivas apariciones a los Apóstoles y a los discípulos. Y por tanto el hecho histórico de la Resurrección, en concreto no puede ser comprobado por la ciencia, puesto que ésta no alcanza el plano de lo sobrenatural, y la nueva existencia de Cristo supera ampliamente el campo de la existencia humana anterior; desborda todas las categorías mentales de los hombres. Se sitúa totalmente en el plano de la fe y pide una aceptación confiada de la Palabra de Dios, que no puede equivocarse, ni quiere engañarnos. El Misterio Pascual y su celebración concreta en la Resurrección es el centro del culto y la vida misma de la Iglesia. Porque constituye:
- La culminación de la obra de Cristo en su glorificación.
- La celebración gozosa de nuestra propia liberación del pecado y del mal; fiesta, por tanto de la verdadera libertad.
- Celebración de la vida, la que viene de Dios y nos hace hombres nuevos, renacidos por el agua y el Espíritu, es decir, por el Sacramento del Bautismo.
- Celebración de la luz y la alegría. Todo adquiere sentido iluminado por esa Luz y Verdad que es Cristo.
- Celebración de la esperanza y el optimismo cristianos. Seguridad en la meta que nos espera y que hemos de compartir con Cristo, garantía de apoyo en el caminar duro de la vida presente.
Esta existencia nueva hemos de vivirla en el convencimiento de que nuestra salvación definitiva es segura, pero aún no completada, no acabada. Es un proceso comenzado en el aquí presente y que tenemos que ir realizando progresivamente, manteniendo la fe y haciéndola fructificar en dignas obras. En la Muerte y la Resurrección de Cristo somos liberados radicalmente, pero con la tarea de ir conquistando siempre nuevos horizontes de libertad en el interior y en lo exterior. Hemos de guiarnos por la ley del Espíritu, no por las leyes carnales que nos esclavizaron, y pueden aún torcernos si cedemos a sus insinuaciones tentadora. Respecto a los demás, los cofrades hemos de actuar como testigos fieles del hecho salvador de la Resurrección de Cristo y de su presencia viva y amorosa entre nosotros; fermento auténtico y levadura nueva en la masa. San Pablo en su primera carta a los Corintios, (capítulo 5 versículo 8) nos dice: así que celebremos nuestra Pascua, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad.
Veinticinco años caminando
Día a día en Hermandad
Haciendo el camino juntos
Para Jesús enterrar,
Que las hojas del calendario
Poco a poco van cayendo
También se fueron hermanos
Con Jesús hasta los cielos,
Que si fuiste con el Maestro
Cofrade en su Santo Entierro
Cuando te llegue la hora
Él te llevará a los cielos.
Y han pasado
Veinticinco años caminando
De un camino de humildad
Porque un grupo de montijanos
Te quisieron acompañar
La tarde del Viernes Santo,
En tu mayor soledad.
EPILOGO
Han pasado veinticinco años, desde que en aquel ya lejano 1968, se creara una nueva Hermandad, con titubeos, como un niño pequeño comenzó a caminar, a seguir los pasos del Maestro, en fraternal caridad con el hermano necesitado, y a convertir cada año en la tarde del Viernes Santo, las calles de Montijo, en una auténtica catequesis, con su página viva del Evangelio. Hermanos cofrades del Santo Entierro, no todo está conseguido, no habéis hecho nada más que comenzar vuestra dura tarea, de dar en todo lugar, y en todas partes que os encontréis, testimonio de ser fieles seguidores del Maestro. Tenéis una juventud importante y pujante en vuestras filas, y ello es un reto para todos, para buscar cada día más la autenticidad y la fidelidad a la doctrina de Jesús, para construir entre todos el Reino de Dios en este mundo.
ASI SEA
En la Cuaresma de 1992, el 11 de Abril, pronunciaba el Pregón de la Semana Santa de Montijo Francisco Pedraja Muñoz (doctor en Historia del Arte de la Universidad de Extremadura-escuela de magisterio, Badajoz-), que encarnaba la oficialidad de la salida para las Cofradías en lo que a Semana Mayor se refiere. Tras el Pregón hubo un concierto de Música Sacra a cargo del Coro del Conservatorio Elemental de Música de Montijo dirigido por aquel entonces por Fernández Picón. A la finalización de dicho acto, las Cofradías entregaban a Pedraja Muñoz, de manos del por entonces Alcalde de Montijo D. Luis Gragera Zamora, una placa en agradecimiento por su enorme gentileza al aceptar ser nuestro orador.
Mi agradecimiento a las Cofradías de Montijo por el honor que me han hecho al elegirme Pregonero de su Semana Santa.
Compromiso que acepté por múltiples razones, entre ellas, el contar aquí con buenísimos amigos, alguno de ellos antiguos discípulos que fueron amables y persuasivos mensajeros de esta petición.
Siempre que llegan estas fechas nos gusta imaginar el drama de Jesús durante su Semana de Pasión y acercándonos a los personajes y escenarios que fueron testigos de su angustia y tormento.
La fantasía nos acerca a aquellos tiempos remotos e intentamos imaginar todos los detalles y al mismo tiempo comprobar, qué queda de las huellas de Jesús, en los paisajes cercanos a la ciudad y sobre todo en las estrechas calles que nos acercan donde estuvo el monte Calvario.
Al lado del camino que Cristo siguió, muchas veces cerca de la ciudad y en especial aquel día de la víspera de su madre, hay una serie de tumbas entre ellas las llamadas de Absalón, Zacarías y Santiago que son de la época de Herodes, y que sin duda, allí se posaron las miradas de Jesús. En otra tumba cercana, la losa en forma de disco, traerá el recuerdo de la tumba de Cristo según cita San Marcos.
Cerca en la “prensa de aceite”, Gath-Shenane (en arameo), y para vosotros Getsemaní se buscará el huerto evangélico y sólo en un rincón ocho olivos viejos, nudosos, ahuecados por el tiempo y que en el siglo XV ya se consideraban antiguos, son los renuevos de los que vieron padecer a Cristo.
Es muy fuerte el contraste entre estos árboles de aspecto mineral y la belleza esplendorosa de las flores silvestres, que crecen a su alrededor en la primavera. Allí, dentro de la Iglesia de San Salvador de los Cruzados, hay una roca protegida por una herrería simbólica, el la que Cristo sufrió la Agonía de Huerto de los Olivos.
A través de los siglos se han intentado por diferentes artistas, representar esta patética escena; Mantenga pintor italiano del siglo XV realizó una impresionante pintura en la que indica que la naturaleza no puede ser indiferente a la agonía de Dios, allí los sufrimientos de Jesús cobran significativa firma en el paisaje: rocas agrietadas, peñas abruptas y cortantes, sierras dentadas; todo parece la cristalización de un grito de dolor que sube al cielo. Las formas humanas, vegetales o minerales, son un claro símbolo del terrible dolor de la escena.
La Vía Dolorosa por la que Cristo hacia el sacrificio después de la pantomima de los juicios que sufrió, tiene su pórtico en el arco de “Ecce Homo” en el que según la tradición popular dictó su sentencia Pilatos.
Próximo a él, el padre Ratisbona en 1857, al comprar un terreno para construir un convento, al realizar la obra, se descubrió un enlosado de piedra que pudo ser el patio (Latostrabos) del que habla San Juan y donde Pilatos juzgó a Cristo.
En tres de las losas hay unos grabados en forma de diadema radiada y una “B” tres veces repetida, que parece referirse a la palabra griega “Basileus”, que significa Rey. ¿Era el juego de dados de los soldados de la guardia en el que entretenían sus largas horas de vigilancia? Quizás el juego en el que aquel día como diversión y escarnio coronaron de espinas a Cristo, le cubrieron con un trapo escarlata y colocaron entre sus manos una caña como remedo de cetro real.
Siguiendo la andadura por la Vía Dolorosa, los peregrinos encuentran la Basílica de Santa Ana, que conmemora la natividad de la Virgen y el lugar donde Cristo cargó con la Cruz. El Greco, en un cuadro lleno de ternura y expresividad nos muestra al Salvado con los ojos transidos de emocionante tristeza, brillantes por las lágrimas y llevando el madero que parece no pesar en comparación con los sufrimientos de su espíritu.
Otra versión del mismo tema, aún más acertada que la anterior, es la de Luís de Morales, en el cuadro que tiene en el Convento de las Clarisas de Montijo, donación en 1752 de Don José de Olías y Zabala. La belleza del color, la armonía de las formas y la serena expresión de dolor, hacen de esta pintura una de las cumbres del misticismo español.
En el cruce de la calle que desciende de la Puerta de Damasco, Jesús vendió su primera caída y más adelante la Iglesia de Nuestra Señora de la Agonía., conmemora el encuentro de la Virgen con su Hijo. El cuadro de Rafael, “El pasmo de Sicilia” representa este trascendental momento.
El Oratorio franciscano que viene a continuación recuerda el Cirineo que en este lugar comenzó su ayuda a Cristo, que ya se derrumba con el peso de la cruz. Tiziano en un íntimo y precioso cuadro muestra al fuerte campesino mirando a Cristo para ayudarte también con su comprensión y amor.
La iglesia de los Melquitas griegos es la Sexta Estación que está dedicada a la Verónica, recordando aquel paño misericordioso que enjugó la sangre y el sudor del rostro de Jesús, quedando impresas las facciones del Salvador en él. Quizás nadie narró plásticamente la escena mejor que el Greco.
Después d la segunda caída y a la altura del Hospicio protestante de San Juan, Jesús habla a las santas mujeres que lloran su paso.
Un convento copto determina el lugar de la tercera caída de Cristo, que es la novena estación.
Las cuatro estaciones siguientes tienen lugar en el Calvario y la última en la tumba donde fue enterrado el Salvador. Estos dos últimos puntos son uno de los mejores determinados y están cubiertos por la Basílica del Santo Sepulcro, lugar que se reparten cinco confesiones cristianas.
La basílica fue construida por los cruzados en 1149 sobre restos de una basílica de Constantino y la portada es quizás la pieza más importante y auténtica.
En el año 333 después de Cristo, una roca emergía en el centro de la iglesia, indicando el lugar donde Jesús fue crucificado, las transformaciones posteriores han ido desvirtuando ese recuerdo.
El capítulo final del drama ha sido representado por diversos artistas en cada una de sus fases.
El Greco, en “El Expolio” representa a Cristo despojado de sus vestiduras para crucificarle, su serenidad con el gentío que le increpa. El pintor se inspira en las meditaciones sobre la Pasión de San Buenaventura, por eso aparecen algunos detalles que no dicen los evangelios, como la presencia de las tres santas mujeres en ese instante y la soga atada a Cristo para ser arrastrado detrás del Cirineo.
Rubens en dos inmensos cuadros nos representa la lanzada y el descendimiento de la cruz, grandiosa sintonía de formas, luces y colores, culminación del arte barroca, anteriormente Van Der Leiden nos dio un descendimiento sobrio y realista que aún recordaba un retablo medieval.
La Piedad, momento en que Cristo aparece en brazos de la Virgen, fue representada como nadir por el pintor pacense Luís de Morales, que en sus últimas versiones de ese tema, pinta el silencioso diálogo entre la Virgen y Cristo muerto, el rostro de la madre transido de dolor, sin aspavientos ni gritos, con un fondo neutro de paisaje metafísico, es símbolo de esa tragedia universal. El pintor italiano Ticciano en sus diversas versiones del “Entierro de Cristo”, cierra el ciclo de la Pasión; él lo representa con ropa luz de atardecer, agonizando el día mientras la comitiva forma un arco envolvente que rodea amorosamente el cuerpo de Cristo, que en el centro aparece en la penumbra, la Virgen en la clave de ese arco de dolor es ejemplo de fortaleza y amor.
La Semana Santa de Montijo que hunde sus raíces en un lejano pasado, es hoy una actualidad llena de fe y de entusiasmo, que ha hecho posible en pocos años un alto nivel artístico, religioso y popular.
La Cofradía de la Vera-Cruz de la que tienen noticias en 1583 por el testamento de la beata Marina Sánchez, adquiere progresivamente una alta significación religiosa que totaliza realmente todas las actividades de la Semana Santa montijana desde varios siglos. Fundada a iniciativa de los franciscanos, que desde su convento de Loriana, participaron siempre como predicadores antes de la procesión de esta Cofradía.
Durante el siglo XVIII tiene lugar su máximo esplendor y varios documentos lo demuestran; en 1723 se paga limosna a los franciscanos por el sermón pronunciado, en 1746 se encarga a Corchero, platero de Mérida, las potencias de plata de la cabeza del Cristo, y en 1777 se abona una factura por las numerosas flores de la procesión.
Hay una reglamentación estricta para esta procesión, la llamada “de la sangre”, con las normas que deben de seguir los penitentes, indicando como debían de ser retirados por exceso en las heridas de los disciplinantes e indicando la compra de vino que servía para lavar las heridas.
En el siglo XIX desaparece la Cofradía que de nuevo se funda en 1987 y desfila por primera vez en 1990. Los caracteres de ella son el silencio, el sentido penitencial y el íntimo rezo que solo rompe el sonido de una campanilla. Otras de las actividades que promocionó la Cofradía fue la fiesta de la Cruz de Mayo, de tanta tradición en Montijo y que ha ido desapareciendo.
Aunque con varios aspectos se fundamentan en la tradición, las restantes Cofradías fueron creadas en nuestro tiempo. La más antigua es la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, fundada en 1941. La imagen primera, conservada en la Ermita de Jesús y la segunda en el Convento de las Monjas Clarisas, especialmente ésta, es una magnífica obra de arte. La salida de este cortejo procesional se hace durante la noche del Miércoles Santo, gracias al entusiasmo de las camareras y a un grupo de jóvenes.
En 1966 se funda la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, que desfila la noche del Jueves Santo y como la anterior, ha logrado entusiasmar al pueblo de Montijo que colabora al máximo en su esplendor, cuando sale de la Iglesia de San Pedro y desciende la Avenida Emperatriz Eugenia. De ella ha surgido la Hermandad de Donantes de Sangre, una de las más importantes de la provincia.
La noche del Viernes Santo sale la Hermandad del Santo Entierro y de Nuestra Señora de los Dolores, constituida por las dos anteriores en 1968 y convertida en Cofradía independiente en 1974. Los hábitos son blancos y negros con la cruz roja de caballeros del Santo Sepulcro, dan el tono solemne y dolorido de este momento. Se considera como la procesión oficial, puesto que asisten el Alcalde y otras autoridades y una representación de las demás Cofradías.
En 1981 se fundó la Cofradía Jesús Hombre Salvador, cuyo hábito es la túnica blanca y el capuchón verde y está dedicada fundamentalmente a los niños. Los ramos de olivos, los cánticos y las limpias almas infantiles acompañan a la imagen del Salvador con la premonición de la Tragedia ante sus ojos.
Nada más. Muchas Gracias.
El Sábado día 23 de Marzo del año 1991, se celebraba el Pregón a las Cofradías Penitenciales de la Semana Santa de Montijo en la Iglesia de San Pedro Apóstol, escenario que abría sus puertas por primera vez a un acto como este. El Pregonero Oficial fue D. Manuel Malagón Martínez, el valviense por entonces Párroco por de Talavera la Real, muy querido y recordado por todos los montijanos. El acto fueron presentado por Pablo Iglesias Aunión, en aquel año miembro de la Junta de Gobierno de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores.
En las bodas de Oro de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En las Bodas de Oro plata de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía. Celebrar estas efemérides tan importantes, es un orgullo para la Iglesia de Montijo, por ese maridaje de Cristo-Pueblo-María, que tiene ribetes de oro y plata.
Afortunado soy de estar con vosotros, y aunque ahora bebo en los vientos de la comunidad talaverana, nunca podré olvidar, al igual que un hijo nunca olvida a su madre, que vosotros fuisteis un día mi madre, mi padre, mis hermanos, haciéndome con vosotros un poco más sacerdote.
Me han entallado, Pablo Iglesias, Pedro Quintana y Juan María Rodríguez, y sorprendido gratamente por su entusiasmo y orgullo con la Semana Santa montijana, acepté venir. Menos mal que sabéis que no sirvo para estas cosas, no estoy hecho para escribir y ni siquiera para hablar, quiere hablar el corazón y no la cabeza. Y así me salen las cosas. Aunque estoy tranquilo porque se de quien me he fiado.
Personas de más prestigio en el ser, en el saber y en el decir deberíais haber traído, para una conmemoración tan brillante y en consonancia con la tradición de la Semana Santa montijana, que es honda y está arraigada en el pueblo, vibrante.
Saludo cordialmente a los hermanos sacerdotes del pueblo y a todos los Hermanos Mayores y miembros de las distintas Hermandades y Cofradías, unos y otros, desde dentro y hacia fuera, son motores de la Pascua del Señor. Yo pregono nuevamente ante vosotros esta noche la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, que pasó haciendo el bien y curando a muchos, porque Dios estaba con Él.
Y sabiendo Él que había llegado la hora de darlo todo y volver al Padre una vez que su Misión había sido cumplida, sube con sus discípulos a Jerusalén, para celebrar la Pascua, y permite que el primer día de la semana, le den honras al Rey, entrando en la ciudad de manera humilde al lomo de un borrico, siendo aclamado por grandes y pequeños. Nosotros le recordamos por mañana, en el Domingo de Ramos.
No quiero unir mi voz al folklore religioso, sino a los corazones humildes, que sin vergüenza ninguna, levantan la mano con el ramo de olivo o la palmera, para gozarse con Jesús, que vive como REY.
La Iglesia, la Comunidad Cristiana, requiere hoy, más que nunca, UNIR y no ROMPER, escoger lo bueno y lo auténtico y limpiar de hojarasca nuestro talante de seguidores de Jesús. De lo contrario, cada procesión religiosa será un escándalo ante los hermanos que han perdido la Fe, o la tienen tibia, o nunca la tuvieron ni siquiera para aquellos que se acercan buscando un algo en su interior. El paso de la borriquita, nos recuerda a Jesús, lo que puede pasar después si no somos auténticos, si lo mismo que un día alabamos y otro matamos.
El momento crucial y angustioso del final de la vida terrena de Jesús, se va acercando al avanzar la Semana. Y es tan hondo lo que en el día del Jueves Santo se contiene, que no cabe celebrarlo en un solo día, y se desbordan desde ese Miércoles Santo las manifestaciones desde antiguo. 50 años ya constituidos formalmente con la procesión de la imagen de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad.
El pueblo cristiano ha sabido valorar la entrega de Jesús, no solo por la esplendorosa imaginería religiosa que le ha dedicado, sino porque en Jesús ve reflejo el propio Calvario de la vida diaria, y en Jesús, los humildes y sencillos se animan a llevar la cruz de la vida. No es que Jesús haya sufrido más que nosotros sino la clase y el estilo que tiene de sobrellevarse el trance. Esto creo que les debió de servir de referencia a los que constituyeron la Cofradía en el año 41. No fundaron una Cofradía del triunfo y gloria, sino una de penitencia, con Jesús como insignia. Sorprendente y aleccionador este testimonio de nuestros mayores.
El Jueves Santo, con la celebración de la CENA DEL SEÑOR ocupamos el sentido religioso de la jornada; Jesús en la cena con los suyos, se hace bandera para ellos lavándoles los pies; ve que llega la hora, pero quiere quedarse y se queda HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS, en el amor y en la Eucaristía. La Comunidad así lo entiende y hace competición por adornar los monumentos en su honor y visitarlos, como quien visita a su Señor.
El reflejo masivo en la calle, la expresión externa que a muchos pone los pelos de punta, hace saltar las lágrimas y hasta he oído, que alguno al ver bajar la imagen por la Rambla, tiene ganas de ser un poco mejor. Ese reflejo lo pone en la calle la Imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, seguido de María Santísima de los Dolores. 25 años ya de la Cofradía. Corazón de plata de aquellos que habéis sacado adelante, solos o acompañados, vuestro amor a la calle. Yo fui testigo de vuestra lucha.
He aquí la paradoja del montijano extremeño: la vergüenza de la cruz, el escándalo del ajusticiado hecho insignia de salvación para quienes no se asustan de él.
Hoy creo que hemos recuperado el verdadero sentido que tuvo la cruz en su época: era un fracaso, y para nosotros parece un fracaso ser testigos de Jesús. El miedo, la cobardía, el materialismo y la pereza junto a la dejadez degradante, nos tiene cogidos por el cuello, menos mal que los desfiles procesionales son con capuchón.
Sigo pregonando que en el Viernes Santo, después de un juicio vergonzoso (como cuando nosotros no queremos saber nada de lo que pasa a nuestro lado), Jesús es azotado y le obligan a llevar la cruz en la que sería clavado, hacia el sitio de la ejecución.
El toque de la campanilla, estremece la sangre junto al paso de la Cofradía de la Vera-Cruz: testigos del esfuerzo del hombre montijano para purificar el pecado, hacer silencio para que hable Dios en el alma, entusiasmo por hacer, ganas incontenibles de ser.
Lástima que tantos esfuerzos no tengan eco, lástima que se camine por sendas distintas, lástima que los discípulos de Meaux se fuesen a casa sin consuelo.
Pero Cristo es puntual a su cita; no puede ser que lo que sembró con tanto ahinco y lo regase con su sangre, quedase en nada.
Domingo de Resurrección, Cristo Triunfante sobre la muerte y sobre el pecado, estamos salvados, el camino está abierto. No haya penas en los corazones entregados de los montijanos, que lo que hierve junto a las imágenes de Jesús y María tiene que ser bueno y tiene que dar su fruto, como la semilla que se siembra. También en Montijo hay resurrección.
Haya puertas abierta a esos esfuerzos admirables por descubrir el pasado de nuestras expresiones religiosas, pero sin perder de vista, por parte de lo que integráis las distintas Cofradías y Hermandades, que hay que vivir el ritmo de la Iglesia, que ahora en estos tiempos está el Sínodo, que busca renovarse y renovar, para servir fielmente en estos tiempos a la Buena Noticia de Salvación que nos trae Jesús.
¿Qué pasaría en Montijo si a la vuelta de la Semana Santa, nuestros grupos sinodales se multiplicasen por 10 ó por 20?
¿Qué pasaría en vuestro ambiente, si un día todos descubren que seguimos al mismo Jesús y que somos hermanos después de haber compartido a fondo el espíritu de la Pascua del Señor?
¿Qué escándalo sería, si en Montijo empezasen las Eucaristías a ser encuentros de hermanos entre sí y el Señor, plenos, entusiasmados, constantes, repletos, vivos?
¿Qué dirían si ya todos fuésemos hermanos, los de cerca, y los de lejos, los pobres y los ricos, los marginados y los de tú ambiente?
DIRÁN QUE ALGO HA PASADO, LA SEMANA SANTA Y LOS DESFILES PROCESIONALES HAN MERECIDO LA PENA. DIRÁN QUE ES RESURRECCIÓN.
Muchas gracias.
El último día del Quinario al Santísimo Cristo de la Misericordia, se celebró un Pregón a cargo de Manuel García Cienfuegos, que fue presentado por Pablo Iglesias Aunión, realizándose posteriormente un besapié a la imagen.
Como una sola voz, enronquecida, se iba oyendo la saña, la locura. ¿Qué respuesta daría tu dulzura a ese fragor haciéndote otra herida?. Tu mirada, doliente y conmovida qué flor más enraizada de ternura, qué faro destacando tu figura dejaste en el tumulto detenida.
Y para más contraste a la demencia, al odio y al estruendo del gentío, contestaste además, tras la mirada, con otro gesto de tu gran paciencia: tu silencio, Señor, qué desafío, qué modo de decir sin decir nada.
JUNTA DE GOBIERNO de la Cofradía de la Vera-Cruz, Rvdo. Cura Párroco y Vicario de San Gregorio. Cofrades y hermanos. Señoras y señores, amigos todos.
Queda todavía impresa en la retina de mis ojos de niño, cuando mis padres me llevaban en la noche del Miércoles Santo a la Plaza de Jesús para ver la salida de la procesión de Ntro. Padre Jesús Nazareno. Al abrirse las puertas de la Ermita, miraba hacia el fondo y me llamaba poderosamente la atención los retablos y sus imágenes. Me preguntaba cuánto de misterio tenía la Semana Santa.
Al día siguiente como un chiquillo más acudía a la procesión de los “altramuces” en la tarde del Jueves Santo. Recuerdo los empujones en la filas, el rostro de Simón Cirineo, y y aquella entrada y salida de las imágenes por las dos puertas de la iglesia del Convento de Santa Clara, donde siempre miraba hacia arriba, buscando el coro alto, intentando localizar a alguna Monja que nunca llegué a ver.
El Convento encerraba también una aureola de incertidumbre, sobre todo para los que por aquellas fechas acudíamos a la escuela del maestro Julián Guzmán en la calle de Santa Ana.
Han transcurrido treinta años de esas imágenes que conservan mis ojos. En ese espacio de tiempo, la Semana Santa ha evolucionado en cuanto a sus Cofradías se refiere. Casi a mediados de los años sesenta llegó la explosión cofradiera. Nuevas Cofradías y Hermandades. Con un grupo de amigos de la O.J.E. acordábamos todos los años coger el paso del Santísimo Cristo de la Agonía desde la plaza de la “ferretería” hasta la Parroquia de San Pedro. Luego un periodo de cierto estancamiento, de crisis. La responsabilidad me llevó a entrar a principio de los ochenta en la Hermandad del Santo Entierro y formar parte de su Junta de Gobierno en la que estoy hasta que el Señor me lo permita.
Y hoy, en la reciente inaugurada década de los noventa dentro del evolucionismo que hablaba de las Cofradías, surge y aparece una nueva: la Vera-Cruz, de la que tengo en honor se ser hoy su primer pregonero.
Y heme aquí ante tan difícil situación en la Iglesia de San Gregorio a la que vi levantar sus muros, no n balde he correteado por este barrio durante veintiséis años.
Todo pregón debe comenzar mediante una intersección o invocación, y como montijano acudo en estos momentos a la Santísima Virgen de Barbaño, Nuestra Madre y Patrona, para que inspire y conduzca mi fe, en un día tan especialísimo como es este Viernes de Dolores. María de Barbaño, nadie mejor que ella para poder llegar a Cristo.
CONTENIDO HISTÓRICO
Corría el 15 de junio del año 1583, una mujer, vecina de la calle Santa Ana, Marina Sánchez, hacía testamento dejando sus bienes a tres beatas que vivían en la calle de Badajoz, para honor y gloria del seráfico Padre San Francisco de Asís y para que fundasen un beaterio; beaterio que terminó a comienzos del siglo XVIII con la fundación del actual Convento de las Clarisas. Marina Sánchez en sus mandas testamentarias pedía a sus albaceas que diesen entre otras limosnas: un real a la Hermandad de la Santa Vera-Cruz de Montijo.
Es pues, sin duda, el primer documento que hasta ahora existe, aunque no el definitivo, porque la Historia como ciencia está sujeta a la investigación y revisión, que nos habla que en el siglo XVI existe la Cofradía de la Santa Vera-Cruz.
Las cofradías veracrucenses tienen orígenes muy antiguos. Fueron las primeras que se constituyeron al amparo de las “asociaciones gremiales” (rudimentarios sindicatos gremiales) y es en el siglo XV y XVI la fecha de fundación de casi todas ellas.
En Sevilla, la Vera-Cruz, una de las más antiguas de España se constituye en el año 1448.
Buscando connotaciones históricas y gracias al archivo de la Parroquia de San Pedro en la que se conservan dos libros de cuentas de la Hermandad y Cofradía de la Santa Vera-Cruz que comprende los periodos desde 1794 a 1836. Estos dos libros nos ofrecen un material histórico de sumo valor para componer una parte de la historia de la Cofradía. Por una “data” de 1718 vemos que la Santa Vera-Cruz era la encargada de realizar las procesiones d nuestra Semana Santa, así ese año se pagaban treinta y cuatro reales por cuatro procesiones que eran: Jueves y Viernes Santo, el día primero de la Pascua de Resurrección y día de la Invención de la Cruz. Que el nombramiento del Mayordomo se realizaba el día tres de mayo de cada año, día de la Cruz.
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El pregonero durante su intervención en el
Altar de la Parroquia de San Gregorio Ostiense. |
A medida que fui investigando en los “cargos” y “datas” de la Cofradía, me encontré con un “pago” de veintiocho reales a Martín Alonso Durán, de profesión vendedor de vinos por la compra de tres arrobas para el lavatorio de los disciplinantes de la procesión del Jueves al Viernes Santo en su madrugada.
De ese mismo año procede otra “data” por el pago de un sermón a los frailes del Convento de Loriana, por la plática en la noche del Jueves Santo, a los hermanos de sangre y penitentes antes de la salida en procesión.
Estamos sin duda ante la procesión que se denomina como “la de la sangre”. Estamos ente una Cofradía o Hermandad propiciada por la Orden Franciscana de penitenciar, de disciplina, de sangre o de Pasión.
La penitencia pública de honda raigambre en la Iglesia de Dios era practicada en España desde que hubo en ella fieles de Cristo deseosos de perfección, llegando a tomar impulso en el siglo XII por mandato del Obispo de Ostia, San Gregorio, precisamente el titular de esta parroquia, que venido a España por orden del sumo Pontícife, Benedicto IX, con motivo de una plaga de langosta, prescribió numerosas procesiones de sangre para atraer la clemencia del fiel, y desde entonces en todos los grandes males comunes se acudía a las dichas procesiones de sangre o de flagelantes, como poderoso remedio para invocar la Divina Misericordia.
Esta práctica fue luego adscrita a buen número de cofradías, que desde entonces empezaron a llamarse, Cofradías de Sangre y por su índice penitencial encontraron en el ejercicio de la flagelación o disciplina el modo de honrar públicamente la memoria de los azotes que Jesucristo sufrió en su Pasión. Se dice que fue la Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y María Santísima de las Tristezas o de los Dolores, de Sevilla, la que introdujo la disciplina pública en su salida procesional.
El notable autor José Bermejo y Carballo nos describe los instrumentos usados en la maceración de los cofrades, diciendo que eran “…disciplinas de manojos de rodezuelas. Estas rodezuelas eran como unos bolillos de cera, cubiertas de hilo basto, cuyas extremidades terminaban casi en punta y en su centro, figuraba una rueda, estaban embutidas de varias piedrecitas adelgazadas en sus puntas…”.
En la Santa Vera Cruz existían cuatro tipos de hermanos: lo de luz, sangre, espalda y asiento. Los primeros portaban velas y cirios, los segundos eran penitentes que públicamente se auto castigaban. Los de espaldas eran los que portaban las imágenes y acudían a los entierros llevando los ataúdes de los hermanos de la Cofradía que fallecían, y los últimos sólo asistían a las funciones religiosas.
Los disciplinantes imprimían a los cortejos notas de dramatismo. Acostumbraban a ir desnudos de cintura hacia arriba, mostrando así sus atormentadas carnes, la cara la cubrían con un capuchón.
Dentro del contexto reformista del Gobierno de Carlos III, se intentó la modificación de las Cofradías. Después de un proceso de once años, Carlos III el 20 de febrero de 1777, prohibía los disciplinantes, empalados y penitentes de sangre.
En Extremadura proliferaron las procesiones de sangre y Cofradías de penitencia, véase los empalaos en Valverde de la Vera, único lugar que ha salvaguardado la práctica penitencial de antaño, Plasencia, Cáceres, Ahigal, Arroyo de la Luz, Zafra, Montijo y últimamente hemos investigado en la catalogación del archivo de la Parroquia de Nuestra Señora del Prado de la Roca de la Sierra, donde hemos encontrado tras minucioso estudio realizado conjuntamente con Pablo Iglesias Aunión, la Cofradía de la Santa Vera-Cruz cuya imagen respondía bajo la advocación del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia.
Si cabe la documentación investigada en La Roca, nos define más profundamente cómo era la Vera-Cruz.
Nos habla de la procesión de la sangre en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, de un sermón antes de la Procesión a cargo de los PP.FF. del Convento de Loriana (muy próximo a La Roca), del lavatorio con vino sobre las heridas después de las disciplinas, del hábito o traje de azote, y del refresco que se daba con bizcochos para que los penitentes repusieran fuerzas después de la procesión.
VINCULACIÓN FRANCISCANA
La Orden Franciscana impulsa la fundación de la Vera-Cruz. En sus emblemas o escudos aparece la cruz arbórea y las cinco llagas o estigmas de San Francisco de Asís.
¿Cómo pudo influir el franciscanismo en la Santa Vera Cruz de Montijo?. Por cuatro vías. Monasterio de Loriana, situado entre La Roca de la Sierra y Puebla de Obando, regido por franciscanos descalzos, cuyo monasterio fue fundado por Fray Alonso de Monzanete. El monasterio perteneció primero a la Provincia de San José pero pasaría a la de San Gabriel, tras la reforma de los descalzos impulsada por San Pedro de Alcántara, donde en Loriana el Santo alcantarino fue nombrado comisario Provincial tras los definitivos provinciales en 1557.
Convento de Santiago de Lobón, franciscanos observantes de la Provincia de San Miguel, en él hubo casa de Templarios, un hospital y escuela de filosofía, en el convento falleció el Padre Fray Reyes Ortiz de Thóvar, autor de la publicación “partidos Triunfantes de la Beturia Túrdula”, en el siglo XVIII, Hospicio de San Antonio, fundado por los Condes de Montijo y recogido en 1753 por cinco frailes. El Hospicio desapareció por la declaustración en el siglo XIX. La familia Thomas consiguió que los franciscanos volviesen a él en el año 1942, permaneciendo hasta los años sesenta.
Convento de Nuestro Señor del Pasmo de las clarisas franciscanas, fundado por el empeño del IV Conde de Montijo Don Cristóbal Portocarrero Guzmán y Luna.
Si repasamos las publicaciones sobre la Historia de Montijo nos encontramos con los siguientes PP.FF. : Juan Durán del Montijo, Juan Asensio, Domingo de San Francisco, Pedro Durán del Montijo, Gonzalo, Jesús, Juan, Juan Jesús y Fray Toribio y Onofre que misionaron en Filipinas.
Fue por lo tanto la Orden Franciscana la que impulsó la Santa Vera-Cruz. Los sermones antes de la procesión de la sangre eran predicados por los PP.FF. de Loriana, Lobón, Hospicio de San Antonio, convento de la Haba, San Francisco de Badajoz y Nuestra Señora de la Antigua de Mérida. Pero volviendo de nuevo a la Cofradía, tras la prohibición de los disciplinantes, la guerra con Francia y la llegada de la desamortización, la Santa Vera-Cruz va a ir perdiendo poco a poco importancia. Antaño sus Mayordomos ejercieron también cargos de Alcaldes Ordinarios, Regidores, Jurados del Concejo, propietarios agrícolas de cierta relevancia, Familiares del Santo Oficio, Nobles e hidalgos…
Ya en el siglo XIX se aprecia un cambio en el nombre de la Cofradía, no se cita como Vera-Cruz, apareciendo como la Santa Cruz, siendo la encargada de organizar los cultos y actos del día de la Cruz (3 de mayo), días en el que se colocaban altares con cruces hechas con flores, se adornaban las cruces de hierro de las fachadas y se rezaba el rosario de la Cruz. Tradición que duró hasta nuestro siglo pero ya totalmente perdida.
VERA CRUZ AÑO 1987
Y llega el año 1987, tras la Semana Santa un grupo de montijanos, revivan los rescoldos casi apagados de la tradición cofradiera, pretendiendo constituir una Cofradía veracrucense con sede en la Parroquia de San Gregorio. Cofradía que quiere ser distinta a las demás, que quiere destacarse por su sentido penitente, de oración, austeridad y silencio.
Transcurren dos años y por fin en la madrugada del próximo viernes día trece saldrá a la calle para realizar estación de penitencia con el Santísimo Cristo de la Misericordia, imagen titular de la capilla del Cementerio Municipal.
SEMANA SANTA 1990
Semana Santa, siete días para revivir los misterios de la Pasión de Cristo. Dudas, misterios, a veces confusión de cómo el Hijo de Dios se deja llevar al martirio de la Cruz, ¿por qué su reino no es de este mundo?,¿por estar al lado de los marginados, de los pobres?,¿por amor?.
Pero Él disculpa y perdona, se calla, no pronuncia palabra, solo invoca al Padre. Una cena y comienza a cumplirse la escritura. La soledad en el huerto, oración, sudor y llanto. Un beso y el inicio trágico de un proceso –Anás, Caifás, Herodes y Pilatos- no es culpable. Prevalecen los intereses político-religiosos. Bofetadas, mofa, burla, azotes… ¡He aquí a vuestro Rey!. Crucifícalo. La Vía Dolorosa, tres caídas y el Calvario, hasta quiso que se repartieran sus vestiduras. Los clavos y una cruz. Siete días y siete palabras. Todo está cumplido.
SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA
Santísimo Cristo de la Misericordia, muero en la Cruz, muerto entre los muertos, cosido, atado al madero, tras sufrir uno de los más crueles sacrificios inventado por la humanidad. Vera Cruz. Verdadera Cruz. Al lado de la Cruz. De tu Cruz Señor, de mi pesada Cruz, de la Cruz de cada uno. La cruz del pecado de, la incomprensión, de la falta de solidaridad, de las negligencias. La cruz de la enfermedad, de la pobreza, de la mentita y blasfemia, de las injusticias. Cruz del oprimido. Del siervo y el amo. Cruz del terrorismo, de la droga que destruye y mata. La cruz de los intereses, de los negocios sucios. La cruz de los odios y rencillas, de la amistad falseada, de la traición. La cruz de la humanidad. Nuestra cruz. La muerte en la cruz.
Y esa cruz será paseada en la madrugada del Viernes Santo. Ante el silencio y el ruido adormecido de una ciudad que descansa mientras que unos pocos, unos cuantos, sabrán buscar refugio en la penitencia, sin exhibicionismo, sin folklore.
Hermanos de la Vera Cruz, San Francisco de Asís caminó como penitente, abandonó su casa, aceptó el sufrimiento, cambió sus vestiduras por el hábito y vivió vida retirada. Fue humilde, sencillo y se entregó al prójimo, abandonó lo superficial, lo externo…
En la madrugada del Viernes Santo hay que prescindir de lo externo, que la procesión no sea un simple paseo, una distracción sana, la estación de penitencia debe ser oración, esto es lo que debemos considerar y pensar, que aceptemos el sufrimiento, abandonemos por estas horas nuestra vida normal, nuestra familia. Vistamos con la túnica bajo la que todos somos iguales, sin distinciones ni medallas, sin posición elevada o cargo.
Acompañemos al Santísimo Cristo de la Misericordia por las calles de nuestro barrio, de nuestra ciudad, y en ese tiempo, oremos, que sea oración y penitencia.
Santísimo Cristo de la Misericordia, ya están dispuestos los hombros de los costaleros, la cera y el recorrido. La cruz de la salvación recorrerá Montijo. La emoción está preparada. La fe de unos hombres también. Alégrate Parroquia de San Gregorio, los goznes de tus puertas girarán para dar salida a la Santa Cruz, al Santo Crucifijo que anunciará la Vigilia, el anuncio de la gran fiesta de la luz, la festividad de la esperanza, de la salvación de la vida nueva. La fiesta de seguir a Cristo vivo. La fiesta de la Resurrección. El nuevo éxodo, la fiesta de la nueva alianza.
Todo esto ofrece la Semana Santa. Es una celebración que lo empapa todo: los días, las personas, los sentidos, la familia, las emociones, los recuerdos…
A pesar de los tiempos difíciles de una época cercenada por crisis de fe, de agnosticismo, de época de revisiones, donde la Iglesia pretende abrirse al cambio, a la que se pide mayor participación, y un compromiso para los laicos a través del Sínodo que ahora se celebra.
En todo ésta ha surgido en la comunidad cristiana de San Gregorio un nuevo embrión, una nueva semilla, que reunirá bajo la Cofradía de la Vera-Cruz a hombres dispuestos a vivir la Palabra de Cristo, a los que recomendaría que es más importante:
- interno que lo externo. La calidad más que el número. Lo profundo más que lo sentimental. Lo práctico más que lo bonito. La palabra más que la música-.
Para compartir contigo tu tristeza, pánico, temor, depresión, miedo, soledad, angustia, humillación, dolor, agonía, muerte.
Tu Cruz Señor. La Cruz de la Vida, la cruz de la salvación, la cruz de la Resurrección.
SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA, aquí está tu pregonero, cumplido está, salvo que mandes otra cosa, el servicio. Que así sea.
Buenas noches, muchas gracias.
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Momento en que D. Manuel G. Cienfuegos recoge una
placa de agradecimiento de manos de D. Pablo Iglesias Aunión. |
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