Pregones Semana Santa



Desde esta página mostramos los Pregones de Semana Santa pronunciados en Montijo. Quedan por publicar los de 2002 (Juan José Montes González), 2003 (José Antonio Salguero Marín), 2005 (Julio Gallego Codes) y 2006 (Fernando Ordóñez Codes).

(actualizado el 23 de marzo de 2015)








Pregón de Semana Santa
Pregonero: Manuel Jesús Carretero Ayuso
21/III/2015. Teatro Municipal

Llega el mes de Nisán, y dentro de él, tras el primer plenilunio del equinoccio de primavera nuestra Semana Santa. La cuaresma llega a su fin y el tiempo para el dolor está en puertas. La pasión que precede al gozo de la Resurrección ha llegado. Ya está aquí el momento en el que el cáliz que posibilitará la salvación no puede ser rehuido y tiene que ser bebido.
Llega la hora del olor a cera a nuestras calles y plazas, a incienso quemado, a cirios y hachones. Llega la hora de las matracas, del roce de las zapatillas de esparto de los costaleros, del golpe seco de los llamadores de pasos y tronos; pero también el de cornetas y tambores.
Llega el momento de los capirotes, de las túnicas, de los cíngulos, de colocarse los escapularios, los fajines y los guantes. El momento de las mantillas, del vestido negro y de los rosarios en las manos.
Llega el tiempo de las parihuelas, de las trabajaderas, y también, de las tulipas, de los candelabros y los palios. Llega el tiempo de las horquillas, de los lábaros, de la cruz de guía y del libro de reglas expuesto.
Llega el color rojo de los claveles, del púrpura claro del brezo, de las rosas blancas para las vírgenes. Llega la Semana Santa.
Pronto la burrita saldrá por el atrio, el nazareno se podrá su túnica morada, el crucificado mostrará sus clavos al pueblo, las vírgenes mostrarán sus lágrimas por el hijo perdido. Y aquí estoy, para expresar el sentimiento cofrade que poseo y para transmitir por vosotros la creencia en una tradición centenaria,…de una expresión plástica de la fe de nuestros mayores.
Como sabemos, las iglesias y catedrales góticas fueron el libro en el que los maestros mayores y los aparejadores escribieron y cincelaron los versículos del antiguo y nuevo testamento, que convirtieron los frontispicios, tímpanos y arquivoltas en las páginas de un catecismo popular abierto a todos. Con igual sentido, y año tras año, nuestra Semana Santa se convierte en palabra viva que transmite al pueblo los pasajes de la pasión y la redención.
Los antecedentes de la Semana Santa se encuentran en los Vía Crucis que durante el siglo IV se realizaban en Jerusalén, y en los que los creyentes recorrían por estaciones el camino de la cruz seguido por Jesús antes de ser crucificado. Esta tradición fue exportada por los peregrinos hasta Europa, donde se empezaron a fundar cofradías para organizar las estaciones penitenciales. En España se conocen procesiones en Semana Santa desde finales del Bajo Medievo, cuando los franciscanos crearon algunas cofradías que aún hoy mantienen sus nombres.
Sirva este preámbulo para iniciar el mensaje que con este pregón anuncia la llegada de nuestra semana grande.

Estimadas autoridades eclesiásticas, autoridades civiles, Junta de hermandades y cofradías de penitencia, Hermanos Mayores, compañeros cofrades, hermanos en Cristo,… Buenas Noches.
Cuando me dijeron que me ofrecían ser el pregonero de la Semana Santa de Montijo en 2015, una  incertidumbre me sobrevoló y un cierto nerviosismo recorrió mi cuerpo ante una responsabilidad que dudaba entre la alegría y el orgullo de aceptar, contra una pequeña hiedra dubitativa que me envolvía y me hacía  pensar en el compromiso de intervenir en un acto tan solemne como éste.
Se me informó que este nombramiento que se me ofrecía -de alguna manera- venía motivado por mi trayectoria asociativa, por la participación en la Semana Santa de Montijo durante tantos años, así como por mi actual implicación en una ONG como es la Asociación para la Donación de Médula Ósea y Cordón Umbilical de Extremadura.
En cualquier caso, quiero dar mis más sinceras gracias a la Junta de Hermandades y Cofradías de Penitencia de Montijo por haber pensado en mí,  a pesar de que mi perfil no es análogo a otros que me precedieron y que mi trayectoria es mucho más austera y sencilla que la de los pregoneros de años precedentes. Quizás ese perfil algo distinto es el que conforme la tipología de pregón que hoy os traigo.
Una vez que me comunicaron esta invitación para ser el que mediante la palabra abriera la puerta de la Semana Santa montijana, acepté enseguida, y a partir de ahí, mi principal deseo era encontrar un hilo conductor que enhebrara mi sucesión de pensamientos y que mi borbotón de ideas inicialmente inconexas encontraran un fundamento argumental con el que poder expresar a todos los aquí presentes mi impronta y mi sentimiento.
Dentro de esa lluvia de ideas que he tenido durante estos días, estuvo el consejo de dos pregoneros anteriores que me hicieron ver y escoger la línea que finalmente elegí: hablar desde el corazón, contar mis experiencias y visualizar los hechos desde mi propia óptica…. y todo ello para recordar hacia dónde vamos, pues en la Semana Santa celebramos el amor que Dios nos tiene mediante la entrega de su hijo Jesucristo.
Bajo esta premisa tendría que iniciar mi exposición explicando cuándo empecé en este mundo cofrade. Esto ocurrió por el año 1981 cuando estaba en 8º de EGB; pero fue en 1983 cuando comencé a expandir mi colaboración a todas las cofradías de Montijo y de manera algo más participativa que solo cogiendo una vela  o poniéndome en la fila de las procesiones.
Fue una época en la que compaginé estas actividades con mi presencia en los grupos de jóvenes de “Cristo Vive”, tal como se nos conocía entonces, en los cuales participábamos frecuentemente en reuniones para la interiorización de nuestra fe, pero al tiempo viviendo todo ello desde la efervescencia propia de los años de la adolescencia.
Al poco tiempo vino el sacramento de la confirmación para muchos de nosotros, y en ello quise verme apadrinado en la amistad y en la espiritualidad de Diego Muñoz; fueron años de intensidad religiosa, de continuos diálogos entre amigos y de intercambios retóricos de opiniones con Manolo Malagón, en su búsqueda hacia la sencillez y el origen de la verdad.
Algunos de mis compañeros se iniciaron en otros ámbitos, varios a grupos de liturgia, y otros pensamos y buscamos algo distinto, quizás en un recorrido más ancestral de una manifestación más plástica de nuestra fe, de una interiorización basada más en el silencio que en la utilización de la palabra, es decir, pensamos en las cofradías de Semana Santa. Tengo que decir que entre las distintas tipologías de cofradías (sacramentales y devocionales, de gloria y de penitencia) estas últimas son las que encuentran en mi corazón un mayor estímulo y una mayor pasión. Este sentimiento no evita que compagine mi pertenencia con las de los otros tipos, pues actualmente soy hermano de la Hermandad de la Virgen de Barbaño.
Según la terminología que se emplea en otras ciudades, los cofrades pueden ser hermanos de carga y hermanos de luz; esto es, costaleros o nazarenos. Personalmente, he sentido más los desfiles procesionales cuando actuaba portando un paso, que cogiendo una vela; por esta razón la mayor parte de las veces participaba como tal, llegando a coger en la misma Semana Santa todas y cada una de las imágenes de los Cristos que tenían estación de penitencia en Montijo.
Recuerdo también con cariño los momentos en los que pasábamos horas preparando las andas, poniendo candelabros y sacando enseres. Posteriormente, incluso en la procesión del Cristo de la Agonía participaba algunos años haciendo las inscripciones de los hermanos que llegaban para salir en las procesiones.
Pero en el deseo de contribuir con nuestra semana mayor de otra manera, también abrí mi intervención a otras facetas, como fue la de escribir artículos y poemas en la revista de Semana Santa de nuestra localidad; etapa que simultaneé con la redacción también de textos para la revistas de Ferias y Fiesta de Montijo, pero esta vez con temáticas de historia y de arquitectura, que son otros de mis gustos preferenciales.
Pero la implicación fue a más y en algunos años amplié las anteriores facetas con las de la propia edición y publicación de la Revista de Semana Santa, para lo cual llevé la coordinación de la misma junto con mi amigo Pablo Iglesias.
Soy de los que opinan que el cristiano debe comprometerse y apostar fuerte, y que esto se puede hacer de muchas formas y en distintos frentes. De esta manera muchos de los que estábamos entonces, decidimos iniciar en la década de los años 80 un viaje para dotar a Montijo de más actividad procesional, pero queríamos hacerlo sin caer en una imaginería vacía; los cofrades no podemos ser adoradores de imágenes sin contenido argumental alguno.
El camino era doble por parte de algunos de nosotros: darle cuerpo de verdadera cofradía a la participación popular de la salida de la imagen de la burrita y crear una nueva hermandad con unas características totalmente diferenciadas del resto. Esto hizo que varios de nosotros estuviéramos en las primeras Juntas de Gobierno y fuéramos cofundadores de los que después fueron la Cofradía Jesús Salvador de los Hombres y de la Cofradía de la Vera Cruz.
Respecto a esta última, la motivación de su creación era porque sentíamos que hacía falta algo distinto, una hermandad que fuera mucho más austera, más introspectiva, con el argumento centrado en la reflexión y en la meditación.
En la concepción de la misma, hubo mucha carga histórica que tuvimos en cuenta, empezando por su propio nombre y por la cantidad de simbolismo plástico y litúrgico que quisimos introducir, tuvimos también en cuenta las reminiscencias franciscanas anteriores, como por ejemplo en las cruces en forma de Tau que salen en el desfile, en los cinco nudos del cíngulo, etc… La primera estación de penitencia se hizo en 1990, es decir hace ahora justamente 25 años de ello, motivo por el cual me siento adicionalmente contento en ser el pregonero en tan señalada fecha; hecho que se ve aumentado por el especial cariño que siento hacia esta hermandad por cuanto fui su segundo Hermano Mayor. Dicho esto, deseo acordarme ahora de quien fue el primero, Francisco del Viejo, pues ya no está entre nosotros.
Quiero cerrar este PRIMER BLOQUE del pregón con un poema que escribí y publiqué en 1989 dedicado a la Cruz. Dice así:

Santa Cruz de nuestra fe:
bendita por lecho silencioso
de una muerte jamás inútil
y así santificada como estandarte de nuestro credo.

Infunde, a nosotros tus cruzados,
valor para la vida,
resistencia al dolor,
luz para la lucha
y esperanzas para el camino.

Que tus destellos no lo apague el ofensor;
que tu presencia disipe las hipocresías
y tu magnanimidad haga sucumbir las tinieblas.

Haz también de cruz-guía
de cuantos te rechazan
o simplemente no te conocieron,
para así reconocer
a quien fue en Ti inmolado
y a la que en tus pies
derramó sus lágrimas.

Precisamente ahora que hemos utilizado la cruz para pronunciar unos versos que nos lleven a la reflexión, quiero iniciar un SEGUNDO BLOQUE conceptual en el pregón, tomando de base los distintos tipos de representación de Cristo, durante los diversos momentos de su pasión, se pretende hacer así una traslación a lo que esta visualización nos puede transmitir, traduciendo su imagen en las siguientes consideraciones.
Cristo en la entrada a Jerusalén: A mi modo de ver, hoy tenemos en la sociedad una búsqueda incesante por ser el centro de atracción de los que nos rodean; queremos ser aclamados y reconocidos sin importar mucho el porqué. Deseamos ir a hombros de lo fácil y lo cómodo, y proclamamos en las redes sociales lo que nos gustan unos zapatos o unas motos de alta cilindrada, y sin embargo, no lo hacemos por igual con otros aspectos de mayor calado.
En este pasaje, Jesús es alabado como rey con cantos y palmas. Hoy, aquí, debemos también de encontrarlo y alabarlo para que su mensaje se manifieste en la bondad y en la solidaridad hacia nuestro prójimo. Significa que ese camino hacia Jerusalén nos lleve a unas ciudades dimensionadas al servicio del hombre, que ese camino nos lleve al encuentro de Jesús mediante el reconocimiento de lo importante y de lo esencial en la vida. En definitiva, es el camino que nos transforma en portadores de la reconciliación y de la paz.
San Juan nos relata que los discípulos recordaron que el profeta Zacarías decía: “No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino”. De este anuncio podemos sacar tres aspectos nucleares, que son el mensaje de pobreza, de paz y de universalidad que Jesús nos hace a todos.
Montijo, 1981. Cofradía Jesús Salvador de los Hombres. Albricias y cantos, verde esperanza de los niños ante la imagen de la burrita. Palmas llenas de ilusión de quienes con mirada infantil ven al Hijo del Hombre durante el Domingo de Ramos.
Cristo Ecce Homo: Esta expresión latina significa “he aquí el hombre” y es recogida en el Evangelio de Juan para ponerlas en la boca del gobernador romano de Judea, es decir, de Poncio Pilato para presentar a Jesús ante la muchedumbre hostil que se agolpaba en aquel momento.
La iconografía evangélica del Ecce Homo es muy similar a otras tipologías análogas como: “el varón de dolores”, “el cristo doliente”, y así lo retrata por ejemplo El Bosco en 1475, Juan de Juanes en 1565, Caravaggio en 1604, etc.
La imagen del Ecce Homo bien podría presentarse hoy en día como aquellas donde la sociedad se burla de los que son distintos, de los que no siguen los dictados que marcan la mayoría, de quienes buscan su propio camino y destino, de los que son más débiles que la mayoría, de quienes saben anteponer la inteligencia a la fuerza o de los que ofrecen ayuda en lugar de dificultades.
Cristo amarrado: Se trata de una imagen de dolor y de castigo que nos transciende. Es la carne ensangrentada que nos representa el genial Salzillo en 1756 o incluso el cineasta Mel Gibson en 2004 con su película “La pasión de Cristo”, donde nos muestra el desgarro de un cuerpo lleno de sufrimiento.
Mi visión de hoy es la de aquellos que están atados a las drogas, de los que no saben eliminar los nudos del tabaco y del alcohol, de los que están amarrados por su carencias y sus limitaciones de cualquier tipo… en definitiva, de todos los que no sabemos liberarnos de nuestras debilidades y de los que no quieren romper las cadenas de la injusticia y la opresión en cualquiera de sus manifestaciones.
Cristo nazareno: Es una imagen de fácil metáfora y muy empleada en la literatura y en las reflexiones catecumenales. Jesús nos muestra aquí la fuerza del hombre que camina hacia su destino a pesar de la carga que lleva y del recorrido que reconoce como abrupto y sombrío.
Sin duda hay muchos pesos que todos llevamos en nuestro día a día, de muchos paquetes que no sabemos desprendernos de ellos, de unos caminos que debemos transitar y no sabemos cómo.
De entre las múltiples situaciones que podría poner como ejemplo, dejadme que me acuerde de aquellos que padecen enfermedades de difícil pronóstico, de los que tienen patologías ampliamente limitativas, de los pacientes a los que les acompañan día tras día el dolor y la incertidumbre. Tengo que decir que hay mucho que aprender de esas personas.
Creo sin embargo, que muchas veces el dolor mental, el sufrimiento y la preocupación son más duros que ciertos malestares físicos. Hay incluso quien tiene la capacidad para navegar en barcos llenos de alegría y esperanza, cuando el mar en el que navegan es tumultuoso e intempestivo. He aprendido a admirar este don en varias personas, pero especialmente por lo que me toca de cerca, en Juanibel, mi mujer; por eso desde aquí, mi reconocimiento y cariño para  ella.
Montijo, 1941. Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad: primera en sacar hermanos penitentes. Su color negro sobre negro nos recuerda la pena y la aflicción del camino que hemos de recorrer, que bajo la cruz que llevan a la espalda, éstos se configuran en porteadores del signo de salvación.
Cristo crucificado: Sobre el siglo VIII antes de nuestra era, el profeta Isaías dijo “fue traspasado por nuestras rebeldías, triturado por nuestras culpas, por sus llagas hemos sido sanados”.
La crucifixión era un instrumento de castigo romano concebido para ajusticiar mediante un gran sufrimiento a cuantos se opusieran a su imperio y hegemonía; de hecho Cicerón ya indicaba que era el más tétrico de los suplicios.
Esta visión de un Dios que muere en la cruz fue una imagen que supuso un choque conceptual importante cuando muchos evangelizadores llevaron su mensaje a culturas y civilizaciones de origen diverso.
La historia de la humanidad estaba acostumbrada a reconocer a dioses y diosas en ejemplares batallas y en ceremoniales victoriosos, pero no a contemplar a su Salvador, ajusticiado de manera tan dramática. Incluso en los momentos iniciales, esta expresión de dolor no fue fácilmente entendida por algunos de sus iniciales seguidores.
Aunque los primeros cristianos usaron también otros símbolos para identificarse (por ejemplo, el perfil de pez o ichthys), el crucifijo fue escogido por antonomasia como el signo de identidad de la fe que profesamos. Desde entonces, supone para nosotros un modo de reconocimiento pero también una concepción de vida, una manera de entender y de hacer.
En los últimos tiempos se ha intensificado la persecución de muchos de nuestros hermanos en Cristo, y los atropellos, las discriminaciones y ejecuciones se han reavivado en varias partes del mundo, como si estuviéramos regresando a tiempos pretéritos. Es un asunto sobre el que debemos reflexionar y reaccionar conjuntamente.
Montijo, 1966. Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores: Rojo pasión, sangre del Hijo de Dios que procesiona los Jueves Santos con ataduras de esparto y mirada al cielo. Amapola sollozante.
Montijo, 1987. Cofradía de la Vera Cruz. Cristo clavado con la mirada perdida buscando al Padre, sonido de campanilla que anuncia su llegada. Color morado de quien es golpeado, de quien ha aguantado los golpes de nuestros pecados.
Cristo yacente: Después del hisopo con hiel, después de la lanza en el costado, después de que echaran a suerte sus ropas y después de encomendar su espíritu al Padre, Jesús muere. Parece que podrían tener razón los sacerdotes del Sanedrín que decían que el reino anunciado por él no era más que una mentira.
No podemos quedarnos ahí, no podemos quedar a Cristo muerto y desahuciado, no podemos quedar su cuerpo sin ungir. Debemos lavar sus heridas y sus llagas.
Tenemos que lavar y curar también las heridas de los que son apartados de nuestra sociedad, de los que sufren el zarpazo del capitalismo más salvaje, de los que no pueden dar el pan a sus hijos, ni techo a su familia. Hay que dar luz y esperanzas a quienes no la tienen, por eso el escritor francés Anatole France tenía razón cuando decía: “Nunca se da tanto, como cuando se dan esperanzas”.
Montijo, 1968. Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo. Blanca la pureza del alma que ha sido entregada por todos nosotros y cuerpo ofrendado como Agnus Dei. Compañeros de estación de penitencia de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, cuyos 7 puñales de dolor nos recuerdan la aflicción de la Madre por el desgarro del hijo perdido.
Cristo resucitado: El mensaje de Jesús y su propia pasión no tendrían significado si todo se hubiera acabado en el Gólgota. Pero no fue así, su salvación nos dio la esperanza y el sentido real como cristianos. El evangelio de Juan nos dice: “Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado”.
También destacaría ahora dos pasajes más que nos ayuden a comprender el significado de este hecho, como clave de bóveda del cristianismo.
El primero los encontramos en los Hechos de los Apóstoles y dice:
“le clavasteis en una cruz por manos de impíos y matasteis a quien Dios resucitó,
  poniendo fin a la agonía de la muerte,
  puesto que no era posible que Él quedara bajo el dominio de ella”.

El otro pasaje es de la 2ª carta de San Pablo a los Corintios, y  dice:
“y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí,
  sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

A este respecto, me acuerdo de una frase que me comentó hace muchos años un compañero de trabajo y que puede venir bien en relación al significado de la resurrección y en la creencia de la existencia de una vida más allá: “Los que sois creyentes –me decía– tenéis una ventaja en la manera en que percibís las dificultades y en cómo afrontarlas. Vuestra manera de entender las cosas os ayuda a caminar; los demás, nos sentimos huérfanos en el día a día”.
Montijo, procesión popular. Asociación Parroquial de Jesús Resucitado y Nuestra Señora del Rosario. Domingo festivo de quien celebra la vuelta a la vida, de quien encuentra el sepulcro vacío para encontrar a su Salvador en el camino a Emaús. Muerte, ¿dónde está tu victoria, donde está tu aguijón?
INICIO AHORA UN TERCER BLOQUE en el pregón sobre cómo el hombre busca ser feliz o cómo puede hacer para ayudar a que los demás encuentren una porción de felicidad. Jesús se dio cuenta cuando vino al mundo de que los hombres solemos estar equivocados, que andamos buscando la felicidad donde no existe realmente; los cristianos y los cofrades hoy en día desde luego no somos ajenos a ello.
Una vez que hemos transformado las distintas representaciones iconográficas de Cristo a una posible expresión de diagnosis actual, es conveniente enlazarlas con una forma material de hacerlas presente. Y la respuesta la podemos encontrar de nuevo en las Sagradas Escrituras, en concreto en el Nuevo Testamento.
Así, un día Jesús subió a la montaña y habló a todas las personas que le seguían, explicándoles que la felicidad no está en el tener, el dominar... sino en algo muy diferente: en el amor; y propuso varias formas de hacerlo: LAS BIENAVENTURANZAS.
En este mundo de esfuerzo y llanto, de injusticias y penas, es cada vez más imperioso buscar una mirada introspectiva hacia lo que hoy en día significan las bienaventuranzas, pues decía antes que los cofrades no podemos centrarnos solo en contemplación vacía de imágenes sin que eso no nos reporte nada.
En el capítulo 5 de Mateo, versículos del 3 al 12, podemos leer estas expresiones llenas de profundidad:
    -Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.
    -Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
    -Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
    -Etc…
La configuración de este peculiar tipo de sentencias es un género literario bastante utilizado en la Biblia y que es conocido como “macarismo” y dentro del cual podríamos incluir también a los Salmos.
Hoy en día debemos encontrar el modo de hacer presente esos mensajes a nuestro alrededor. No deben de ser necesariamente hechos grandilocuentes; todo lo contrario, se trata de que cada uno de nosotros encuentre aquella acepción que le gratifique y sepa que la pueda hacer viable dentro de su entorno.
Esta forma distinta y personalizada de transmitir el significado de las bienaventuranzas ya la podemos encontrar en la propia Biblia. Las que transmite Mateo son las del Sermón de la montaña, y doblan en número a las que Lucas recoge entre los versículos 20 y 23 de su capítulo 6; además de ello, este mismo, en los tres siguientes versículos (del 24 al 26) incorpora unas maldiciones que hace que el mensaje que quiere hacer llegar cale con más impacto:
         -¡Ay de los que reis ahora!, porque tendréis aflicción y llanto
         -¡Ay de vosotros, los que estáis hartos!, porque tendréis hambre.
El papa Francisco, en su homilía del lunes 9 de junio de 2014 indicó que las Bienaventuranzas son el “programa” y también la “tarjeta de identidad del cristiano”. En este sentido, explicó de igual manera que “si alguno de vosotros hace la pregunta: ¿Qué hay que hacer para convertirse en un buen cristiano?, aquí encontramos la respuesta de Jesús”. Prosiguió diciendo que “el mundo no quiere llorar, prefiere ignorar las situaciones dolorosas, taparlas. Sólo la persona que ve las cosas como son, y llora en su corazón, es feliz y será consolada”.
Por esta razón creo que las cofradías y hermandades tienen que hacer un esfuerzo de compromiso pragmático hacia la sociedad que las envuelve, cada una buscando en su interior la forma de llevarlo a cabo, el procedimiento que le dé sentido a su propia idiosincrasia. Hubo un tiempo en el que ciertas cofradías de muchos puntos de España estuvieron poco cercanas al mensaje que les llegaba de sus conciudadanos; esto ya no es así y constato que nuestros cofrades en los últimos tiempos se esfuerzan en distintos ámbitos.
Cuando uno no sabe dónde mirar para buscar, la respuesta está en mirar hacia uno mismo. Quizás haya que buscar en nuestra dilatada historia, en el carácter y en el origen de muchas cofradías centenarias, cuando ellas fueron el instrumento de acogida de muchos enfermos y desahuciados, de vagabundos y errantes.
Pero ¿cómo podemos encontrar una vía para que las bienaventuranzas se hagan presente hoy? Hay muchas maneras, y todas ellas posibles. Me fijaré ahora en la tercera de ellas, en la que dice bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.      
Hace muchísimos años que veo con frecuencia a gente llorar, y las he visto llorar por un motivo por el cual yo lloré antes. Mi primer llanto de este tipo fue el 15 de junio de 1992, desde entonces he recorrido un camino, junto con otras muchas personas, que ha hecho que ese llanto se convierta en alegría.
No se trata de un llanto por falta de un puesto de trabajo, del cual hay mucho en España, por desgracia.
Se trata de un llanto por aquello que hace que pierdas todo cuando no la posees, se trata de un llanto por la falta de salud, una falta de salud en su máxima expresión: cuando eres un enfermo y hay muy pocas vías para que dejes de serlo.
Cuando la vida y la muerte juegan una partida de cartas, uno sabe de qué está hablando. Los que jueguen al mus, entenderán esto: ya no sirve apostar por ‘pares’ o por ‘grande’, es necesario aportar por el ‘órdago’.
Esa partida con la muerte ya la tuvo Jesús, a pesar de que él no estaba enfermo. Los enfermos éramos otros, los que necesitaban sanarse éramos nosotros. Cristo ganó la partida, pero todos nosotros tenemos que vencer en nuestras batallas particulares.
María, su madre, y María Magdalena también lloraron, probaron la sal de sus lágrimas, probaron el dolor por la pérdida del ser amado. Esas lágrimas debemos de intentar que sean cada vez menores, luchar en aspectos para que las personas que las tengan, puedan ver detrás de su llanto. Así, el filósofo y escritor indio Rabindranath Tagore, decía: “Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.
Pero ¿qué enfermedades, en el sentido estricto, tenemos hoy en día? Muchas sin duda, pero entre las más importantes y crecientes está el cáncer: una enfermedad dura, difícil de vencer, y además muy traicionera. Os preguntaréis cómo cada uno de vosotros puede ayudar a que las personas que lloran por ella puedan ver las estrellas una vez que sus lágrimas cesen. Sin duda hay varias formas, pero hoy aquí os propongo una: dando vuestra sangre, tal como Cristo Jesús la dio por nosotros.
Quiero que deis vuestra sangre en sentido literal, pero esa sangre no será derramada, sino recogida y canalizada a un banco de sangre que la ofrecerá para que otros vivan por ella. Esa sangre será para cualquiera, no los conoceréis pero vuestra sabia roja recorrerá sus cuerpos y la vida florecerá a través de ella.
Este mensaje lo entendieron en Montijo hace ya varias décadas, cuando en el seno de una de nuestras cofradías (la del Cristo de la Agonía) germinó la idea de que muchos de sus hermanos se hicieran donantes de sangre.
Pero os pediré más, que deis un paso más allá, que vuestro ofrecimiento por el prójimo, que vuestro sentido de las  bienaventuranzas sea como el mío desde hace muchos años: que seáis donantes de sangre medular; es decir, donantes de médula ósea. Los enfermos que la necesitan, y sus familiares, son de los que lloran mucho porque no saben si verán aquellas estrellas a las que se refería Rabindranath Tagore.
Os comenté antes, que yo lloré en junio de 1992. La razón fue que a mi novia, hoy mi mujer, le diagnosticaron una leucemia, una enfermedad que está muy presente, pues hace que en España haya miles y miles de personas que al año sean diagnosticadas de esta enfermedad onco-hematológica. Más allá de lo que puedan hacer los médicos y las nuevas medicinas hay una cosa que no puede comprarse, ni está en las farmacias, está en cada uno de los que me oís: es vuestra sangre medular. Para los que somos creyentes, es una acción por la que podemos encontrar a Cristo, además de encontrarnos a nosotros mismos, por la que además podemos dar vida sin poner en riesgo la nuestra propia.
En el Evangelio de Lucas, podemos encontrar la expresión “Id y contad lo que habéis visto y oído”. Esta frase, pero transformada en compromiso social y sanitario, es la que me ha movido desde 2001 para comprometerme en viajar, trabajar y comunicar una forma de solidaridad ética y cristiana: buscar donantes que salven a quienes no tienen otra esperanza, independientemente de la parte del mundo donde se encuentren. Es por ello, que la totalidad de mi tiempo libre, y del que no es tan libre, se la dedico a la Asociación para la Donación de Médula Ósea, y desde 2009 también, a la Federación Española de Entidades de Lucha contra la Leucemia y Enfermedades de la Sangre, entidades ambas de las que soy vicepresidente. Es la manera que he encontrado de devolver a la sociedad, lo que la sociedad me dio previamente.
Esta experiencia personal que he compartido con vosotros es lo que me hace entrar en el CUARTO Y ÚLTIMO BLOQUE de este pregón. Es la forma en la que os animo a buscar vuestro camino de compromiso personal hacia la sociedad.
Para llegar a ese compromiso entiendo que nuestra evolución personal y de crecimiento interior debe estar marcada por nuestro conocimiento y acercamiento al mensaje de Jesucristo, al convencimiento que nos haga sentir partícipes de su mensaje, pero también de las vivencias que día a día nos acercan o nos separan de este camino.
Ese recorrido vivencial es el que nos marcará en la fe y en otros muchos parámetros de la vida, en cómo la entendemos, en cómo la queremos vivir y hacia dónde queremos ir con ella. Soy de los que piensa que los grandes convencidos en un proyecto y que aquellos que sellan a fuego su fidelidad por un ideal, han tenido que tener previamente un recorrido abrupto y no falto de sorpresas. Quizás venga bien recordar lo que dijo una vez Albert Einstein: “Como no sabía que era imposible, lo hice”.
En este sentido, las evoluciones de vida lineales, o incluso asintóticas –como dirían los matemáticos– no marcan el carácter tan intensamente como cuando aparece una ruptura o irrumpe un hecho donde exista un cambio de inflexión en el desarrollo de la vida.
Este sería el caso de Saulo de Tarso quien después de perseguir a los primeros seguidores de nuestra fe tuvo una experiencia que transformó por completo su existencia. De camino a la ciudad de Damasco, “es alcanzado por Cristo Jesús” según sus palabras en la carta a los Filipenses. Desde entonces, Pablo se convierte en uno de los más importantes apóstoles de Cristo y con una producción epistolar de primer orden. Conviene aquí recordar la importancia y el cambio de significado que San Pablo esculpió al concepto “apóstol”, esta expresión ya no significaría a partir de él ser uno de los 12, sino convertirse en seguidores del mandato del Hijo de Dios.
Otro caso lo tendríamos en Íñigo López de Loyola, por todos conocidos como San Ignacio de Loyola. Su punto de inflexión fue el ser herido de gravedad en una batalla, pues él fue soldado de joven. Este hecho sería determinante para que después procediera a la lectura de libros religiosos durante su convalecencia y profundizar en la fe católica.
Un tercer ejemplo lo tenemos en la “santa andariega”, pues además en este año se celebra el 5º Centenario de su nacimiento. Teresa de Ávila vino al mundo el 28 de marzo de 1515, es decir, dentro de una semana se cumplirán 500 años exactamente.
De joven, estuvo mucho tiempo enferma, fue desahuciada por los médicos, e incluso estuvo 4 días en coma (agosto de 1539); después de ello tuvieron que pasar otros 3 años para recuperarse totalmente de las secuelas que le habían quedado. A partir de los 39 años empieza su gran transformación espiritual y de vida.
La serie “Teresa de Jesús”, que en 1984 dirigió Josefina Molina e interpretó magistralmente Concha Velasco, fue una buena manera de dar a conocer su vida, si no queremos hacerlo a través de sus libros, como puedan ser Las Moradas o Camino de perfección. Creo que Teresa de Cepeda y Ahumada fue una revolucionaria, una adelantada a su tiempo, una luchadora que nos puede servir de ejemplo como afán de superación y empeño continúo hacia lo que deseamos y queremos.
Quiero incluir ahora algunos versos que la santa abulense escribió, y que pertenecen al poema “Nada te turbe”.
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva tu pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
nada te espante.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
todo lo alcanza.

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta.

Para concluir, quiero hacer ahora otra reflexión íntima. Más allá de estos grandes ejemplos que os he puesto anteriormente, indicaros que para encontrar personas especiales no siempre hace falta buscar entre personalidades tan ilustres. Hay veces que podemos conocer y disfrutar de la existencia de algunas personas cuya inocencia y alegría son el reflejo del espíritu de Dios en la Tierra. Estas personas nos marcan y nos recuerdan que la risa y el cariño sincero es posible encontrarlo como forma de expresión de su existencia; este es el caso de mi hermano Pedrito, quien está en la presencia del Padre desde hace algo más de 2 años. Con su recuerdo y con la mirada puesta en él quiero finalizar hoy mis palabras.

Así lo pregono y lo digo en la villa de Montijo, aleluya, aleluya.
He dicho.
Muchas gracias.


Pregón de Semana Santa

Pregonero: Manuel García Cienfuegos
5/IV/2014. Teatro Municipal


Suba mi oración como incienso en tu presencia, 
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

(Salmo 140,2)

LA SEMANA SANTA DE LOS MÍOS

Todo pasa muy deprisa. La Cuaresma llega a su final. La fugacidad del tiempo traspasa los cuarenta días que median desde el miércoles de Ceniza al domingo de Ramos. Parece que antes, hace ya años, todo era más amplio, más lento. Pero el tiempo se va como las nubes, como las naves, como las sombras.
Allí, en la oquedad de la puerta norte de la iglesia, hoy tapada, estaban Él y ella. ¿Te acuerdas? Una sonrisa nerviosa y alegre para decir, “Más, más, más… la burrita, el Señor”. Y te descorría aquella cortina encarnada. ¡No está! ¡La burrita no está! Y preguntabas ¿Se ha dormido? Y al llegar el Domingo de Ramos y verla en lo alto del paso casi te escapabas de mis brazos, dando saltos, para llegar hasta ella ¡La burrita y el Señor!, pidiéndole con tu manita ¡Ven, ven, ven…!
Después llegaste tú, inquieto, nervioso y travieso. ¿Recuerdas aquella voz tuya imitando al capataz? Sí, allí, sentado en el suelo, frente a la puerta baja del armario de la salita, mandando con autoridad, habilidad, destreza y suma paciencia el paso.
Las manos, tus manos de niño, dieron forma a una caja de zapatos convirtiéndola en un portentoso y elegante paso de misterio, al que dabas vida con imaginación por medio de las figuras de los clicks de Playmobil, papel de plata y las velitas de la tarta de tu cumpleaños. Fuiste tú entonces, siendo un niño, el que curtiste mis emociones y ahora exaltas mi nostalgia al evocar aquel juego hermoso.
Así, traspasando la memoria, vuela un tramo de los recuerdos de la infancia que fija el ceremonial de entrar y salir las imágenes por las dos puertas que por entonces tenía el convento de Santa Clara. 
Allí, debajo del coro, en la agonía de la luz, ante la ternura de su mirada, ante la condición divina y humana del Nazareno, saltaban los versos por la proximidad de la escuela Sagrado Corazón de Jesús del maestro Julián Guzmán, “El Nazareno de la túnica morada, con la frente ensangrentada… de Judas y unos tíos que mataron al Dios bueno… la cara de aquel sayón inhumano con el látigo en la mano… y el niño que le zumbó a aquel infame una pedrada ¡Porque sí; porque le pegan sin ningún motivo! Ahora, como el poeta me interrogo, viendo a Jesús Nazareno padecer ¿Somos los hombres de hoy aquellos niños de ayer? (La Pedrada, Gabriel y Galán).
Esta es la Semana Santa que desde mis honduras y entrañas he compartido en la intimidad con quienes más quiero, mi mujer y mis hijos; y esta noche, si me lo permitís, es la que deseo compartir con vosotros, porque mi vida nazarena, machadianamente hablando, son, en sus comienzos, recuerdos de juventud bajo una túnica negra y un capirote de color blanco en la Hermandad del Santo Entierro.

LA LUZ QUE CONOZCO Y COMPRENDO

Estimados y apreciables párrocos, señor alcalde, Junta de Hermandades y Cofradías de Penitencia, señor concejal de Cultura, miembros de la Corporación Municipal, autoridades, Hermanos Mayores, cofrades, hermanos, amigas y amigos todos en el Señor.
Aquí estoy, en medio de los ruidos de la vida, asomado a este pretil de madera, obrador de la palabra. Vengo a hablar del que faena en mi conciencia, el que me acompaña en los silencios y amaneceres. El que me enseña a amar la comunión del almanaque de los días y el sabor saludable de lo sencillo y cotidiano. El que me dice cómo tengo que partir el pan en abrazos esenciales y fraternos. El que no muere en la tarde tormentosa de un Viernes Santo. Aquí estoy para confesar el amor que por Él, siento y profeso. No vengo a defraudarle. No, jamás, nunca lo haría. Vengo a conversar con Él.
Mira y escucha cómo te saludan las campanas de la liturgia de la luz ancha y honda de abril. Fíjate cómo germina en su alborozo, asomándose por las esquinas, dándole color limpio de azul al viento. Bendita sea la luz. Tú  luz. Una luz que conozco y comprendo. La luz del Creador del tiempo.
Una cruz de mayo luce adornada en los portales. Hay fiesta y alborozo en la parroquia, porque es su patrón, San Gregorio. San Isidro labrador bendice los campos. Se oyen cantos a porfía, porque ella, junto al Guadiana, en su mes, madre nuestra es. La tarde es serena, solemne, abriéndose ante un Dios que anda entre nosotros. Es Corpus Christi. Oh, Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Alabado sea el Inmaculado Corazón de María. Traspasa el aire el repique de campanas por el patrón, San Pedro. Hay un silencio encalado de verano que acuna el balanceo nocturno que deja el sabor que desprende el jazminero. Escapularios por la Virgen del Carmen. Novena por Santa Clara. A finales de agosto la mañana nos regala su llegada bajo olores de albahaca.
Las tardes de los primeros días de septiembre son de abanico, rezo y novena, porque ella es y será siempre la esperanza que no envejece y la luz que nos acaricia. Se apuntalan los palos de la Feria y aparece un fogonazo para anunciarnos que el gozo ha llegado. La Vera Cruz anticipa oraciones penitenciales de Semana Santa: “Adoramos tu cruz, Señor”. El rosario de la aurora de los Dolores de la Virgen, un día después, canta, “Ay, dolor, dolor por mi Hijo y Señor”. Hay un aire que trae latidos de vendimia bajo olores de pámpanos y racimos.
Octubre principia con el quinario a Nuestro Padre San Francisco. El Niño se duerme sobre el hombro de la Virgen del Rosario. Despunta la luz tamizada, llega el bochorno del membrillo y los chaparrones proclaman la otoñada. Las ausencias blanquean nichos y colocan crisantemos. El Cristo Yacente se ofrece en devoto besapié. Es noviembre, mes de los difuntos, de recuerdos y más recuerdos. Las hojas caen y duermen en el suelo. Llega un tiempo de espera. Es Adviento.
La flor de Pascua abre la hermosura de sus hojas invitándonos a recitar una plegaria antigua y hermosa, “Sea a mayor gloria de Dios y de la bienaventurada Virgen María, concebida sin pecado original”. La aceituna se desangra en un parto generoso que trae la gloria líquida del aceite. Cáritas abre su despensa a los prójimos necesitados. Los paños colgados en los balcones anuncian que la Palabra se hace carne. En casa, en el salón, hemos puesto el Nacimiento. Es Navidad.
Bendita sea la mañana del día de Epifanía y el gozo que nos trae el rito de la edad de la infancia. La Candelaria y San Blas traen nubes que pasan por las veletas de los campanarios. Las yemas de las higueras anuncian que marzo ha llegado. El invierno abandona el lento silencio de los cobertizos. Es miércoles de ceniza, es Cuaresma. Por San José, los cubiletes reales, nacidos de unas expertas manos dulceras, traspasan el torno del zaguán del convento de las hijas de madre Santa Clara.
El Cristo de la Agonía ha dejado su capilla elevándose desde la cruz para que entendamos, desde la serenidad de su dolor, que sin amor no somos nada. La Banda de Música ensaya marchas procesionales. La flor late allí donde las abejas hablan de miel y besos. Hay sueños inquietos en los hombros de los costaleros. El tiempo se ha cumplido. Ha llegado la luz. Siempre la luz. Tú luz. Es Semana Santa.

VENIA, ALABANZA Y SÚPLICA

La Semana Santa que os anuncio es gozo, dolor y tragedia. Es traición, agonía y soledad entre olivos. Absoluta entrega. Prendimiento bajo luz de antorchas. Mofa, burla, humillación, negación, abandono, cobardía y miedo. Tribunales, interrogatorios, desprecios, prolongados silencios, mantos púrpuras, juicio, flagelación, sentencia, sienes oprimidas por coronas de espinas, caídas, clavos, desnudez, cruz, expiración y muerte.
La Semana Santa que os anuncio es pasión desbordada en el cáliz de una noche de abril. Es evangelio abierto de escritura continua que proclama el proyecto de salvación de Dios con el hombre. Mensaje que nos alumbra. La que no solo es para los elegidos, sino para todos los que se acerquen con el corazón dispuesto. Es vida y liturgia. Es devoción y memoria. Es lo más querido y lo más sagrado. La que no solo se recluye en la Iglesia, sino que se derrama por ella hacia las calles como el agua que mana desde el zaguán del templo (Ez. 47, 1-2).
La Semana Santa que os anuncio son espaldas vencidas y torturadas. Rodillas y manos heridas por las caídas. Manos atravesadas por clavos que se tienden llamando. Espadas en el corazón de una Madre. Cruces arbóreas. La de la muerte breve y la vida eterna. La Semana Santa que os anuncio es la entrega de un Dios que se desangra en ternura, que se derrite en Amor.
No puedo anunciaros, ni quiero, la de quienes pierden el respeto a lo más querido y a lo más sagrado. La de quienes interrogan, juzgan y cierran a los hombres el Reino de Dios. La que solo es fiesta. La de quienes toman el nombre de Dios y a las imágenes que lo representan en vano; y por ello muestran en la calle el vacío que les habita durante todo el año.
Y en esta hora pido la venia a la única mujer liberada y libre de la historia, la mujer discreta, la que mejor ha sabido pregonar y llevar el anuncio de la historia de la Salvación. Porque en la plenitud de los tiempos, Dios Padre preparó una madre para su Hijo, que se encarnó para nuestra salvación por obra del Espíritu Santo.
Dios te Salve María de los Dolores, llena eres. El Señor es contigo, Soledad. Bendita eres tú, Piedad, entre todas las mujeres y bendito María del Rosario el fruto de tu vientre. Santa María de Barbaño, ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Santa María bajo la advocación de Barbaño, ángel tutelar del pueblo de Montijo. Vida y dulzura, esperanza nuestra. La que preside la intimidad de los hogares, lleva consuelo y esperanza a las habitaciones de los hospitales de sus hijos y devotos. La que nos guía a través de las oscuridades de la vida. La que cura heridas, enjuga lágrimas, colma vacíos y convierte en presencia las ausencias.
Te ruego, Señora, me asistas para que este acto sirva para enaltecer a tu Hijo Jesucristo, para gloria del Padre, en comunión con el Espíritu y en la edificación de su Iglesia.
Tú, que eres la paz y la vida. Tú, siempre estrella y siempre aurora. Tú, que llenas los ojos de luz. Dios te salve, Santa María de Barbaño, bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, que Montijo se recrea en tu belleza, pura y limpia, madre, patrona y reina.

LA MAÑANA DEL GOZO

Palmas y olivos en la mañana del Domingo de Ramos, que traen para muchos un revoltijo de recuerdos, por el que circulan los estrenos de este día en los pasillos de la memoria, en el que Dios regresa para ser un temblor de ramas y hosannas de alegrías, por las impaciencias que van y vienen del sueño a la espera.
La luz que ya ha escrito lecciones de primavera hace que la palabra sepa a incienso, la glicinia sea una novia vestida de malva, se oigan tambores y trompetas y acudan capirotes verdes y túnicas blancas en una mañana pletórica, en la que volvemos a ser niños asombrados ante la majestad de un Dios que ha bajado para vernos otra vez, exactamente igual que en aquellos otros años de aromas de vida recién estrenada.
¡Has vuelto, Señor! Tal vez tus manos estén cansadas de blanquear andamios de estrellas. Cuando nosotros caminamos en medio de fracasos. “Porque no hay mayor sufrimiento e injusticia que la miseria económica y moral, y cuando hay miseria económica la moral se hunde hasta lo más profundo” (Vicente Ferrer). ¿Hacia dónde vamos, Señor? Los que aquí estamos, hijos de oraciones y plegarias, deseamos sanar nuestras cicatrices. Aun así, merecemos jornales de esperanzas y que nuestras manos alcen de nuevo ramos y palmas.
Tal vez en medio de tanto ruido, de tantas voces, de tantos escándalos y lamentos, necesitemos escuchar el silencio. Los silencios que producen las madrugadas. Porque el silencio también habla. Escuchar para luego actuar. Actuar según están los tiempos. Y los tiempos están para pedir. Para echar euros a la bandeja de la necesidad, para socorrer a las familias que llaman desesperadamente a las puertas de Cáritas. Los tiempos están para construir nuevos caminos que abran de par en par los compromisos y las ayudas, los corazones y la esperanza.
Porque volveremos este año, en la mañana del gozo, a ver al que cuando éramos niños nos resultaba tan amigo y cercano, cuando apenas sabíamos de evangelios, pero sí de Jesús de Nazaret, que se iba con los pobres y se enfrentaba a los poderosos, mostrándonos  cuál es el camino una mañana de palmas y ramos.

CAMINARÉ ENTRE VOSOTROS

La calle vive el aliento de la primavera. Es Miércoles Santo. Dentro, proyectada por unos cirios, habita una luz suave y cálida. Fuera todo se inunda por la prisa y el ruido. Dentro se percibe la mirada de siglos y de quietud. En la calle se le esconde o se le injuria. Dentro silencio, paz y emoción. Fuera muchos se arrugan refugiados en lo políticamente correcto ocultando su rostro. Dentro se manifiesta en pie, mirando a quien lo mira. ¡Jesús Nazareno! Su mansedumbre y su dulzura lo dice casi todo: “Quédate aquí y reza conmigo”.
Aquí me tienes, Nazareno. Tú, que tantas horas me dedicas adentrándote en mis días y noches. Tú, Señor que sabes lo que me separa de la oscuridad a la luz. Tú, Señor, que sabes de las mataduras de mi alma, de mis altibajos y preocupaciones, de mis abandonos. De mis idas y venidas. Tú, que cruzas mi vida pedregosa.
Aquí estoy para que enciendas la llama de tu fuego que tanto me atrae. Aquí me tienes, Nazareno, para ser tu Cirineo, ayudándote a plantar tu Árbol de la Vida. Aquí me tienes portando tu luz con la que trato de alumbrar mi camino. ¡Qué te voy yo a decir que tú no sepas, Nazareno!
Olor y luz de iglesia antigua, siempre igual, callada, exacta, como el tiempo le ha ido enseñando. Nada surge porque sí, todo está en función del ser, del carisma labrado. Iglesia fabricada por los siglos. Junto a ella unas habitaciones dispuestas a modo de pequeño, austero y sencillo establecimiento hospitalario. Casa de pobres y escala del cielo. En el zaguán, bajo un azulejo del Nazareno, la inscripción, “Mi providencia y tu fe, tendrán esta casa en pie”.
Enfermos, transeúntes, indigentes, menesterosos, necesitados y pobres de solemnidad, abandonados por el estorbo y la indiferencia de los hombres, acudían a él, cuando fenecía la centuria del diecisiete, buscando socorro a sus necesidades, que les procuraban y prestaban los hijos de la Congregación Hospitalaria de Jesús Nazareno, fundada por el emeritense padre Cristóbal de Santa Catalina. Uno de esos hombres que no han buscado el aplauso, sino identificarse con Cristo por la oración y la penitencia, y de esa manera desbordarse en caridad, hacia las necesidades de su tiempo.
Sus caridades, los seguidores del carisma del beato emeritense, movidos por los afanes de su hermano fray Juan de San Buenaventura, regentaron aquel centro, bajo el culto, la caridad y la beneficencia. Acciones inseparables que dieron una respuesta social en la memoria evangélica de los sufrimientos de la pasión de Cristo, entendiendo que ahí es donde está el culto verdadero.
Año tras año, generación tras generación, siglo tras siglo, la figura portentosa del Nazareno se acerca fiel a la cita con los mayores, con los de ahora y con los del futuro, queriendo cimentar así la razón de ser de sus expresiones. Porque los unos y los otros, los antiguos y los que se incorporan, creen en Dios, a quien en su honor, rinden y tributan culto.
Llegada la hora, rito de la vieja usanza, los hermanos cofrades del Nazareno, dan público testimonio de su fe al traspasar el umbral del templo, saliendo fuera, a la calle, dentro de una de las más hermosas celebraciones que se conocen: la Semana Santa; que es mucho más que aquello a lo que tantas veces se la quiere reducir.
Porque las calles y los días han puesto carne de amistad y sangre de pertenencia a esta fiesta sagrada, trenzando a Dios con nosotros en un cordón que nada podrá romper. Mientras, el Nazareno avanza imperturbable en su andar costalero, clavándonos aún más su mirada, haciendo verdad la profecía, “caminaré entre vosotros, yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (Lev. 26,2).
¿Quién como tú, Nazareno? ¿Qué gesto como el tuyo, es capaz de aunar tanta bondad, tanto poder, tan alta majestad? ¿Qué abrazo como el tuyo, que abarca todo el dolor del mundo? ¿Qué mirada como la tuya?
Jesús Nazareno, por tu rostro, tu mirada, tus manos, tus benditas manos, y tu paso; tu forma de andar, de caminar, eres Dios total que sale a nuestro encuentro. Al encuentro de cada uno de nosotros. Al encuentro de quienes reciben malos tratos, los heridos por tantas cosas, los que mueren ahogados de cansancio. Al encuentro de las familias desestructuradas, los refugiados, los sin techo.
Porque sabemos que aunque nos abandone el trabajo, la suerte o hasta la salud, sabemos que Jesús Nazareno no nos olvidará jamás. Porque quien se acerca a Él termina por acercarse al hombre aplastado, destruido, golpeado. Porque es uno de nosotros, porque nuestra carne es como la suya. Porque sus sufrimientos son los nuestros, los que padecemos y los que causamos. Porque en su rostro escarnecido hallamos consuelo, fe y esperanza. Porque cada joven que siente el dolor de su corazón vacío, cada anciano que calla y muere en su soledad, cada adolescente que camina perdido en su confusión, cada niño no nacido que grita sin que nadie le oiga en su muerte tienen el rostro de Jesús de Nazaret.
Cofrades del Nazareno, la locura de la cruz pesa con crueldad sobre sus hombros. Parece que la cruz va a derribarlo en una definitiva caída de la que no se podrá levantar. Es un hombre abatido, agotado y derrumbado que, aún herido de muerte, sigue caminando al límite del desfallecimiento hasta el Calvario. Es, hermanos cofrades, pura catequesis del misterio de la encarnación de un Dios en el cuerpo de dolor de un hombre. Es cordero amarrado sobre su paso, bajo la luz de cuatro faroles, que parece que está a punto de escaparse de él para abrazarnos a todos y vendar nuestros corazones heridos (Is. 61.1).
Ahora  vuelvo al refugio, al sosiego, a la paz, bajo la sombra del árbol de la Pasión. Allí, otra vez, ante el Nazareno, el Dios hecho hombre, vivo, muerto y resucitado, evoco las palabras de San Agustín “Y partiose de nuestros ojos para que regresemos al corazón y allí lo encontremos” (Confesiones).
Allí, en su casa, en la casa de Dios, en la que Él nos aguarda. Allí donde la lámpara del sagrario siempre está encendida, tras cuyas puertas se siente el eco de su latido. Allí, entre el olor y la luz de iglesia antigua, le pido que en su forma de andar, en su caminar, en el amor y perdón de su rostro, y en la fuerza de sus manos, esté siempre a nuestro lado, de nuestra parte. Porque tengo absoluta confianza en su palabra, de quien me fio por entero. Porque siento su amor. Porque te has hecho carne para estar entre nosotros, Nazareno.

AMOR Y MÁS AMOR

Las campanas saludaban en aquellas primeras horas llamando a los oficios. Ante la tarde del Jueves Santo, el paso del tiempo nos sumía en la inmensidad de un templo que casi todo lo abarcaba. Los paños limpios, blancos, almidonados, bien planchados. El rojo de los pétalos, el olor de la cera y el incienso. Todo al mismo tiempo fundiéndose bajo la música íntima que sacaba doña Rafaela Guisado del viejo armónium, acompañando aquel rito antiguo, clásico y solemne de la liturgia que nos empapaba en el misterio. La víctima consagrada, el cordero llevado con mansedumbre, se adentraba bajo el reflejo de lo más profundo en el sagrario.
Silencio, paz y emoción, que en la fugacidad de los días se veían perturbados por el golpe seco de la matraca, despertándonos así de las tristezas. Avanza el Jueves Santo. Las toallas dobladas, el jarro dispuesto. Valiente el gesto ¿Lavarme a mí los pies? ¿Quién como Tú, para librar al débil del más fuerte, al pobre de quien lo expolia? ¿Quién igual a Ti? ¿Quién podrá ser comparado contigo?
Casi diríamos que se da por supuesto, como lo hace Juan en su Evangelio, que el sagrado banquete no precisa, por familiar e íntimo, de exterior narrativa en la hora más densa del amor entregado. El amor se hace pan en pedazos compartidos, se hace comida para sus amigos. El amor de Jesús se derrite en ternura y cercanía, envolviendo la cena, la última, porque es eterna  e infinita, en abrazo de despedida y testamento.
Pan amasado en los dolores de la Pasión, cocido en el horno de la cruz, partido y compartido en la generosidad de la mesa del mundo. Pan sagrado. Blanco cuerpo que nos dice el poeta, “Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;  amor que es hambre, amor de las entrañas, hambre de la Palabra creadora que se hizo carne… Sólo comerte nos apaga el ansia, pan de inmortalidad, carne divina” (Eucaristía. Miguel de Unamuno). Y sangre de la uva madura cosechada donde habitaban los sentimientos ante la llamada urgente del hermano cofrade, que así fue como nació el lagar de la Hermandad de Donantes de Sangre, porque la vida en sus honduras se nos da y la merecemos dándola.
¡Cuánto bien solidario ha salido y sigue saliendo de la Iglesia de Montijo! Da gloria ver cómo hay tantísima gente volcada con los demás. Voluntarios diarios junto a enfermos, hambrientos y solitarios. Porque cuando compartimos ampliamos aún más la capacidad de ser felices.
El enviado del tiempo de la luz y del júbilo nos transmite la amargura y la tortura de la verdad revelada. Ahora que la espiga comienza a cernirse para dentro de poco mecerse en el aire que estrenará colchas colgadas en los balcones, moviendo las hojas de la mejor palabra proclamada, bajo paladar a hostia y sabor a vino en una tarde íntima de Corpus, de flor, cera, juncia y romero. ¡Qué bella elección: espiga y racimo, cuerpo y sangre!
Cristo agoniza en la cruz. Los pies clavados, el rostro ensangrentado, la mirada compasiva y penetrante. Mirada de pura agonía sin apenas aliento. El pecado de todos frente a la inocencia y misericordia divina. Gesto imponente. Como un salmo cansado de su larga hermosura. Así muere. ¡Qué grande es Dios cuando agoniza en una cruz sobre la paz de un monte de claveles rojos la noche del Jueves Santo!
Dios que nació niño sobre otro monte, aquel intacto de corcho, serrín, pastores, puentes, ríos de papel de plata y un pesebre encendido del belén de la infancia que nos trae el primer villancico de los fríos de diciembre, ¡Vete, Ángel, dile a Dios que venga a la Nochebuena, que sí merece la pena…que se lo pide el Amor…!, atravesado por los tiempos del Verbo que son el principio y fin de la manifestación de un Niño que nace para que nos fijemos, una vez más, en el más difícil de sus preceptos: “Ámale y al otro como si fuera Él. Sí, cofrades y hermanos “Amor y más Amor”.
Santísimo Cristo de la Agonía en la cruz. Marginados y discriminados clavados en la cruz. Tantos jóvenes cosidos a la trágica cruz de la dependencia de asesinas sustancias que, bajo la promesa de un mundo feliz, les ofrece la engañosa y negra luz de la droga. Crucificados por falta de libertad. Crucificados por la angustia de un mal. Una tragedia interior. La justicia humana a veces dominada por otros intereses que no son la justicia. Los valores,  principios morales y éticos degradados por el ansía del poder, el dinero, la fama, la soberbia, la hipocresía, la envidia, la malicia… Tanta gente marginada y arrastrada por el canal de las miserias del paro y el desalojo. Inmigrantes clavados en la cruz de las vallas, alambradas y pateras. Tantos crucificados y de tantas maneras distintas.
En la primera homilía que, en la Capilla Sixtina, el Papa Francisco dirigió a los cardenales, al día siguiente de su elección, glosó tres verbos: caminar, edificar y confesar. Para mí, aquella homilía desgranó unos párrafos tan profundos, que deben ser insertados en éste nuestro Pregón de Semana Santa: “Cuando caminamos sin la cruz, dijo el Santo Padre, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, pero no discípulos del Señor… Quisiera que todos, después de estos días de gracia, tengamos el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia irá adelante”.
Permitidme que ahora tome prestadas las palabras escritas de un prelado para este pasaje del Pregón, “De poco servirían, queridos cofrades, vuestros cultos esplendorosos y la belleza de vuestras procesiones, si en vuestra vida asociativa la primera preocupación no es vuestra santificación, el amor a Jesucristo y a su Iglesia, la comunión fraterna, la unidad en el seno de la hermandad y la comunión con los pobres. Estaríamos ante un enorme tinglado de cartón piedra, detrás del cual sólo existe el vacío” (Monseñor Asenjo, arzobispo de Sevilla).
Que nunca, cofrades y hermanos, nos puedan aplicar este lamento del Señor, “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mc. 7,6).

MISERICORDIA, DIOS MÍO

Roma tuvo siempre verdadero espanto a la crucifixión, la muerte que reservó para Jesús de Nazaret. Cicerón, en su discurso contra Verres, llama a la cruz “el más cruel y tétrico de los suplicios". A su juicio, “que un ciudadano romano sea atado, es un abuso; que sea golpeado, es un delito; que sea matado, es casi un parricidio; ¿qué diré, pues, si es suspendido en una cruz? ¡A cosa tan nefasta no se puede dar en modo alguno un apelativo suficientemente adecuado!”.
En su obra “El enigma de Poncio Pilatos”, Tomás Martín Tamayo, escritor y amigo, describe, “Entre empujones, caídas y levantamientos, desde la Torre Julia llegó vivo a la cima del monte Gólgota y allí fue clavado a los maderos, sin apenas quejarse. El nazareno murió en la cruz, pero la muerte ya la llevaba encima antes de ser crucificado, lo que de alguna forma alivió la lenta agonía que deparaba la crucifixión”.
Vuelvo al origen. Como entrevé el verso quevediano, lo que fue pañal en Belén se convierte en frío sudario que espera el cuerpo rendido del crucificado, que grita desesperadamente en la hora de la penumbra y el desconsuelo ¿Por qué me has abandonado? (Mt. 27,46).
Llega una emoción antigua cargada de sobriedad y penitencia, casi diríamos, con atrevimiento, lujo ascético, que nos adentra en la madrugada, en la que aquellos hermanos, a raíz de la Contrarreforma, se congregaban en busca de la penitencia y disciplina,  bajo el carisma de los conventos cercanos de los hijos de San Francisco de Asís, que proclamaban en sus sermones penitenciales, antes de que el Santo Crucifijo saliese del templo, esta exigencia: “Hermanos, nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de Nuestro Señor; en él está nuestra salvación, vida y resurrección, Él nos ha salvado y libertado” (Ga. 6,14).
Cimbrea la memoria bajo un escalofrío de siglos revividos. Suena una campanilla. Nace la madrugada. El silencio se muestra sin pudor. Golpea la matraca. Ya es Viernes Santo. Es tiempo sagrado. Habita la contemplación. El ajuar está concebido por la austeridad, como si todo fuese roca desnuda e intacta de Monte Calvario. “Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, y veréis como yo soy Dios” (San Juan de la Cruz).
Los costaleros levantan la imagen. Hombros bien dispuestos, valiente el gesto que recuerdan otros tiempos, en el que cargaban con el fenecido cuerpo del cofrade-hermano, en caritativa labor hasta conducirlo a la sepultura, no olvidando con ello la piadosa intención originaria de enterrar honradamente a los hermanos, disponiendo así los capítulos que miran a la vida, el sacramento de ese nacer-vivir-morir-resucitar que somos.
Impresiona su imagen que nos evoca el lugar que un día presidiera; donde están los nuestros, lo más queridos, los más recordados. Con su mirada traspuesta que eleva hacia arriba quiere recordarnos la esperanza resucitadora. Porque en esta imagen se funden su carne redimida por el sufrimiento y su gloriosa resurrección. “En dos días nos sanará; al tercero resucitará; y viviremos delante de él” (Os. 6,2).
Oh, Cristo de la Misericordia. Eres refugio en el perseguido, pan en el hambriento, agua en el sediento, en el desnudo vestido, alegría en el anciano, bálsamo en la herida, brazo donde se apoya el caído, vida en la enfermedad.
Oh, Cristo de la Misericordia. No podemos permanecer impasibles en esta sociedad nuestra llamada del “bienestar”, ignorando a la del “malestar”, donde millones de seres humanos, en este mundo tan global, sólo conocen una vida insegura y amenazada, mientras la abundancia acampa en los paraísos fiscales, en los mercados financieros, en el reino de los especuladores y usureros, donde impera el ansia de acumular beneficios, poder y dinero. Mientras, en las plazuelas del hambre, hay mucha gente rebuscando sobre las sobras de la gente.
Oh, Cristo de la Misericordia. Qué bien suena, más allá de los tambores y cornetas, el exigente ejercicio de “darse sin recibir nada a cambio”. La Caridad, reverso del dolor, linimento que cura nuestros males.
Oh, Cristo de la Misericordia. Que estemos siempre dispuestos a pedir con esta mano para ir dando luego todo con esta otra. Oh, Cristo de la Misericordia. Que todos hablemos de ti sin complejos ni temores, porque tú eres el fundamento de nuestra esperanza. Y en esa esperanza hemos sido salvados (Rom. 8,24).
Avanza la madrugada. El dolor de la memoria habita en las esquinas. Es la hora en la que desesperan las vigilias. La Vera Cruz entra en el convento de las clarisas. Atmósfera serena sólo perturbada por el leve sonido en el desahogo al pasar las páginas de la Liturgia de las Horas. Brota el salmo penitencial más intenso y repetido, como un canto estremecedor, “Miserere mei, Deus”. El canto del pecado y del perdón, la meditación más profunda sobre la culpa y su gracia. “Misericordia, Dios mío” (Sal. 50). Un suspiro lleno de arrepentimiento y de esperanza dirigido a la bondad de Dios. Porque Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia.
Y así quedas en la madera, Cristo de la Misericordia. Aunque yo no acierte a comprender de qué manera quedaste por los clavos sostenido en medio de aquel oleaje enfurecido del Calvario. Aunque yo no acierte a entender que te hicieras amor elevado a la infinita potencia. Aunque yo no acierte a saber, postrado a tus pies, por qué nuestra locura te abandona cuando cruzas de madrugada, latiendo en ternura, pidiéndonos tan sólo que desenclavemos tus benditas manos entre el hierro y la madera.
“Oh Dios, oh Cristo de la Misericordia, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve” (Sal. 79, 20).

DE LA MISMA NATURALEZA QUE EL PADRE

Dicen que Juan de Juni delante de Él no fue capaz de mirarle a los ojos. Que en el silencio del taller el Crucificado le hablaba a lo más profundo de su corazón. El escultor reaccionó recordando aquello de “Dios de Dios, luz de luz” (Credo). Y cuando abrió los ojos no pudo evitarlo: imagen, rostro, musculatura, sudario, encarnadura, sangre… Las cuerdas se han tensado. Suena el crujir de la cruz al ser alzada. Los rostros se contraen. Suena un grito estremecedor en el Calvario “En tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 46).
Por la ventana que hay en el muro izquierdo de la iglesia, frente a la reja, en la que las hijas de Santa Clara rezan, una luz tenue la atraviesa. Se oye un ligero murmullo de oraciones de vísperas. Los siglos van y vienen en la serenidad de la capilla. Allí sólo Dios basta. La luz se va posando sobre las imágenes, sobre los cuadros, sobre el interior, alumbrando la oscuridad sin apenas espantarla. Delicada luz en medio de la calma, sin violentar la penumbra, ni los sentimientos, ni la dulzura o la fragilidad de lo cotidiano.
Cae la tarde. Late el Santísimo expuesto. La emoción y el silencio afinan la penetrante mirada haciendo que todo sea proclamado. La verdad habla dentro del alma sin ruido de palabras. Desde la reja de la clausura habita la libertad más absoluta de unas mujeres que creen en Él con tanto realismo y entrega que le han consagrado sus vidas. Ellas son felices sirviendo a Dios.
¡Pasmo! La cabeza caída, sus ojos, su boca, las huellas de las espinas de su frente. Habla el madero, la cruz que lo acoge ¡Pasmo! Carne amoratada, verdosa, cuajada de sangre, herida y traspasada. Sus pies, aquellos que anduvieron por encima de las aguas, expresan la tragedia, el dramatismo, el martirio, el derrumbamiento, el desplome, la muerte.
El soberbio crucificado preside la tibieza de un lugar hecho a la medida de las plegarias y los silencios de quienes se acercan a la roca que nos salva, al surtidor, al manantial de agua viva y fuente inagotable de salvación ¡Pasmo! Solo Él y nadie más. ¡Pasmo! Tus manos, tus rodillas, tus heridas, tu desnudez, tu costado… “Señor mío y Dios mío” (Jn. 20,28).
¡Pasmo! Un cuerpo desplomado desde hace más de cuatro siglos ¡Tantos, Señor! Tanto tiempo derrotando las escorias podridas de cuantos usan y toman tu santo nombre en vano. Tantos años pudiendo con la miseria sin amor de aquellos que se apropian sin merecerlo de tu nombre. Pero Tú puedes con todos. Tú eres más de los humildes, de los pequeños, de los débiles, de los desanimados, de los desesperados, de los despreciados, de los maltratados… Tú nos has salvado y liberado ¡Pasmo! Y expiró.
Ante la carne rendida a la muerte, vuelvo extasiado a mirarle para decirle que hay tanta vida en su muerte, que nadie, absolutamente nadie puede dudarlo: “verdaderamente este hombre era el hijo de Dios” (Mt. 28,55).
Salve, verdadero cuerpo,/nacido de María Virgen,/que fue inmolado en la cruz/por los hombres,/cuyo lado perforado/manó sangre y agua,/déjanos degustarte/en el trance de la muerte./ Oh dulce Jesús,/ Oh piadoso Jesús, oh hijo de María (Ave verum corpus. Himno eucarístico).
Dicen que Juan de Juni cuando salía del taller sólo pensaba en Él, en la madera, en su forma, en su anatomía, en la angustia, en el tremendo derrumbe de su cuerpo. Dicen que cuando comenzó a trabajar, cuando clavó la gubia labrando la madera de pino, cuando salieron las primeras virutas, susurró: “de la misma naturaleza que el Padre” (Credo). Dicen que cuando acabó de tallarlo, en el rejón del desplome, el maestro le quitó una espina de su corona y proclamó “yo confío en ti, Señor, tú eres mi Dios” (Sal 30,15).

BLANCO SUDARIO

Cuando la tarde cierra los ojos, cuando la luz se desvanece, antes de que la noche perciba en su espejo un capirote de antifaz blanco y cera de color tiniebla, conducimos su cuerpo al sepulcro. Memoria compartida tras la solemnidad de Epifanía, fecha en la que quedaron escritos los renglones de su fundación, bajo el compromiso de dar culto a la página evangelizadora del Santo Entierro de Cristo. El tiempo dibuja y pinta, esculpe y reza, derritiendo la cera que nubla nuestras tristezas, pretendiendo, a veces, empañar nuestros recuerdos.
Llega primero la cruz de guía, abriendo paso, escogiendo los recuerdos por el camino más corto, entre la luz que proyectan los faroles que le acompañan. Con ella viene el primer nazareno. Lleva túnica negra, antifaz y capa blanca. La cruz de guía pregona su victoria, porque en esta noche de Viernes Santo, con toda certeza, será derrotado el aguijón negro de la muerte y del pecado.
Todo es silencio, melancolía de lo vivido. Blanco silencio de nazareno. Va en el primer tramo, detrás de la cruz, delante del Senatus. Primer tramo, segundo tramo, tercer tramo… Tramo del libro de reglas, de la bandera, del estandarte… Infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez. Cuerpo de hermanos nazarenos. Tramos que son, ni más menos, que una representación visible de la vida. La estación de penitencia no es otra cosa que el discurrir de nuestra existencia, buena nueva que hace el camino hacia el encuentro con la verdad de la vida.
Ahora el nazareno de blanco silencio, añora el reencuentro con la suave tristeza de un día de nostalgias, ansiando repetir el rito de la memoria que aprendió, que le enseñaron y que ha de legar. Allí otra vez en la iglesia antigua, en el revuelo de capas y apreturas de túnicas recién planchadas, sumido en la solemnidad de la penitencia y el recogimiento, traspuesto por el olor del incienso, aguarda paciente la espera. La Palabra, desde el atril, suena a derrota. “Después de esto, José de Arimatea… fue también Nicodemo… Tomaron el cadáver… como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús…” (Jn. 19,38-42). Una voz desea, ¡Hermanos, buena penitencia! Para responder ¡Que así sea!
Al abrirse las puertas del templo sentimos un escalofrío que se injerta en la memoria, el mismo que siente el primer nazareno de blanco silencio, cuando ahora, nuevamente lo hace y fuera está la luz de la tarde. Nos bajamos el antifaz del capirote, nos encienden el cirio, lo ponemos en el cuadril. La suave brisa de un aire tibio nos da a través de la túnica. La mano derecha la llevamos hacia el antifaz que tiene bordado un escudo con una cruz y un sudario entre palmas de martirio.
En el exterior nos recibe un contenido silencio. Un silencio que seduce. Hay paz y emoción, preludio del dolor de la penitencia, de la belleza de las cosas, de la plenitud de la vida y de la muerte. A la izquierda, tras caminar algunos pasos, el nazareno percibe la exacta visión de la grandeza que encierra el paso del Santísimo Cristo Yacente. Sobria arquitectura, madera, plata y un cuerpo tendido cual yacente morado lirio, tan muerto que todo a su alrededor convoca y llama a la muerte.
Carne amoratada, sin vida, velada por la luz fúnebre de cuatro hachones de cera, que nos anuncian el profundo misterio por el que la luz brilla sobre la tiniebla y ésta lo entiende, puesto que la Palabra a la que enterramos tiene vida y la vida es luz para los hombres, porque Dios es luz sin mezcla alguna de tiniebla. Porque el amor vence a la muerte.
Presagio cargado de borbotones de vida que labra y cincela también en sus versos mi amigo, el poeta José Miguel Santiago Castelo: “Allí está la blancura, la vida que no muere,/ la eterna sinfonía en voz de claridades…/ pero aquí cada tarde, al volver a la tierra,/ dejaré que me envuelvan estas rosas naranjas/ que me traen vuestros nombres cuajados de nostalgia”.
A través del antifaz, brillan los ojos del nazareno de blanco silencio. Su mirada fija, penetrante, no pierde detalle. Cae la tarde. Crecen las sombras. El tiempo y la memoria son las claves en este día sagrado, siendo punto en el que se unen todas las emociones, anudándose los recuerdos, como el cíngulo que aprieta y ciñe la túnica, donde apoya el cirio de color tiniebla. “Los cofrades hemos de actuar como testigos fieles del hecho salvador de la resurrección de Cristo y de su presencia viva y amorosa entre nosotros; fermento auténtico y levadura nueva en la masa”.
Desde el antifaz, el nazareno observa cómo transcurre la estación de penitencia. Golpea el llamador, crujen las maderas, se hermanan los hombros de los costaleros, brilla la plata, sangran los claveles y lanzan cera líquida los hachones ante el misterio de la muerte, ante el silencio de una boca muerta, bajo la luz apagada de los ojos, mostrándonos el costado abierto por donde se le fue la vida.
Mientras, al fondo, a lo lejos, produce escalofríos el sonido de la marcha “Amargura”, que llevan al nazareno de blanco silencio al otro misterio, al dolor de una madre por la muerte de su hijo. Virgen prudente y discreta, enjugando sus lágrimas por el traspaso de sus dolores. Su cara, prodigio de belleza, es dulzura, serenidad, paz, de la que estamos tan necesitados, haciéndonos comprender el testamento heredado: “acuérdate de la hora en la que me nombró Jesús tu Madre y protectora desde el árbol de la cruz” (Canto, Sálvame, Virgen María).
Y así siempre, durante cuarenta y seis Viernes Santo de blanco silencio. Os puedo asegurar el desasosiego en la esperanza que sentimos rememorando el dramático momento del entierro de Cristo. Os puedo asegurar lo bien que sabe y suena, a solas unas horas con Dios, un Padre Nuestro, bajo el luto de una túnica negra y un antifaz blanco. Blanco de cal, de casa limpia y honrada. Blanco de paño de altar. Blanco como el silencio hondo de nuestros sagrarios. Blanco como las tocas de las hijas de madre Santa Clara. Blanco de sudario de una tarde de Monte Calvario.

NUESTRA MADRE

Aquí me tienes, Madre. Pasan los años y sigo queriéndote. A veces soy tan imprudente que quiero acapararte solo para mí, como si nadie pudiera amarte. Tú sabes de mis devociones y yo de tu ilimitada disponibilidad. Mis debilidades y desasosiegos me siguen golpeando. Por ti se me llena la boca de rezos y plegarias. Porque tú lo puedes todo, sin pecado concebida. ¡Bendita seas, Madre! Y, apenas, sin tardanza, me llega su respuesta, “Permanece conmigo, y yo te llevaré a Él”.
Hermanos cofrades, amigas y amigos todos, permitidme que os hable de María, mi madre, que también es la vuestra. Rosario, Piedad, Dolores y Soledad. Señora del silencio, del amor y de la entrega. Señora de la palabra recibida y de la palabra empeñada. Señora de la paz y la esperanza. Mar de confianza que arriba siempre al puerto de la vida. Bandera de la ternura que ofrece siempre segundas oportunidades, interminables amaneceres e inagotables reencuentros.
Hermanas de Ntra. Señora de los Dolores, os felicito por haber sido aprobados vuestros Estatutos que marcan el compromiso evangélico de dar culto a la Santísima Virgen, aunque de facto ya lo practicabais. Demos gracias porque lleváis más de dos siglos combinando discreción y veneración, devoción e intimidad, sencillez y armonía, delicadeza y culto, fidelidad y amor. 
Vuestras predecesoras supieron, a pesar de los siglos, custodiar celosamente ajuar y enseres de manera impecable. En los libros que guardáis de la Santa Escuela de María, hermosea un corazón dibujado, traspasado por siete espadas, tres clavos y un Ave María, con una leyenda que condensa el aprovechamiento espiritual que rezuma y desprende la Señora, “Yo soy el corazón de María, tu Maestra. Si me amas, ya resuelta, te alcanzaré el perdón de tus culpas y pecados. Con Jesús mi enamorado deja la vida pasada y mira como reflexión que fue triste y amarga de mi hijo su Pasión”.
Vuelan, nuevamente, raudos los recuerdos. Aún cabe un breve espacio, tras un solemnísimo entierro, ante tanto desvarío producido, correr junto a aquella otra criatura que nos ama, en el amor del Hijo hasta el extremo. “Stabat Mater dolorosa, iuxta crucem lacrimosa” (La Madre piadosa estaba, junto a la cruz y lloraba). Valiente el gesto que congrega a la mujer junto a la Madre en Soledad formando concurrido, enternecedor y solidario cortejo con San Juan y María Magdalena.
Pregono los dolores de una Madre que acababa de recibir la misión de ser madre de toda la humanidad. Ella que todo lo soportó, que todo lo aguantó, alimentándose de la fe y de la confianza en Dios. Que ella nos ayude a mirar las cruces de este mundo Que ella nos ayude a trabajar para que jamás ninguna madre tenga que mirar a su hijo crucificado.
Que nos ayude a curar las heridas de la vida. Que procure salud para nuestros enfermos, socorro a los necesitados, a los que sufren, a los discapacitados, impedidos y desahuciados. Dignidad para la mujer. Fortaleza, aliento y compañía para la soledad y el abandono de nuestros ancianos. Escucha, Madre, la voz de los desesperanzados. Ánimo para no arrugarnos a dar testimonio de nuestra fe y de nuestro compromiso cristiano. Evangelizar, evangelizar y evangelizar. Despierta, Madre, vocaciones sacerdotales; tú lo sabes, estamos tan necesitados.
Llamo de nuevo a la memoria en este instante que pide e implora. Allí, frente a la cama y al lado contrario del ropero, estaba la vieja cómoda. En ella una mariposa navegaba en el aceite alumbrando día y noche varias estampas y una capillita de madera bajo la advocación de la Sagrada Familia.
En la noche del Viernes Santo cuando acompañemos a Santa María de los Dolores en su Soledad, pensemos en el ejemplo que dio ella como madre en el seno de una familia. Porque la familia será siempre el santuario de la vida, la escuela de las mejores virtudes humanas y cristianas, el lugar sagrado donde aprendemos la difícil asignatura de la vida, “amar y ser amados”. Reconoced conmigo que lo más imprescindible es el hogar, que las personas más necesarias son los padres, que los mejores profesores son los niños y que la cosa más bella: es el amor.
María rompe la letanía de sus tristezas ante la alegría que manifiestan los cantos populares que compusieron estas estrofas antes de que barrunte el día “Y adelantando la hora/ le salió el Sol a la Aurora/ lleno de luz y alegría. /Radiante quedó María/ viendo el Sol de los fulgores/ ¡Aurora del Sol divino!, /ruega por los pecadores”.

ALMÍBAR DE LA ESPERANZA

Ya cercana la espléndida jornada, el día del sábado, rememoramos, las airadas voces, los gritos, los silencios, apenas pregonados, todavía un tanto cabizbajos. Pero, como después los de Emaús sintieran, sentimos prontamente cosquilleos, alas al corazón y sonido luminoso de campanas. Corremos, invitados al templo de nuevo. Solemnísima y angélica pregona la liturgia, en la hora que apunta a clara luz de madrugada, simbolizada en el ardiente cirio la irrupción de la vida en todo el universo.
Vigilamos y aguardamos el retorno del Rey victorioso, meditamos, todavía entre tinieblas las maravillas que Dios ha obrado a favor nuestro. Alumbrados con el fuego nuevo, que guía y caldea a los que escapamos del Egipto del pecado, nos sumergimos en las aguas primordiales del Bautismo, para lavar las heridas de la culpa de Adán. Revestidos, así, con blanca vestidura, cenaremos la Pascua eterna de la Eucaristía, antes de que el lucero matutino derrame su claridad sobre el corazón del mundo, en la noche más dichosa y feliz.
Busco y voy a la mañana más luminosa de todas las posibles. Acudo a los sentimientos resucitadores ¡Es Pascua! “No está aquí”. “Allí le veréis...”. Adormilado y aturdido llega la noticia que derriba, desploma y destroza interrogantes, traspasando hipótesis. Rezuma en la aurora el almíbar de la esperanza, “Paz a vosotros” (Jn. 20,19).
Voltean las campanas. El tiempo y la memoria se unen buscando las emociones. Vuelven los orígenes en busca de la huella dejada en el alma. En la mañana del Domingo de Resurrección la alegría es palpable. El bronce y el metal dan cuenta de una alegría no retenida, que antaño se manifestaban a través de esquilas, campanas y campanillos, reflejada en el gozo de la chiquillería en carreras y animados saltos. Hasta los pequeños corderos eran engalanados, porque el que fue llevado al matadero, había abandonado la oscuridad del nicho.
Y sigue permaneciendo el ritual feliz y antiguo que acoge el mayor gozo que cabe para una madre al poder encontrarse de nuevo con su hijo. Con el que había sido descoyuntado y traspasado. Aquí, siempre aquí, en los territorios del paseo, en la plaza, donde se viven los sucesos, el pueblo en su hondura y sabiduría proclama cada año que el Señor ha resucitado.
Aunque reconozcamos nuestra fe débil, poco comprometida, casi diríamos de evasión. Nos falta la fe de la Pascua que nos transforme, que nos renueve. Por eso, casi instintivamente, seguimos en una postura de Semana de Pasión. La invitación a la Pascua, que se realiza con la fuerza del Espíritu, no nos supone demasiado atractivo y seguimos pensando equivocadamente que la hora no ha llegado.
Así lo expresa en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco, “Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. Y el apóstol San Pedro, en su primera carta, nos anima, “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo, para una esperanza viva” (1 Pe.1,3).

VENID TODOS

Ahora debo callar, que es lo prudente, aunque debo dar las gracias más sinceras a Santiago Fernández Rodríguez, quien en nombre de la Junta de Cofradías y Hermandades de penitencia me pidió que pregonara nuestra Semana Santa. Invitación que no podía rechazar, porque ha supuesto un honor el prestar un servicio a nuestras comunidades, a sus cofradías y hermandades; y porque no podía faltar a la promesa dada al testamento que en su día una madre dejó a su hijo, “Anda siempre con las cosas de Dios. Confía en Él. Y rézale siempre a la Santísima Virgen de Barbaño”. Recibid mi más expresivo agradecimiento a quienes habéis venido y habéis puesto oídos a mi voz de pregonero.
Pero antes de pasar al silencio permitidme que haga una llamada para que vengan todos, absolutamente todos, a vivir y celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.

Venid, cielos azules, geranios, rosales, pilistras y albahacas, y niños con olivos de ramitas plateadas. Venid, muros del convento, azulejos y bronce en su espadaña, faroles de las esquinas, paredes por Santa Ana, para que acoja la inmensidad de los ojos de una virgen derramando en su Piedad, lágrimas. Venid, cristales de los escaparates de la Avenida, en los que se reflejan y miran los estandartes, las insignias, los nazarenos, las negras mantillas, y la luz de los cirios del Jueves Santo.
Que venga el seco sonido de los llamadores que golpean los capataces al que obedecen los costaleros que levantan los pasos.
Venid, adoradores nocturnos de la vigilia del Jueves Santo, sacad vuestros rituales, y, delante del sagrario, rezadle al Amor de los Amores. Venid, olores y sabores a bacalao rebozado, a pestiños, a torrijas bañadas de miel, vino y canela. Venid roscas de Pascua. Venid, marchas procesionales, Amargura, Jesús Preso, Hermanos costaleros, Nuestro Padre Jesús, Adoración y la Saeta.
Que vengan las películas que en este tiempo se proyectaban: Los diez mandamientos, Barrabás, Quo Vadis, Ben Hur, Rey de Reyes, las Sandalias del Pescador y la Túnica Sagrada. Venid, brezo, claveles, gladiolos, rosas y lirios que adornáis nuestros pasos. Venid, capirotes, túnicas planchadas, nubes de incienso, cera, mantos bordados y cíngulos de seda. Que venga el Senatus, símbolo del poder de Roma, que procesiona en el cortejo fúnebre de la tarde del Viernes Santo.
Venid, largos quejidos que os desangráis por el cante hecho oración que dicta una saeta, “Virgen de la Soledad/no tengas pena ninguna/que tu hijo resucita/entre las doce y la una”. Venid, puertas y balcones de las casas en los que se conmemora la pasión y muerte según Montijo, porque aquí todos los años soñamos con la resurrección  y la esperanza.

Porque Cristo sigue resucitando cada vez que nos queremos, curamos una herida, cuando abrimos y ofrecemos nuestras manos, compartimos con el otro, cargamos con el prójimo, perdonamos, damos lo que tenemos, levantamos al caído y marginado, acompañamos una soledad, enjugamos una lágrima, sembramos alegría, cultivamos esperanza... Cada vez que oramos en Espíritu, y en Espíritu gritamos,


“Salimos de la noche y estrenamos la aurora, saludamos con gozo a la luz que llega, que anuncia, que canta, proclama y pregona. Es tú luz, Señor. La luz del alba triunfante resucitada y resucitadora”


Amén. Aleluya, Aleluya, Aleluya. He dicho


  


2013 Manuel Pérez Cirión

Antes de comenzar estas palabras que quieren reflejar y recoger el misterio grande de la Pasión de Cristo, le canto a María y unidos a vosotros nos ponemos en sus manos divinas con este preciosísimo himno litúrgico de este tiempo de Cuaresma:
“Dame tu mano María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.

Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.

Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y, a la vera del camino,
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
" No, mi niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna"
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel!


PRESENTACIÓN
De la exuberante tierra fértil de las Vegas Bajas del Guadiana, de su capital Montijo, fuente de cristianos, que vigila, inquieta y penitente, las claras del Domingo de Ramos para echarse a la calle, me habéis traído aquí para que pregone la Semana Santa, aunque yo no soy pregonero, y lo siento. Y no es tarea menuda, créanme.
Sres. párrocos de San Gregorio y San Pedro y demás sacerdotes, Sr. Alcalde y Corporación Municipal de Montijo, Concejal de Cultura y demás autoridades, Hermanos de Hermandades, Cofradías y Asociaciones, Hermanos Mayores, Hermanos y Hermanas cofrades, Señores y Señoras.
Buenas noches y gracias.
Gracias a la Junta de Hermandades y Cofradías por reconocer en mi persona a alguien digno de pregonar las fechas más significativas de la comunidad cristiana montijana. Ellos verdaderos hermanos y amigos, me iniciaron en nuestra Semana Santa.
Sólo intentaré descubrir brevemente que habrá de Sobrenatural detrás de las manifestaciones de piedad de nuestra Semana Santa, y que habrá de Divino en las Cofradías y Hermandades de Penitencia:
La de Jesús Salvador de los Hombres, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, la del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, La Vera-Cruz, Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora de la Soledad y la de Jesús Resucitado.
Juntos vamos a recorrer el camino que Jesús vivió en aquellos últimos días de su vida terrena - extendidos a lo largo de nuestra Semana Santa - aunque su camino hacia la Cruz comenzó en Belén. Así se lo expresó Juan Pablo 11, cuando convocó a los jóvenes en el vigésimo Encuentro Mundial de la Juventud. Estas fueron sus palabras:
"Recorriendo con fe el itinerario del Redentor desde la pobreza del Pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad."
Y es que nosotros, en palabras de San Pablo:
“Predicamos a un Mesías crucificado,
un Mesías que es portento de Dios y saber de Dios,
porque la locura de Dios es más sabía
que los hombres v la debilidad de Dios,
más potentes que los hombres", L Corintios i 2325
Con esta actitud de fe, en este año que el Papa Benedicto XVI ha proclamado "Año Mundial de la Fe", debemos vivir con más ilusión nuestro camino cristiano, hemos de asistir a las celebraciones y recorrer los pasos de nuestras Cofradías y Hermandades, que nos acercan a los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Porque los cristianos tenemos conciencia de que la fe en la resurrección de Jesús es el corazón mismo de la fe. Todos nosotros debemos tener conciencia clara de lo que es la fe, pues "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana nuestra fe", como escribía Pablo de Tarso a los cristianos de Corinto: Sólo la resurrección de Jesús fundamenta v da sentido a nuestra fe cristiana.
En nuestra Diócesis Pacense, hace veinte años tuvimos un anticipo en el Sínodo Diocesano (año 1992). Descubrimos el mapa que nos indicó el camino a recorrer para ser cristianos comprometidos, y ser iglesia en el mundo. En este mapa encontramos las coordenadas que nos orientaron en la profundización de nuestra Fe y la reorganización de todas las actividades de la Iglesia tanto para los creyentes comprometidos, como para los alejados.
Participamos en él María Arrobas y yo como representantes de las Comunidades Parroquiales de Montijo. Fue para nuestra Iglesia una orientación en nuestra Fe y organización de todas sus actividades y para nosotros además una experiencia maravillosa.

DOMINGO de RAMOS
Bendito el que viene, en nombre del Señor
Comencemos contemplando antes de los misterios de dolor, a Jesús el Hijo de David.

DOMINGO DE RAMOS. Estaba ya anunciada.
“Su entrada triunfal en Jerusalén "
El Mesías sería entronizado entre vítores y signos de bendición.
Cuando entró en Jerusalén, toda la población agitada preguntaba: ¿Quién es este? Y la multitud contestaba: "Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea".
¿No será acaso verdaderamente el nuevo David?
¿No habrá llegado la hora en que ÉL restablezca el reino de David?
En Jesús se cumple esta escritura. Pero se cumple solo en parte, no es una procesión triunfal, sino pacifica. No es grandiosa, sino humilde; no es universal, sino de los pequeños. Procesión de cantos de alabanza y Hosannas a Jesús el Rey. Viene en trono de burrito manso.
Cuando todo el cuerpo dirigente judío - el Sanedrín - ya se había confabulado para dar muerte a Jesús, el pueblo sencillo - sin dejarse en esta ocasión manipular por el poder- se levantó en cantos de alabanza y gestos de adoración - entre palmas v olivos - ante el paso de Jesús que entraba montado en un pequeño asno en la ciudad Santa de Jerusalén. Abre este paso de misterio la Semana Santa montijana. Esta entrada solemne de Jesús en Jerusalén, como Mesías es una victoria.
La victoria de la paz sobre la violencia humana. Se anuncia la paz y se apuesta por la mansedumbre.
La victoria de la humildad sobre las grandezas humanas. Se prefiere a los pequeños y lo pequeño
La victoria de la alegría sobre las tristezas humanas. Se desborda el entusiasmo que viene de Dios. "Me alegro en Dios mi salvador.
La victoria de la esperanza sobre el desencanto humano. Se acoge y bendice la utopía.
En definitiva la victoria de Dios sobre las miserias humanas. Dios viene al encuentro del hombre para anunciarnos su amor y salvación. Es el triunfo del Dios Humilde. Este Rey manso y pacífico llega a nosotros. Viene con el regalo de la paz.
Es Jesús Nazareno, el Rey bendito, que se acerca en el nombre del Señor; salgamos a su encuentro llenos de amor. Hasta las mismas piedras dan hoy gritos, que es el día del triunfo salvador, pongamos a su paso mantos y ramos de olivos.
San Lucas nos hace un pequeño apunte:
“Algunos fariseos entre la gente dijeron a Jesús: "Maestro, responde a tus discípulos". El replicó: "Os digo, si estos callan, gritarán las piedras...",
La Liturgia nos lo recuerda con el canto:
"Los niños hebreos, llevando ramos de olivos, salieron al encuentro del Señor, aclamando: "; Hosanna en el cielo!'; bendito el Reino Que llega...! ¡Viva el Altísimo!
Y es que el pueblo intuyó que las palabras del profeta Zacarías - recogidas por San Mateo - adquirían su verdadero cumplimiento:
Decid a la hija de Sión:
“...mira a tu Rey que viene humilde, a ti, montado en un asno, en un pollino,..."

COFRADIA DE JESÚS HOMBRE SALVADOR
La Cofradía, los primeros datos que tenemos datan del año 1981, se organiza la procesión haciendo el recorrido por el atrio de San Pedro, con la colaboración de personas voluntarias y un pequeño grupo de niños vestidos de hebreos. En el año 1987 se crea una Comisión Gestora, constituida por los costaleros de la imagen, se saca por primera vez el paso de " la Burrita" y desde entonces se empiezan a redactar los Estatutos de la Cofradía...
Esta mañana de Domingo de Ramos, mañana primaveral de marzo. El pueblo de Montijo se apresura a levantarse, porque comienza la Semana Santa, la Semana Mayor del año 2013. Mayores y, sobre todo jóvenes y niños van a acompañar a "Jesús Salvador de los Hombres" a su paso en "la Burrita". Ellos también se abren a Jesús de Nazaret - con sus palmas blancas v ramos de olivos -, llevando como hábito: túnica blanca; antifaz verde con el escudo de la Cofradía bordado, cíngulo de seda verde y guantes blancos.
El recorrido, este año en la Parroquia de San Pedro comienza la celebración litúrgica del día, con la bendición de las palmas y ramos de olivo y la lectura del evangelio, a continuación en procesión nos dirigimos a la Parroquia de San Gregorio donde continuamos con la Eucaristía. Durante el trayecto de la procesión vamos acogiéndolo con Fe, como a Dios; con Esperanza, como Salvador; con Amor, como el que se entrega por todos.
El pueblo canta cantos de alabanza y hosannas:
“¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!  ¡Hosanna!

CONTINUAMOS CON EL LUNES Y EL MARTES SANTO
Continuamos en el Lunes y Martes Santo. Jesús nos sigue llamando a la conversión y a la oración. La propuesta de Jesús de Nazaret es apasionante: "El Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Noticia. (Mc. 1,15).
Esta llamada a la conversión resuena durante toda la predicación de Jesús: "No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Y no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores a que se conviertan". _ (Lc.5, 31-32). También se nos recuerda:"          Y si no os convertís, todos pereceréis”. fLc.13,3).,
Sin embrago, al mismo tiempo, en la parábola del hijo pródigo, Jesús expresa toda la alegría de Dios por la conversión del hombre, nos hacemos hijos reconciliados, como el hijo pródigo. En Él podemos experimentar lo que es un cambio radical en la vida, recuperar una y otra vez, por el amor del Padre, una vida de hijos. En Él nos hacemos hermanos y somos invitados a trabajar por la fraternidad y la reconciliación.
La conversión no afecta sólo a las personas, sino también a sus relaciones humanas y sociales,...
Por tanto en este tiempo de cuaresma, tiempo de conversión, debemos de tener más presente: nuestras limosnas, ayunos y oraciones
Para tal fin nuestras Comunidades han dedicado el lunes y martes, a nuestra conversión, si no lo hemos hecho a lo largo de toda la Cuaresma; ya el Miércoles de Ceniza nos dijeron: "Convenios, y creed en el Evangelio".
Convertirse es decidirse por Dios. Es una elección radical en el modo de pensar y de vivir. Es liberarse de todo lo que condiciona la existencia y no la deja crecer y madurar en plenitud; es liberarse de todos los ídolos que esclavizan al hombre: el dinero, el poder, el prestigio,...
Este caminar de Jesús en entrega total y generosa para salvarnos, lo nuestro debe ser una respuesta de fe y abrirnos a su amor y a su perdón. Principalmente en este año dedicado a la fe que el Papa Benedicto XVI nos ha encomendado: que mimemos nuestra fe.

MIÉRCOLES SANTO. COFRADÍA de NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO
y NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD
Nuestra Cofradía fue fundada en el año 1941 por iniciativas de los presos que se encontraban durante la Guerra Civil en el convento de las clarisas. En aquel año, era la primera y única que realizaba Estación de Penitencia, siendo por tal, la primera en sacar hermanos penitentes encapuchados. Destaca de la Cofradía, las dos imágenes que posesionan en el primero de las pasos. Jesús Nazareno, talla de estilo barroco, del siglo XVIII, cuenta entre sus elementos históricos, el que ha sido titular del que fuera hospital ermita del mismo nombre. Hoy procesiona con otra imagen, la de Simón Cirineo de no menor valor artístico.
En el segundo de los pasos, aparece la imagen de Nuestra Señora de la Piedad, donada al convento de las clarisas en el año 1752. A la altura de los años setenta fue restaurada, y hoy luce vestido blanco bordado en plata y manto de terciopelo verde.
Jesús carga con la Cruz.
Vamos a acompañar a Jesús llevando la Cruz y a María su madre.
Los pasos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, son llevados por nuestros jóvenes en silencio y recogimiento profundo, y contemplado por el pueblo que le sigue en la misma actitud.
Somos Cofrades y queremos seguir creciendo espiritualmente. Para ello seguiremos insistiendo en la práctica frecuente de los sacramentos, en caminar al mismo ritmo que nuestra parroquia, y en la que debemos sentirnos cada vez más integrados. Participamos en los cultos parroquiales, pero ha de ser mayor nuestra participación, no una obligación para los cofrades, sino una necesidad de alimento espiritual y de meditación, en la cercanía de los momentos que nos aprestamos a revivir.
Desearnos ánimo a todos. La crisis, aunque dura y prolongada, pasará, lo que no debemos es dejar vencernos por una crisis espiritual.
'Ojalá que los jóvenes que lo llevan y todos los que le
acompañamos sepamos transformar nuestra vida vieja, ajada
,agostada... en vida nueva, llena de amor y de verdad!. Y, con la Iglesia,

desde lo hondo de nuestro corazón digamos:
"Oh rostro ensangrentado de Cristo, el Señor.
Cabeza circundada de afrenta y de dolor.
Contritos contemplamos tu pena y tu aflicción.
Acoge nuestro llanto: ¡Oh Cristo Salvador!
Extiende por el mundo tu Reino de bondad.
Las puertas del abismo no prevalecerán.
Seamos los creyentes testigos de tu amor.
Acoge nuestro llanto: ¡Oh Cristo Salvador!

Y, Juan Pablo II, les dijo a los jóvenes y a todos nosotros en la XX (Vigésima) Jornada Mundial de la Juventud:
"¡ No creáis en falaces ilusiones y modas pasajeras!. Rechazad las ilusiones del dinero, del consumismo, de la violencia que, a veces, ejercen los medios de comunicación. La adoración del Dios verdadero - encarnado en Jesús - constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. ¡Adorad a Cristo!: El es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario... ".
Y nos vamos en silencio a nuestras casas...Y, desde nuestro mundo interior, vamos preparando toda la intensidad que se nos avecina...Vamos a comenzar el Triduo Pascual con palabras profundas de San Pablo:
“Nosotros hemos de gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo:
En éL está nuestra salvación, vida y resurrección;
Él nos ha salvado y libertado "(Gálatas, 6, 74).



JUEVES SANTO INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTIA
Y llegamos al jueves Santo: día de la institución de la Eucaristía, día del Sacerdocio y día del Amor Fraterno.
Jesús la víspera de su muerte cenó con sus amigos, era la comida más solemne del año y en ella el Maestro se despedía. Se acababa el tiempo y había que hacer síntesis de lo que durante varios años les había querido enseñar: el amor. Pocas horas después iba a morir. Su cuerpo se iba a romper, su sangre se iba a derramar...todo por amor. Todo por amor y para enseñar a amar. Tomó el pan y dijo: " Tomad, comed este pan, es mi cuerpo que se entrega por vosotros..."No os dais cuenta” El sentido de mi entrega, de que se parta mi cuerpo es alimentaros a vosotros, para que también vosotros entreguéis la vida por los demás.            "Tomad,
bebed de este vino, es mi sanqre que se va a derramar por vosotros..."para que vertáis la vuestra en favor de los demás..." Entrega por amor. Porque todo lo que no se da se pierde.
También dijo: "Haced esto en conmemoración mía",,
institución del sacerdocio.
Lava los pies a los apóstoles: acto de servicio y de amor.
Día del Amor Fraterno, Día de Caridad y Día de Cáritas; en este año que se celebra el 50 aniversario de la fundación de Cáritas en nuestra Diócesis. Jesús en toda su existencia no ha dejado de dar testimonio vivo del amor de Dios hacia los hombres y nos ha hecho partícipes de ese amor: El amor con el cual ha amado está
con ellos como también yo estoy con ellos".
Él acababa de decir en la cena: " La paz os dejo, mi paz os doy,..No os la doy como la da el mundo”. Porque la paz de Cristo no viene impuesta por el poder, por la fuerza, por la violencia de las armas,...sino que nace del corazón, nace de sentirnos hijos de Dios...Así lo proclamó Jesús:            " Dichosos los portadores de la paz,
porque serán llamados hijos de Dios..."
Jesús ha hecho de su amor un mandamiento: "Amaos con una medida como yo os he amado”.
El Papa Benedicto XVI nos lo ha dicho de manera bellísima en su Encíclica:         "Deus caritas est." - "Dios es amor".

COFRADÍA SANTÍSIMO CRISTO de la AGONÍA y MARÍA SANTÍSIMA DE los DOLORES
Cofradía fundada en 1966, año en que fueron aprobados sus Estatutos. Su hábito: Capuchón rojo con escudo, túnica negra, cíngulo de esparto. Guantes blancos y calzado negro.
Sale la Estación de Penitencia de la parroquia de San Pedro Apóstol con las imágenes del Cristo de la Agonía y María Santísima De los Dolores.
En nuestro caminar por la Semana Santa después de haber vivido los Santos Oficios de la cena del Señor- vamos a procesionar al Cristo de la Agonía clavado en la cruz. La imagen serena, movida por costaleros nos quiere recordar la paz que debemos llevar en nuestro corazón, si queremos ser transmisores de paz, amor,...
i Qué fácil es admirar tantas cruces tan bien labradas! i Qué fácil adorar, extasiarse y llorar ante cruces y Cristos de hace dos mil años l
Por eso decimos:
"Hazme una cruz sencilla
carpintero...
sin añadidos ni ornamentos...
que se vean desnudos los maderos, desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra, el astil disparándose a los cielos. Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos._
sencilla, sencilla,...
Hazme una cruz sencilla carpintero".
Siguiendo al Cristo de la Agonía va la imagen de María Santísima de los Dolores, porque junto a ella podemos vivir la esperanza del que sabe que "  después de la Cruz! viene la Luz,
viene la Vida..." Por eso a ella le decimos con todo cariño a nuestra
Madre en el dolor: " Santa María de la Esperanza, del
Dolor...mantén el ritmo de nuestra esperanza...".
Y a ese Jesús que hemos comulgado en la Eucaristía y, ahora, contemplamos en la Cruz, le decimos:
" Te veo, Jesús, realizar gestos de ternura y de servicio.
Te contemplo y aprendo a servir a Dios y a los hombres...
Te escucho, Jesús: te vuelves al Padre,
después bendices el pan y el vino, y lo compartes con los hombres.
Te escucho y deseo convertirme yo también
en pan y vino para los demás.
Tengo hambre, Jesús , de conocerte mejor,
de rezar mejor, de unirme más a Ti.


LA PASIÓN DEL SEÑOR
Señora de los Dolores que anuncia la nueva semana Santa. Señora bendita, madre nuestra, entró en la Pasión de su Hijo desgranando contigo los misterios dolorosos del Santo Rosario:

LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS
Comienza la pasión orando. La oración es diálogo, es entrega, es confianza y ternura, es abrir el corazón y dejar que Dios entre en mi. ¡Velad y orad para no caer en la tentación!.
¡Triste está mí alma hasta la muerte!. Jesús tiene un corazón apasionado. Ha manifestado a sus amigos un amor intenso hasta la muerte. Pero llegó la noche y entraron las tinieblas en su corazón inmenso. Sólo queda un recurso: oración. Orad, ¿no podéis orar?. Si la oración la necesitamos como el agua, como el aire. Dios se hace presente en nuestra vida. 'Señor tú nos enseñaste a orar!
Continúa este misterio de dolor en la entrega del amigo con un beso. Y Judas se acercó muy cauteloso, llevando la traición a tal exceso que mató la amistad con fuerte beso. El beso de Judas sonó como un cuchillo que se clavó en el alma de Jesús. El alma de Cristo sigue siendo traspasada ¿Quién puede contar los besos traidores?¿Quién puede contar tantas traiciones?
Después vinieron los golpes, las espadas, las cuerdas, el prendimiento. Son también injusticias y ultrajes a la dignidad de las personas.
En la serena noche de primavera, Jesús velaba el sueño de discípulos diseminados por la tierra. Pensó que igualmente temblarían en las manos de Judas las monedas. Y Jesús pensó ¿Dónde está Dios que se aleja tanto de la tierra? y llegaron a por él ¿Eres tú Jesús?, soy yo. Y Jesús prendido caminaba. Maniatado, ensangrentado, sin fuerza, es mi Cristo, su mirada rendida en el suelo, ¡oh Jesús despreciado de Herodes! no te olvides de nuestros desprecios, porque somos también pecadores, te pedimos perdón y consuelo.

LA FLAGELACIÓN DEL SEÑOR
La pena de la flagelación era tormento romano, barbarie de un pueblo civilizado. Se castiga duramente a Jesús. Latigazos con látigos de cuero que desgarraban al castigado. Allí estaba Jesús flagelado, ofrecí mi espalda a los que me la golpeaban. Aguanta. sereno. Los jefes judíos han juzgado y condenado a Jesús por blasfemo. Es un blasfemo por decir que Dios ama a todos los hombres por igual; por afirmar que Dios está a favor de los pobres; por proclamar la justicia, la igualdad y la fraternidad; por anunciar que el Reino de Dios ha llegado y en el las prostitutas y los pecadores llevarán la delantera; por gritar a los cuatro vientos que el que quiera entrar en el Reino tiene que empezar a actuar como digno hijo de ese Padre que ama incondicionalmente a todos...

Pilato debía condenarlo. "Se ha proclamado Rey". le dicen, y el romano manda azotarlo para acallar a aquella gente, sin encontrar en El ninguna culpa. Había intereses de por medio. Jesús incomoda, cuestiona la forma de vivir de aquellos hombres y está estorbando.

CORONACIÓN DE ESPINA
Vamos subiendo en dolor. Está la lumbre encendida y tiene fuego de brasas. El castigo se convirtió en burlas y en desprecios. Es el Cristo coronado. Cuerpo agotado, mirada baja, rostro tranquilo, y abundante sangre. ¡Cómo iba a ser rey sin corona!. Y se improvisa una con la planta de pinchos que crecía en la pared. ¡ Le falta cetro y manto!. Sin problemas una caña y un trapo. ¡ Este es el rey !. Risas, salivazos, bofetadas,...Jesús, Dios-hecho­ hombre, en manos de los hombres.
En Cristo coronado están todos los humillados y destrozados por las mano ensangrentadas de la violencia, de los maltratos, del terrorismo, de los fanatismos y de las guerras. procesionamos en el Coronado a los humillados por las manos de un sistema de bienestar que no ofrece ayuda a quien pide de comer o cubrir sus necesidades básicas o por las manos de una sociedad en crisis pero consumiste que humilla en la cuneta a quien no llega a final de mes. " Lo que hicisteis a uno de mis hermanos a mí me lo hicisteis
dijo Jesús.

JESÚS CARGA CON LA CRUZ CAMINO DEL CALVARIO
Jesús toma la cruz. La carga porque siempre está cargado con ella. Camina hacia el calvario y en su cruz lleva las nuestras.
Para nosotros la cruz que Jesús porta, es camino de salvación. Sí, porque la cruz, la verdadera cruz, la Vera-Cruz es salvadora.
Nuestras cruces, las de cada día, las de la vida, también pueden ser falsas o verdaderas, si no somos capaces de descubrir en medio de ellas a un Dios cercano que nos invita a creer y a vivir desde el amor en medio del dolor. Las cruces que la vida nos trae serán verdaderas, como la de Jesús, si las vivimos desde el amor y nos acercan, aún en el dolor, más a los demás y a Dios.
No va sólo Jesús, le sigue todo el pueblo, Montijo entero, con sus cruces , con sus dolencias, esperando siempre el gran milagro. Que el milagro sea no perder el tesoro de la fe a pesar de todas las caídas y todas las dudas.
Ya en el Gólgota ha dejado la cruz. Despojado de sus vestidos , lleno de humildad y paciencia, llega como un derrotado y sin que el mundo lo haya comprendido. Tremenda soledad la suya en medio de un pueblo cobarde.

LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Llegados al lugar del Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores...Jesús decía:" Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. (Lc.23,33-34).
Fueron tres largas horas de agonía. Innumerables los tormentos físicos, provocados por los clavos, las espinas, las fiebres, la sed...Enormes los sentimientos morales, por la vergüenza, la humillación, el fracaso, la duda. Misteriosos sufrimientos espirituales, por la crisis interior y el aparente abandono del Padre. El amor se está consumando.
Cristo se está ofreciendo al Padre en sacrificio. Es el cordero inocente que carga con nuestros pecados. Es el sacerdote santo y la víctima perfecta. Cristo está celebrando su misa.
Jesús pronuncia sus últimas palabras.
*i Perdónales Señor porque en verdad no saben lo que hacen! * Estarás conmigo en el paraíso
*i He ahí a tu hijo ! 1 he ahí a tu madre !
*i Dios mío porque me has abandonado !
*! Tengo sed !
*. Todo se ha consumado !
*i Padre en tus manos encomiendo mi espíritu !
" Jesús, entonces, dando un fuerte grito, entregó el espíritu "
La debilidad de Jesús llega al punto más alto. Jesús muere y el Padre guarda silencio. Muere, unos hombres buenos bajan su cuerpo de la cruz y su cuerpo es enterrado. ¿Se acabó todo? ¿Tenían razón los Sumos Sacerdotes? ¿ Su vida había sido un fracaso? ¿El reino anunciado era una mentira?. La callada por respuesta. Silencio de Dios.
La debilidad de Dios nos pide ayuda. Nos toca a nosotros, como a los que bajaron a Jesús de la cruz, luchar y hacer posible que todo crucificado baje de la cruz. Bajemos a los crucificados por la soledad, o por la tristeza, o por la pobreza, o por la vejez, por conflictos familiares, por problemas laborales o por falta de ilusión, por prejuicios sociales, por el paro, por la crisis, por la droga, por la incomprensión o por cualquier otra circunstancia de la vida.
No es suficiente con vivir nuestras cruces como salvadoras, es necesario, vivir las de los demás, ayudando al Dios que sufre presente en ellas.

PROCESIÓN DEL CRISTO DE LA VERA CRUZ
EN LA MADRUGADA DEL VIERNES SANTO
Aunque estemos cansados, no podemos faltar a la cita
anual con nuestro Cristo en la procesión de la Vera Cruz.
Son las dos de la madrugada del Viernes Santo, entre
lágrimas cargadas de emociones y oraciones llenas de fe,
sale de la parroquia de San Gregorio, en absoluto silencio, el
Cristo de la Vera-Cruz, es Cofradía de Penitencia, el Cristo
de la "Vera Cruz",solo con el ruido de la campanilla y las
horquillas que llevan los nazarenos que portan el paso.
Durante el recorrido se rezan haciendo Estaciones de
Penitencia, las siete últimas Palabras de Jesús en la Cruz.
Entrando el Cristo de la Vera -Cruz en el convento de Santa
Clara, donde las monjas le oran y le cantan.
Al Cristo lo portan, con cariño, con amor, con fe, con
gran fervor, todo el pueblo: unos con y sobre sus hombros,
otros, con su presencia recogida, silenciosa, orante,... y otros,
sobre todo nuestros enfermos y ancianos con el corazón.
Y eso estamos haciendo nosotros...Y, mientras le
contemplamos llenos de fe, decimos:
¡ Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza !.
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor, en fruto.
¡ Dulces clavos ¡ ¡ Dulce árbol donde la Vida
empieza con un peso tan dulce en su corteza…!

VIERNES SANTO
Estamos llegando a la consumación...Jesús había dicho:
"Si el rano de tris o no cae en tierra muere queda infecundo pero si muere da mucho fruto..."(Jn.12,20-26)
Este es el mensaje del Viernes...Pero el Viernes Santo es también el día del Perdón, del amor hasta la muerte...Él "los amó hasta el extremo...", Con el que comienza San Juan el relato de la cena, se traduce hoy por: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" o por: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".
En la tarde del Viernes Santo - celebraremos los oficios litúrgicos recordando su muerte en la cruz, se medita la Pasión del Señor, adoramos la Cruz, y recitamos:
"Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada
la salvación del mundo: ¡Venid a adorarlo!":
Y cantamos:  "¡Pueblo mío! ¿Qué te. he hecho? ¿,En qué te he ofendido? ¡Respóndeme!'
En este día procesionamos: "Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores".
Año de fundación 1.968. Sede: Ermita de Jesús (Parroquia de San Pedro.. Apóstol). Realiza Estación de Penitencia con dos pasos, la imagen del Santísimo Cristo Yacente. En la Estación de Penitencia aparece igualmente la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores
Amor y perdón...Perdón y amor...Y, cuando vamos a procesionar a Jesús en su Paso camino de su sepultura y, detrás de EL, a la Madre llena de lágrimas y de amargura, escuchemos las palabras del profeta que la Iglesia pone en su boca:
"Vosotros, los que vais por el camino: mirad y ved si hay un dolor semejante al mío..."

Y en silencio vamos al "entierro" de Cristo.
Te sometiste, Señor, al abandono, a la traición, al desamparo, para que cifremos nuestra dicha en sentirnos abandonados, traicionados, desvalidos,...Y nuestra desconfianza es tan grande que todavía nos obstinamos en temer, estremeciéndonos ante la posibilidad de morir...Olvidando que, en tu muerte, nos abriste las puertas de Ti mismo y la mansión de tu amor...
Y sin necesidad de voz, nos unimos al dolor de su Madre...el que llevan a enterrar era su carne, su sangre deshecha, martirizada... En sus brazos de Madre sólo quedaba un cadáver...Pero, desde ese momento, empezaba a ser nuestra Madre, empezaba a cobijarnos en su regazo ...Sus lágrimas se le cuajaron al presentir que la íbamos a utilizar, que no podría dejarnos nunca como Madre, que su maternidad se ensanchaba...Y por eso, desde lo hondo del corazón le podíamos decir:
"Dolorosa, de pie, junto a la Cruz, tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre...".
Que sufre por las injusticias, por el odio, por las faltas de amor...Que sufre por la enfermedad, por los niños y ancianos abandonados, no queridos... Que sufre por los matrimonios rotos, por las familias destruidas, por los hogares deshechos...En una palabra, que sufre por el pecado, causa y origen de todos los dolores, causa y origen de nuestras muertes materiales y espirituales...
Y con toda el alma, con todo nuestro ser, le podemos cantar y rogar como le cantaba y rogaba el Rey Sabio Alfonso X, en una de sus cantigas:
"Ruega por nosotros, amorosa Madre, para que tu Hilo no nos desampare. De tus ojos prenden las felicidades: ¡Míranos, Señora. no nos desampares!. Bien veo, Señora, Madre de mi alma, que, por mis pecados, lágrimas derramas".
Y, con toda la Iglesia, le podamos decir:
"Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Y CONTINUAMOS CON EL VIERNES. SANTO HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES
Terminada la procesión del Cristo Yacente y la imagen de Nuestra Señora de los Dolores.
Al finalizar esta Estación de Penitencia, comienza la "Procesión de la Soledad". Se prepara rápidamente la procesión de Nuestra Señora de los Dolores que va acompañada de la imágenes de San Juan y María Magdalena, se realiza un Vía Crucis a lo largo de todo el itinerario. En la procesión de la Soledad participa todo el pueblo.
Misterio que reclama un camino común, recorridos con la Hermandad en el seno de la gran familia de la Iglesia.
No son días fáciles para la humanidad. Y no olvidamos, con el Concilio Vaticano II, que este año se celebra su cincuenta aniversario, nos dice que "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias, de los discípulos de Cristo".
Nos preocupa el dolor y el sufrimiento de tantos hombres y mujeres que viven en su carne la angustia de la falta de trabajo y la amargura y el dolor de un mundo sin futuro.
Avanzamos en nuestro camino y acompañados por María Santísima de la Soledad. A sus pies ponemos el sufrimiento de la humanidad doliente, el dolor de todos aquellos hombres y mujeres que esperan un mundo mejor y luchan cada día por hacerlo posible. Se nos invita a instalarnos en la solidaridad y en la fraternidad. Desde ahí, con los pasos procesionales que conforman el devocionario de la Hermandad, queremos ayudar a todos a buscar cauces para que la caridad y la justicia sienten su trono en medio de nuestra plaza pública.
Con ese planteamiento de fe, la Hermandad de Ntra. Sra. de los Dolores intenta responder fielmente a la misión encomendada por la Iglesia. En la Iglesia y con la Iglesia. En el mundo y solidarios con el dolor de nuestro mundo. Unidos a Cristo y a María, queremos que se haga más firme nuestra fe y robustezca nuestra esperanza.

VIGILIA PASCUAL.1 DOMINGO DE RESURRECCIÓN. VIDA NUEVA.
Después del "silencio litúrgico y respetuoso del Sábado Santo", la noche estalla de alegría, los "aleluya" suenan llenos de gozo...¡Cristo ha Resucitado!...Vivimos la gran noche, en la que se nos da la gran Noticia:
"Rotas las cadenas de la muerte.
Cristo asciende victorioso del abismo"
Esta noche santa y dichosa, porque "sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos...".
La noche se hace mañana, se hace día y la vida ha estallado con tanta fuerza, que todo el pueblo se lanza a vivir al aire libre, al campo cubierto de vida,...
Dicen los andaluces - sobre todo los sevillanos - que ellos aplauden a sus Cristos sufrientes y a sus Vírgenes dolorosas las mecen y las bailan, porque - aunque representan el dolor y la muerte -, en el horizonte, otean la fuerza de la vida en la Resurrección.
Y es que Jesús - cada vez que anunció su Pasión y Muerte - siempre proclamó que, al tercer día, resucitaría, volvería a la vida para siempre, la muerte "ya no tendría dominio sobre Él..."
Por eso - después de haber vivido la grandeza de la Vigilia Pascual, la Vigilia de las vigilias -, cantamos al llegar la mañana del domingo con la Liturgia:
"Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. ¡Aleluya!"

Y, también con la Liturgia proclamamos:
"¡Alegre la mañana que nos habla de Ti! ¡Alegre la mañana!
Bendita la mañana que trae la gran noticia
de tu presencia joven en gloria y poderío:
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío...

Y añadimos como desbordados por el acontecimiento:
"En nombre de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora:
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora".

Porque si Cristo ha resucitado, también nosotros resucitaremos, también nosotros, con San Pablo, proclamando a los cuatro vientos:
"Muerte, z dónde está tu victoria, donde está tu aguijón?...
,¡Alegría, hermanos, que si hoy nos queremos es que Jesús
RESUCITÓ...!"

En la mañana del Domingo de Resurrección todos los montijanos y montijanas vestimos nuestras mejores galas para ir a la procesión del Resucitado, llamada "el Encuentro" que se realiza desde tiempo inmemorial, representando una escena bíblica en la plaza.
La procesión sale de la parroquia de San Pedro, se divide en dos procesiones que van por distintas calles, en una va San Juan, María Magdalena y la Virgen del Rosario y en la otra va la imagen del Cristo Resucitado. Una vez llegadas a la plaza comienza el encuentro: María Magdalena sale al encuentro del Resucitado se hacen el saluda y corre a decírselo a San Juan que va al encuentro con el Resucitado se hacen el saludo y corre a decírselo a su Madre, es María la que va a ver a su Hijo resucitado, se saludan y comienza una sola procesión con las cuatro imágenes a la parroquia de San Pedro para celebrar la Eucaristía de la Pascua del Señor.
Y, en una mañana de idas y venidas, vamos a María Magdalena a preguntarle:
"¿ Qué. has visto de camino, María en la mañana? ”
Y ella nos contesta alborozada:

“A mi Señor glorioso, la tumba abandonada.. 'Resucitó de veras mi amor y mi esperanza...¡"
Y vamos corriendo a María - la de la Piedad, la de los Dolores, la del Rosario,... y le cantamos:
"Regina coeli, laetare, ¡Aleluia...!"
"Reina del cielo, alégrate, ¡aleluya!
Porque el Señor, al que mereciste llevar en tu vientre, ¡aleluya!
¡Ha resucitado!, según su palabra, ¡aleluya!
Ruega al Señor por nosotros ¡i Aleluya !!"

Y desde la gloria de este día, el Resucitado - que nos enviará el don del Espíritu - nos dice su palabra definitiva:
"Permaneced en mi amor...Permaneced en el amor que yo he derramado en vosotros".
Contentos de haber vivido una Semana Santa más, renovados nuestros propósitos, porque hemos renovado nuestros Sacramentos Iniciación Cristiana, proclamamos, en el año de la fe, con las palabras del Papa Benedicto XVI:
"La puerta de la fe está siempre re abierta para nosotros...Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida".
Proclamamos, para terminar, con la Iglesia:

"Esta es nuestra fe...Esta es la fe de la Iglesia,
que nos gloriamos de profesar en Cristo nuestro Señor...Amén"
Quiero terminar con una oración:
Señor,
quiero ser un hombre nuevo. A la luz de tu resurrección quiero ser un hombre nuevo.

Quiero que en mi vida haya
justicia, paz, confianza, valentía, amor,.., Quiero estar siempre al lado
de quien me necesite.
Quiero ser humilde, amable, cordial, justo. Quiero irradiar a mi alrededor
todo cuanto estoy aprendiendo
y viviendo en mi caminar:
tu mensaje de AMOR.
Todos aspiramos a un mundo mejor. Pero si yo no cambio,
¿Cómo va a cambiar el mundo?
Señor,
ayúdame a ser un vaso nuevo
en tus manos de alfarero.
Ayúdame a dejarme moldear
a tu manera y a tu gusto,
porque estoy seguro
que eso será lo mejor
para mí,
para mi alrededor
y para el mundo.
Señor,
ayúdame a ser un hombre nuevo
a la luz de tu resurrección.                        
HE DICHO.
Manuel Pérez Cirión
Montijo a 9 de marzo 2013



2012 María Arrobas Vila

           Buenas noches a todos.
           Comienzo con un saludo afectuoso a los representantes de las Cofradías, Hermandades y Asociaciones que tanto  trabajan para que la Semana Santa tenga, aquí en Montijo, la dignidad que merece y de una manera especial, mi entrañable saludo para Santi, Pedro, José Manuel y María José,  que con su juventud y su entusiasmo me han animado desde el primer momento.
            Por supuesto mi agradecimiento a los que me habéis proporcionado datos muy valiosos, como Paco López, y a todos los que os habéis molestado en venir a escucharme. Espero no defraudaros ni haceros perder vuestro tiempo.
            Y sin más preámbulos, comienzo el Pregón.
            
Presentación.
            Cuando me ofrecieron ser “pregonera” de la Semana Santa, me quedé sorprendidísima…Ni a soñar que me hubiese echado podía imaginar que a mi edad, tan mayor, podría interesar a nadie lo que pudiera pensar o decir sobre este acontecimiento. Pero reacciono y me acuerdo de una noticia que me mandó mi hija Julia sobre una mujer, Rita Leví, premio Nobel de Medicina en 1986, cuando era muy mayor, y decía que se sentía como si tuviera veinte años. El año pasado cumplió cien y piensa seguir en la brecha, trabajando, siendo útil…Pues yo quiero ser como esta señora, lógicamente salvando las distancias, pues soy una simple mujer de pueblo que me asombra figurar entre los ilustres pregoneros que ha tenido nuestra Semana Santa. Y pienso: si ellos lo han hecho ¿Por qué no lo intento yo con la ayuda del Espíritu Santo?  Digo esto porque es la verdad. Cuando comencé el Pregón no sabía por dónde empezar. A mí han sido las Cofradías las que me han invitado y no puedo negarme ante un reto de este calibre. Es un honor ser pregonera en mi pueblo, que nunca olvidaré y siempre les estaré agradecida. Muchísimas gracias por acordaros de mí. Espero vuestra comprensión y perdonéis los fallos que podáis encontrar, que procuraré que no sean muchos, pero tener la seguridad de que todo lo que os voy a decir, sale de lo más profundo de mi corazón y no pretendo otra cosa más que ayudaros a preparar esta Semana Santa de 2012 como si fuese la más importante de nuestra vida puesto que en ella seguro que nos vamos a encontrar con Cristo sufriendo nuestros olvidos e infidelidades, pero también con Cristo resucitado que nos llenará de esperanza.
            
Podría comenzar recordando al antiguo pregonero que decía: “Se hace saber…” y soltaba el pregón ante la expectación de chicos y mayores. Pero, me surge una duda: tal como están las cosas en la actualidad, con la crisis, el paro, los problemas de todo tipo que nos preocupan cada día ¿ A quién le puede interesar un pregón anunciando una semana de sufrimiento, de agonía y muerte de un condenado ocurrida hace más de 2000 años? Ahora solo interesan las noticias financieras, políticas o las que los medios nos proporcionan como “noticias del corazón” sobre arreglos y desarreglos amorosos de famosos o famosillos a los que seguimos con el máximo interés. Sobre noticias de gente comprometida, gente con valores de los de verdad, que se sacrifican por los demás, que incluso llegan a dar su vida por otros ¡Que pocas veces escuchamos algo!

También pienso que los pregones se echaban en las esquinas de las calles más concurridas, en las plazas, en las puertas de los mercados, para que llegasen al mayor número de gente posible. Si lo hiciésemos ahora así (cosa que me gustaría muchísimo pues aquí estamos los que seguimos a Jesucristo, pero fuera están los que no le conocen, a los que también quisiera llegar) repito, si lo hiciésemos ahora así, creo que no nos escucharía nadie pues es tal el ruido del tráfico y demás en nuestras calles que la mayoría no se pararían ni para enterarse de qué se trataba. ¡Quizás algún curioso! ¡Algún despistado! Sin embargo, estamos aquí bastantes y vamos a anunciar unas noticias antiguas pero actuales que nos afectan a nuestras creencias, a nuestros valores, a nuestros comportamientos, a nuestra sociedad y en definitiva a nuestro pasado, a nuestro presente y lo más alentador y esperanzador, a nuestro futuro.
           
Ser este año la “pregonera” es como hablar de familiares, amigos o personas que me han marcado. Hago el pregón porque es anunciar los tristes y gloriosos sucesos ocurridos a un amigo, Jesucristo, al que sigo desde hace muchos años y del que me considero, como se dice ahora, “fan” incondicional, comprometida con su palabra y con sus obras. Pienso…que si vosotros estáis aquí, no es solo por escuchar lo que pueda decir, sino porque como yo, sois seguidores de este Jesucristo que pregono en la última semana de su vida, siendo nosotros ahora, después de tanto tiempo, sus testigos vivos.
          
Los creyentes tenemos dos formas de celebrar la Semana Santa: una, hacia dentro, queriendo interiorizar todo el Misterio Pascual mediante celebraciones litúrgicas que se preparan con mucho interés,  y que nos ayudan a vivir de una manera personal la muerte y resurrección del Señor. Lo que pretendemos es  acompañarlo, dolernos con sus sufrimientos y salir renovados de estas celebraciones. La otra manera de vivir la Semana Santa es hacia fuera, sacando a la calle todo lo que se vive en los templos mediante las procesiones y otros actos, en los que quedan expuestos a todo el pueblo, creyentes y no creyentes, los momentos más importantes de la Pasión y Resurrección del Señor. Son celebraciones tradicionales, multitudinarias, a veces fervorosas en las que el pueblo muestra mucho interés, aunque sea solo como espectador, pero también afloran en ocasiones sentimientos internos y vivencias que nos ayudan a ser mejores. Contemplar al Cristo moribundo en la procesión, o a la Dolorosa, la Madre, que va detrás de su hijo muerto, nos hace pensar muchas cosas.
          
Estas dos formas pormenorizadas son las que quiero exponer comenzando por lo que vivimos, lo que sentimos en estos días. Y surge la pregunta:
         ¿Qué  es  la Semana  Santa?
          Pues ni más, ni menos que los siete días en los que los cristianos celebramos solemnemente el Misterio Pascual. Suponen la consumación de toda la vida de Jesús,  en la que de una manera sencilla, había ido manifestando su amor por el hombre. Son siete días en los que el Amor triunfa sobre la muerte y por eso también la llamamos Semana Grande, Semana del Dolor y del Amor,  la del paso definitivo de Dios por la Tierra para abrirnos la esperanza en el más allá.
          Jesús Llegó a Jerusalén a celebrar la Pascua, como era costumbre entre los judíos, acompañado de amigos y seguidores que lo habían escuchado durante el tiempo que se dedicó a predicar el amor, la justicia y la paz.
         San Marcos (cap. 11-7) cuenta que al entrar Jesús en Jerusalén “Muchos extendían  sus mantos sobre el camino, otros cortaban ramas de los campos y los que le precedían o le seguían, gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ”.
          Todo era alegría, algarabía. Sin que nadie preparase una recepción a la llegada de Jesús, el pueblo, de una manera espontánea, lo aclamaba victorioso. Y no llegaba de una manera arrogante o lujosa como solían hacerlo los reyes o los generales victoriosos al estilo romano, montados sobre vistosos caballos o aclamados bajo un arco de triunfo. No, no…Todo lo contrario. Llegaba montado sobre un humilde burrito, además prestado, simbolizando la mansedumbre, la paz. No llevaba escoltas, ni armas. Solo le acompañaba el griterío de la gente que lo aclamaba como el que predicaba un orden nuevo de amor y justicia.
            Entre los que lo aclamaban se encontraban bastantes niños de tal manera, que al oír como gritaban: “Hosanna al Hijo de David”, agitando sus ramos, los                             sumos sacerdotes y los escribas se indignaron y tomaron la determinación de      eliminarlo.
             Había una alegría especial que seguramente sorprendió a sus discípulos, por eso el salmo 117 canta: “Este es el día que actuó el Señor. Sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Y San Lucas (cap. 19-40) añade: “Si los niños y el pueblo callasen, gritarían las piedras”.
            Pero se acercaba la Pascua y como Jesús no tenía casa en Jerusalén pidió a un amigo que le dejase la suya para celebrar en ella la Cena Pascual con sus discípulos siguiendo la costumbre judía.
            Ya reunidos en casa del amigo, se quita el manto y de rodillas, sirve a los que están allí en lo más desagradable: les lava los pies. Todo un Dios de rodillas, humillado, ante nosotros, los hombres… Ahora, después de haber pasado tanto tiempo de este episodio, todavía nos conmueve y nos asombra porque actualmente lo que llama la atención es todo lo contrario: figurar ante los demás, darnos importancia, no tener ninguna consideración ante el pobre o el que por alguna razón ha perdido el prestigio                                          social y ya no cuenta para nada. La actitud de Jesús es ¡Sorprendente! ¡Admirable!
            Y continúa la celebración de la Pascua. Sabía que era la última vez que iba a comer y beber con sus discípulos. Sería una celebración memorable, irrepetible. Aquella reunión…se convirtió en la Santa Cena, y el lugar donde se celebró, en el Cenáculo. Por esto, el Jueves Santo, todos los templos de la Tierra en los que nos reunimos para conmemorar esta última muestra de amor de Jesús, se convierten en la casa a la que Él quiso ir, son las casas del Señor, los Cenáculos.  En el Pan de la Última Cena, nos llenamos de la fuerza del amor de Cristo, y lo mismo ocurre con el Vino, la sangre que se derramó para que nosotros tuviésemos vida. Con sus palabras: “Haced esto en memoria mía”, nos pide que sigamos comiendo del Pan y bebiendo del Vino para que nos alimentemos de su vida. Se actualiza su muerte y su resurrección, todo el Misterio Pascual, guardado por la Iglesia como el mejor de los regalos del Señor.
            Y preparándose para lo que iba a suceder en los días siguientes, San Lucas (cap. 21-37) nos dice: “Salía por la noche para pasarla en el monte de los olivos, en oración”. Jesús oraba intensamente pues se acercaba el final de toda su labor de amor en la Tierra. Por esta razón Judas Iscariote, la noche del prendimiento, fue directamente a buscarlo, al monte de los olivos.
            Comienza la Noche Triste que como un largo vía crucis quiero recordar de una manera breve, desde el prendimiento de Jesús, cuando lo único que mantiene sus fuerzas es la voluntad del Padre con el deseo de redimir y salvar a la Humanidad. Prendido como un delincuente, es acusado y condenado por el Sanedrín solamente porque predicaba el amor al prójimo, porque era pobre y porque se rodeaba de gente inculta y de mala vida. Por eso, era considerado como un peligro para el pueblo.
            Además, aquella noche, fue negado por Pedro, el discípulo más cercano a Jesús y al que miró con la decepción de verse ignorado en boca de un amigo…Fue juzgado por Pilatos, objeto de burlas, azotado, coronado como rey, pero con espinas que se clavaban dolorosamente en su cabeza. Y por último, cargado con la cruz, una cruz muy grande y muy pesada: era la carga de todas las miserias de los hombres sobre los hombros de Jesús. ¿Podría soportar semejante carga?
            Y aquí aparece un hombre que volvía del campo, Simón de Cirene al que obligaron a ayudarle porque las fuerzas estaban al límite. Sin saberlo, Simón ayuda al mismo Dios en su terrible carga.
            Pero… seguimos la Vía Dolorosa, camino del Calvario.
            Ya en la cima del monte, despojado de sus vestiduras, fue crucificado. Había mucha gente alrededor mirando cómo se consumaba todo, pero la que verdaderamente estaba allí, no mirando simplemente, sino asumiendo la agonía de su hijo era María, su madre, que rota de dolor se apoya en Juan, el discípulo amado. Ambos reciben como en testamento la entrega mutua: que la madre no se quede sin hijo y que el hijo no se quede sin madre. ¿Hay mayor prueba de amor que recibir a alguien como hijo?... María desde este momento es la madre de todos los creyentes, la Madre de la Iglesia.
            Llegamos al final:”Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” y ahí está consumado su sacrificio. Por todo esto, la gloria de Cristo es la cruz en la que murió. La cruz es su victoria, en ella dio la vida para salvar a toda la Humanidad. En la cruz el dolor se transforma en esperanza, la muerte espera la resurrección.
            San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales invita a reflexionar: “Dolor, con Cristo doloroso; quebranto, con Cristo quebrantado; lágrimas, pena interna de tanta pena que Cristo pasó por mí”.
            Y continuamos.
             Como se acercaba el sábado, día sagrado para los judíos, en el que no se podía hacer nada, José de Arimatea y algunos más, dieron sepultura al cuerpo de Cristo de una manera precipitada pues se hacía de noche. Se imponía el silencio. Todo lo que se pudiera decir, después de lo sucedido, sonaba a fracaso, sonaba a vacío. Cristo, la Palabra, había sido sepultado. Todo había concluido.
            Empieza el tiempo de espera, como cuando se siembra un campo. En este caso, es una espera corta, intensa, expectante. Pronto, al tercer día, la vida volverá a florecer y la muerte será vencida.
             Y así, el primer día de la semana, el primer día de la nueva era, el que desde entonces será el Día del Señor, el Domingo, muy de madrugada “Cuando todavía estaba oscuro, era casi de noche”, según S. Juan (cap. 20-1), las mujeres que habían estado en el Calvario y asistieron a la sepultura de Jesús, María Magdalena, María la de Santiago y otras, impacientes, pensando que no habían preparado convenientemente el cuerpo de Cristo por la precipitación de enterrarlo antes del sábado, llevaron al sepulcro aromas y ungüentos para perfumarlo. Vieron la losa removida y el sepulcro vacío…María Magdalena lloraba sorprendida porque no sabía dónde estaba Jesús hasta que lo reconoció en medio del huerto con ese ¡Rabonni! ¡Maestro! Después…carreras a contar a los discípulos lo que se habían encontrado. Y más carreras de Juan y Pedro que incrédulos querían llegar los primeros al sepulcro para ver lo que había sucedido…Pero Él no estaba allí en el oscuro y frío sepulcro. Cristo no estaba en la tumba porque Él está entre nosotros y nos habla al corazón. Él está aquí y nos alimenta en cada Eucaristía con su cuerpo. Él está aquí y quiere que llevemos ahí fuera la esperanza, la alegría y el compromiso de dar testimonio de su resurrección.
             Por todo esto,  los cristianos no debemos estar tristes: Cristo resucitó como dijo y debemos ser testigos de alegría. Por eso la Pascua es luz, es amor, es comenzar una vida nueva. No tenemos que quedarnos solamente con lo que sucedió entonces, sino que todos y cada uno de nosotros debemos intentar que la Pascua, nuestra Pascua, sea la fiesta que nos lleve a la renovación de nuestra fe, de nuestra esperanza, al amor a los demás, a la alegría de ser cristianos, testigos vivos de su amor. A todos nos espera la resurrección.
           
¿Cómo vivimos todo esto aquí en nuestro pueblo?
               Otra manera de vivir la Semana Santa.
              Hacia fuera es la dimensión popular de todo lo que os he expuesto. En esta dimensión, las Hermandades, Asociaciones y Cofradías tienen aquí, en Montijo, un protagonismo especial pues son sus integrantes los que con su interés y entrega han conseguido que por nuestras calles desfilen los pasos más significativos de todo el dolor y el amor que representan estos siete días santos.
              Pero las procesiones de Semana Santa no han tenido siempre el reconocimiento y fervor popular actual. Antiguamente eran simplemente sacar algunas imágenes a la calle a hombros de algunos devotos y en lo que yo recuerdo, acompañados principalmente por niños. Por ejemplo, la procesión del Jueves Santo de cada año era una multitud de niños y niñas, en fila unos a un lado, otras al otro, comiendo las “chucherías” de entonces que eran garbanzos tostados, altramuces y algún  que otro caramelo. Se le conocía como la “procesión de los altramuces” quizá por la abundancia de éstos o por ser protagonistas los más pequeños, los niños.
            Todo esto empezó a cambiar en 1940. En los primeros días de la Guerra Civil (1936-1939), un grupo de hombres bastante conocidos del pueblo, estuvieron retenidos a la fuerza en el convento de las Clarisas, cuando éstas fueron expulsadas de allí. Eran momentos difíciles y  convivieron esos días con lo que se encontraron dentro de los muros del convento. Entre las imágenes estaba la Virgen de la Piedad. Suplicaron su protección  y cuando salieron de aquel encierro, contaron a familiares y amigos la compañía y el consuelo que había supuesto para ellos la Virgen de la Piedad. La devoción se extendió por el pueblo y un grupo de hijos y parientes de aquellos hombres, todos muy jóvenes, entre los que se encontraban Paco Gragera, Modesto Pinilla y Paco López, junto a algunos amigos, decidieron pedir permiso a las monjas Clarisas, que ya habían vuelto al convento, para sacar la Piedad a la calle el Miércoles Santo, en agradecimiento a la libertad conseguida bajo su protección.
             Entre 1940 y 1942 salieron con  la Virgen, sin hábito, pero al acompañarles Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la ermita de Jesús, seguramente decidieron adoptar las vestiduras negras, en señal de luto y dolor. Actualmente se les conoce como “los Negros”.
              La devoción iba en aumento y en 1942, después de obtener el permiso del señor obispo, decidieron formalizar la “Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad” como estación de penitencia, de oración, de agradecimiento.
              Unos años más tarde, en 1966, Antonio Sánchez, el Granadino, junto a algunos amigos, decidieron organizar la “Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores”, conocidos popularmente ahora como “los Colorados”, antes como los “Amapolos”, comenzando a tener la Semana Santa de aquí de Montijo, la importancia que con los años se ha ido consolidando, en cierto modo influenciada por las Semanas Santas andaluzas pero con un matiz más austero, más severo.
              El resto de las cofradías son más recientes pero todas,  desde sus comienzos, han puesto siempre el máximo cariño e interés para que sus Cristos o Vírgenes y por supuesto sus procesiones, sean las más devotas, más multitudinarias e incluso las más vistosas con los vestidos de sus imágenes, mantos y túnicas ricamente bordados. Incluso las andas se han enriquecido y modernizado luciendo flores simbólicas según la cofradía: malvas, el Miércoles Santo; rojas, el Jueves Santo; blancas, el Viernes…
             
 Y paso a enumerar brevemente lo que la religiosidad popular contemplará en nuestras calles en este 2012.
              El  Domingo de Ramos, por la mañana, se celebra la bendición de ramos y la entrada de Jesús en Jerusalén con la Cofradía “Jesús Salvador de los Hombres”. Este año sale de la Parroquia de S. Gregorio y al término de la procesión continúa la Santa Misa en la Parroquia de S. Pedro. A esta procesión se le conoce popularmente como la de “la burrita” y es una de las más multitudinarias pues a ella acuden padres, madres y niños de todas las edades. Todos con los ramos de olivo bendecidos, participando en el recibimiento a un Jesús humilde pero aclamado como rey. Se decía antiguamente: “El domingo de Ramos, el que no estrena, no tiene manos”, simbolizando lo nuevo, lo mejor para recibir a Jesús. Era cuando se estrenaban los vestidos de verano.
            Los dos días siguientes, Lunes y Martes Santos, son días de preparación para todo lo que vendrá después. Son días de recogimiento, de oración y celebración comunitaria de la penitencia en los templos. Hay personas que aprovechan estos días para reconciliarse penitencialmente de toda la andadura del año. Van a los templos solamente en estas celebraciones y cumplen con el precepto pascual.
             En las iglesias, las Hermandades, Asociaciones y Cofradías ultiman los detalles de sus procesiones con esmero y preparan los trajes que llevarán. Las mujeres ayudan a vestir las imágenes especialmente las de las Vírgenes y sacan las mantillas dispuestas a acompañar a sus Cristos o Vírgenes.
            También en las casas hay más actividad de lo normal pues se preparan las comidas de abstinencia, propias de la Semana Santa: verduras, escabeches, bacalao, etc. sin olvidar los dulces típicos como roscas fritas, empanadas, pestiños…
            El Miércoles Santo, la “Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad” sale por las calles del pueblo desde la ermita de Jesús. Jesús cargado con la cruz y ayudado por Simón Cirineo es acompañado por los hermanos con sus cruces y cirios.  La preciosa imagen de la Virgen de la Piedad acompaña a su hijo en la Vía Dolorosa. El silencio se palpa al paso de la procesión por las calles del pueblo, únicamente roto por la música que se une a la emoción de todos.
             
Y llegamos al Jueves Santo, día del Amor. Después de la celebración de la Cena del Señor en este día en el que Jesús nos dejó su cuerpo y sangre como el mejor regalo en la institución de la Eucaristía, por la noche, desde la Parroquia de San Pedro sale la “Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima  de los Dolores”. Impresiona y mucho el Cristo crucificado,  en agonía, consumando el sacrificio, llevado con paso solemne por los nazarenos de rojo, símbolo de la sangre derramada como los claveles que sujetan el pie de su cruz…Y detrás, la Dolorosa con la expresión de una madre que llora a su hijo injustamente tratado, a un hijo que muere.
            En la madrugada del Viernes Santo, desde la Parroquia de San Gregorio, sale la “Cofradía de la Vera Cruz” acompañando al Santísimo Cristo de la Misericordia en absoluto silencio solamente roto por un agudo toque de campanilla y el golpe que marca el paso de la procesión por las solitarias calles del pueblo. La austeridad, el recogimiento y la soledad caracterizan esta procesión en una noche tan especial. La “Cofradía de la Vera Cruz” es la más joven de las que existen en la actualidad siendo su fundación en 1987.
            El Viernes Santo, después de la celebración en las parroquias y en el convento de las monjas de la Pasión del Señor, la “Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo” organiza la procesión más participativa de toda la Semana Santa. Aunque los nazarenos “Blancos” (porque así es su capuchón) son los titulares, les acompañan una representación de las otras hermandades y cofradías, además de un gran número de mujeres con sus mantillas. Se considera como lo que representa: el entierro de Cristo al que mucha gente del pueblo quiere acompañar, unos como integrantes del acto y otros como simples espectadores. Se puede decir que es una manifestación popular de dolor, de pesar, por todo lo vivido durante la Semana Santa.
            La Virgen de los Dolores sigue la urna con el cuerpo yacente de Jesús hacia el sepulcro. La banda de música interpreta siempre música fúnebre.
            Cuando termina el entierro, casi a la media noche del Viernes, se celebra la procesión de la Soledad, organizada por la “Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores”. Se recuerda la vuelta desde el sepulcro de la Virgen, acompañada por San Juan y la Magdalena junto a las mujeres que fueron testigos de todo lo sucedido. Llevan a la Virgen y acompañantes hacia el templo, en silencio y con sus velas encendidas como si velasen por la seguridad de aquella vuelta a casa desde el sepulcro sin Jesús…
             
El Sábado Santo es un día de reflexión de todo lo vivido últimamente y de espera, de recogimiento. Si “por las vísperas se conocen los santos”, el Domingo de Resurrección se adelanta en el pueblo mediante las Vigilias Pascuales que se celebran en las parroquias y en el convento de las Clarisas. La Vigilia es la manifestación alegre y esperanzada de la Pascua, de la Resurrección, pasando de las tinieblas a la luz, de la muerte, a la resurrección y a la vida. Es una fiesta gozosa de los creyentes que como la Magdalena adelantamos el gran acontecimiento de la Resurrección. Escuchar las campanas en la noche de Pascua, cuando la vigilia anuncia a Cristo triunfante, resucitado, es comprobar que se ha cumplido lo esperado…
               Ya por la mañana, es el día más importante del año porque en él se cumplió lo que se había anunciado desde muy antiguo: “Resucitó al tercer día”, y nos abrió las puertas a la esperanza, al goce eterno. La Pascua es luz, alegría, vida nueva. Si vivir consiste en amar, Cristo nos da la prueba más palpable de su amor por el hombre volviendo a la vida, quedándose con nosotros para siempre.
             En el pueblo siempre se ha celebrado la Pascua de una manera especial. Yo recuerdo haber ido a la Parroquia de San Pedro con una jarrita a por agua bendita para después, con romero también bendecido, ir por todos los rincones de la casa salpicando mientras se decía: “Sal demonio de este rincón que ya resucitó Nuestro Señor”. Las casas quedaban bendecidas hasta la Pascua siguiente con gran contento de todos los que vivían en ellas.
             Los niños celebraban la Resurrección saliendo en pandillas con campanillos e incluso cencerros, recorriendo las calles con gran alboroto. Todo en el pueblo era alegría puesto que todo se había cumplido. Pero lo que más ha perdurado ha sido El Encuentro, organizado en la actualidad por la “Asociación Jesús Resucitado”. Según cuentan, antiguamente era tal el interés que tenían los mozos del pueblo por llevar al Resucitado o a la Virgen y acompañantes, que muy temprano, el Domingo de Resurrección, se iban a la iglesia para poder elegir las andas de las imágenes que querían llevar y como reserva, dejaban sus pañuelos atados para que nadie se las quitase.
             
Actualmente también hay bastante interés por presenciar El Encuentro. La gente con sus mejores vestidos de primavera-verano, acude con prisa a la Plaza, como lo hicieron Pedro y Juan deseando cuanto antes ver a Jesús, ahora, para presenciar la llegada de las imágenes. Todos esperamos  ver al Resucitado y a su Madre, a San Juan y a la Magdalena inclinarse en entrañable saludo. La gente rompe en aplausos no solo reconociendo si la inclinación se ha hecho mejor o peor, sino por lo que representa la noticia de que el Señor no nos ha dejado. Siento alegría, gozo interno por tener la suerte de vivir, de ser testigo de todo esto…
              Y termino. Como he dicho anteriormente, creo que todos en esta Semana Santa tenemos la ocasión de encontrarnos con Jesús si vivimos los próximos acontecimientos en toda su dimensión y no solo como espectadores. Vamos a vivirlos como algo personal pues representan la propia vida con sus alegrías y tristezas, sus dolores y gozos pero si contamos con la cercanía de Jesús, todo será más llevadero.
             
 Como broche final os invito a escuchar un canto a la vida en la voz de Ainhoa Arteta. La vida es eso: soñar, renovarse…Cada día RESUCITAR.
              A todos os deseo
                               ¡¡¡  FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN   !!!
María Arrobas Vila




2011 Francisco Quintana Gragera

"RECUERDOS DE UN AYER".

SALUTACION
Autoridades Civiles, Eclesiásticas y de la Junta Gestora
Sr. Párroco de S. Pedro Apóstol, D. Pedro Gómez Serrano
Sr. Representante de la Junta Gestora de Hermandades y Cofradías
Sr. Alcalde, D. Alfonso Pantoja Gómez del Exmo. Ayto. Ayuntamiento de Montijo
Concejal de Cultura,
Hermanos mayores,
Presidenta de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores
Hermano Mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad
Hermano Mayor de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores
Hermano Mayor de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo
Hermano Mayor de la Cofradía Jesús Salvador de los hombres
Hermano Mayor de la Cofradía de la Vera Cruz
Responsable de la Asociación Jesús Resucitado
Cofrades, montijanas y montijanos todos, amigos y amigas.

Sean mis primeras palabras de agradecimiento a la Junta Gestora de las Hermandades y Cofradías de Montijo por invitarme como pregonero de esta Semana Santa 2011. SER pregonero y engrosar esa lista de pregoneros de la Semana Santa en Montijo, junto a muchos conocidos en esa extensa lista de pregoneros que comenzó allá por el 1988 Con D. Julio Fernández Nieva, Tomas Peña, hasta José Moreno Losada, curiosamente todos compañeros de la Universidad de Extremadura. Muchas gracias por la invitación. Agradecimiento que amplío y subrayo en quien ha hecho la presentación, Santiago, a quien no tenía el gusto de conocer y me convenció para esto. Doy fe que ha realizado bien su trabajo.

Cuando hace unas semanas me pidieron unas notas para la revista de Semana Santa ya había aceptado un poco a regañadientes dictar el pregón- me vi obligado a reflexionar por vez primera sobre esto de ser pregonero de Semana Santa. En esas notas anticipé algunas de las cuestiones de esta introducción.
Para no levantar más expectativas de las necesarias, decía, digo y pregono que yo no soy pregonero, ni siquiera anunciador. No creo ser original al comenzar así, pues muchos de los que tienen que pregonar la Semana Santa empiezan de este modo. Sin ir más lejos en esta misma tribuna quien me antecedió en el pregón de 2010, D. José Moreno Losada, profesor, compañero y conocido mío en la Universidad, además de sacerdote y Capellán de la Universidad, se manifestaba de igual manera. Sin embargo él hizo una brillante disertación del oficio de pregonero. Bueno, pues yo tampoco soy pregonero, si acaso hablante. Desde la tarima de las aulas, en mi oficio, hablo y mucho, desde hace ya 30 años, pero de otras cosas alejadas en principio de esto que hoy nos reúne. Y digo en principio, porque si la Semana Santa -acabaremos concluyendo que es recogimiento, amor, sufrimiento y al final regocijo y alegría- ¿quién no le podría sacar un paralelismo con el quehacer diario de cada uno de nosotros? Seguro que sí, será cuestión de hacer un sosegado análisis que dejo sobre la mesa para otro momento. Por eso, solo digo que voy a ser un hablante y expresar en alto unas vivencias, unas ideas y unos sentimientos, que espero sirvan para lo que dicen los manuales que es un pregón, “… acto de promulgación en voz alta de un asunto de interés público y con el que se inicia una celebración...”.

También decía en la revista que no creo ser buen representante de la SEMANA SANTA. En mi opinión me daría un aprobado sin más. Cuando era muy niño, aquí en el pueblo, en los actos de Semana Santa participaba activamente. En mi lenguaje, cuando me refería a los desfiles procesionales , yo decía, y bien que me lo recordaban mis padres, mis tías y sobre todo mi tío D. Pedro Gragera, que yo era de “los negros”, de “los rojos” y de “los blancos” en referencia a los tres desfiles procesionales del Miércoles, Jueves y Viernes Santo. El primer año tuve mis dudas, me parecía excesivo ir en los tres desfiles, y no se me olvidará cuando a D. Pedro (tío Pedro el cura como yo le llamaba en mi casa) le pregunté si se podía ser nazareno en tres procesiones. Con ese tono sentencioso que él utilizaba, y que muchos de vosotros recordáis, me contestó algo que, aunque en aquellos momentos no comprendiera plenamente, se me quedó grabado “Paco, con devoción se puede pertenecer a todas las que tú quieras, así que ya sabes”. Ese “así que ya sabes” eliminaba en mí cualquier tipo de duda.

Luego ya, con el paso del tiempo, cuando me fui moviendo por otros lugares por motivo de estudios o trabajo mi presencia se fue haciendo más esporádica, siendo más espectador que actor de otras muchas Semanas Santas, recuerdo con cariño muchas cosas de la Semana Santa de Sevilla, en mis años de estudiante.

Entonces, os preguntaréis, que por qué acepto de buen grado esta invitación a pregonar la Semana Santa en Montijo. Pues por esta última palabra, Montijo.

No soy pregonero, no creo ser de los mejores representantes para hablar de Semana Santa pero lo que sí soy es, montijano, de Montijo. Y lo digo de esta forma porque con esta cuestión también tengo mi anécdota particular.

Cuando empecé a salir del Pueblo, que es cuando te empiezan a preguntar de dónde eres yo decía “de Montijo”, pero lo decía con ciertas dudas. La duda era porque en mi DNI, pone nacido en Badajoz. Una vez se me ocurrió preguntar en casa por tal circunstancia, como mi padre en este tipo de cuestiones dejaba la iniciativa a mi madre, ella me empezó a dar algunas explicaciones que no entendía muy bien (las decía en voz baja…no se qué historia de matronas..) pero que acababan con una sentencia en alto que no dejaba lugar a réplica y eso sí que no se me olvida y muchas veces repito cuando me preguntan de dónde soy, “….eso del carné no tiene importancia, a los tres días ya te habían bautizado en la Iglesia del Pueblo”. Y ahí se me acabaron todas las dudas de ser o no de Montijo. Bueno, podría quedarme otra duda, pero esa ni se me ocurrió plantearla nunca, ¿cual era la Iglesia del Pueblo? porque sabía o intuía la respuesta ya que la había escuchado en otras ocasiones, “la nuestra, la de San Pedro”. Para los que nos hemos criado a pocos metros del atrio y además pasamos todos los años de la Escuela en el Colegio Padre Manjón, “el de antes”, no quedaba ninguna duda de cual era la Iglesia del Pueblo. El atrio y la parte de trasera de la Iglesia eran como el patio de mi escuela, de hecho, algunas veces se utilizaba así. Era el sitio donde me vienen muchos, la mayoría de los recuerdos y vivencias, los habituales del día a día, de algarabía, de juegos, de algunas más formales y propias del lugar, bautizos, comuniones, bodas, celebraciones litúrgicas, y otras que se celebraban cada año como la Navidad, o como esa semana en la que el silencio devoto se adueñaba de mi atrio y, salían o entraban en la Iglesia, o la rodeaban por alguno de sus laterales, todas y cada una de las procesiones, todos los desfiles de nazarenos que portaban o acompañaban a Vírgenes y Cristos. Era la Semana Santa, la Semana Santa de mi PUEBLO, LA SEMANA SANTA DE MONTIJO


Pregonar la SEMANA SANTA

Pregonar es tomar la palabra para anunciar algo, con el pregón se inicia una celebración. En un tono más profundo o poético algunos dicen que “pregón es el eco de la palabra”. Lo que no debe ofrecer dudas es que un pregón no debe ser un conjunto de palabras huecas. Aunque sea excelente en las formas, debe expresar adecuadamente lo que se anuncia y debe ser actual, pues no tiene sentido anunciar algo que ya ha ocurrido. Pero ocurre muchas veces que las palabras se convierten en corsé para quien las usa y no sirven para expresar la honda y profunda realidad que se esconde tras quien habla. Y en ese instante, sería mejor callar. Eso ocurre al anunciar, pregonar la Semana Santa, porque decidme, ¿de qué vale mi palabra, si la realidad que celebramos en la Semana Santa es la muerte de la PALABRA misma, el VERBO con mayúsculas? El mejor comentario sería, sin duda, el silencio.

Ese silencio que se nos manifiesta de muy diversas maneras en muchos pasajes bíblicos.

- “Esté todo hombre presto y fácil para oír y tardo para hablar”
(Santiago, 1.19)

- “Coloca, Señor, una guarda en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios”.
(Sal 141,3)

- “¡Silencio todos ante el Señor, que se levanta en su santa morada!”
Zacarías, 2[17]

Sí, el silencio. Porque la Semana Santa es tiempo de oración, la Semana Santa es, ante todo, silencio. Silencio y soledad. Silencio y desnudez. Silencio y recogimiento. Silencio y reflexión. Siempre silencio. Pero silencio en positivo, no como la ausencia de sonidos agradables o ruidos enloquecedores. No. El silencio que se oye en nuestro interior, fuera del ruido y de la algarabía, alejado del grito y del estruendo. El silencio del que calla para hablar y oír interiormente.

Semana Santa. Una semana es cualquier periodo de tiempo que abarca siete días, pero, ¿y cuándo representa toda una vida y su muerte? ¡Esa semana es la SEMANA SANTA¡ Son siete días de vida y muerte, o mejor, de vida, muerte y vida. Y como representa toda una vida es además una semana de contrastes: tinieblas y luz, noches y velas o antorchas, silencio y saetas, dolor y agonía frente a júbilo y regocijo.

Son siete días que todos llevamos grabados en el corazón, porque todos tenemos archivadas en nuestra memoria sensaciones, recuerdos, olores, vivencias nostálgicas de adolescente y sentimientos de un ayer aún presente. Todo eso conforma el mosaico variopinto de la Semana Santa. En mi caso todo, ya lo he comentado, giraba en torno a ese territorio que era como de mi propiedad, el Atrio de la Iglesia, el Atrio de la Iglesia y su entorno, el lugar de las vivencias diarias, pero que se transformaba cuando llegaba una semana concreta del año, la Semana Santa. Un sitio, un entorno que une, que suelda lo que se celebra en Semana Santa con todas las vivencias del resto del año, dejando claro que es una semana especial, sí, pero que debe estirarse y vivirse todo el año.

Son siete días de santidad. Los toques de trompeta y de tambor, que rompen el silencio de la noche. La voz desgarrada que en esquina ó balcón canta saetas. El golpe seco de la vara del nazareno entre faroles, cruces y velas. El tintineo de campanillas. El runruneo, descompasado a veces, de las cadenas en los pies del anónimo penitente. El Cristo medio vivo o medio muerto entre claveles, la Virgen, la Madre en su soledad y desamparo....

Todos los años, de todas las décadas, desde hace siglos, año tras año, repetimos el rito, actualizamos el misterio. Todos los años, hay una semana santa, pero no la llamamos UNA, decimos LA SEMANA SANTA. Pero, ¿cuáles son los signos identificativos de esta celebración divina y humana, a la vez?

Sabemos que los libros de historia relatan hechos del pasado, estos a veces se representan en obras de teatro o se celebran con fiestas. La celebración es lo que liga el pasado con el presente y éste con el porvenir. La celebración afirma el poder de unos hechos sucedidos hace tiempo y significativos para el hombre. Pero no debemos olvidar que los relatos se escuchan, a las representaciones se asiste, pero en la celebración se participa. La Semana Santa, amigos y amigas, es celebración y vivencia, no espectáculo.

¿Qué se celebra o qué se vive en la Semana Santa? ¿Es una celebración sin sentido, hueca y vacía? ¿Es la rutina machacona y cansina del calendario -ahora Navidad, mañana Semana Santa y después la Virgen-? ¿Qué hay detrás de la Semana Santa?.

Una sencilla y descarnada historia, conocida por todos, creyentes y no creyentes, aunque algunos digan eso de yo no la conozco, una historia de hace más de dos mil años, con muy pocos protagonistas: Jesús, hijo de María y José, de la ciudad de Nazaret, que pregonó a lo largo y ancho de Palestina la llegada de la Buena Noticia, que es el AMOR divino y fraterno, y que se dispuso a vivir la última semana de su vida en la tierra, rodeado de discípulos y amigos. Para ello, llegó a Jerusalén a celebrar la Pascua (el paso de Yavé) entre los clamores de una multitud que lo llamaba "hijo de David" y que extendía a su paso mantos y ramas de olivo. Entretanto, en otro lugar de la ciudad santa, en los palacios de los dirigentes de Israel se decidía su muerte, el día y la forma de captura: la traición de uno de los suyos, un tal Judas Iscariote. A mitad de semana, Jesús reunió a los suyos y celebró la última comida, dejándoles en herencia su testamento “Amaos lo unos a los otros”. Por la noche, lo cogieron preso: el caminar de un sitio a otro, palacio tras palacio, un juez detrás de otro, entre burlas y mofas y lo peor, con acusaciones y juicios informales y hasta el reniego de sus amigos ("no le conozco" ¿os suena?). Al fin se le condenó a morir en una cruz, entre dos malhechores. La acusación decía "se llamó Hijo de Dios". Murió y es enterrado. Al tercer día, el sepulcro que albergó su cuerpo estaba vacío, como Él había anunciado. Resucitó.

Permitidme hacer una primera y audaz simplificación, de acercamiento al núcleo del relato: un hombre, que pasó la mayor parte de su vida en una aldea de Palestina, y que llegada la madurez se convierte en el profeta que enardece a multitudes, en el amigo que consuela a los tristes y ayuda a viudas y enfermos, en el hombre justo y entregado a los demás, que predica con el ejemplo el perdón y el amor en un reino que no es de este mundo, y que es asesinado por decirse "Hijo de Dios", a los tres días, su cuerpo resucita.

Permitidme una segunda y más atrevida simplificación, atrevida por desacralizadora: la vida -personificada en los vítores y palmas de un Domingo de Ramos o en el testamento del Amor del Jueves- muere en Viernes Santo y vence a la muerte a los tres días, en un Domingo de resucitados. Lo decía al principio: siete días de vida, muerte y vida. Amigos y amigas, lo que se celebra es el misterio de la vida, de la propia existencia: la muerte lleva a la vida y tiene sentido en ella. ¡Qué bien lo expresaron los poetas, anónimos o con nombres, en parábolas e imágenes tan de nuestra tierra(cultura)!: "Si el grano de trigo o de cebada no se entierra y muere, no da más vida". O esa forma de expresión aún más dura: "El hacha del leñador pidió al árbol su mango, y el árbol se lo dio".

La fiesta a la que os invito con este pregón, la vivencia a la que os invito en estos días, no es más que la de nuestras propias vidas, esa amalgama indescifrable de realidades, más que opuestas, solidarias: saber y sentimiento, carne y espíritu, yo y otros, recuerdo y vida, pasado y presente. La vivencia del morirnos día a día, para vivirnos siempre.


Pregonar la SEMANA SANTA de MONTIJO

Y ¿qué decir de la Semana Santa de nuestro pueblo? Sí, de la que vivimos en Montijo. Habitualmente, y esto es un error bastante generalizado, cuando se habla de una Semana Santa, se cae en eso de decir, es de tipo castellano, o, tiene tintes andaluces, o en el término medio “está a caballo de la sobriedad castellana y el sentimiento andaluz”. Entraría yo en contradicción, con lo que he dicho anteriormente si así lo hiciese. Si la Semana Santa es celebración, o sea participación, y debe reflejar nuestras propias vidas y vivencias, debo decir que la Semana Santa de Montijo es de Montijo, o más aún, pregono que la Semana Santa de Montijo es de estilo… ¡montijano¡.

Son siete días de nuestras vidas que van del gozo de un domingo -el de Ramos- a la pasión de un viernes. De la pasión de un viernes al gozo de otro domingo, el de Resurrección. Siete días que en Montijo empiezan…


Domingo de Ramos.

Cofradía Jesús Salvador de los Hombres. La procesión de “La Borriquita”.

En mis recuerdos, la Semana Santa se asocia fundamentalmente a la noche, a las silenciosas noches, la mañana del domingo de Ramos no es de la que más recuerdos tengo, sí recuerdo que era como el día en que explotaba todo, era el día en que por fin tenía conciencia de que llegaba la Semana Santa, otra vez las procesiones. Ese rito que celebrábamos cada año. Como lo que se celebra, ese domingo, es la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, era una mañana de alegría y bullicio. Palmas y ramos de olivo que se agitan y celebran la entrada de Jesús. Algarabía infantil que bien se expresa en los versos:

Revuelo, infantil revuelo, donde se agitan las palmas como suspiros de almas, como banderas al cielo. Gozosos llevan tras sí a una humilde borriquita. Y la voz de Dios que grita: "Dejad que los niños se acerquen a Mí".

Entrada triunfal en nuestro pueblo que va de una Parroquia a la otra, señalando así que el anuncio de su llegada se lo hace a todo el pueblo.

Una vez terminada la procesión es cuando nos damos cuenta que este Domingo es algo más que algarabía, cabalga entre el gozo de un recibimiento triunfal y el dolor, sufrimiento y muerte, de la Semana que empieza….


Lunes y Martes Santo.

En Montijo, no hay procesión. Son días de oración y celebración comunitaria de penitencia. En las Iglesias, Ermitas y Conventos se ora y se medita en el misterio de una pasión que será vida.


Miércoles Santo.

Para mí, en mi memoria, este día si que representaba ya de lleno la Semana Santa, era cuando todos en la calle empezábamos a celebrar lo que es el meollo de la Semana Santa, la pasión, muerte y resurrección; era como si de niño quisiera que esto empezara cuanto antes, para que cuanto antes llegara el Domingo y otra vez la vida ganara a la muerte. La verdad se imponía al engaño. Para mí era el día de la procesión “de los negros”.

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad desde la Ermita de Jesús hace su recorrido por las calles de nuestro pueblo.

Unos días antes, nuestra Señora de la Piedad deja el Convento de las Clarisas, su morada entre Semana Santa y Semana Santa, y espera en la Ermita de Jesús, para acompañar a su hijo, a Nuestro Padre Jesús Nazareno con su cruz a cuestas ayudado por el Cirineo, en la noche del Miércoles Santo, que en procesión acompañado de nazarenos vestidos de negro, ya de negro luto, le acompañan en su pena y dolor por las calles de Montijo.


Jueves Santo.

Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores.

En mis recuerdos de niño esta Cofradía, la de “los rojos”, ocupa buena parte de mi memoria, salía y entraba por mi patio de juego, de la Iglesia de mi Pueblo, de mi barrio, y con una solemnidad, silencio y recogimiento, que me sobrecogían enormemente. Y me impresionaban porque unos lugares que se me hacían tan familiares, donde jugábamos a diario, esa noche cambiaban radicalmente. Luego, más mayor, fui comprendiendo que además de todo eso, es que era el Jueves Santo.

El Jueves es reconocido por todos como el día del AMOR. Un Cristo que se deja prender, todo un Dios que se deja matar…..por amor. El amor a los hombres es la fuerza motriz de la vida de Jesús: sus actos, sus palabras, sus sufrimientos, todo lo que quiso hacer y ser en esta tierra. Por amor a los hombres se hizo hombre. Por amor a los hombres nos dejó una doctrina, para que la palabra actuase año a año, siglo a siglo hasta el final de la existencia humana sobre la tierra. Por amor a los hombres vivió una vida que sirve de modelo a grandes y pequeños, a príncipes y humildes de la tierra. Por amor a los hombres, esparció beneficios, alimentó a multitudes, curó enfermos, restañó heridas y devolvió la felicidad a los tristes. Por amor a los hombres asumió en sí el dolor de la humanidad y se ofreció como víctima suprema por todos los pecados, todas las infidelidades, todos los olvidos de los hombres.

La inmensidad de ese amor se refleja en el Santísimo Cristo de la Agonía que, en la noche del Jueves crucificado pero erguido y a manos de nazarenos de negro y rojo, luto y sangre, sale y recorre, cuando el jueves se nos va, las calles montijanas y vuelve por el atrio a su morada, la Iglesia de San Pedro.

Imagen que nos transmite algo que muy bien se expresa en el soneto conocido por todos:

… ¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte……
Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.. (Anónimo)

Y tras Él, su Madre, el dolor de una madre, nuestra madre, María Santísima de los Dolores, dolor y pena que muy bien expresa la saeta:

Qué pena debes tener,
Señora de los Dolores,
al que Tú le diste el ser,
el Amor de los amores,
sufre la muerte más cruel.


Viernes Santo.

Cofradía de la Vera Cruz.

Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.

Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores. La procesión de la Soledad.

El Viernes es más que ningún día silencio. Silencio frío de la muerte injusta pero redentora.

En mis recuerdos no está la cofradía de la Vera Cruz, es la única cofradía de la Parroquia de San Gregorio, se fundó bajo la dirección del párroco en aquel momento, D. Pedro Gragera, por los años 1988-90, yo ya llevaba tiempo fuera de Montijo. En las primeras horas del Viernes, la cofradía de la Vera Cruz, llevará a su Cristo, “Santísimo Cristo de la Misericordia”, por las calles de nuestro pueblo al toque de campanilla, y con el silencio, otra vez el silencio, como principal acompañante. Dicen que formalmente es la cofradía más joven, aunque tiene raíces y antecedentes muy antiguos, no importa la antiguedad, solo puedo decir que bienvenida sea esa cadena que une y amarra juventud, austeridad y silencio, y que nos lo muestra a todos en la madrugada del Viernes.

Cuando anochece, desde la Ermita de Jesús, el Santo Entierro: en mis recuerdos la procesión de “los blancos”. Por las calles de Montijo filas de nazarenos de capiruchos blancos con María Santísima de los Dolores, en silencio, solo roto por toques fúnebres de nuestra banda de música, acompañan al Cristo Yacente.

Y ya cuando el Viernes llega a su fin, la Hermandad más antigua de nuestro pueblo, la de Nuestra Señora de los Dolores, pasea por las calles su pena y su dolor.

Es la procesión de la Soledad, la Virgen enlutada, María Santísima de los Dolores en su Soledad con San Juan y María Magdalena son acompañadas por las mujeres de la Hermandad en un recorrido silencioso por el pueblo, para así cerrar este largo Viernes de Silencio y recibir al Sábado Santo también de silencio, pero más ….. de espera callada.

Todo el Sábado Santo es espera callada… y en esa espera, en esa meditación silenciosa, en esa reflexión de todo lo que ha acontecido, se nos vienen como destellos, en hilera, una tras otra muchas de las significativas y a menudo olvidadas palabras de Cristo en la Cruz , que resumen bien todo lo que ha pasado en los últimos días: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (PERDÓN); “en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (ARREPENTIMIENTO); “mujer, he ahí a tu hijo” (AMOR); “hijo, he ahí a tu madre” (MÁS AMOR); “Padre mío, ¿por qué me has abandonado?” (INTRANQUILIDAD); “tengo sed” (DESEOS); “consumatum est” (TRANQUILIDAD); “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (INMORTALIDAD)

Y así pasa el Sábado Santo, meditando, esperando, esperando el Domingo, que, como el otro Domingo, también es una explosión de alegría, pero esta vez, ¡esta vez¡, sin ningún tipo de sombra ni oscuridad, solo luz “ ..y la luz brilló en las tinieblas…Aleluya”


Domingo de Resurrección.

Asociación Jesús Resucitado. “El Encuentro”.

Yo lo recuerdo como toda una explosión de alegría, tanta era que a los pequeños a veces nos era difícil ver “El Encuentro”, el saludo, el abrazo, del Hijo y su Madre, de la Madre y su Hijo, yo bajaba desde mi casa por la Rambla y apenas podía llegar a la plaza para verlo, solo escuchaba como lo celebraban los que sí podían verlo, los mayores o los que habían conseguido estar en primera fila. Solo alguna vez cuando los padres nos subían en sus hombros veíamos algo. Eso sí, también recuerdo que cuando esto nos ocurría, una vez que se escuchaban las palmas de celebración del Encuentro, corríamos al Atrio y ahí sí tomábamos posición (los últimos serán los primeros, me decía yo) para ver el regreso, en primera fila, de todos después del Encuentro….

El Domingo que no llamamos Santo sino DE RESURRECION, es “El día más solemne de todo el año”. No es mía esta frase, es así se refiere al Domingo de Resurrección una de nuestras parroquias, cuando anuncia los cultos de la Semana.

El Domingo de Resurrección es, pues, un día de alegría, gracias a él, toda una semana de tristeza y dolor tiene sentido; ya lo decía antes, si el grano de trigo no muere, no da más fruto...

Y cierro lo que dejé abierto al comienzo, vuelvo con lo que decía al principio, he expresado en alto recuerdos, sentimientos, no se si he sido pregonero, pero ahora toca callar y enmudecer. No es lícito que cuando la PALABRA por excelencia va a morir, otras palabras como la mía simulando ser pregonero empañen este silencio.

Silencio que solo rompo para despedirme, en la esperanza de no haber abusado de vuestra presencia, de vuestra atención y sobre todo de vuestra gran paciencia, pido disculpas por errores que pueda haber cometidos, y que más que pregón estas palabras sean una invitación a vivir la Semana Santa en toda su dimensión y significado, que bien se sintetiza en ese anónimo popular que nos dice:
"La cruz no es para que la lleves al cuello, o la cuelgues de una pared; es para que la vivas día a día."

Vivirla día a día, enterrando resentimientos, envidias y egoísmos, para dar paso, resucitando, la tolerancia, la paz, el perdón, la esperanza de vencer las dificultades que hoy tenemos, para podernos asemejar algo al que tuvo la inmensa generosidad de darlo todo por los demás, incluso la propia vida.

Feliz Semana Santa,

Feliz Pascua de Resurrección a todos.

Buenas noches a todos
Francisco Quintana Gragera



2010 José Moreno Losada

“Y  la luz brilló en las tinieblas…”

Razones para la Alegría y la esperanza.


Introducción: EL OFICIO DEL PREGONERO

En la vida  te toca hacer muchos oficios, y tienes que habilitarte para ellos, o más bien el propio ejercicio del quehacer te va oficializando y habilitando. Espero que sea así esta noche montijana,  y que lo que hago aquí con vosotros me dé el oficio, hasta hoy inédito en mí, de ser pregonero, y  de serlo de semana santa en esta localidad de Montijo.

El oficio de pregonero evoca en mí una serie de sentimientos y de recuerdos entrañables. En mi niñez el pregonero de mi pueblo era Anselmo. Un hombre enjuto y seco, pero bastante respetable, que se vestía de un modo oficial  para  pregonar los bandos, incorporando su gorra con visos de graduación y veteranía, y su pequeña trompeta, que con carácter apocalíptico, a la vez que festivo y ultimador, una vez soplada y producido el sonido monódico sostenido, pero afectivo   y reconocido por todo el pueblo, convocaba a cada calle y cada grupo que se reunía en torno a él aguardando su voz y su gesto expresivo, de alegría, de dolor, de esperanza, tristeza, extrañeza o admiración, cuando no de rutina ligera,  que proclamaban dichos y noticias esperadas en silencio y, las más de las veces, con solemnidad. Siempre empezaba con el mismo tono y la misma expresión: “Se hace saber…”  luego la referencia de autoridad  y respaldo a la palabra que se iba a pronunciar…”de parte del Señor alcalde…”… después la noticia, el aviso, el mando, la ley, la comunicación, la convocatoria, el luto, la alegría, la fiesta, el impuesto, la siega y la cosecha, la era, los comercios, la procesión y la misa solemne, la asamblea o la visita del personaje ilustre  y  político. Para terminar provocando el murmullo, la queja, la ironía, el silencio, la  pena o el gozo en los que lo escuchaban, y la algarabía de los niños que volvían a sus juegos sin que les hubiera hecho mella aparente lo anunciado porque ellos eran protagonistas de otros pregones más cercanos y bullangueros… aunque algunos de ellos se atrevían a imitar al propio Anselmo y retirarse corriendo y  repitiendo, en el mismo tono pregonero que él, alguna gracia infantil que provocaba la risa en todos los demás.

Desde este recuerdo evocador popular de mi niñez me atrevo a sospechar cuáles han de ser las claves de este quehacer en Montijo, abriendo los días santos en los que el pueblo va a tener en su seno  la celebración de un misterio que nos sobrepasa  y que no podemos decirlo, a la vez que no podemos callarlo y tenemos que expresarlo en la formas que no lo agotan, pero que lo apuntan y lo abren trascendentemente en lo más pequeño y lo más imaginario, que va desde el capuchón de un nazareno y la mirada de una talla de dolor y silencio , a las rodillas del pueblo inclinadas ante la cruz para adorarla y la alegría de la luz del cirio y de las velas, junto a los cantos vivos y  juveniles en la vigilia pascual que proclaman,  con voz de coro celestial,  que el crucificado ha resucitado y vive para siempre y en él está nuestro sentido y nuestra esperanza.

Por eso acepté este oficio cuando los sacerdotes del pueblo me llamaron y me pidieron que viniera a compartir este momento  con estas comunidades parroquiales y la ciudadanía en general. Entendía que se me invitaba a ser pregonero, es decir:

-         “De parte de”: A “hablar en nombre de otro”, las palabras del Otro, del Dios de la vida, que no se pueden decir porque nos sobrepasan  pero que nos hacen gritar desde dentro.

-         “Se hace saber”: Para que todo el mundo se entere: ha de ser de utilidad pública, que esté al alcance de todos, para que todos podamos alimentarnos de él.

-         Para que se cumpla beneficiando a todo el que lo escuche. Se trata de llegar al corazón de la vida, de lo que está ocurriendo ya en la historia en el ser y hacer de las personas; esto sólo podrá ser desde la vida.

-         Ahora bien el pregonero, no puede situarse  al margen de la actualidad, no hay nada peor que un pregón atrasado, le pasaría como al periódico “hoy” de ayer, o a la sal sosa del evangelio que sólo sirve para tirarla fuera y que la pise la gente.  Hay que entrar en el mundo de hoy para  abrirse a la actualización del gran misterio de Jesucristo, sólo desde la vida podemos acercarnos a un conocimiento real y encarnado de ese Jesús de Nazaret  que fue pregonero de su semana santa, en la sinagoga cuando desenrolló el libro del profeta Isaías  y reconoció el hoy de la salvación en su propia persona y en la misión que tenía que realizar en medio del pueblo anunciando y viviendo el Evangelio del Padre(Lc 4,16ss).

Hasta aquí la descripción del oficio, ahora toca desentrañar porqué seguir haciéndolo, y hacerlo en el seno de la Iglesia y en este hoy que nos ha tocado vivir; para nosotros es cuestión de vida  y de sentido, la iglesia sólo existe para “pregonar” el evangelio, hoy resuenan en nosotros de un modo especial aquella invitación de Jesús resucitado: “Id por todo el mundo anunciando el evangelio a todas la gentes”.  Pregonar y presentar de un modo encarnado el amor de Dios que llena de sentido la existencia, ese es el quehacer y el oficio de la Iglesia, para eso existe y para eso debe servir. Pero cómo ejercerlo en esta noche, qué es lo que pretendo:

-         Aproximarme de rodillas y descalzo ante el misterio de Cristo, sabiendo que todo lo estimo pérdida comparado con el conocimiento de Jesús, y que el conocimiento de El es inagotable  y personal dentro de la comunidad de los seguidores.

-         Contemplar y leer creyentemente la  vida  y las personas de este pueblo, recoger gestos, signos y acciones que nos ayuden a conectar actualizadamente con el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.

-         Animar e invitar a la celebración profunda de estos días santos, a tocar en el corazón de cada uno de vosotros para que podáis oír y poner nombre a esa voz de Dios que nos dice desde el Apocalipsis: “mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y abre, entraré y cenaremos juntos...”. Una cena que será recuerdo vivo, sabiendo que  recordar significa volver a pasar de un modo continuado y profundo por el corazón los retazos de la vida nuestros y ajenos, y memorial, porque nos hará presentes a nosotros en el paso de Jesús, en su pascua, y nos traerá al espíritu de Jesús resucitado a nuestro presente para que nunca deje de ser Pentecostés.


DESDE EL CAMINO DE LA CUARESMA

Venimos de la Cuaresma, cuarenta días, jornadas  de escrutinio y exorcismo, proceso de liberación de la persona para poder entregarse a fondo y ser de los demás. Es el símbolo del camino que andamos día a día construyendo la sociedad y el mundo; nos hablan los sociólogos que nuestra sociedad tiene un gran  capital social; la capacidad de la relación afectiva e identitaria que sostiene al mundo y hace que  haya más bien que mal y podamos permanecer en la vida.

Es la cuaresma del vivir diario, que en la dificultad nos va llenando de sentido y ocupando nuestra existencia para llegar a la vida. Se trata no de los cuarenta días simbólicos de ayuno de Cristo en el desierto, sino  de las más de tres décadas vividas ocultas en el ámbito rural de Nazaret y resumidas en unos versículos en los evangelios: “bajó con sus padres a Nazaret y allí creció en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres”. La vida y nada más que la vida.

Por eso quiero comenzar la proclamación de este pregón, pregonando con todas mis fuerzas que  el centro de la vida del Pueblo y de la Iglesia, dentro de él, no puede ser otro sino las personas y su valor sagrado vivido en lo cotidiano, lo ordinario. Eso es lo único que acompaña a Jesús de Nazaret y él cristifica, la vida de cada día. La Semana Santa es posible porque hay cuaresma vital, recorrido, pasos, pueblo… no hay más sentido de la semana santa que poder celebrar juntos y jubilosos el centro del misterio de la fe desde el centro del misterio de la vida diaria y sencilla de cada uno  de los ciudadanos, de los que están caídos y rotos, así como de los  esperanzados y comprometidos. La vida diaria es el tesoro que más vale y a veces el menos preciado. La semana santa viene a condensar y a sacramentalizar  lo cotidiano para reconocer que es ahí donde el hombre se va haciendo y donde se contruye la verdadera historia de la salvación.

Desde ahí quiero pregonar y vocear lo que hace posible la  vida, lo que más vale, lo que tiene valor único y eterno, siendo a la vez la sencillez y la  humildad que caracterizan el pan nuestro de cada día, el Dios diario y anónimo:

 
-         La familia, padres, madres, hijos, hermanos, amigos, la calle, el pueblo, los vecinos, el trabajo, los nacimientos, las muertes, los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, la política, la religión, la comunidad cristiana, el grupo, los sacramentos,  la economía, las relaciones humanas, la comida, la diversión, el tiempo libre, la fiesta, el cansancio, la salud, la enfermedad…


DOMINGO DE RAMOS: DÍA DEL SUEÑO Y LA UTOPÍA

¿Os imagináis Montijo sin niños ni jóvenes? Sólo el sueño y la utopía fecundan y generan la esperanza y dinamizan la entrega fiel y el compromiso. Un reino eterno a lomos de la borriquita; es el sueño de los profetas de la historia, el fondo siempre permanente en la historia de que “otro mundo es posible”; la sociedad enferma es la que ha perdido la esperanza, la que asiente y se conforma con que  el mundo siempre ha sido así y no podrá cambiar; es la sociedad sin niños y sin jóvenes, en la que todos desde que nacen se sienten viejos programados con una actividad frenética, que produce para consumir, y consume para ser feliz y volver a trabajar. La  sociedad que tocada por el mercado produce un  hombre unidimensional y empobrecido, tan pobre tan pobre que sólo tiene el éxito excluyente de la riqueza y el dinero.

Jesús de Nazaret provoca el sueño de la utopía del reino; lo ha estado gestando  dentro en la vida de la aldea, en la vida de la gente del pueblo, donde se respira profundo  y con un calado que sólo ven bien los ojos del corazón. Ahora está estallando dentro de él, ha comenzado  hace unos meses a acercarse a la gente y ha provocado evangelio, se ha hecho buena noticia, alegría, ánimo, ilusión, sueños, ganas, pasión, algarabía, manifestación, gozo, encuentro, compañía,  esperanza, serenidad, libertad, bondad; sólo falta que luzca el sol, que resplandezca y lo acompañe, lo demás lo pondremos entre todos.

Es la fuerza de la utopía  y la esperanza la que mueve el Domingo de Ramos. Contemplemos la fiesta de este Domingo, dejemos que penetren en nosotros el paso que procesionamos, siempre el mismo, pero caminando cada año con nuevos niños, adolescentes y jóvenes que van marcando el  paso de la historia con el acelerador de la ilusión, de la esperanza y del sueño. Ellos abren el pórtico de la Semana Santa, y aprovechan este gesto litúrgico de la procesión de ramos para gritar junto a Jesús, que otro mundo es posible, que el salvador nos ha dado la clave de la vida y que ya nadie ni nada nos la podrá quitar; sólo nos da un aviso para los navegantes actuales que el color rojo de la liturgia delata: “el que quiera guardarse la vida la perderá, pero el  que esté dispuesta a arriesgarla la ganará para siempre”. Es el riesgo del que busca no acomodarse y sentarse en vagones de primera, sino comprometerse ante y en el diluvio a construir el arca en el que quepamos todos con dignidad y libertad auténtica. Ese arca al que acudirá la paloma con el brote de olivo en el pico, se está construyendo diariamente en medio de la algarabía de la vida; será lugar de salvación y laboratorio  de esperanza; veo y siento en el domingo de ramos todas aquellas realidades del pueblo que generan personas con vida auténtica y personal, con autonomía y mirada crítica, con deseos de vivir y transformar el mundo del que se han ido encargando y responsabilizando: las escuelas, los institutos, la universidad, las catequesis parroquiales, los grupos juveniles,  el coro de la parroquia, las asociaciones de los jóvenes, la música en la escuela municipal, el teatro, el camino de santiago, la operación kilo, las asociaciones de todo tipo…son tantos espacios y tantos animadores e  ilusionadores en medio del mundo, que sin ellos nos quedaríamos viejos y desesperanzados. Cada vez que un niño, un adolescente, un joven, un adulto o un anciano se ilusiona y se esperanza en medio de la historia está siendo Domingo de Ramos, se está abriendo la historia y se está haciendo fecunda; en este Domingo  abriremos el  pórtico de la fiesta y de la vida, con el rojo de la fuerza vitalizadora de la pasión que ya es imparable, y que hace del débil el centro de la historia, porque nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos,  y en Cristo, el padre nos ha entregado a su hijo para que entregándose  por nosotros nos diera nueva vida, y con el ella el sueño de la fraternidad y del amor. Por eso rezaremos a Dios que nos ayude a soñar despiertos, como lo hacía León Felipe:

Hazme soñar... ¡Soñar, Señor, soñar!...
¡Hace tiempo que no sueño!
Soñé que iba una vez -cuando era niño todavía,
al comienzo del mundo-
en un caballo desbocado por el viento,
soñé que cabalgaba, desbocado, en el viento...
que era yo mismo el viento...
Señor, hazme otra vez soñar que soy el viento,
el viento bajo la Luz, el viento traspasado por la Luz,
el viento deshecho por la luz,
el viento fundido por la luz,
el viento.., hecho Luz...
Señor, hazme soñar que soy la Luz...
que soy Tú mismo, parte de mí mismo...
y guárdame, guárdame dormido,
soñando, eternamente soñando
que soy un rayito de Luz de tu costado.


JUEVES SANTO: LA MESA DE LA FRATERNIDAD Y LA ENTREGA

La semana santa de este año viene envuelta en un discurso y en una palabra que nos interpela a los cristianos profundamente: la palabra crisis. Los analistas nos hablan de que las causas de esta crisis son financieras, económicas, políticas… pero hay quien habla de crisis de valores fundamentales, que pervierte el sistema desbancando a la humanidad de su dignidad y sometiéndola a la reducción finalista de puro objeto de uso y consumo, de productor y consumidor. Desde ahí me gustaría centrarme en el verdadero sentido del Jueves Santo, aunque después volvamos al huerto de los olivos.

Jesús que sabía que iba a partir pronto para el Padre, que de él venía y a El debía volver, quiso celebrar la  pascua con sus discípulos; la pascua es el recuerdo memorial de los judíos de su salida de Egipto, de su liberación del faraón que les tenía sometidos y no les dejaba  vivir, eran objetos suyos, producto de su posesión. El faraón, como todos los sistemas faraónicos, sólo quería mantener su reinado a costa de lo que fuera, para ellos la vida era volver a empezar y dominar. Jesús celebra esta  pascua anunciando su verdadero poder: no el de la fuerza del faraón sino la de la humildad y la misericordia del siervo de Yahvé. Nosotros en este jueves santo volvemos a entrar en el misterio del siervo de Yahvé,  sabemos que la salvación no viene por el poder del faraón del mercado que rompe toda frontera para conseguir riquezas pero que hace murallas para que no se acerquen a él los pobres, a no ser que vengan a servirle y darle la vida a él.  La salvación viene de aquél que se arremanga, coge la toalla, se tira de rodillas al suelo y va lavando los pies de sus discípulos para enseñarles que han de hacer lo  mismo que el maestro, servir y dar la vida, porque la salvación viene por la entrega  desinteresada y amorosa, la que sale de las entrañas del hijo agradecido ante el Padre que sólo quiere hacer su voluntad.  El padre tiene como arma para confundir a los fuertes a los que no cuentan en la vida y en la sociedad,  él se hace fuerte en la debilidad. Por eso Jesús establece como memorial suyo  las manos que parten el pan y sirven la copa de vino anunciando que El Dios de la vida está con nosotros y se entrega radicalmente sin pedir nada a cambio. Así se establece la clave sacerdotal de la existencia, la vida solo encuentra su sentido cuando se da a los demás. 

Ahí está la verdad en la revolución del “lebrillo” en el que se lavan los pies de los cansados y los heridos de la historia.  Los sociólogos cristianos nos lo dicen con claridad dónde está el verdadero Jueves Santo:  la gran riqueza de nuestra sociedad es todo aquello que es verdaderamente gratuito y nace de la entrañas de los que se quieren: el cuidado y educación de los hijos, la relación entre hermanos,  la atención a los padres mayores y deshechos, el trabajo diario, los impuestos pagados con honradez, la vecindad, las pequeñas empresas, la pensiones compartidas, los padres que auxilian a sus hijos en las hipotecas y en sus problemas económicos, las mujeres que cuidan de sus maridos aun cuando son alcohólicos y los animan a salir de ahí, las madres de los drogadictos.. y un largo etc. De lo diario que es lo que realmente construye el mundo y la sociedad. Cuántos lebrillos ocultos, insignificantes, pero fecundos y transformadores, de aquellos de los que no sabe su izquierda lo que hace su derecha. Todos somos fruto de la entrega y la generosidad de los que se nos han dado  y nos han amado, sin ellos no seríamos nada, todos vivimos y respiramos en el clima de la familia, de la amistad y de la honradez… lo pregonamos a voces: “ hay más bien que mal en el mundo”; hay más amor que odio. Hay muchos que están inclinados en la vida lavando pies: desde la familia, desde el trabajo y la profesión, desde la vecindad, la economía, la política, la educación, la sanidad, la empresa…” Hoy mirando la última cena, la celebración que abre el triduo pascual con solemnidad y alegría celebrando el amor de Dios a los hombres y de éstos entre sí, os pido que os detengáis conmigo  en la realidad de Cáritas de Montijo. Cáritas no son unos cuantos, aunque unos cuantos den la vida en ella, se trata de la dimensión socio caritativa de todos los cristianos, no nos podemos sentar en la mesa de la eucaristía, si no queremos compartir la vida y los bienes con los más pobres como le ocurría a Judas. La mesa de la eucaristía nos llama a la verdadera justicia que se supera en la caridad; hoy como nunca en estos tiempos de crisis el Jueves Santo se vive en la capacidad de una austeridad que sana en el compartir a los que azotan las condiciones precarias de la crisis impuesta, y que sufren de un modo especial los más pobres.

Somos lo que amamos y sólo amamos en la medida que hemos sido amados. El amor frustrado, el egoísmo, se hace necesariamente defensivo y violento; el jueves santo nos presenta el hombre realizado en el amor; el hombre según Dios que ama todo pero no se ata a nada para dar la vida. Este Dios de Jueves santo no se manifiesta en el poder sino en la entrega. NO es el éxito el que lleva al verdadero reconocimiento, sino la entrada en el corazón del padre que nos  hace fraternos y nos invita a salir de nosotros todos los días para acercarnos a las puertas de los otros esperando con perdón, misericordia, generosidad y fiesta al hijo pródigo que se ha perdido y  necesitamos darle la vida. Todos esos proyectos de cáritas hoy necesito pregonarlos para  deciros sin duda que la mesa del jueves santo presidida por el amor hecho carne que es Jesús, esta vivo y presente en este pueblo y en esta comunidad cristiana de Montijo. Pregono que desde que está la crisis, en Cáritas diocesana han aumentado las cuotas de lo socios y los donativos particulares y colectivos, benditos los que en tiempo de crisis sienten la llamada a compartir más y ser más generosos, porque sus nombres están inscritos en el cielo. En todos estos proyectos resuenan las frases de aquel discurso solemne en boca de Jesús para hablar de la plenitud del reino del amor:” Venid vosotros benditos de mi padre…porque tuve hambre… estuve enfermo… fui inmigrante… excluido… drogadicto… y cuando lo hicimos? Cuando estabas haciéndolo con uno de los más pequeños…conmigo lo hacías”.

Permitidme también una alabanza de Jueves Santo,  quiero pregonar benditos los pies de los que traen la buena noticia de un trabajo digno para quien lo necesita; benditos los que se esfuerzan por mantener los puestos de trabajos y por agrandarlos, los que se empeñan y sufren para seguir adelante y que no les falte el pan  de la dignidad a sus trabajadores. Benditos todos los que en estas vegas saben del trabajo y levantan la ciudad cada día, recordando el himno de las horas:

Tu poder multiplica

la eficacia del hombre y crece cada día,

entre sus manos, la obra de tus manos.

Nos señalaste un trozo de la viña

y nos dijiste: "Venid y trabajad".

Nos mostraste una mesa vacía

y nos dijiste: "Llenadla de pan".

Nos presentaste un campo de batalla

y nos dijiste: "Construid la paz".

Nos sacaste al desierto con el alba

y nos dijiste: "Levantad la ciudad".

Pusiste una herramienta en nuestras manos

y nos dijiste: "Es tiempo de crear”.

Escucha a mediodía el rumor del trabajo

con que el hombre se afana en tu heredad.

Y no quiero salir del Jueves fraterno del amor y del servicio, sin pregonar a los que hemos de ser, siguiendo al maestro, profesionales del “lebrillo” en la comunidad a los sacerdotes; cómo no rememorar aquellos que Jesús les pide que sigan haciendo en memoria suya el gesto fraternal de la eucaristía, diciendo sus palabras con el pan y el vino en las manos. Es verdad que estamos envueltos en debilidades, en algunos casos escandalosas  y recriminables, por las que hemos de pedir perdón de rodillas por nosotros y por nuestros hermanos, pero también es verdad que por encima de nuestras debilidades, Dios nos hace instrumentos suyos, para servir en la verdad, consolar, animar, dar el pan de la vida, el perdón de la absolución, la unción de los enfermos, el bautismo salvador  y sobre todo compartir vuestra vida y vuestras ilusiones. Bendigamos en el Jueves Santo la bondad de Dios derramada en los sacerdotes que han sido significativos y que han pasado por las comunidades de vuestro pueblo: los actuales Juan, Pedro, Andrés y otros que lo fueron y que ahora ya sirven en otras comunidades o marcharon ya con el Padre Dios para gozar de la resurrección de Jesucristo. Ojalá siga habiendo jóvenes en este pueblo dispuestos a coger este lebrillo del sacerdocio ministerial en sus manos.


EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS:

La oscuridad y el dolor en la soledad y el abandono.

La angustia y la tensión se masca en el huerto de los olivos. Jesús, auténtico y original, en su vida presiente que tiene pasar por el sello de la denominación de origen en su coherencia de hijo del Padre y de hermano de los hombres. Le toca entrar en la decisión de la radicalidad de entrega a los últimos; ahora se juega toda su verdad a una carta, o cede y flexiona ante un sistema de injusticia, o se mantiene en la voluntad del Padre, aun a costa de no verle y sentirle de ningún modo en este tránsito de la verdad y el amor.  Necesita orar y adentrarse en el corazón del Padre para vivir este momento de angustia y de sudor de lágrimas, en el que uno está solo de verdad y tiene que entregarse desde la fe más desnuda y el abandono más frío: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado?”

La pregunta de la vida  se hace dura y última  y uno no sabe como va a salir de ella, de todos modos entrega su vida al Padre. Recuerdo una mañana temprano al levantarme  y desayunar con el correo de la vida, con ese que llega a través de Internet pero que a veces lleva la vida a borbotones, me encontré con un mensaje que se había escrito muy de noche y muy de dolor desde Montijo… a la vez que de mucha esperanza y entrega y que ahora me ayuda a reconocer la oración de Jesús en el huerto en este último año:


VIERNES SANTO: POR LA SEÑAL DE LA SANTA CRUZ

El viernes santo es el día central de nuestra señal, en la que manifestamos ante el mundo el valor que tiene la cruz para nosotros los cristianos. En un mundo en el que se cuestiona el símbolo de la cruz en los espacios públicos, nosotros oímos cómo la palabra de Dios nos lleva a una comprensión de la cruz que es de otro estilo, y que muchos no pueden comprender. Podrán quitar todas las cruces de madera del mundo, pero lo que no podrán quitar ni ellos,  ni siquiera  nosotros es la fuerza de la cruz de Jesucristo, como poder de Dios. Esta es la cruz sencilla que Dios quiere y no las que están en los despachos y las paredes, aunque se merezcan nuestro respeto, nos dice san Pablo :

"El lenguaje de la cruz, en efecto, ... es poder de Dios ...Dios ha querido salvar a los creyentes por  la locura del mensaje que predicamos. Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. Mas para los que han sido llamados... se trata de un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios..."(1Cor 1,18.21-24)

Necesitamos recobrar continuamente este lenguaje, esta señal, lo cual es imposible sin los crucificados de nuestro mundo actual, recobramos la señal cuando los recobramos a ellos.

La cruz  que viene con el Reino no es la designación de los males en manos del Padre, sino la contradicción que engendra el anuncio del Reino a los más débiles,  que desajusta toda estructura aseguradora e injusta. Las resistencias personales, culturales, económicas, ambientales, religiosas e incluso de los mismos pobres y familia, hasta de los  propios discípulos son las que elaboran el verdadero material de la cruz. Pero tal cruz no es sino un signo del camino real del Reino: "Dichosos vosotros cuando os insulten, os persigan o digan contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa. Alegraos y regocijaos..."(Mt 5,11-12) Ponte a ser manso, transparente, justo, misericordioso, pacífico y sentirás el peso de la cruz de los que en este mundo  solo quieren violencia, poder, engaño, indiferencia, gozo y placer.

Una Iglesia que no sufre persecución viviendo en un mundo injusto, lleno de pobreza y desigualdad, ha de preguntarse si está sirviendo al Reino de Dios, a la causa y al nombre de Jesús.

La Iglesia que anuncia a Jesucristo y da testimonio de El ha de andar por caminos que le cargan la cruz; cruz que es signo de buena noticia de liberación para los crucificados de nuestro mundo, noticia de un Dios compasivo y misericordioso.

Frente a un  sistema del placer  absoluto y de  una humanidad indolora hemos de desarrollar la cultura de la entrega y del compromiso, que a veces es dolor a favor del hermano dolorido para calmarle y consolarle, recuperándolos para la vida, siendo testigos  vivos del Jesús- Buen samaritano. Este dolor entregado en el amor para dar vida    es presencia del crucificado- glorificado que vive para siempre y que transforma dolor en gloria y sufrimiento en alegría. ¿Donde están los crucificados que dan la vida? No los busquéis en los palacios, ni en los templos del éxito  y del poder, miradlos en lo sencillo y en lo pequeño de cada día: la hija que cuida a su madre con alzheimer desde hace años,  los padres que tienen a su hijo con Síndrome de Dowm  como el centro de su casa; el empresario que contrata a un disminuido físico, la esposa del alcohólico que apuesta por él y lo quiere de verdad, la asociación que le acoge con dignidad y le ayuda a resucitar, la que lava a su vecina sola y  enferma, y le lleva de comer sin que se entere nadie, el animador que da la vida por los jóvenes para que encuentren el camino de la vida; el que se mata para que funcione el coro; el médico que conoce y ama a sus pacientes, el que dona los órganos de su hijo fallecido en accidente para que le de vida a otros, el niño que da lo que recibe en la comunión para un proyecto en África y rechaza un traje ostentoso  haciéndolo con el de su primo, el que da un tanto por ciento significativo de su sueldo para cáritas, el voluntario  en el asilo, y cuantos más… la madre que da toda su vida por sus hijos,  la que adopta un niño abandonado…

¿A quién vamos a ver en el rostro del crucificado este año? ¿ A quién vamos a abrazar cuando adoremos la cruz el viernes santo? ¿A quien vamos a procesionar para que se nos muevan las entrañas como a Dios, y nos den ganas de ser cireneos para ayudarle a llevar la cruz sencilla de la vida a favor de los que más lo necesitan? Una cruz sin ningún adorno ni distracción, cómo quería León Felipe que le hiciera su cruz para la mesilla de noche en medio de su enfermedad:

“Hazme una cruz sencilla,
carpintero...
sin añadidos
ni ornamentos...
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el mástil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos...
sencilla, sencilla...
hazme una cruz sencilla, carpintero.”

Permitidme antes de salir del Viernes, pregonar aquello que se hace noticia en el momento, pero que parece usarse y tirarse cuando pasan los días, aunque la noticia sigue. Me refiero a Haití  y Chile en sus sufrimientos últimos. Cómo no pregonar aquí a todos los que os habéis movido de fondo y con entrañas para ponernos al servicio de aquellos que ya eran muy pobres antes del terremoto. Pero cómo no pregonar una oración dirigida al Padre pidiéndole que nos ayude a no olvidarnos de su dolor  y su penar cuando ya no es noticia en televisión pero sigue siendo tristeza y pena honda en los que lo están sufriendo y se quedaron sin  nada ¿Cómo no ponerlos esta año en nuestro pasos en lugar de las flores y los adornos para que sea su rostro el que dé forma y sentimiento a las tallas de los pasos procesionales?

Que se abran todas las puertas al paso del crucificado y su madre, para que todo dolor sea iluminado y sanado y para que todos los corazones se unan en el deseo de pintar este mundo de color esperanza con la fuerza del amor entre los hermanos.


SÁBADO SANTO: LA ESPERA EN EL SILENCIO

Sábado santo día del silencio y de la espera callada. Es el invierno que tras el otoño ha recogido la semilla y ha comenzado a germinarla y a puntear, tras ser enterrada, queriendo abrir la tierra para salir a la luz y comenzar de nuevo el camino esperanzado que le llevará ser nueva espiga para molerse en el molino, y volver a ser pan de la historia humana consagrado en el altar de la vida y de la familia. Es el día de todos los que no se dejan robar la esperanza y permanecen en ella, aunque sea lo único que les quede para vivir; no se la dejan quitar, sino que la entregan confiados en que en esta ocasión se cumplirá su liberación.

Son todos aquellos que están en el sepulcro pero que ya sienten la fuerza del espíritu que les despierta de su letargo y les lleva al reconocimiento de su yo saneado y cubierto de dignidad y alegría felicitante para los que lo rodean. ¿Quiénes son los que están en esta espera? Todo un tercer mundo herido, todos los que en medio de nuestra sociedad están mordidos por la pobreza grave y severa,  pero conscientes de que sólo su lucha vital por reconducirse podrá llevarles a la tierra de la verdad y la libertad;  los sometidos por la esclavitud de la dependencia adictiva: drogadictos, alcohólicos, ludópata, pornografía… pero de igual modo los que tienen sus afectos en el dinero, en el poder, en el placer… y están rotos  y vacíos por dentro. Pero son más de la esperanza, los que no dejándose llevar por el juicio destructivo acerca  de los excluidos y rotos, se ponen mano a la obra y luchan contra toda esperanza para que sea posible su liberación. Celebremos en el sábado por todos los que apuestan por situaciones difíciles y complicadas, los que son hermanos de los rotos que viven sin ilusión y esperanza y que creen que van a recuperarlos para el amor.  Oremos al Padre por todas las asociaciones y asociados que luchan por ellos, los que no entierran sino que aran y siembran esperando que tras la muerte llegue la resurreción, así  cómo  los que cada día trabajan por ellos para que no les falta la alegría del Reino y se vean alimentados por el Padre de la vida, con la plenitud del sentido y del gozo de la entrega desinteresada.

Pregonemos también a todos los que de un modo u otro hacen suscitar la esperanza, y rayos de pequeñas posibilidades en los que más que creer que estaban dormidos, ya pensaban que estaban muertos. Por los facilitadores y  por los que generan serenidad y rayos de esperanza en los desesperanzados. Cómo no recordar en el sábado santo a todos aquellos que iniciaron la asociación de enfermos de cáncer para  acompañarse y vivir, luchar juntos frente a la muerte y a favor de la vida, compartiendo la esperanza de darle a cada día su sentido y su valor. Quiero pregonar a Ana Mari, a quien conocí y amé en su testimono de entrega de la vida, para ella no merecía la pena  guardarse nada, cada día bueno era para testimoniar que tenía sentido la vida y que no podíamos entregarlo vacío a la muerte.  Cómo no desear que cuando lleguemos a la muerte que  la fuerza de lo amado en la vida y en cada día nos saque del sepulcro y nos instale con gozo pleno  al lado del Padre, como decía María Jesús.  Cómo no abrazar el silencio y la oración,  que nos hace llegar al que nos invita a ir hacia él, porque quiere darnos solaz, consuelo y descanso  a todos los que estamos cansados y agobiados por el camino.


DOMINGO DE RESURRECCIÓN

“Y la luz brilló en las tinieblas….Aleluya”

"Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo matasteis. Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder..." (Act 2,23-24)

El que ha resucitado es el "siervo de Yahvé". La resurrección confirma teológicamente toda la historia de la salvación: el éxodo, la creación, la liberación del pecado, la alianza y la promesa, la encarnación, la vida y el mensaje de Jesús, la cruz como lugar de gloria y no de muerte.

El que resucita es el de las llagas y el costado abierto, el que no tenía donde reclinar la cabeza, el hereje, el blasfemo, el que comía con los pecadores haciéndose uno de ellos, el que perdonaba lo imperdonable, profanaba el templo y no cumplía la ley, el que se puso de parte de los hombres en nombre de Dios.

Frente a una mentalidad cientifista y cerrada en lo inmanente  y el extremo de un dogmatismo trascendentalista dehistorizado, creemos en lo imposible desde los signos que llevan al hombre de la nada y la muerte, al todo y a la vida y que gritan continuamente: "No está aquí, ha resucitado".

El pobre Jesús de Nazaret ha resucitado y vive para siempre. La resurrección es signo de la libertad  y la justicia definitiva que tiene como fundamento y objeto al Dios de la vida afectando todo la realidad humana.

En la resurrección la libertad y la igualdad se hacen definitivas y se unifican, no puede ser  una sin la otra. La resurrección da libertad y fundamenta la igualdad desde la fraternidad que ya se hace viable y posible.

La Iglesia que anuncia a Jesucristo Resucitado y que se deja mover por su Espíritu no puede ser sino una iglesia pobre, que anda por los caminos de la historia provocando el encuentro con los débiles e identificándose con ellos porque sabe que su Reino pasa por el sacramento del hermano: "¿Cuándo te vimos...? - Cada vez  que los hicisteis con uno de estos..... Venid vosotros benditos de mi Padre". (Cfr.,Mt 25,31ss).

Y aquí permitidme que haga confesión de fe en Cristo resucitado desde un hecho de vida, del que seguro que muchos de vosotros habéis sido testigo de primera mano. Este año se hizo un corto, la música fue viva y en directo, acompañaba Pedro como hoy lo está haciendo conmigo, pero aquel día se presentaba el corto en el que el personaje central no era un famoso, ni chico avispado o travieso, listo o inteligente, no era el guapo, ni el primero de la clase, ni siquiera se le habían visto dotes de actor, era natural como la vida misma, formando parte del paisaje de Montijo sin estar en el centro, sino en el lado, no contando para muchos  y además aparentemente aislado, “lolo” era el personaje central, todo estaba pensado teniéndolo a él como centro de la película… era verdad y su sueño se cumplía… era él el que subía al escenario con una alegría  y un gozo que nada ni nadie podía detener. Todo el mundo le aplaudía sin cansarse y el se sentía el más querido y el más importante del mundo. El siervo de Yahvé se sentía Hijo de Dios, el crucificado había resucitado y era dueño de la vida y la podía dar a otros… y es que otro mundo es posible, la última palabra no la tiene la muerte sino la vida, el verdadero poder es el de amor y está abierto a los sencillos y a los que confían, así es nuestro Dios, es en la debilidad donde él se hace fuerte e importante, es ahí donde nos salva, en lo que nos parece fealdad y dolor, el pone ternura y cariño para levantarnos y gozarnos en la esperanza. Os invito a que este año en la cara del resucitado veáis a “lolo”  y su  película, y en su rostro el de todos los hombres que sueñan con la vida y la esperanza, con la dignidad y la justicia,  con la fraternidad  y la igualdad.

Después del Domingo, con la alegría de la resurrección nos tocará volver a hacer milagros y signos de la vida diaria, de esos que son como la levadura en la masa del pan, y el grano de trigo en la tierra, y la sal en la comida, eso que gesta en lo cotidiano pero que acaba en la gloria y elaborando el pan y gusto de una felicidad que nada ni nadie podrán quitar.

El paso por la pascua sea para todos vosotros un encuentro con el cristo que  se hizo hombre, uno de tantos, llegando incluso a la muerte y una muerte de Cruz, y que en él lleguéis al gozo de la vida llena de signos de resurrección. Que El Cristo resucitado nos abra los ojos para que sepamos reconocerlo en el camino de la vida, verlo en los crucificados de la historia, y nunca nos falte ni el pan de la esperanza ni el vino de la alegría.

¡Que sea bien viva y actual la Semana Santa de Montijo 2010!
 José Moreno Losada





2009 Francisco Maya Maya

Sres. Curas Párrocos de San Pedro y San Gregorio
Sres. Presidentes  y miembros de  Cofradías, Hermanos Mayores.
Hermanos y hermanas cofrades,
Señoras y Señores.

Quiero expresar mi agradecimiento a los sacerdotes y las Hermandades y Cofradías, que han querido que este año me convierta en pregonero de esta Semana Santa de Montijo. Desearía tener a mi alcance las palabras y el atrevimiento necesario, para que cuanto anuncie llegue,  penetre y empape  sus corazones.

            No soy un pregonero aséptico, que narre desde las gradas cuanto acontece en el escenario. Me siento implicado e interpelado en la escena. Soy uno de los que, entre amores, caídas, miedos y esperanzas, quiere seguir de cerca a Jesús de Nazaret. Me siento hombre de fe, que seducido por Jesucristo, quiere caminar en la vida anunciando con esperanza profética lo que ha visto y oído en la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

El pregonero quiere poneros en guardia. La historia, que pretendo narrar con pasión y emoción, siempre ha sido censurada por aquellos que cierran las puertas al amor, a la compasión, a la solidaridad, a la no violencia, a la debilidad, al silencio y a la cruz.

Siento temor por la tarea que se me encomienda. No sé si sabré narrar con acierto y con asombro, la historia del misterio de un Hombre desconcertante. Un Hombre sumido en silencio profundo. Un Hombre lleno de fuerza, que soporta, aguanta, resiste y, sobre todo, ama. Un Hombre que sabe esperar, confiar y llegar hasta el final. Un Hombre fiel.

Esta historia se presta a interpretaciones diversas, a lecturas apasionadas o indiferentes, compasivas o irónicas, revolucionarias o garantes del orden, a lecturas que terminan en lágrimas o en risas. Cada cuál sabrá desde dónde se sitúa para escuchar esta historia, cada cuál sabrá cómo se encuentra de implicado en la misma. Son ustedes los que al final de este relato tendrán que exclamar, como lo hizo aquél centurión romano: “¡Verdaderamente este era el hijo de Dios!”, o bien, terminar gritando: “Este hombre era un maldito”, que nunca mereció vivir porque ha sido rechazado por Dios.
           
            Deseo unir a mi voz, mis sentimientos, mis creencias, mis opciones, mis entrañas, mis experiencias, para poder exclamar con fuerza, mirando al Cristo Crucificado, y Resucitado por el Padre que:

-         La vida vence a la muerte;
-         El amor destruye al egoísmo;
-         El perdón prevalece sobre el odio;
-         La ternura cambia el corazón del hombre;
-         El silencio acalla las palabras hirientes;
-         La fe zarandea las montañas;
-         La oración cicatriza las heridas;
-         La vida entregada con amor salva;
-         La noche del dolor da origen a la aurora de la pascua.

            Y al oír y contemplar esta historia, sabed que junto al principal protagonista, que camina con la cruz, la recorren también sus discípulos y toda la humanidad doliente y esperanzada.

            ¡Cofrades, costaleros, nazarenos, hermanos, creyentes e increyentes, indiferentes o apasionados por Jesús!, tened el coraje y la valentía de abrir vuestros corazones, para que broten las preguntas: ¿Por qué este Hombre no devuelve mal por mal, no reacciona con violencia, no ataca al que le golpea? ¿Por qué en la cruz, desnudo y solo, a nadie echa culpas, a nadie condena, a nadie responsabiliza de su suplicio y muerte? ¿Por qué cuando está siendo torturado, y está asfixiado por tanto dolor se preocupa del dolor ajeno? ¿Por qué se fía y se abandona en Dios, su Padre, que calla y guarda silencio ante tanto dolor? ¿Quién es este Hombre? ¿Quién es este Hombre, que ha escindido en dos la historia de Occidente, de manera que se cuenta el tiempo antes de él o a partir de él?

“¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto con su sangre
como varón que pisa los racimos?”
(Himno litúrgico)

¡Cofrades y costaleros!, vosotros que hacéis silencio, vosotros que contempláis el rostro desfigurado del Cristo Crucificado, vosotros que lo transportáis y zarandeáis, como Cirineos, por las calles de Montijo, disponeos también a ser pregoneros. Gritad por las calles, las avenidas y las plazas quién es este Hombre. Decid quién es este Hombre por el que muchos dieron su vida. ¡Cofrades y costaleros! haced que el silencio y la belleza de la imaginería se hagan palabras vivas, que resuenen en el corazón de los que procesionan o andan como curiosos y turistas por todo el recorrido de esta Semana de Pasión y de Pascua. ¡Que la emoción contenida se haga vida!

            Quiero recorrer y narrar  la historia de este Hombre. Me detendré a contar cómo  es un Hombre despreciado y evitado: “Varón de dolores” (Is 53, 2-3), y al mismo tiempo, cómo es un  Hombre embriagado de amor: “se desprendió de su vida por nosotros” (1 Jn 3,16).

            Comencemos el relato del Ecce homo. Mirad al Varón de dolores, Aquél que descendió hasta lo más bajo, hasta los infiernos de la impotencia, del fracaso, el dolor y la humillación. Hasta llegó a ser pisoteado por la gente. Ahora se entiende la Escritura: “Yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo” (Sal 22,7).

            “Sin figura, sin belleza…Despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado” (Is 53 ,2-3)

            Duele el alma, nos duele como a la Virgen Nuestra Sra. de la Piedad al contemplar a este Hombre, Jesús Nazareno, roto y desvalido, herido y maltratado. El corazón se nos parte, se nos llena de dolor, al contemplar a Jesús deshecho, que más bien parece un gusano y no un hombre. Y al mirar al Cristo de la Agonía nos sentimos avergonzados al percibir lo que hemos hecho con el Varón de dolores, un hombre herido y despojado, Jesús, el que pasó haciendo el bien, el amigo de publicanos, pecadores y prostitutas, el que no guardó su vida sino que la entregó por nosotros. Amó sin medida, se compadeció de los hombres rotos, destruidos y heridos en medio del mundo. Jesús, el inocente, el que había venido a anunciar el amor y la paz universales, el que vino a darnos vida y vida en abundancia, y que ahora es arrojado a un pozo de odio y de rechazo, prendido y tratado como un malhechor, condenado a morir en la cruz.

Los orígenes de este Hombre se remontan a Nazaret. Jesús, es el hijo de José, el Hijo de María, que se hizo debilidad, pequeñez, insignificancia… Es humano, corriente, sencillo y laico. El Dios omnipotente se hizo “carne”, y fue rechazado porque se encarnó en esta historia con sencillez y familiaridad. “¿Cómo puede salir algo bueno de Nazaret?” ¿Cómo puede Dios, tan poderoso, tomar para sí las impotencias y las limitaciones humanas? ¿Cómo puede un Dios trascendental hacerse histórico? ¿Cómo puede lo divino hacerse humano?

¡Nazarenos!, cuando recorráis las calles llevando a la Virgen Nuestra Sra. de la Piedad, proclamad a gritos que Jesús, el Hijo de Dios, es de Nazaret, que vivió desprendido de seguridades, privilegios y poderes. Proclamad, que es en la vida sencilla y cotidiana (en la vida de familia, en el campo, en la oficina, en el sindicato, en el comercio, en la construcción…), en la que hemos de vivir amando, ofreciendo ternura, aprendiendo de los demás, solidarizándonos como buenos vecinos y ciudadanos, como lo hizo Jesús en Nazaret, allá donde se dejaba oír el canto del martillo del carpintero.

Y este Hombre dejó las caricias y las seguridades de Nazaret, y se lanzó por los caminos, pueblos y aldeas de Galilea, para hacer la voluntad de su Padre, que le envía a anunciar la Buena Noticia de vida, de amor, de paz, de justicia, de liberación, de fraternidad universal, de perdón ilimitado. Se presentó ante el mundo y ante los suyos como alguien con convicciones profundas, que sin retroceder y sabiendo lo que quiere (cf. Is. 50,5), es libre frente a sus opresores (cf. Is. 50,7). Pero el Dios que anuncia no es reconocido por el pueblo, es un Dios demasiado amigo del hombre, un Dios del amor y no del temor, un Dios débil y no fuerte. Por eso, “muchos decían: está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis?…” (Jn 10,20)

El Varón de dolores ha de aceptar y asumir el dolor en su vida como consecuencia de su fidelidad y de su amor a la misión que se le ha encomendado. El Siervo aceptará la cruz como camino de amor, de redención y de liberación.
           
Su opción por la justicia, su compasión por los pobres, su entrega al Padre, convertirán su vida en un camino de dolor y de exclusión. Pondrá en las manos del Padre su límite, su debilidad, su camino sin salida. Jesús confía en el Padre. Se abandona en su amor. Se entrega a su poder. Y se abre a su misericordia. Jesús, en fe pura, ora su dolor, suplica, alaba, agradece, adora, ama. Su oración es llanto y lágrimas; es dolor y soledad; es angustia y tristeza.
           
            Cofradías del Cristo de la Agonía y de la Vera Cruz, transmitid que Aquél que puso bálsamo en las heridas y consoló a los que eran maltratados por los caminos de la historia, Aquél que había sido admirado por sus milagros, se convierte ahora en objeto de irrisión, es prendido y apresado de noche, maniatado y llevado a empujones, motivo de burlas y escarnios. Su vida parece haber sido un horrible fracaso. El odio parece haber vencido sobre el amor.
           
            Santísimo Cristo de la Misericordia, tu cruz, tu calvario y tu dolor se prolongan hacia todos los patíbulos, trincheras, cárceles y hospitales de nuestras modernas ciudades; tu dolor continúa todos los días del año. Santísimo Cristo de la Misericordia, tus heridas, tus lágrimas y tu sangre, se prolongan en todas las heridas abiertas, en todas las lágrimas vertidas, en toda sangre derramada, en toda tristeza sentida, en toda soledad saboreada, en toda carga soportada. Tu calvario, Santísimo Cristo de la Agonía, se renueva en el enfermo triturado, en los padres desconcertados, en las oscuras noches de la vida. Se hace presente en toda condena injusta, en toda caída preparada, en toda agonía provocada.

Cofradías, autoridades y hermanos, tocad, palpad, escuchad, el dolor que grita en el silencio de vuestros barrios, dejad que la mirada penetrante del anciano abandonado golpee vuestro pecho, sentid la impotencia y la rabia de quien no puede valerse por sí mismo. El dolor llega, penetra, arrebata  la risa de manera inesperada. Escuchad el llanto de la Virgen Nuestra Sra. de los Dolores mirad su dolor, adentraos en su corazón roto y angustiado, y sentid con ella el dolor de tantas madres, de tantas mujeres de vuestras calles, rotas y desconsoladas sin sentirse valoradas, golpeadas física y síquicamente en sus vidas. Haced silencio, para que oigamos sus gemidos  de dolor.

¡Callad y orad en el dolor! Sabed que esta es la historia de dolor del Varón de dolores; una historia viva, que hoy se repite y actualiza con escenas y actores diferentes. Al llevar sobre vuestros hombros a Jesús Nazareno y al Santísimo Cristo de la Vera Cruz contad a los curiosos y a los que se encuentran por calles y plazas, que el Varón de Dolores sigue hoy sufriendo, que en esta historia de la humanidad las víctimas de hoy son los niños maltratados y abandonados; las mujeres ultrajadas y violadas; los inmigrantes explotados y engañados; las minorías aplastadas, controladas, cínicamente ignoradas, cuyas culturas han sido destrozadas.

Decidle al pueblo de Montijo que miren atentamente al Santísimo Cristo de la Agonía, y que contemplen cuántos hombres y mujeres hoy están cayendo brutal y desesperadamente por el mundo. Contad cómo el régimen nazi trató de exterminar a los judíos. Recordad cómo en Ruanda y en los Balcanes hemos asistido a diferentes formas de genocidio. Narrad cómo judíos y palestinos se odian y se matan. Describid cómo en Irak el terror y la muerte acampan por doquier. Relatad cómo el terrorismo destruye, asesina y amenaza a todo el mundo. Y no os olvidéis de contar cómo en Montijo hay muchos hermanos que caminan hacia el Calvario tras de Cristo con su cruz: ese accidentado que se ha quedado en una silla de ruedas; esa madre de familia con un cáncer en progreso; esos jóvenes que no se pueden casar porque no tienen vivienda ni trabajo; esa familia con algún niño con discapacidad física o síquica; ese hombre bueno que ha sido mordido por la calumnia. Es el dolor que convive entre nosotros, entre las calles y los hogares de Montijo, el que siempre llama a la puerta cuando menos se le espera. Indicad cómo el dolor de Jesús y el dolor de nuestro mundo se reflejan en el rostro de Nuestra Sra. de los Dolores. Poned de manifiesto que el sufrimiento y la angustia siguen ahorcando a hombres y a mujeres en nuestro mundo.

Entrad en el dolor de vuestro Señor. En Él se concentra todo el dolor del mundo. En él confluyen ríos innumerables de sufrimientos humanos. Dios sufrió en su Hijo Jesús, y hoy sufre en todos sus hijos. Le duele el dolor de sus hijos. No quiere ni desea el dolor, lo redime y lo comparte.

            Hemos visto al Hombre, Varón de dolores. Ahora os contaré cómo su sufrimiento se debió a que es un Hombre embriagado por el amor. Su amor será un amor crucificado, es el Santísimo Cristo de la Misericordia. Sus heridas de amor nos curaron. Un amor hecho paciencia y perdón, un amor de servicio y entrega. Fue herido porque no vino a condenar, sino a salvar. Fue herido porque no vino a dominar, sino a liberar. Porque se atrevió a cargar con nuestros pecados; porque quiso redimirnos, “no con oro o plata, sino con una sangre preciosa” (1 Pe. 1,19). Cuando le crucificaban, perdonaba. Cuando le despojaban, regalaba. Cuando le quitaban la vida, la entregaba.

“Ahí quedan sus brazos extendidos para abrazarnos;
sus manos agujereadas, para que veamos sus entrañas;
sus pies clavados, para esperarnos;
su cabeza de espinas, para hacernos reyes;
su corazón abierto,
para que de él brotaran ríos de purificación, de alegría y de vida”.

            Lo que el pecado del hombre destruye, el amor de Cristo lo construye. Amor hecho obediencia absoluta, confianza ilimitada, entrega incondicional. Por el amor la agonía se convierte en oración suprema, el prendimiento se convierte en entrega, el juicio en profecía, las bofetadas y azotes en martirio, las llagas en ventanas y puertas abiertas, la cruz en altar, la crucifixión en inmolación, el agua y la sangre en sacramento, el último aliento en Espíritu comunicado, la muerte en Pascua, el pecado en feliz culpa.

            Es el Cordero, que por amor, carga con los pecados del mundo. Es inmolado no para satisfacer y complacer al Padre airado, sino para amar más, para enseñarnos a amar, para hacer triunfar el amor. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida”. Inmolado por amor y para amar. Inmolado en el fuego del amor. El amor es un horno donde el cuerpo de Cristo se cuece como el mejor de los panes. Un amor que perdona, que cura, que libera, que salva.

“Dios es un enorme vaso de perfume
que lava continuamente los pies de las criaturas;
él exhala el perfume por todos los poros de su ser
y se vacía amando.
Su trabajo consiste en perdonar”. (1)

En Jesús crucificado el Padre se ha dado sin medida: “amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único” (Jn 3,16). Podemos decir que, sin duda amó mucho más que padeció, y fue mayor el amor encerrado en su corazón que el sufrimiento que hacían ver sus heridas y sus llagas. En su amor no hay límites. Dios se deja derrotar por el Amor; pero estas derrotas terminan siendo victorias.

Y este amor llevó a Jesús a instituir en la última Cena el sacramento del amor: la eucaristía. Es signo de comunión y de entrega. El cuerpo roto y la sangre derramada. Nadie tiene amor más grande. Solo el que es amado y ama sabe lo que es el amor. En su Sangre derramada nos ha testificado cuánto nos ama el Padre.

Él se ha dado todo. Está despojado de todo. Está desnudo, pobre. Y aún su amor es capaz de más, dar lo último que le queda: el gran amor de su vida, su Madre. Al discípulo amado, a cada uno de nosotros, Jesús le entrega lo mejor que tiene como hombre. Le dice sencillamente: “Juan, amigo mío; ahí tienes a tu madre. Todo lo mío es tuyo. Acógela como la última flor que corto de mi rosa. Y quédate con ella” Y desde entonces, María es Nuestra Señora de la Piedad esperanzada.

            Miremos el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo, miremos la cruz y al crucificado, que tan bellamente nos describen las imágenes del Santísimo Cristo de la Agonía y del Santísimo Cristo Vera Cruz. En ellas se reflejan y se ponen de manifiesto la victoria del amor de Dios. No se puede dudar que Dios nos quiera, que nuestro Dios sea un Dios compasivo y misericordioso, como lo fue también su madre, Nuestra señora de los Dolores. Todo el evangelio de Juan es como una gran sinfonía que culmina en la Pascua de Cristo, en la que “amó hasta el fin”, en la que se dejó romper el corazón, en la que fue levantado de la tierra y lo atrajo todo a sí. Dios no condena. Cristo no condena aunque lo maten. “Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17).

            Todo el que es amado se capacita para amar, se convierte en instrumento vivo de amor. ¡Cofradías, Nazarenos y Hermanos mayores!, dad a conocer en Montijo el amor entregado de Dios a través de vuestro amor, de vuestros proyectos sociales, de vuestro compartir generoso con el fondo de solidaridad. Ante la crisis, que nos atenaza, abrid vuestros corazones y emprended acciones solidarias. Si cuidáis y os esmeráis con los tronos, las imágenes y los pasos, cuanto más tenéis que hacerlo con aquellos que son imágenes vivas de Dios, templos del Espíritu. Hay muchas modalidades de amar y servir: lavar los pies; partir y compartir el pan; abrir a los pobres el corazón y las manos; acompañar a los que sufren en su dolor; denunciar cuanto oprime y destruye al hombre. Todavía hay muchos pies que lavar y muchas manos que adiestrar, muchas heridas que curar y muchas cadenas que romper, muchos cuerpos que dignificar.

            ¡Amigos de Montijo! a este Hombre el amor le llevó a la muerte. Jesús ha tocado todos sus límites humanos, ha llegado al final despojado de todo, desnudo. Ha derramado su vida a su paso. Se ha gastado dando hasta dolerle. Ha llegado al final sin poderes. El único poder es servir y amar. Un amor enraizado en la mansedumbre y la humildad.

Él es el Mesías, el enviado por Dios, quien hizo su entrada en Jerusalén, no con el aire triunfal de los vencedores, sino en son de paz, con la sencillez y humildad del Rey/Mesías. Vino a servir a su pueblo sin emplear el poder y la violencia. Él entró en Jerusalén montado sobre un borrico (cf. Lc 19,35-36), en vez de hacerlo sobre un brioso caballo, como los príncipes y generales.

¡Pueblo de Montijo, niños y nazarenos de la Cofradía Infantil de ¡Jesús, Salvador de los Hombres!, ondead las palmas y los olivos, cantad, lanzad gritos de júbilo. He aquí que viene nuestro rey: justo, victorioso, humilde y montado en un asno. Él suprimirá los carros… los caballos… y el arco de combate; y él proclamará la paz a las naciones (cf. Zac 9, 9-10). Dios ha hecho opción por la no-violencia; el Mesías quiere la paz, porque él es la Paz. ¡Que no haya violencia entre barrios, entre partidos e ideologías!, ¡Que no haya odio en las familias!, ¡Que no haya más guerras en nuestro mundo! ¡Que la paz florezca y venza!

Cofradía infantil de Jesús, Salvador de los Hombres en el Domingo de Ramos decid a los cuatro vientos que Dios se hizo niño y todo lo llenó de ternura y humildad; decid que Dios quiere que nos hagamos como niños, sencillos, pequeños, humildes, sin codicias, ni rencores.

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar,
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad,
vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar

(M. de Unamuno)

¡Niños! cantad que no hay que soñar con grandezas y avaricias, que no hay que buscar los éxitos y los aplausos. Enseñad que “si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35). Marchad pacíficamente, sed profetas de la paz, y proclamad con Jesús que son “Dichosos los que trabajan por la paz” y hacen de la vida un oasis de encuentro.

Contad cómo el amor de este Hombre está bañado de ternura, de misericordia y de fidelidad: “Todo se ha consumado”. Es el testimonio del Hombre fiel a la vocación dada por el Padre, que se presenta en la cruz libre de orgullo, de egoísmo, de prepotencia. Jesús es el hombre abandonado. Se ha quedado solo y muere solo ante su Dios. Muere sin multitudes a su lado, sin aclamaciones ruidosas, sin manifestaciones de apoyo. Fue el hombre libre que murió así por defender a los pequeños, a los pobres, a los abandonados, a los crucificados de la tierra. Jesús se sitúa entre los no-hombres, los menos hombres, los deshumanizados, precisamente pasa sacarlos de ahí; si está en la cruz no es por tomar una actitud resignada, sino por haber luchado contra esa situación de inhumanidad. Si se ha configurado como “el hombre anónimo desfigurado” es para que devolvamos la verdadera figura humana a todos.

            Jesús crucificado es el hombre en “situación límite”. Es el hombre cara al muro, contra la pared, sin salida. El Crucificado es el hombre derrotado, fracasado, sin sentido. Es el hombre que ha perdido su identidad de hombre. Parece que en la cruz todo se acaba, todo se termina, todo desemboca en el absurdo. La cruz es como el hombre hecho basura. Sus sueños, sus utopías, sus proyectos parece que han fracasado.

            Pero quien mira al crucificado tiene que aprender a abandonarse en fe a Dios. Confiar en Él aunque no vea. Creer aunque todo esté en contra. Creer a pesar de las dudas, los interrogantes, las preguntas sin respuestas. Creer aunque el rostro de Dios esté oculto o desfigurado. Creer aunque me quede solo. Así muere Jesús: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”.

A Jesús le descienden de la cruz, y ahora os toca a vosotros cofrades de la Hermandad del Santo entierro llevad en vuestros hombros a este hombre muerto consumido en el dolor y en el amor. Pero al llevarlo sobre vuestras carnes, creed y proclamad que de la muerte brotará la vida, que Él será nuestra esperanza. Esta horrible historia de violencia, odio y crueldad concluye con un inmenso rayo de esperanza: ¡la muerte no tiene la última palabra! Y brotará la vida, porque el poder de Dios, la Palabra de Dios hecha carne, ha transformado la violencia y el odio en ternura. El Padre resucitó a su Hijo, remueve la losa del sepulcro, las losas de todos los sepulcros y las aguas de la vida comienzan a fluir. Ahora captamos bien que la uva tiene que pudrirse para fermentar y producir vino, y que el grano de trigo tiene que morir para dar fruto.

“Inclinó al fin su cabeza,
rota en grito la Palabra;
hubo llantos y lamentos
de la tarde a la mañana.
¡Qué silencio y qué vacío
por la Palabra enterrada!
todo aquel día de sábado
fue silencio y esperanza.

Y a la mañana siguiente,
primera de la semana,
la Palabra se convierte
en risa resucitada.
Es risa de primavera,
es risa que se regala.
Es risa que no termina,
es risa que vive y habla.
Todo se llena de risa,
y solamente te pide
que rías con todas ganas.

No estéis tristes peregrinos
de Emaús o de cualquier patria:
Alguien sale a vuestro encuentro
y su risa es una llama;
siempre se deja invitar
cuando la tarde se acaba,
y cuando parte su pan
de risa a todos contagia.
Todo se estremece y canta;
aquel grito del Calvario
es ya risa prolongada.

Se acabaron las tristezas,
las tristes muertes del alma;
hay un rostro que sonríe
y va sembrando esperanzas.
No llores ya, Magdalena,
buscando lo que más amas:
es hortelano que ríe:
una risa que no acaba.
No llores más, Pedro amigo,
recordando las tres faltas:
ahora está junto a ti
el que es Risa soberana,
y tan sólo te pregunta
si le adoras y  le amas,
Parte tu pan conmigo,
Amigo mío del alma,
colorea con tu risa
los rincones de mi casa;
y que la risa florezca
y que fluya como el agua;
y los cristianos resuciten
en risas multiplicadas.” (2)
     
El pregonero acaba este relato. Ahora, os corresponde a vosotros convertiros en pregoneros. El pregonero calla, para que se abran vuestras gargantas. Narrad, proclamad, celebrad y vivid. Decid a cuantos os encontréis quién es este Hombre, quién es Jesús, el Nazareno, contad lo que habéis visto y oído. Y después de contemplar la historia de dolor y amor de este Hombre, uniros a la confesión de fe con la que yo termino este pregón: “Verdaderamente este Hombre es el Hijo de Dios”.
 Francisco Maya Maya

(1)               Victor Hugo, citado por Jean Vanier, Acceder al Misterio de Jesús a través del Evangelio de Juan. Sal Térrea, Santander, 2004, p. 159.
(2)              Rafael Prieto, un camino mejor (II). Cuaresma, Jueves Santo y Corpus. Cáritas Española, Madrid, 1987, pags. 140-141


Autor vídeos: José Manuel Lavado Lozano




2008 Alfonso Pinilla García

Buenas noches. Debo agradecer a la Junta Gestora de Hermandades y Cofradías de Penitencia que haya pensado en mí como pregonero de nuestra Semana Santa. Su decisión me ha llenado de satisfacción y alegría por tres motivos:
                              
-          En primer lugar porque, como cristiano, tengo la oportunidad de reflexionar en voz alta acerca de nuestra fe.

-          En segundo lugar porque, como montijano, resulta emocionante recordar junto a mis paisanos las vivencias de tantas Semanas Santas. Desde pequeño quise participar en las procesiones y, cuando el paso de la adolescencia a la juventud me hizo interpretar la realidad desde otro punto de vista, pude darme cuenta de la profundidad espiritual que guardaba la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Para mi, la Semana Santa no sólo es un ejercicio de memoria, sino también – y fundamentalmente – una oportunidad de introspección, de exploración interior, de volverse hacia lo más profundo de uno mismo para poder ver el mundo con otros ojos: los del alma.

-          Y en tercer lugar porque, como historiador, la celebración de la Semana Santa cristiana no puede apartarse de la sociedad que la rodea. Porque religión y sociedad están íntimamente conectadas, y a veces olvidamos que el diálogo entre ellas no sólo explica muchos de sus respectivos problemas, sino que también – a través de ese mismo diálogo – es posible entrever interesantes soluciones. La relación entre los valores cristianos y la sociedad actual ocupará el último tramo de mi pregón.

La segunda mitad del siglo XX vio nacer a casi todas las Cofradías que hoy procesionan en nuestra Semana Santa montijana. Excepto la “Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores” – cuya fundación se sitúa en las postrimerías del siglo XVIII – el resto de Cofradías y Hermandades surgen a lo largo de nuestra más reciente historia. En la dura posguerra, concretamente en el año 1941, nace la cofradía “Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad”, caracterizada por su bello ascetismo.

No será hasta mediados de los años 60, más exactamente en 1966, cuando la familia de las cofradías aumente con el nacimiento del “Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores”, que en su primera procesión contó con 500 nazarenos y unas 300 mantillas. Dos años después (1968) vería la luz la Cofradía del “Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo”, cuya procesión está cargada de espiritualidad y recogimiento.

A principios de los 80, en el convulso año 81, se crea la cofradía “Jesús Salvador de los Hombres”, que invadiría con sus ramitas de olivo la mañana del Domingo de Ramos. Y ya en el 88, vendría la “Vera Cruz” susurrando silencio a la madrugada del viernes santo.

Para quien no hay fecha exacta de surgimiento es para la Asociación parroquial “Jesús Resucitado” y su peculiar encuentro, que nos llena de júbilo los Domingos de Resurrección.

Podría reflejar los sentimientos que cada de una de estas procesiones, de estos actos de devoción popular, me han sugerido a lo largo del tiempo. Respecto a las procesiones tengo una opinión muy clara: debemos interpretarlas como catequesis, como ejemplos de fe que el cristiano manifiesta ante la sociedad. No debemos despreciar la tradición, sino interpretarla y asumirla para, a partir de ella, evangelizar a los indiferentes. Pero insisto en que no quiero hacer esta noche aquí un ejercicio de memoria, un simple recordatorio – o un requiebro poético – acerca de lo más pasional de Nuestra Semana. Porque como cristianos ya sabemos que lo más importante de estos días santos es lo que en ellos se celebra, y sobre ese punto me detendré en la primera parte de este pregón.

Pasión, Muerte y Resurrección

Poco antes de ser prendido por las autoridades religiosas judías, Jesús decide lavar los pies de sus discípulos. Tras la cena, vierte agua en un recipiente y se dispone a lavar los pies de Simón Pedro que, sorprendido, le pregunta: “¿Lavarme los pies tú a mi, Señor?”

¿Cómo era posible – pensaba Pedro – que el hijo de un Dios se humillara ante su criatura? He aquí el primer acto de amor extremo que Jesús nos ofrece antes de iniciar su pasión. A través de la Humildad, Jesús empieza a ganarse una profunda autoridad ante sus discípulos.

Y merece la pena que reflexionemos brevemente sobre este concepto, la autoridad, porque un conflicto de autoridades acabará desencadenando la crucifixión de Jesús. Autoridad viene del griego “augere”, que significa “hacer creer”, tener credibilidad. Alguien tiene autoridad sobre nosotros cuando le creemos, cuando comulgamos con sus palabras y sus actos, cuando tenemos FE en él, cuando nos unimos y movilizamos por su causa. Autoridad y Fe son conceptos hermanos, pues ambos están unidos por la Credibilidad. Tener fe es creer. Tener autoridad es ser creíble.

Jesús empieza a conquistar de manera definitiva la autoridad ante sus discípulos cuando les sirve humildemente. Los doce empiezan a creer fervientemente en él cuando observan que el hijo de un Dios – quien todo lo puede – se humilla lavándole los pies a su criatura. No basta tener poder. Podemos vencer, pero no siempre convencemos, y Jesús convence a los suyos porque además de poder, tiene autoridad sobre ellos. Y conquista esa autoridad con la Humildad y el Servicio.

Conquistar la autoridad de un grupo humano lo dota de cohesión y además lo moviliza en pos de una causa común. La autoridad genera unidad y movilización, por eso decimos que la fe mueve montañas.

Con su predicación, Jesús se ha rodeado de un grupo de hombres que le cree, y que incluso está dispuesto a movilizarse para seguir los valores que él propone. Pero los poderes establecidos – ya sean políticos o religiosos – ven amenazada su autoridad ante la expectación y el apoyo que Jesús ha venido cosechando desde que iniciara su vida pública. Jesús empieza a ser un blasfemo para los judíos, porque dice que él es el Mesías y además critica la hipocresía de unos sumos sacerdotes que mantienen su lujosa existencia a costa de unos campesinos cada vez más empobrecidos. Y es que la fuente de financiación principal de los sacerdotes judíos no era otra que los altos impuestos sobre el campesinado. “Estos que os prometen la salvación – dirá Jesús – os condenan a la vida mísera que lleváis”.

Jesús estaba quitando máscaras, denunciaba los desajustes de su sociedad, sus contradicciones, interpretaba de otra manera una religión que había servido más para subyugar que para salvar. “Hipócritas”, les llamaba, mientras proponía otra manera de ver las cosas, mientras se acercaba a los más necesitados, a los más perjudicados por el sistema. Humilde, sirviendo al pueblo más llano y huyendo del lujo que decoraba las estancias del Sanedrín, Jesús minaba la autoridad religiosa judía. Y eso era, para los Sumos Sacerdotes, demasiado atrevimiento.

Por eso le prenden y, aprovechando la indiferencia de una Roma que no quería algaradas en plena Pascua judía, logran su condena a muerte. Pilatos no encuentra delito en Jesús, pero observa que su amnistía puede generar un malestar creciente en la casta religiosa judía que, a la postre, podría pasarle factura al imperio. Y para evitar problemas, Roma condena a Jesús sin comprender muy bien por qué lo hace, sin saber por qué el hijo de un humilde carpintero ha generado tanta oposición en la clase sacerdotal judía. Años más tarde, los seguidores de Cristo sí supondrán un motivo de seria preocupación para Roma, pero ahora, Jesús tan sólo es para el imperio un alborotador cuyo silencio es condición suficiente para garantizar la tranquilidad.

“Jesús el Nazareno, Rey de los Judíos” rezaba la inscripción de la cruz que soportó el suplicio de Jesús. Según la ley romana, había de figurar en la cruz del condenado el motivo de su condena y Pilatos, después de oír a Jesús y a los sumos sacerdotes, escribe esta acertada sentencia que, por otra parte, nos permite demostrar nuestra argumentación anterior: Jesús se erige en Rey espiritual del pueblo judío y la casta sacerdotal no se lo permite porque ve en su discurso un profundo atentado contra su autoridad, contra su propia legitimidad.

Pero si Jesús había empezado a ganarse la autoridad, la fe, del pueblo judío con sus actos de humildad y servicio, la muerte en la Cruz será el episodio que consolidará esa autoridad. Creemos a alguien cuando, aún siendo poderoso, nos sirve humildemente. Pero tendremos una profunda fe en él cuando, además del servicio humilde, nos entrega su propia vida como extrema demostración de amor.

La muerte de Jesús en la Cruz es un acto de entrega absoluta, de entrega de lo más preciado. El Padre nos entrega lo más valioso que puede tener un padre: su hijo. El Hijo nos entrega lo más valioso que puede tener un hombre: la vida. Porque el amor es entrega, y cuando la entrega es absoluta, sin reservas, sin esperar nada a cambio, entonces el amor también se vuelve extremo, no se guarda nada, no espera mercadeos, no vacila entre “quizás” y “porqués”. Y a través de un acto de amor extremo también se conquista, y se consolida definitivamente, la autoridad. Sólo quien nos ama hasta el extremo, sin reservas ni cálculos, puede dar la vida por nosotros. Y es preferible hacerse caso de Ése que todo nos lo da, a congraciarse con aquél que todo lo promete y nada ha dado aún. Porque es la entrega, y no la simple promesa de una futura entrega, lo que nos hace creíbles.

A través de su muerte, Jesús nos demuestra su amor y consolida definitivamente la fe – hasta entonces incipiente – de todos aquellos que le seguían. Nunca más volverá Pedro a escuchar al gallo, ese delator de cobardías, tras ver a Jesús dar la vida por los hombres.

La fe de los primeros discípulos se reforzará cuando éstos comprueban que, efectivamente, Jesús cumple lo que promete. Tras su muerte física, resucitará a la vida espiritual de la que ha venido hablando desde que empezó a predicar en plazas, calles y sinagogas. La resurrección es, pues, una promesa cumplida que cierra esta tragedia en tres actos a través de la cual Jesús nos da motivos para creer en él.

Pero no quiero hablar hoy aquí de la resurrección después de la muerte física, sino de la resurrección durante esta vida, verdadero objetivo – y motivo de fe – para el cristiano en su caminar por el mundo. Porque no hace falta morir físicamente para resucitar espiritualmente después. La muerte física no es una necesaria premisa para la resurrección espiritual. Podemos sentirnos vivos, aunque estemos muertos por dentro.

No hay nada más grave que estar muerto en vida. Nuestro corazón late, nuestras piernas se mueven, fisiológicamente nuestro cuerpo parece funcionar a la perfección pero, ¿qué hay de los valores?, ¿de nuestra vida interior?, ¿de los conceptos que sirven para entender el mundo?, ¿de lo que no se toca con los dedos de las manos ni se ve con los ojos de la cara, sino con los del alma? He aquí la verdadera resurrección del cristiano, la del espíritu, la de lo inmaterial, la de los valores que forman un código ético aplicable a nuestro paso material, concreto, físico por el mundo; un código ético excepcionalmente útil en nuestra relación con los demás. Dios también se expresa así, a través de un sistema de valores para guiar nuestra existencia.

No hay que esperar a la muerte física para la resurrección espiritual, pues urge resucitar espiritualmente en medio de las materialidades que nos rodean. Se puede estar muerto aún estando radiante de salud, porque no es la biología lo que aquí tratamos, sino el conjunto de valores y conceptos que nos hacen ser hombres con mayúsculas. El díscolo San Agustín acabó dándose cuenta de este aserto, por eso en su bello poema “Tarde te amé” nos recuerda: “Tu estabas dentro de mí / yo fuera. / Por fuera te buscaba / y me lanzaba sobre el bien y la belleza / creados por Ti”

Nunca es tarde cuando la resurrección es buena, y San Agustín acabó resucitando a esa espiritualidad que había olvidado sistemáticamente entre las candilejas de lo material.

Precisamente antes de su prendimiento, en una profunda conversación con sus discípulos que Juan nos relata en su evangelio, Jesús da en la clave al afirmar: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. He de reconocer que en el profundo sentido de esta frase radican las razones de por qué soy cristiano (y aquí coincido con los argumentos del gran filósofo José Antonio Marina).

Cuando Jesús afirma ante Pilato que su “reino no es de aquí” y que él “ha nacido para ser testigo de la verdad”, el prefecto Romano le espeta un despreciativo y escéptico “y ¿qué es la verdad?” Jesús no le contesta pues espera que nosotros demos la respuesta, tal vez porque en esa respuesta radica nuestra verdadera fe, nuestra razón de ser como cristianos.

Hay tantas verdades como puntos de vista, y es de hombres tolerantes y sabios respetar escrupulosamente las verdades que van surgiendo – y que se nos ofrecen – a lo largo de nuestra vida. Porque la verdad no es un papel liso y en blanco, sino un poliedro, con tantas caras como percepciones. Resulta constructivo aceptar la relatividad, el hecho de que la verdad no es unívoca, de que hay muchas verdades. Pero si necesario es asumir la relatividad, imprescindible resulta no caer en el relativismo, en esa falacia que consiste en creer que todas las verdades tienen el mismo peso. Porque todas las percepciones no valen lo mismo, no pesan igual, por eso hay que pertrecharse de suficientes ideas y valores como para discriminar qué es más y menos válido para nuestro bienestar espiritual y nuestra convivencia.

Jesús nos ofrece, con sus enseñanzas, una batería de conceptos lo suficientemente amplia como para asumir la relatividad sin caer en el relativismo; un conjunto de valores lo suficientemente válido como para sopesar ese amplio universo de verdades en que estamos inmersos. Por eso dice Jesús que él es el camino, un camino de verificación jalonado de los valores que él considera oportunos para discriminar el distinto peso de las verdades que surgen ante nosotros.

Así pues, no hay que entender la verdad como un destino, sino como un camino. A la verdad se llega dudando, comparando, investigando, leyendo, conociendo, preguntando, siguiendo unos valores, practicándolos. Por eso el camino de Jesús implica movimiento, recorrido, acercamiento, transición, transformación, cambio, paso. ¿Y qué otra cosa sino el paso de la muerte a la vida espiritual celebramos en nuestra “Pascua”? Recuérdese que “pascua” viene del hebreo “pésaj” que significa, precisamente, “paso”.

Jesús nos ofrece un camino de perfección, de acercamiento a esos conceptos que él formula y que constituyen la esencia de su Padre. Nosotros, simples hombres, jamás llegaremos a conquistar enteramente la Humildad que él nos propone, pero podemos ser humildes si iniciamos el camino que consiste en creer y practicar ese ideal. Nosotros, simples hombres, jamás llegaremos a amar hasta el extremo, con ese Amor que él nos propone, pero podemos amar intensamente si iniciamos el camino que consiste en creer y practicar ese ideal. Así pues, creer implica caminar y supone crear.

Cuando creemos en algo, caminamos para ponerlo en práctica, y eso genera actuaciones concretas que están haciendo realidad lo que hasta entonces era sólo una utopía. Creer es crear, y se crea caminando, recorriendo ese camino de perfección que Jesús nos propone. Nunca llegaremos a lo que él consiguió, pero creer en los valores que él defiende implica ponerlos en práctica, tal y como hicieron las primeras generaciones de cristianos que, creyendo apasionadamente en lo que les dijo Jesús, generaron un movimiento socio - religioso tan intenso que acabó conquistando el propio imperio romano.  Ya reflexionaré en la segunda parte de mi pregón cuán necesario es practicar hoy lo que los cristianos predicaron en aquella época.

Decía Ortega que cuando afirmamos “voy hacia el norte” nunca llegamos a un punto, a una ciudad, a un pueblo llamado “norte”. El norte es una referencia para el caminante, pero no un punto físico localizable, pues allá donde nos detengamos siempre habrá un lugar más hacia el norte. En esta vida, Dios también es una referencia para el camino, pues los valores que constituyen su esencia – aun inalcanzables de manera absoluta – sirven para no perdernos. No podemos amar a todos hasta el extremo, pero podemos acercarnos al ideal creyendo en él y practicándolo.

Creer, hay que repetirlo, es crear. Y se crea recorriendo el camino difícil, pero no insalvable, que va desde la cueva donde habitaba el hombre de Platón al campo abierto – soleado e inmaterial – del fascinante mundo de las Ideas. Nuestro Dios habita ese mundo, y concentra en su ser todas las enseñanzas, valores y conceptos que Jesús nos ha ofrecido como referencias para explorar el camino. Creer en esos valores permitirá hacerlos realidad, pues el propio Jesús nos recuerda: “el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago”.

Aristóteles decía que no importaba “vivir mucho”, sino “vivir bien”. Y vivir bien supone seguir una serie de valores que sirvan de código de comportamiento, de sistema moral, de conjunto de ideas lo suficientemente claros y contundentes como para relacionarnos de manera constructiva con los demás. El cristianismo nos propone un código ético muy útil para vivir bien, e intentaré demostrarlo en la segunda parte de este pregón, relacionando el sistema de valores al que ya he aludido con la sociedad que nos ha tocado vivir.

El cristiano ante la sociedad de consumo de masas

Hay que remontarse a 1929 para exponer el surgimiento de nuestro actual modelo de sociedad. En ese año tiene lugar un desajuste económico tan grave como inesperado: asistimos a la emergencia de una producción masiva acompañada de un consumo ínfimo. Superproducción y subconsumo. Las fábricas generan un gran número y variedad de artículos mientras que la población apenas los demanda. La mayoría de hombres que poblaba el occidente industrializado en aquella época tenía cubiertas, en líneas generales, sus necesidades materiales básicas: comida, vestido y techo. Pero esa subsistencia no será suficiente, con ello no podrá absorberse la masiva producción que el sistema industrial está ofertando.

Un economista británico, John Maynard Keynes, propondrá la solución: es necesario crear en los individuos nuevas necesidades, más allá de las meramente fisiológicas, que les induzcan a consumir lo masivamente producido. Pasamos así de las necesidades materiales básicas, más o menos cubiertas, a toda una serie de necesidades psicológicas – creadas por los nuevos medios de comunicación y la publicidad – que sustentan la sociedad de consumo de masas.

Y así, el vestido se convierte en “moda”, la comida en “gastronomía”, la casa digna en un apartamento “bien decorado”, el descanso en “ocio”... El espíritu del hombre va cayendo en el más profundo y triste materialismo. Lo satisfactorio deja de ser lo que no se ve para convertirse en lo que se toca. Echando la vista atrás, podemos concluir que la historia de las sociedades parece dividirse –  “grosso modo” – en tres épocas, basadas a su vez en tres principios que inspiran la naturaleza de cada etapa:

-          El principio de “vales según la cuna donde hayas nacido”
-          El principio de “tanto tienes, tanto vales”
-          El principio de “tanto aparentas que tienes, tanto vales”

Éste último principio es el que rige hoy, pues vagamos perdidos en un mundo de apariencias donde a veces vale más la anécdota que la categoría, el instante que el proceso, la forma que el fondo, el detalle que el conjunto. Tanto es así, por ejemplo, que para demostrar el amor a tu pareja no parece bastar ya la profunda complicidad que nace de la empatía, sino que es necesario asegurar la sonrisa del cónyuge con el mejor regalo el día de los enamorados;  de igual manera, el amor a los padres parece quedar cubierto – y también amortizado – con un buen obsequio en las respectivas fechas que nos marquen los grandes almacenes.

Esta organización socioeconómica va convirtiéndonos en pilas consumistas, en unidades de gran potencia derrochadora, y todo ello para satisfacer unas necesidades que no son naturales, sino artificialmente creadas por un sistema que sólo busca mantenerse. Consumimos antes de nacer – véase la “moda pre-mamá” – y también después de morir (demos un paseo por el cementerio abarrotado de flores el día de los Difuntos y confirmaremos tal aserto).

Incluso lo religioso, lo espiritual, acaba convirtiéndose en objeto de marketing, en una simple coartada para consumir. Vean, si no, las primeras entradas del “Google” tras teclear en su buscador la expresión “Semana Santa”.

Hoy, quizá más que nunca, es necesario plantearse el “Tarde te amé” de San Agustín. Es necesario despertar al camino de lo espiritual, de lo que no se toca pero sirve para entender el mundo en que vivimos. Es necesario pensar antes que comprar, sentir antes que mercadear, ser Hombre antes que un simple maniquí.

Frente al vacío de una sociedad construida a base de destellos, el contenido profundo de la Humildad. Ni el halago, ni el aplauso, ni el excesivo reconocimiento pueden hacernos caer en la vanidad que sólo vive de las fachadas.

Frente a tantas “verdades” espectaculares que nos lanzan televisiones, radios y periódicos, sepamos filtrar lo que se nos dice. Asumamos la relatividad sin caer en el relativismo; aceptemos que hay tantas verdades como puntos de vista pero, de igual manera, pertrechémonos de un sistema de valores y conceptos lo suficientemente sólido – y el cristianismo lo es – como para discriminar el distinto peso de esas “verdades”. Porque toda comprensión surge de la comparación.

Frente a los sectarismos, a las luchas personales, a la pugna por intereses individuales que imponen silencios donde habría de existir debate, hagamos como Jesús: denunciemos en voz alta los desajustes, las contradicciones de nuestra época. No silenciemos al que se nos opone, o al que nos cae mal, no lo despreciemos, porque a veces el silencio grita nuestras más tristes mezquindades, nuestras más hondas pobrezas. Frente al sectarismo, la tolerancia; frente a nuestros propios complejos, la complejidad de un mundo que se resiste a seguir dividido en el código binario de lo bueno y lo malo;  lo blanco y lo negro. Porque el mundo es gris, en él todos estamos muy mezclados, es complejo y como tal hay que tratarlo.

Frente a tanto odio, el amor al otro como a uno mismo. “Amaos como yo os he amado”, entregaos mutuamente aunque os separen culturas, razas, religiones, credos, parroquias o ideologías. Porque es la entrega, y no la egoísta envidia, quien os salvará de vuestras cruces.

Y, sobre todo, tened esperanza, creed en lo que no se ve, en ese conjunto de conceptos que Jesús recorre en su Pasión, Muerte y Resurrección. Creed en lo que no se toca, asumid conceptos, defended valores, porque el mero hecho de enarbolarlos supone el inicio de su concreción. Las utopías se cumplen cuando empiezan a formularse, cuando creemos verdaderamente en ellas. Díganselo, si no, a todos aquellos hombres que hace más de dos mil años creyeron el mensaje del nuevo reino espiritual que el hijo de un carpintero les propuso. Recorrer aquél camino generó un movimiento social, político, cultural y religioso de tal magnitud que acabó desmantelando los cimientos de la misma Roma. Por eso no desfallezcáis, aunque os sintáis pequeños, porque lo pequeño y aparentemente débil tiene un potencial transformador impresionante cuando se inviste de convicción, credibilidad, fe y autoridad.

Creer es crear, “el que crea en mí – dirá Jesús – hará él también las obras que yo hago”. “Caminante no hay camino – recordará Machado – se hace camino al andar”. Con este mensaje de esperanza, donde el pasado se mezcla con el presente para sugerir futuros; donde aludo al ayer para intuir lo mucho que queda por hacer hoy me despido. Y vuelvo a Machado para recordarles que:

“Está el hoy abierto al mañana,
el mañana al infinito.
“¡Queridos cristianos!”,
Ni el pasado ha muerto
Ni está el mañana,
Ni el ayer,
Escrito.”
  
Feliz Pascua de Resurrección
Alfonso Pinilla García





¿Cómo no voy a recordar cuando era un adolescente mis vivencias en la calle en Semana Santa? ¿Cómo no voy a traer a mi memoria esos pasos, que con tanto cariño y fervor recorrían las calles de nuestro pueblo, llevados por hombres y mujeres sencillos? ¿Cómo no voy a recordar a mi madre, planchándome mi traje de nazareno, heredado de mi padre: capirotes negros, rojos y blancos, a mi hermano, que me acompañaba, para poder nosotros también hacer estación de penitencia?

Es que un adolescente graba a prueba de fuego esos recuerdos en su memoria y en su corazón y no los olvida nunca. ¡Como olvidar eso, Dios mío!

Era miércoles y algo nervioso esperaba que la primera cofradía pasara por la calle donde mis padres tenían su negocio, no sabía dónde verlo pasar, o abajo al lado de los penitentes y nazarenos, que inundaban la calle o subir al balcón de mi tía, donde podría contemplar los rostros de las imágenes mas de cerca. Decidí subir, sí, Dios, subir,  porque el hombre tiene que subir para poder verte, para poder contemplarte, y de lejos te vi venir, venías cargando con una cruz, iluminado por ciriales, y lleno hasta arriba de flores violetas.

No venías solo, alguien te acompañaba detrás, no sé si era un amigo, si era alguien que te quería, lo que si sé, es que te ayudaba a llevar tu cruz, se te hacía pesado el llevarla, pero tú la cargabas con elegancia, moviéndote al son de los costaleros, y te paraste delante mía, yo contemplé tus ojos, y ese día lloré delante tuya, lloré porque sufrías, lloré porque yo también sufría, lloré porque te paraste  a mi lado, porque te quedaste mirando, porque me quisiste decir algo, yo: un pobre adolescente, Tú: hombre y Dios, que cuando te fijas en alguien, ya te quedas con él para siempre. Te quedaste mirando, Señor, la calle tenía poca luz, el silencio era descomunal y tú, con tus ojos ensangrentados, querías decirme algo:

Estoy contigo, no sufras, no lo pases mal, ven ayúdame a llevar mi cruz, ven detrás de mi, como este hombre que me ayuda a llevarla, y que no deja de cargar con mi cruz para que me sienta aliviado. Ven y ayúdame, me dijiste, y yo, sin saber lo que me decías, volví a llorar, porque no podía seguirte, porque no entendía lo que me querías decir.

En ese momento un golpe te llevo lejos de mí, seguiste andando por la calle, vi cómo te alejabas poco a poco de mí, vi cómo hombres, con su rostro cubierto, te acompañaban iluminando tu camino, vi cómo tu imagen se perdía en el silencio de la calle donde crecí y me hice hombre, donde maduré y aprendí a querer, donde viví los mejores años de mi vida. Era un miércoles santo, el miércoles de los nazarenos negros

Otra vez
el tiempo ha regresado,
la luz
de las cosas que se fueron,
las que creí perder
pero quedaron,
rebeldes al olvido
en el recuerdo.

Otra vez estoy aquí,
recuperando
cuanto he vivido yo,
cada momento,
de mi vida
de niño,
de joven,
de inexperto,
de la vida de aquellos
que me amaron.

Conjugo en presente
lo pretérito
porque llega otra vez
lo más sagrado,
corazón de mis íntimos
anhelos.

Y otra vez,
si busco,
hallo
mi memoria feliz
entre lo eterno...
y otra Semana Santa,
al fin,
entre mis manos,
donde poder recordar que Jesús murió por mí,
murió por mis hermanos, pero resucitó y nos dio la vida.
Otra vez, Señor, estás entre mis manos.


Rvdmo Sr. Arcipreste y hermanos Sacerdotes
Excmo. Sr. Alcalde.
Ilma. Sra. Teniente de Alcalde
Presidente y Junta  del Consejo gestor de Hermandades y Cofradías
Excmas. e Ilmas. Autoridades
Hermanos y hermanas.

Mis queridos hermanos, mis primeras palabras quieren ser de agradecimiento a la Junta gestora de hermandades y cofradías de penitencia por haberse dignado mirar a este cura, lejos de su pueblo, para convertirse en el altavoz que pueda pregonar esta Semana Santa en el 2007. Agradecer a todos mis hermanos sacerdotes el apoyo de esta propuesta, y el poder hacer hueco en mi tiempo para poder compartir con vosotros este precioso momento de intimidad, delante del Señor y delante de vosotros. Agradecer al ayuntamiento su apuesta por la Semana Santa, para que esta tradición religiosa y popular siga ganando en calidad en nuestro pueblo. A mi familia, a mis padres y mis hermanos, que me van acompañando en todos los vericuetos de mi vida, que son muchos, pero que ellos siempre apoyan con su cariño y su amabilidad. A las juntas de gobierno de las diferentes hermandades y cofradía de nuestro pueblo, por la preciosa labor que hacen llevando el gran tesoro de Jesús muerto y resucitado a las gentes sencillas de Montijo. Y gracias a todos vosotros, hermanos y hermanas, que me acompañáis en esta noche, a vosotros y por vosotros quiero abrir mi corazón al Señor Jesús en este momento, para que el pueda escuchar nuestras oraciones y plegarias que quedan siempre en lo profundo de nuestro corazón. Gracias.


I. Llega la Semana Santa….

La plaza de nuestro pueblo se llena de vida….las madres con sus niños recién traídos al mundo, algunos más creciditos, los adultos paseando de un lado a  otro. Desde el ayuntamiento hasta el casino y del casino hasta el ayuntamiento, los más mayores sentados en esos fríos mármoles, contando sus historias, que son pasadas pero que se hacen presentes cada vez que las verbalizan, algunos personajes casi ya paradigmáticos: la Srta. Laly, el cura párroco que baja a tomar café a alguno de los bares del entorno,  la hermana Martina que compra los periódicos y se los lleva a sus hermanas, los hombres del casino, que no dejan de darles vueltas a todas las familias del pueblo, algún municipal que sube hacia la avenida a ver si pasa algo....una plaza llena de vida…porque llega la primavera, con su luz y el olor de muchos de los naranjos, que poblaban nuestro pueblo y que se llenaban de azahar, de ese olor que se mete en las entrañas y que te habla de felicidad, de bienestar, de alegría, de entusiasmo.

Llega la primavera y parece que el rostro de las personas cambia, se hace más amable, más alegre, llega la primavera y parece que todo explota, no solo la naturaleza, sino los hombres…llega la primavera y nuestro pueblo tiene otro color, un color que irradia esperanza, que irradia felicidad.

Y en la primavera, el Domingo de Ramos…Aún recuerdo cómo montábamos la borriquita encima del paso, aun recuerdo cómo la cogíamos de su altar, al lado de los confesionarios, en la Iglesia de S Pedro, donde estaba durante todo el año, tapando una antigua puerta de la iglesia, donde los niños imaginábamos historias fantásticas y de miedo, de nuestro templo.

Todavía recuerdo el poder hacer de capataz, Dios mío, ¿qué no habré hecho yo en estos tus templos e iglesias de mi pueblo? Conducirla por las calles, acompañada de muchos niños y muchachos con sus ramos de olivos. No había nazarenos, pero la iglesia se llenaba de muchachos que la acompañaban por las plazas y rincones de Montijo, llenos de ilusión y esperanza.

¡Qué imagen más entrañable! Aún recuerdo el testimonio de jóvenes sacerdotes que a los muchachos de aquel entonces nos hacían acompañar a Jesús encima de un pollino. El testimonio de Manolo Malagón, que tanto hizo por los jóvenes de nuestro pueblo y el testimonio de Juan José Rascón, que detrás de su rostro serio se escondía la gran sensibilidad de un hombre entregado a Dios y a los hermanos.

¡Qué Domingos de Ramos!, las calles se llenaban de gente, estrenando algo, como es costumbre, y todos salían a tirar mantas al suelo o ramos de palmas, para que el Señor pudiera pasar triunfante por sus casas, para que el Señor le diera alegría y paz a tanta gente que salía a recibirlo. Salíamos contentos a verlo pasar y aclamarle y decirle: ¡Bendito eres Señor, nuestro Mesías, nuestro Salvador, el que da sentido a nuestras vidas!

Pero hoy todo es alegría,
mañana entre dorada y pura,
¡quién piensa en qué noche oscura
y en lo que sucederá un día!
¡Qué clamor, qué algarabía!,
Bendito porque está escrito
el paria, el pobre, el contrito,
bendito el que nada tiene,
bendito sea el que viene
en nombre de Dios ¡Bendito!


II. Del deseo, del recuerdo y de la realidad

No es el que está pregonando un poeta ilustre, ni siquiera cuenta con grandes dotes en la oratoria, ni siquiera se me da bien el escribir poesía. Soy un sacerdote y salesiano, dos realidades que se conjugan perfectamente, que son casi intrínsecas, que van tan unidas, que no sé ser una cosa sin la otra.

 Y por eso en esta noche mis deseos son la experiencia de mis pocos años como sacerdote de Cristo y de la Iglesia, años llenos de riquezas, de vivencias inesperadas, de asombro ante las personas que quieren encontrar a Dios, de admiración por tantas cosas que Dios hace en mi pobre ser,  lleno también de podredumbre y de pecado, de limitaciones y traiciones, de no haber estado a la altura que el Señor me ha ofrecido, de no haber dado mis manos por completo a la construcción de su Reino. Sacerdote y salesiano, hijo de D. Bosco, que amó profundamente a los jóvenes y que en ellos encontró el rostro verdadero de Dios, que a ellos supo entregar sus fuerzas y sus energías. Eso es lo que sé hacer y hago mejor, o mejor lo único que creo hacer bien, entregar mis pobres energías a mis jóvenes que tanto amo, y por los cuales he entregado mi vida entera, como mi padre D. Bosco.

Nuestras cofradías están llenas de jóvenes por lo menos en nuestra Andalucía, en ellas ellos se sienten bien, acompañados, protegidos, haciendo lo que les gusta, vistiéndose de nazarenos, acompañando a su Cristo, bajo el palio de su Madre, o portando ciriales y cruces en la estación de penitencia.

Hoy quiero manifestar un gran deseo, hoy que recuerdo mi adolescencia y juventud, metido en las hermandades de mi pueblo, y que quiero recordar mi honda experiencia religiosa, quiero expresaros enérgicamente esta realidad:

Contáis con un precioso espacio para poder hacer crecer en la fe a los muchachos de nuestro pueblo, tenéis un precioso lugar donde los jóvenes de nuestro pueblo pueden encontrarse con el rostro de Jesús Crucificado, o con el de su Madre sufriendo. Tenéis una preciosa oportunidad para que los muchachos puedan fraguar una experiencia religiosa profunda, que les lleve después a dar su vida al Señor o en la vida sacerdotal o religiosa, donde poder quedarse cautivados para siempre por el Señor.

Es una realidad que no debéis desaprovechar en vuestras juntas de gobierno, en vuestros cabildos, en la vida de hermandad, a lo largo de todo el año. Los jóvenes deben de ser el centro de vuestra evangelización, como les recordaba Benedicto XVI a los curas de Roma hace muy poco tiempo.

Nuestras hermandades se pueden convertir en un precioso lugar de acogida, para poderles hacer crecer en la fe, de una manera muy sencilla. Sin grandes aspavientos ni teorías, con la vida de los hermanos y el testimonio generoso de los más adultos. Un deseo, en este recuerdo, que se puede hacer realidad.


III. Un Cristo sufre por una madre.

Jesús agoniza en nuestro pueblo, lo bajan unos hombres por la avenida Emperatriz Eugenia, sus cabezas cubiertas con capuchones rojos, el meneo de sus parihuelas, no hace que sus ojos dejen de mirar al cielo, llenos de dolor, llenos de sufrimiento, llenos de amargura, por lo que los hombres han hecho con Él.

Su rostro es el de cualquiera de nosotros, que refleja nuestro dolor, que manifiesta nuestros sufrimientos. ¡Qué dolor más grande Señor, el de tantos hombres y mujeres de nuestro pueblo que sufren!. El de la mujer que llora despavorida porque su marido la ha abandonado, el del mayor que se siente solo y  ve cómo sus hijos lo han ido abandonando, el del matrimonio joven que se acaba de casar y que ve como no les llega el dinero para final de mes. El de la madre que sufre porque su mismo hijo le está pegando, y solo le queda llorar sola en la intimidad de su casa. El de la mujer que mira cómo su esposo la ha dejado de querer, el del joven que no tiene a nadie con el que hablar, con el que expresarles sus tristezas y se sumerge en el mundo de la droga y del alcohol.

Es tu rostro Señor, tan humano, el que baja por nuestras calles, miras al cielo, pero miras por cada ventana de nuestras casas, miras lo que ocurre en ellas, sabes que tu corazón sufre por el dolor de tus hermanos, los hombres. ¡Qué Dios más grande, que se ha hecho hombre como nosotros, y que sufre como nosotros y por nosotros!

Una mujer llora en lo escondido de un balcón cuando pasas. Los nazarenos han parado tu paso delante de ella, y Tú eres capaz de alzar tu mirada agonizante, que abraza la muerte y que mira al cielo, eres capaz de levantar más tu cabeza y de mirarla con tus ojos llenos de lágrimas y de dolor, con tus ojos llenos de sufrimiento y de angustia. Eres capaz de mirarla y dejando tu dolor a un lado, hacerte con ella Dolor, dolor de sus dolores, dolor de los que duelen, pero dolor que tú sabes acompañar, sabes comprender, sabes transformar.

Esa mujer te ve pasar en tu cruz, a la luz de las velas, pero esa mujer ve como tú, dejando tu cruz, cojes la suya y la iluminas con los cirios que te acompañan, con la luz de esa cera que se derrite por ti, Señor, y que ahora derrites tú por ella. Te quemas como ese cirial, por ella, te quemas y te desgastas, para darle luz a ella, te quemas porque quieres quemarte por ella.

Esa mujer es mi madre, Señor, es la mujer que más he querido Señor, pero que  cuando tú pasabas por nuestra casa, la mirabas a ella y desde nuestro balcón te veía bajar, bajar no solo, sino con ella, ella te acompañaba en su sufrimiento, ella te decía, Señor, yo te acompaño, no estás solo…yo te acompaño en tu sufrimiento. Pero tú, Señor, desclavabas tu brazo de la cruz y se lo tendías a ella. Tu mano la agarraba siempre, tus ojos no la perdían nunca, Señor, tus velas la iluminaban a ella. No la dejes nunca, mi Señor, no la dejes sola, dale la luz, Señor, porque tú, mejor que nadie, sabes que solo hay una madre a la que uno quiera. Mi madre, Señor, te ha limpiado tu rostro lleno de lágrimas, limpia también el suyo siempre que tú puedas.


IV. Un acto de fe

Es la fe la que nos impulsa a vivir la Semana Santa de una manera  testimonial y comprometida. La Fe es un don de Dios. Es la alegría de ser cristiano. Es lo que alentó el esfuerzo de grandes cofrades, que nos enseñaron que el espíritu de servicio es la razón primera por la que estar en las cofradías, en la Iglesia y en la sociedad.

La Fe cristiana es la Fuerza Impulsora de la Semana Santa. En la Fe está el Amor a Dios a través de nuestras Sagradas Imágenes y la que nos hace salir a la calle a hacer estación de penitencia sin avergonzarnos de lo que somos, testimoniando que ser cristiano hoy es posible, aun en esta sociedad tan secularizada, donde tenemos que decir mucho al hombre de hoy, donde podemos proponer un modelo de vida, el de Jesús, que puede hacer feliz a mucha gente, donde la felicidad se escribe con mayúsculas.

            La Fe en Jesucristo es, ante todo, manantial inextinguible de solidaridad y es aquello por lo que las cofradías llevan a cabo su misión evangelizadora, porque la Iglesia tiene como razón primera la Evangelización. La solidaridad no es un concepto del mundo moderno; Cristo nos lo enseñó hace dos mil años. Hemos de considerar -como dice el Concilio Vaticano II- "la noble obligación de trabajar para que el mensaje divino de la Salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de la Tierra". Tenemos que apagar la Sed del hombre.

El hombre debe ser hombre de su época. No puede volver la espalda a la realidad del mundo. Es imprescindible dar testimonio de la Fe cristiana, llevando la Esperanza a los que sufren tantos problemas de la humanidad: paro, droga, enfermedad, marginación, incomprensión, hambre... Hay que dar ejemplo a los jóvenes, semilla del futuro. Por eso la fe hace que los costaleros carguen con el paso, que las floristas decoren al Señor y la Virgen con sus mejores formas, que los nazarenos hagan penitencia rezando y llevando las cruces sobre sus hombros, en definitiva, la fe que vivimos en la intimidad se lleva a la calle, al lugar público, a la sociedad.

No dejemos que nos llenen de miedo, que nos hagan encerrarnos en nuestras sacristías, que quede relegada nuestra fe al ámbito personal. Hagamos de nuestra fe un testimonio público, una manera de vivir, que es posible en este siglo XXI. Vivamos nuestra fe en nuestro pueblo, llevando a Jesús a aquellos lugares donde más falta haga.


VI. El Encuentro con una madre

Si pudiera recuperar la magia de la vida, de salir de ese lugar, donde el mundo deja de latir y te sientes solo, donde no puedes buscar una razón para vivir, donde no encuentras una razón para sobrevivir, donde el sol es ocultado por la nube de la vida. Ahora que estoy a oscuras sin luz, te acercas a mi y te vas, y sé que eres tú. Rompes el silencio al oír tu voz, seguir tus pasos sin poder llegar a ti. ¿Dime si estás ahí?,¿Dime si puedo creer en ti? ¿Dime si eres un deseo que se ha hecho realidad? ¿Dime si eres una ilusión? ¿Dime si vas a venir esta vez por mí? No se si eres una fantasía, enséñame un lugar donde soñar despierto, donde no habrá sombras al anochecer.

Enséñame Madre ese lugar donde tus manos me cojan como cogieron a tu hijo, como sostuvieron el cuerpo de tu hijo destrozado, enséñame ese lugar donde al mirarte, Madre, todas mis penas desaparecen, donde tus lágrimas caen en mis manos y con ellas me limpio mi cara de tanto horror y pecado. Enséñame Madre ese lugar donde tú y yo nos encontramos sólo cara a cara. Donde el silencio hace de nuestra conversación la razón de nuestra existencia, enséñame Madre a no poder vivir sin ti.

Sales a las calles de nuestro pueblo, a buscar a tus hijos, tus miradas no dejan de buscar por las esquinas de nuestro pueblo aquel que sufre o lo pasa mal, aquel que llora o tiene pena en su corazón. Sales como una Madre, a llevarse a sus hijos consigo, porque contigo, Madre, el dolor no existe, contigo el sufrimiento se hace más llevadero. No dejas de visitar ni un solo rincón donde sabes que hay dolor y sufrimiento. Tu estas pendiente siempre de nosotros, que somos tus hijos.

Eres una madre cariñosa, que no nos hablas sino de nuestra cosas, sabes de nuestro dolor, de lo que le pasa a nuestros hijos, de la alegría de los que queremos, de la enfermedad de nuestros familiares, de los apuros de nuestros mayores.. ¿Cómo es posible, Madre, que seas capaz de arrebatar tantas lágrimas de tus hijos, que al verte pasar, se vienen abajo y te imploran su protección y ayuda? ¿Cómo es posible, Madre, que tus hijos se desmoronen ante ti porque tienen la necesidad de que lo sostengas, tú en tus preciosas manos?

El miércoles santo sales con mucha Piedad detrás de tu hijo, El lleva la cruz  de nuestros pecados, de todas nuestras infidelidades. Pero tú, en silencio y en profunda oración, con las manos agarradas del dolor y con tus ojos que se dirigen a Dios y a todos los hombres, sales acompañar a tu hijo, para no dejarlo solo, para acompañarlo hasta donde va a ser crucificado.

El jueves tu rostro se llena de dolor y el dolor es el reflejo de tu alma. Tu Hijo agoniza en la Cruz, y tus hijos, los hombres, agonizan en la vida. Pasas entre nosotros con un corazón atravesado de mil espadas, que te hacen sufrir: la del egoísmo, la de la intolerancia, la de la envidia, la de la calumnia, la de la infidelidad, la de la incoherencia, la de la guerra, la del…¡Cuántas espadas atraviesan tu corazón Madre mía!, pero ni una palabra sale de tu boca, ni una sola palabra hace entorpecer el profundo dolor de tu hijo clavado en la cruz.

Y el viernes te quedas sola en tu dolor, Soledad, mi Virgen sola, mi Madre sola, porque su hijo se ha muerto, porque el cuerpo de su hijo se pasea por nuestras calles. ¡Qué profundo dolor para una Madre ver cómo su hijo muerto se pasea por las calles!, ¡qué dolor más grande pensar que ya no podrá escuchar las tiernas palabras de Jesús, que no podrá ser acariciada por sus suaves manos, que no podrá ser mirada por esos profundos, ojos llenos de amor y ternura, que no podrá sentir el ardiente calor de su cuerpo, que se llena de pasión al contemplar el sufrimiento de los hombres! Te quedas sola, y te acompañamos en tu sufrimiento, Madre, te seguimos, vamos contigo no dejes de sentir nuestra presencia, aunque tu hijo ya no esté, estamos nosotros, que queremos acompañarte siempre.

Virgen del alto duelo, madre mía,
peregrina mujer desconsolada,
abierto corazón a tanta espada,
a tanta llaga de Hijo que moría.
¡Qué soledad de ayer, de todavía!
¡Cuánta lágrima tuya derramada!
¡Dolorosa de lágrima sagrada!
Romera de tan triste romería.
Muerte tuya, la muerte del Calvario.
Sangre tuya, la sangre redentora.
carne tuya, la envuelta en el sudario.
¡Qué soledad la tuya, madre, ahora!
¡Qué rosario de penas tu rosario!
¡Viuda de Dios! ¡Madre de Dios! ¡Señora mía!


VI. Cristo Vive

La Semana Santa nos devuelve los años mejores de nuestra vida, en una nueva recreación de los sentidos. Los olores, los sabores, las visiones, los sonidos, las táctiles recurrencias se conjuntan en el espacio idóneo y en la atmósfera propicia. Si el hombre es capaz de mirar atrás y traer sus sentimientos al aquí y ahora, si es  capaz de vibrar o de llorar con lo que hace muchos años le hizo vibrar y llorar, no se me puede olvidar con los ojos de niño la imagen del pequeño resucitado corriendo y meneado por los hombres de nuestro pueblo en la plaza de España. No se me olvida a S. Juan y a la Magdalena ir al encuentro del Hijo que ya no está muerto, y no se me olvida la imagen de la Madre que saluda a Cristo vivo, bajo el clamor de todo un pueblo que rompe con un fuerte aplauso.

Han pasado veinte siglos, que no son nada ante Él. Ha cambiado la concepción del mundo y han surgido nuevas ideas, la sociedad está loca, y las gentes no quieren mirar a Dios ni a su Iglesia, pero ninguna ha podido sustituir a Cristo. Su Mensaje sigue inmutable y vigente. CRISTO VIVE. La Resurrección de Jesús es el hecho más importante y trascendente de la Historia. Toda la Semana Santa no es sino reflejo de la Absoluta Inmensidad y Grandeza de Dios.

Que los títulos de nuestras hermandades no sean timbre de vanagloria, sino llamada a la perfección evangélica. Vivamos nuestra Fe con alegría, ayudando a que actúe el Espíritu Santo. Que todo cuanto hagamos sea en Alabanza de Cristo, trabajando  "POR UN MUNDO MEJOR", donde Dios tiene parte en la vida de los hombres

Que nuestra Semana Santa siga siendo modelo de convivencia en las calles, que sepamos conservar y transmitir el valioso legado de nuestros mayores, que nos entusiasme la idea perenne de construir un mundo más justo, un Milagro bajo el Sol: LA CIUDAD DEL AMOR AL PRÓJIMO. Que los montijanos tengamos siempre –por encima de ideas- afán de superación ante la adversidad, que nunca nuestro pueblo  pierda su esencia, que no quede en el último lugar de nuestra comarca, que nuestro políticos no destrocen nuestro pueblo: que lo llenen de industrias de trabajo, de servicio a los más pobres y necesitados, que por sus calles dé gusto andar, que sus plazas sean preciosos rincones y que la religión nunca se relegue hacia el interior, sino que tenga su razón de ser en la decisiones políticas y sociales de nuestro pueblo,  que ilusionemos a la Juventud.


Que nos recuerden por la honradez, el amor, las buenas maneras y la concordia; que pasemos por esta vida haciendo el bien, viviendo el verdadero sentido de la Cruz de Cristo y propagando la devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María. Pregonar no es solo hablar con el corazón sino exigir como lo hizo Jesús en su propio contexto y sociedad.
Gracias, Señor, por haber dispuesto que yo naciera en Montijo, por haberme regalado vivir en mi pueblo y disfrutar de él, lugar de encuentro con mis amigos; por haberme dado a mis padres, a mi familia, a las cofradías y a la Iglesia de la que forman parte desde la Fe, esa Fe cristiana que es el único fundamento de la Semana Santa de Montijo.

Señor, hecho está el servicio que me encomendaste
Haz, Señor, que te imitemos;
que del pecado mortal
y de la muerte total,
contigo resucitemos.
Haz, Señor, que retiremos
cada cual la losa suya
y danos la mano tuya.
–¡Resucitó!– Sí, Tu mano.
Mi Dios, mi amigo, mi hermano.
¡Resucitaste! - ¡¡Aleluya!!


He dicho.
Antonio F. García Reyes






PRÓLOGO

La religiosidad del pueblo se tiene o no: nunca se inventa. Semana Santa no es una costumbre rutinaria, es la incertidumbre de año en año para la celebración religiosa desde la entrada triunfal de Jesús en el Huerto, el prendimiento, Jesús ante Pilatos y Caifás, los azotes amarrado a la columna, la coronación de espinas, la cruz a cuesta camino del Calvario, la crucifixión y muerte y, al fin, después de todo el fin de la vida, la resurrección de la muerte: donde está la verdadera vida.

Hoy, 3 de abril, año 2004, puerta grande para entrar en la Semana Santa: Montijo ha elegido a una pregonera hija del pueblo y de la fe. Para estos casos nunca debe valer cierto acercamiento en la duda, sino verdadera creencia, y Piedad González - Castell Zoydo, ya saben de donde viene: ella escritora, poeta importante, conocida, reconocida como finalista del Premio Mundial de Poesía Fernando Rielo, a quien, por eso hace pocos días he tenido el honor de presentar el último libro suyo en el Ateneo madrileño, publicado por la Diputación pacense.

Hoy, aquí en Montijo, Piedad pronunciará el pregón de la semana Santa. Siete días de dolor que, por suerte, acaban en alegre resurrección, y Piedad, sin duda, pronunciará magistralmente la verdad suya de montijana creyente hablando en prosa y poesía; esta nada fácil, ágil circunstancia entre la propia expresión y lo que será pública impresión; todo a causa de que Piedad, la pregonera, conoce, reconoce su verdad y la de sus paisanos; los que van de protagonistas fervorosos y los que no se mueven ni conmueven ante la existencia y consistencia del fervor humano, sensible a la emoción y condición de cada uno viendo pasar las procesiones o cuando veamos la terrible película de estreno mundial que tanto viene dando que hablar por estos días de la muerte de Cristo.

Piedad: nombre que entra y queda muy bien dentro de la Pasión. Parece justa y junta entre las ocasiones que fluyen e influyen sobre el dolor de Jesús y su Madre María, ante la admiración de los hechos a través del arte imaginero nunca imaginado. y si la verdad en la pasión de Cristo queda y está en el hombre, la mujer tampoco deja atrás el sentido, y Piedad ferviente trasmite, retransmite, dando a saber el puro sentimiento de su fe porque Piedad dice lo suyo y también escucha a los demás. La verdad queda. El seguir por la vida no gasta ni desgasta cuando privada o públicamente se manifiestan los sentimientos de bondad. Piedad, por eso, caminando junto a Cristo en constante observación, viendo sufrir al Hijo de Dios, Hermano del hombre, pregonando su dolor, sigue. Piedad observadora del día y la noche a través del reloj dando las horas con su voz, irá pasándolo a cada uno en vías de la emoción. Por algo ella, ferviente mujer, sabe sentir la impresión necesaria para tener sin contener la verdadera y magna manifestación de puro encuentro de la verdad entre Dios y el hombre que mucha parte humana no conoce, desconoce, desprecia. Ahí los hechos de los apóstoles que ya lo han dicho. El apóstol que defiende la palabra ; palabra de hombre ante Dios ; Dios: verdad ante los hombres, la verdad que sigue sobre todas las mentiras.

Esta pregonera destacando el paso a paso procesional del sentimiento, sabe poner, sobreponer, imponer la emoción al público. La excepción no es la recepción ni tampoco la negación. El hábito no  es el hálito la indicación tampoco es señalización; tan solo nuestro espíritu toma y da lo que nos llega y sale.

 Piedad es hoy  el medio puesto y dispuesto para hacerlo, saber hacerlo, enseñándolo a los demás. Piedad pregonera de lujo. Montijo, categoría ciudadana. El mayor relieve para el fervor consiste acercar el sentimiento al borde de la emoción ; entrando así en la realidad.

Siete días conectados al corazón a través de la impresión divina por la voz humana de la pregonera; esta pregonera de la Semana Santa alcanzando el punto fijo del fervor y entendimiento. Piedad, en ti estás tú y todos nosotros quienes te escuchamos sintiendo la palpitante verdad. Es cuestión del mayor y mejor empeño. Aquí estamos sin duda para recibir la muestra que tu demuestras con sentimiento y profunda fe. 

La Semana Santa es tiempo de la mejor excursión para el alma: Piedad buen vehículo para conducirnos e introducirnos en la excursión e incursión por el espíritu. Sentiremos, si duda con su palabra ;  palabra de amor, de honor, dispuesta, predispuesta, puesta, expuesta, estable ante lo que nunca será duda el alcanzar ningún reparo para nuestra meditación.

Piedad en la zozobra del sentimiento y el pensamiento sosiego será; paz pedida por tantos, en muchos casos de palabra y nunca de obra. Piedad pregonera del alma ; alma dolorida ; dolor de Cristo en nuestro dolor ; aquí dentro del hombre que sufre y ella mitigadora de las penas ; ejemplo queda  en El Teléfono de la Esperanza ; en los rincones vacíos del hombre ; en la explanada del ser humano ;  allí donde, sin duda, ella ha puesto y ha dejado su  estar entre todos ;  pero después del dolor, el sentimiento y la muerte llega sorprendente la resurrección, el alivio, la realidad esperada ;  porque nuestra ida de este mundo tampoco será definitiva sino mientras llega nuestra propia resurrección, al fin con el paso del dolor a una elevada alegría.

Piedad: nombre. Piedad: palabra que arranca de tu fervor y arraiga en el nuestro. Tu fe mueve y promueve, sin duda, tu pregón de hoy en Montijo, quedará grabado en el corazón de tus paisanas, paisanos y amigos.


Así será.

Francisco Lebrato Fuentes


INTRODUCCIÓN

Me habéis invitado a ser la Pregonera de Semana Santa de este año, el cuarto del tercer milenio de Nuestro Señor Jesús.

Habéis depositado vuestra confianza en mi palabra y esta invitación vuestra que acepté de inmediato sin dar lugar a la duda, sintiéndome halagada pues no ignoro que se trata de un honor, no sólo ser Pregonera, sino que por primera vez se dan en mí dos circunstancias: la de ser hija de este mi pueblo Montijo, y la de ser mujer. Nunca hasta hoy, en la ya larga trayectoria de la bella costumbre de pregonar la Semana Santa, había sido una mujer Pregonera,  ni había pregonado ningún otro hijo del pueblo. Por lo que mi agradecimiento es mayor al darse en mí estos dos requisitos.

Pero esta invitación que tanta felicidad me proporciona y con tanta premura acepté, se ha ido agigantando al tiempo que la escritora  se iba empequeñeciendo ante el desbordamiento del sentir de la persona, de la mujer, de la montijana que acumula recuerdos y amor.

Permitidme pues, que la escritora decline vuestra invitación trasladando este compromiso a mi corazón. No esperéis un Pregón erudito lleno de citas filosóficas o teologales de Leibniz, Nitzsche, Schopenhauer, Santo Tomás, San Anselmo o San Pablo. Ni de datos y fechas históricas de creaciones de Cofradías o talleres de las tallas e imaginería, que vosotros sabéis mejor que yo, puesto que me las habéis proporcionado... Mi corazón será feliz de hablaros y sabrá hacerlo desde los latidos más profundos y sinceros de mi ser.

Así pues, que sea mi corazón quien os hable.


SALUDOS

Reverendo Señor Párroco de la Iglesia  de San Pedro Apóstol
Reverendo Señor Párroco de la Iglesia de San Gregorio Ostiense.
Hermanos Mayores y Junta Gestora de Hermandades y Cofradías.
Hermanos Cofrades y  Hermanos Costaleros.
Señoras y Señores.
Montijo querido.
Buenas Noches.

Debo comenzar agradeciendo a mi presentador, Don Francisco Lebrato, el afecto que ha puesto una vez más en sus palabras.

Francisco, tu cariño hacia mí, hace que tu presentación sea efusiva y excesiva en alabanzas, al igual que lo ha sido hace tres días, cuando nos  has presentado a mí y a mi libro “El silencio y la palabra”, en el Ateneo de Madrid.

Hoy también estás junto a mí, y me presentas.

Siempre me honras uniendo tu nombre al mío como lo están en la amistad grande y sincera que vivimos.

Por eso, en todos los actos literarios importantes que he tenido, has aceptado ser mi presentador. Y que tu nombre vaya junto al mío es el honor mayor que puedo tener como amiga y escritora, porque no sólo eres grande e importante como escritor, sino que como amigo, tus sentimientos no tienen fronteras para entregarte.

Gracias, querido amigo.
Sabes que te profeso esos mismos sentimientos.


LA SAETA EN PRIMAVERA

Es PRIMAVERA, vivimos el año 2004 de la era que Cristo nos marcó. La era de la alegría. La era de la felicidad, porque como cristiana no puedo dejar de sentirme feliz con la  muerte de Jesús.

Estas palabras mías pueden sonar monstruosas si las dejo así, descolgadas de la fe y no traigo al momento los versos que rezamos en Viernes Santo “Dichosa la culpa que mereció tal Salvador” o “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su hijo”.

¿No es para sentirnos gozosos sabernos así amados por el Padre?
¿A dónde irían nuestras almas perdidas en la tristedumbre de no encontrarse jamás con el Creador, si Jesús no hubiera muerto para salvarnos?

Su sangre no nos hace culpables ni reos.
Su sangre generosa nos hace hijos del Padre, Hijos en el Hijo.
Por eso su camino ensangrentado hoy nos da la felicidad a pesar de su dolor:

A sangre me huele el camino
que recorres Nazareno.
A sangre y a ese veneno
de vinagre que te dimos.

Sólo Tú, Árbol crecido
en el jardín del Edén
supiste decir amen
al ser por el Padre ungido

y aceptar clavos y lanza
doblegándote a la muerte
mientras que tu alma gime

mientras que el dolor avanza
y tu cuerpo casi inerte,
desde la Cruz nos redime.

En cada primavera toda España huele al azahar de los naranjos y a la cera de los cirios de las procesiones.

Los aires se llenan de aires de saetas que cantan y lloran a un tiempo la Pasión de Cristo y el dolor de la Madre Santísima. Porque como dice la copla:

Es la saeta canción
que hasta el cielo se levanta,
grito es del corazón
que al pasar por la garganta
se convierte en oración.


También los pregoneros, año tras años, queremos hacer nuestra voz saeta para lanzarla a los aires y doblando las esquinas de cada alma llegar al corazón de todos con ayes de amor y dolor. Hacer de nuestra palabra azahar y cera para derretirnos en llama a los pies de Cristo sufriente.

Lástima que el poeta Machado no comprendiera el verdadero sentido de la saeta popular:

“Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno”.

Y contestara con estos otros versos llenos de belleza pero carentes de fe:

“¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz !

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la Agonía
y es la fe de mis mayores !

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar !

Lástima, Don Antonio Machado, que dejara para las posteriores generaciones ese desgarro de fe, ese vacío y disociación en la forma de amar y cantar a Jesús :  No se puede separar el Jesús victorioso sobre las aguas, del Jesús derrotado en el madero, porque precisamente, en la humillación del madero, está la victoria sobre la muerte.

¡Oh, la saeta, el cantar!

Sí. La saeta es el cantar que quiere limpiar la sangre de las manos de ese Cristo de los gitanos que está siempre por desenclavar...

Sí, la saeta es el cantar de un pueblo, de todos los pueblos de España, que en primavera quieren subir a la cruz, con escalera o sin ella....

Sí, la saeta echa flores a ese Jesús de la Agonía, que es la fe que nuestros mayores nos transmitieron...

Sí, la saeta canta, porque nuestras gargantas y nuestros corazones lloran y ríen por igual  al Jesús en kénosis, que al Jesús aclamado en milagros. ¿Qué mayor milagro que contemplar a Todo un Dios clavado en una cruz ?

Quisiera que las palabras de este Pregón fueran testimonio de la fe que aprendí de mis mayores. Por eso, permitid que mi recuerdo y mi amor traigan a este momento a mis mayores. A quienes me legaron su fe como la mejor de las  herencias, la mejor herencia sin duda. Mis padre, que me hicieron nacer a la vida y al Bautismo. Vida en la Vida.

Mañana, día 4 de Abril, sería el cumpleaños de mi Madre.

 Igual que un sencillo lirio de abril nació y como una azucena perfumó su hogar.

Siempre junto a ella mi padre, hombre lleno de bondad y amor figura ajustada a la de San José en el hogar de Nazaret.

A ellos debo el gozo de estar hoy entre vosotros.

Gracias, papá. Gracias, mamá.


SEMANA SANTA EN LA MEMORIA

MI VOZ SURCA LOS AIRES  para acariciarte, Montijo, porque es innegable que el tacto de tu piel de pueblo ha ido siempre impreso en mi memoria.

No es nostalgia lo que siento, es que tenía razón quien dijo que lo que sucede una vez, se queda sucediendo siempre en la memoria.

 Es cierto. Todo sigue sucediendo. Nunca dejaron de ser míos aquellos Jueves Santos de mi infancia, cuando a las 5 de la tarde todos los niños y niñas del pueblo nos dábamos cita en la plaza de Jesús, endomingados para la procesión de “los altramuces”. Nunca ha faltado de mí este entrañable y simpático recuerdo.

Así era llamada la procesión de Jueves Santo, porque con la asistencia de muy pocos adultos, la mayoría éramos niños que nos apretujábamos en las filas con nuestros vestidos nuevos, calcetines blancos tobilleros y zapatos muy limpios, tal vez de charol, y con frecuencia recién estrenados en el Domingo de Ramos.  Domingo  singular de estrenos de nuestras vestimentas... Pues llevábamos muy en cuenta aquello de “Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos”. Y nuestras madres, más por juego que por vanalidad, nos hacían coincidir la fecha de l Domingo de Ramos con el estreno de las ropas que cada primavera se veían obligados a renovarnos porque los “altramuces” niños y niñas, estábamos creciendo y todo lo dejábamos pequeño.

A la indumentaria procesional, había de añadir las niñas, un velito blanco que llevábamos en la cabeza.

¡Qué tiempos, qué recuerdos, qué vivencias!
Nada es perdurable sino en la memoria que puede sostener vivo el ayer en nuestros corazones y acercárnoslo al presente como un afluente al caudal de nuestras venas.

Entonces nuestro pueblo tenía las calles empedradas y despertaba cada mañana abriendo las puertas de las casas que lucían brillantes los suelos de las largos pasillos ; y verdes, muy verdes, las macetas que los adornaban.

También Montijo tenía el encanto dormido en los balcones a la hora de la siesta, con las verdes persianas bajadas hasta la raíz de las rejas. Y en tiempo de procesiones, se ponían colgaduras, colchas bordadas o banderas de España en esos mismos balcones, que engalanados se llenaban de los propios de las casas y los amigos allegados, para ver pasar los cortejos procesionales.

Amanecía la Semana Santa  entre palmas y alegría. Quedando atrás la Semana de Pasión con su septenario a Nuestra Señora de los Dolores. Aquel septenario  que en mis años niños llenaba la ermita de Jesús con una fe mariana vivida, cantada y llorada en los bellos cánticos y saetas que desgarraban corazones, aquellos cánticos del coro parroquial para los que Dª Rafaela hacía sonar el piano.

Por la noche del Viernes de Dolores, la procesión y traslado de la Virgen desde el Convento de Santa Clara hasta la ermita de Jesús.


ENTRE PALMAS Y OLIVOS

HAN PASADO LOS AÑOS   y  seguimos celebrando el Domingo de Ramos que nos muestra un Jesús triunfante, Un Jesús aclamado por la gente, un Jesús líder del pueblo... Pero yo le canto mi alegría triste porque conozco la historia que sucedió hace veintiún siglos, que  sigue sucediendo, y seguirá por siempre grabada en la Historia.

Veo que aquella borriquita que le dio aliento y calor en el Portal, hoy  convierte su lomo en el altar ambulante que le pasea por las calles de Montijo.

La joven cofradía de Jesús Salvador de los Hombres, procesiona esta imagen con la que quieren revivir la entrada triunfal de Jesús en el Jerusalén de nuestros corazones.  Y por las calles guapas de Montijo a la luz de la mañana, pasea triunfal entre palma y olivo a un Jesús de dulces facciones que solemnemente nos bendice, como extraño Pantocrato, desde el improvisado trono de la grupa de un asno.

Los cofrades, verde y blanco, esperanza y pureza, rinden homenaje a Cristo Mesías y Salvador de los hombres, recordándonos que sólo la humildad nos llevará por el camino que Él nos enseñó..

Hoy Jesús te vitoreamos, pero sabemos que irremediablemente morirás, te moriremos en sucesivos Viernes Santos.

Por esto Jesús, hoy te canto mi alegría triste :

Tiemblan ya mis pensamientos
en el Domingo de Ramos.
Jesús de amor, ¡Qué cercanos
tienes ya tus sufrimientos !

Entre hojas de palmera
y ramas verdes de olivo
nace un domingo festivo
que Jesús Hombre lidera.

Y entre hosanna y alabanza
en un burrito montado,
con el pueblo emocionado,
entre todo el mundo avanza.

¡Honor, vítores y gloria
al Mesías Salvador!
Viene en nombre del Señor.
Viene a cumplir la historia.

¡Honor, honor y victoria!
Ya tenemos Redentor.


TRAS LAS HUELLAS DE SUS PIES HERIDOS

SE ABRE GRANDE LA PUERTA de la ermita de Jesús. Es Miércoles Santo. La plaza se agita de cofrades nazarenos  de indumentarias negras y cruz morada en el pecho, cíngulo morado, manos blancas, cirios devotos. Cofradía de Nuestro  Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad

La Cruz de Guía abre el desfile. La noche es también nazarena con hábito negro que aguarda en la calle la salida de Jesús.

Sale el Paso. “Al cielo con Él” y esta voz da fervor y fuerzas a los costaleros y costaleras, que en cada Cofradía portarán este peso, dulce y doloroso, sobre sus hombros amantes.

Esta es la primera procesión de dolor de la Semana Santa en Montijo.

Se inaugura el sufrimiento.

Miramos a Jesús, este año bellamente restaurado, lo miramos...

Siempre silente, sumiso, tal vez en su rostro existe una cierta expresión de extrañeza “¿Por qué me hacéis esto? parece preguntar con la mirada, con el gesto.

No respondo... No sé qué decir, pero mi alma cirinea quisiera aliviar el peso de la Cruz y mi corazón, como un mastín lame las manos de su  amo, quisiera lamer la sangre de su Santo Rostro de sus hombros, de sus pies...

Pienso que este Jesús Nazareno es el único que caminará las calles de Montijo en esta Semana de Dolor, dejando las huellas de sus pies heridos...

 El Domingo de Ramos, no caminaba, iba a lomos del asno.

El Jueves y Viernes Santos, lo portarán clavado o yacente.

Sintiendo Sus pisadas y el olor de su sangre, por las callejas de mi memoria se me derrite la noche mientras buceo en lo más profundo de mi ser, al encuentro del primer recuerdo que tengo de Su Rostro, y una calderilla de pequeños momentos se derraman ante mis ojos:

Él siempre igual, yo pequeña.
Él siempre igual, yo creciendo.
Él siempre igual, yo mayor.
Él siempre igual... yo siempre igual....

Ahora sé que también yo siempre igual... Yo siempre igual cargando mi cruz sobre sus hombros y mirándolo desde lejos.
Yo siempre igual....Siempre desde lejos a pesar de su llamada.

Este Miércoles Santo, el aire trae olor distinto cuando pasa a mi lado:

Ya te veo venir, y desde lejos
me hueles a dolor, a sangre y muerte.
Salgo a tu encuentro y no me importa verte
derrengado bajo un dolor añejo
¡Ay, qué solo vas entre tanta gente!
¡Qué solo vas con todo ese cortejo!

Sé que me estás llamando con los ojos,
con ese mirar tuyo sin tristeza.
El mundo ya ha perdido la cabeza
y el cielo por tu sangre, está en congojos.
¡Ay, Jesús, que grande es mi certeza
de que he de verte en cruz como despojos.

Pues te veo venir y siento pena
y no sé qué he de hacer con este llanto....
No sé por qué Jesús te mueres tanto.
No sé por qué aceptas tu  condena,
ni el por qué de tu Cruz y tu quebranto,
ni por qué yo no me ato a tus cadenas.

Qué grande, Nazareno, es tu fracaso.
Qué triste y solitaria tu agonía.
Qué sangrienta la Cruz que se ceñía
a tu hombro sangrando a cada paso.
Cirinea se siente el alma mía
con tu Cruz, caminando hacia el Calvario.

¡Oh, delirio de resignación!
Ahora soy yo quien te pregunto:
¿Por qué aceptaste?
¿Por qué nos quieres tanto?

Ella, La llena de Piedad, con su dolor inacabado me escucha en la noche nazarena

Suena la música mientras me asomo al balcón de mis palabras y La veo salir vestida de noche y luna.

Con Ella nace la melancolía en el alma como las margaritas por las eras, llenándolo todo.

Los sones de la Banda Municipal parece decir: “Miradla! Es Ella. La del Dolor, La de la Soledad. La que no puede tener al Hijo en sus brazos. La Misericordiosa. La Piadosa. La del dolor inacabado... Es Nuestra Señora de la Piedad.

Y la palabra me sabe a incienso: Piedad.

Yo llevo su nombre y al pronunciarlo, un sentimiento gótico sube desde los cimientos de mi persona enredándose en mis venas, haciendo volutas de dolor y emoción en extrañas y temblorosas filigranas. Y es un rumor de ángeles de sombras fugaces lo que escucho en los rincones de la noche, de esta noche perfumada de claveles y cirios derretidos, mientras le rezo así:

Toma, Señora, mi llanto que altanero
hoy quiere derramarse hasta la aurora,
y no encuentra consuelo aquí y ahora,
ni en este sentimiento pregonero.

De mi boca un rezo y un “te quiero”
del ayer que de niña te invocaba
con fervor, por el nombre que llevaba :
Piedad Tú, Piedad yo, ¡Ay! qué sincero

mi corazón te manda su lamento
por el Hijo nacido en tus entrañas.
No hay dolor que describa este momento,

(de tus ojos vertido el firmamento
con estrellas temblando en tus pestañas),
ni más ansias de amor que las que siento.


CERA QUE LLORA EN LA NOCHE

SI TUVIERA QUE REDUCIR LA SEMANA SANTA a una sola estampa, a una sola visión, a una sola mirada, ésta sería la de un Paso en lejanía con su relumbre de diminutos fuegos temblorosos, recortarse en la oscuridad del cielo alunecido.

Ese fulgor como una rúbrica de luz sobre la pizarra silenciosa de la noche como un asombro en la oscuridad.

Ver bajar en Jueves Santo, por la Avenida de la Emperatriz Eugenia, la Plaza de la Constitución, y la calle Castelar, hasta llegar a la Plaza de España, ese altar peregrino de calles, inflamado de luces blandas, danzarinas y caprichosas como la propia cera que define la Semana Santa.

La cera es la miel de la Semana Santa, el almíbar que deja su dulzor y llanto sobre las aceras de las calles.

La cera es el capricho que crea ilusiones visuales cuando María Santísima de los Dolores camina Parroquia de San Pedro abajo hasta alcanzar el Paseo: 

María encendida en la noche.

Dolor refugiado en las candelas que se agolpan delante de la peana de su imagen.

¿Cómo poder cantar la belleza de esta visión cuando los ojos se tienen duchados de lágrimas y en los tobillos del alma llevamos los grilletes del dolor ?

Desciende pálida y llorosa Virginal Señora. Acaso se le hacen presentes las palabras del Ángel que la saludó “Bendita entre todas las mujeres”. Acaso su dolor la lleve a cuestionarse la salutación...

¿Bendita?

¿Se siente bendecida ante el sufrimiento del Hijo?
¿Con el Sufrimiento del Hijo que lleva junto a sí clavado en el madero?

Allí estaba humilde en Nazaret.
Allí estaba.....
“Dios te salve, oh, llena de gracia!
el Señor es contigo
y bendita tú entre todas las mujeres”.

Esta voz del ángel que a través de los siglos se ha convertido en plegaria con la que La aclaman las generaciones, hace milenaria nuestra fe que la llama, que la sabe llena de gracia. Elegida del Padre para en su vientre virgen convertir en carne el proyecto salvífico.

La miro desde mis lágrimas a las suyas, húmeda oración hacia el cosmos sin  pasar por mis labios pecadores.

Pongo mi plegaria a María Santísima de los Dolores en el candelero de mi corazón, como vela de esperanza que enciendo devota porque veo en Ella la cuna y sudario de nuestra salvación.

Esa Salvación que de la Cruz pende y en la Cruz se eleva ; rayo de luz que atraviesa la noche por su costado.


Él parece caminar sobre el oleaje de cabezas fieles
Parece caminar este Cristo del madero, igual que cuando anduvo en el mar.

Cristo de la Agonía, Cristo Crucificado. Cristo del madero. Mira nuestros corazones confundidos entre los claveles rojos y los lirios que se postran a tus pies.

Crucificado que lo caminan por las calles heridas de luz.

Cristo Santísimo de la Agonía, hemos esperado un año para verlo bajar de nuevo. Para ver si su  Rostro que mira al cielo llamando a Dios ABBA, tiene una mirada de retorno hacia nosotros.

¡Estamos aquí, Santísimo Cristo de la Agonía!

Estamos aquí los que cada noche construimos templos de intenciones y cada día luchamos contra el olvido y la inconstancia.

Estamos aquí los que queremos aprender a llamar a Dios ABBA, desde nuestros corazones.

De rojo y negro los Cofrades surgen como amapolas clavándose en la noche.

Rojo y negro: sangre y solitud  son sus colores.

Sangre que faltó para un Hermano Cofrade Fundador.
En los comienzos de esta Cofradía por sangre se lloró la muerte de ese cofrade. Moría a causa de una hemorragia incontenida e incontenible. No se encontró donante de su grupo sanguíneo.
Era 20 de Mayo de 1974. Y el Hermano Cofrade era Antonio del Viejo Codes, mi cuñado, marido de mi hermana Margarita.

Qué grandeza de alma estos cofrades que han creado la Hermandad de Donantes de Sangre “El Crucificado” ¿Qué mejor nombre? ¿Alguna sangre más salvadora?

Los donantes, como Cristo, dan la suya para también salvar otras vidas.
Nosotros nos necesitamos vivos para ayudarnos y a Jesús también lo necesitamos de Carne y Hueso.

Así te necesito,
de carne y hueso.
Así,
corpóreo,
tangible y fraterno.

Humanamente  TÚ
manso Cordero
como un reguero
de luz
hasta la muerte.

Desde la Cruz
me nombras tu heredero
y no puedo
quejarme de mi suerte :
Soy de carne
y de carne a TÍ te quiero.
¡Amor que bajaste a mi pobreza
encarnando en TÍ
al universo!
La Vida
está naciendo de tu muerte
y el perdón
brotando de tu herida.

Son
tus clavos y espinas
mi asidero.

Así,
desnudo y sufriente,
clavado en el dolor
y en el madero.
Así.
Así te quiero.
Te necesito
de carne y hueso
hasta la muerte.


SUDARIO BLANCO EN LA MADRUGADA

AGONIZA.
Y muere.
Y no acaba de morir.
Y muere de nuevo cada año, irremediablemente.

 Y muere de nuevo cada día en cada uno de los cristos actuales que los hay, cristos del olvido y del hambre, cristos de la guerra y el terrorismo.

Hay que nacer de nuevo de Su sangre más allá de este vivir el momento en el que nos hemos acomodado.


Agoniza Jesús. Él es la última esperanza de quienes han llenado las maletas de sus vidas con un equipaje de sueños fugitivos.

Aquí estás otra vez muriendo, Cristo de la Vera Cruz, en la verdadera cruz de nuestras culpas.

Da escalofrío verte así, ya tan temprano, en este Viernes Santo que aún falta para clarear el día; para que curioso el sol se asome a mirarte antes de que se recoja este cortejo en la Parroquia de San Gregorio.

 La noche como un largo bostezo se deja caer entre las calles y se hace el silencio en Montijo; se escucha el crepitar de los cirios y las mudas pisadas de los Cofrades penitente. El asfalto queda llorado de cera.

Las horas comienzan a ser descontables a partir del momento de cerrarse la procesión.

Paso sobrecogedor este Cristo dela Vera Cruz. Si doliente es verlo en agonía erecto en una cruz eréctil, fijos sus ojos en el Padre, un temblor se arranca de nuestra arquitectura humana al ver el sudario preparado para abrazar Su cuerpo, para abrazar también, según esta Cofradía, la cruz: Abrazarnos con nuestros pecados.

¿Por qué Jesús tu cruz inclinada?

Acaso piadosos los hermanos penitentes quieren evita el dolor mayor del desgarro de los clavos ¿Acaso así, casi horizontal tu cuerpo, más cercano al suelo quiere demostrarnos que eres uno más de nosotros?

¡Oh Cristo de la Vera Cruz, Cristo de la misericordia! qué bella y serena es la expresión de su rostro, y lo imagino sin clavos ni espinas, sin dolor en su carne. Como si el escultor no hubiera querido dañar su santo cuerpo para cantarle así :

No quiso el escultor clavarte
nuevamente en el madero,
que tan sólo usó sus dedos
para poder modelarte ;
sus huellas, en todas partes
de tu cuerpo se han quedado,
mas no han sido sus pecados,
sino su anhelo y su arte.

Por esto, ahora al mirarte
sin clavos, llagas, ni espinas,
tan sólo en tu Faz Divina
la expresión agonizante,
siento en mi pecho, punzante,
la culpa de tu dolor
temiendo que he de ser yo
quien vaya a crucificarte.

Si bien mi alma anhelante
quisiera lamer tus llagas,
mi carne aún se rezaga
para sufrir por Tí, amante ;
de tu Pasión liberarte
cargando sobre mis hombros
una cruz hecha de escombros
de este mundo delirante.

...Que yo no quiero clavarte
nuevamente en el madero.
Como el escultor, yo quiero
con mi amor resucitarte


ABISMO DE DOLOR

“ERA YA CASI LA HORA DE SEXTA o el mediodía y las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora de nona. El sol se oscureció y el velo del templo se rasgó”

Así nos relata San Lucas la tarde del Viernes Santo, cuando Jesús llega a la muerte.

¡Oh!  Locura de amor que quiere hacerse hombre en los abismos del dolor.

Resplandor que toma cuerpo.

Palabra que se hace carne.

Qué más fuego necesita el alma para arder en la llama de esa misma locura?

Señor que al entrar en la oscuridad de su muerte ilumina nuestra noche de eternas tinieblas.

Señor que nos amanece con una nueva luz de Redención.

Ahora estás a la intemperie de nuestras miradas abandonado tu cuerpo  al abrazo frío del mármol.

Cuatro cirios, soldados de cera, te hacen la guardia.

Cera, luz de la noche que se hace día en nuestros ojos.

No hay ángeles, ni serafines que canten a gloria y a paz como en la noche del nacimiento, y sin embargo algo de la Navidad vibra aún en este momento. Es ver desnudo a Jesús igual que lo hemos visto en el Portal. Humildad y pureza en su desnudez.

Hombre en plenitud que encuentra aquí su último temblor.

Todo se ha cumplido.
Las Escrituras quedan refrendadas con Su persona.
Aquí está en absoluta kénosis.

Cómo te quiero, Dios, de qué manera
del loco frenesí de tu llamada
he dejado mi alma aprisionada
y ya vivir en Tí, sólo quisiera.

Que del mundo perdida la quimera
busco juntar mi cuerpo con la nada
en abrazo de muerte enamorada,
que en cenizas tan sólo me volviera.

Y del polvo barrida por el viento
sólo olvido cubriendo mi existencia,
sin tener para mí más alimento

que el soplo deseado de tu aliento
manteniendo viva tu presencia,
gozaré, Dios, tu Amor, cada momento.

Nuestros corazones se unen a los caballeros del Santo Sepulcro y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.

Las calles de Montijo  lloradas de cera por la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, vertido el silencio por las paredes, temblor de lágrimas en el escalofrío de las indecisas llamas de las velas.

Los hermanos nazarenos, como Juanes y Magdalenas acompañan a la Madre sufriente y en silencio le muestran su dolor ¿Qué decir a quien de tal forma sufre? ¿Qué palabra puede paliar tanta angustia?

Otra imagen aterradora se proyecta ante mis ojos: Muerte, llanto espanto y silencio. 11 de Marzo. ¿Había palabras para consolar tanto dolor? Nuevo Calvario de horror en nuestros días.

En la noche Soledad.

Señora Nuestra de los Dolores. Soledad que rompe el alba y estremece los corazones. Ante esta bella Virgen no cabe piropo. Solo respeto a su dolor y deseo de tenderle el pañuelo de silencio y oraciones.

Debajo de su manto, como claveles amorosos se refugian las costaleras en acto de amor, dolor y solidaridad con el sufrimiento de la Madre de Dios.

No hay escapatoria para el llanto y un vértigo de fe se precipita por el alma como la cera que acompaña y llora procesiones.

¿Acaso, María, no dijiste a la salutación del Ángel “Hágase en mí según su Palabra”?.
Su Palabra se hizo carne en ti.
Su Voluntad está cumplida.
Cumplido queda lo escrito por los Profetas.

Pero y tu corazón, María, tu corazón de Madre, ¿cómo ha podido soportar tanta angustia?

Ven locura, ven locura a mis ojos,
mira, en la oscuridad sola camina.
¡Pobre Madre!  Dolor de peregrina
que su alma arrastrara en los  abrojos.

Fiebre, exilio de Dios, mientras deshojo
la cera de los cirios encendidos
y acompaño tus pasos doloridos
arrancando del alma  este congojo.

Hoy veo muerto, yacente al Redentor
y a Ti, Madre, llorando entre las flores.
¡Hágase la locura en su esplendor!

Fuiste un día Virgen de la Piedad;
otro día Virgen de los Dolores,
y esta noche te llaman Soledad.


SILENCIO.
Respetuoso silencio.
Madre de la Soledad, no estás sola, Montijo te acompaña con su corazón vestido de luto.


¡ALELUYA! ¡ENCUENTRO EN LA RESURRECCIÓN!

SI NO CREYÉRAMOS EN LA RESURRECCIÓN, qué tristes serían nuestras Semanas Santas. ¿Qué sentido tendría la muerte de Jesús?

Se explica que sin fe, se cante al Cristo que anduvo en el mar victorioso sobre las aguas, pero que no se quiera a ese Jesús del madero, derrotado.


Oh fe, bendita fe! 
Ven y llena mis ojos de la Verdad que hoy canto.
Llena el mundo de su Luz.


CUANDO ERA PEQUEÑA, el Sábado Santo a las 12 del mediodía repicaban a gloria las campanas de este campanario anunciando la Resurrección del Señor y toda la chiquillada del pueblo salíamos por las calles con cencerros y campanillas alborotando a los pájaros y al aire.

Portábamos unos frascos para el agua bendita que nos darían en la Iglesia, esta Parroquia de mi Bautismo, de mi Primera Comunión, de mi Boda, esta Parroquia de mis oraciones y ruegos y hoy balcón desde el que pregono la Semana Santa.  

Con aquella agua bendita y una ramita de las del Domingo de Ramos, íbamos exorcizando cada rincón de la casa con una fórmula infalible. “Sal demonio de este rincón que ha resucitado Nuestro Señor”.

Hoy la Liturgia se ajusta más a las horas de los hechos y el Sábado Santo es jornada de meditación junto al Sepulcro y junto a la Madre.

Es a las 12 de la madrugada cuando la luz de la Resurrección se desparrama por un laberinto de toques de campanas.

Acertada la Iglesia con esta celebración pascual de gran belleza y significado. Soporte de nuestra fe.

¿Quién como cristianos no se siente feliz por aquella muerte que nos trae la vida?

Así lo manifestamos jubilosos en la Procesión del Encuentro.

Así aplaudimos en ese abrazo que Jesús y María, Hijo Resucitado y Madre asombrada, se dan en el paseo.

María no cabe de asombro gozoso, Juan y Magdalena le han dicho “Ven con nosotros. Tu Hijo ha resucitado”

 En ese momento María escucha de nuevo en su corazón la voz del ángel y se siente  ¡Se sabe! “Bendita entre todas las mujeres”.

2004 años después las generaciones le siguen llamando Bendita, y bendito el fruto de su vientre: Jesús.

Jesús resucitado.
Jesús libre de la carga de su carne mortal.
¡Ha vencido a la muerte!
¡Victoria!

Quiero hacer una oración
y sólo me sale un canto,
y es que yo te quiero tanto,
te quiero tanto, mi Dios
que mi canto es oración
y mi oración es un canto.

Si medito en tu Pasión
es tan grande mi fervor
que el alma vertida en llanto
se me transforma en un manto
de feliz resurrección.

Y ya no siento el espanto
de tu muerte y tu dolor,
que al mirar tu Cuerpo Santo,
no veo sangre ni sudor,
tan sólo un inmenso amor,
en tu Rostro Sacrosanto,

Y es que yo te quiero tanto,
te quiero tanto mi Dios,
que mi canto es oración
y mi oración, es un canto.


LABOR EVANGELIZADORA DE LAS COFRADÍAS

UN DÍA COMPROBAREMOS todos, que no es una ficción soñada la representación de nuestra Semana Santa. Que es un evangelio vivido cada año, por las calles de Montijo, como el anuncio cierto de una realidad de salvación. La fiesta de una promesa. La esperanza de una eternidad.
Y esto se lo debemos a las Cofradías, a su trabajo, a su constancia, y sobre todo a su gran amor hacia estas fiestas y esta santa costumbre.
 En definitivas  a su gran sentir cristiano.

Lejos ya del pensamiento de todos que la Semana Santa y cuanto la rodea es un folklore.

Hoy podemos darnos cuenta que las Cofradías son conscientes de su labor evangelizadora y conocen el mundo marginado de los hombres y las miserias cercanas a esta sociedad en la que vivimos, por eso los Cofrades han adquirido un grado grande de compromiso que desempeñan con fervor y eficacia.

No  limitan su actuación tan sólo a lo referente a los ritos y liturgias que puedan tener relación con la Semana Santa, su trabajo no es puntual de estas fechas, sino que movidos por la verdadera fe de Cristo y Amor al Prójimo, desempeñan  labor social constante y consciente, a lo largo de todo el año, movidos siempre por la fe cristiana.

Por esto proclamo con firmeza : Que las Cofradías y Hermandades de Costaleros y Costaleras avivan la fe recibida de nuestros mayores, siempre alentada por el testimonio de la gente de buena voluntad que trabaja junta, gozosamente dispuesta a dar su tiempo y su ilusión para que esta santa costumbre no sólo no perezca, sino que como ahora, siga viva en fe y en ilusión con verdadero sentido cristiano.

Bienaventurados los Cofrades de corazón sincero porque ellos trabajan para hacer presente a Dios en la Semana Santa. Y en el vivir de cada día.


DESPEDIDA

PODRÍA SEGUIR DICIENDO TANTAS COSAS !

Pero cada año el Pregón se renueva y otra voz cantará su fe en este atril del que yo me retiro dejándolo investido con la ilusión de haber sido pregonera de esta Semana Santa de 2004 que vivirá en mí, mientras yo respire.

Sólo me queda decirte, Montijo, pueblo mío y al que pertenezco, que cómo en un cáliz he vertido en ti mi corazón.


Así ha sido.

Piedad González-Castell y Zoydo.
Es Semana Santa en la Primavera del año 2004 de la era cristiana.




Compañeros Sacerdotes, Junta Gestora de las Hermandades y Cofradías de Semana Santa de Montijo.

Queridos amigos, se puede comenzar en una clave tópica, agradeciendo, también se puede agradecer sin tópicos. Admitirme por tanto, para empezar el agradecimiento sencillo y sincero, sin tópicos se me está dando este año como otros años la oportunidad de hablar en distintos puntos de nuestra diócesis y cuando uno toma el pulso de lo que es la vitalidad de la Semana Santa de Badajoz, al final se siente uno agradecido, primero por una razón si queréis elementalmente humana resulta, que al principio uno pues, una dosis muchísimo más que suficientemente generosa de amistad y de afecto que además por una razón si queréis sobrenatural le permite a uno ejercer el Ministerio Sacerdotal.

Pues de un modo si queréis distinto y renovado por que ver siempre las mismas caras como ocurre en las Parroquias contempla uno, semblantes muy distintos a la escucha de lo que hay que decir, y lo que hay que decir esta noche pues, es pregonar esta Semana Santa vuestra, esta Semana Santa vuestra universal que vosotros vivís en la Iglesia de Dios que está en Montijo.  Primero el pasado, un pasado vi milenario ya, un pasado de dos mil años en la edad antigua, tenemos fácil resumir como fue la Semana Santa y aun más fácil como fueron las Cofradías, mirad lo que conocemos como Vigilia Pascual, lo que conocemos como Vigilia de la noche, de la Resurrección es la primera gran fiesta del cristianismo durante todos los primeros siglos incluso aún durante el periodo de las persecuciones. Se comienza a celebrar la noche de la Pascua, siguiendo el calendario lunar, aunque en el resto del Mediterráneo se siguiera comúnmente el calendario del sol, por eso los Obispos de la antigüedad, hubieron de ponerse de acuerdo en el orden de colocar todos los años la fecha de la Pascua, costumbre que hoy perdura inalterada y hace que nuestra Semana Santa, caiga antes o después, en el calendario solar que es el que comúnmente utilizamos para los meses y para los días. La noche Pascual, es la noche de los bautismos, en la que en la antigua Iglesia, bautizaban a los convertidos, hacer a la fuente de la vida a sus nuevos hijos, a partir de la edad antigua todo esto cambia, y la Iglesia en vez de tener que bautizar a los convertidos, tiene que convertir a los bautizados.

Porque bautizándolos desde pequeños, el proceso de la conversión es paralelo al que nosotros seguimos, intentando seguir a Jesucristo ya bautizadamente el acontecimiento de la muerte y la resurrección vivida en la noche de Pascua, en la noche, que va del sábado al domingo de Resurrección es el centro, el eje, el Culmem de la Semana Santa. En la antigüedad, hasta el punto de que bien podemos afirmar todavía hoy que la Vigilia Pascual, es la misa de las misas. La eucaristía de las eucaristías cada domingo, hacemos un eco de la Vigilia Pascual y, si se quiere de la eucaristía de cada día, un eco de la misa del domingo, pero el rito bellísimo, tercenario de la Pascua en torno al cirio Pascual. La costumbre espléndida de dedicar más tiempo que nunca a la reflexión bíblica, con más lecturas que ninguna otra noche del año, la alegría de renovar juntos las promesas bautismales, y de dar cabida a los nuevos cristianos resucitadamente en Cristo, por medio del sacramento que nos configura con su Muerte y con su Resurrección. Finalmente la comunión eucarística, son el eje central de la Semana Santa y cuando no lo son, hay cuando no lo son, seguramente es que todavía haya algo que profundizar, incluso mucho que reformar. No hay Cofradías en la antigüedad, los primeros Obispos, incluso Obispos de los primeros siglos entendieron que las Hermandades y Cofradías, podían parecerse a la de los Santuarios de los Dioses paganos, a las congregaciones que velaban por la seguridad, por los adornos y por el culto de los Santuarios de Aforum, Zeus, de Júpiter, Neptuno, de Minerva, de Venus y no desean que haya Cofradías en la Iglesia, hasta el punto de qué las Hermandades comienzan a aparecer solo ya en el segundo periodo, y en el periodo medieval ni siquiera al principio del periodo medieval.

Siguiendo la costumbre histórica occidental, más tradicional, podían organizar la edad media ya una vez que se ha derrumbado el imperio romano, en la primera edad media, o edad media del románico, o edad media de los castillos, edad media muy agropecuaria, edad media, alta edad media que llamamos, pues ahí, aparecen pocas Cofradías pero empiezan a aparecer y, empiezan a aparecer las Hermandades en torno a los Santuarios veis, de alguna manera las raíces de la antigüedad pagana, se hacen plenas, en la edad media todo vale para configurar Hermandades, que al principio no son ni más ni menos que la congregación de personas Laicas, Seglares que cuidan, protegen, ayudan, colaboran en los Santuarios, Santuarios que todavía apenas están dedicados a Cristo y a la Virgen, normalmente son Santuarios martiriales, que guardan las reliquias de alguna persona que haya sido testigo del Señor. Posteriormente ya en la segunda edad media, del gótico, la edad media de las ciudades, la edad media ya un poco menos agropecuaria y ganadera y un poco más comercial comienza, la gran explosión enorme, y variopinta de las Hermandades y de las Cofradías, y con las Hermandades y las Cofradías, comienza también a transformarse, la religiosidad popular de la edad media. Otro tanto unos deseos de plasticidad si se quiere de teatralidad, de culto externo a todas las celebraciones cristianas, y de una manera particular a la gran Pascua de la Muerte y la Resurrección del Señor en Semana Santa, y a la gran Pascua de la Navidad.

Con la aparición plástica, de las representaciones teatrales, navideñas y de las representaciones de la Pasión del Señor, o bien de los Belenes de Navidad y de los pasos de Semana Santa, de las figuras evocadoras de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Durante el tiempo de los días del Triduo Sacrico normalmente Jueves, Viernes y el Sábado Santo o la madrugada del Domingo de Resurrección, la edad media, es una edad al final enormemente variopinta, en cuanto a las Cofradías se refiere, son muchas las que aparecen, no las vamos a mencionar todas, pero por resumiros de alguna manera cabria decir, que hay Hermandades gremiales, se establecen en torno a un gremio: el gremio de los laneros, o del usurero, o de los agricultores, o de los ganaderos, el gremio de los pintores, de los médicos. Los gremios, sabéis, que son pues al mismo tiempo, sindicato y patronal un tanto mezclado, de tal manera, se accede a los gremios como aprendiz, se continua conviviendo en el gremio, como miembro, después como oficial y hecha alguna obra maestra, se ingresa, digamos en el orden de los maestros, de esa profesión, de ese gremio, todos esos gremios, desembocan tarde o temprano en Hermandades.

No todas de Semana Santa, algunas son de glorias en torno a la Virgen Patrona algunas, vocación de Cristo o bien también en torno al patrocinio de un Santo, un Santo, que ver con el gremio de que se trata, los gremios medievales, edifican capillas en las Iglesias, cuidan del enterramiento de sus miembros, cuidan también levantando pequeños hospitales, de ayudar a los miembros de esa Hermandad, y de ese gremio las dos cosas a la vez, que puedan caer enfermos sobre todo, si son enfermos incurables en definitiva configuran una vida en la que la beneficencia, y el culto está extraordinariamente ligado, extraor-dinariamente unidos. Hay otros tipos de Cofradías, por ejemplo: Cofradías solo de cleros, Cofradías militares, Cofradías nobiliarias, muy estamentales un tanto clasistas, intentan que de alguna manera bueno, se puedan conservar ciertos privilegios de los demás arriba, la vida social otro tanto, pues toda una serie de privilegios, de enterramientos o funerales o incluso también procurando que si alguna persona, de cierta relevancia social, algún noble pues cae enfermo, de alguna enfermedad contagiosa hay quien le cuide, sin necesidad de que vaya a los pequeños hospitales cofrades. No estaba bien visto morirse en los hospitales, había que morirse en la casa y nacer también en la casa, el uso de los hospitales pequeños siempre y muchas veces, no suficientemente bien cuidado, estaban reservados prácticamente solo a los estratos, a las capas más pobres de la sociedad.

Con el Concilio del Trento ya en la edad moderna, aparece otro tipo de Cofradía que de algún modo, están guiadas por la propia jerarquía de la Iglesia. Son solo sobre todo tres, las Cofradías del Santísimo Sacramento: de los Obispos, Mandan y en Trento Erigí en cada parroquia donde la Navidad, la fiesta del Corpus y todo lo que tiene relación, con la adoración a la Majestad de Cristo, en la Eucaristía, la Cofradía de Animas, que aquí tenéis todavía un bellísimo Altar de Animas, la Cofradía de Animas, se dedicaba a ofrecer sufragios a favor de la vida eterna, de los difuntos, particularmente de aquellos difuntos, de los que nadie se acuerdan porque no tienen familia. Porque no han dejado deudos y la Cofradía llamada de Beneficencia, o de los pobres que con el tiempo se transformarán. En el siglo XIX en las conferencias de San Vicente de Paúl, acabo de ver una imagen de San Vicente de Paúl aquí, a mi izquierda y a vuestra derecha, que seguro que evoca la fundación de las conferencias de San Vicente de Paúl. Y que en la segunda mitad del siglo XX en España desemboca, en lo que hoy llamaríamos Caritas, la Caritas fundamentalmente, las Caritas parroquiales, y las Caritas diocesanas. Hay otros muchos tipos de Cofradías, pero podíamos dejarlo prácticamente ahí, para tener una idea más o menos general, de por donde han ido los tiros de los últimos dos mil años. En los últimos mil ochocientos años, porque desde hace ciento cincuenta, tiene lugar una autentica catástrofe de la vida cofrade, concretamente en España. 

Quizá no tanto en el sur de Italia, y no tanto en Portugal pero en España, una autentica catástrofe. La desamortización, después la Guerra Napoleónica llamada entre nosotros Guerra de la Independencia, las Cofradías son expoliadas de su patrimonio, para convertirlas en meros agentes de culto, en meros agentes de, bueno diría yo, de festejos sagrados, bien sean los de Semana Santa, bien sean los festejos de gloria, que tienen lugar con las romerías o con los cultos en las Ermitas camperas, bien a la Virgen, bien a Cristo, bien a algún Santo Patrón. A la primera Hermandad de su patrimonio, se las priva también de la posibilidad de seguir ejerciendo la caridad, o al menos se les coloca a la mayoría de ellas, en unas condiciones ciertamente dificultosas, a la hora de poder seguir cuidando a los pobres. No ocurre así en Portugal donde las Hermandades siguen estando al servicio de los más pobres por medio de las santas casas de beneficencia, en las santas casas de misericordias, las de nuestros vecinos portugueses siguen estando regentadas por Hermandades que desfilan en Semana Santa.  Así también en algunas zonas de Alsacia y de Lorena, también en algunas partes del Norte de Italia, y del Sur de Italia sobre todo en lo que era el antiguo reino de Nápoles y las dos Sicilias, ahí las Hermandades siguen consagradas al culto. Sí pero también a los pobres, entre nosotros desdichadamente a partir del siglo XIX las Hermandades pierden gran parte de su vitalidad y se convierte, poco a poco en comisiones de festejos sagrados, que conservan algo de enseñanza en cuanto se refieren a los sermonarios, los sermonarios propios de lo Novenario, de la Septena, de las Novenas, de los Triduos, los Quinarios pero que escasamente, muy escasamente inciden en el servicio a los pobres.

Veniros conmigo, ahora al presente, se podían decir muchas más cosas del pasado, pero por ahora, lo dejamos aquí en el presente, estamos aquí, en esta hermosísima Iglesia de San Pedro, pues a un grupo de bautizados, os sacaron de la pila del bautismo, os habían bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Del Padre que expresa la inmensa altura de Dios, que no se deja manejar por nuestras magias religiosas, el Hijo que expresa la inmensa anchura de Dios, que nos hace hermanos de todos los hombres, sin distinción de razas, de lengua, de pueblo, de Nación, Espíritu Santo que expresa en nosotros la inmensa cultura de Dios, que se nos mete en ello para hacernos una sola cosa con Él y que desde dentro de nosotros engendre su amor, vive en su amistad completa, con su propia obra, pues todavía chorreando el agua del padre, del Hijo y del Espíritu Santo te unge con el Cristo de la salvación haciéndote una sola cosa con Cristo, Cristo en el griego, el Mesías en hebreo, en castellano significa ungido pues eso hacen contigo, ungirte para que seas ¡ojo, ojo! Sacerdote, profeta y rey para que nos dediquemos a enseñar, santificar y servir. Los profetas son los que enseñan en nombre de Dios en la Biblia, los sacerdotes son los que santifican en el nombre del Señor y los reyes son los que sirven, no los que mandan los que sirven. Por tanto amigos, cada uno de nosotros, desde su propio bautismo está destinado, convocado, llamado a hacer lo mismo que hacía Cristo, enseñar, santificar, servir. Sí cada uno de los cristianos somos profetas, sacerdotes y reyes llamados a enseñar, santificar y servir lo mismo que Cristo, si estas tres palabras, de alguna manera resumen el quehacer entero del Señor, y el nuestro.

Comprenderéis, comprenderéis como lo que se predica del todo, de toda la Iglesia, ha de predicarse también de cada una de sus partes, por ejemplo: las Hermandades y Cofradías, las Hermandades y Cofradías o encuentran el modo de equilibrar su propia vida, su propio quehacer enseñando, santificando y sirviendo o realmente cojea gravemente, gravísimamente de cualquiera de los grandes aspectos de la vida cristiana, para santificar tenéis la vida de Cristo en vosotros, por el bautismo todos los cofrades, y además la posibilidad de bendecir a Dios en la oración personal y comunitaria de la dedicación a la grandeza de la alabanza divina, la bendición sublime, sentirnos íntimamente convocados a vivir desde Cristo, a vivir hacia Cristo, vivir desde el Señor. No hay una mayor grandeza, no existe un don mayor que el de ser bautizados, pero ahora falta que lo seamos. Nuestro culto externo por ejemplo, a las imágenes está lleno de esta configuración sagrada con Cristo, o está vacío porque ¿De qué está lleno? sino sólo de costumbres son unas cosas magnificas pero si nos quedamos en las meras costumbres, al final en vez de Hermandades lo que tenemos son comisión de festejos, de festejos sacros sí, pero comisiones de festejos. Habremos de encontrar el modo de santificar para nuestras Hermandades y Cofradías, no lo han hecho mal las Hermandades y Cofradías a cuanto se refiere a la enseñanza en una España, hasta hace poco prácticamente analfabeta, los sermones bien predicados, bien preparados de los Triduos, los Quinarios, las Novenas pues no cabe la menor duda de que han fortalecido en una gran medida de un modo muy considerable, el aprendizaje de la vida cristiana, de las generaciones que nos han precedido.

Ya no sé si es hora o no de revitalizar toda la grandeza de esos cultos pero ciertamente hay que encontrar la forma, la manera, el modo de que nuestras Hermandades, sigan enseñando porque o somos capaces de edificarlas desde nuestro aprendizaje, de la Palabra de Dios, o como le falte el enseñar, les falta algo esencialísimo de la vida cristiana. El enseñar es aprender, aprender a Cristo, aprender de Cristo, aprender en Cristo y finalmente como nos falte el servicio a un pobre, ¡uf! ¡Madre mía! como nos falte el servicio a los pobres, lo demás, lo digo y lo mantengo, como nos falte el servicio a los pobres, todo lo demás está de sobra. Porque la Iglesia entera está de sobra, entera por tanto, sus Cofradías también. Sí no sirven a los más pobres, la Iglesia que no sirve es una Iglesia que no sirve para nada. Que queden, bueno, en un simple museo de cosas o de ideas antiguas, por muy bellas que sean, pero en un museo. Unas Hermandades que en el seno de la Iglesia no se vean protagonizados desde los pobres, hacia los pobres, en los pobres están castrando su propia razón de ser. Desnaturalizando el verdadero culto que Dios quiere y convirtiéndose pues, en eso en comisiones de festejos, mirad yo no tengo nada, todo lo contrario, no tengo nada en contra de las costumbres, desgraciados los pueblos sin costumbres, eso en Badajoz es muy sencillo de explicar se fundaron pueblos nuevos, no tenían costumbres, ya las van teniendo y es mejor que las tengan porque un pueblo sin costumbres realmente no se configura como una sociedad completa y viva.

Pero, es una pena, un horror, un terror y un pavor, hombre que algo tan entrañablemente cristiano como las Hermandades y Cofradías se las relegue al puro costumbrismo. Hemos de recuperar nuestra razón de ser, haciendo de la vida de los que nada tienen, de los que nada aparentemente son, de los que nada pintan en nuestra sociedad esté protagonizada desde el sentir, desde el vivir, desde el que hacer cofrade. Me da lo mismo que sea para los pobres de lejos, que para pobres de cerca, como la Tierra va dando vueltas, Dios la ve entera todos los días ¿Verdad? y a Él le da lo mismo que los pobres sean de la China, que sean de aquí. Pero es imprescindible que nuestras Hermandades y Cofradías recuperen su ser de solidaridad. Vosotros tenéis en eso una tradición gloriosa. A habido en esta comarca de Lácara recientemente bien estudiada, con un estudio histórico de alguna persona entrañable para vosotros, para mí, pues hombre, el testimonio sereno de la cantidad y calidad del servicio a los pobres, que las Hermandades y Cofradías, os han hecho durante siglos, ese, ese es el camino, el camino de la Iglesia es el hombre, y de todos los hombres, el hombre pobre. Ha  habido en la medida en que sepamos descubrir. Estaremos revitalizando nuestra Semana Santa, revitalizando desde lo hondo de nuestras Hermandades y Cofradías rehaciendo en nosotros la imagen del Señor.

Seguramente todos y cada uno de vosotros, recordareis la parábola del juicio final del capítulo veinticinco del Evangelio de San Mateo, no os preocupéis que si no la recuerda alguien, se la recuerdo yo ahora mismo. Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, porque tuve sed y me disteis de beber, porque estuve desnudo y me vestisteis ¿Nosotros? ¿Nosotros Señor? ¿Cuando te hemos visto así? pues cuando estabais viendo así a cualquiera de los desnudos, de los encarcelados, de los pobres, de los hambrientos, de los sedientos. Iros malditos de mi Padre, porque tuve sed y no me disteis de beber, estuve enfermo y no me visitasteis, estuve en la cárcel y no vinisteis a verme ¿Nosotros Señor? ¿Nosotros, cuando te hemos visto en esas condiciones, y no te hemos hecho caso? pues hombre, cuando visteis así, hambrientos, sedientos, maltrechos, malheridos a cualquiera de los desgraciados y no le hicisteis ni caso. Veniros, veniros a nuestras Hermandades y Cofradías. Día del juicio final. Ya por la tarde, venid cofrades benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me comprasteis tronos, tuve sed y a mi Madre, Santa María Bendita, le comprasteis coronas, o estuve desnudo y le comprasteis a las imágenes de madera mantos, pero a las mías verdaderas... ¿No os suena contradictorio con el cristianismo? pues no hay porque, no lo puede haber. Otro camino cristiano para las cosas cristianas que no sea Cristo.
AMEN.





Párroco nacido en la población cacereña de Coria. Licenciado por la Facultad de Burgos en Teología Espiritual, dedicándose preferentemente a la enseñanza en la Universidad Laboral de Cáceres, en el Seminario Diocesano y en el Instituto de Coria.
En el año 1999 pregonó la Semana Santa de Cáceres y fue coofundador de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud, en su ciudad natal.

Estimados hermanos y amigos, señores curas, párrocos de esta Parroquia de San Pedro Apóstol, sacerdotes de Montijo, dignísimas autoridades, Junta rectora de Hermandades y Cofradías Penitenciales de Semana Santa, hermanas y hermanos todos.

Me es grato también saludar a la Banda Municipal, con los componentes tan jóvenes, que encuentro aquí. Anoche mismo repetíamos nosotros este idéntico acto, en nuestra Catedral de Coria, y también, en la misma posición, en el mismo estrado y en torno a los mismos componentes, de juventud y de número se parezcan a nuestra Banda Municipal de Coria, con lo cual me es grato estar aquí, rememorando también lo de anoche. Montijo, no es una ciudad cualquiera, Montijo tiene su historia, una historia que sobrecoge a medida que se adentra en ella. Tiene Montijo cinco Iglesias, Iglesia de San Pedro Apóstol, de primera, Apóstol que promete, Apóstol que le niegan y el río de lágrimas sinceras llora arrepentido sus pecados, su miseria, por eso el Señor le reconforta, te promete sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Bendito Apóstol Pedro eres ya y para siempre roca, eres continuación de Cristo, en el tiempo y en la historia. Iglesia de San Gregorio, Ermita de Jesús, San Antonio, Convento de monjas Clarisas, Poborellas de Santa Clara y San Francisco, es su vida ofrenda de amor y entrega. Palomari de plegaria resólida agradecida a quienes en el mundo estamos. Benditas religiosas, que tanto hacéis y siempre necesarias para quienes estamos cogiendo el polvo del camino de la vida. Tiene Montijo cinco Iglesias, cinco pararrayos, cinco fortalezas, cinco casas nuestras, cinco trozos de cielo  en polvo de la tierra, y tiene Montijo varias Cofradías,  que son por orden de salida: Cofradía Jesús Salvador de los Hombres, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, Hermandad y Cofradía de Nazarenos, del Santísimo Cristo Yacente, Caballeros del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad, Cofradía de Nuestro Señor Resucitado y de la Parroquia de San Gregorio Ostiense sale también en la madrugada del Jueves Santo, la Cofradía de la Vera Cruz.

Tiene Montijo arte y tradición, tiene historia romana, acercada siempre a la vida y eterna Emérita Augusta, después, llegarán los visigodos, también la presencia musulmana, hasta que la Orden Militar de Santiago crea un núcleo de desarrollo histórico civil y religioso fascinante. Ahora Montijo te muestras también moderna, lo he podido observar esta tarde en el recorrido, coqueteas con el futuro y el progreso, y te hace ser abierta de convivencia y de paz, con lazos de respeto y solidaridad, en fin, capaz de admirarse en el pasado con este presente actual y en crecimiento, construir un mañana, que entreguemos el legado de fidelidad.

Y sale el cortejo, cada día, cada Cristo, y cada Virgen, y cada cofrade, y acompaña, y el pueblo empieza a cantarle, cantos de hermosura, a elevar la plegaria, a buscar alivio en la espesura, a dar gracias, a pedir favores, y a cada paso hay letanía de suplica y deseo. Y ahora recuerda el itinerario, recorrido de cada procesión, de cada Cofradía. Cristo de cada Cofradía en arte e historia reflejado. Y cada una en un rostro conteniendo los aires solemnes, majestuosos, mayestáticos, los hay en pura esencia de dolor y abandono transformado, los hay en cruz clavados, relicarios, los hay con rostros de sangre derramando.

Unos, al mirarlos causan pena, otros se entristecen, contemplarlos en algunos se ve la humanidad representada siempre, en todos los vemos quien más, quien menos inculpados. Cristo del Amor, o del Perdón, o buena Muerte, o Expiración, o del Calvario, Cristo de la Misericordia, o del Consuelo, Cristo de la Salud, o del Refugio, del Amparo, o Cristo Nazareno al verte pasar estremecida el alma con mirarte, la retina del ser, te mira siendo entrega, inmolación, falso cordero, siervo de Dios, victima, reo, deuda pagada por nosotros, a este precio de sangre y sufrimiento. No quiero ser verdugo, Cristo que te veo, no quiero llevarte de nuevo al holocausto del Calvario, quiero verte, sí, y en ti mirarme, y al pasar hacerme yo contigo.

Nazareno y quien me mire vea en mi a un Cristo en carne y hueso, en gracia y don, agradecido, renovado y después, o al mismo tiempo se oprime el alma viendo desfilar a cada Virgen, todas ellas, dolorosas, doloridas, heroína en dolor transfigurado. Siete penas ahondan en tu corazón de madre, de amor en solitaria soledad y en silencio sufrido y abnegado. Dolorosa, dolorida ofrenda que eres de sagrario y sacramento revivido, que eres presencia y testimonio, y estar junto a la cruz es tu destino. Dolorosa, dolorida, albergue y cenobio de inmenso dolor, y miseria en presencia, transferido refleja tu dolor Virgen María, sereno amor, te entrega confiado, confiado es tu corazón de Madre, Madre es tu mejor oficio y seguro alcance, alcánzame ese canto de esa pena, y apenado el corazón, y arrepentido.

Estar junto a la cruz en aras de amor representado. Y empecemos con cada Cristo, con cada Virgen, en desfile, acompañados, solitarios. Domingo de Ramos, abramos el telón, algarabía, señorío, Cofradía de los ramos, luce el sol, es primavera todavía, no hay traición, ni entrega ¡Hosanna! ¡Hosanna! hijo de David. Estar con Cristo es gozo, hay que saberle acompañar, no callar proclamar a Cristo y su realeza, hacerse eco de la grandeza de un  Dios humanizado.

El pueblo que fue cautivo, y que tu mano libera, no encuentra mayor palmera ni apunta el mejor olivo. Viene con aire festivo para enramar tu victoria, y no te ha visto en ti su historia, Dios de Israel más cercano, ni tu poder más amargo, ni más humilde tu gloria, gloria, alabanza y honor, gritad, ¡Hosanna! y haceos como los niños hebreos, al paso del Redentor, gloria y honor al que viene en el nombre del Señor, que se note nuestro grito, nuestro himno en la calle, en el asfalto. Que el cristiano no se encierre en las Iglesias, ha de salir al ambiente y proclamar a todos los vientos que Cristo pertenece al mundo, que está en nuestra historia presente, triunfante.

Después viene, Lunes, Martes, Miércoles Santo, y en estos días especialmente, contemplamos que el hece-homo, el juicio de Cristo ante Pilatos, desfiles, procesiones, estaciones, pasos, son preparación estos días al Triduo Santo, y quiere obras de todos ellos. Contemplar un hece-homo, he aquí el hombre, he ahí a un pobre hombre y nada más, como los hay a miles en todos los rincones del planeta, en todos los agujeros de la vida, en todas las cunetas y caminos, he aquí  el hombre, lo mejor, es olvidarnos, nos decimos, y enterrarle en el baúl de los recuerdos y que no sea encontrado su sepulcro, hece-homo, que ocurrencia, el hombre ¿Qué pretende que lo tengamos así, por modelo, hecho una piltrafa, hecho de escoria, un vertedero? esta sociedad de hoy, en Él no se recuerda, no se ve, no se inspira.

No desfila Jesucristo así, guijarro de las pasarelas del momento, no tiene cambio, no se estila, hoy, se busca y se quiere otros modelos de paja y de sexos con cuerpo, aunque sin alma, del goce y del recreo. hece-homo, ya no hay modelo, ¿Qué puede aportar un Cristo así? pobretón, a una sociedad que ha conseguido emanciparse del dolor, ¿Qué puede aportar un derrotado?  miseria dicen, ya hemos tenido mucha, y no queremos más, antes se acordaban de ti, Señor, y te rezaban, y de ti acompañados se sentían, antes lloraban sus pecados, y en ti, perdón buscaban, antes cuando no habían los milagros de hoy en día, te daban gracias por tu ayuda, y tu valía, hoy ya no hace falta, todo dice se consigue por la fuerza, la pasión, el poder otro sería.

Hoy no hay nada que esperar, que no este en propias manos. ¿Qué le vas a pedir? ¿O qué esperar de un derrotado? si quieren que lo tengan por protocolo, esclavo, haber de que le sirven, que lo erijan los pobres desgraciados, los que sufren y los que lloran, los humildes, los desconsolados, también los que envejecen, los morientes, los que ya no les bastan haber vivido para los demás, no sirve ¿Y a quien queréis que os suelte? repite un tal Pilatos, que intenta acabar su comedia cuanto antes, ¿A quien queréis que os suelte? ¿A Jesús o a Barrabas? el modelo del momento, corpulento, infame, sanguinario, el que dice qué compromiso con el pueblo, el revolucionario.

Después de un momento de silencio, sube el clamor decidido de la plaza limitada, a Barrabas queremos, Barrabas, Barrabas repite el eco, era de esperar, en el fondo a veces todos lo queremos, es la verdad y hay que decirlo, Barrabas es hoy la moda, el diseño, hoy los que valen son los fuertes, los bravos, los violentos, hoy la moda de la vida es el caos, el aprovechamiento, hoy Barrabas cotiza en alza porque sabemos lo que era, y en el fondo, quien no ladra o vocifera no es de ahora, no es moderno.

Perdón, lo sabe todo el mundo, Barrabas es Barrabas, y Jesús, es el bueno, es lo primero, pero este es el problema, que por serlo Señor, tan bueno siendo, el mal cala los tuétanos y es mejor en tantos casos Barrabas, que dicen por lo menos, sabía lo que quería como Pilatos, vivir cada uno su momento. Pueblo mío, ¿Qué te he hecho? ¿En qué te he contestado? respóndeme, dame Señor, coraje y resistencia, que sepa Señor, ser siempre el mismo, que no haya lugar a fácil tregua, que no viva de un si o un no, de igual manera que no triunfe en mi la cerrazón, ni el odio, la violencia, dame en calma tu sosiego, el don del silencio interior y expresar sin protocolos, que está el dolor quemando los recuerdos, dame volver y reencontrarte y arrodillar el alma penitente al pie del Sacramento. Yo sé que me amparas, sé que si el alma dolorida llora, puedes en gozo convertir su pena ¿Qué a quien prefiero? Señor, yo a ti siempre, el primero y lo sabes, y lo digo, y lo quiero. Jueves Santo, encierra tanto, tanto. Junto a una mesa caben todos, porque todos habían sido en el principio, los primeros elegidos, mesa de fraternidad, mesa de nostalgias y recuerdo, aquí, Cristo es el amigo, para Judas enemigo, para Juan el predilecto. Es hora de verdades el alma se abre en sentimiento y Cristo su verdad es darse, tomad y comed, esto es mi cuerpo, tomad y bebed, esta es mi sangre, repetirlo en mi recuerdo, y todos escuchan, y se miran y oyen y Jesús se enternece y se recrea hablando, porque es la última sentada junto a ellos.

Estad siempre unidos, les vuelve a susurrar a los oídos, y a cada uno un gesto y al mirarse les anuncia a cada uno su momento, huída y desaliento, o cansancio y sueño, o prendimiento, o negación infame, o ausencia huyendo y Cristo, estando en ellos, se queda, se ve solo en desaliento. ¿Qué tengo yo? que mi amistad procuras, ¿Qué interés es el que sigues, Jesús mío? que a mi puerta cubierto de rocío, pasas las noches en invierno, a oscuras, ¡qué premio! que acaso que poco aprovechamiento, o que fracaso. Y sigue el tiempo, y en la mesa le rodean y llora el corazón, no saber agradecerlo, y después con el tiempo y en la historia, sigue Cristo en la mesa del altar.

Y sigo yo ahora, teniendo asiento, mesa de palabra y pan, y junto a ella, nos convoca y nos reunimos, y nos reconocemos y por ella compartimos, y en esta misma mesa sigue, ¡oh! paradoja o desconcierto, sigue habiendo Judas, que trafica nuevos prendimientos, y hay Pedros que juegan con barajas de dos caras, dependiendo del valor de cada cosa de la moda del momento, y están los pusilánimes, los que piensan que la vida es el momento, es ocasión, es divertimento y viven sin fe, y están por fin, los que como Juan, siguen creando porque aman, sin reserva, sin condicionamientos y se dan, y sostienen este mundo, porque apoyan su momento de la vida, en el pecho amoroso del hermano, del pobre, del Cristo hecho del rostro de entrega del guijarro. Jueves Santo, diálogo, testamento y sacerdocio, de entrega, de comunión, siempre ya Jueves de amor, de sacramento, Señor de Amor, de amores, que no se agote el pan de la mesa compartida, que todos quepamos en la mesa de la vida, que haya bocado de ayuda a los hermanos, que todos unidos proclamemos tu palabra, y adoremos tu presencia, y conozcamos tu misma comida en la unión común que tu nos haces. El mundo crea, y nos identifique, y sea el signo y la presencia que estas entre nosotros hasta el fin, hasta el confín que es sempiterno.

Y ya es otro día, ya es Viernes Santo, silencio, Cristo sufre, que hable el Espíritu, desahoga el sentimiento, silencio, después del alma dormida, ¿Por qué Cristo en la Cruz? ¿Para qué Cristo en la Cruz? ¿Y porque? recordad entonces el Evangelio, Cristo en la Cruz, y el tono festivo de Canaan, buena madre haciendo el milagro de no ver a nadie, ningún imprevisto, ni ningún trance, Cristo en la Cruz, ¿Y los caminos polvorientos de pisadas del buen samaritano? Cristo en la Cruz, ¿Y el encuentro con los niños? dejadles acercarse, que en el corazón de niño, hay siempre un gran gigante y un alma grande, Cristo en la Cruz, en la Cruz, nacer de nuevo.

Al maduro Nicodemo porque la fe en el Espíritu es primero, Cristo en la Cruz, convertida la samaritana en vocifera que ya por ella misma pregonara, me ha dicho lo que soy y ahora bebo el agua pura del veneno más puro de los tiempos, Cristo en la Cruz, ¿Y el milagro? haz aquello, lo que tengo lo pongo al servicio del hermano, Cristo en la Cruz, ¿Y el milagro del ciego varón? y veo, ¿O del cojo? ¿O el leproso? ¿Y resurrección de jóvenes y de Lázaro el amigo? ¿Y al que llora? porque Jesús es también de carne y hueso.

Viernes Santo, silencio, todo es opaco, gris, niebla, tiniebla, ocaso y se acaba aquí la vida, la existencia, el misterio, triste historia, triste consecuencia, tantas ilusiones y recuerdos, tanta esperanza desvaída, y además tanta infamia descargada sobre el cuerpo, latigazos, la corona, el cetro, el salivazo ruin de energúmenos groseros, el lavarse las manos de Pilatos, la chusma ya dijimos, que en movida de delirios, prefiere tras el demagogo engaño del carnudo partido con el manto a Barrabás, que es otra escoria, que es más nuestro. Viernes Santo, silencio, se hace desfilar el paso y vemos desfilar Cristos, cuerpos inermes, yertos, Jesús sigue ya sin rostro, acaso el Cirineo obligado, que apacigua por momentos el gran cansancio y unas buenas mujeres armadas de santas desvergüenzas, que no pueden retener las lágrimas al ver aquel rostro mancillado, y cae, y se levanta, y cae, y es más pesado cada vez, intentarlo de seguir al Monte del Calvario en flor que le espera.

Viernes Santo, ya se ve la Cruz con rigidez y altura, la Cruz, que es el traje de avalores, que es su fiel retrato, ya desde entonces mirarlo y recordarlo, es reconocerlo en el suplicio de la Cruz en alto, trazo en horizontal, de hermano a hermano, trazo vertical, del suelo al cielo de materia, Espíritu transformado. Viernes Santo, silencio, el reo está en las últimas, que solo le queda el postrer suspiro, que está alargando la agonía, y cuando todo parece ser fracaso, empieza Cristo a proferir palabras, a dejar su testamento, el legado más precioso, el más certero, el resumen necesario, el más querido por ser el suspiro de palabra, más el último suspiro pronunciado.
                                                 
Y desde la Cruz hay perdón, y hay ansia de seguir redimiendo a este mundo, y hay madre, y hay hijos en quien mirarnos, y hay fidelidad, y bien hacer, y hay voluntad en el deseo, y hay vida, y hay al fin, inspiración, pero hay sobre todo, premio porque hay eternidad, cielo. Dios muere, pero hay espera, que si hoy es Viernes, llegará enseguida el lucero anunciador del Santo Sábado, y se escucha musitar palabras, y el silencio se hace eco, cuando Dios habla aun siendo en la Cruz, y casi yerto hay verbo, hay recreación, hay testamento. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen, hijo ahí tienes a tu madre, madre ahí tienes a tu hijo. Tengo sed. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? hoy entrarás conmigo en el Paraíso. Padre en tus manos, encomiendo mi Espíritu. Todo está cumplido. Si queréis, entre todas, tengo sed, estás sediento, me resulta extraño esa carencia.

Todo lo puedes, en aquel que todo lo puede, y se ahoga el alma, viendo tu cuerpo tan reseco, tienes sed, de almas, ansia de redención y desagravio, tienes sed, porque se han secado los venenos de la vida y sentimientos, tienes sed, de justicia, que es tierra de labranza, donde se siega el pan de la armonía, contigo, con tal de que se siembre la semilla y se coseche el trigo, con la afilada hoz de tu llamada. Tienes sed de verdad, sin verdad no hay libertad ni el hombre ve claro en su camino la verdad, es como una luz que esclarece el pasaje de la peregrinación terrena, la menos agreste y aunque audaz, la más segura.

Todo esta cumplido, todo ya ha acabado, y un final completo, rematado, es la mayor paz y el mejor consuelo, que gratificante puede decirse cada día, que ese esfuerzo de cada acontecer,  se hace más llevadero cuando se pone todo lo que somos y queremos, como luz que alumbra la penumbra del sendero, como sol que adereza sin sabores de la vida. Todo esta cumplido, decirlo de un Señor desde la Cruz, es un consuelo, quererlo yo expresar en mi historia, todavía es merecerlo. Sábado Santo, nos recuerda la Vigilia Pascual de un lucernario cirio, cera, historia de salvación, nos lo recuerda, hay proclamación del mundo.

Y vio Dios, que todo lo que había era bueno, y un día y una tarde día primero, y más y más, y todo bueno, plataforma cósmica y creada donde todo es bueno, bello y verdadero, delicia para el hombre si sabe recrearlo, respetarlo, trabajarlo y ofrecerlo, pobre acción fomentarlo y querer ser el creador,  pensando en hacer la vida a cada instante, y después te piensa a ti, y a mi al mismo tiempo, y por amor nos crea, no por necesidad ni ególatra deseo, somos su imagen y semejanza, silueta de Dios mismo, somos su estirpe, su linaje, somos grandeza, monumento, somos de Dios, mejor criatura que existir fuéramos, somos hijos de Dios, lo somos todos, porque es Dios mismo lo que somos, si somos eso lo que Dios quiere que seamos.

Sábado Santo, sepulcros blanqueados, hay tregua, hay tiempo al tiempo, hay sosiego, hay fraguando vidas nuevas, hay que esperar y merecerlo, y empieza a haber lucero matinal, empieza a ponerse todo en movimiento, hay expectación, hay desasosiego, corramos, hay presagio de aleluya, hay resplandor, hay sudario en el suelo, hay existencia porque ya no hay muerto, hay tierra removida porque puede más la gracia que el pecado, la luz que la tiniebla, la vida que la muerte que le hicieron.

No esta aquí, a resucitado, a vencido Dios, que siempre vence convenciendo, a ganado Dios la batalla decisiva da la historia, a sido Dios quien no a dicho la última palabra, a rebelado su mejor secreto, a asegurado el triunfo para siempre a la muerte y al pecado, a vuelto el hombre a ser criatura recreada, redimida, a vuelto todo a su primer momento, a su mejor sentido, a su razón de ser, al sitio establecido. A resucitado, ya tiene sentido lo que somos, ya somos lo que saber sellamos, a resucitado, final feliz y ahora cada uno a de hacer propio y merecerlo, y esperar, y al final del trayecto de la vida, lo ganemos, lo tengamos y lo disfrutemos en el cielo, mansión eterna de los buenos.

Domingo de Resurrección, prolongación hueco del misterio, loado mi Señor ¡oh! Creación ¡oh! Naturaleza ¡oh! Mortal hombre ¡oh! Vida, luz, gozo sempiterno, Cristo a resucitado, que Dios es de vivos, y no muertos, que Dios vive en cada encuentro, que Dios se hace presencia en los siglos de los tiempos, que Dios tiene su Iglesia, presencia asegurada, que Dios obra en nosotros, que por nosotros Dios sigue viviendo, que con nosotros el hombre vive en Dios, y en su misterio de cada día es posible nuevas vidas, que en cada instante los hay, que construyen un mundo verdadero, que hay sol, que hay paz, que hay bienaventuranza, porque estamos en el tiempo pasajero.

Resurrección, sigue siendo el programa de la vida, sigue siendo el deseo, merecerlo en la tierra, y gozarlo en el cielo, promesa de premio, prueba auténtica de fuego. Resurrección, es el Evangelio, ahora en la fe, después en el amor de cada uno recrearlos, recuérdalo Señor Resucitado, que nunca lo olvidemos que has sido promesa, que Tú has asegurado, y vida que tienes ya en Señor transfigurado.

Semana Santa de Montijo, sigan los desfiles, es la expresión de un pueblo, es su mejor retrato, que sigamos viendo pasar cada paso, hay acogida, misterio, plegaria, y al paso de cada paso contemplado, el niño que lo recordará para siempre en su memoria, el joven a cada paso le pedirá fortaleza a su Cristo, a su Virgen, fortaleza en su epopeya, la madre secará sus lágrimas de pena, el padre el pan, el trabajo, la esperanza, el pobre ración de amor en lo escaso de su era, el anciano, consuelo y esperanza para la hora postrera, el enfermo que sea bálsamo de aceite que suavice sus goteras.

Siga la procesión en este Montijo luminoso, se haga camino, hay esperanza, y la fe a de tener presencia, suene la música, hable el silencio. Semana Santa de Montijo, este es tu destino, ofrecer a las generaciones futuras la esencia de una fe enardecida, expresada en rico contenido. Semana Santa de Montijo, cirio, vela, incienso, paso y trono, saeta, desfile, banda, Cofradía, hermanos, Cristo o Virgen, sentimiento, religiosidad, misterio, todo junto, todo es eso, reavivar en cada corazón que Cristo y la Virgen son el centro y después, mirar al hermano o a cada uno que no hay Cristo y Virgen, sin hermano, sea pobre o viva solo, abandonado, desecho, o despreciado, que mirando a cada Cristo de cada Cofradía, siempre vea cada uno, un rostro dolorido, un hermano de a pie, crucificado, por el pecado personal, o la estructura de ha pecado, y al mirar a cada Virgen, siempre hay una mujer, esposa o madre que llora por un hijo sufriendo, o perdido lo busca acaso sin recuperarlo. Cristo y Virgen, misterio de Dios hecho presencia, que al ver vuestros rostros, ser rostros paseando, agradezcamos siempre que eres eternamente Hijo de Dios vivo, y tú María, Madre de Dios en gracia redimida.

Adelante Semana Santa de Montijo, vivir estos días los pasos, los tronos, los rostros de cada imagen y de cada Cofradía, es hacer más llevadera la andadura, es anticipar el cielo que esperamos, el cielo merecido y deseado, adelante semana Santa de Montijo, contemplar vuestros desfiles es un gozo, es un legado, es un reconocer vuestros desvelos, debe ser agradecer el serio esfuerzo, hay arte y hay historia y cada vez en vuestra Junta Gestora de Cofradía más coherencia, hay fe, hay Evangelio, la unión de cofrades está en ello, lo sé, y yo lo reconozco, y lo proclamo públicamente, porque es un mérito, y después con el gozo en el alma, a volver a la realidad de cada día, de cada instante, a andar camino que es este año jubilar y peregrino, año de asombro, dos mil años de historia y de presencia, ¿Recordáis aquel acontecimiento? Rebobinar ahora la memoria, a dos mil años antes en la historia.

Caía la noche, sosiego alrededor, silencio callado, se abría el firmamento, y en medio de una noche eterna para el hombre, irrumpió la misiva, que los ángeles cantaban parabienes, de paz en la tierra, que Dios ama, y María, soñaba que en presencia de gozosa realidad, nacía en Belén, la ternura humanizada, criatura envuelta en pacífica presencia, y María ensimismada contemplaba y callaba, y reía en sonrisa manifiesta, y José testigo de familia agradece, varón recién nacido, de estirpe de la Virgen, a su estrella y el niño pequeñito, presencia humanizada del verbo eterno, que acampa en plenitud de tiempo y de promesa, misterio, ternura, presencia, historia de encuentro divino, en palabra recreada, y paz a los hombres, historia escalonada de Dios y el hombre, y comienzo para siempre de alianza, asombro, que hace dos mil años, por eso es año santo, y Jubileo, a ardido el sol que alumbra, el faro luminoso, la antorcha que llamea, la fuente de veneno cristalina, comienzo que nos lleva, verdad que esclarece toda duda vivida para siempre, y siempre eterna, Dios abriendo la brecha de la vida, y comienza la historia del proyecto, en pacífica tarea.

Por eso, felicidades Señor, en este año peregrino y de Jubileo, aunque ahora te recordamos, Niño recién nacido, pero ya, camino de una Cruz esclavizado. Peregrinos somos, y hacia el cielo vamos, peregrinos vamos hacia Dios, y hacia el hermano, peregrina es la vida, tarea y misión, peregrinos caminos. Pisando tierras y quitando obstáculos, caminante no hay camino, se hace camino al andar, y mientras caminamos, que quede la alforja del alma repleta siempre, de perdón y de amor, y que al atardecer de la vida, lleguemos a la meta y mereciéndola, la crucemos para siempre, como don. Semana Santa de Montijo, esto somos, caminemos, yo aquí quedo.


GRACIAS.




El Sábado 3 de Abril de 1993, en la Iglesia de San Pedro Apóstol, tras celebrarse el primer día del Solemne Triduo, nuestra Semana Santa celebraba su segundo Pregón (siendo el celebrado a finales de Marzo el Pregón del XXV Aniversario de la Hermandad del Santo Entierro), contando con un pregonero excepcional, Mateo Blanco Cotano, con un currículo impresionante, (Doctor en Teología Bíblica, Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Profesor de la Universidad de Extremadura, donde imparte Didáctica de la Enseñanza Religiosa. Director del Secretariado Diocesano de Enseñanza y miembro de la Conferencia Episcopal en materia de enseñanza) capaz de arrancar la Semana Grande con auténtico sentido de reflexión.
El Pregón fue retransmitido íntegramente (por primera y única vez en la historia del Pregón montijano), por Radio Universidad. Las Cofradías y Hermandades, de manos del por entonces Alcalde de la Villa, Luís Gragera Zamora, hicieron entrega al finalizar el acto, de una Placa de Agradecimiento por su participación en nuestra Semana Santa


Tengo que agradecer a las Cofradías y Hermandades de Penitencia de Montijo la invitación para pregonar vuestra Semana Santa, que es la Semana Grande de toda la Iglesia de Dios.

Otros pregoneros, ilustres ciertamente, me han precedido, descubriendo a través de la Historia, del Arte, de la Saeta, o de la experiencia la riqueza de vuestras tradiciones y sobre todo la fuerza de la misma fe y piedad que os une a vuestros antepasados. La memoria histórica de ello, robustece vuestra propia identidad.

Yo no soy pregonero, y lo siento. Ni he aprendido el arte de pregonar, sólo intentaré descubrir que habrá de Divino detrás de las manifestaciones de piedad de vuestra Semana Santa, y que habrá de Divino en las Cofradías y Hermandades de Penitencia de Montijo. La de Jesús Salvador de Hombres, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, la del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, la Vera-Cruz, Santísimo Cristo Yacente, la de Nuestra Señora de los Dolores y la de Jesús Resucitado.

Estoy seguro que a través de vuestras Hermandades y Cofradías, deseáis ofrecer al pueblo, aún con más claridad, el rostro de Dios. Porque ver el rostro de Dios con los propios ojos, es el deseo común y más profundo que tiene el hombre, el hombre quiere ver a Dios. Este deseo sincero aparece en las Sagradas Escrituras con una fuerza sin igual, a veces se transforma en una obsesión, en una necesidad, en una infatigable esperanza de descubrir su Rostro y verlo sonreír: “Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” Suspira el creyente.

De una forma u otra, desde Moisés, pasando por los Profetas, se transmite como una nostalgia el deseo grande: “Tú rostro buscaré, Señor. No me escondas Tu rostro”. Esta nostalgia, en este deseo está expresado lo más íntimo de nuestro propio ser y el único camino humano de relación con Dios. Sólo desde lo concreto, desde lo palpable, desde lo audible y desde lo visible, el hombre puede acercarse a Dios. Sólo Dios cercano, puede ser para el hombre el verdadero Dios, porque es la cercanía lo único que puede darle sentido a una vida miedosa como la del hombre.

Y así, desde el principio, Yahvé dios, el Dios cercano, repite como una madre junto a su hijo: “No tengas miedo que yo estoy contigo. O te angusties, porque yo, tú Dios, te agarro de la mano y te digo, no temas, Yo mismo te auxilio”.

Es difícil encontrar palabras más tiernas para que, quien como el hombre, tantas veces tiene miedo. No temas dice Dios, no temas que te he redimido, te he llamado por tu nombre. Eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo y la corriente no te llevará. Cuando pases por el fuego, no te quemará la llama, no te abrasará. Este conocimiento le lleva al hombre a exclamar con completa seguridad: “¡Hay alguna Nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como está el Señor Dios de nosotros siempre que lo invocamos!”.

Esta cercanía de Dios ha sido el fundamento de un proceso pedagógico entrañable y constante de Dios con su pueblo. El Misterio de su Ser, se hace cercano en las manifestaciones visibles de la presencia de Dios. Desde la zarza ardiente, pasando por los truenos y los relámpagos del Sinaí. En la columna de humo brillante o de fuego, o en el Arca de la Alianza, Dios siempre está junto a su pueblo. Pero este pueblo, le seguirá pidiendo insistentemente “¡Quiero ver Tú rostro!¡Quiero notar más clara Tú presencia!”.

Y va llegando a los oídos de su pueblo las palabras entrañables y a media voz desde la intimidad, son los Profetas, la voz limpia de Dios, que invita, que llama, que grita, que se comunica con el calor de la amistad, y como del dolor, de un esposo que siempre es fiel.

Otras imágenes como la del Pastor, o de la viña expresan el mismo celo divino y el mismo drama, que tiene expresión singular en la forma con que se dirige a su pueblo: “Cuando Israel era joven –dice Dios- Yo la amé. Cuando le llamaba, él se alejaba. Yo enseñé a andar a Esdraín, le alzaba los brazos y él no comprendía que Yo le curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía. Me inclinaba y le daba de comer”.

Este pueblo ha visto sus grandes signos, ha oido su voz, pero sigue con la ilusión de ver su rostro. Y sucede el milagro, el invisible se hace Visible; el Eterno, Temporal. El inabarcable, cabe en las entrañas Virginales de Santa María, porque Dios se hace Carne y ya de verdad, el hombre puede gritar, hemos visto su Gloria.

Desde la Encarnación, el Verbo es el protagonista de toda la historia, y el anciano Simeón puede morir en paz, porque sus ojos han visto al Salvador.

La Luz ha venido a la tierra, ya podemos ver el rostro de Dios, es el Enmanuel, el Dios con nosotros, porque es como nosotros y ha puesto su casa junto a las nuestras. Su humanidad no es siempre apariencia, es expresión de Dios mismo, Cristo es, el Hijo de Dios aún en su humanidad. La Segunda Persona de la Trinidad beatísima, es personalmente hombre y ese hombre, es personalmente Dios.

Cristo es Dios de manera humana y hombre de manera divina. Su amor humano es la forma humana del amor Redentor de Dios. Su corazón es corazón de hombre con fuerza de Dios, en sus ojos de hombre se manifiesta el cariño y la limpieza de Dios.

Lo necesitamos así, lo necesitamos ver en carne, porque el encuentro espiritual entre hombre, se realiza mediante lo visible. Por y en el cuerpo, el hombre se hace presente a los demás. El cuerpo es el signo que a la paz cubre y descubre la interioridad humana. El encuentro personal con Cristo era para sus contemporáneos, el encuentro personal con Dios vivo. Tocar a Cristo en su humanidad, es tocar el Verbo de Dios, porque a Dios nadie lo ha visto, sólo el hijo único del Padre y El nos lo ha dado a conocer.

Ya se hizo realidad el deseo y la Iglesia pone en su oración el gozo contenido de su alegría. Así, te necesito de carne y hueso y el que puso esa ley en nuestra vida, hizo carne su Verbo: “Y así, tangible, humano, fraterno, ungir Tus pies, que buscan mi camino, sentir tus manos en mis ojos ciegos, hundirme como Juan en Tu regazo y Judas sin traición, darte mi beso”.

“Carne soy y de carne te quiero. Caridad que viniste a mi indigencia que bien sabes hablar en mi dialecto. Así, sufriente, corporal, amigo como te entiendo. Dulce locura de misericordia, los dos, de carne y hueso”.

Ya hemos visto su rostro, y en su rostro bien amado hemos vislumbrado el corazón de Dios, pero podemos preguntarnos ¿cómo es el rostro de Dios? La luz se hace más intensa, más cercana y en Cristo se va desvelando la intimidad de Dios que es, Misericordia y Ternura.

Y así, se desveló a Moisés en el Monte Sinaí. Yahvé es un Dios de ternura y gracia, lento a la ira y rico en misericordia, y toda la Historia de la Humanidad, que es Historia de salvación, es como un diálogo entre la miseria y la misericordia, entre la pequeñez y la grandeza, entre la debilidad y la fuerza, entre la infidelidad y el amor. Un eterno lago de amor entre Dios fiel en amar y el hombre tantas veces infiel que, aún sin saberlo, no puede vivir sin el amor de Dios.

Esta es la historia del Mundo y es tu pequeña historia y la mía. Por eso, Jesús cuando quiere enseñarnos ese diálogo de amor con cada uno de nosotros, nos cuenta la Parábola del “Hijo pródigo”,

Por una parte está el hijo, que es el egoísmo, el despecho, la huida, el desamor, la infidelidad, el hambre, el hastío y hasta el hambre de la casa. Por otra, la misericordia, la ternura, la espera, el cariño entrañable de un Padre que sale al encuentro del Hijo, que corre de alegría cuando le ve venir, que se abraza comiéndolo a besos, que no echa en cara, nada de nada, que le restituye todo, porque el amor es capaz de inclinarse hacia el hijo pródigo, ante tanta miseria humana y singularmente, ante tanta miseria moral como el pecado.

Un amor que no humilla y que hasta se siente agradecido con todas sus fuerzas por la vuelta, porque un hijo, por más que pródigo no deja de ser hijo real del padre.

Por ese rostro de Dios, reflejado en la parábola, es maravilloso, pero es todavía insuficiente. El rostro de Dios lo vamos a ver más claro, la Revelación de Dios, rico en misericordia, tendrá la plena manifestación en la cruz. En la cruz, la misericordia de Dios, la ternura, el amor sin límite se palpaba en la sangre, en las llagas, en el dolor, en la soledad, en el desprecio, en la asfixia y en el silencio, pero sobre todo se palpa en el abajamiento. La cruz es la inclinación más profunda de la Divinidad hacia el hombre. Mirar la cruz es contemplar la misericordia de Dios y en el silencio más profundo del alma decir,”nada hay perdido”.

La cruz está gritando que el amor de Dios, ese amor que nos tiene, es más fuerte que toda clase del mal, su amor es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado y en Cristo, muerto y resucitado, se nos revela la radical misericordia de Dios. La cruz es como un toque de amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrenal del hombre.

La presencia palpable y visible de Cristo nos dejó el día de la Ascensión.

Su promesa nos acompaña, “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.

Pero el hombre de nuestro tiempo, el hombre del siglo XXI, quiere y necesita seguir viendo el rostro de Dios. Pienso, que vuestras imágenes procesionales, son como el deseo que tiene vuestro pueblo de ver a Dios y como piedad popular hace visible su rostro de misericordia. En vuestras imágenes se quiere manifestar la Revelación suprema de la misericordia de Dios.

Los rostros doloridos, la sangre, el camino hacia el calvario, la agonía, la asfixia y el dolor de la madre, quieren seguir revelando el gran mensaje, “el amor de Dios es más fuerte que el pecado, es más fuerte que la muerte”.

En vuestras procesiones, que son manifestaciones de culto público, se revela como una gran catequesis visual, la ternura y la misericordia de Dios.

Vuestras Cofradías y vuestros Pasos, nacieron de la fe sencilla del pueblo y sólo con fe podemos sacar esos pasos por nuestras calles, y sólo desde la fe podemos contemplarlos, porque son iconos de la misericordia de Dios.

Pero, esas bellísimas imágenes que tenéis, que vais a sacar en procesión, no pueden saciar el deseo de ver a Dios que tienen en el corazón, tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo. Sólo tu y yo, imágenes vivas de Cristo, podemos hacer presentes el rostro misericordioso del Resucitado. En primer lugar gozando nosotros de esa misericordia que ha de llenar vuestros corazones y que se realiza de manera especial en el Sacramento de la Penitencia. Volver a Dios en el Sacramento del Perdón, es recibir el abrazo que la misericordia da a nuestra miseria.

Y desde ahí, llenos y empapados de la misericordia de Dios, hemos de repartir misericordia, hemos de ser misericordiosos. Durante los días del año, nosotros hemos de ser los verdaderos iconos de Dios, las verdaderas imágenes de Dios, los verdaderos rostros de Dios, haciendo visible nuestro rostro con la misericordia. Ser misericordioso, y termino, es amar de verdad, entregándonos al servicio de los demás, sabiendo que en realidad, aquel que da, queda siempre beneficiado, porque dando cariño lo recibimos de quien acepta el nuestro. Ser misericordioso, es vivir la justicia, pero sabiendo que ella no vasta, y que se puede aniquilar, así misma, sino se le permite a esa forma más profunda que es el amor, tras dar la vida humana en sus diversas dimensiones.

Ser misericordioso, es plasmar en las relaciones con los demás esa cordial ternura y sensibilidad de la que nos habla la parábola del hijo pródigo, sabiendo que hemos de empezar a vivirla con los más cercanos. Ser misericordioso es por fin orar, porque la oración es un grito a la misericordia ante las terribles tensiones que han acumulado los hombres sobre los hombres.

Y todo esto hacedlo por intercesión de María, la Madre de Misericordia, que es el camino para todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre. A ella, que es estrella y camino le suplicamos al final “vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”.

He dicho.








<<...le envolvió en la sábana, le puso en un sepulcro excavado en roca e hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro >>. (Marc.15, 46)


¡Qué grande y misericordioso eres Dios mío! que me has elegido a mí, insignificante criatura, para ser portador de tu Palabra y servidor de tu Reino. Te pido Señor, que me asistas con tu Santo Espíritu Santo y pongas palabras en mi mente y en mis labios. Que mi gran ignorancia sea suplida por tu Sabiduría, y que este acto de alabanza a tu Hijo, Muerto y Resucitado por nuestros muchos pecados, a todos nos sirva para llegar a comprometernos, cada día más en tu santo servicio y en la fraterna caridad. Te ruego, Padre misericordioso, que seas mi compañero en este camino de fe, haz de consejero y tutor para que yo no sea enaltecido, sino que sea tu Hijo, nuestro Maestro quien sea glorificado por los siglos de los siglos. AMEN

Reverendo Sr. Párroco de San Pedro Apóstol, Sr. Alcalde de Montijo, Autoridades, Junta de Gobierno de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo Yacente, Caballero del Santo Sepulcro, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, cofrades y hermanos todos.
Cuando el pregonero acudió a la llamada de su buen amigo, Manolo García Cienfuegos, sintió la llamada de la amistad y la obligación del cofrade y del cristiano en poder convertirse en portador de la Palabra y servidor del Reino de Dios. Lo primero que hizo el pregonero, fue  acercarse a la historia de Montijo, y aquí fue donde se dio cuenta de la importancia que este acto podía tener. Montijo no era una ciudad cualquiera, Montijo tenía su historia que sobrecogía a medida que se adentraba en ella. Sus orígenes aparecen bien pronto, y en el neolítico, en un lugar conocido como “El Pedregal”, aparecen importantes restos arqueológicos. Durante la denominación romana, existió un “vicus” llamado “Agla”, todo el término de Montijo, está plagado de restos romanos, destacan las villas naturales de “Las Tiendas”  “Alcazaba” etc. Pero en especial “Torreáguila”, estando ésta muy cerca de Barbaño y alcanza un notable esplendor hacia el siglo III d.c. También encontramos entre sus restos algo de construcción visigoda, que es la base del escudo de la Villa. En el año 1230, Alfonso IX reconquistó Mérida, y la comarca fue repartida a la Orden de Santiago y los Caballeros de dicha Orden fundaron una Encomienda ya con el nombre de Montijo, porque éste se encontraba situado sobre un montecillo del cual toma su nombre. En 1550 D. Pedro Portocarrero funda el señorío de Montijo y en 1559 el señorío se convierte en condado. Fue precisamente un Portocarrero quién llevó a Sevilla la devoción a Nuestra Señora del Subterráneo, corría el año de 1580 en la Parroquia de San Nicolás de la capital hispalense. Sevilla siempre fiel a sus tradiciones continúa con esta advocación, desfilando procesionalmente el Domingo de Ramos como titular de la Hermandad de la Sagrada Cena.

Fue otro Portocarrero, D. Cristóbal, quien elevaría a Montijo, a la importancia que merecía en la historia, los Portocarrero continuaron dando importantes figuras a la historia española, hasta llegar a la tan conocida Eugenia de Montijo, hija del VII Conde D. Cipriano, quien dio a conocer el nombre de la Villa en el mundo entero al contraer matrimonio con el emperador francés Napoleón III. Y de nuevo vemos la vinculación de Montijo con Sevilla, Eugenia pasó grandes temporadas en la capital hispalense en el Palacio de las Dueñas propiedad de los Duques de Alba. El 22 de mayo de 1644 los portugueses saquean, invaden y queman gran parte de Montijo. Pero cuatro días después, siendo festividad del Corpus Christi, se dio la gran batalla de Montijo, en la que los portugueses sufrieron una gran derrota. Durante la Guerra de la Independencia contra los ejércitos franceses, destacaron los montijanos Martín y Dorado, que murieron en los campos de Lobón. Una historia admirable e impresionante como podemos ver. Durante todo este tiempo Montijo, fue también pregonero de la fe de Cristo, fundándose durante todo este período de larga historia, diferentes Hermandades tanto de gloria como de penitencia.  También las Hermandades que se iban formando como la ciudad tuvieron diferentes vicisitudes y dificultades que en algunos casos se empequeñecieron y en otros fueron agrandándose. Así llegamos al año de 1968, en que de la mano de dos venerables Cofradías: Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Santísimo Cristo de la Agonía, que siguen procesionando el Miércoles y Jueves Santo, nace una nueva Hermandad, para dar culto a la página evangelizadora del Santo Entierro de Cristo.

La primera Junta tiene como Hermano Mayor a D. Hipólito Gragera Barragán, se adquiere la imagen del Santísimo Cristo Yacente y se ofrece la presidencia al Sr. Alcalde y a la Corporación Municipal de la ciudad, que desde dicho año acompañan a la Hermandad en su estación de penitencia. En 1974 sucede a D. Hipólito como Hermano Mayor, D. Rafael Gómez Rodao y a partir de este momento la Hermandad adquiere carta de independencia de las dos Cofradías fundadoras, funcionando con autonomía e independencia desde ese mismo momento. En el año 1981 se nombra un nuevo Hermano Mayor, D. Teodoro Pozo Jiménez, quien partiendo prácticamente de cero, sin censo de hermanos y con una tesorería inexistente se comienza a trabajar. Y llegamos a 1990, se nombra como Hermano Mayor a D. Manuel García Cienfuegos, antiguo componente de la Junta anterior, quien impulsa a la Hermandad dándole un aire nuevo y renovador, se compran enseres y comienzan a realizarse actividades durante todo el año: culturales, labor social de culto, etc. Hoy cuenta la Hermandad con trescientos cincuenta hermanos. Toda esta gran obra, no se hubiera podido conseguir sin la labor de toda la Junta, pero especialmente del actual Secretario D. Pedro Quintana Parejo, pilar fundamental de la misma y un enamorado e incansable trabajador de la Hermandad. El Director Espiritual, es desde agosto pasado D. Emilio Sánchez Saavedra, Párroco de San Pedro Apóstol.

Un grupo de montijanos
Te quieren acompañar
La tarde del Viernes Santo
En tu mayor soledad.
Soledad para un entierro
Como no ha habido ni habrá
Que aunque Cristo haya muerto
Habrá de resucitar.

Aquel mismo año, se crea también una fenomenal cuadrilla de costaleros, en su inmensa mayoría gente joven entre 18 y 25 años, que portan sobre sus hombros a la sagrada imagen de Cristo, por las calles de Montijo, son chavales que sienten la vocación de costalero y que más de uno habrá dicho en casa:

Mira, madre, que yo quiero
Ser de Cristo un costalero
Y poder sentir en mis hombros
Todo el Divino Madero,
Y rezando que no hay forma
Más adecuada a los rezos
Que sentirme altar de Cristo
Costalero en sus misterios
Cuando por las calles transita
Sobre hombros de terciopelo
Y sentir que corren en mis venas
Sangre de hombres enteros.
Costaleros de Montijo
¡Locos de amor! ¡Que contento!
Cuando una voz desde el cielo
Pregunte ¿Estáis ya puesto?
Que voy a llamar, que vengan
Conmigo todos al cielo.

Pero los costaleros no forman parte de ningún lugar, no son de Cádiz, ni de Jerez, ni de Sevilla, ni tan siquiera de Montijo, los primeros que podemos ver en la historia, fue en la tarde del primer Viernes Santo en Jerusalén y fue así como ocurrió. Cuando José de Arimatea llegó al Calvario, después de pedir el cuerpo de Jesús a Pilatos, deberían ser aproximadamente las cuatro y media de la tarde, y tenían que darse prisa si querían darle sepultura a Jesús, antes de que diera comienzo el sábado, que empezaría a la puesta de sol, sobre las seis de la tarde. José de Arimatea y Nicodemo fueron quienes se encargaron de desenclavarlo y bajarlo de la Cruz.

Una vez en el suelo le sacaron los clavos de las manos, posiblemente tuvieron dificultad en colocar los brazos unidos al cuerpo, los músculos estaban ya endurecidos, después de tres largas horas que estuvo expuesto en la Cruz, a todo esto la rigidez propia comenzaba a manifestarse. Cerraron sus ojos y les pareció que el mundo acababa de oscurecerse. Nadie hablaba, ni lloraba ya. Finalmente los tres varones, colocaron el cuerpo sobre una sábana, que José había traído para ello, envolvieron a Jesús y cargando con Él, caminaron seguidos de las mujeres, los cuarenta metros que les separaban del sepulcro. Y ellos tres: José de Arimatea, Nicodemo y Juan el Apóstol amado, fueron los tres primeros costaleros de la historia, los tres privilegiados costaleros de Cristo.

Quien hubiera podido ser
Uno de aquellos tres costaleros:
Nicodemo, Juan y José,
Que portaron a Jesús
Desde el Calvario a los cielos,
Acompañaron a María
En el dolor más intenso
Que es puñal de agonía
Desde el Calvario a los cielos.
Tú que portas a Jesús,
En Montijo ¡ay! costalero,
Llévalo con suavidad
Y con mimo de enfermero
Como llevaron al Maestro
Nicodemo, Juan y José
Desde el Calvario a los cielos.
Y sí llevas a María
Transida de dolor inmenso
Hazlo con toda el alma
Y con el amor,
Del que solo es capaz
De dar un costalero;
Que ese dolor es
Cuchillo que se clava
Desde el Calvario a los cielos.

En la mañana del Viernes Santo, hay una inusitada animación en la Ermita, el Santísimo Cristo Yacente, ha sido trasladado a su paso y todos los componentes de la Junta y muchos hermanos colaboran en la colocación del mismo, así como en el exorno de las noventa docenas de claveles blancos para la salida procesional, donde se va a reflejar todo el trabajo que en este aspecto ha desarrollado la Hermandad durante todo el año. Es al anochecer cuando la Hermandad se prepara para salir a la calle en acto de fe penitencial, el montijano la espera y la ve pasar sobrecogido, ante la impresionante figura del Santísimo Cristo Yacente. La Cofradía comienza a recorrer las calles de Montijo, y se va adentrando poco a poco en el corazón de la ciudad, hasta llegar a una calleja algo estrecha, y allí hace una obligada parada en su caminar, una parada en el vía crucis particular de la Hermandad y de Montijo.

Y la procesión avanza
Con Cristo muerto
Ante el humano embeleso
Que no llega a comprender
Que siendo el morir glorioso
Tu Hijo, Dios mío, tuviera que padecer
Y llega hasta el Convento
De las Hermanas Clarisas
Que se asoman a una ventana
Con velo de negro luto
Para rezar al Señor
En un silencio absoluto.
Que para rezar, Señor
No hay nada como el silencio
Y dejar el corazón
Abierto, abierto.
Clara y Francisco vienen
Con ellas hasta la puerta
Y arrodillándose rezan
Ante tu figura yerta,
Que oración tan sublime
Ante los pies del Señor,
Que flores dejáis hermanas
Y que ejemplo de oración.


El pregonero durante su intervención (Foto Matas)
Y después de este alto de la procesión, que se convierte en un acto de amor al Señor, que le tributa Montijo y sus hijos, la noche tiende poco a poco su negro manto, y un velo de estrellas, lloran desde lo alto, al ver al Divino Maestro, muerto por amor. La luna va plateando el cuerpo yerto de Jesús. Y llegaron ante la roca en la que se abría el sepulcro, se detuvieron y dejaron el cuerpo, con sumo cuidado, sobre la hierba del jardín. Comenzaron entonces el rito de la unción, José de Arimatea había llevado consigo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe, era rico y le gustaba hacer las cosas a lo grande. La tres Marías no estaban contentas porque no se podía hacer a su gusto, el domingo prometieron volver para hacerlo como a ellas les gustaba. Frotaban el cuerpo con los perfumes que trajo José, sacaron también los rollos que compró el de Arimatea y empezaron a envolver cada uno de sus miembros. Impregnaron primero la cinta con ellos y luego la ataban fuertemente como un vendaje. Cuando hubieron terminado todo el cuerpo; lo envolvieron en la sábana y le ataron tres cintas, en el cuello, en la cintura y a la altura de los tobillos.

La tumba olía a nueva, era una tumba de rico, pero modesta, José la había construido para él y los suyos. Tenía dos habitaciones; la primera de ellas, desde la entrada hasta la puerta de la segunda, tenía unos dos metros; la puerta de comunicación era pequeña de solo un metro de altura y esta segunda habitación era la tumba propiamente dicha, tenía dos nichos excavados en la pared, para el tamaño de un cuerpo de adulto. Cuando comprobaron que la habitación estaba en orden, salieron al exterior levantaron el sudario y colocaron debajo de la nariz de Jesús, una pluma de ave, según costumbre judía, esperaron un periodo de tiempo, como de un cuarto de hora aproximadamente porque querían ver que la pluma no se movía, con lo cual se comprobaba que el alma había abandonado ya al muerto. La pluma no se movió. En aquel mismo instante comenzaron a encenderse miles de lámparas en todo Jerusalén, ya que una vez que el sábado empezase estaba prohibido hacerlo. El sol se ocultaba en el horizonte, la noche extendía poco a poco su negro manto. Todos ellos se dieron cuenta que tenían que darse prisa en enterrar a Jesús, el sol apenas se veía ya detrás de las montañas. Los tres hombres tomaron el cuerpo de Jesús y con gran cuidado, lo introdujeron en la habitación interior, en el nicho de la derecha. El cuerpo quedó mirando hacia Jerusalén. Luego María entró en la tumba, quería ver por última vez el rostro del Hijo amado y levantando el sudario se inclinó sobre su rostro y permaneció mucho tiempo pegada al ya frío del muerto.

Se admiraron todos de no poder llorar ya. Al fin alguien tocó a María en el hombro y Ella dócilmente obedeció. Cuando todos salieron, la oscuridad cubrió definitivamente a Jesús. Una vez en el exterior cerraron la puerta, con una rueda de molino que hicieron correr por un canalillo que estaba cerca, la calzaron con piedras para que no se moviera. Así fue como María siguió a Jesús desde el Calvario a su sepultura, como María Santísima de los Dolores, sigue a su Hijo, Muerto y Yacente por las calles de Montijo, con el corazón traspasado por las siete espadas del Mayor Dolor.

Por las calles de Montijo,
Siguiendo a tu Hijo Muerto y Yacente,
Vas Madre mía de los Dolores,
¿Quién te puede consolar?
Siete puñales se clavan
En tu pecho dolorido
Siete puñales te queman
Y te traspasan el sentido,
Quiero decirte piropos
Para tu pena aliviar
¿Quién fuera San Juan, Madre
Y poderte acompañar?
Que Montijo está llorando
Y te quiere consolar.
Y al pasar por el Convento
Bajito dijo la luna:
“flores bonitas, las habrá;
Pero como Tú, ninguna”.

Una vez que cerraron el sepulcro, donde habían depositado, el cuerpo muerto de Cristo, el grupo abandonó el jardín y marcharon a Jerusalén, la noche se cernía sobre la ciudad santa, iban llenos de una profunda tristeza, las sombras también envolvían sus almas. Entre tanta oscuridad, se vislumbraba una gran esperanza, que les hacía aligerar el paso, según dijo el Maestro al tercer día resucitaría.

Los Evangelios no describen, el momento preciso en que Cristo resucita. Dan testimonio, eso sí, del hecho del sepulcro vacío sin intervención humana; pero nada más y transmiten el anuncio hecho por el ángel: “no está aquí, ha resucitado según había dicho”.Dan testimonio también de las sucesivas apariciones a los Apóstoles y a los discípulos. Y por tanto el hecho histórico de la Resurrección, en concreto no puede ser comprobado por la ciencia, puesto que ésta no alcanza el plano de lo sobrenatural, y la nueva existencia de Cristo supera ampliamente el campo de la existencia humana anterior; desborda todas las categorías mentales de los hombres. Se sitúa totalmente en el plano de la fe y pide una aceptación confiada de la Palabra de Dios, que no puede equivocarse, ni quiere engañarnos. El Misterio Pascual y su celebración concreta en la Resurrección es el centro del culto y la vida misma de la Iglesia. Porque constituye:

-          La culminación de la obra de Cristo en su glorificación.

-          La celebración gozosa de nuestra propia liberación del pecado y del mal; fiesta, por tanto de la verdadera libertad.

-          Celebración de la vida, la que viene de Dios y nos hace hombres nuevos, renacidos por el agua y el Espíritu, es decir, por el Sacramento del Bautismo.

-          Celebración de la luz y la alegría. Todo adquiere sentido iluminado por esa Luz y Verdad que es Cristo.

-          Celebración de la esperanza y el optimismo cristianos. Seguridad en la meta que nos espera y que hemos de compartir con Cristo, garantía de apoyo en el caminar duro de la vida presente.

Esta existencia nueva hemos de vivirla en el convencimiento de que nuestra salvación definitiva es segura, pero aún no completada, no acabada. Es un proceso comenzado en el aquí presente y que tenemos que ir realizando progresivamente, manteniendo la fe y haciéndola fructificar en dignas obras. En la Muerte y la Resurrección de Cristo somos liberados radicalmente, pero con la tarea de ir conquistando siempre nuevos horizontes de libertad en el interior y en lo exterior. Hemos de guiarnos por la ley del Espíritu, no por las leyes carnales que nos esclavizaron, y pueden aún torcernos si cedemos a sus insinuaciones tentadora. Respecto a los demás, los cofrades hemos de actuar como testigos fieles del hecho salvador de la Resurrección de Cristo y de su presencia viva y amorosa entre nosotros; fermento auténtico y levadura nueva en la masa. San Pablo en su primera carta a los Corintios, (capítulo 5 versículo 8) nos dice: así que celebremos nuestra Pascua, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad.

Veinticinco años caminando
Día a día en Hermandad
Haciendo el camino juntos
Para Jesús enterrar,
Que las hojas del calendario
Poco a poco van cayendo
También se fueron hermanos
Con Jesús hasta los cielos,
Que si fuiste con el Maestro
Cofrade en su Santo Entierro
Cuando te llegue la hora
Él te llevará a los cielos.
Y han pasado
Veinticinco años caminando
De un camino de humildad
Porque un grupo de montijanos
Te quisieron acompañar
La tarde del Viernes Santo,
En tu mayor soledad.

EPILOGO

Han pasado veinticinco años, desde que en aquel ya lejano 1968, se creara una nueva Hermandad, con titubeos, como un niño pequeño comenzó a caminar, a seguir los pasos del Maestro, en fraternal caridad con el hermano necesitado, y a convertir cada año en la tarde del Viernes Santo, las calles de Montijo, en una auténtica catequesis, con su página viva del Evangelio. Hermanos cofrades del Santo Entierro, no todo está conseguido, no habéis hecho nada más que comenzar vuestra dura tarea, de dar en todo lugar, y en todas partes que os encontréis, testimonio de ser fieles seguidores del Maestro. Tenéis una juventud importante y pujante en vuestras filas, y ello es un reto para todos, para buscar cada día más la autenticidad y la fidelidad a la doctrina de Jesús, para construir entre todos el Reino de Dios en este mundo.

ASI SEA







En la Cuaresma de 1992, el 11 de Abril, pronunciaba el Pregón de la Semana Santa de Montijo Francisco Pedraja Muñoz (doctor en Historia del Arte de la Universidad de Extremadura-escuela de magisterio, Badajoz-), que encarnaba la oficialidad de la salida para las Cofradías en lo que a Semana Mayor se refiere. Tras el Pregón hubo un concierto de Música Sacra a cargo del Coro del Conservatorio Elemental de Música de Montijo dirigido por aquel entonces por Fernández Picón. A la finalización de dicho acto, las Cofradías entregaban a Pedraja Muñoz, de manos del por entonces Alcalde de Montijo D. Luis Gragera Zamora, una placa en agradecimiento por su enorme gentileza al aceptar ser nuestro orador.


            Mi agradecimiento a las Cofradías de Montijo por el honor que me han hecho al elegirme Pregonero de su Semana Santa.

            Compromiso que acepté por múltiples razones, entre ellas, el contar aquí con buenísimos amigos, alguno de ellos antiguos discípulos que fueron amables y persuasivos mensajeros de esta petición.

            Siempre que llegan estas fechas nos gusta imaginar el drama de Jesús durante su Semana de Pasión y acercándonos a los personajes y escenarios que fueron testigos de su angustia y tormento.

            La fantasía nos acerca a aquellos tiempos remotos e intentamos imaginar todos los detalles y al mismo tiempo comprobar, qué queda de las huellas de Jesús, en los paisajes cercanos a la ciudad y sobre todo en las estrechas calles que nos acercan donde estuvo el monte Calvario.

            Al lado del camino que Cristo siguió, muchas veces cerca de la ciudad y en especial aquel día de la víspera de su madre, hay una serie de tumbas entre ellas las llamadas de Absalón, Zacarías y Santiago que son de la época de Herodes, y que sin duda, allí se posaron las miradas de Jesús. En otra tumba cercana, la losa en forma de disco, traerá el recuerdo de la tumba de Cristo según cita San Marcos.

            Cerca en la “prensa de aceite”, Gath-Shenane (en arameo), y para vosotros Getsemaní se buscará el huerto evangélico y sólo en un rincón ocho olivos viejos, nudosos, ahuecados por el tiempo y que en el siglo XV ya se consideraban antiguos, son los renuevos de los que vieron padecer a Cristo.

            Es muy fuerte el contraste entre estos árboles de aspecto mineral y la belleza esplendorosa de las flores silvestres, que crecen a su alrededor en la primavera. Allí, dentro de la Iglesia de San Salvador de los Cruzados, hay una roca protegida por una herrería simbólica, el la que Cristo sufrió la Agonía de Huerto de los Olivos.

            A través de los siglos se han intentado por diferentes artistas, representar esta patética escena; Mantenga pintor italiano del siglo XV realizó una impresionante pintura en la que indica que la naturaleza no puede ser indiferente a la agonía de Dios, allí los sufrimientos de Jesús cobran significativa firma en el paisaje: rocas agrietadas, peñas  abruptas y cortantes, sierras dentadas; todo parece la cristalización de un grito de dolor que sube al cielo. Las formas humanas, vegetales o minerales, son un claro símbolo del terrible dolor de la escena.

            La Vía Dolorosa por la que Cristo hacia el sacrificio después de la pantomima de los juicios que sufrió, tiene su pórtico en el arco de “Ecce Homo” en el que según la tradición popular dictó su sentencia Pilatos.

            Próximo a él, el padre Ratisbona en 1857, al comprar un terreno para construir un convento, al realizar la obra, se descubrió un enlosado de piedra que pudo ser el patio (Latostrabos) del que habla San Juan y donde Pilatos juzgó a Cristo.

            En tres de las losas hay unos grabados en forma de diadema radiada y una “B” tres veces repetida, que parece referirse a la palabra griega “Basileus”, que significa Rey. ¿Era el juego de dados de los soldados de la guardia en el que entretenían sus largas horas de vigilancia? Quizás el juego en el que aquel día como diversión y escarnio coronaron de espinas a Cristo, le cubrieron con un trapo escarlata y colocaron entre sus manos una caña como remedo de cetro real.

            Siguiendo la andadura por la Vía Dolorosa, los peregrinos encuentran la Basílica de Santa Ana, que conmemora la natividad de la Virgen y el lugar donde Cristo cargó con la Cruz. El Greco, en un cuadro lleno de ternura y expresividad nos muestra al Salvado con los ojos transidos de emocionante tristeza, brillantes por las lágrimas y llevando el madero que parece no pesar en comparación con los sufrimientos de su espíritu.

            Otra versión del mismo tema, aún más acertada que la anterior, es la de Luís de Morales, en el cuadro que tiene en el Convento de las Clarisas de Montijo, donación en 1752 de Don José de Olías y Zabala. La belleza del color, la armonía de las formas y la serena expresión de dolor, hacen de esta pintura una de las cumbres del misticismo español.

            En el cruce de la calle que desciende de la Puerta de Damasco, Jesús vendió su primera caída y más adelante la Iglesia de Nuestra Señora de la Agonía., conmemora el encuentro de la Virgen con su Hijo. El cuadro de Rafael, “El pasmo de Sicilia” representa este trascendental momento.

            El Oratorio franciscano que viene a continuación recuerda el Cirineo que en este lugar comenzó su ayuda a Cristo, que ya se derrumba con el peso de la cruz. Tiziano en un íntimo y precioso cuadro muestra al fuerte campesino mirando a Cristo para ayudarte también con su comprensión y amor.

            La iglesia de los Melquitas griegos es la Sexta Estación que está dedicada a la Verónica, recordando aquel paño misericordioso que enjugó la sangre y el sudor del rostro de Jesús, quedando impresas las facciones del Salvador en él. Quizás nadie narró plásticamente la escena mejor que el Greco.

            Después d la segunda caída y a la altura del Hospicio protestante de San Juan, Jesús habla a las santas mujeres que lloran su paso.

            Un convento copto determina el lugar de la tercera caída de Cristo, que es la novena estación.

            Las cuatro estaciones siguientes tienen lugar en el Calvario y la última en la tumba donde fue enterrado el Salvador. Estos dos últimos puntos son uno de los mejores determinados y están cubiertos por la Basílica del Santo Sepulcro, lugar que se reparten cinco confesiones cristianas.

            La basílica fue construida por los cruzados en 1149 sobre restos de una basílica de Constantino y la portada es quizás la pieza más importante y auténtica.

            En el año 333 después de Cristo, una roca emergía en el centro de la iglesia, indicando el lugar donde Jesús fue crucificado, las transformaciones posteriores han ido desvirtuando ese recuerdo.

            El capítulo final del drama ha sido representado por diversos artistas en cada una de sus fases.

            El Greco, en “El Expolio” representa a Cristo despojado de sus vestiduras para crucificarle, su serenidad con el gentío que le increpa. El pintor se inspira en las meditaciones sobre la Pasión de San Buenaventura, por eso aparecen algunos detalles que no dicen los evangelios, como la presencia de las tres santas mujeres en ese instante y la soga atada a Cristo para ser arrastrado detrás del Cirineo.

            Rubens en dos inmensos cuadros nos representa la lanzada y el descendimiento de la cruz, grandiosa sintonía de formas, luces y colores, culminación del arte barroca, anteriormente Van Der Leiden nos dio un descendimiento sobrio y realista que aún recordaba un retablo medieval.

            La Piedad, momento en que Cristo aparece en brazos de la Virgen, fue representada como nadir por el pintor pacense Luís de Morales, que en sus últimas versiones de ese tema, pinta el silencioso diálogo entre la Virgen y Cristo muerto, el rostro de la madre transido de dolor, sin aspavientos ni gritos, con un fondo neutro de paisaje metafísico, es símbolo de esa tragedia universal. El pintor italiano Ticciano en sus diversas versiones del “Entierro de Cristo”, cierra el ciclo de la Pasión; él lo representa con ropa luz de atardecer, agonizando el día mientras la comitiva forma un arco envolvente que rodea amorosamente el cuerpo de Cristo, que en el centro aparece en la penumbra, la Virgen en la clave de ese arco de dolor es ejemplo de fortaleza y amor.

            La Semana Santa de Montijo que hunde sus raíces en un lejano pasado, es hoy una actualidad llena de fe y de entusiasmo, que ha hecho posible en pocos años un alto nivel artístico, religioso y popular.

            La Cofradía de la Vera-Cruz de la que tienen noticias en 1583 por el testamento de la beata Marina Sánchez, adquiere progresivamente una alta significación religiosa que totaliza realmente todas las actividades de la Semana Santa montijana desde varios siglos. Fundada a iniciativa de los franciscanos, que desde su convento de Loriana, participaron siempre como predicadores antes de la procesión de esta Cofradía.

            Durante el siglo XVIII tiene lugar su máximo esplendor y varios documentos lo demuestran; en 1723 se paga limosna a los franciscanos por el sermón pronunciado, en 1746 se encarga a Corchero, platero de Mérida, las potencias de plata de la cabeza del Cristo, y en 1777 se abona una factura por las numerosas flores de la procesión.
Hay una reglamentación estricta para esta procesión, la llamada “de la sangre”, con las normas que deben de seguir los penitentes, indicando como debían de ser retirados por exceso en las heridas de los disciplinantes e indicando la compra de vino que servía para lavar las heridas.
En el siglo XIX desaparece la Cofradía que de nuevo se funda en 1987 y desfila por primera vez en 1990. Los caracteres de ella son el silencio, el sentido penitencial y el íntimo rezo que solo rompe el sonido de una campanilla. Otras de las actividades que promocionó la Cofradía fue la fiesta de la Cruz de Mayo, de tanta tradición en Montijo y que ha ido desapareciendo.

            Aunque con varios aspectos se fundamentan en la tradición, las restantes Cofradías fueron creadas en nuestro tiempo. La más antigua es la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, fundada en 1941. La imagen primera, conservada en la Ermita de Jesús y la segunda en el Convento de las Monjas Clarisas, especialmente ésta, es una magnífica obra de arte. La salida de este cortejo procesional se hace durante la noche del Miércoles Santo, gracias al entusiasmo de las camareras y a un grupo de jóvenes.

            En 1966 se funda la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, que desfila la noche del Jueves Santo y como la anterior, ha logrado entusiasmar al pueblo de Montijo que colabora al máximo en su esplendor, cuando sale de la Iglesia de San Pedro y desciende la Avenida Emperatriz Eugenia. De ella ha surgido la Hermandad de Donantes de Sangre, una de las más importantes de la provincia.

            La noche del Viernes Santo sale la Hermandad del Santo Entierro y de Nuestra Señora de los Dolores, constituida por las dos anteriores en 1968 y convertida en Cofradía independiente en 1974. Los hábitos son blancos y negros con la cruz roja de caballeros del Santo Sepulcro, dan el tono solemne y dolorido de este momento. Se considera como la procesión oficial, puesto que asisten el Alcalde y otras autoridades y una representación de las demás Cofradías.

            En 1981 se fundó la Cofradía Jesús Hombre Salvador, cuyo hábito es la túnica blanca y el capuchón verde y está dedicada fundamentalmente a los niños. Los ramos de olivos, los cánticos y las limpias almas infantiles acompañan a la imagen del Salvador con la premonición de la Tragedia ante sus ojos.


Nada más. Muchas Gracias.




El Sábado día 23 de Marzo del año 1991, se celebraba el Pregón a las Cofradías Penitenciales de la Semana Santa de Montijo en la Iglesia de San Pedro Apóstol, escenario que abría sus puertas por primera vez a un acto como este. El Pregonero Oficial fue D. Manuel Malagón Martínez, el valviense por entonces Párroco por de Talavera la Real, muy querido y recordado por todos los montijanos. El acto fueron presentado por Pablo Iglesias Aunión, en aquel año miembro de la Junta de Gobierno de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores.


En las bodas de Oro de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En las Bodas de Oro plata de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía. Celebrar estas efemérides tan importantes, es un orgullo para la Iglesia de Montijo, por ese maridaje de Cristo-Pueblo-María, que tiene ribetes de oro y plata.

            Afortunado soy de estar con vosotros, y aunque ahora bebo en los vientos de la comunidad talaverana, nunca podré olvidar, al igual que un hijo nunca olvida a su madre, que vosotros fuisteis un día mi madre, mi padre, mis hermanos, haciéndome con vosotros un poco más sacerdote.

            Me han entallado, Pablo Iglesias, Pedro Quintana y Juan María Rodríguez, y sorprendido gratamente por su entusiasmo y orgullo con la Semana Santa montijana, acepté venir. Menos mal que sabéis que no sirvo para estas cosas, no estoy hecho para escribir y ni siquiera para hablar, quiere hablar el corazón y no la cabeza. Y así me salen las cosas. Aunque estoy tranquilo porque se de quien me he fiado.

            Personas de más prestigio en el ser, en el saber y en el decir deberíais haber traído, para una conmemoración tan brillante y en consonancia con la tradición de la Semana Santa montijana, que es honda y está arraigada en el pueblo, vibrante.

            Saludo cordialmente a los hermanos sacerdotes del pueblo y a todos los Hermanos Mayores y miembros de las distintas Hermandades y Cofradías, unos y otros, desde dentro y hacia fuera, son motores de la Pascua del Señor. Yo pregono nuevamente ante vosotros esta noche la Buena Noticia de Jesús de Nazaret, que pasó haciendo el bien y curando a muchos, porque Dios estaba con Él.

            Y sabiendo Él que había llegado la hora de darlo todo y volver al Padre una vez que su Misión había sido cumplida, sube con sus discípulos a Jerusalén, para celebrar la Pascua, y permite que el primer día de la semana, le den honras al Rey, entrando en la ciudad de manera humilde al lomo de un borrico, siendo aclamado por grandes y pequeños. Nosotros le recordamos por mañana, en el Domingo de Ramos.

            No quiero unir mi voz al folklore religioso, sino a los corazones humildes, que sin vergüenza ninguna, levantan la mano con el ramo de olivo o la palmera, para gozarse con Jesús, que vive como REY.

            La Iglesia, la Comunidad Cristiana, requiere hoy, más que nunca, UNIR y no ROMPER, escoger lo bueno y lo auténtico y limpiar de hojarasca nuestro talante de seguidores de Jesús. De lo contrario, cada procesión religiosa será un escándalo ante los hermanos que han perdido la Fe, o la tienen tibia, o nunca la tuvieron ni siquiera para aquellos que se acercan buscando un algo en su interior. El paso de la borriquita, nos recuerda a Jesús, lo que puede pasar después si no somos auténticos, si lo mismo que un día alabamos y otro matamos.

            El momento crucial y angustioso del final de la vida terrena de Jesús, se va acercando al avanzar la Semana. Y es tan hondo lo que en el día del Jueves Santo se contiene, que no cabe celebrarlo en un solo día, y se desbordan desde ese Miércoles Santo las manifestaciones desde antiguo. 50 años ya constituidos formalmente con la procesión de la imagen de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad.

            El pueblo cristiano ha sabido valorar la entrega de Jesús, no solo por la esplendorosa imaginería religiosa que le ha dedicado, sino porque en Jesús ve reflejo el propio Calvario de la vida diaria, y en Jesús, los humildes y sencillos se animan a llevar la cruz de la vida. No es que Jesús haya sufrido más que nosotros sino la clase y el estilo que tiene de sobrellevarse el trance. Esto creo que les debió de servir de referencia a los que constituyeron la Cofradía en el año 41. No fundaron una Cofradía del triunfo y gloria, sino una de penitencia, con Jesús como insignia. Sorprendente y aleccionador este testimonio de nuestros mayores.

            El Jueves Santo, con la celebración de la CENA DEL SEÑOR ocupamos el sentido religioso de la jornada; Jesús en la cena con los suyos, se hace bandera para ellos lavándoles los pies; ve que llega la hora, pero quiere quedarse y se queda HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS, en el amor y en la Eucaristía. La Comunidad así lo entiende y hace competición por adornar los monumentos en su honor y visitarlos, como quien visita a su Señor.

            El reflejo masivo en la calle, la expresión externa que a muchos pone los pelos de punta, hace saltar las lágrimas y hasta he oído, que alguno al ver bajar la imagen por la Rambla, tiene ganas de ser un poco mejor. Ese reflejo lo pone en la calle la Imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, seguido de María Santísima de los Dolores. 25 años ya de la Cofradía. Corazón de plata de aquellos que habéis sacado adelante, solos o acompañados, vuestro amor a la calle. Yo fui testigo de vuestra lucha.

            He aquí la paradoja del montijano extremeño: la vergüenza de la cruz, el escándalo del ajusticiado hecho insignia de salvación para quienes no se asustan de él.

            Hoy creo que hemos recuperado el verdadero sentido que tuvo la cruz en su época: era un fracaso, y para nosotros parece un fracaso ser testigos de Jesús. El miedo, la cobardía, el materialismo y la pereza junto a la dejadez degradante, nos tiene cogidos por el cuello, menos mal que los desfiles procesionales son con capuchón.

            Sigo pregonando que en el Viernes Santo, después de un juicio vergonzoso (como cuando nosotros no queremos saber nada de lo que pasa a nuestro lado), Jesús es azotado y le obligan a llevar la cruz en la que sería clavado, hacia el sitio de la ejecución.

            El toque de la campanilla, estremece la sangre junto al paso de la Cofradía de la Vera-Cruz: testigos del esfuerzo del hombre montijano para purificar el pecado, hacer silencio para que hable Dios en el alma, entusiasmo por hacer, ganas incontenibles de ser.

            Lástima que tantos esfuerzos no tengan eco, lástima que se camine por sendas distintas, lástima que los discípulos de Meaux se fuesen a casa sin consuelo.

            Pero Cristo es puntual a su cita; no puede ser que lo que sembró con tanto ahinco y lo regase con su sangre, quedase en nada.

            Domingo de Resurrección, Cristo Triunfante sobre la muerte y sobre el pecado, estamos salvados, el camino está abierto. No haya penas en los corazones entregados de los montijanos, que lo que hierve junto a las imágenes de Jesús y María tiene que ser bueno y tiene que dar su fruto, como la semilla que se siembra. También en Montijo hay resurrección.

            Haya puertas abierta a esos esfuerzos admirables por descubrir el pasado de nuestras expresiones religiosas, pero sin perder de vista, por parte de lo que integráis las distintas Cofradías y Hermandades, que hay que vivir el ritmo de la Iglesia, que ahora en estos tiempos está el Sínodo, que busca renovarse y renovar, para servir fielmente en estos tiempos a la Buena Noticia de Salvación que nos trae Jesús.

            ¿Qué pasaría en Montijo si a la vuelta de la Semana Santa, nuestros grupos sinodales se multiplicasen por 10 ó por 20?

            ¿Qué pasaría en vuestro ambiente, si un día todos descubren que seguimos al mismo Jesús y que somos hermanos después de haber compartido a fondo el espíritu de la Pascua del Señor?

            ¿Qué escándalo sería, si en Montijo empezasen las Eucaristías a ser encuentros de hermanos entre sí y el Señor, plenos, entusiasmados, constantes, repletos, vivos?

            ¿Qué dirían si ya todos fuésemos hermanos, los de cerca, y los de lejos, los pobres y los ricos, los marginados y los de tú ambiente?


DIRÁN QUE ALGO HA PASADO, LA SEMANA SANTA Y LOS DESFILES PROCESIONALES HAN MERECIDO LA PENA. DIRÁN QUE ES RESURRECCIÓN.


Muchas gracias.








El último día del Quinario al Santísimo Cristo de la Misericordia, se celebró un Pregón a cargo de Manuel García Cienfuegos, que fue presentado por Pablo Iglesias Aunión, realizándose posteriormente un besapié a la imagen.


Como una sola voz, enronquecida, se iba oyendo la saña, la locura. ¿Qué respuesta daría tu dulzura a ese fragor haciéndote otra herida?. Tu mirada,  doliente y conmovida qué flor más enraizada de ternura, qué faro destacando tu figura dejaste en el tumulto detenida.
Y para más contraste a la demencia, al odio y al estruendo del gentío, contestaste además, tras la mirada, con otro gesto de tu gran paciencia: tu silencio, Señor, qué desafío, qué modo de decir sin decir nada.

JUNTA DE GOBIERNO  de la Cofradía de la Vera-Cruz, Rvdo. Cura Párroco y Vicario de San Gregorio. Cofrades y hermanos. Señoras y señores, amigos todos.

            Queda todavía impresa en la retina de mis ojos de niño, cuando mis padres me llevaban en la noche del Miércoles Santo a la Plaza de Jesús para ver la salida de la procesión de Ntro. Padre Jesús Nazareno. Al abrirse las puertas de la Ermita,  miraba hacia el fondo y me llamaba poderosamente la atención los retablos y sus imágenes. Me preguntaba cuánto de misterio tenía la Semana Santa.
Al día siguiente como un chiquillo más acudía a la procesión de los “altramuces” en la tarde del Jueves Santo. Recuerdo los empujones en la filas, el rostro de Simón Cirineo, y y aquella entrada y salida de las imágenes por las dos puertas de la iglesia del Convento de Santa Clara, donde siempre miraba hacia arriba, buscando el coro alto, intentando localizar a alguna Monja que nunca llegué a ver.
El Convento encerraba también una aureola de incertidumbre, sobre todo para los que por aquellas fechas acudíamos a la escuela del maestro Julián Guzmán en la calle de Santa Ana.
Han transcurrido treinta años de esas imágenes que conservan mis ojos. En ese espacio de tiempo, la Semana Santa ha evolucionado en cuanto a sus Cofradías se refiere. Casi a mediados de los años sesenta llegó la explosión cofradiera. Nuevas Cofradías y Hermandades. Con un grupo de amigos de la O.J.E. acordábamos todos los años coger el paso del Santísimo Cristo de la Agonía desde la plaza de la “ferretería” hasta la Parroquia de San Pedro. Luego un periodo de cierto estancamiento, de crisis. La responsabilidad me llevó a entrar a principio de los ochenta en la Hermandad del Santo Entierro y formar parte de su Junta de Gobierno en la que estoy hasta que el Señor me lo permita.
Y hoy, en la reciente inaugurada década de los noventa dentro del evolucionismo que hablaba de las Cofradías, surge y aparece una nueva: la Vera-Cruz, de la que tengo en honor se ser hoy su primer pregonero.
Y heme aquí ante tan difícil situación en la Iglesia de San Gregorio a la que vi levantar sus muros, no n balde he correteado por este barrio durante veintiséis años.
Todo pregón debe comenzar mediante una intersección o invocación, y como montijano acudo en estos momentos a la Santísima Virgen de Barbaño, Nuestra Madre y Patrona, para que inspire y conduzca mi fe, en un día tan especialísimo como es este Viernes de Dolores. María de Barbaño, nadie mejor que ella para poder llegar a Cristo.

CONTENIDO HISTÓRICO

            Corría el 15 de junio del año 1583, una mujer, vecina de la calle Santa Ana, Marina Sánchez, hacía testamento dejando sus bienes a tres beatas que vivían en la calle de Badajoz, para honor y gloria del seráfico Padre San Francisco de Asís y para que fundasen un beaterio; beaterio que terminó a comienzos del siglo XVIII con la fundación del actual Convento de las Clarisas. Marina Sánchez en sus mandas testamentarias pedía a sus albaceas que diesen entre otras limosnas: un real a la Hermandad de la Santa Vera-Cruz de Montijo.
Es pues, sin duda, el primer documento que hasta ahora existe, aunque no el definitivo, porque la Historia como ciencia está sujeta a la investigación y revisión, que nos habla que en el siglo XVI existe la Cofradía de la Santa Vera-Cruz.
Las cofradías veracrucenses tienen orígenes muy antiguos. Fueron las primeras que se constituyeron al amparo de las “asociaciones gremiales” (rudimentarios sindicatos gremiales) y es en el siglo XV y XVI la fecha de fundación de casi todas ellas.
En Sevilla, la Vera-Cruz, una de las más antiguas de España se constituye en el año 1448.
Buscando connotaciones históricas y gracias al archivo de la Parroquia de San Pedro en la que se conservan dos libros de cuentas de la Hermandad y Cofradía de la Santa Vera-Cruz que comprende los periodos desde 1794 a 1836. Estos dos libros nos ofrecen un material histórico de sumo valor para componer una parte de la historia de la Cofradía. Por una “data” de 1718 vemos que la Santa Vera-Cruz era la encargada de realizar las procesiones d nuestra Semana Santa, así ese año se pagaban treinta y cuatro reales por cuatro procesiones que eran: Jueves y Viernes Santo, el día primero de la Pascua de Resurrección y día de la Invención de la Cruz. Que el nombramiento del Mayordomo se realizaba el día tres de mayo de cada año, día de la Cruz.

El pregonero durante su intervención en el
Altar de la Parroquia de San Gregorio Ostiense.
A medida que fui investigando en los “cargos” y “datas” de la Cofradía, me encontré con un “pago” de veintiocho reales a Martín Alonso Durán, de profesión vendedor de vinos por la compra de tres arrobas para el lavatorio de los disciplinantes de la procesión del Jueves al Viernes Santo en su madrugada.
De ese mismo año procede otra “data” por el pago de un sermón a los frailes del Convento de Loriana, por la plática en la noche del Jueves Santo, a los hermanos de sangre y penitentes antes de la salida en procesión.
Estamos sin duda ante la procesión que se denomina como “la de la sangre”. Estamos ente una Cofradía o Hermandad propiciada por la Orden Franciscana de penitenciar, de disciplina, de sangre o de Pasión.
La penitencia pública de honda raigambre en la Iglesia de Dios era practicada en España desde que hubo en ella fieles de Cristo deseosos de perfección, llegando a tomar impulso en el siglo XII por mandato del Obispo de Ostia, San Gregorio, precisamente el titular de esta parroquia, que venido a España por orden del sumo Pontícife, Benedicto IX, con motivo de una plaga de langosta, prescribió numerosas procesiones de sangre para atraer la clemencia del fiel, y desde entonces en todos los grandes males comunes se acudía a las dichas procesiones de sangre o de flagelantes, como poderoso remedio para invocar la Divina Misericordia.
Esta práctica fue luego adscrita a buen número de cofradías, que desde entonces empezaron a llamarse, Cofradías de Sangre y por su índice penitencial encontraron en el ejercicio de la flagelación o disciplina el modo de honrar públicamente la memoria de los azotes que Jesucristo sufrió en su Pasión. Se dice que fue la Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y María Santísima de las Tristezas o de los Dolores, de Sevilla, la que introdujo la disciplina pública en su salida procesional.
El notable autor José Bermejo y Carballo nos describe los instrumentos usados en la maceración de los cofrades, diciendo que eran “…disciplinas de manojos de rodezuelas. Estas rodezuelas eran como unos bolillos de cera, cubiertas de hilo basto, cuyas extremidades terminaban casi en punta y en su centro, figuraba una rueda, estaban embutidas de varias piedrecitas adelgazadas en sus puntas…”.
En la Santa Vera Cruz existían cuatro tipos de hermanos: lo de luz, sangre, espalda y asiento. Los primeros portaban velas y cirios, los segundos eran penitentes que públicamente se auto castigaban. Los de espaldas eran los que portaban las imágenes y acudían a los entierros llevando los ataúdes de los hermanos de la Cofradía que fallecían, y los últimos sólo asistían a las funciones religiosas.
Los disciplinantes imprimían a los cortejos notas de dramatismo. Acostumbraban a ir desnudos de cintura hacia arriba, mostrando así sus atormentadas carnes, la cara la cubrían con un capuchón.
Dentro del contexto reformista del Gobierno de Carlos III, se intentó la modificación de las Cofradías. Después de un proceso de once años, Carlos III el 20 de febrero de 1777, prohibía los disciplinantes, empalados y penitentes de sangre.
En Extremadura proliferaron las procesiones de sangre y Cofradías de penitencia, véase los empalaos en Valverde de la Vera, único lugar que ha salvaguardado la práctica penitencial de antaño, Plasencia, Cáceres, Ahigal, Arroyo de la Luz, Zafra, Montijo y últimamente hemos investigado en la catalogación del archivo de la Parroquia de Nuestra Señora del Prado de la Roca de la Sierra, donde hemos encontrado tras minucioso estudio realizado conjuntamente con Pablo Iglesias Aunión, la Cofradía de la Santa Vera-Cruz cuya imagen respondía bajo la advocación del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia.
Si cabe la documentación investigada en La Roca, nos define más profundamente cómo era la Vera-Cruz.
Nos habla de la procesión de la sangre en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, de un sermón antes de la Procesión a cargo de los PP.FF. del Convento de Loriana (muy próximo a La Roca), del lavatorio con vino sobre las heridas después de las disciplinas, del hábito o traje de azote, y del refresco que se daba con bizcochos para que los penitentes repusieran fuerzas después de la procesión.

VINCULACIÓN FRANCISCANA

            La Orden Franciscana impulsa la fundación de la Vera-Cruz. En sus emblemas o escudos aparece la cruz arbórea y las cinco llagas o estigmas de San Francisco de Asís.
¿Cómo pudo influir el franciscanismo en la Santa Vera Cruz de Montijo?. Por cuatro vías. Monasterio de Loriana, situado entre La Roca de la Sierra y Puebla de Obando, regido por franciscanos descalzos, cuyo monasterio fue fundado por Fray Alonso de Monzanete. El monasterio perteneció primero a la Provincia de San José pero pasaría a la de San Gabriel, tras la reforma de los descalzos impulsada por San Pedro de Alcántara, donde en Loriana el Santo alcantarino fue nombrado comisario Provincial tras los definitivos provinciales en 1557.
Convento de Santiago de Lobón, franciscanos observantes de la Provincia de San Miguel, en él hubo casa de Templarios, un hospital y escuela de filosofía, en el convento falleció el Padre Fray Reyes Ortiz de Thóvar, autor de la publicación “partidos Triunfantes de la Beturia Túrdula”, en el siglo XVIII, Hospicio de San Antonio, fundado por los Condes de Montijo y recogido en 1753 por cinco frailes. El Hospicio desapareció por la declaustración en el siglo XIX. La familia Thomas consiguió que los franciscanos volviesen a él en el año 1942, permaneciendo hasta los años sesenta.
Convento de Nuestro Señor del Pasmo de las clarisas franciscanas, fundado por el empeño del IV Conde de Montijo Don Cristóbal Portocarrero Guzmán y Luna.
Si repasamos las publicaciones sobre la Historia de Montijo nos encontramos con los siguientes PP.FF. : Juan Durán del Montijo, Juan Asensio, Domingo de San Francisco, Pedro Durán del Montijo, Gonzalo, Jesús, Juan, Juan Jesús y Fray Toribio y Onofre que misionaron en Filipinas.
Fue por lo tanto la Orden Franciscana la que impulsó la Santa Vera-Cruz. Los sermones antes de la procesión de la sangre eran predicados por los PP.FF. de Loriana, Lobón, Hospicio de San Antonio, convento de la Haba, San Francisco de Badajoz y Nuestra Señora de la Antigua de Mérida. Pero volviendo de nuevo a la Cofradía, tras la prohibición de los disciplinantes, la guerra con Francia y la llegada de la desamortización, la Santa Vera-Cruz va a ir perdiendo poco a poco importancia. Antaño sus Mayordomos ejercieron también cargos de Alcaldes Ordinarios, Regidores, Jurados del Concejo, propietarios agrícolas de cierta relevancia, Familiares del Santo Oficio, Nobles e hidalgos…
Ya en el siglo XIX se aprecia un cambio en el nombre de la Cofradía, no se cita como Vera-Cruz, apareciendo como la Santa Cruz, siendo la encargada de organizar  los cultos y actos del día de la Cruz (3 de mayo), días en el que se colocaban altares con cruces hechas con flores, se adornaban las cruces de hierro de las fachadas y se rezaba el rosario de la Cruz. Tradición que duró hasta nuestro siglo pero ya totalmente perdida.

VERA CRUZ AÑO 1987

            Y llega el año 1987, tras la Semana Santa un grupo de montijanos, revivan los rescoldos casi apagados de la tradición cofradiera, pretendiendo constituir una Cofradía veracrucense con sede en la Parroquia de San Gregorio. Cofradía que quiere ser distinta a las demás, que quiere destacarse por su sentido penitente, de oración, austeridad y silencio.
Transcurren dos años y por fin en la madrugada del próximo viernes día trece saldrá a la calle para realizar estación de penitencia con el Santísimo Cristo de la Misericordia, imagen titular de la capilla del Cementerio Municipal.

SEMANA SANTA 1990

            Semana Santa, siete días para revivir los misterios de la Pasión de Cristo. Dudas, misterios, a veces confusión de cómo el Hijo de Dios se deja llevar al martirio de la Cruz, ¿por qué su reino no es de este mundo?,¿por estar al lado de los marginados, de los pobres?,¿por amor?.
Pero Él disculpa y perdona, se calla, no pronuncia palabra, solo invoca al Padre. Una cena y comienza a cumplirse la escritura. La soledad en el huerto, oración, sudor y llanto. Un beso y el inicio trágico de un proceso –Anás, Caifás, Herodes y Pilatos- no es culpable. Prevalecen los intereses político-religiosos. Bofetadas, mofa, burla, azotes… ¡He aquí a vuestro Rey!. Crucifícalo. La Vía Dolorosa, tres caídas y el Calvario, hasta quiso que se repartieran sus vestiduras. Los clavos y una cruz. Siete días y siete palabras. Todo está cumplido.

SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA

            Santísimo Cristo de la Misericordia, muero en la Cruz, muerto entre los muertos, cosido, atado al madero, tras sufrir uno de los más crueles sacrificios inventado por la humanidad. Vera Cruz. Verdadera Cruz. Al lado de la Cruz. De tu Cruz Señor, de mi pesada Cruz, de la Cruz de cada uno. La cruz del pecado de, la incomprensión, de la falta de solidaridad, de las negligencias. La cruz de la enfermedad, de la pobreza, de la mentita y blasfemia, de las injusticias. Cruz del oprimido. Del siervo y el amo. Cruz del terrorismo, de la droga que destruye y mata. La cruz de los intereses, de los negocios sucios. La cruz de los odios y rencillas, de la amistad falseada, de la traición. La cruz de la humanidad. Nuestra cruz. La muerte en la cruz.

Y esa cruz será paseada en la madrugada del Viernes Santo. Ante el silencio y el ruido adormecido de una ciudad que descansa mientras que unos pocos, unos cuantos, sabrán buscar refugio en la penitencia, sin exhibicionismo, sin folklore.
Hermanos de la Vera Cruz, San Francisco de Asís caminó como penitente, abandonó su casa, aceptó el sufrimiento, cambió sus vestiduras por el hábito y vivió vida retirada. Fue humilde, sencillo y se entregó al prójimo, abandonó lo superficial, lo externo…
En la madrugada del Viernes Santo hay que prescindir de lo externo, que la procesión no sea un simple paseo, una distracción sana, la estación de penitencia debe ser oración, esto es lo que debemos considerar y pensar, que aceptemos el sufrimiento, abandonemos por estas horas nuestra vida normal, nuestra familia. Vistamos con la túnica bajo la que todos somos iguales, sin distinciones ni medallas, sin posición elevada o cargo.
Acompañemos al Santísimo Cristo de la Misericordia por las calles de nuestro barrio, de nuestra ciudad, y en ese tiempo, oremos, que sea oración y penitencia.
Santísimo Cristo de la Misericordia, ya están dispuestos los hombros de los costaleros, la cera y el recorrido. La cruz de la salvación recorrerá Montijo. La emoción está preparada. La fe de unos hombres también. Alégrate Parroquia de San Gregorio, los goznes de tus puertas girarán para dar salida a la Santa Cruz, al Santo Crucifijo que anunciará la Vigilia, el anuncio de la gran fiesta de la luz, la festividad de la esperanza, de la salvación de la vida nueva. La fiesta de seguir a Cristo vivo. La fiesta de la Resurrección. El nuevo éxodo, la fiesta de la nueva alianza.
Todo esto ofrece la Semana Santa. Es una celebración que lo empapa todo: los días, las personas, los sentidos, la familia, las emociones, los recuerdos…
A pesar de los tiempos difíciles de una época cercenada por crisis de fe, de agnosticismo, de época de revisiones, donde la Iglesia pretende abrirse al cambio, a la que se pide mayor participación, y un compromiso para los laicos a través del Sínodo que ahora se celebra.
En todo ésta ha surgido en la comunidad cristiana de San Gregorio un nuevo embrión, una nueva semilla, que reunirá bajo la Cofradía de la Vera-Cruz a hombres dispuestos a vivir la Palabra de Cristo, a los que recomendaría que es más importante:
-          interno que lo externo. La calidad más que el número. Lo profundo más que lo sentimental. Lo práctico más que lo bonito. La palabra más que la música-.
Para compartir contigo tu tristeza, pánico, temor, depresión, miedo, soledad, angustia, humillación, dolor, agonía, muerte.
Tu Cruz Señor. La Cruz de la Vida, la cruz de la salvación, la cruz de la Resurrección.

SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA, aquí está tu pregonero, cumplido está, salvo que mandes otra cosa, el servicio. Que así sea.

Buenas noches, muchas gracias.


Momento en que D. Manuel G. Cienfuegos recoge una
placa de agradecimiento de manos de D. Pablo Iglesias Aunión.



El Paso del Señor se ha parado delante de nosotros.
           
            Junta de Cofradías, amigos todos. Dios ha querido traerme hoy aquí a Montijo para acompañaros por vuestras calles y plazas en estos días de la Semana Mayor.
            Montijo que vas a llevar en tus hombros a Cristo y María, Cristo irá a veces en lo alto, otras veces encorvado bajo el peso de la Cruz y, la última vez, glorioso, pues Cristo ha resucitado.

Domingo de Ramos

            Cofradía de Jesús, Hombre, Salvador, hermanos de esta Cofradía, seguid a Cristo en su Entrada Triunfal, Montijo se convertirá en Jerusalén. Los hosannas y los cánticos de entrada a Ti, Señor, Rey de Reyes.
            Campo de la Iglesia, será en este día distinto, palmas y olivas para Cristo.
            Niños nazarenos acompañan a la procesión, juventud cofradiera, bendita juventud, que lleváis las ansias cofrades de la historia de nuestras Cofradías, hermanos nazarenos del Domingo de Ramos, sois heraldos de la Semana Mayor.
            Ya está fuera de la Iglesia toda la Cofradía. La Parroquias de San Pedro quiere acompañar a Cristo en su Entrada Triunfal, está pasando delante de todos, al hermano que sufre y padece, al que tiene problemas y Cristo el Maestro nos está diciendo: Bienaventurados vosotros.
            Montijo saltará al  repique se sus campanas como Jerusalén. Ya huelen a primavera nuestros campos extremeños, serán distintos y Cristo seguirá en la mañana del Domingo de Ramos pasando por nuestras puertas, abriendo nuestros corazones y compartiendo con nosotros la alegría de su Entrada Triunfal y desde el Convento de Santa Clara, las hermanitas preparan la celebración de la Santa Misa.
            Convento, oraciones de estas hermanas prendidas sobre Montijo, almas consagradas a Cristo, también serán durante estos días penitentes nazarenos de nuestra Semana Santa.

Revuelo infantil, revuelo
Donde se agitan las palmas
Como suspiros de almas
Como banderas al cielo.
Gozosos llevan tras de sí
a una humilde borriquita
y la voz de Dios que grita
“Dejad que los niños se acerquen a Mí”

            La noche del Domingo de Ramos ya ha echado su vuelo de estrellas mientras todo Montijo descansa, Cristo en la Borriquita sigue orando al Padre Eterno.

Martes Santo

            Cristo de la Vera-Cruz, hermanos cofrades, qué honor en Montijo desfilar una nueva Cofradía. Entusiasmo, amor y cariño por nuestras Cofradías. Orden franciscana que viene a recordarnos su origen. Nazarenos de color morado como la pasión acompañarán al cortejo. Revolotear de estrellas en esta noche del Martes Santo verán desde el campanario de San Gregorio a la Cruz de Cristo de la Vera-Cruz. Silencio impresionante y fervor de gargantas saeteras.
Cruz, pasión y vida,
emblema de nuestra vida,
bandera de nuestra fe,
alegría de nuestra vida.

            Penitentes, hombres y mujeres de Montijo, acompañad a la Cruz Divina y Redentora por vuestras calles y plazas, recogeos en lo más profundo de vuestros corazones y cuando miréis al Paso, ved la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
            Hermanos cofrades, la Cruz de Cristo es nuestro mejor estandarte, en ella va el hermano necesitado, enfermo, marginado, necesitado de todo y de todos, salid al encuentro de la Vera-Cruz, y os encontrareis la fe de unos hombres y mujeres pidiendo por todos. Oíd esa noche del Martes Santo aquellas palabras: “No temáis, yo estoy con vosotros”.
            Pero, silencio, la Cruz Divina llega hasta nosotros, heraldo de nuestra fe católica. El paso ha empezado a moverse. La voz se apaga para ver los nazarenos penitentes.

La Cruz en el alto,
signo de nuestra fe,
acércate a admirarlo,
rezo o estoy llorando
dolor del Martes Santo
que sales por primera vez.

Miércoles Santo

            Para acompañar a Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad, tambores y cornetas, desde la Ermita de Jesús. Cristo va caminar su Pasión, y la casa de Jesús está a la vista. Jesús tiene la frente ensangrentada por la corona de espinas, cada paso irán saltando las estrellas que esta noche serán pañuelo para secar el rostro de Cristo. Jesús con la Cruz a cuestas por nuestras calles de Montijo. Salid, hombres y mujeres, ser Cirineos para ayudar al Nazareno. Detrás, la Virgen de la Piedad, costaleros jóvenes llevan sobre sus hombros a la Virgen.

Cargado con un madero
y coronado de espinas
por los pecados ajenos
hacia el Calvario camina
el Divino Nazareno.
La Virgen viene rezando,
por las calles de Montijo
su pena va caminando.
Piedad, vas rezando
por el sufrimiento de Tu Hijo.

            Jesús Nazareno, Montijo en esta noche se hará penitente para alumbrar a Jesús cargado con la Cruz. Cruz de Amor, de comprensión, de entrega. Cruz que durante todo el año Cristo entregándose a nosotros, por eso, Montijo limpiará el rostro de Jesús, nosotros seremos costaleros para Cristo. Detrás la Madre de Dios, la Virgen de la Piedad. Revuelo de oraciones desde la Ermita de Jesús. A lo lejos nuestros campos extremeños querrán saltar de emociones para acompañar a Cristo y María. Ya se aproxima la madrugada del Jueves Santo, día de recogimiento. Cofrades de Montijo, vivid con entrega hacia vuestras Cofradías; sentiros llenos de Dios al poneros vuestras túnicas; veréis de cerca de Dios.

El pregonero durante su intervención. (Foto: Sanfer)
Jueves Santo

            La Parroquia de San Pedro se convertirá en el Cenáculo del Señor. Jesús está orando, arrodillémonos ante Jesús en el Sagrario, monumento donde está el Divino Cordero.
Por cantar tu dolor,
Montijo se hace clavel,
la saeta es oración
que se eleva hasta caer
a los pies del Redentor.

            Clavel herido en esta noche del Jueves Santo en Montijo, pena y dolor en este día, Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores.

Jesús, yo veo en tu
agonía, Cristo de la Cruz,
amor y luz, Cristo en la Cruz,
Jesús, perdónanos a todos,
caminas Tú.

            La Virgen de los Dolores, azahar herido en esta noche, para ti tengo un pañuelo para secarte esa herida.
La Virgen de los Dolores,
viene llorando su pena,
sacad Montijo los pañuelos,
secad las lágrimas de María.

Montijo cerrará la procesión con la Hora Santa, arrodillados ante Jesús en el Sagrario, mientras la madrugada llena todo Montijo.

Viernes Santo

            Silencio profundo, Jesús está muerto, luto por las calles de Montijo, desde la Ermita de Jesús saldrá el Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores. Jóvenes de Montijo, hombres costaleros que vais a llevar al Cristo Yacente, entierro de Jesús en Montijo, de mi garganta le digo al Cristo Yacente:

Con blanco lienzo de lino
le hicieron una mortaja
y con aromas muy finos
el Santo Cuerpo embalsaman
de aquel Cordero Divino.
Yo me uno a todos tus dolores
Madre del Mayor Dolor,
que quisiste amorosa
cambiar por lirios las rosas
por amor al pecador.

Viernes Santo, Procesión de la Soledad. La Virgen de luto.

No estás sola, Soledad,
Montijo está contigo,
tus sufrimientos son los míos,
los dos vamos caminando,
déjame que te ayuda, Soledad.
Soledad, voy contigo
que de niño te quiero
y voy de Cirineo con tu Hijo.

            Y luego la alegría de la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. Cristo ha resucitado, repican las campanas, el encuentro, la alegría, la resurrección, la vida, una vez más hemos renovado nuestra fe.
            Quiere este pregonero, terminar su proclamación de la Semana Santa de Montijo subido en el balcón y convertir su oración en saeta:

¡Si yo pudiera Señora,
ser tu paso de palio!
De mis dos brazos te haría
los varales torneados,
de mis ojos, luz de cirios,
jarras de plata mis manos.
Con el oro de mis versos
todo un poema, tu llanto.
Mi juventud volandera
fleco y borla de tu palio
y con mi sangre brazadas
de claveles ilusionados.
Mi corazón delante
como capataz de tu Paso.
Y el alma…, esa la pondría
pañuelo blanco en tus manos
para que en ella enjuagasen
tus lágrimas y yo bebiera tu llanto.
¡No llores Madre Bendita,
que contigo yo estoy llorando!





Ilustre Junta de Cofradías de la Semana Santa Montijana, ¡Cofrades y Hermanos!, ¡Señoras y Señores!, ¡Amigos todos!

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pregón es “la promulgación o publicación que en voz alta se hace en los sitios públicos de una cosa que conviene que todos sepan”; en una segunda acepción se nos dice que es “la alabanza hecha en público de una persona o una cosa”. Intentaré, conforme a sendas definiciones, cumplir con mi cometido.


EL PREGONAR Y SUS CIRCUNSTANCIAS

            Pregonar, anunciar, proclamar,…, comprometida misión cuasi profética. Y grave responsabilidad: pero aquí estoy entre vosotros con la pesada cruz del pregonar. Pero honroso honor: ser el primer pregonero de vuestra Semana Santa en momentos de relanzamiento cofradiero. No podía negarme a la amable invitación que me hicisteis llegar a través de un alumno mío distinguido de Magisterio, Don Pablo Iglesias Aunión, que compagina estudios con ansias apostólicas; a través de ese montijano de pro que es Don Manuel García Cienfuegos, en cuyo libro “Montijo. Notas de interés histórico (XVIII-XIX)”, que se apresuró a enviarme presurosamente, así como en vuestras revistas Semana Santa Montijo 87 y 1988, que él mismo coordina y dirige, he aprendido cuanto en estos momentos se de vuestras Cofradías y Hermandades; a través de vuestro párroco, de San Pedro, Don Emilio Rodríguez Benítez, otro compañero en San Atón y siempre entrañable y apreciado amigo.
            En un sitio público concreto: esta recién estrenada y flamante casa de la Iglesia de Montijo en Extremadura. El concepto de casa evoca un ambiente familiar; reforzado por el determinante de la Iglesia; Iglesia es reunión, asamblea de gentes unidas por una fe común. Montijo es el lugar, el terruño. Amor al hogar, a la familia, al pueblo, que hace ahora sesenta años formulara un hijo de esta localidad. Escribía él, en aquel tiempo de incipiente afirmación regionalista, lo siguiente:

“Prescindiendo de aquellos hombres que hacen vida bohemia…, exceptuando a ciertas personas que … profesan ideas desequilibradas, el resto de los mortales sentimos un amor puro y sincero hacia nuestro término, siempre bendito, sentimos un gran amor hacia el terruño, ya que en su seno yacen las cenizas de nuestros mayores, de nuestros héroes, de nuestros sabios, de nuestros santos, de nuestros mártires…; ya que bajo este cielo azul y limpio de Extremadura en donde flota un sol esplendoroso de rayos abrasadores hemos sentido la tierra y dulce melodía de la canción de cuna entonada con hermosas palabras de nuestra madre querida…; ya que en el pueblo y en el hogar encontramos nuestros amores, nuestros afectos, nuestras alegrías, nuestro cariño, nuestros consejeros, nuestros maestros, nuestros directores y todos aquellos seres que han contribuido, con sus buenos ejemplos, para hacernos unos hombres de bien.” (Fomento de la Unión Regional Extremeña, Badajoz 1919)

            Extremeños, montijanos, hombres de bien, rebosantes de energías humanas y religiosas… Montijanos de ayer y de hoy, del primitivo asentamiento en las proximidades del “Anas” (Guadiana), del antiguo vicus romano-visigodo, con su iglesia, la más antigua, de San Isidoro, montijanos emigrados por la presencia árabe-musulmana y retornados en virtud de las armas del rey cristiano y de la Orden de Santiago, a cuya institución fue donada vuestra villa, fundando en ella la correspondiente encomienda. Montijo santiaguista. Paralelismo de Vírgenes de Guadalupe y Barbaño. Sería con el ascenso mesteño y la Ley de Posesión fundamentada en la Real Cédula de 1480, junto con la Ley de Arrendamiento de 1501 cuando comenzara la historia, larga historia de Montijo, de la Extremadura saqueada…
            Los problemas hacendísticos de la Corona, derivados en parte de una política imperialista, propiciaron la venta de vuestra Villa y su posterior transformación en Condado, agraciados sus poseedores, desde finales del XVII, con la merced de Grandeza de primera clase. ¡Montijo señorial, Estado de Montijo! Pero ¿de qué sirvió al pueblo de que sus señores además de los derechos señoriles, tuvieran licencia para vestir cualquier ropa y usar cadenas de oro y llegaran a ser Capitanes Generales de la Frontera de Extremadura y Superintendentes de Rentas Reales de la misma…? El dominio señorial, con el agravante de sucesivas sublevaciones y guerras, ocasión de portentosas hazañas del valiente Bernardo del Montijo, transformaron vuestros campos en placer de caza para reyes y en desolación inaguantable para sus gentes…
            Disuelto el régimen señorial, los montijanos de finales del XIX y comienzos del XX, toman conciencia de la situación de postración y atraso. En 1918, unánimemente, la Sociedad de Obreros Albañiles de Montijo, la Sociedad de Obreros Ganaderos, la Comunidad de Labradores y algún propietario a título personal, reivindican el engrandecimiento de la región, el grado máximo de libertad e independencia para el pueblo, el florecimiento de la agricultura,, el desarrollo industrial, la unión, la capacidad empresarial, el pan de la cultura y de las ideas en la inteligencia para forjar corazones de hierro, honradez en los políticos y buena administración de los asuntos públicos.
            Tras años de resistencia, radicalismo, comportamientos inciviles y fratricidas, y la subsiguiente represión, en los años cincuenta se hace realidad la larga esperanza del regadío en las Vegas del Guadiana, dotando a Montijo de un canal para llevar a cabo la colonización de esta fecunda tierra. No es esta circunstancia propicia ni soy yo quien para decir si el Plan fue técnicamente perfecto, ni para discutir el modo ni medios con que se llevó a cabo, y ni si se ha sacado y está sacando la rentabilidad que era de esperar. Una cosa parece cierta, que el Plan, con todas sus limitaciones, carencias y crisis subsiguientes, está en la base del relativo resurgir de algunos pueblos, que la esperanza del regadío se ha hecho realidad y que hoy por hoy Montijo es capital de las Vegas Bajas, con buenas perspectivas de futuro: anteayer mismo leía con satisfacción la noticia relativa a la posibilidad de instalar aquí una fábrica de forrajes de alta tecnología (HOY, 24-03-88).

            Esta recuperación socioeconómica y cultural va acompañada de un revival cristiano y ciertamente de la Semana Santa, como veremos, porque las creencias religiosas son parte constitutivas del hombre, porque el hombre es un ser destinado hacia alguien que es Dios. Y esto es así incluso en un mundo moderno, cada vez más desclericalizado y laico, en una España expeditiva y fulminantemente menos católica, resultante de la adecuación entre cambio social y religión, manifestación del complejo esnobismo ibérico. (El Globo, nº 26, 1-7 abril 88). En tales circunstancias sería deseable proseguir el desbloqueo de la fe cristiana, secuestrada por una cierta cerrazón y reacción y promover un tipo de hombre solidario desde una conciencia aguda del dolor de la humanidad, de las desigualdades y de las injusticias institucionalizadas. Por la parte contraria,, y siempre desde mi personal punto de vista, resultan más que cuestionables muchos de los aspectos del análisis de Luckmann sobre lo que él denomina “religión invisible”.

CONTENIDO ESENCIAL Y TEORÉTICO

            Pregonar decíamos, pero ¿el qué?. Algo que debéis saber, que sabéis todos: que nos encontramos en el umbral de la Semana Santa, con el núcleo central del Triduo Santo: los tres días santos, del Jueves, Viernes y Sábado que nos conducirán a la Pascua, al paso de Cristo de la Muerte a la Resurrección, acontecimiento neurálgico de nuestra fe cristiana, que tiene un protagonista singular y único, Jesús de Nazaret, el Cristo.
            Podríamos hablar de Jesús en el contexto de la historia, del cristianismo como religión misionera, de la impregnación de la filosofía por la fe en los Padres de la Iglesia, del choque del cristianismo con el gobierno imperial romano, etc, etc.
            Me limitaré a esbozar entre vosotros una cristología que os pueda servir de guía marco, la más sencilla y la mejor formulada de cuantas en otros tiempos afanosamente busqué, (CH. DUQUOC, Jesús, hombre libre).
            El referente es Jesús de Nazaret, el hermano, el libertador, el compañero que hizo el bien en Galilea, comprometido en la lucha contra los opresores, el hombre libre (la libertad de Jesús, expresión de la conciencia de sí mismo), el hombre comprensivo que aceptó todas las debilidades. El mismo Jesús que hoy e ídolo de jóvenes y mayores, de hombres y mujeres, de campesinos y artesanos, empresarios y profesionales, de hippies. Este Jesús, luchador en la tierra y por ello signo de contradicción, resultó conflictivo y molesto para determinados sectores y poderes políticos-religiosos; fue sometido a un proceso, condenado a muerte y crucificado, pero resucitó, convirtiéndose en Cristo, el Mesías, el enviado del Padre para hacer pasar a este mundo, de la esclavitud a una novedad radical inimaginable, instaurar en él el Reino de Dios. De esta forma Jesucristo es el Jesús perennemente vivo, el rostro humano de Dios, que hace al hombre libre, el garante de nuestra liberación; liberación de dioses falsos, del odio.
            Este es, pues, mi pregón, esta es mi confesión y mi testimonio, el de Pedro:

“Tenga pues, toda la casa de Israel la certeza de que Dios hizo Señor y
Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado” (Hech. 2,36)

            Tenga, pues, todo Montijo la certeza de que Dios hizo Señor y Cristo a este Jesús. La hermenéutica tiene una doble y única cara: la de la Cruz y la de la Resurrección.
            A rememorar, a revivir este tremendo y fascinante misterio viene la Semana Santa, y esto lo hace el pueblo de Dios, la asamblea de creyentes, por medio de los Oficios y lo representa por medio de las Procesiones, quizás, aún hoy, la tradición ibérica que se conserva más viva, más pujante, más auténtica. Bastó, después del colapso del siglo XIX, que en los años sesenta, un granadino venido a vuestra tierra os estimulara sobre qué se podía hacer para que de las cenizas surgiera de nuevo la llama.
            Lo uno y lo otro, Oficios y Procesiones, son expresión de una “religiosidad”, que impulsan y protagonizan toda una serie de asociaciones denominadas Hermandades y/o Cofradías, a través de un complejo simbólico ceremonial, penitencial o festivo, indicadores de evidente fervor religioso.
Constando este hecho hay que acercarse a él con respeto y admiración, por cuanto al tratar de analizarlo, de “cuadrarlo” metodológicamente, de someterlo a un sondeo antropológico-científico corremos el riesgo de empobrecerlo e incluso de desfigurarlo. Hay que tener presente que la ciencia socio-religiosa es en última instancia u  intento de objetivar lo subjetivo, de racionalizar lo sentimental y esto es siempre comprometido. Por lo dicho, además de por desconocer Estatutos, funcionamiento, etc., renuncio a todo esquema explicativo e interpretativo que pudiera resultar medianamente satisfactorio y solvente. Me ciño al hecho en sí.

RETAZOS DE TRADICIÓN

La amnesia histórica es uno de los rasgos más claros que definen el presente; hay gentes obstinadas en no volver la vista atrás; otros en minoría, por el contrario, se obstinan en permanecer atrincherados en el pasado. Ni lo uno ni lo otro. Hemos de conocer el pasado para encarar el presente. Ésta, presumo, ha sido la intención de un erudito local, que aventaja en el quehacer histórico a muchos profesionales, quien ha rescatado del polvo del olvido nada menos que dieciséis Cofradías existentes en el Montijo del siglo XVIII. Eran las siguientes, en sucinta enumeración: Nuestra Señora del Rosario, Concepción, Santa ana, Mártires, Dulce Nombre, Santísimo Sacramento, Jesús Nazareno, Belén, Cristo de la Buena Muerte, Ánimas, San Gregorio, Nuestra Señora de los Remedios, Vera-Cruz, Señor Santiago, San Antonio y Nuestra Señora de Barbaño.
            Dos de ellas, Santísimo Sacramento y Vera-Cruz aparecen documentadas ya en el año 1588, y es probable que algunas de las dieciséis se remonten a la Edad Media, a la etapa santiaguista, época de mayor fe que la nuestra. En efecto, entre los siglos XI-XIII se institucionalizan en occidente Cofradías, Órdenes de Caballería y Terceras Órdenes. A partir de 1260 surgen en Peruggia y Roma los flagelantes, expresión de cómo los cristianos de aquellos tiempos sienten la necesidad de la penitencia ante determinadas desgracias públicas, que interpretaban como castigo de Dios. García Cienfuegos alude a la “Procesión de la Sangre” que tenía lugar en Montijo el Jueves y el Viernes Santo, similar a la que se celebra en Arroyo de la Luz, según los Estatutos que aún se conservan, procesión antaño extendida por muchos pueblos y aldeas de España y que se han prolongado hasta nosotros, reducida a singulares excepciones: la de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz de los Disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra en la Rioja, “los picaos” riojanos y los “Empalaos” cacereños, de Valverde de la Vera, estos con otras posibles connotaciones… En el siglo XIV alcanza su cumbre la representación de los Misterios Cristianos, las representaciones Sacras, entre ellos el Misterio de la Pasión, que se conserva universalmente el piadoso ejercicio del Vía-Crucis, iniciado por los franciscanos en Jerusalén y difundido a todo el orbe católico (A SAUDREAU, La Piétè à travers les âges).

            Hay certeza de la existencia de otras cuatro Cofradías en Montijo, aunque no se puede probar documentalmente. Son las siguientes: Virgen de los Dolores, Señor Resucitado, Virgen del Carmen y Virgen del Pilar.
            Es posible que haya existido aún otras más, pero ni se las conoce, ni se las recuerda por tradición.

SEMANA SANTA MONTIJANA

            Vuestra Semana Santa es, pues, como un libro abierto en el atril de la historia y del presente. Sois testamentarios de la fe acendrada de vuestros mayores y también herederos de vuestras tradiciones.
            Ayer mismo se me preguntaba, en entrevista radiofónica, si existen influencias castellanas o andaluzas, en la Semana Santa de Montijo. Si se dan peculiaridades propias. No lo sé… Lo que sí sé es que tiene que ser cristiana y montijana, porque en la Procesión la Iglesia se hace pueblo y cada pueblo tiene una manera sui generis de manifestar sus sentimientos, una especial manera de expresar sus viejas creencias. Lo cristiano y lo montijano debe ser quintaesencia de vuestra alma colectiva, del alma popular.
            Y Montijo entra en la Semana Santa con sus cinco Cofradías y Hermandades:
- Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad.
- Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores.
- Hermandad del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores.
- Cofradía de Jesús, Hombre, Salvador.
- Cofradía de la Vera-Cruz.
            Hermanos y cofrades, vosotros sois el hilo conductor de la trama semanal que se avecina, “quijotes de lo divino”, sobre cuyos hombros hercúleos descansa la organización, la brillantez de cuanto va a tener lugar. Para vosotros mi modesta palabra de estímulo y alabanza. ¡Seguid así de fervorosos y entusiastas!

PASOS Y PROCESIONES

Cofradía Jesús Hombre Salvador para la Procesión del Domingo de Ramos.
Jesús montado en la popular y entrañable “burriquita”, camino de la Ciudad Santa de Jerusalén. Es, debe ser, una manifestación acogedora de alegría, acompañando a Jesús que nos trae la salvación.

Cinco siglos antes lo había dicho el Profeta:

“Alégrate hija  de Sión:
Lanza gritos de júbilo, hija de Jerusalén;
He aquí a tu Rey, a ti viene,
Humilde y montado en una asna y su pollino”.

            Una Cofradía feliz y acertadamente abierta a los niños. Niños nazarenos, con túnica blanca y capuchón verde, gritando: ¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Niños, tierna rama que pronto será árbol corpulento. Cofradía, experiencia  y noviciado para futuros hermanos de escolta y de luz.

Cofradía de la Vera-Cruz: Yo quiero saludar con especial cariño a la Cofradía benjamina de Montijo. El Martes Santo del próximo año, de la Parroquia de San Gregorio saldrá la Vera-Cruz. Benjamina pero rancia, ya que se remonta a tiempos pasados. En todo caso tened presentes la bella frase de Agustín de Hipona: “Dios es más joven que todo…” y detrás de vosotros, estoy seguro, vendrán más. Ya está diseñada la indumentaria cofradiera: hábito morado con gorro, túnica con gran cíngulo anudado en el centro y sandalias “para recordar el origen franciscano de esta Cofradía”. Toda la espiritualidad montijana está transida de franciscanismo, efecto del cercano Convento radicado en Loriana.
            García Cienfuegos ha puesto certeramente de manifiesto “la influencia franciscana en la fe de los montijanos desde el siglo XVI con motivo del Primer centenario de la Orden Franciscana Seglar en Montijo. Francisco de Asís una de las fuentes más limpias de espíritu evangélico y de vuelta al cristianismo primitivo con su voluntad de vivir el Evangelio sin glosas, sin referencias terrenales, desposándose con la pobreza. En un mundo corrompido por el poder y la violencia rechazó el juramento feudal, el servicio de las armas e incluso la autoridad y dominación entre sus frailes en su Regla primitiva…
            Cofrades de la Vera-Cruz, vosotros aportáis la pobreza franciscana y además el espíritu del “poverrello” de Asís y su gran amor seráfico, y esto es algo trascendente, , porque como dijo el poeta:

“…Amor que no tiene al fin
Otro fin en que parar,
es el más perfecto amar,
que al fin, es amar sin fin”.

La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Piedad.
Solemniza la noche del Miércoles Santo con salida desde la Ermita de Jesús. Preludios inminentes de Pasión y Muerte. Bella talla de Jesús de Nazaret, peregrino de amor, su frente ceñida con corona de espinas y las potencias en la cabeza. Composición idónea para acompañar y reflexionar en silencio.

“Como en el cielo de la noche el techo
del áureo Camino de Santiago
-polvo de estrellas- va sobre tu frente
la Corona de Espinas irradiante de luz.
Nuestros pecados son las púas
que hacen brillar la sombra de azabache
de tu cabeza en Nimbo…”
(M. Unamuno, El Cristo de Velázquez)

            Junto a Jesús, la Piedad, bosque de ternura, la madre que acompaña y comparte, primer testigo de la fe en su hijo y de la esperanza en la salvación. Decidla filialmente a su paso:

“María, aquí me tienes
sin velos en el alma…”

            Y en la sombra de la noche primaveral o al reflejo de la luna, jóvenes, muchos jóvenes, y en la retaguardia las Camareras, alma de esta Cofradía, cooperadores insustituibles, madres, esposas, hermanas o novias de los nazarenos de Jesús.
            El inicio del Triduo Santo, Jueves, lo abrillanta la Procesión del Santísimo Cristo de la Agonía y María Santísima de los Dolores, de la Cofradía del mismo nombre.
            Permitidme recordaros previamente que ese día es el dia de la Eucaristía, en la que se revive y hace presente la Pasión, Muerte y Resurrección, el día en que se nos dio y da en la Cena del Señor la:

“Hostia blanca del trigo de los surcos
Del desierto, molido por la muela
del dolor que tritura; pan divino…”

Y día del Amor; amor de Jesús, amor de Dios:

“Amor de ti nos quema, blanco cuerpo;
amor que es hambre, amor de las entrañas…”

Y amor fraterno, amor de hermanos, sin límites: “Amaos como yo os he amado…”
“Danos Señor acucia tormentosa de quererte…”  (y de querernos, añado yo a los versos unamunianos).
            Getsemaní, soledad de la agonía, silencio en la tierra y en el cielo, abandono. Hay silencios más dolorosos que un martirio, como dijo mi paisana Teresa de Ávila.
Cofrades de túnica negra, presagio de Muerte, capuchón rojo, guantes blancos y cíngulos de esparto…
            Y junto a Jesús, María corredentora del género humano, con un semblante de dolor en la expresión que sublimiza la pena:

“Tiene una pena esta Virgen
tiene una pena tan grande
que no hay pena entre las penas
con quien pueda compararse”.

            Mujeres de la Pasión, señoritas de Montijo, poned vosotras y mantened la sal y gracia de nuestro Jueves Santo español, con la tradición que se os va, de las peinetas y mantillas en las calles:

“Mantillas viudas de aromas
rejas abierta al cielo,
mantillas de blondas suaves
mecidas al terciopelo
de la tarde estremecida
del Jueves Santo en silencio”.(J. Trenas)

De Getsemaní camino del Calvario:

“Hacia el Calvario camina
con sudor ensangrentado
suave luna ilumina
el color amoratado
de su triste faz divina”.(Saeta popular)

En el Gólgota: Crucifixión, Sangre y Muerte. Todo está consumado. Con la Procesión del Santo Entierro y la posterior de La Soledad, vivenciáis el Viernes Santo, protagonizado todo por la Hermandad del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores.
            Montijanos, caballeros del Santo Sepulcro, llevad y custodiad al Divino Yacente, dejaos empapar de la Sangre y Muerte de Nuestro Cristo desangrado, que la dio todo por amor:

“…Cristo desangrado
que el jugo de tus venas todo diste
por nuestra rancia sangre emponzoñada”

Asíos a Cristo, si queréis la salvación:

“Eres Tú, de los muertos, primogénito,
Tú el fruto, por la muerte ya madura,
Del árbol de la vida que no acaba,
Del que hemos de comer si es que quisiéremos
De la segunda muerte vernos libres”.
(M. Unamuno, op.cit.)

Jóvenes costaleros del Cristo Yacente, cirineos de su cuerpo muerto por nosotros, manteneos firmes y fuertes en vuestra fe, la única que obliga, la única que compromete… Vosotros sois “viril” del Hombre Dios y alfombra de su Cuerpo, para que no se lastimen sus miembros en el sendero. Permitidme evocar “el rumor de recias pisadas”. Vuestros gritos silenciosos de “¡Tenemos que seguir, hay que aguantar!”, de la Noche del Viernes Santo.
            Jóvenes montijanos, hoy cuando los condicionamientos sociales son contrarios a toda expresión religiosa, a todo testimonio de fe, vosotros desdecís y cuestionáis los datos estadísticos y sociológicos que apuntan hacia una vivencia religiosa rebajada en la juventud, eso que se ha dado en llamar Light escéptica ante los llamamientos al heroísmo y decididamente alérgica a los arrebatos románticos.
            Unos y otros, todos acompañareis al final de esta jornada a esa perla artística de la Virgen de los Dolores, en su densa soledad de corazón, ignominiosamente desmadrado. Os lo diré con versos de una celebrada poetisa local:

“Ella ha sufrido contigo.
Ella ha sido el testigo
de tus dolores, Jesús.
Ella ha sufrido en la Cruz
para evitarme el castigo”.
(Laly González-Castell Zoydo)

EPÍLOGO

El ciclo pascual no concluye hasta el Domingo de Resurrección. Hecho en falta, a ser sincero, una Cofradía, la del Señor Resucitado que existió en tiempos pasados, que organice y dé toda la majestuosidad que merece a la Procesión de Jesús Resucitado. Triunfante como le plasmara M. Benlliure y los Encuentros, a la vez que rescate, actualizando las anteriores tradiciones de júbilo y confraternidad ciudadana.
            Este es el epílogo de mi pregón:

¡resucitó, resucitó, resucitó!
¡aleluya, aleluya, aleluya!

            La sociedad española ha tendido siempre ha conmemorar con más entusiasmo la Muerte que la Vida; el Dolor que la Pasión que la Resurrección. Los cristianos somos seguidores no de un hombre muerto, sino de un ser perennemente vivo, somos una comunidad de redimidos que profiere himnos a su Señor e irradia, debe irradiar, contagiosa alegría:

“Yo os daré mi gozo
y nadie os lo podrá quitar”

Por vosotros y por mí la última plegaria de este primer pregón:

“Estando ya en tu reino,
De nosotros acuérdate…recógenos
y con tus manos lleva nuestras almas
al silo de tu Padre.
Hijo del Hombre, Humanidad Completa,
en la increada luz que nunca muere;
mis ojos fijos, en tus ojos, Cristo”.
(M. Unamuno)



He dicho.
Gracias, muchas gracias.



Fotos:
José Manuel Lavado Lozano
Pedro G.R.
Sanfer
José Antonio
Matas
Archivo Hermandades y Cofradías de Montijo.

Videos:
José Manuel Lavado Lozano

Textos:
Pedro G.R.
Santiago Fernández Rodríguez

Bibliografía:
Revistas de la Semana Santa de Montijo 1987-2011
Pedro Quintana Parejo


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