viernes, 24 de febrero de 2012

VÉRTIGO


Hace unos días, el telediario nos obsequió con una noticia inquietante. Era una “buena noticia”, o así al menos la transmitía el reportaje, donde se relataba la peripecia de una pareja deseosa de tener un hijo. Hasta aquí todo normal, pero tal deseo se había convertido en noticia digna de “prime time” porque el esperado vástago guardaba en su ADN -tras un delicado proceso de selección e ingeniería genética- la cura de su hermano mayor, seriamente enfermo y con pocas probabilidades de sobrevivir si alguien genéticamente compatible no cedía las células madre idóneas para regenerar su médula.

Comprendo a los padres, y comparto que el deseo de tener un hijo se vea acrecentado si el nuevo niño puede salvar la vida a su hermano mayor. Está en la memoria de la especie -de todas las especies- guardar la progenie a toda costa, pero inquieta pensar que en un laboratorio pueda diseñarse, o preverse con casi total exactitud, la constitución genética de una persona.

Debido a mi desconocimiento sobre esta materia -la genética, la ingeniería y sus técnicas- me hago la siguiente pregunta: ¿para la elección del embrión que porta la cura de su hermano habrán tenido que descartarse, y eliminarse, otros embriones? Si ello fuera así, desde luego la cuestión se complica sobremanera, pues para salvar al niño enfermo habrán tenido que sacrificarse un determinado número de personas en potencia, de óvulos ya fecundados que sólo esperaban la luz verde de la biología -o la decisión del ser humano, he ahí el drama- para ejecutar el programa de desarrollo acorde con su naturaleza. Me consta que las parejas con problemas reproductivos guardan, congelados, los óvulos fecundados una vez que ya han conseguido el primer hijo. Durante un determinado tiempo pueden mantenerse tales óvulos “en la nevera” esperando la decisión de sus padres, que se bifurca en dos posibilidades: la destrucción o la donación a la ciencia.

En el caso de que la pregunta arriba formulada recogiera, como respuesta, un sí –“hay que eliminar óvulos fecundados hasta llegar al idóneo”– estaríamos ante un acto de eugenesia. Con todo, el caso de las parejas anteriormente descrito, en el que un segundo hijo puede esperar -o no- en el congelador durante un periodo de tiempo determinado suscita un vértigo moral que, desde luego, ni está en los medios de comunicación, ni en la calle ni, desgraciadamente, en las casas.

No voy a ponerme visceral ni radicalmente en contra de estas decisiones tomadas a partir de dramas vitales sobre los que sólo cabe el más profundo respeto. Pero tales decisiones me resultan vertiginosas, me llenan de dudas y, desde luego, me confirman que debemos afinar nuestra Ética para ofrecer argumentos sólidos, y comprensibles, sobre lo que es bueno y malo para el Hombre.

Por otra parte, conviene también tener en cuenta el dilema existencial de la persona que, a la postre, acabe enterándose de que nació por, y para, salvar a su hermano. Habría que aprender a vivir sabiendo que uno fue “un bebé medicamento” y que su concepción se inspiró –no exclusivamente, pero sí esencialmente en un principio utilitarista.

Lo que sí me repugna de todo este problema moral y ético es la frivolidad con que aparece descrito en los medios de comunicación. Porque el telediario de la primera cadena de TVE, donde surgió la noticia, en ningún momento puso sobre la mesa el conjunto de dudas que sucintamente he formulado aquí. Vestir un dilema moral de “buena noticia” es un atentado sutil, pero profundo, contra la dignidad del ser humano.


Alfonso Pinilla García



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2 comentarios:

  1. Me parece interesante la reflexión, y en ciertas cosas estoy de acuerdo contigo, ¿es bueno que persigamos la creación de superhombres?.
    Pero también creo que se debe ser menos estrictos y dejar fluir más la lógica en ciertos conceptos y valores (algo que no se hace mucho en la religión) Cierto es que tiene la misma vida un embrión que un niño o un adulto, incluso que una planta o un animal....pero creo que aquí es donde entra en juego la lógica y el sentido común, habrá que perseguir aquello que sea menos traumático para el hombre, y siendo sinceros en este caso me parece buscarle tres pies al gato si se piensa primero en las células que se pueden perder hasta llegar al embrión acertado o, mas aún, hablar de que pensará en el futuro bebé.....estoy convencido que mal seguro que no se siente.
    A lo que voy, si seguimos dando importancia a pequeños matices y obviando problemas reales, en los cuales podemos hacer más, seguiremos poniendo obstaculos absurdos a contribuir con la sociedad en su mejor funcionamiento.

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    1. Gracias por comentar este artículo.
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