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viernes, 13 de septiembre de 2013

14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Cruz

Reflexión de lo que simboliza la Cruz para un cristiano

En tiempos de los romanos la cruz era símbolo de maldición y de muerte. Después de Jesucristo se convirtió en símbolo de vida y de salvación.

La Cruz identifica al cristiano. En el paraíso un árbol engendró la muerte, en el Calvario un árbol seco engendró la vida.

Según los Textos Sagrados Cristo muere en la Cruz para la salvación del género humano. Muere, pues, para liberar al hombre del pecado original.

La Cruz estaba realizada con madera del árbol del conocimiento del paraíso terrenal, o de alguno nacido de sus semillas. E incluso se llega a decir que Adán fue enterrado en el lugar de la crucifixión. Por tanto, la calavera que suele aparecer al pie del madero encierra una doble significación. Por un lado alude al Gólgota, “el lugar de la calavera”, y por otro representa la propia calavera de Adán.

Jesús, clavado en el madero, cura las heridas del pecado. Donde reinó la muerte, ahora reina la vida.

La Cruz nos reúne para confesar y renovar nuestra fe. La Cruz es el cayado que nos guía por la senda de la verdad y de la justicia. La Iglesia nos invita a contemplar en silencio el misterio de la Cruz, a dorarla con fe y amor por que ella nos ha salvado


“Era el día de la preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilatos: Aquí teneis a vuestro rey. Ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale!. Les dice Pilatos: ¿A vuestro rey voy a crucificar?. Replicaron los sumos sacerdotes: No tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
Tomaron pues a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí le crucificaron junto a otros dos. Pilatos redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: Jesús el nazareno, rey de los judíos. Esta inscripción la leyeron muchos judíos porque el lugar estaba cerca d la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego (…).
Los soldados después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada oldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: No la rompamos, sino echemos a suerte a ver a quién le toca. Para que se cumpliera la escritura:
Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica.
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella el discípulo a quien amaba, dice a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la escritura, dice: Tengo sed.
Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza entregó el espíritu.”
(Evangelio según San Juan 19, 14-30)

Pedro González Gallardo
La imagen de la Cruz


Cruz de Guía, Cofradía Nazareno y Piedad, Montijo
(Foto: Jesús Lázaro Izquierdo)


Cruz de Guía, Hermandad de “El Silencio”, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)
  

Cruz de Guía, Hermandad de la Vera Cruz, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)
  

Santo Lignun Crucis, Hermandad de la Vera Cruz, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)


Ntro. Padre Jesús de la Salud, Hermandad de “Los Gitanos”, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)
  

Ntro. Padre Jesús Nazareno, Cofradía Nazareno y Piedad, Montijo
(Foto: Demetrio Crego)


Stmo. Cristo de las Tres Caídas, Hermandad de la Esperanza de Triana, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)

  
Stmo. Cristo de la Exaltación, Hermandad de la Exaltación, Sevilla
(Boletín Caja San Fernando 1994, Foto: Arenas)





Stmo. Cristo de la Sed, Hermandad de la Sed, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)


Stmo. Cristo de la Agonía, Cofradía de la Agonía, Montijo
(Foto: Pablo Iglesias Aunión)

  
Stmo. Cristo de las Misericordias, Cofradía de la Vera Cruz, Montijo
(Foto: Alejandro Guerra)


Stmo. Cristo de las Misericordias, Hermandad de Santa Cruz, Sevilla
(Boletín Caja San Fernando 1994, Foto: Salazar-Bajuelo)


Stmo. Cristo de la Vera Cruz, Hermandad de Vera Cruz, Sevilla
(Boletín Caja San Fernando 1992, Foto: Gabriel Pou)


Stmo. Cristo de la Fundación, Hermandad de “Los Negritos”, Sevilla
(Boletín Caja San Fernando 1992, Foto: Salazar-Bajuelo)


Stmo. Cristo del Calvario, Hermandad del Calvario, Sevilla
(Foto: Francisco Quintana Simón)



Calvario, Ermita de Jesús, Montijo
(Foto: Pedro González Ramón)


Alusiones Fotográficas:
Pedro González Ramón

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miércoles, 28 de agosto de 2013

Te necesitamos (De Manuel García Cienfuegos)

(Fotografía realizada por VISAM y propiedad de Manuel García Cienfuegos)


Septiembre. Sol grande y amarillo. Mes de latido de uva madurando, en su sacrificio, partos de bodegones de vendimia, que el día 8, en su liturgia, dedica a la Natividad de Ntra. Señora bajo diferentes advocaciones cercanas. Carrión en Alburquerque, Soterraño en Barcarrota, Salud en Fregenal, La Coronada en Villafranca, Estrella en Los Santos, Nieves en La Zarza, y Barbaño en Montijo.
La mañana de azul y plata de finales de agosto, tras el alba donde amanece, ha vuelto, un año más, para iluminar su cara y su belleza madura, regresando de nuevo a nosotros, a nuestra memoria para alegrar nuestros corazones.
Déjame, Señora, transmitir, seguir transmitiendo mi más valiosa herencia de oraciones y promesas, tal y como lo hicieron mis padres, como lo hicieron mis abuelos y sus padres, y muchas generaciones que habitaron el tiempo, los años y los siglos.
Déjame decirte que eres la devoción más antigua y hermosa. Que por ti no pasan los años, eterna vencedora del tiempo. Déjame decirte que eres la madre de los humildes, la socorredora de los pequeños, la protectora de los débiles, la defensora de los desanimados y la salvadora de los desesperados. A los que esperaron y la vida no les dio, les quitó.
Déjame decirte que necesitamos de tu dulzura, de tu ilimitada disponibilidad. Déjame decirte que no te olvides de los necesitados, los hambrientos, los desposeídos y los que sufren. Extiéndele tus manos. Porque vivimos en unos tiempos en los que todos nos necesitamos.
Te necesitamos, Santa María de Barbaño. Te necesitamos para que las manos sigan encontrando pan con el que socorrer a los que están pasando tanto. Pan para remediar las honduras de las miserias de cada día. Te necesitamos para que siga habiendo manos cálidas y palabras de aliento. Te necesitamos porque más allá de entregar un pan, un plato caliente, una manta, hay personas perseguidas por los que se aprovechan de la debilidad ajena. Gente sin escrúpulos que actúan y abusan contra los indefensos. Te necesitamos porque ahora más que nunca tenemos que sanar la degradación que sufren los valores y el deterioro que padecen los principios. Hay tanto que sanar, curar y restañar. Tú lo sabes.
Te necesitamos tanto, Santa María de Barbaño. Por ti, Señora, gracias a ti, seguimos manteniendo la esperanza.


Escribe:
Manuel García Cienfuegos




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domingo, 27 de enero de 2013

Otra estampa en Auschwitz

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció, el día 1 de enero de 2005, en su 42ª sesión plenaria y con el consenso de todos sus miembros, que el 27 de enero de cada año se recuerde el “Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto”. Esta fecha coincide con la llegada, en 1945, del Ejército soviético al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, poco después de que éste fuera abandonado, y en parte destruido para no dejar pruebas, por los nazis. Durante los primeros años de la década de 1940 más de 6.000.000 personas judías fueron asesinadas en el Holocausto nazi. En concreto en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau las cifras estimadas comprenden entre 1.100.000 y 1.500.000 personas. 


A principios de septiembre del año pasado tuve la oportunidad de estar en Cracovia (Polonia) por cuestiones laborales. Durante esta estancia decidimos visitar, junto mis compañeros de Badajoz, Córdoba e Inglaterra, los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. Cuando nos montamos en el autobús para emprender "el camino a Auschwitz", uno se acordaba de la historia de Edith Stein, religiosa carmelita asesinada en agosto de 1942. Además, con el vídeo que nos acompañó durante el trayecto para contextualizar y aportar documentación se nos venía a la cabeza la película “la lista de Schindler”.


La visita comenzaba en el campo concentración de Auschwitz I, en cuya entrada hay una frase en alemán que dice “el trabajo hace libre”. Conforme avanza la visita se aprecia en el antiguo cuartel militar que dicho lugar abortaba las libertades de las personas que allí estuvieron. Edificios, barracones, torres de control, perímetro acordonado por vallas metálicas, patios de fusilamiento, cámara de gas en un subterráneo y un crematorio. Un diseño de unos humanos para asesinar a otros humanos. En una de las paredes del paredón de este campo de concentración vi que había estampas religiosas de Polonia, Italia, Francia, etc. Entonces aproveché para, en nombre de la Junta de Junta de Gobierno de nuestra Cofradía, dejar una estampa con nuestras Sagradas Imágenes en señal de recuerdo de las víctimas fallecidas. 


A continuación, la visita continuó en el campo de concentración de Auschwitz II (Birkenau). Mismo diseño de exterminación en unas dimensiones muy amplias que impactan de manera sobrenatural. Tras la explicación de la persona que nos guiaba, uno intentaba imaginar cómo los trenes pasaban y pasaban, por debajo de un arco, cargados de vagones llenos de personas para su asesinato, para aquello que los nazis afirmaban como su destino final. En el camino de vuelta a Cracovia con los compañeros la charla que mantuvimos estaba llena de comentarios inexplicables de lo visitado, frases inacabadas de lo visitado y sensaciones muy desagradables. Un pensamiento incomprensible de cómo esa tragedia pudo ser realizada por la raza humana. A día de hoy aún cuesta olvidarlo, pero esperemos que este magnicidio no vuelva a repetirse en la historia y tengamos siempre presente la frase de George Santayana: “quien no recuerda la historia está obligado a vivirla de nuevo”.



Escribe:
Santiago Fernández Rodríguez
Administrador de la Junta de Gobierno



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domingo, 13 de enero de 2013

Clara y Dulce Navidad



Siempre me había creído o más bien pretendido un iconoclasta convencido. No es que sea algo que me haya producido ninguna satisfacción, pero tampoco especial desasosiego. Pero me preguntaba por qué a mí no me producían emoción las imágenes o las pinturas tradicionales de la imaginería que siempre ha estado presente en la vida de la Iglesia.

Todo comenzó a cambiar, cuando un compañero y amigo, artista y muy entendido en arte, incluso sin la formación reglada que tuvo posteriormente, me comentaba los simbolismos que dibujaba. Continuó mi cambio, cuando visité por primera vez el Louvre y me di cuenta que algunas de aquellas esculturas que pude ver me impresionaron. El siguiente paso, se produjo el día que me planté ante el Cristo de Velázquez y me di cuenta que me era difícil de comprender una cierta emoción que siempre, además me ha acompañado ante esa impresionante obra de arte (o algo más, que yo no sé). En fin, poco a poco comencé a valorar la imaginería y no solo la eclesial.

Hablar de la imagen de Santa Clara, por lo tanto, ya no me será tan difícil. Además, hablaré de cómo las Hermanas Clarisas de Montijo, han sido capaces de restaurar una imagen, que forma parte de la posesión más preciada de los montijanos. Porque, como me recuerda el amigo Manolo García Cienfuegos, citándome un libro sobre el convento de Antonio Arévalo Sánchez, se trata de una imagen “de muy buena traza. Debió ser adquirida o trasladada de otro lugar tras pasar del estado de beatas al de clarisas. Su morfología barroca descuella en el rico estofado de la túnica, escapulario y manto. Porta aureola en forma de diadema, báculo y ostensorio de plata en su color.”

Las Hermanas Clarisas, al restaurar la imagen, han dado un nuevo valor a Montijo, necesitado de recuperar en su historia, lo que la ha marcado, y el Convento del Santo Cristo del Pasmo, es un activo en eso. En tiempos anteriores, es seguro que Obras Sociales, o Instituciones se hubiesen ocupado de ello, pero no están los tiempos para ello, así que las Hermanas sacrificando otras cosas (nunca, por cierto, la caridad que tan espléndidamente cuidan), decidieron recuperar el esplendor de la imagen.

¿Y cómo lo hacen? De la manera más dulce. Con dulces. La repostería más exquisita que se puede probar, doy fe, aunque yo no deba (la maldita glucemia), pero la carne es débil y los pasteles están ricos, ricos … No deben dejarse mucho tiempo, porque apenas cuentan con los debidos conservantes y claro se estropean si no se consumen .

En fin, que las Hermanas han aportado a Montijo. Es de esperar que los montijanos devuelvan algo de la generosidad de las Clarisas, apoyándolas, sobre todo con su repostería, que por cierto, es muy conocida, yo diría que más y más apreciada que en la propia Montijo. Así que Clara y Dulce Navidad para todos.








Escribe:
Casimiro Muñoz
Sacerdote de la Parroquia de San José, de Lácara 
y Capellán del Convento de las Clarisas de Montijo



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martes, 28 de agosto de 2012

SI TÚ SUPIERAS, MUCHACHA (de Manuel García Cienfuegos)



Nuestra Señora de Barbaño, Patrona de Montijo
 
Lo nuevo y lo antiguo. De ayer, de hoy y de todos los siglos venideros. Las puertas de su casa han ido deshojando el tiempo estrechando la espera. Si tú supieras, muchacha, lo dulce que es esperarte soñando con tu llegada y oírte después llegar. Si supieras, cuando vamos en tu búsqueda, cómo el sol de la media noche convierte en día la madrugada. Sí, muchacha, aurora y esperanza de la mañana. Sí tú supieras

Estás aquí porque nos estabas echando de menos. Estas aquí para que florezcan nuevamente los recuerdos, los sentimientos. Tu belleza vuelve para apoderarse de nosotros. Es el rito de una cita anual bajo la emoción de unos días atravesados por los hilos de la historia que cosen para celebrar el sentido hermoso del gozo que nos traes.

Estás aquí para llenar y rebosar los días de súplicas, gratitud y renovadas intenciones, desde cuando termina agosto, atravesando todo septiembre y llegando hasta el primer domingo con sabor a otoñada y vendimia. No tenemos otra devoción que tenga tantos días destinados a sus cultos como esta bendita imagen.

Fijaos bien. Su madera parece carne. Mirarla es rezarle con los ojos. Parece que ríe, parece que llora. Su rostro femenino y sagrado dicta la lección del testamento legado, custodiado y conservado. Ella ha sabido resistir todas las etapas de la historia. Tiempos tan distintos. Ella lo ha visto todo y lo ha sufrido todo. Tiempos difíciles, complejos, convulsos y muy duros.

Ella sabe de las ausencias que lastiman. Mientras, en el silencio dulce, con sabiduría, ha ido cosiendo las heridas del alma. Porque tú siempre tienes el pañuelo dispuesto para enjugar unas lágrimas. Bendita paciencia, bendita misericordia la tuya, muchacha. En tus ojos caben una eternidad de perdones y consuelos. Ojos que siguen y seguirán ofreciendo segundas y terceras oportunidades. Muchas oportunidades.

Este año estás de estreno. Sí supieras lo que pasó hace ahora ciento cincuenta años. No ves como ríe y salta el que tienes en tus brazos. Está pletórico. Sí supieras. Qué te voy a decir yo a ti, muchacha, sí tú lo sabes todo.





Escribe:
Manuel García Cienfuegos



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miércoles, 8 de agosto de 2012

EL MEJOR SALUDO (Manuel G. Cienfuegos)




Allí está siempre. No hay ventiladores conectados ni música sacra que suene creando una atmósfera íntima que emocione. No, nada de eso. Allí está. Siempre está allí. Muchas veces sola, aguardando, esperando. Allí está para lavar nuestras culpas, consolar nuestras penas, acompañar nuestras soledades, acariciar nuestros recuerdos y revestir de resurrección la memoria de cuantos nos quisieron y quisimos.

Allí está sin cansarse de mirar, de buscar ojos que le devuelvan una mirada. Allí está sin camarín ni retablo. Allí está sin manto bordado de oro, ni plata repujada. Allí está detrás de una reja, en silencio, sabiendo estar, esperando y aguardando.

Allí está la bandera de la ternura que siempre ofrece segundas oportunidades, renovadas inocencias, amaneceres interminables, perdones inagotables, rencuentros eternos, abrazos, regresos y bautismo purificador en las lágrimas que lloramos viéndola.

Allí está siempre esperando el saludo que sabe a beso confiado. Allí está, sola. Allí está, concebida por la luz de Dios, por esa luz clara de las mañanas de verano. Allí está donde el sol de agosto reverbera por las tapias blancas, asomándose a cuantos pasan a través de su azulejo, “Santa María de Barbaño”.

Allí está con los ángeles, recordándonos que Ella, la concebida sin pecado original, habita y vive desde tiempo inmemorial, para anunciarnos bajo proclama de convocatoria, que cada año deja casa y propiedades para venir aquí por invitación de cuantos le amamos. Ella, la joven niña, ha dicho sí, y como siempre lo deja y viene. Pronto, muy pronto vendrá por unos días, para cumplir con un rito muy antiguo que sabe a liturgia solemne. Mientras, allí, sigue esperando.

Dentro de unos días recibirá, cuando esté aquí, muchos fogonazos en su cara. Ella se mostrará inmune ante el peso labrado de la corona y ajena a las agitaciones. Y sonreirá, como sabe hacerlo, como lo hace ahora allí, donde está siempre. Una sonrisa y una mirada que hablan de belleza y hondura. Una sonrisa que se escapa por su boca entreabierta, en la que está cincelada las palabras del profeta “El Señor me ha enviado para vendar los corazones desgarrados”. Por eso cuando esté aquí muchos irán a verla.

Allí está, esperando. Aquí, desde siempre, para decirnos que su Hijo elige a los locos del mundo para humillar a los sabios. A los débiles para humillar a los fuertes. A los plebeyos, despreciados, y a los que no son nada, para humillar a los que son algo, para que nadie pueda engreírse frente a Dios.

Allí, al abrir la puerta y pisar la alfombra, “Ave María Purísima”. Aquí siempre el mejor saludo, “Dios te salve María”.




Escribe:
Manuel García Cienfuegos



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sábado, 7 de julio de 2012

EL BRAZO DE LA CRUZ



Calle Antonio Maura. Miércoles Santo del año 2012. Noche cerrada ya. Silencio. Nuestro Padre Jesús Nazareno, desde que salió la procesión, tiene algún problema en uno de los brazos de la Cruz.


Hay rumores. El brazo se baja. Parece que algún resorte ha saltado en las entrañas del mecanismo que lo sostiene erguido y, por eso, la Cruz queda incompleta, como un árbol huérfano de ramas tras la tormenta.


Abraham, que  estaba bajo las andas del Cristo, sale con el rostro empapado en sudor. Ágil, sube hasta la Cruz y logra, junto a otros compañeros de la cofradía, arreglar el problema.


Hoy, desgraciadamente, aquella escena cobra una excepcional fuerza simbólica, porque es metáfora de una entrega y un mensaje. La entrega inevitable de Abraham a los avatares, muchas veces crueles, de la existencia; y el mensaje preñado de vida que nos lega a quienes le conocimos y, sobre todo, a quienes le amaron profundamente (y pienso, claro está, en su familia).


Aquella Cruz que con tanta premura, y habilidad, recompuso Abraham, hoy es triste y silenciosa realidad para todos los que sienten su ausencia. La muerte es la pesada carga de la nada, el “no ser” vuelto presencia en la memoria. La muerte habla a la vida para recordarnos que todo es levedad, y quizá vacío.


Sólo la fe llena el silencio con el bullicio del amor. Abraham amaba a Dios, su familia ama a Dios, sus hermanos cofrades aman el ejemplo de aquél revolucionario Jesús que, entregándose hasta el extremo, puso en nuestra vida una Cruz para recordarnos que nada es fácil; que vivir es también sufrir. He aquí el madero horizontal de la Cruz, la línea recta –cuando no sinuosa– de una vida que, a la mínima, se nos va por entre los dedos del tiempo. Pero sería insoportable ese horizontal madero sin el vertical, aquél que va del suelo al cielo para dibujar un mundo trascendente más allá de este bosque de materialidades que rodean nuestro existir. Sin fe, es cierto, la vida puede ser una condena.


Y a la fe sólo se llega por el amor. La muerte vence a las células, pero no al amor. Y la Cruz es símbolo de amor extremo, de entrega absoluta que salva. Uno sólo muere cuando deja de amar, por eso las almas que a nadie quieren van errando, solitarias, en el páramo de su indiferencia.


Abraham amó, y a él le amaron, por eso el vacío que dejó su partida queda colmado de gestos, actos y sonrisas. Aquella noche de miércoles santo, Dios eligió a Abraham para sostener la maltrecha Cruz de su Hijo. Quién sabe si en esa metáfora se halla el misterio profundo de la vida eterna.




Opina:
N.H.D. Alfonso Pinilla Garcia



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jueves, 28 de junio de 2012

CREATIVIDAD (De Casimiro Muñoz)


En el desierto del Kalahari, en África, hay un pueblo, o mejor una comunidad de pueblos que se denominan “San”, que según los científicos, representan los ancestros de lo que hoy conocemos como “hombre”. Es decir, tras analizar la cadena genética, se ha llegado a la conclusión, que son el resto auténtico de los aproximadamente 2.000 hombres que dieron lugar a la humanidad moderna.

La explicación de que este resto diera la posibilidad de que el hombre moderno sea como es, a partir de solo 2.000 individuos, que por inteligencia, sobrevivieron a una catástrofe provocada por un volcán que destruyó y arrasó toda vida hace 74.000 años y al cambio climático que provocó, viene dada, por lo que se considera el germen de lo que de verdad nos hace humanos: la posibilidad de la abstracción e imaginación que dan lugar a la creatividad.

Para resumir este lío que he intentado presentar: hace 74.000 años, un volcán destruyó los primeros indicios de humanidad conocida, “el homo sapiens”, que tenía como especie, pocas posibilidades de progresar, porque a pesar de utilizar el cerebro, no conseguía evolucionar hacia un sistema de comunicación (lenguaje), ni a una capacidad de abstracción suficiente para el progreso. De esa destrucción de la “primera humanidad”, salió un grupo de individuos, de los que nos restan los “San”, que resultaron ser los más inteligente y que supieron desarrollar un sistema de comunicación, un lenguaje (el lenguaje San se caracteriza por chasquidos con la boca, lo cual revela su antigüedad) y lo que es más importante, fueron capaces de desarrollar la capacidad de abstracción y comenzar a dibujar esquemáticamente, desarrollando la más importante de las capacidades humanas, la creatividad.

Tras intensas aventuras humanas, se desparramaron por todo el mundo, dando lugar a lo que conocemos hoy como la especie humana. De tal manera esto es así, que todos los hombres de todas las razas, venimos del mismo tronco. Los “San”, tienen la peculiaridad de contener entre sus rasgos, por ejemplo, todos los diferentes rasgos de las razas humanas que conocemos como tales.
En definitiva, lo que nos ha dado la capacidad de progresar, de llegar a lo que somos y como nos reconocemos hoy en día, no es más que la creatividad. La imaginación puesta al servicio de ella.

El cerebro solo no habría bastado. ¿Qué cosa puede una central eléctrica sin el producto que le abastece y el desarrollo que a la vez consume esa producción? En definitiva, hay algo tras la central eléctrica que es el cerebro. Y hay algo después que consume y alarga en creatividad el proceso para hacernos humanos. Por eso, sin ese volcán, sin ese cambio esencial, los hombres habrían terminado desapareciendo, como lo hizo el homo erectus, o el austrolopithecus, que sí, usaron el cerebro, o lo desarrollaron al erguirse. Pero eso no les bastó. LO QUE NOS HACE HUMANOS, NO ES EL CEREBRO, SINO LA CREATIVIDAD. A desarrollarla para ser más humanos.


(Artículo publicado el 30 de enero de 2011 en http://cememe.blogspot.com.es/2011/03/reflexiones.html)



Escribe:
Casimiro Muñoz
Párroco de San José, en Lácara,
 Capellán del Convento de Santa Clara y adscrito a San Gregorio



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